martes, 13 de enero de 2026
Lecturas del 13/01/2026
En aquellos días, se levantó Ana, después de comer y beber en Siló. El sacerdote Elí estaba sentado en el sitial junto a una de las jambas del templo del Señor. Ella se puso a implorar al Señor con el ánimo amargado, y lloró copiosamente. E hizo este voto: «Señor del universo, si miras la aflicción de tu sierva y te acuerdas de mí y no olvidas a tu sierva, y concedes a tu sierva un retoño varón, lo ofreceré al Señor por todos los días de su vida, y la navaja no pasará por su cabeza».
Mientras insistía implorando ante el Señor, Elí observaba su boca. Ana hablaba para sí en su corazón; sólo sus labios se movían, más su voz no se oía. Elí la creyó borracha. Entonces le dijo: «¿Hasta cuándo vas a seguir borracha? Echa el vino que llevas dentro».
Pero Ana tomó la palabra y respondió: «No, mi señor, yo soy una mujer de espíritu tenaz. No he bebido vino ni licor, sólo desahogaba mi alma ante el Señor. No trates a tu sierva como a una perdida, pues he hablado así por mi gran congoja y aflicción».
Elí le dijo: «Vete en paz y que el Dios de Israel te conceda el favor que le has pedido».
Ella respondió: «Que tu sierva encuentre gracia a tus ojos».
Luego, la mujer emprendió su camino; comió y su semblante no fue ya el mismo.
Se levantaron de madrugada y se postraron ante el Señor. Después se volvieron y llegaron a su casa de Ramá.
Elcaná se unió a Ana, su mujer, y el Señor se acordó de ella.
Al cabo de los días Ana concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Samuel, diciendo: «Se lo pedí al Señor».
En la ciudad de Cafarnaúm, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!».
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
Palabra del Señor.
13 de Enero 2026 – Beata Verónica Negroni De Binasco
En Milán, de Lombardía, beata Verónica Negroni de Binasco, virgen, que entró en el monasterio de Santa Marta, donde se seguía la Regla de san Agustín, y allí se, dedicó profundamente a la contemplación.
Nació en Binasco (Lombardía) en el seno de una familia de jornaleros. Se crio en medio del riguroso trabajo campesino; no fue a la escuela. Desde muy joven quiso hacerse religiosa agustina en el convento de Santa María en Milán. Le dijeron que para ingresar tenía que saber leer y escribir, y en este esfuerzo se puso con gran empeño. A pesar de su incultura, a los 23 años ingresó en el convento y en él pasó treinta años de vida religiosa en el humilde oficio de Hermana mendicante, en la que recogía limosnas por la calle de la ciudad.
En el convento, con grandes esfuerzos, apenas aprendió a leer y escribir. Sin embargo María le reveló en una visión cuál era el camino a seguir para aprender la ciencia divina que lleva a Dios; le reveló los colores de tres letras: la primera, blanca, símbolo de la pureza de corazón que nos hace amar a Dios; la segunda negra, para impedir escandalizarse de las culpas del prójimo; la tercera roja para meditar cada día en la Pasión de Cristo.
Desde entonces se puso a vivir estas tres letras, y si bien no aprendió nunca a escribir, si supo descifrar el corazón de las personas, y aprendió la sabiduría divina sin haber abierto ningún libro de teología. Sor Verónica maravillaba a cuantos se le acercaban por la audacia de su doctrina. Sor Verónica, estaba en contacto permanente con la gente por el oficio que tenía de pedir limosna de puerta en puerta, pero ella daba más de lo que recibía: el pan que alimenta el alma.
Por inspiración divina, viajó a Roma a llevarle un mensaje al Papa, Alejandro Vl, el cual supo apreciar en ella, una gran vida mística. La beata Verónica gozó del don de la profecía. Anunció el día y la hora de su muerte. Expiró serenamente, el 13 de enero de 1497. El Papa León X confirmó su culto en 1517.
Nació en Binasco (Lombardía) en el seno de una familia de jornaleros. Se crio en medio del riguroso trabajo campesino; no fue a la escuela. Desde muy joven quiso hacerse religiosa agustina en el convento de Santa María en Milán. Le dijeron que para ingresar tenía que saber leer y escribir, y en este esfuerzo se puso con gran empeño. A pesar de su incultura, a los 23 años ingresó en el convento y en él pasó treinta años de vida religiosa en el humilde oficio de Hermana mendicante, en la que recogía limosnas por la calle de la ciudad.
