martes, 23 de enero de 2018

Reflexión de hoy

Lecturas



En aquellos días, fue David y llevó el arca de Dios desde la casa de Obededón a la Ciudad de David, haciendo fiesta.
Cuando los portadores del Arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba un toro y un animal cebado.
David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de lino.
Él y todo la casa de Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones y al son de trompeta. Trajeron el Arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda que había desplegado David.
David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en el nombre del Señor del universo. Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.


En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dijo:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan» Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor.

Santa Marianne Cope

"Esta heroína de Molokai unió su amor a los enfermos al que les tenía el padre Damián, con el que colaboró. Valiente, generosa y sensible, hizo de aquel mundo de sufrimiento un escenario de paz, belleza y esperanza»

El lamento de los débiles convierten en suyo los santos, desafiando obstáculos y riesgos, con la mirada puesta en Dios y la sensibilidad a flor de piel por toda deficiencia humana, lo que les lleva a actuar con premura en servicio del prójimo. No hay otro modo de transitar si verdaderamente se aspira a la unión con la Santísima Trinidad. Marianne –Bárbara de nombre de pila– emuló al padre Damián de Veuster (san Damián de Molokai) ayudándole, y secundándole de forma admirable en su labor cuando él falleció. De origen alemán –había nacido el 23 de enero de 1838 en Heppenheim, Hessen-Darmstadt, Alemania–, cuando tenía corta edad, sus padres que habían sido agricultores se trasladaron a Útica (Nueva York) y se convirtieron en ciudadanos americanos. Bajo el apellido Cope, Marianne se formó y trabajó como obrera en una fábrica durante más de una década. Poseía muchas cualidades, visión y capacidad organizativa, junto a una incontestable vocación por los desfavorecidos, los enfermos y débiles. Era una adolescente cuando se propuso ingresar en la vida religiosa. Pero tuvo que esperar. Ser la primogénita de una familia con dos minusválidos –ambos progenitores– y tres pequeños hermanos a su cargo, le impusieron un compás de espera de nueve años, en el transcurso de los cuales aguardó llena de confianza y paciencia, haciendo gala de esa alegría que caracteriza a los apóstoles de Cristo.

A los 24 años se integró en una rama de las Hermanas de San Francisco de Filadelfia. Y dado que el carisma estaba en la enseñanza de los hijos de inmigrantes alemanes –como había sido ella– volvió a sus orígenes aprendiendo alemán y poniéndose al frente de la apertura de nuevos centros docentes. Activa y clarividente fue un puntal en el gobierno (designada y reelegida superiora) en una época de gran fecundidad apostólica para su comunidad, que puso en marcha una cincuentena de centros hospitalarios, algunos de los cuales llegaron a gozar de gran prestigio, categoría que ostentan en la actualidad los de Santa Isabel de Útica (1866) y el de San José de Syracuse (1869). Dotados de medios inusuales sumamente apreciados por los ciudadanos, cualquier enfermo, sin distinción alguna, podía acceder a ellos. La sombría apreciación de quienes tienden a buscar lo negativo y congelan el aliento cuando se trata de ensalzar lo positivo perseguía a Marianne, que atendía con exquisita delicadeza a los alcohólicos y a las madres solteras, sin descuidar ni un instante a los más desfavorecidos de la sociedad.

Cuando en 1883 supo que buscaban enfermeras para atender a los leprosos en Hawai, se ofreció sin dudarlo: «No tengo miedo a la enfermedad. Para mí será la alegría más grande servir a los leprosos desterrados...». Superaba el medio centenar de comunidades religiosas que fueron reticentes a esta llamada del rey Kalakaua. Impactada por las deficiencias que halló en la leprosería de Kakaako (Honolulú) modificó sus planes que la hubieran llevado a Syracuse. Su presencia fue una gracia para todos los enfermos. Contó con el apoyo del gobierno que le propuso abrir un hospital general en Maui. Bajo la poderosa convicción: «Solo por Dios», se ocupó de que no les faltase nada ni a los leprosos ni a sus hijos en una admirable labor por la que fue condecorada por el monarca hawaiano.

