domingo, 26 de abril de 2009

Vía Lucís

6. ESTACIÓN: En el Cenáculo

El Resucitado se presenta vivo ante los discípulos


Te adoramos, oh Cristo resucitado, y te bendecimos.
Porque con tu Pascua has dado la vida al mundo.


Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "Paz a vosotros". Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: "¿Por qué os alarmáis?, ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo". Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: "¿tenéis ahí algo de comer?" Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. El lo tomó y comió delante de ellos.

Del Evangelio según San Lucas (Lc 24, 36-43)

El Resucitado es el maestro paciente en el camino de Emaús, como en el cenáculo. He aquí una pincelada de su pedagogía pascual: con la palabra y con los gestos, conduce a los suyos a la convicción de la verdad de la resurrección. Los lleva del terror inicial a la alegría incontenible. "Tocadme, verificadme" (Lc 24, 39). El verbo que usa connota la experiencia táctil. Será el verbo del realismo del anuncio cristiano. Juan lo usará en su primera carta: "lo hemos tocado con nuestras propias manos" (1ª Jn 1,1). El Resucitado no es una sombra. La Resurrección no es una fábula. La Pascua no es un mito. El Resucitado está vivo. El Resucitado es verdadero. Es el signo verdadero del Dios vivo. Es su potencia de amor. El resucitado es signo del hombre: su victoria sobre la muerte, siempre soñada y nunca alcanzada, lo bello de la vida, que vive, que se convierte en verdadero. Y está ante el hombre. Palpable como la carne de un niño recién nacido. El mundo tiene necesidad de esta pedagogía pascual.

El hombre de hoy espera encontrar a los testigos del Resucitado como expertos en signos. El mundo debe poder tocar las cicatrices de amor de la Iglesia del Resucitado. Pedagogía es urdimbre de paciencia. Es capacidad de inteligencia. Es pericia de experiencia. A nosotros nos hace falta la familiaridad con el Resucitado en la honda de la oración, de la Palabra y de la Eucaristía. Hace falta además sintonía con el mundo de hoy: con sus pobrezas y perplejidades, sus angustias y sus esperanzas y con las apuestas de futuro.

Alégrate, virgen madre: Cristo ha resucitado. ¡Aleluya!

Jesús Resucitado, nosotros te admiramos por tu paciencia en la pasión: el silencio. Nosotros te admiramos por tu paciencia en la resurrección: la pedagogía. Danos a nosotros que, como hombres de nuestro tiempo queremos todo y ya, la capacidad de un amor que sabe esperar, que sabe realizar esto en oración. Tú estás vivo y no eres un fantasma. Concédenos tratarte como el que vive (Ap 1, 18). Y libéranos de los fantasmas que construimos de ti. Haznos aptos para presentarnos como signos tuyos. El mundo los espera para poder creer.

Amén
Oh María. Templo del Espíritu Santo,
Guíanos como testigos del Resucitado
por el camino de la luz.

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