martes, 12 de abril de 2011

6ª Estacion VIA CRUCIS-2011


La Cuaresma es un camino de santidad que nos lleva a la Pascua. Jesús es nuestro compañero de viaje, el que nos señala el horizonte a seguir a través de las Sagradas Escrituras y con el modelo de su propia vida, entregada para la salvación de toda la Humanidad.

El ejercicio del Vía Crucis nos adentra en el sustrato religioso que anida oculto en el corazón de todo hombre y mujer, y que despierta cuando los fracasos, la soberbia herida y la propia impotencia dejan paso al protagonismo de Dios, que endereza nuestro rumbo torcido si nos dejamos interpelar por Él.

Vivamos este Vía Crucis de dolor y esperanza concentrándonos brevemente en el misterio del sufrimiento.




Sube Jesús, agarrado a la cruz, que le servirá de patíbulo y de altar, llevando sobre sus hombros los sufrimientos de la humanidad. Según el profeta Isaías es “un varón de dolores acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado, desestimado, sin aspecto atrayente, sin belleza, estimado por leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes”.

¿Dónde están sus amigos?

¿Qué hacen los que días antes le aclamaban como Mesías con cánticos y palmas?

¿Acaso se cambiaron también de bando, instigados por los dirigentes religiosos del pueblo?

¿Y tantos enfermos curados por él, que ahora callan a pesar de ser conscientes de su inocencia?

Es una mujer del pueblo, Verónica, la que da la cara y afronta la vergüenza y el escarnio para limpiar con un lienzo el rostro ensangrentado y deforme del Maestro de Galilea. En aquella mirada de alivio y agradecimiento encontró sentido a su vida y la esperada salvación.

Es fácil desviar la mirada para evadir los problemas. Sin darnos cuenta vamos soslayando el paso del Señor y nos perdemos en el vacío de nuestros egoísmos.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”

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