miércoles, 26 de julio de 2023
Lecturas del 26/07/2023
Toda la comunidad de los hijos de Israel partió de Elín y llegó al desierto de Sin, entre Elín y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.
La comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: « ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad».
El Señor dijo a Moisés: «Mira, haré llover pan del cielo para vosotros: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi instrucción o no. El día sexto prepararán lo que hayan recogido y será el doble de lo que recogen a diario».
Moisés dijo a Aarón: «Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones”».
Mientras Aarón hablaba a la comunidad de los hijos de Israel ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube.
El Señor dijo a Moisés: «He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles: “Al atardecer comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro”».
Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, como escamas, parecido a la escarcha sobre la tierra. Al verlo, los hijos de Israel se dijeron: « ¿Qué es esto?».
Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: «Es el pan que el Señor os da de comer».
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron.
Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
Palabra del Señor.
26 de Julio - Beatos VICENTE PINILLA y MANUEL MARTÍN SIERRA
En el pueblo de Motril cercano a Granada en la costa española, beatos Vicente Pinilla, de la Orden de los Agustinos Recoletos, y Manuel Martín Sierra, sacerdotes y mártires, que, desalojados de la iglesia, fueron fusilados un día después del martirio de otros cinco compañeros.
Vicente nació en Calatayud, Zaragoza. Agustino recoleto. Misionero en Filipinas, donde trabajó en las islas periféricas y sufrió las persecuciones de la revolución. Luego trabajó en Brasil y por último destinado a Motril, Granada.
Se distinguió por su sencillez, su jovialidad, su asiduidad al confesionario, su devoción a la Virgen de la Consolación y el amor a los niños. Con cierta frecuencia le bailaba en el corazón la idea del martirio, y entonces no lograba reprimir sus ansias de fecundar con su sangre sus trabajos apostólicos.
Mártir en Motril. Le sorprendió el tiro de gracia en actitud de bendecir a sus perseguidores. Los testigos afirman que afrontó la muerte “con ánimo sereno y tranquilo”, con un crucifijo en la mano y repitiendo las palabras de Cristo: “Perdónales porque no saben lo que hacen”. Uno de los asesinos exclamó emocionado: “Ya no mataré más a nadie. Si es verdad que hay santos, éste es uno”.
Manuel nació en Churriana de la Vega. Ingresó en el clero diocesano de Granada tras haber realizado sus estudios en los escolapios. Fue ordenado sacerdote en 1915, y siguió sus estudios hasta alcanzar el título de doctor en Teología. Durante un tiempo fue profesor del seminario de Granada, cargo que simultaneó con el de capellán de religiosas.
En 1929 fue nombrado párroco de la Iglesia de la Divina Pastora de Motril y en ella seguía al estallar la guerra civil. Fue un sacerdote ejemplar, pendiente siempre de sus feligreses. Vivía pobremente para poder socorrer mejor a los necesitados. Era notorio su celo apostólico y capacidad de trabajo, además era un hombre humildísimo.
Tuvo ocasión de huir, como lo hizo su familia, pero no lo hizo alegando que un pastor debía quedarse con sus ovejas. Junto con las religiosas Hijas de la Caridad que trabajaban en el hospital, se refugiaron en el templo parroquial, allí fue buscado y encontrado, y se le conminó a que blasfemara. Se mantuvo firme y en el atrio de la parroquia lo fusilaron junto con el agustino aragonés, Vicente Pinilla.
Vicente nació en Calatayud, Zaragoza. Agustino recoleto. Misionero en Filipinas, donde trabajó en las islas periféricas y sufrió las persecuciones de la revolución. Luego trabajó en Brasil y por último destinado a Motril, Granada.
Se distinguió por su sencillez, su jovialidad, su asiduidad al confesionario, su devoción a la Virgen de la Consolación y el amor a los niños. Con cierta frecuencia le bailaba en el corazón la idea del martirio, y entonces no lograba reprimir sus ansias de fecundar con su sangre sus trabajos apostólicos.
Mártir en Motril. Le sorprendió el tiro de gracia en actitud de bendecir a sus perseguidores. Los testigos afirman que afrontó la muerte “con ánimo sereno y tranquilo”, con un crucifijo en la mano y repitiendo las palabras de Cristo: “Perdónales porque no saben lo que hacen”. Uno de los asesinos exclamó emocionado: “Ya no mataré más a nadie. Si es verdad que hay santos, éste es uno”.
