viernes, 17 de abril de 2009

Cuando...

el mundo os parezca mayor que Dios.

Señor, tú has sido para nosotros un refugio de edad en edad. Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios.
Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: "¡Tornad, hijos de Adán!" Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche.
Tú los sumerges en un sueño, a la mañana serán como hierba que brota; por la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca. Pues por tu cólera somos consumidos, por tu furor anonadados. Has puesto nuestras culpas ante ti, a la luz de tu faz nuestras faltas secretas. Bajo tu enojo declinan todos nuestros días, como un suspiro consumimos nuestros años. Los años de nuestra vida son unos setenta, u ochenta, si hay vigor; mas son la mayor parte trabajo y vanidad, pues pasan presto y nosotros nos volamos. ¿Quién conoce la fuerza de tu cólera, y, temiéndote, tu indignación? ¡Enséñanos a contar nuestros días, para que entre la sabiduría en nuestro corazón! ¡Vuelve, Yahveh! ¿Hasta cuándo? Ten piedad de tus siervos. Sácianos de tu amor a la mañana, que exultemos y cantemos toda nuestra vida. Devuélvenos en gozo los días que nos humillaste, los años en que desdicha conocimos. ¡Que se vea tu obra con tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos! ¡La dulzura del Señor sea con nosotros! ¡Confirma tú la acción de nuestras manos!
(Salmo 90) Biblia de Jerusalén

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