En el convento, con grandes esfuerzos, apenas aprendió a leer y escribir. Sin embargo María le reveló en una visión cuál era el camino a seguir para aprender la ciencia divina que lleva a Dios; le reveló los colores de tres letras: la primera, blanca, símbolo de la pureza de corazón que nos hace amar a Dios; la segunda negra, para impedir escandalizarse de las culpas del prójimo; la tercera roja para meditar cada día en la Pasión de Cristo.
Desde entonces se puso a vivir estas tres letras, y si bien no aprendió nunca a escribir, si supo descifrar el corazón de las personas, y aprendió la sabiduría divina sin haber abierto ningún libro de teología. Sor Verónica maravillaba a cuantos se le acercaban por la audacia de su doctrina. Sor Verónica, estaba en contacto permanente con la gente por el oficio que tenía de pedir limosna de puerta en puerta, pero ella daba más de lo que recibía: el pan que alimenta el alma.
Por inspiración divina, viajó a Roma a llevarle un mensaje al Papa, Alejandro Vl, el cual supo apreciar en ella, una gran vida mística. La beata Verónica gozó del don de la profecía. Anunció el día y la hora de su muerte. Expiró serenamente, el 13 de enero de 1497. El Papa León X confirmó su culto en 1517.
lunes, 12 de enero de 2026
Lecturas del 12/01/2026
Había un hombre de Ha Ramatáin Sufín, en la montaña de Efraín, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efrateo. Tenía dos mujeres: la primera se llamaba Ana y la otra Feniná. Feniná tenía hijos, pero Ana no los tenía.
Ese hombre subía desde su ciudad de año en año a adorar y ofrecer sacrificios al Señor del universo en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí: Jofní y Pinjás.
Llegado el día, Elcaná ofrecía sacrificios y entregaba porciones de la víctima a su esposa Feniná y a todos sus hijos e hijas, mientras que a Ana le entregaba una porción doble porque la amaba, aunque el Señor la había hecho estéril. Su rival la importunaba con insolencia hasta humillarla, pues el Señor la había hecho estéril.
Así hacía Elcaná año tras año, cada vez que subía a la casa del Señor; y así Feniná la molestaba del mismo modo. Por tal motivo, ella lloraba y no quería comer.
Su marido Elcaná le preguntaba: «Ana, ¿por qué lloras y por qué no comes? ¿Por qué está apenado tu corazón? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?».
Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.
Palabra del Señor.
12 de Enero 2026 – Santa Margarita Bourgeoys
Originaria de Troyes, Francia, donde nació en 1620. Se trasladó al Canadá donde fundó la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de Montreal, con la finalidad de asistir y enseñar a los niños de la incipiente ciudad de Montreal.
Santa Margarita Bourgeoys, que nació en Troyes (Francia), el año 1620, dedicó totalmente su vida a los más necesitados, a partir de la edad de 20 años. Su campo de acción fueron las familias pobres de la ciudad natal. Pero luego fue a Montreal (Canadá), entonces posesión francesa y allí durante largos años se entregó, juntamente con sus primeras hermanas, a impartir una instrucción humana y cristiana tanto en las escuelas como en las parroquias, hasta su muerte, que tuvo lugar en 1700.
De modo especial cooperó a la edificación de aquel nuevo país, intuyendo el papel determinante de las mujeres, y se afanó con asiduidad en su formación con un espíritu profundamente cristiano.
En una época en donde no se concebía religiosas que vivieran fuera de la clausura de los conventos, Margarita, animada por la certeza del llamado de Dios, fundó en Canadá la primera Congregación Femenina sin clausura de la historia de la Iglesia.
En 1652, Margarita se entera de que el gobernador de Montreal estaba buscando una maestra de escuela para su pequeña colonia, y ella interpretó esto como un signo de Dios, embarcándose rumbo a esta joven colonia americana para servir como maestra.
En 1657 inauguró la primera escuela de Montreal, que poco a poco va recibiendo más alumnos. Como ya no podía darse abasto y le preocupara también la educación de los niños indígenas, regresa a Francia por ayuda. Un año más tarde retorna con cuatro jóvenes y comienza a pensar en fundar una nueva congregación religiosa que recibe el aliento del Rey de Francia, al que visita en un nuevo viaje en busca de más jóvenes que quisieran vivir su llamado.
