domingo, 26 de julio de 2020

Lecturas


En aquellos días, el Señor se apareció de noche en sueños a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que deseas que te dé».
Salomón respondió: «Señor mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David, mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues, cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan inmenso?».
Agradó al Señor esta súplica de Salomón.
Entonces le dijo Dios: «Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues, un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes de ti ni surgiera otro igual después de ti».

Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los cuales ha llamado conforme a su designio.
Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.
Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le contestaron: «Sí».
Él les dijo: «Pues bien, un escriba que ese ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor.

Beato Tito Brandsma


En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, de Baviera, en Alemania, beato Tito Brandsma, presbítero de la Orden de los Carmelitas, mártir, holandés de nacimiento, que por defender la Iglesia y la dignidad del hombre sufrió con ánimo sereno toda clase de quebrantos y vejaciones, dando ejemplo de una caridad sin límites, tanto en favor de sus hermanos concautivos como de sus mismos verdugos.

Nació en Bolsward en Frisia, Holanda y se llamaba Anno Sjoerd. Desde su niñez sintió la vocación religiosa, se educó con los franciscanos pero ingresó en los carmelitas: "El espíritu del Carmelo me ha fascinado". En 1899. emitió sus votos religiosos, y desde entonces se entregó de lleno a su sólida formación intelectual y dio señales de su futura vocación: el periodismo. Realizó sus estudios en los conventos de Boxmeer, Sendereen y Oss. En 1905, fue ordenado sacerdote y al año siguiente llegó a Roma para graduarse con gran brillantez en Filosofía y Sociología y doctorarse en Filosofía en 1909. 

De regreso a su patria, comenzó una labor que todos juzgarían de extraordinaria. Fue nombrado regente de estudios de su Provincia. Era casi imposible que fuera capaz de llevar tantas cosas y tan bien llevadas: daba clases, escribía, predicaba, ayudaba a los necesitados, no faltaba nunca a los actos de comunidad. Igual se le veía con una escoba en la mano que dirigiendo la marcha de la universidad católica de Nimega de la que fue rector. Era de carácter apacible pero firme. Destacó por su fe viva, por su inmensa confianza en el Señor y por su exquisita caridad. Siempre estuvo dispuesto a ceder ante las ordenes de sus superiores, aunque no comprendiera las razones que le daban. Alguien dijo de él: "Es puro como un niño de primera comunión".… En 1906, fundó la revista “Van Neerlands Carmel” y en 1012, dirigió “Carmerozen”. Desempeñó el cargo de redactor jefe del periódico “De Stat Oss”. Colaboró en la traducción al holandés y la edición de las obras completas de santa Teresa de Jesús. 

A los 44 años, fundó la Unión de Escuelas Católicas y fue su presidente hasta su muerte. Periodista profesional, a sus 54 años, fue nombrado consejero eclesiástico de los periodistas católicos de Holanda. Fundó el Instituto de Mística. Visitó diversos países: Brasil, Irlanda, Estados Unidos, España, con el fin de estudiar los textos de santa Teresa y las relaciones con la espiritualidad española y la holandesa.

Cuando en 1940, Holanda fue invadida por los nazis se levantó su voz contra ellos por su fe, su amor a la libertad, su amor a los judíos, y el respeto de los derechos humanos y para ello escribió en “De Gelderlander” diversos artículos contra el nazismo. Se negó, en calidad de presidente de la asociación de escuelas secundarias católicas y capellán de los periodistas católicos, a cerrar las escuelas confesionales a los estudiantes judíos y a publicar en la prensa la propaganda nazi.

Fue arrestado en 1942, en el convento de Nimega y conducido a la cárcel de Scheveningen, en La Haya, y desde allí escribió una defensa de la Iglesia un diario que tituló “Mi celda” y otros textos. Luego fue trasladado a la cárcel de Amersfoort, Holanda, donde trabajó como leñador y pelador de patatas durante todo el día, bajo las torturas de sus guardianes. Sufrió disentería con hemorragias, y fue enviado a la enfermería donde ayudaba a todos con heroica caridad. Se reunía con los presos y hacían tertulias religiosas, literarias. Fue trasladado de nuevo a Scheveningen, para recibir nuevo interrogatorios y luego le condujeron al campo de concentración de Dachau, en Alemania, pero antes pasó por la prisión de Kleve, Alemania, donde sufrió una agonía espiritual, atormentado por las dudas acerca de lo acertado de su conducta y de cuál era la voluntad de Dios. En el campo de Dachau, sufrió todo tipo de tormentos, por los terribles trabajos que tuvo que realizar; fue trasladado a enfermería y fue sometido al experimento de los flemones artificiales. Entre humillaciones y sufrimientos sin fin, murió asesinado con una inyección de ácido fénico. La enfermera que lo mató había sido educada católica, pero había abandonado la fe. Preparándose para la muerte, el padre Tito le dio su rosario. Ella le dijo que había olvidado las oraciones, pero él le dijo que podría de todos modos decir las últimas palabras: “Ruega por nosotros pecadores”. Pasada la guerra, ella no sólo volvió a la Iglesia, sino que habló en el proceso de beatificación. Su cuerpo fue incinerado en el horno crematorio y sus cenizas arrojadas a la fosa común. Fue beatificado el 3 de noviembre de 1985 por san Juan Pablo II.

