viernes, 5 de junio de 2026
Lecturas del 05/06/2026
Querido hermano:
Me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia, las persecuciones y los padecimientos, como aquellos que me sobrevinieron en Antioquía, Iconio y Listra.
¡Qué persecuciones soporté! Y de todas me libró el Señor.
Por otra parte, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. Pero los malvados y embaucadores irán de mal en peor, engañando a los demás y engañándose ellos mismos.
Tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.
Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: "Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies".
Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.
Palabra del Señor.
05 de Junio 2026 – San Bonifacio, Arzobispo y Mártir
Desde tiempos antiguos habían penetrado en Alemania grupos aislados de misioneros, pero hasta el siglo VIII no hubo un esfuerzo sistemático para cristianizar las vastas áreas selváticas. Al monje inglés Bonifacio corresponde el honor de haber ganado esta región y creado allí una jerarquía bajo la comisión directa de la Santa Sede. Treinta y seis años de labor misionera bajo continuas dificultades y en condiciones peligrosas que acabaron con el martirio han ganado para este hombre bueno y valeroso el título de «Apóstol de Alemania».
Bonifacio, o Winfredo, para dar su nombre de bautismo, nació de una familia cristiana de alto rango, probablemete en Crédito en Devonshire, hacia el año 680. La reorganizada iglesia inglesa, aun bajo la inspiración que llegara de Roma dos generaciones anteriores a Agustín de Canterbury, estaba llena de fervor y vitalidad. Winfredo era un niño pequeño cuando escuchó la conversación de algunos monjes que visitaban su hogar. Entonces decidió entrar en la Iglesia, y esta resolución no se debilitó jamás. El padre de Winfredo tenía otros planes preparados para su inteligente hijo, pero una enfermedad grave alteró su actitud y entonces envió al muchacho a la vecina abadía de Exeter para que allí fuera educado. Algunos años después, Winfredo fue a la abadía de Bursling, en la diócesis de Winchester. Luego de completar allí sus estudios fue nombrado director de la escuela. Su enseñanza atrajo muchos estudiantes y para uso de ellos escribió una gramática que aún existe. Los alumnos tomaban notas en la clase con diligencia, y esas notas eran luego copiadas y circulaban en otros monasterios en donde se estudiaban ávidamente. A lo treinta años fue ordenado sacerdote y entonces añadió la predicación a la enseñanza y al trabajo de administración.
Winfredo tenía asegurado el avance rápido dentro de la Iglesia inglesa, pero Dios le reveló que su obra debía llevarse a cabo en tierras extranjeras, en donde hacía más falta. El norte de Europa y la mayor parte de la Europa central aún estaban en las tinieblas del paganismo. En Friesland, que entonces incluía los Países Bajos y otras tierras hacia el este, el misionero nortumbrio Willibrord llevaba largo tiempo pugnando por llevar al pueblo el Evangelio. Fue aquella región la que Winfredo sintió que le llamaba. Una vez obtenido el consentimiento del abate, acompañado de dos monjes, se puso en marcha en la primavera del año 716. Poco después de desembarcar en Doerstadt supieron que el duque Radboldo de Friesland, enemigo del cristianismo, estaba en guerra con Carlos Martel, el duque franco, y que Willibrord había sido obligado a retirarse a su monasterio de Echternacht. Dándose cuenta de que los tiempos no eran propicios, los misioneros regresaron a Inglaterra prudentemente, en el otoño. Los monjes de Winfredo en Bursling trataron de mantenerlo junto a ellos y deseaban elegirlo abad, pero él no desistió de su propósito.
La primera tentativa le había enseñado que para ser efectivo en tanto que misionero debía estar comisionado directamente por el Papa, de modo que el año 718 se presentó en Roma ante el Papa Gregorio II, portador de cartas de recomendación del obispo de Winchester. El Papa le acogió calurosamente, le mantuvo en Roma hasta la primavera del año siguiente, cuando las condiciones para viajar eran más favorables, y luego lo envió como comisiónalo general para predicar la palabra de Dios a los paganos. En esa época el nombre de Winfredo fue cambiado por el de Bonifacio (del latín bonifatus afortunado). Crw indo los Alpes, el misionero viajó a través de Bavaria hasta llegar a Hesse. El duque Radboldo había muerto y su sucesor era más amigable. Marchó hasta Friesland y allí Bonifacio trabajó durante tres años bajo Willibrord, el cual ya era muy viejo. Bonifacio declinó la oferta de convertirse en el coadjutor de Willibrord y su sucesor como obispo de Utrech diciendo que su cometido era general «para los paganos» y que no podía limitarse a una sola diócesis. Entonces regresó a Hesse. Bonifacio no tuvo gran dificultad en hacerse comprender en su predicación, ya que los dialectos de las varias tribus teutonas se parecían mucho a su nativo anglosajón. Despertó el interés de dos jefes locales, Dettic y Deorulf, quienes en época anterior habían sido bautizados. Por falta de instrucción habían permanecido algo mejores que los paganos, pero entonces se convirtieron en cristianos celosos e influyeron en muchos otros para que se bautizasen. También dieron una tierra a Bonifacio en donde más tarde fundaría el monasterio de Amoeneburg. Así Bonifacio pudo dar cuenta de conversiones tan notables que el Papa le requirió a Roma para que fuera ordenado obispo.
En Roma, el día de San Andrés, 30 de noviembre de 722, el Papa Gregorio II lo consagró como obispo regional con jurisdicción general sobre las «razas de las partes de Alemania y del este del Rin, las cuales viven en error, en la tiniebla de la muerte». El Papa le dio también una carta para el poderoso Carlos Martel, «El Martillo». Cuando Bonifacio la entregó al duque franco, ya de regreso hacia Alemania, recibió el valioso don de la prenda sellada de la protección franca. Así, armado con la autoridad de la Iglesia y del poder civil, el prestigio de Bo? nifacio creció de punto. A su regreso a Hesse se dispuso a eliminar radicalmente las supersticiones paganas que afectaban seriamente la estabilidad de los conversos. Cierto día, anunciado públicamente y en medio de la multitud atemorizada, Bonifacio y uno o dos de sus seguidores atacaron con hachas el roble sagrado de Thor. Estas tribus germánicas, junto con muchos otros pueblos primitivos, adoraban a los árboles. Thor, dios del trueno, era una de las principales deidades teutonas y ese viejo roble que se alzaba en la cima del monte Gudenberg estaba cosagrado a él. Después de varios golpes, el frondoso árbol se vino abajo, partiéndose en cuatro trozos. Los aterrorizados hombres de la tribu, que habían esperado que el castigo cayera de inmediato sobre los perpetradores de tal ultraje, vieron entonces que su dios no tenía ningún poder ni siquiera para proteger su propio santuario. Para señalar la victoria, Bonifacio erigió una capilla en aquel lugar. Desde ese momento la evangelización de Hesse avanzó rápidamente.