En 1676, el primer obispo de Quebec, Mons. Laval, quiere orientar a la nueva comunidad según sus ideas; en 1683, el convento se incendia y dos hermanas mueren carbonizadas, entre ellas su sobrina.
El nuevo obispo decide deshacer la comunidad e integrarla a las ursulinas que vivían en claustro. Margarita lucha y reza para que se manifieste la voluntad de Dios y finalmente, en 1698, las veinticuatro primeras hermanas pudieron hacer la profesión de votos simples, en la nueva Congregación.
Había fundado la primera escuela para indios en 1676. En 1679, había ya dos jóvenes iroquesas en la congregación. En 1685, fueron invitadas a Quebec, y allí fundaron la segunda de las más de doscientas casas que tendrán más tarde.
Murió el 12 de enero de 1700 en Montreal, Canadá. Fue beatificada por Pío XII en 1950 y canonizada en 1982 por Juan Pablo II.
Santa Margarita Bourgeoys, que nació en Troyes (Francia), el año 1620, dedicó totalmente su vida a los más necesitados, a partir de la edad de 20 años. Su campo de acción fueron las familias pobres de la ciudad natal. Pero luego fue a Montreal (Canadá), entonces posesión francesa y allí durante largos años se entregó, juntamente con sus primeras hermanas, a impartir una instrucción humana y cristiana tanto en las escuelas como en las parroquias, hasta su muerte, que tuvo lugar en 1700.
De modo especial cooperó a la edificación de aquel nuevo país, intuyendo el papel determinante de las mujeres, y se afanó con asiduidad en su formación con un espíritu profundamente cristiano.
En una época en donde no se concebía religiosas que vivieran fuera de la clausura de los conventos, Margarita, animada por la certeza del llamado de Dios, fundó en Canadá la primera Congregación Femenina sin clausura de la historia de la Iglesia.
En 1652, Margarita se entera de que el gobernador de Montreal estaba buscando una maestra de escuela para su pequeña colonia, y ella interpretó esto como un signo de Dios, embarcándose rumbo a esta joven colonia americana para servir como maestra.
En 1657 inauguró la primera escuela de Montreal, que poco a poco va recibiendo más alumnos. Como ya no podía darse abasto y le preocupara también la educación de los niños indígenas, regresa a Francia por ayuda. Un año más tarde retorna con cuatro jóvenes y comienza a pensar en fundar una nueva congregación religiosa que recibe el aliento del Rey de Francia, al que visita en un nuevo viaje en busca de más jóvenes que quisieran vivir su llamado.
En 1676, el primer obispo de Quebec, Mons. Laval, quiere orientar a la nueva comunidad según sus ideas; en 1683, el convento se incendia y dos hermanas mueren carbonizadas, entre ellas su sobrina.
El nuevo obispo decide deshacer la comunidad e integrarla a las ursulinas que vivían en claustro. Margarita lucha y reza para que se manifieste la voluntad de Dios y finalmente, en 1698, las veinticuatro primeras hermanas pudieron hacer la profesión de votos simples, en la nueva Congregación.
Había fundado la primera escuela para indios en 1676. En 1679, había ya dos jóvenes iroquesas en la congregación. En 1685, fueron invitadas a Quebec, y allí fundaron la segunda de las más de doscientas casas que tendrán más tarde.
Murió el 12 de enero de 1700 en Montreal, Canadá. Fue beatificada por Pío XII en 1950 y canonizada en 1982 por Juan Pablo II.
domingo, 11 de enero de 2026
11 de Enero 2026 – Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo
Andaba San Juan Bautista por las orillas del Jordán bautizando y exhortando a penitencia, cuando llegó a él el Salvador del mundo, de treinta años de edad. Juan Bautista conoció, por luz sobrenatural, que el que venía a pedirle el bautismo era el Mesías verdadero. Jesucristo Se acercó entre los demás y pidió a San Juan que Lo bautizara como uno de ellos. El Bautista Lo reconoció y prosternándose a Sus pies, confundido, se exclamó: «Pues soy yo que debo ser bautizado por Vos, Señor, ¿y viene a pedirme el Bautismo?» El Salvador le contestó: «Déjame ahora hacer lo que quiero», conviene sujetarse a los decretos de la divina Sabiduría.