sábado, 25 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.
Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón.
Les hicieron comparecer ante el sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados.
Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Hermanos: Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros. Ante él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó: ¿«Qué deseas?».
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.

Santa Olimpia


En Nicomedia, de Bitinia, tránsito de santa Olimpíada, que, habiendo enviudado siendo aún joven, pasó el resto de su vida piísimamente en Constantinopla entre las mujeres consagradas a Dios, sirviendo a los pobres, y permaneció siempre fiel a san Juan Crisóstomo, a quien acompañó cuando el santo fue desterrado.

Natural de Constantinopla, de familia noble, pronto se quedó huérfana y fue cuidada por su tío Procopio, después fue criada por Teodosia, hermana de san Amfiloquio, que le hizo la vida feliz. Se casó con el prefecto de la ciudad, Nébrido, que la dejó viuda a los seis meses del matrimonio, ella tenía 16 años. El emperador Teodosio, quiso casarla de nuevo pero ella respondió: "si mi Rey, hubiera querido que yo viviese con un hombre no me habría quitado el primero". El emperador se enfadó y mandó que le confiscaran los bienes. Más tarde le fueron restituidos y fue entonces, cuando una lluvia de dones se derramó en Constantinopla. 

Con su gran patrimonio organizó un hospital para asistencia de enfermos y peregrinos, así como una "comunidad doméstica" de mujeres consagradas, en su propia casa. San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla la consagró diaconisa y la puso al frente de una gigantesca obra de ayuda a los pobres en Constantinopla. Entre los amigos de la santa se contaban san Anfiloquio, san Epifanio, san Pedro de Sebaste y san Gregorio de Nissa. Paladio de Helenópolis califica a Olimpia de «mujer extraordinaria», como «vaso precioso lleno del Espíritu Santo». Pero el amigo más íntimo y afectuoso de santa Olimpia era san Juan Crisóstomo.

Las luchas entre san Juan Crisóstomo y la emperatriz Eudoxia, hicieron que éste fuera al exilio, mientras que la fundación de Olimpia fue suprimida y sus compañeras dispersas. Ella fue arrestada y acusada con graves calumnias. Se retiró a Cízico, después a Nicomedia, buscando el consuelo por carta, con su director espiritual, Juan Crisóstomo. En una carta escribe el santo: «No puedo dejar de llamaros bienaventurada. La paciencia y dignidad con que habéis soportado vuestras penas, la prudencia y sabiduría con que habéis sabido tratar los asuntos más delicados, y la caridad que os ha movido a arrojar un velo sobre la malicia de los que os persiguen, os han merecido un premio de gloria que, en adelante, os harán encontrar vuestros sufrimientos leves y pasajeros en comparación del gozo eterno».

Las cartas de Juan Crisóstomo indican también que solía confiar a santa Olimpia misiones muy importantes. No sabemos dónde se hallaba la santa cuando supo que Juan Crisóstomo había muerto en el Ponto, el 14 de septiembre de 407. Santa Olimpia murió en Nicomedia, el 25 de julio del siguiente año, poco después de haber cumplido los cuarenta años. Su cuerpo fue trasladado a Constantinopla, donde «llegó a ser tan famosa por su bondad, que todos la consideraban como un modelo y los padres esperaban que sus hijos se le asemejasen».

viernes, 24 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Volved, hijos apóstatas - oráculo del Señor - , que yo soy vuestro dueño. Os iré reuniendo a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu, y os traeré a Sion. Os daré pastores, según mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia.
Os multiplicareís y creceréis en el país. Y en aquellos días - oráculo del Señor - ya no se hablará del Arca de la Alianza del Señor: no se recordará ni mencionará; nadie le echará de menos, ni se volverá a construir otra.
En aquel tiempo, llamarán a Jerusalén «Trono del Señor». Todas las naciones se incorporarán a ella en el nombre de «El Señor que está en Jerusalén», y ya no se dejarán guiar por su corazón perverso y obstinado.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Palabra del Señor.