Marchando más hacia el este, en Turingia, Bonifacio continuó su cruzada.
Allí encontró algunos sacerdotes celtas e irlandeses indisciplinados, que más bien fueron un obstáculo que una ayuda. Muchos de ellos profesaban creencias heréticas y otros vivían vidas inmorales.
Bonifacio estableció el orden entre ellos, aunque su principal anhelo era el de ganar a la fe las tribus paganas. En Ohrdruff, cerca de Gotha, estableció un segundo monasterio, dedicado a San Miguel, como centro misionero. En todas partes la gente ansiaba escuchar lo que predicaban, pero había escasez de maestros. Bonifacio acudió a los monasterios y conventos ingleses y su respuesta fue tan cordial que durante varios años multitud de monjes, maestros de escuela y monjas llegaron para ponerse bajo su dirección. Los dos monasterios que ya estaban edificados debieron ampliarse y se fundaron varios más. Entre los misioneros ingleses estaba Lullus, que debía suceder a Bonifacio en Mainz; Eoban, quien iba a compartir su martirio, Burchard y Wigbert; entre las monjas se hallaban Tecla, Chunitrude y la hermosa y versada prima de Bonifacio, Lioba, que más tarde sería abadesa de Bischofsheim y amiga de Hildegarda, la esposa de Carlomagno.
El Papa Gregorio III envió el pallium a Bonifacio en el año 731, nombrándolo arzobispo y metropolitano de toda la Alemania más allá del Rin, con autoridad para fundar nuevos episcopados. Pocos años después Bonifacio hizo un viaje a Roma para hablar acerca de las iglesias que había fundado, y entonces fue nombrado legado apostólico. Deteniéndose en Monte Casino pudo alistar a varios misioneros. Como legado viajó por Bavaria para organizar allí la Iglesia en cuatro episcopados de Regensburg, Fresing, Salzburgo y Passau. De Bavaria regresó a su propio campo de actividades y fundó los nuevos episcopados de Erfurt para Turingia, Buraburg para Hesse, Wurzburg para Franconia y Eichstadt para Nordgau. Un monje inglés fue colocado a la cabeza de cada nueva diócesis. En el año 741 se fundó en Prusia la gran abadía benedictina de Fulda, que iba a servir de cimiento a toda la cultura monástica de Alemania. Su primer abad fue un joven bávaro discípulo de Bonifacio, llamado Stur o Sturrnio. En la baja Edad Media, Fulda produjo buen número de estudiantes y maestros y fue conocida como el Monte Casino de Alemania.
Mientras la evangelización de Alemania adelantaba rápidamente, la Iglesia en Galia, bajo los reyes merovingios, se desintegraba. Los altos cargos eclesiásticos o estaban vacantes, o eran vendidos al mejor postor, o se otorgaban a indignos favoritos. El pluralismo, es decir, la reunión en una sola persona de varios cargos cada uno de los cuales hubiera podido ocupar todo su tiempo, era algo común. La gran mayoría del clero era ignorante e indisciplinada. Durante ochenta y cuatro años no se había reunido ningún sínodo o concilio de la Iglesia. Carlos Marte! había seguido conquistando y consolidando las regiones de la Europa occidental y entonces se consideraba a sí mismo como el aliado del papado y el principal campeón de la Iglesia, pero, sin embargo, persistentemente la había saqueado para obtener fondos para sus guerras y no había hecho nada para ayudar a la obra de reforma. Su muerte, no obstante, acaecida en el año 741, v el acceso al trono de sus hijos Carlomán y Pepino el Breve dieron la oportunidad de la cual Bonifacio se amparó en seguida. Carlomán, el mayor, era muy devoto y tenía gran veneración por Bonifacio; éste no tuvo gran dificultad en persuadirle de que reuniera un sínodo para tratar los errores y abusos de la Iglesia en Austrasia, Alemania y Turingia. La primera asamblea fue seguida de varias otras. Bonifacio las presidió todas y consiguió llevar a cabo reformas importantes. Los episcopados y parroquias vacantes se ocuparon, la disciplina se restableció y un nuevo vigor cundió por la Iglesia franca. Cierto hereje que había sido causa de grandes disturbios, llamado Adalberto de Neustria, fue condenado por el sínodo de Soissons en el año 744. En 747, otro concilio general de la iglesia franca estableció una profesión de fe y fidelidad que fue enviada a Roma y depositada en el altar de la cripta de San Pedro. Después de una labor de cinco años, Bonifacio había logrado devolver a la Iglesia de Galia su primitiva grandeza.
Fue entonces cuando Bonifacio deseó que también Inglaterra compartiese ese movimiento de reforma. A instancias suyas y del Papa Zacarías, el arzobispo de Canterbury reunió un concilio en Clovesho, en 747, en el que se adoptaron muchas de las resoluciones dictadas en Galia. En ese mismo año se otorgó a Bonifacio el título de metropolitano. Se propuso primero a la ciudad de Colonia como su ciudad catedral, pero finalmente se eligió a la ciudad de Mainz. Aun cuando, más adelante, Colonia y otras ciudades se convirtieron en sedes archiepiscopales, Mainz retuvo su primacía. El Papa hizo a Bonifacio primado de Alemania, así como legado apostólico para Alemania y Galia.
Carlomán se retiró a un monasterio, pero su sucesor Pepino, quien mantuvo a toda la Galia bajo su control, dio todo su apoyo a Bonifacio. «Sin el patrocinio de los jefes francos ?escribía Bonifacio en una carta a Inglaterra? yo no podría gobernar al pueblo ni mantener la disciplina entre el clero los monjes, ni vigilar las prácticas de paganismo.» Como legado apostólico, Bonifacio coronó a Pepino en Soissons en el año 751, dando así la sanción papal al acceso al poder real del que sería padre de Carlomagno. Bonifacio, comenzando a sentir el peso de los años, hizo de Lullus su coadjutor. Pero aun entonces, cuando tenía más de setenta años, su celo misionero seguía ardiendo. Deseaba pasar sus últimos años trabajando entre aquellos primeros conversos de Friesland, los cuales, desde la muerte de Willibrord, habían vuelto a caer en el paganismo. Dejando todo en orden para Lullus, quien le había sucedido, se embarcó junto con unos cincuenta compañeros y viajó por el Rin. En" Utrech se reunió con el grupo el obispo de aquella diócesis, Eoban. Empezaron la tarea de reclamar a los cristianos relapsos y durante los siguientes meses establecieron provechosos contactos con las tribus del nordeste, hasta entonces no alcanzadas por la fe. Bonifacio dispuso un gran servicio de confirmación el día de Pentecostés, sobre el llano de Dokkum, cerca de los bancos del pequeño río Borne.