En 1888 al clausurarse el hospital de Oahu los enfermos tenían que ser asistidos en Molokai. Allí se encontraba el padre Damián. El santo había contraído la lepra en 1884 y cuando llegó Marianne solo le quedaban cinco meses de vida. Ella fue el alma mater de la isla de Kalaupapa durante treinta años en los que se desvivió por los pacientes, que quedaron bajo su amparo tras el fallecimiento del religioso en 1889. Justamente en ese momento le ofrecieron regresar a Syracuse, pero se negó. Y realmente fue una bendición para los enfermos. Hombres, mujeres y niños tuvieron en esta valerosa mujer el consuelo y ayuda que la sociedad les negó. Dio un vuelco al escenario en el que se desenvolvía su drama cotidiano. Y junto con la dignidad de trato que nunca les faltó, convirtió el árido entorno en un vergel cuajado de árboles y delicadas flores que contribuían a sobrellevar tanto sufrimiento. En este paisaje amable que había brotado de su sensibilidad por la belleza, introdujo pulcritud y espacio para la distracción de aquel colectivo. Los niños recibían formación y muestras de ternura a raudales.

La inquietud por todos a quienes llevaba el amor de Dios, se tradujo también en un insistente clamor para que se respetaran los derechos de los menores, petición que fue escuchada por el gobierno. Alzó su voz con fuerza para exigir comida y medicación para los enfermos; hizo construir un hospital para mujeres, e impulsó el «Memorial Hospital» de Maui. Lavanderías, iglesias, colegios, talleres de costura, y manualidades fueron también objeto de su quehacer.

Cuando el escritor Robert L. Stevenson llegó a Hawai y vio la labor que hacía la santa y las religiosas que la secundaban quedó conmovido. Les dejó como obsequio un piano para que la música entrara en tan doloroso ambiente, y además, les dedicó un poema sobre la compasión, cuya conclusión es que «solo un mundo necio puede negar a Dios». Marianne falleció el 9 de agosto de 1918 cuando tenía 80 años de edad. Con humildad y sencillez había escrito: «No espero un lugar elevado en el cielo. Estaré muy agradecida de tener un rinconcito donde pueda amar a Dios por toda la eternidad». Fue beatificada por Benedicto XVI el 14 de mayo de 2005. Y él mismo la canonizó el 21 de octubre de 2012. El Martirologio la incluye el 9 de agosto, fecha de su muerte, pero en Estados Unidos se la recuerda en el día de hoy.

lunes, 22 de enero de 2018

Reflexión de hoy

Lecturas



En aquellos días, todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón y le dijeron:
«Hueso tuyo y carne tuya somos. Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas y de Israel. Por su parte el Señor te ha dicho: “Tú pastorearas a mi pueblo Israel, tu serás el jefe de Israel”». Los ancianos de Israel vinieron a ve al rey en Hebrón. El rey hizo una alanza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel.
David tenía treinta años cuando comenzó a reinar. Y reinó cuarenta años; siete años y seis meses sobre Judá en Hebrón, y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá. David se dirigió con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseas que habitaban el país. Estos dijeron a David:
«No entrarás aquí, pues te rechazarán hasta los ciegos y los cojos».
Era como decir: David no entrará a aquí. Pero David tomó la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David.
David iba engrandeciéndose, pues el Señor, Dios del universo, estaba con él.


En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.
Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Palabra del Señor.

Beata Laura Vicuña Pino

La suave figura de la beata Laura Vicuña, gloria purísima de Argentina y Chile, despierte un renovado compromiso espiritual en estas dos nobles naciones, y a todos enseñe que el ideal de inocencia y de amor, aunque denigrado y ofendido, al fin brillará e iluminará los corazones. 

LAURA VICUÑA PINO, nació un 5 de abril de 1891, en el seno de una familia en que se contrastaban muchos elementos. Partamos haciendo notar que su padre, Don José Domingo Vicuña, pertenecía a una familia de la aristocracia criolla chilena, de gran influencia política y alto nivel social. Su madre en cambio, Doña Mercedes del Pino, era de una familia más bien pobre. Esta diferencia social, no fue nunca bien aceptada, sobre todo por la familia Vicuña., lo cual fue un motivo de tensión y conflicto dentro del cual se desarrolló la primera etapa de la infancia de la niña.

Los posteriores conflictos políticos por el poder y la guerra civil, trajeron fuertes dificultades a los Vicuña, lo cual se vio agravado por la derrota ante las familias influyentes en el camino al poder de la nación. Este fue el motivo por el cual la familia integrada ahora por los esposos, Laura y una nueva hermana llamada Amanda debe huir de la capital. Luego de un tiempo en este forzado "relegamiento" en Temuco, el padre de familia, sumido en el cansancio y la desesperación muere.