Manuel nació en Churriana de la Vega. Ingresó en el clero diocesano de Granada tras haber realizado sus estudios en los escolapios. Fue ordenado sacerdote en 1915, y siguió sus estudios hasta alcanzar el título de doctor en Teología. Durante un tiempo fue profesor del seminario de Granada, cargo que simultaneó con el de capellán de religiosas.
En 1929 fue nombrado párroco de la Iglesia de la Divina Pastora de Motril y en ella seguía al estallar la guerra civil. Fue un sacerdote ejemplar, pendiente siempre de sus feligreses. Vivía pobremente para poder socorrer mejor a los necesitados. Era notorio su celo apostólico y capacidad de trabajo, además era un hombre humildísimo.
Tuvo ocasión de huir, como lo hizo su familia, pero no lo hizo alegando que un pastor debía quedarse con sus ovejas. Junto con las religiosas Hijas de la Caridad que trabajaban en el hospital, se refugiaron en el templo parroquial, allí fue buscado y encontrado, y se le conminó a que blasfemara. Se mantuvo firme y en el atrio de la parroquia lo fusilaron junto con el agustino aragonés, Vicente Pinilla.
martes, 25 de julio de 2023
Lecturas del 25/07/2023
En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor.
Y se los miraba a todos con mucho agrado.
Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón.
Les hicieron comparecer ante el sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo « ¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen». Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.
Hermanos: Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros. Ante él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó: ¿«Qué deseas?».
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
Palabra del Señor.
25 de Julio - Santa MARÍA DEL CARMEN SALLÉS Y BARANGUERAS
En Madrid, capital de España, santa María del Carmen Sallés y Barangueras, virgen, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción, para la educación de mujeres piadosas e incultas.
Nació en Vich, Barcelona, en el seno de una familia burguesa profundamente cristiana. Estudió en el colegio de la Compañía de María en Manresa, donde vivía desde 1856. Sus padres le concertaron el matrimonio, pero ella tenía vocación religiosa y desarrolló las dos virtudes que la caracterizaron: discernimiento y fortaleza. Consiguió que se rompiera aquel compromiso matrimonial, afrontó las circunstancias políticas de la revolución de 1868 y supo que realmente tenía vocación religiosa.
Valiéndose de mediaciones humanas, ingresó en el noviciado de las Adoratrices de Barcelona, y allí descubrió su vocación de la educación desde la infancia. Ingresó en las dominicas donde se formó como religiosa y educadora, y se inició en las tareas de responsabilidad y gobierno. Con la ayuda del arzobispo de Burgos, don Manuel Gómez de Salazar, fundó en 1892, la Congregación de Concepcionistas de Santo Domingo, hoy Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, que se dedican a la educación y promoción de la mujer, dotándola de la mayor formación humana y religiosa posible en todas las clases sociales. Tomó el nombre de María del Monte Carmelo. Dijo: “Monjas escogidas no las quiero”. Puso la nueva fundación bajo la protección de María Inmaculada, quiso que se las conociera como “Hijas de María Inmaculada”. Murió en Madrid, después de ver realizada su misión: tener una casa propia en Madrid, tener en ella un noviciado y levantar un templo en honor de María Inmaculada. Murió, como predijo el día de la festividad de Santiago. Fue canonizada por SS Benedicto XVI el 21 de octubre de 2012.
Nació en Vich, Barcelona, en el seno de una familia burguesa profundamente cristiana. Estudió en el colegio de la Compañía de María en Manresa, donde vivía desde 1856. Sus padres le concertaron el matrimonio, pero ella tenía vocación religiosa y desarrolló las dos virtudes que la caracterizaron: discernimiento y fortaleza. Consiguió que se rompiera aquel compromiso matrimonial, afrontó las circunstancias políticas de la revolución de 1868 y supo que realmente tenía vocación religiosa.