Mientras esperaba la llegada de los conversos, Bonifacio leía calmadamente en su tienda. Repentinamente un grupo de paganos armados apareció en el centro del campamento. Sus compañeros hubieran querido defender a su jefe, pero éste no lo permitió. Mientras él les instaba a creer en Dios y acoger alegremente la perspectiva de morir por Él, los germanos atacaron. Bonifacio fue uno de los primeros en caer. Sus compañeros compartieron la misma suerte. Los paganos, creyendo que podían llevarse un rico botín, se disgustaron al no encontrar otra cosa, aparte de las provisiones, que una caja de santas reliquias y unos cuantos libros. No se molestaron en llevarse estos objetos, que luego fueron recogidos por los cristianos que vinieron a vengar a los mártires y rescatar sus restos. El cuerpo de Bonifacio fue llevado a Fulda, lugar en donde fue enterrado y en donde todavía se encuentra. El libro que el obispo estaba leyendo y que se dice alzó sobre su cabeza para salvarlo cuando le golpearon, es también otro de los tesoros de Fulda.
Bonifacio ha sido llamado el procónsul del papado. Su genio administrativo y organizador dejó su huella en la Iglesia alemana a través de toda la edad Media. Aunque Bonifacio fue principalmente un hombre de acción, su obra literaria es extensa. Especialmente interesantes e importantes, desde el punto de vista del dogma de la Iglesia y de la historia, son sus cartas. Entre los emblemas de Bonifacio se hallan el roble, el hacha, la espada y un libro.
Bonifacio, o Winfredo, para dar su nombre de bautismo, nació de una familia cristiana de alto rango, probablemete en Crédito en Devonshire, hacia el año 680. La reorganizada iglesia inglesa, aun bajo la inspiración que llegara de Roma dos generaciones anteriores a Agustín de Canterbury, estaba llena de fervor y vitalidad. Winfredo era un niño pequeño cuando escuchó la conversación de algunos monjes que visitaban su hogar. Entonces decidió entrar en la Iglesia, y esta resolución no se debilitó jamás. El padre de Winfredo tenía otros planes preparados para su inteligente hijo, pero una enfermedad grave alteró su actitud y entonces envió al muchacho a la vecina abadía de Exeter para que allí fuera educado. Algunos años después, Winfredo fue a la abadía de Bursling, en la diócesis de Winchester. Luego de completar allí sus estudios fue nombrado director de la escuela. Su enseñanza atrajo muchos estudiantes y para uso de ellos escribió una gramática que aún existe. Los alumnos tomaban notas en la clase con diligencia, y esas notas eran luego copiadas y circulaban en otros monasterios en donde se estudiaban ávidamente. A lo treinta años fue ordenado sacerdote y entonces añadió la predicación a la enseñanza y al trabajo de administración.
Winfredo tenía asegurado el avance rápido dentro de la Iglesia inglesa, pero Dios le reveló que su obra debía llevarse a cabo en tierras extranjeras, en donde hacía más falta. El norte de Europa y la mayor parte de la Europa central aún estaban en las tinieblas del paganismo. En Friesland, que entonces incluía los Países Bajos y otras tierras hacia el este, el misionero nortumbrio Willibrord llevaba largo tiempo pugnando por llevar al pueblo el Evangelio. Fue aquella región la que Winfredo sintió que le llamaba. Una vez obtenido el consentimiento del abate, acompañado de dos monjes, se puso en marcha en la primavera del año 716. Poco después de desembarcar en Doerstadt supieron que el duque Radboldo de Friesland, enemigo del cristianismo, estaba en guerra con Carlos Martel, el duque franco, y que Willibrord había sido obligado a retirarse a su monasterio de Echternacht. Dándose cuenta de que los tiempos no eran propicios, los misioneros regresaron a Inglaterra prudentemente, en el otoño. Los monjes de Winfredo en Bursling trataron de mantenerlo junto a ellos y deseaban elegirlo abad, pero él no desistió de su propósito.
La primera tentativa le había enseñado que para ser efectivo en tanto que misionero debía estar comisionado directamente por el Papa, de modo que el año 718 se presentó en Roma ante el Papa Gregorio II, portador de cartas de recomendación del obispo de Winchester. El Papa le acogió calurosamente, le mantuvo en Roma hasta la primavera del año siguiente, cuando las condiciones para viajar eran más favorables, y luego lo envió como comisiónalo general para predicar la palabra de Dios a los paganos. En esa época el nombre de Winfredo fue cambiado por el de Bonifacio (del latín bonifatus afortunado). Crw indo los Alpes, el misionero viajó a través de Bavaria hasta llegar a Hesse. El duque Radboldo había muerto y su sucesor era más amigable. Marchó hasta Friesland y allí Bonifacio trabajó durante tres años bajo Willibrord, el cual ya era muy viejo. Bonifacio declinó la oferta de convertirse en el coadjutor de Willibrord y su sucesor como obispo de Utrech diciendo que su cometido era general «para los paganos» y que no podía limitarse a una sola diócesis. Entonces regresó a Hesse. Bonifacio no tuvo gran dificultad en hacerse comprender en su predicación, ya que los dialectos de las varias tribus teutonas se parecían mucho a su nativo anglosajón. Despertó el interés de dos jefes locales, Dettic y Deorulf, quienes en época anterior habían sido bautizados. Por falta de instrucción habían permanecido algo mejores que los paganos, pero entonces se convirtieron en cristianos celosos e influyeron en muchos otros para que se bautizasen. También dieron una tierra a Bonifacio en donde más tarde fundaría el monasterio de Amoeneburg. Así Bonifacio pudo dar cuenta de conversiones tan notables que el Papa le requirió a Roma para que fuera ordenado obispo.