San Juan, habiendo bautizado a Nuestro Señor Jesucristo, el cielo se abrió y el Espíritu Santo descendió en forma visible de paloma sobre Su cabeza, y se escuchó la voz de Dios Padre diciendo: «Este es Mi Hijo amado en quien he puesto Mis deleites y complacencias.» Muchos de los que estaban presentes escucharon esta voz del Cielo, y al mismo tiempo vieron al Espíritu Santo en la forma de paloma.
Este testimonio fue el más grande que se puede dar de la divinidad de nuestro Redentor, ya que se manifestó así que Jesucristo era verdadero Dios, igual a Su Padre Eterno en sustancia y perfecciones infinitas. El Padre quiso ser el primero en dar testimonio desde el cielo de la divinidad de Su Hijo Jesucristo. Esta voz del Padre también tenía otro misterio, pues era como una compensación por el acto hecho por él de humillarse para recibir el Bautismo. Esa humillación servía como remedio por el pecado original del hombre, que vino de la soberbia, así como todos los demás pecados.
Nuestro Redentor Jesucristo ofreció al Padre con Su obediencia este acto de humillarse a Sí mismo en la forma de un pecador, recibiendo el bautismo con aquellos que lo eran; reconociéndose a Sí mismo, a través de esta obediencia, humillado en la naturaleza humana. Así instituyó sobre Sus méritos el sacramento del bautismo que iba a lavar los pecados del mundo. El mismo Señor humillándose el primero para recibir el Bautismo, pidió y obtuvo del Padre un perdón general para todas las almas que lo recibirían, librándose de la jurisdicción del diablo.
La voz del Padre y la Persona del Espíritu Santo descendieron para acreditar el Verbo hecho hombre, recompensar Su humillación, aprobar el Bautismo y sus efectos, manifestar a Jesucristo por el verdadero Hijo de Dios y dar a conocer a las tres Personas en cuyo nombre se debe dar el Bautismo.
San Juan, habiendo bautizado a Nuestro Señor Jesucristo, el cielo se abrió y el Espíritu Santo descendió en forma visible de paloma sobre Su cabeza, y se escuchó la voz de Dios Padre diciendo: «Este es Mi Hijo amado en quien he puesto Mis deleites y complacencias.» Muchos de los que estaban presentes escucharon esta voz del Cielo, y al mismo tiempo vieron al Espíritu Santo en la forma de paloma.
Este testimonio fue el más grande que se puede dar de la divinidad de nuestro Redentor, ya que se manifestó así que Jesucristo era verdadero Dios, igual a Su Padre Eterno en sustancia y perfecciones infinitas. El Padre quiso ser el primero en dar testimonio desde el cielo de la divinidad de Su Hijo Jesucristo. Esta voz del Padre también tenía otro misterio, pues era como una compensación por el acto hecho por él de humillarse para recibir el Bautismo. Esa humillación servía como remedio por el pecado original del hombre, que vino de la soberbia, así como todos los demás pecados.
Nuestro Redentor Jesucristo ofreció al Padre con Su obediencia este acto de humillarse a Sí mismo en la forma de un pecador, recibiendo el bautismo con aquellos que lo eran; reconociéndose a Sí mismo, a través de esta obediencia, humillado en la naturaleza humana. Así instituyó sobre Sus méritos el sacramento del bautismo que iba a lavar los pecados del mundo. El mismo Señor humillándose el primero para recibir el Bautismo, pidió y obtuvo del Padre un perdón general para todas las almas que lo recibirían, librándose de la jurisdicción del diablo.
La voz del Padre y la Persona del Espíritu Santo descendieron para acreditar el Verbo hecho hombre, recompensar Su humillación, aprobar el Bautismo y sus efectos, manifestar a Jesucristo por el verdadero Hijo de Dios y dar a conocer a las tres Personas en cuyo nombre se debe dar el Bautismo.
Lecturas del 11/01/2026
Esto dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Palabra del Señor.
11 de Enero 2026 – San Higinio - Papa
Nació en Atenas y desde su juventud se distinguió por su excelente carácter, por sus virtudes y las eminentes calidades morales e intelectuales
Elegido como Papa en el 139, instituyó algunos grados y una jerarquía en el clero. Durante su pontificado que sólo duró cuatro años, no se encarnizaron mucho las persecuciones contra la Iglesia, pero surgieron dos herejías que seguro no podían ser preferidas a una persecución.