Valiéndose de mediaciones humanas, ingresó en el noviciado de las Adoratrices de Barcelona, y allí descubrió su vocación de la educación desde la infancia. Ingresó en las dominicas donde se formó como religiosa y educadora, y se inició en las tareas de responsabilidad y gobierno. Con la ayuda del arzobispo de Burgos, don Manuel Gómez de Salazar, fundó en 1892, la Congregación de Concepcionistas de Santo Domingo, hoy Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, que se dedican a la educación y promoción de la mujer, dotándola de la mayor formación humana y religiosa posible en todas las clases sociales. Tomó el nombre de María del Monte Carmelo. Dijo: “Monjas escogidas no las quiero”. Puso la nueva fundación bajo la protección de María Inmaculada, quiso que se las conociera como “Hijas de María Inmaculada”. Murió en Madrid, después de ver realizada su misión: tener una casa propia en Madrid, tener en ella un noviciado y levantar un templo en honor de María Inmaculada. Murió, como predijo el día de la festividad de Santiago. Fue canonizada por SS Benedicto XVI el 21 de octubre de 2012.
lunes, 24 de julio de 2023
Lecturas del 24/07/2023
En aquellos días, comunicaron al rey de Egipto que el pueblo había escapado, y el faraón y sus servidores cambiaron de parecer sobre el pueblo y se dijeron: « ¿Qué hemos hecho? Hemos dejado escapar a Israel de nuestro servicio».
Hizo, pues, preparar un carro y tomó consigo sus tropas: tomó seiscientos carros escogidos y los demás carros de Egipto con sus correspondientes oficiales.
El Señor hizo que el faraón, rey de Egipto, se obstinase en perseguir a los hijos de Israel, mientras éstos salían triunfantes.
Los egipcios los persiguieron con todos los caballos y los carros del faraón, con sus jinetes y su ejército, y les dieron alcance mientras acampaban en Piajirot, frente a Baalsefón.
Al acercarse el Faraón, los hijos de Israel alzaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban detrás de ellos, quedaron sobrecogidos de miedo y gritaron al Señor.
Dijeron a Moisés: « ¿No había sepulcros en Egipto para que nos hayas traído a morir en el desierto?; ¿qué nos has hecho sacándonos de Egipto? ¿No te lo decíamos en Egipto: “Déjanos en paz y serviremos a los egipcios; pues más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto”?». Moisés respondió al pueblo: «No temáis; estad firmes, y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy: esos egipcios que estáis viendo hoy, no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros; vosotros esperad tranquilos».
El Señor dijo a Moisés: « ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco. Yo haré que los egipcios se obstinen y entren detrás de vosotros, y me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus jinetes. Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de sus jinetes».
En aquel tiempo, algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo».
Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.
Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».
Palabra del Señor.
24 de Julio - Beata CRISTINA "la Admirable"
En el convento de Saint-Trond, en Brabante, beata Cristina, llamada la “Admirable”, porque en ella obró Dios cosas realmente admirables, tanto en su cuerpo, pues tuvo que sufrir mucho, como en su alma, enriquecida con fenómenos místicos.
Nació en Brusthem en la diócesis de Lieja, en el seno de una familia de campesinos. A los veintidós años, Cristina tuvo un ataque, probablemente de catalepsia y los vecinos la creyeron muerta y trasladaron el cuerpo de la joven en un féretro a la iglesia para una misa de réquiem. Súbitamente, después del «Agnus Dei», Cristina se irguió, saltó fuera del féretro «como un pájaro», según cuenta su biógrafo y quedó colgada en una de las vigas del techo. Entonces, el sacerdote que la celebró, ordenó a Cristina que descendiese del techo. La beata reveló que había estado realmente muerta, que había descendido al infierno, donde reconoció a muchos amigos, y también al purgatorio, donde encontró a otros conocidos. Finalmente, había ascendido al cielo, donde se le había puesto en la alternativa de permanecer ahí o retornar a la tierra a sacar del purgatorio, con sus oraciones y sufrimientos, a quienes había visto ahí. Eligió volver a la tierra y su alma había reanimado el cadáver en el preciso instante del «Agnus Dei».
Su historia parece la de una “histérica”; se cree que aborrecía el olor de los seres humanos, que se agarraba a los molinos de viento y daba vueltas y vueltas, y que rezaba balanceándose sobre o una valla o acurrucada como una bola. Era de una pureza tal que el menor atisbo de pecado llegaba a causarle nauseas. La gente huía de ella y se la tomó por “endemoniada”. Se vestía de andrajos, vivía de limosna y su conducta era verdaderamente sorprendente. Su biógrafo escribe, que después de que Cristina se encaramó a la pila bautismal de la iglesia de Wellen, «su conducta empezó a asemejarse más a la del resto de los hombres: se volvió menos inquieta y pudo soportar un poco mejor el hedor de los mortales».