En Roma, el día de San Andrés, 30 de noviembre de 722, el Papa Gregorio II lo consagró como obispo regional con jurisdicción general sobre las «razas de las partes de Alemania y del este del Rin, las cuales viven en error, en la tiniebla de la muerte». El Papa le dio también una carta para el poderoso Carlos Martel, «El Martillo». Cuando Bonifacio la entregó al duque franco, ya de regreso hacia Alemania, recibió el valioso don de la prenda sellada de la protección franca. Así, armado con la autoridad de la Iglesia y del poder civil, el prestigio de Bo? nifacio creció de punto. A su regreso a Hesse se dispuso a eliminar radicalmente las supersticiones paganas que afectaban seriamente la estabilidad de los conversos. Cierto día, anunciado públicamente y en medio de la multitud atemorizada, Bonifacio y uno o dos de sus seguidores atacaron con hachas el roble sagrado de Thor. Estas tribus germánicas, junto con muchos otros pueblos primitivos, adoraban a los árboles. Thor, dios del trueno, era una de las principales deidades teutonas y ese viejo roble que se alzaba en la cima del monte Gudenberg estaba cosagrado a él. Después de varios golpes, el frondoso árbol se vino abajo, partiéndose en cuatro trozos. Los aterrorizados hombres de la tribu, que habían esperado que el castigo cayera de inmediato sobre los perpetradores de tal ultraje, vieron entonces que su dios no tenía ningún poder ni siquiera para proteger su propio santuario. Para señalar la victoria, Bonifacio erigió una capilla en aquel lugar. Desde ese momento la evangelización de Hesse avanzó rápidamente.
Marchando más hacia el este, en Turingia, Bonifacio continuó su cruzada.
Allí encontró algunos sacerdotes celtas e irlandeses indisciplinados, que más bien fueron un obstáculo que una ayuda. Muchos de ellos profesaban creencias heréticas y otros vivían vidas inmorales.
Bonifacio estableció el orden entre ellos, aunque su principal anhelo era el de ganar a la fe las tribus paganas. En Ohrdruff, cerca de Gotha, estableció un segundo monasterio, dedicado a San Miguel, como centro misionero. En todas partes la gente ansiaba escuchar lo que predicaban, pero había escasez de maestros. Bonifacio acudió a los monasterios y conventos ingleses y su respuesta fue tan cordial que durante varios años multitud de monjes, maestros de escuela y monjas llegaron para ponerse bajo su dirección. Los dos monasterios que ya estaban edificados debieron ampliarse y se fundaron varios más. Entre los misioneros ingleses estaba Lullus, que debía suceder a Bonifacio en Mainz; Eoban, quien iba a compartir su martirio, Burchard y Wigbert; entre las monjas se hallaban Tecla, Chunitrude y la hermosa y versada prima de Bonifacio, Lioba, que más tarde sería abadesa de Bischofsheim y amiga de Hildegarda, la esposa de Carlomagno.
El Papa Gregorio III envió el pallium a Bonifacio en el año 731, nombrándolo arzobispo y metropolitano de toda la Alemania más allá del Rin, con autoridad para fundar nuevos episcopados. Pocos años después Bonifacio hizo un viaje a Roma para hablar acerca de las iglesias que había fundado, y entonces fue nombrado legado apostólico. Deteniéndose en Monte Casino pudo alistar a varios misioneros. Como legado viajó por Bavaria para organizar allí la Iglesia en cuatro episcopados de Regensburg, Fresing, Salzburgo y Passau. De Bavaria regresó a su propio campo de actividades y fundó los nuevos episcopados de Erfurt para Turingia, Buraburg para Hesse, Wurzburg para Franconia y Eichstadt para Nordgau. Un monje inglés fue colocado a la cabeza de cada nueva diócesis. En el año 741 se fundó en Prusia la gran abadía benedictina de Fulda, que iba a servir de cimiento a toda la cultura monástica de Alemania. Su primer abad fue un joven bávaro discípulo de Bonifacio, llamado Stur o Sturrnio. En la baja Edad Media, Fulda produjo buen número de estudiantes y maestros y fue conocida como el Monte Casino de Alemania.
Mientras la evangelización de Alemania adelantaba rápidamente, la Iglesia en Galia, bajo los reyes merovingios, se desintegraba. Los altos cargos eclesiásticos o estaban vacantes, o eran vendidos al mejor postor, o se otorgaban a indignos favoritos. El pluralismo, es decir, la reunión en una sola persona de varios cargos cada uno de los cuales hubiera podido ocupar todo su tiempo, era algo común. La gran mayoría del clero era ignorante e indisciplinada. Durante ochenta y cuatro años no se había reunido ningún sínodo o concilio de la Iglesia. Carlos Marte! había seguido conquistando y consolidando las regiones de la Europa occidental y entonces se consideraba a sí mismo como el aliado del papado y el principal campeón de la Iglesia, pero, sin embargo, persistentemente la había saqueado para obtener fondos para sus guerras y no había hecho nada para ayudar a la obra de reforma. Su muerte, no obstante, acaecida en el año 741, v el acceso al trono de sus hijos Carlomán y Pepino el Breve dieron la oportunidad de la cual Bonifacio se amparó en seguida. Carlomán, el mayor, era muy devoto y tenía gran veneración por Bonifacio; éste no tuvo gran dificultad en persuadirle de que reuniera un sínodo para tratar los errores y abusos de la Iglesia en Austrasia, Alemania y Turingia. La primera asamblea fue seguida de varias otras. Bonifacio las presidió todas y consiguió llevar a cabo reformas importantes. Los episcopados y parroquias vacantes se ocuparon, la disciplina se restableció y un nuevo vigor cundió por la Iglesia franca. Cierto hereje que había sido causa de grandes disturbios, llamado Adalberto de Neustria, fue condenado por el sínodo de Soissons en el año 744. En 747, otro concilio general de la iglesia franca estableció una profesión de fe y fidelidad que fue enviada a Roma y depositada en el altar de la cripta de San Pedro. Después de una labor de cinco años, Bonifacio había logrado devolver a la Iglesia de Galia su primitiva grandeza.
Fue entonces cuando Bonifacio deseó que también Inglaterra compartiese ese movimiento de reforma. A instancias suyas y del Papa Zacarías, el arzobispo de Canterbury reunió un concilio en Clovesho, en 747, en el que se adoptaron muchas de las resoluciones dictadas en Galia. En ese mismo año se otorgó a Bonifacio el título de metropolitano. Se propuso primero a la ciudad de Colonia como su ciudad catedral, pero finalmente se eligió a la ciudad de Mainz. Aun cuando, más adelante, Colonia y otras ciudades se convirtieron en sedes archiepiscopales, Mainz retuvo su primacía. El Papa hizo a Bonifacio primado de Alemania, así como legado apostólico para Alemania y Galia.