Un cierto Cerdone, que aparentemente parecía un ferviente cristiano, se puso a enseñar que hay dos deidades: una del antiguo Testamento, rigurosa y severa, la otra del Nuevo, buena y misericordiosa.
El Santo Papa, que era muy vigilante, se dio cuenta de este error, y condenó a Cerdone, excomulgándolo. El fingió arrepentirse e Iginio lo aceptó de nuevo en la comunión de los fieles; pero el hipócrita seguiba a enseñar ocultamente sus errores, y así el Papa lo excomulgó por segunda vez.
Los fieles, en consecuencia de esta excomunión de Cerdone, rechazaron su falsa doctrina, salvos pocas personas que quisieron creer tercamente el error.
Surge un nuevo peligro por la Iglesia y por el rebaño de Cristo: peligro que atavío el Santo Pontífice en ansiedad por las almas confiadas a su cura. Junto a Cerdone estaba otro heresiarca, llamado Valentino, el que engreído suyo saber, y ofendido para no haber sido creado obispo, se puso a renovar muchas impiedades de Simón Mago, a las que él añadió otras extravagantes absurdidades. En un primer momento enseñó en Alejandría, luego en Roma; Sin embargo Papa Iginio no lo excomulgó, pero trató de hacerlo arrepentirse y ganarlo a Jesús Cristo.
Después haber defendido la Iglesia contra los que quisieron lacerar sus elementos, después haber defendido la doctrina del Evangelio, murió en el 142. Se cree que Sant Iginio no sufrió el martirio, pero sin embargo ha sido contado entre los mártires, por las persecuciones que tuvo a soportar en el tiempo de su pontificado. Fue enterrado en el Vaticano junto al Príncipe de los Apóstoles.
Elegido como Papa en el 139, instituyó algunos grados y una jerarquía en el clero. Durante su pontificado que sólo duró cuatro años, no se encarnizaron mucho las persecuciones contra la Iglesia, pero surgieron dos herejías que seguro no podían ser preferidas a una persecución.
Un cierto Cerdone, que aparentemente parecía un ferviente cristiano, se puso a enseñar que hay dos deidades: una del antiguo Testamento, rigurosa y severa, la otra del Nuevo, buena y misericordiosa.
El Santo Papa, que era muy vigilante, se dio cuenta de este error, y condenó a Cerdone, excomulgándolo. El fingió arrepentirse e Iginio lo aceptó de nuevo en la comunión de los fieles; pero el hipócrita seguiba a enseñar ocultamente sus errores, y así el Papa lo excomulgó por segunda vez.
Los fieles, en consecuencia de esta excomunión de Cerdone, rechazaron su falsa doctrina, salvos pocas personas que quisieron creer tercamente el error.
Surge un nuevo peligro por la Iglesia y por el rebaño de Cristo: peligro que atavío el Santo Pontífice en ansiedad por las almas confiadas a su cura. Junto a Cerdone estaba otro heresiarca, llamado Valentino, el que engreído suyo saber, y ofendido para no haber sido creado obispo, se puso a renovar muchas impiedades de Simón Mago, a las que él añadió otras extravagantes absurdidades. En un primer momento enseñó en Alejandría, luego en Roma; Sin embargo Papa Iginio no lo excomulgó, pero trató de hacerlo arrepentirse y ganarlo a Jesús Cristo.
Después haber defendido la Iglesia contra los que quisieron lacerar sus elementos, después haber defendido la doctrina del Evangelio, murió en el 142. Se cree que Sant Iginio no sufrió el martirio, pero sin embargo ha sido contado entre los mártires, por las persecuciones que tuvo a soportar en el tiempo de su pontificado. Fue enterrado en el Vaticano junto al Príncipe de los Apóstoles.
sábado, 10 de enero de 2026
Lecturas del 10/01/2026
Queridos hermanos:
Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.
Todo el que cree que Jesús es el cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama al que da el ser ama también al que ha nacido de él.
En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca.
Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
Palabra del Señor.
10 de Enero 2026 – San Guillermo de Bourges
San Guillermo, de los antiguos Condes de Nevers, nació a mediados del siglo XII. Fue cuidadosamente criado en temor de Dios. El Señor le había dado todas las disposiciones de la naturaleza y de la gracia necesaria para cumplir los grandes propósitos que tenía para él; así que progresó rápidamente y adquirió conocimiento en poco tiempo superando su edad y un creciente tesoro de santidad.