Cristina pasó los últimos años de su vida en el convento de Santa Catalina de Saint-Trond, donde murió a los setenta y cuatro de edad. Aun en el convento no faltaban quienes la consideraban con el mayor respeto. Luis, el conde de Looz, la trataba como a una amiga, la recibía en su castillo, aceptaba sus reprensiones y en su lecho de muerte insistió en abrirle su conciencia. La beata María de Oignies le profesaba cierta admiración; la superiora del convento alabó la obediencia de Cristina y santa Lutgarda solía pedirle consejo. Algunos autores piensan que debería ser san Luis IX el santo y no Cristina.
Indudablemente que la biografía de Cristina contiene exageraciones, falsas interpretaciones y cierta manía de edificación, muy comunes entre los escritores de la época. En todo caso, la conclusión que se saca de dicha biografía es que Cristina de Brusthem constituía, simplemente, un caso patológico.
Nació en Brusthem en la diócesis de Lieja, en el seno de una familia de campesinos. A los veintidós años, Cristina tuvo un ataque, probablemente de catalepsia y los vecinos la creyeron muerta y trasladaron el cuerpo de la joven en un féretro a la iglesia para una misa de réquiem. Súbitamente, después del «Agnus Dei», Cristina se irguió, saltó fuera del féretro «como un pájaro», según cuenta su biógrafo y quedó colgada en una de las vigas del techo. Entonces, el sacerdote que la celebró, ordenó a Cristina que descendiese del techo. La beata reveló que había estado realmente muerta, que había descendido al infierno, donde reconoció a muchos amigos, y también al purgatorio, donde encontró a otros conocidos. Finalmente, había ascendido al cielo, donde se le había puesto en la alternativa de permanecer ahí o retornar a la tierra a sacar del purgatorio, con sus oraciones y sufrimientos, a quienes había visto ahí. Eligió volver a la tierra y su alma había reanimado el cadáver en el preciso instante del «Agnus Dei».
Su historia parece la de una “histérica”; se cree que aborrecía el olor de los seres humanos, que se agarraba a los molinos de viento y daba vueltas y vueltas, y que rezaba balanceándose sobre o una valla o acurrucada como una bola. Era de una pureza tal que el menor atisbo de pecado llegaba a causarle nauseas. La gente huía de ella y se la tomó por “endemoniada”. Se vestía de andrajos, vivía de limosna y su conducta era verdaderamente sorprendente. Su biógrafo escribe, que después de que Cristina se encaramó a la pila bautismal de la iglesia de Wellen, «su conducta empezó a asemejarse más a la del resto de los hombres: se volvió menos inquieta y pudo soportar un poco mejor el hedor de los mortales».
Cristina pasó los últimos años de su vida en el convento de Santa Catalina de Saint-Trond, donde murió a los setenta y cuatro de edad. Aun en el convento no faltaban quienes la consideraban con el mayor respeto. Luis, el conde de Looz, la trataba como a una amiga, la recibía en su castillo, aceptaba sus reprensiones y en su lecho de muerte insistió en abrirle su conciencia. La beata María de Oignies le profesaba cierta admiración; la superiora del convento alabó la obediencia de Cristina y santa Lutgarda solía pedirle consejo. Algunos autores piensan que debería ser san Luis IX el santo y no Cristina.
Indudablemente que la biografía de Cristina contiene exageraciones, falsas interpretaciones y cierta manía de edificación, muy comunes entre los escritores de la época. En todo caso, la conclusión que se saca de dicha biografía es que Cristina de Brusthem constituía, simplemente, un caso patológico.
domingo, 23 de julio de 2023
Lecturas del 23/07/2023
Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente.
Porque tu fuerza es el principio de la justicia, y tú señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos.
Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los que lo conocen.
Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres.
Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.
Hermanos: El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.
Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió: “No, que, al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Palabra del Señor.
23 de Julio - Beatos PEDRO RUÍZ DE LOS PAÑOS y JOSÉ SALA PICÓ
En Toledo en España, beatos mártires Pedro Ruíz de los Paños y José Sala Picó, sacerdotes del Instituto de los Sacerdotes Operarios Diocesanos, muertos en la misma persecución.