Carlomán se retiró a un monasterio, pero su sucesor Pepino, quien mantuvo a toda la Galia bajo su control, dio todo su apoyo a Bonifacio. «Sin el patrocinio de los jefes francos ?escribía Bonifacio en una carta a Inglaterra? yo no podría gobernar al pueblo ni mantener la disciplina entre el clero los monjes, ni vigilar las prácticas de paganismo.» Como legado apostólico, Bonifacio coronó a Pepino en Soissons en el año 751, dando así la sanción papal al acceso al poder real del que sería padre de Carlomagno. Bonifacio, comenzando a sentir el peso de los años, hizo de Lullus su coadjutor. Pero aun entonces, cuando tenía más de setenta años, su celo misionero seguía ardiendo. Deseaba pasar sus últimos años trabajando entre aquellos primeros conversos de Friesland, los cuales, desde la muerte de Willibrord, habían vuelto a caer en el paganismo. Dejando todo en orden para Lullus, quien le había sucedido, se embarcó junto con unos cincuenta compañeros y viajó por el Rin. En" Utrech se reunió con el grupo el obispo de aquella diócesis, Eoban. Empezaron la tarea de reclamar a los cristianos relapsos y durante los siguientes meses establecieron provechosos contactos con las tribus del nordeste, hasta entonces no alcanzadas por la fe. Bonifacio dispuso un gran servicio de confirmación el día de Pentecostés, sobre el llano de Dokkum, cerca de los bancos del pequeño río Borne.
Mientras esperaba la llegada de los conversos, Bonifacio leía calmadamente en su tienda. Repentinamente un grupo de paganos armados apareció en el centro del campamento. Sus compañeros hubieran querido defender a su jefe, pero éste no lo permitió. Mientras él les instaba a creer en Dios y acoger alegremente la perspectiva de morir por Él, los germanos atacaron. Bonifacio fue uno de los primeros en caer. Sus compañeros compartieron la misma suerte. Los paganos, creyendo que podían llevarse un rico botín, se disgustaron al no encontrar otra cosa, aparte de las provisiones, que una caja de santas reliquias y unos cuantos libros. No se molestaron en llevarse estos objetos, que luego fueron recogidos por los cristianos que vinieron a vengar a los mártires y rescatar sus restos. El cuerpo de Bonifacio fue llevado a Fulda, lugar en donde fue enterrado y en donde todavía se encuentra. El libro que el obispo estaba leyendo y que se dice alzó sobre su cabeza para salvarlo cuando le golpearon, es también otro de los tesoros de Fulda.
Bonifacio ha sido llamado el procónsul del papado. Su genio administrativo y organizador dejó su huella en la Iglesia alemana a través de toda la edad Media. Aunque Bonifacio fue principalmente un hombre de acción, su obra literaria es extensa. Especialmente interesantes e importantes, desde el punto de vista del dogma de la Iglesia y de la historia, son sus cartas. Entre los emblemas de Bonifacio se hallan el roble, el hacha, la espada y un libro.
jueves, 4 de junio de 2026
Lecturas del 04/06/2026
Querido hermano:
Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio, por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús.
Es palabra digna de crédito: Pues si morimos con él, también viviremos con él; si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.
Esto es lo que has de recordar, advirtiéndoles seriamente delante de Dios que no discutan sobre palabras; no sirve para nada y es funesto para los oyentes.
Procura con toda diligencia presentarte ante Dios como digno de aprobación, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que imparte con rectitud la palabra de la verdad.
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Palabra del Señor.
04 de Junio 2026 – San Francisco Caracciolo
Como ya en el antiguo Testamento, así como en lo Nuevo, Dios nunca omite de suscitar, según las necesidades de la Iglesia, hombres eminentes por santidad, celo y doctrina.
Uno de éstos fue S. Francesco Caracciolo, fundador de los Clérigos Regulares Menor.
Nació el 3 de octubre de 1563 a Santa María de Villa en los Abruzos. Su nombre de pila fue Ascanio. Sus padres Ferdinando Caracciolo e Isabella Barattucci, que unieron una igual bondad a la nobleza, estuvieron atentos de inspirar desde la cuna al pequeño Francesco los sentimientos de la religión y proporcionarle sucesivamente una óptima educación.
Y Francesco, por su parte, traficó bien los talentos concedido les por Dios. Renegando constantemente sí mismo, ayudado por la gracia de Dios, supo vencer sus defectos y combatir sus pasiones.
Todavía pequeñito tuvo sumamente a corazón dos cosas: El amor a Jesús Eucarístico y a María SS.
Una grave enfermedad que lo afligió largamente le hizo conocer cuánto Dios quiso de él: tuvo que ponerse religioso, y padre de religiosos. Decidió entonces el definitivo abandono del mundo para consagrarse totalmente a Dios. Apenas curado se llevó a Nápoles a cumplirlos los estudios de teología y en poco tiempo se volvió sacerdote. El primer apostolado lo ejerció en la ciudad misma, disponiendo los presos condenados a muerte a reconciliarse con Dios.
Pero el campo de bien fue demasiado pequeño para él. Dios lo llamó más para arriba. Agostino Adorno después de volverse en sacerdote decidió la fundación de un nuevo instituto; y por mejor lograr se asoció a un compañero, e invitó tercero compañero por carta.
Por una equivocación la carta de invitación en vez de al verdadero destinatario que se llamaba Caracciolo, acabó a nuestro San. Éste recibiéndola como la voz misma de Dios, aceptó y con todo el ardor de su corazón se dio a la santa empresa.
Los tres se retiraron en el convento de los Camaldolesi en Nápoles e hicieron 40 días de retirada. Escribieron por lo tanto la regla y se fueron a Roma para la aprobación.
Sixto V animó la obra y los tres se retiraron de nuevo a Nápoles el 9 de abril de 1589, donde hicieron la solemne profesión en la que Ascanio tomó el nombre de Francesco.
La congregación se extendió rápidamente en el Reino de Nápoles y en España aunque entre mil dificultades. Mientras tanto murió el P. Adorno y Francesco se puso general del orden.
Muchas fueron las calumnias directas contra él de parte de gente envidiosa del alto su cargo, pero también este él soportó humildemente por amor de Dios. Aunque superior general, siguió cumpliendo todas aquéllas acciones que el último religioso cumple y ordinariamente su conversación fue virtud. Todavía vivo obró muchos milagros.
Murió en Agnone el año 1608 al cargo de general superior general. El 24 de marzo de 1802.
Uno de éstos fue S. Francesco Caracciolo, fundador de los Clérigos Regulares Menor.
Nació el 3 de octubre de 1563 a Santa María de Villa en los Abruzos. Su nombre de pila fue Ascanio. Sus padres Ferdinando Caracciolo e Isabella Barattucci, que unieron una igual bondad a la nobleza, estuvieron atentos de inspirar desde la cuna al pequeño Francesco los sentimientos de la religión y proporcionarle sucesivamente una óptima educación.
Y Francesco, por su parte, traficó bien los talentos concedido les por Dios. Renegando constantemente sí mismo, ayudado por la gracia de Dios, supo vencer sus defectos y combatir sus pasiones.