El mundo le sonreía, con su gloria y sus placeres; renunció a todo, incluso se apartó de los honores eclesiásticos que parecían perseguirle, y se hundió en la soledad de un monasterio. No contento con haber dejado el mundo, perdió la memoria de él hasta que fue recordado, y vivió en la presencia continua de Dios; su modestia, su devoción, su regularidad, revivieron el fervor de sus hermanos; bastaba con mirarlo en el coro o en el altar para que se encendiera el santo deseo de seguir sus pasos. Sobre todo, tenía un gran amor por el Santísimo Sacramento, cerca del cual encontró sus delicias, y sus lágrimas no cesaban durante el santo sacrificio de la Misa.
Fue necesario violentarlo para nombrarlo Abad de su monasterio; sin embargo, pronto tuvo que resignarse a subir más alto y responder a la llamada del Cielo claramente manifestada. Consagrado Arzobispo de Bourges, Guillermo mostró, desde los primeros días, todas las virtudes de los más ilustres Pontífices. Siguió siendo monje en su palacio, un monje por el hábito y más aún por las austeridades.
Consiguió conciliar los ejercicios de su piedad con las inmensas ocupaciones de su cargo; recorrió su diócesis, predicando, instruyendo a los pequeños y a los humildes, administrando los sacramentos, visitando los hospitales, recatando a los cautivos y multiplicando los prodigios. Cuando se le pedía un milagro, solía decir: «Sólo soy un pobre pecador», pero se rendía a las lágrimas de los enfermos y los curaba con su bendición.
De él se han conservado algunas bellas palabras: «Tal pastor, tal oveja», decía a menudo. «Tengo que expiar mis pecados y los de mi pueblo.» Su muerte fue digna de su vida; expiró con el cilicio que siempre llevaba puesto, y acostado en el suelo. En el momento de su muerte, vio claramente a los ángeles batiendo sus alas sobre su cabeza, y entregó su vida extendiendo sus brazos a ellos. Durante su funeral, la multitud vio un globo de fuego flotando en el aire sobre la iglesia.
El mundo le sonreía, con su gloria y sus placeres; renunció a todo, incluso se apartó de los honores eclesiásticos que parecían perseguirle, y se hundió en la soledad de un monasterio. No contento con haber dejado el mundo, perdió la memoria de él hasta que fue recordado, y vivió en la presencia continua de Dios; su modestia, su devoción, su regularidad, revivieron el fervor de sus hermanos; bastaba con mirarlo en el coro o en el altar para que se encendiera el santo deseo de seguir sus pasos. Sobre todo, tenía un gran amor por el Santísimo Sacramento, cerca del cual encontró sus delicias, y sus lágrimas no cesaban durante el santo sacrificio de la Misa.
Fue necesario violentarlo para nombrarlo Abad de su monasterio; sin embargo, pronto tuvo que resignarse a subir más alto y responder a la llamada del Cielo claramente manifestada. Consagrado Arzobispo de Bourges, Guillermo mostró, desde los primeros días, todas las virtudes de los más ilustres Pontífices. Siguió siendo monje en su palacio, un monje por el hábito y más aún por las austeridades.
Consiguió conciliar los ejercicios de su piedad con las inmensas ocupaciones de su cargo; recorrió su diócesis, predicando, instruyendo a los pequeños y a los humildes, administrando los sacramentos, visitando los hospitales, recatando a los cautivos y multiplicando los prodigios. Cuando se le pedía un milagro, solía decir: «Sólo soy un pobre pecador», pero se rendía a las lágrimas de los enfermos y los curaba con su bendición.
De él se han conservado algunas bellas palabras: «Tal pastor, tal oveja», decía a menudo. «Tengo que expiar mis pecados y los de mi pueblo.» Su muerte fue digna de su vida; expiró con el cilicio que siempre llevaba puesto, y acostado en el suelo. En el momento de su muerte, vio claramente a los ángeles batiendo sus alas sobre su cabeza, y entregó su vida extendiendo sus brazos a ellos. Durante su funeral, la multitud vio un globo de fuego flotando en el aire sobre la iglesia.
viernes, 9 de enero de 2026
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