Aquí comienza el drama; en primer lugar para la madre, que debe buscar los medios para mantener a los niñas. En segundo lugar, el problema de las necesidades en que se verían envueltas. No teniendo a quien pedir apoyo en Chile, y viendo la falta de posibilidades de trabajo, la madre toma a sus dos niñas y emprende el viaje hacia la vecina República Argentina, al poblado de Neuquén. Hay que considerar que la mamá, tampoco es una mujer de edad, sino más bien joven, así también se presenta como un ejemplo de superación, de buscar salida a los problemas y no quedarse en la pura contemplación de estos, haciendo de la vida un continuo sufrimiento sin salida. La situación no cambia mucho el primer tiempo. Mercedes hace grandes esfuerzos para ganar un poco de dinero en forma honrada, apareciendo ante esto un primer rasgo característico de la pequeña Laura. La firmeza para enfrentar los momentos de necesidad, transformándose en el apoyo y consuelo de la madre y de su pequeña hermana, sumándose a esto la gratitud y el reconocimiento que en todo momento expresaba ante el esfuerzo que veía en la madre.

Fue en este momento cuando aparece la figura de Manuel Mora. Era dueño de un gran fundo ubicado en las afueras del pueblo de Junin de los andes, en Argentina. Ocurrió que repentinamente, la madre y sus dos niñas se mudaron al fundo "Quilquihué", y pasaron de la necesidad a una completa comodidad, con todo lo que necesitaban... ropa, alimentos, buenas habitaciones, y sobre todo el sentirse acogidas como si verdaderamente estuvieran en algo propio. Las dos niñas, pudieron ser matriculadas en un colegio abierto hace poco en el pueblo de Junín, por los Religiosos Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora.

A pesar de continuar demostrando su gratitud en todo lo que podía, Laura, con sus nueve años ya veía con algo de extrañeza lo que estaba ocurriendo con su madre y con ellas mismas y el cambio de vida tan repentino. Había ya en esa niña algo que el enseñaba a ver más allá de las comodidades y los bienes materiales: que le mostraba que en estas cosas no está lo más importante de la vida, sino aquello se lleva dentro y se encuentra en otras coas y por otros caminos, precisamente algo de este elemento faltaba en la persona del "bienhechor".

La asistencia a las clases regulares, el apoyo y la amistad que encontró en ese colegio, fueron determinantes para que Laura fuera formando dentro de si ese espíritu de Amor a Dios por sobre todas las cosas, que se combinaba al mismo tiempo con una gran fortaleza y valentía que fueron creciendo hasta hacerse más importantes en los duros momentos que vendrán después y que la llevarán pronto a la muerte. Se puede decir que aquí fue aprendiendo a ser cada vez más buena, tal cual era su propio deseo.

UN GOLPE MUY FUERTE

Dentro de las cosas que aprendían las niñas en el colegio, por tratarse de una casa religiosa, se valoraba mucho la familia y se enseñaba a las niñas, como debía ser y vivir una familia cristiana. Aprendió también que el verdadero sentido de una relación de pareja, está uúnicamente en el amor que puede existir entre ambos, y que no son válidos los motivos sociales, económicos, o cualquiera otra cosa externa. Dentro de estas reflexiones, sin embargo, vino una prueba muy fuerte, que Laura, desde su inocencia ya podía entender con mucha claridad. Pensando en lo que significaba la relación que se iba dando día a día entre su madre y Manuel Mora, descubrió aquello que nunca hubiera deseado conocer y que era al mismo tiempo, lo que tanto había aprendido en el colegio, que se debía evitar al máximo, si se quería llegar a vivir como verdadero cristiano... SU MADRE ESTABA EN PECADO, CONVIVIENDO CON ESE HOMBRE. Es así, como superada la primera impresión, se muestra en la niña un propósito difícil y hermoso a la vez: " Debo devolver a mi madre; mostrarle el verdadero amor. Lucharé Señor, aunque me cueste a mi la vida. Mi vida por la suya, valdría la pena... No hay amor más grande que el que da su vida por la persona amada." En estas líneas debemos sacar otro elemento importante, que llamamos un compromiso con la propia familia. Es algo que nunca puede perderse, y por lo que debemos luchar para mantener... es necesario que no lo perdamos, ya que es la mejor manera de agradecer por este regalo que se llama familia: que se llaman padres. Ese es el motivo por el que Laura toma este propósito. Va mucho más allá de una actitud piadosa. Aquí no estamos ante una niña que pareciera hacer de su vida una pura y permanente oración; también hizo esto, y fue muy importante que estuviera así de cercana a Dios, porque sino su vida hubiera sido un puro sufrir, sin esperanza de cambio. Pero detengámonos a ver que aquí hay una acción concreta, real, sincera, y esto es lo que también estamos invitados a seguir... A ser testimonios visibles de lo que creemos y darlo a conocer sin temor, puesto que nuestra fe, nuestras convicciones tienen que darnos la seguridad que tenemos la verdad en nosotros, y esa verdad también se hizo concreta en Jesucristo.