Todavía pequeñito tuvo sumamente a corazón dos cosas: El amor a Jesús Eucarístico y a María SS.
Una grave enfermedad que lo afligió largamente le hizo conocer cuánto Dios quiso de él: tuvo que ponerse religioso, y padre de religiosos. Decidió entonces el definitivo abandono del mundo para consagrarse totalmente a Dios. Apenas curado se llevó a Nápoles a cumplirlos los estudios de teología y en poco tiempo se volvió sacerdote. El primer apostolado lo ejerció en la ciudad misma, disponiendo los presos condenados a muerte a reconciliarse con Dios.
Pero el campo de bien fue demasiado pequeño para él. Dios lo llamó más para arriba. Agostino Adorno después de volverse en sacerdote decidió la fundación de un nuevo instituto; y por mejor lograr se asoció a un compañero, e invitó tercero compañero por carta.
Por una equivocación la carta de invitación en vez de al verdadero destinatario que se llamaba Caracciolo, acabó a nuestro San. Éste recibiéndola como la voz misma de Dios, aceptó y con todo el ardor de su corazón se dio a la santa empresa.
Los tres se retiraron en el convento de los Camaldolesi en Nápoles e hicieron 40 días de retirada. Escribieron por lo tanto la regla y se fueron a Roma para la aprobación.
Sixto V animó la obra y los tres se retiraron de nuevo a Nápoles el 9 de abril de 1589, donde hicieron la solemne profesión en la que Ascanio tomó el nombre de Francesco.
La congregación se extendió rápidamente en el Reino de Nápoles y en España aunque entre mil dificultades. Mientras tanto murió el P. Adorno y Francesco se puso general del orden.
Muchas fueron las calumnias directas contra él de parte de gente envidiosa del alto su cargo, pero también este él soportó humildemente por amor de Dios. Aunque superior general, siguió cumpliendo todas aquéllas acciones que el último religioso cumple y ordinariamente su conversación fue virtud. Todavía vivo obró muchos milagros.
Murió en Agnone el año 1608 al cargo de general superior general. El 24 de marzo de 1802.
miércoles, 3 de junio de 2026
Lecturas del 03/06/2026
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Doy gracias a Dios, a quien sirvo, como mis antepasados, con conciencia limpia, porque te tengo siempre presente en mis oraciones noche y día.
Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza.
Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.
De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro. Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día.
En aquel tiempo, se acercan a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntan: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y de descendencia a su hermano”.
Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer.
Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».
Jesús les respondió: «¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo.
Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados».
Palabra del Señor.
03 de Junio 2026 – Beato Andrés Caccioli
Nació en Spello junto Asís (Umbría). Fue ordenado sacerdote; en 1223, conoció a san Francisco de Asís y renunció a todas sus prebendas dándoselas a los pobres, así se convirtió en unos de los primeros 72 seguidores del santo de Asís. De san Francisco imitó especialmente el espíritu de pobreza, y el 3 de octubre de 1226 tuvo la dicha de asistir al tránsito de Francisco. En 1233 estuvo en España, donde tomó parte en el Capítulo de Soria y obtuvo con sus oraciones una lluvia providencial para aquella tierra afectada por una prolongada sequía. Igual milagro hizo en Spello. Sostuvo una rígida interpretación de la regla contra las innovaciones de fray Elías y por esta razón fue perseguido y encarcelado.
Vivió también en el eremitorio de Las Cárceles en Asís, en gran penitencia y austeridad. Atendía sólo a la contemplación de las cosas del cielo, al cual se sentía ya cercano. Las horas libres de los actos comunes las pasaba en una gruta separado del resto del mundo, únicamente dedicado a la oración ferviente. Varias veces fue favorecido con celestiales apariciones y su espíritu probó dulzuras indescriptibles. Un día Jesús se le apareció en forma de niño, resplandeciente de belleza. Estaban en dulces conversaciones cuando sonó la campana que llamaba a los religiosos al coro para la recitación de Vísperas. Andrés, por espíritu de obediencia, suspendió la conversación para unirse a sus cohermanos. Terminadas vísperas, regresó a su retiro y con gran alegría encontró al niño Jesús, el cual le dijo: "Hiciste bien al obedecer: pronto te llamaré a mí". Era el feliz anuncio de su próxima muerte.
En 1248 volvió al convento de San Andrés, de Spello, donde fue encargado de la dirección espiritual de las Clarisas. Obtuvo de santa Clara que fuera enviada como abadesa de Spello Pacífica Guelfuccio, tía y una de las primeras y más ilustres discípulas de santa Clara. Con la ayuda y el consejo de Andrés la comunidad de las Damas Pobres de la Dama Pobreza aumentó en número y fervor, renunció a la regla mitigada del cardenal Hugolino para seguir la compuesta por san Francisco para las primeras religiosas amantes de la pobreza. De esta manera el monasterio de Spello vino a ser pronto una de las casas más florecientes de la Orden.
En Spello, Andrés esperó sereno la invitación para volar a la patria celestial. Rico de méritos y glorioso por su ardiente apostolado en medio del pueblo, realizado por medio de la predicación de muchos años, recibió con edificante piedad los últimos sacramentos, y se durmió plácidamente en el Señor; tenía 60 años de edad. Las antiguas crónicas franciscanas lo llaman máximo predicador y taumaturgo, recuerdan su caridad y obediencia ejemplares. Se distinguió por su fervor eucarístico, una tierna devoción a la Santísima Virgen y la contemplación de la Pasión y muerte de Jesús. Su cuerpo se venera en la iglesia de San Andrés, en Spello. Su culto fue confirmado el 25 de julio de 1738 por el Papa Clemente XII. Fue elegido copatrono de su ciudad en 1360.
Vivió también en el eremitorio de Las Cárceles en Asís, en gran penitencia y austeridad. Atendía sólo a la contemplación de las cosas del cielo, al cual se sentía ya cercano. Las horas libres de los actos comunes las pasaba en una gruta separado del resto del mundo, únicamente dedicado a la oración ferviente. Varias veces fue favorecido con celestiales apariciones y su espíritu probó dulzuras indescriptibles. Un día Jesús se le apareció en forma de niño, resplandeciente de belleza. Estaban en dulces conversaciones cuando sonó la campana que llamaba a los religiosos al coro para la recitación de Vísperas. Andrés, por espíritu de obediencia, suspendió la conversación para unirse a sus cohermanos. Terminadas vísperas, regresó a su retiro y con gran alegría encontró al niño Jesús, el cual le dijo: "Hiciste bien al obedecer: pronto te llamaré a mí". Era el feliz anuncio de su próxima muerte.