Pedro era natural de Mora (Toledo). Fue seminarista en Toledo hasta su entrada en la Hermandad de Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús en 1904. Ejerció el ministerio como prefecto en los seminarios de Málaga, Jaén y Badajoz, como administrador en el de Sevilla, donde fundó la Obra de Fomento de Vocaciones, que permitió a más de cien muchachos estudiar en el seminario a pesar de su pobreza. Escribió: “El estado sacerdotal. Sus excelencias y ventajas”. De 1917 a 1927 fue rector en el seminario de Plasencia.
En Plasencia comienza a publicar la “Hoja vocacional” y la hoja infantil “El sembrador”, y promueve por primera vez la celebración del Día del Seminario. Escribió: “Las vacaciones del seminarista”; “La perseverancia del seminarista”; “El seminarista santo” y “La bondad educadora”. En 1927 pasa como director en el Colegio Español de San José de Roma. Fue durante seis años consejero general de la Hermandad y durante los últimos tres años de su vida director general. Se encontraba en Toledo realizando la fundación de las Discípulas de Jesús, congregación religiosa femenina dedicada al apostolado vocacional, fundación que preparaba desde 1934. En determinados momentos de su vida le pareció que tenía vocación religiosa (carmelita, jesuita), pero esta vocación no se probó auténtica.
Como general de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, llegó a Toledo en 1936 para preparar la fundación de la congregación de religiosas Discípulas de Jesús. Ésta nacería más tarde, una vez muerto el Padre Ruiz de los Paños. Escribió: “Las vocaciones sacerdotales”.
Fue un hombre profundamente religioso; anhelaba el martirio para unirse lo “más deprisa” con Dios. Dijo: “Mañana a primera hora, vendrán por nosotros y nos matarán. ¡Que nos encuentren bien preparados para presentarnos ante nuestro Padre!”. Se alojó en el seminario de la Hermandad, al caer Toledo en zona republicana, se esperaban el martirio. Después de unos días y en vista que las bombas caían cerca del seminario, decidieron abandonar el seminario, dispersándose. Él concretamente salió con José Sala y se refugiaron en la casa del sacerdote toledano Álvaro Cepeda, donde pasarían la noche, pero fueron localizados. Fue martirizado, a los 54 años, en el paseo del Tránsito, junto con sus otros hermanos religiosos: José Sala Picó, Guillermo Plaza Hernández, Recaredo Centelles Abad, Martín Martínez Pascual, Antonio Perulles Estivill, José Pascual Carda Saporta, Isidoro Bover Oliver y José María Peris Polo.
Todos estos sacerdotes fueron educadores en seminarios, llevaron una vida apartada de las intrigas sociales de la época; sus paisanos se niegan a cumplir la orden de ejecución, y son los “milicianos forasteros” quienes les humillan; todos tienen una calidad humana espiritual extraordinaria y no tenían militancia ideológica; la mayor parte eran muy jóvenes, algunos apenas habían terminado sus estudios. Fueron perseguidos únicamente por ser sacerdotes y ellos lo sabían con lo cual ofrecieron su vida por Cristo.
José nació en Pons, diócesis de Urgel (Lérida). Estudió latín y humanidades con un tío suyo párroco en Andorra y Filosofía y Teología en el seminario de La Seo de Urgel, donde fue ordenado sacerdote en 1911. Fue vicario parroquial de Guissona, capellán de la granja de Liñola, vicario de Payas, Balaguer y Bergamuy. Ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos con permiso de su obispo en 1914. Fue prefecto y administrador del seminario de Segovia, y prefecto en el colegio de vocaciones de Toledo, que al convertirse en seminario menor, fue su primer rector, cargo que ocupó durante doce años hasta su martirio. Fue un sacerdote eminentemente piadoso, lleno de fe y caridad y con una humildad que le nacía de los más profundo de su corazón.
Cuando la Guerra Civil, estaba convencido de que lo matarían y se gozaba en este pensamiento. Visitó a dos hermanas religiosas y las animó para estar preparadas para el martirio. Acompañaba a su director general Pedro Ruíz de los Paños, siendo martirizado con él en el paseo del Tránsito de Toledo, con 47 años. Beatificados por san Juan Pablo II en octubre de 1995.