Volvamos a la vida de Laura. Al ir al fundo en vacaciones, va dándose cuenta de que sus temores son ciertos. No logra entablar una conversación con su madre, aunque en el fondo desearía hacerlo y decirle toda la verdad ya. Antes de entrar, recibe otra advertencia que la confunde más: "Podeís rezar donde quieras -dice la madre-, pero que no os vea Mora, porque se enfadaría" Ahora, hasta su relación con Dios, tan cercana y necesaria a la vez, parece tener trabas. Pero no se alejará de El. Hace sus mayores esfuerzos por encontrarlo en las cosas de cada día, y ofrece como penitencias los malos momentos, los problemas, las contradicciones y las dudas, NUNCA ABANDONARA LA ORACION.

Al volver al colegio, trae muy marcadas las cosas que ha visto. Sin embargo, no quiere que esto sea un problema para todas las personas que comparten con ella; sigue siendo muy servicial, dispuesta a ayudar a todos los trabajos que se le pidieran. Le gusta ser buena compañía para sus amigas, se interesa por las materias de estudio y por seguir creciendo en la fe. Al mismo tiempo, su salud se va deteriorando, pero solo ella lo sabe bien. Tampoco quiere ser motivo de preocupación para los demás. Entre estas situaciones, termina el año escolar. Las evaluaciones de Laura, son siempre notables: además ha recibido la primera comunión y pertenece a la compañía de las Hijas de María. Llega otro momento de contradicción. Por un lado, sabe que al volver al fundo significa estar con su madre, y al mismo tiempo sufrir por la presencia de Manuel Mora, y la amenaza de este, que ya no solo irá hacia la madre, sino también guerra dañar a Laura. Los golpes, los malos tratos, los momentos difíciles no lo hacen dudar de aquello que ha aprendido y de lo cual está convencida... Sus mejores amigas lo notarán, compartirán con ella los momentos difíciles, transformándose también en un gran apoyo.

La enfermedad no se detiene. Llega el invierno con fuertes lluvias y heladas. Laura se desgasta día a día, manteniendo intacta su dulzura, s delicadeza, su humildad y al mismo tiempo, tratando de mantener también la fortaleza. Se consuela grandemente en la oración, aunque sabe también que lo que está ocurriendo es lo que ella misma había pedido "su vida, por su madre...". Mercedes, decide llevarla al fundo para atenderla mejor, pero tampoco hay mejoría notoria. La lleva luego a Junin, pensando también que más medicinas y doctores al alcance... todo sigue igual y avanza. Es en ese lugar donde cae la gota que derramó el vaso. Manuel Mora, llega hasta donde se encontraban, y entrando por la fuerza exige quedarse ahí también. Laura a pesar de la fiebre y la debilidad, se impone con firmeza para que esto no ocurra. Recibirá a cambio una golpiza, que adelantará su muerte, pero su objetivo se cumple. Ante este panorama, al fin logra que su madre se de cuenta de lo que ha hecho todo este tiempo y decida cambiar su vida. Con esta noticia tranquilizadora. Laura Vicuña se duerme definitivamente el 22 de enero de 1904. El pacto se ha cumplido y Dios lo ha escuchado.

Así se desarrolla la vida de esta niña... estos motivos son más que suficientes, para reconocer que se encuentra en un digno lugar, camino a la santidad.

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, te alabamos por los dones de gracia que has infundido en el alma de la adolescente Laura Vicuña.

Glorifica a esta fiel hija tuya y haz que su camino de fe coherente, de intrépida pureza, de heroísmo en el amor filial, sea para los jóvenes de hoy llamada eficaz a un compromiso de vida cristiana. 

Concédenos la gracia que por su intercesión te pedimos, y da a las familias la paz y la unión, frutos del verdadero amor. 

Amén.