En 1248 volvió al convento de San Andrés, de Spello, donde fue encargado de la dirección espiritual de las Clarisas. Obtuvo de santa Clara que fuera enviada como abadesa de Spello Pacífica Guelfuccio, tía y una de las primeras y más ilustres discípulas de santa Clara. Con la ayuda y el consejo de Andrés la comunidad de las Damas Pobres de la Dama Pobreza aumentó en número y fervor, renunció a la regla mitigada del cardenal Hugolino para seguir la compuesta por san Francisco para las primeras religiosas amantes de la pobreza. De esta manera el monasterio de Spello vino a ser pronto una de las casas más florecientes de la Orden.
En Spello, Andrés esperó sereno la invitación para volar a la patria celestial. Rico de méritos y glorioso por su ardiente apostolado en medio del pueblo, realizado por medio de la predicación de muchos años, recibió con edificante piedad los últimos sacramentos, y se durmió plácidamente en el Señor; tenía 60 años de edad. Las antiguas crónicas franciscanas lo llaman máximo predicador y taumaturgo, recuerdan su caridad y obediencia ejemplares. Se distinguió por su fervor eucarístico, una tierna devoción a la Santísima Virgen y la contemplación de la Pasión y muerte de Jesús. Su cuerpo se venera en la iglesia de San Andrés, en Spello. Su culto fue confirmado el 25 de julio de 1738 por el Papa Clemente XII. Fue elegido copatrono de su ciudad en 1360.
martes, 2 de junio de 2026
Lecturas del 02/06/2026
Queridos hermanos: ¡Esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios! Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.
Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia, por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachable e irreprochable, y considerad que la paciencia de nuestro Señor es nuestra salvación.
Así pues, queridos míos, ya que estáis prevenidos, estad en guardia para que no os arrastre el error de esa gente sin principios ni decaiga vuestra firmeza. Por el contrario, creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.
En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.
Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?».
Adivinando su hipocresía, les replicó: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea».
Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?».
Le contestaron: «Del César».
Jesús les replicó: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Y se quedaron admirados.
Palabra del Señor.
02 de Junio 2026 – San Félix de Nicosia
En el siglo de Giácomo Amoroso, italiano, laico de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos (1715-1787).
San Félix nació en la ciudad siciliana de Nicosia en el año 1715 con el nombre de Filippo Giácomo, provenía de una familia humilde y muy religiosa. Al quedarse huérfano de padre, tuvo que trabajar desde niño de zapatero para ayudar en el hogar, oficio que heredó de su difunto padre.
A los 20 años, pidió su admisión en el convento de los capuchinos para que fuera aceptado como Lego, ya que, por ser analfabeto no podía ser clérigo, en esta oportunidad fue rechazado. Sin renunciar por ello a sus propósitos, el joven se entregó al trabajo, las plegarias y la mortificación, renovando cada cierto tiempo su solicitud en el convento. Por fin, luego de siete años fue admitido en 1743 en el convento de los capuchinos en Mistreta luego de hablar personalmente con el padre provincial de Mesina que se encontraba de visita en Nicosia.
Un año después hizo su profesión tomando el nombre de fray Félix de Nicosia y fue llamado a su ciudad natal para ayudar al hermano limosnero en sus rondas por la ciudad, aquí realizó un gran apostolado entre la gente de todas las clases. Cada día recorría las calles y tocaba las puertas de los ricos; siempre agradecía a cada uno, recibiera o no donativos, diciendo: "Que sea por el amor de Dios".
A pesar de ser analfabeto, conocía muy bien las Sagradas Escrituras y la Doctrina de la Iglesia, pues trataba de aprenderse los pasajes bíblicos y textos de libros que se leían en el convento durante las comidas.
En privado, San Félix practicaba grandes austeridades y en público su amor a Dios se manifestaba con la caridad y la obediencia. Estas cualidades atrajeron hacia él la atención de los fieles, que se encomendaban a sus oraciones. Realizó curaciones milagrosas, sobretodo en la epidemia que sacudió el pueblo de Cerami, en 1777. Curó también las enfermedades del espíritu, convirtiendo a muchos pecadores, inclusive a algunos delincuentes presos, a quienes el santo socorría con alimentos y con la Palabra de Dios.
Era muy devoto de la Eucaristía (se pasaba horas ante el sagrario), la Virgen de los Dolores (llevó en su pecho durante treinta años una estampa de la Virgen) y la Pasión de Cristo (pasaba mucho tiempo con los brazos en cruz meditando el crucifijo).
Murió el 31 de mayo de 1787 en el convento de Nicosia, a la edad de 78 años. Fue Beatificado el 12 de Febrero de 1888 por el Papa León XIII y Canonizado el 23 de Octubre del 2005 por el Papa Benedicto XVI.
San Félix nació en la ciudad siciliana de Nicosia en el año 1715 con el nombre de Filippo Giácomo, provenía de una familia humilde y muy religiosa. Al quedarse huérfano de padre, tuvo que trabajar desde niño de zapatero para ayudar en el hogar, oficio que heredó de su difunto padre.
A los 20 años, pidió su admisión en el convento de los capuchinos para que fuera aceptado como Lego, ya que, por ser analfabeto no podía ser clérigo, en esta oportunidad fue rechazado. Sin renunciar por ello a sus propósitos, el joven se entregó al trabajo, las plegarias y la mortificación, renovando cada cierto tiempo su solicitud en el convento. Por fin, luego de siete años fue admitido en 1743 en el convento de los capuchinos en Mistreta luego de hablar personalmente con el padre provincial de Mesina que se encontraba de visita en Nicosia.
Un año después hizo su profesión tomando el nombre de fray Félix de Nicosia y fue llamado a su ciudad natal para ayudar al hermano limosnero en sus rondas por la ciudad, aquí realizó un gran apostolado entre la gente de todas las clases. Cada día recorría las calles y tocaba las puertas de los ricos; siempre agradecía a cada uno, recibiera o no donativos, diciendo: "Que sea por el amor de Dios".
A pesar de ser analfabeto, conocía muy bien las Sagradas Escrituras y la Doctrina de la Iglesia, pues trataba de aprenderse los pasajes bíblicos y textos de libros que se leían en el convento durante las comidas.
En privado, San Félix practicaba grandes austeridades y en público su amor a Dios se manifestaba con la caridad y la obediencia. Estas cualidades atrajeron hacia él la atención de los fieles, que se encomendaban a sus oraciones. Realizó curaciones milagrosas, sobretodo en la epidemia que sacudió el pueblo de Cerami, en 1777. Curó también las enfermedades del espíritu, convirtiendo a muchos pecadores, inclusive a algunos delincuentes presos, a quienes el santo socorría con alimentos y con la Palabra de Dios.