Pedro era natural de Mora (Toledo). Fue seminarista en Toledo hasta su entrada en la Hermandad de Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús en 1904. Ejerció el ministerio como prefecto en los seminarios de Málaga, Jaén y Badajoz, como administrador en el de Sevilla, donde fundó la Obra de Fomento de Vocaciones, que permitió a más de cien muchachos estudiar en el seminario a pesar de su pobreza. Escribió: “El estado sacerdotal. Sus excelencias y ventajas”. De 1917 a 1927 fue rector en el seminario de Plasencia.
En Plasencia comienza a publicar la “Hoja vocacional” y la hoja infantil “El sembrador”, y promueve por primera vez la celebración del Día del Seminario. Escribió: “Las vacaciones del seminarista”; “La perseverancia del seminarista”; “El seminarista santo” y “La bondad educadora”. En 1927 pasa como director en el Colegio Español de San José de Roma. Fue durante seis años consejero general de la Hermandad y durante los últimos tres años de su vida director general. Se encontraba en Toledo realizando la fundación de las Discípulas de Jesús, congregación religiosa femenina dedicada al apostolado vocacional, fundación que preparaba desde 1934. En determinados momentos de su vida le pareció que tenía vocación religiosa (carmelita, jesuita), pero esta vocación no se probó auténtica.
Como general de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, llegó a Toledo en 1936 para preparar la fundación de la congregación de religiosas Discípulas de Jesús. Ésta nacería más tarde, una vez muerto el Padre Ruiz de los Paños. Escribió: “Las vocaciones sacerdotales”.
Fue un hombre profundamente religioso; anhelaba el martirio para unirse lo “más deprisa” con Dios. Dijo: “Mañana a primera hora, vendrán por nosotros y nos matarán. ¡Que nos encuentren bien preparados para presentarnos ante nuestro Padre!”. Se alojó en el seminario de la Hermandad, al caer Toledo en zona republicana, se esperaban el martirio. Después de unos días y en vista que las bombas caían cerca del seminario, decidieron abandonar el seminario, dispersándose. Él concretamente salió con José Sala y se refugiaron en la casa del sacerdote toledano Álvaro Cepeda, donde pasarían la noche, pero fueron localizados. Fue martirizado, a los 54 años, en el paseo del Tránsito, junto con sus otros hermanos religiosos: José Sala Picó, Guillermo Plaza Hernández, Recaredo Centelles Abad, Martín Martínez Pascual, Antonio Perulles Estivill, José Pascual Carda Saporta, Isidoro Bover Oliver y José María Peris Polo.
Todos estos sacerdotes fueron educadores en seminarios, llevaron una vida apartada de las intrigas sociales de la época; sus paisanos se niegan a cumplir la orden de ejecución, y son los “milicianos forasteros” quienes les humillan; todos tienen una calidad humana espiritual extraordinaria y no tenían militancia ideológica; la mayor parte eran muy jóvenes, algunos apenas habían terminado sus estudios. Fueron perseguidos únicamente por ser sacerdotes y ellos lo sabían con lo cual ofrecieron su vida por Cristo.
José nació en Pons, diócesis de Urgel (Lérida). Estudió latín y humanidades con un tío suyo párroco en Andorra y Filosofía y Teología en el seminario de La Seo de Urgel, donde fue ordenado sacerdote en 1911. Fue vicario parroquial de Guissona, capellán de la granja de Liñola, vicario de Payas, Balaguer y Bergamuy. Ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos con permiso de su obispo en 1914. Fue prefecto y administrador del seminario de Segovia, y prefecto en el colegio de vocaciones de Toledo, que al convertirse en seminario menor, fue su primer rector, cargo que ocupó durante doce años hasta su martirio. Fue un sacerdote eminentemente piadoso, lleno de fe y caridad y con una humildad que le nacía de los más profundo de su corazón.
Cuando la Guerra Civil, estaba convencido de que lo matarían y se gozaba en este pensamiento. Visitó a dos hermanas religiosas y las animó para estar preparadas para el martirio. Acompañaba a su director general Pedro Ruíz de los Paños, siendo martirizado con él en el paseo del Tránsito de Toledo, con 47 años. Beatificados por san Juan Pablo II en octubre de 1995.
sábado, 22 de julio de 2023
Lecturas del 22/07/2023
Así dice la esposa: «En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo buscaba y no lo encontraba.
“Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma”.
Lo busqué y no lo encontré.
Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: “¿Habéis visto al amor de mi alma?”
En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma».
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice: « ¡María!».
Ella se vuelve y le dice: « ¡Rabboni!», que significa: « ¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor.
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