Era muy devoto de la Eucaristía (se pasaba horas ante el sagrario), la Virgen de los Dolores (llevó en su pecho durante treinta años una estampa de la Virgen) y la Pasión de Cristo (pasaba mucho tiempo con los brazos en cruz meditando el crucifijo).
Murió el 31 de mayo de 1787 en el convento de Nicosia, a la edad de 78 años. Fue Beatificado el 12 de Febrero de 1888 por el Papa León XIII y Canonizado el 23 de Octubre del 2005 por el Papa Benedicto XVI.
lunes, 1 de junio de 2026
Lecturas del 01/06/2026
Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo les ha cabido en suerte una fe tan preciosa como a nosotros.
A vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.
Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia, con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición; en vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor.
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cayó un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo azotaron y lo despidieron con las manos vacías. Les envió de nuevo otro criado; a este lo descalabraron e insultaron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o los mataron.
Le quedaba uno, su hijo amado. Y lo envió el último, pensando: “Respetarán a mi hijo”.
Pero los labradores se dijeron: “Este es el heredero. Venga, lo matamos y será nuestra la herencia”.
Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.
¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?».
Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente y, dejándolo allí, se marcharon.
Palabra del Señor.
01 de Junio 2026 – San Justino
San Justino nació alrededor del año 100, en la antigua Siquem, en Samaria (ciudad que en su tiempo se llamaba Naplus). Sus padres eran paganos, de origen griego, y le dieron una excelente educación, instruyéndolo lo mejor posible en filosofía, literatura e historia.
En sus libros, sobre todo "Diálogo con el Judío Tifón" nos cuenta que tuvo un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, luego del cual, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino había dirigido su «Apología».
Justino y sus obras demuestran cómo la Iglesia celebraba el culto desde sus inicios. Las actas que se conservan acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que se conservan de la antigüedad. Justino es llevado ante el alcalde de Roma, y empieza entre los dos un diálogo emocionante:
Alcalde. ¿Cuál es su especialidad? ¿En qué se ha especializado?
Justino. Durante mis primero treinta años me dediqué a estudiar filosofía, historia y literatura. Pero cuando conocí la doctrina de Jesucristo me dediqué por completo a tratar de convencer a otros de que el cristianismo es la mejor religión.
Alcalde. Loco debe de estar para seguir semejante religión, siendo Ud. tan sabio.
Justino. Ignorante fui cuando no conocía esta santa religión. Pero el cristianismo me ha proporcionado la verdad que no había encontrado en ninguna otra religión.
Alcalde. ¿Y qué es lo que enseña esa religión?
Justino. La religión cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se ha hecho hombre por salvarnos a todos. Nuestra religión enseña que Dios está en todas partes observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta.
Alcalde. ¿Y Usted persiste en declarar públicamente que es cristiano?
Justino. Sí declaro públicamente que soy un seguidor de Jesucristo y quiero serlo hasta la muerte.
El alcalde pregunta luego a los amigos de Justino si ellos también se declaran cristianos y todos proclaman que sí, que prefieren morir antes que dejar de ser amigos de Cristo.
Alcalde. Y si yo lo mando torturar y ordeno que le corten la cabeza, Ud. que es tan elocuente y tan instruido ¿cree que se irá al cielo?
Justino. No solamente lo creo, sino que estoy totalmente seguro de que si muero por Cristo y cumplo sus mandamientos tendré la Vida Eterna y gozaré para siempre en el cielo.
Alcalde. Por última vez le mando: acérquese y ofrezca incienso a los dioses. Y si no lo hace lo mandaré a torturar atrozmente y haré que le corten la cabeza.
Justino. Ningún cristiano que sea prudente va a cometer el tremendo error de dejar su santa religión por quemar incienso a falsos dioses. Nada más honroso para mí y para mis compañeros, y nada que más deseemos, que ofrecer nuestra vida en sacrificio por proclamar el amor que sentimos por Nuestro Señor Jesucristo.
Los otros cristianos gritaron que ellos estaban totalmente de acuerdo con lo que Justino acababa de decir.
Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les cortaron la cabeza.
En sus libros, sobre todo "Diálogo con el Judío Tifón" nos cuenta que tuvo un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, luego del cual, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino había dirigido su «Apología».
Justino y sus obras demuestran cómo la Iglesia celebraba el culto desde sus inicios. Las actas que se conservan acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que se conservan de la antigüedad. Justino es llevado ante el alcalde de Roma, y empieza entre los dos un diálogo emocionante:
Alcalde. ¿Cuál es su especialidad? ¿En qué se ha especializado?
Justino. Durante mis primero treinta años me dediqué a estudiar filosofía, historia y literatura. Pero cuando conocí la doctrina de Jesucristo me dediqué por completo a tratar de convencer a otros de que el cristianismo es la mejor religión.
Alcalde. Loco debe de estar para seguir semejante religión, siendo Ud. tan sabio.
Justino. Ignorante fui cuando no conocía esta santa religión. Pero el cristianismo me ha proporcionado la verdad que no había encontrado en ninguna otra religión.
Alcalde. ¿Y qué es lo que enseña esa religión?
Justino. La religión cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se ha hecho hombre por salvarnos a todos. Nuestra religión enseña que Dios está en todas partes observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta.
Alcalde. ¿Y Usted persiste en declarar públicamente que es cristiano?
Justino. Sí declaro públicamente que soy un seguidor de Jesucristo y quiero serlo hasta la muerte.
El alcalde pregunta luego a los amigos de Justino si ellos también se declaran cristianos y todos proclaman que sí, que prefieren morir antes que dejar de ser amigos de Cristo.
Alcalde. Y si yo lo mando torturar y ordeno que le corten la cabeza, Ud. que es tan elocuente y tan instruido ¿cree que se irá al cielo?
Justino. No solamente lo creo, sino que estoy totalmente seguro de que si muero por Cristo y cumplo sus mandamientos tendré la Vida Eterna y gozaré para siempre en el cielo.
Alcalde. Por última vez le mando: acérquese y ofrezca incienso a los dioses. Y si no lo hace lo mandaré a torturar atrozmente y haré que le corten la cabeza.
Justino. Ningún cristiano que sea prudente va a cometer el tremendo error de dejar su santa religión por quemar incienso a falsos dioses. Nada más honroso para mí y para mis compañeros, y nada que más deseemos, que ofrecer nuestra vida en sacrificio por proclamar el amor que sentimos por Nuestro Señor Jesucristo.
Los otros cristianos gritaron que ellos estaban totalmente de acuerdo con lo que Justino acababa de decir.
Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les cortaron la cabeza.
domingo, 31 de mayo de 2026
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