Santa Cristina de Bolsena


En Bolsena en el Lazio, santa Cristina, virgen y mártir. 

Nació en la margen derecha del lago Bolsena. Cristina es la hija de Urbano, gobernador pagano de la región y presentado por los libros antiguos como enemigo acérrimo de los cristianos. Su hija, de 11 años, por el contrario, tuvo la suerte de entrar en contacto desde muy pequeña con unas mujeres cristianas. Estas, contentas y felices, le enseñaron la vida y obra de Jesucristo. "Se aficionó a la fe de Cristo, y por la devoción de su santo nombre se llamó Cristina contra la voluntad de su padre". 

A medida que iba aprendiendo, vivía cuanto aprendía. Mientras tanto, el padre desconocía lo que ocurría. Como niña, se entretenía en romper las estatuas de los falsos dioses que el padre tenía en casa, al ser de oro, se lo repartía entre los pobres. Un juego más, pensaba el padre. La realidad era todo lo contrario.

Pero cuando se enteró de que era cristiana, pronunció estas palabras:"No se ha decir en el mundo que una niña me dio la ley, ni que estos hechiceros de cristianos triunfan de nuestros dioses en medio de mi propia familia. Yo veré si sus hechizos pueden más que mis tormentos y si la paciencia de una hija ha de hacer burla de la cólera de un padre".

La sometió a toda clase de sufrimientos. De todos ellos la libró el Señor. Al final de un calvario típico de la leyenda de los mártires, de los que se salvó ayudada por los ángeles, terminó asaeteada y arrojada en el lago Bolsena; su padre, el juez, y otros personajes murieron antes que la santa. 

Santa Cristina fue antiguamente muy popular en el Occidente, pero más tarde se confundió su leyenda con la de santa Cristina de Tiro, tan popular como ella en el Oriente. Para identificar a ambas santas, se inventó la historia de la translación de las reliquias de Cristina de Tiro a Bolsena (aunque las reliquias de santa Cristina de Roma se hallan, según se dice, en Palermo). Según otra versión, citada por Alban Butler, el martirio de la santa occidental tuvo lugar «en Tiro, que era una ciudad que antiguamente estaba en una isla en el lago de Bolsena que fue más tarde cubierta por las aguas» 

En realidad no sabemos nada sobre Cristina de Bolsena. El hecho de que su fiesta se celebre en la fecha de hoy, procede sin duda de una confusión con Cristina de Tiro, de la que heredó también la absurda leyenda. Es muy dudosa la existencia de una mártir llamada Cristina relacionada en alguna forma con la ciudad de Tiro. Pero no carece de fundamento la tradición que sostiene que en Bolsena fue martirizada una doncella llamada Cristina, a la que se profesaba gran devoción. Las excavaciones llevadas a cabo en Bolsena han probado la existencia de una especie de catacumba en la que había un santuario dedicado a la santa. Como se comprenderá, esto es lo único verdaderamente cierto que podemos decir sobre la santa.

jueves, 23 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Hermanos: Yo he muerto a la ley por medio de la ley, con el fin de vivir para Dios.
Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí.
Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

Palabra del Señor.

Santa Brígida de Suecia


Santa Brígida, religiosa, nacida en Suecia, que contrajo matrimonio con el noble Ulfo, del que tuvo ocho hijos, a los cuales educó piadosamente, consiguiendo al mismo tiempo con sus consejos y con su ejemplo que su esposo llevase una vida de piedad. Muerto éste, peregrinó a muchos santuarios y dejó varios escritos, en los que habla de la necesidad de reforma tanto de la cabeza como de los miembros de la Iglesia. Puestos los fundamentos de la Orden del Santísimo Salvador, en Roma pasó de este mundo al cielo.

Birgitta nació en Finstad en Uppland, cerca de Uppsala; era hija de un príncipe de Suecia, Birger y de Singerbord, una descendiente del rey de los godos. A los 14 años (1320) contrajo matrimonio con Ulf Godmarsson, príncipe de Nericia. Todo indica que fue un matrimonio muy piadoso, ambos Terciarios franciscanos; tuvieron ocho hijos (entre ellos santa Catalina de Suecia y Karin). Fundaron un hospital, donde servían a los enfermos con sus propias manos, fieles a su espíritu franciscano. Contribuyeron a cristianizar las costumbres de la corte del rey Magnus II. 

Al regreso de una peregrinación a Santiago de Compostela (peregrinación que se había realizado por sus 25 años de matrimonio), decidieron hacerse religiosos: Ulf morirá cisterciense en 1344 en la abadía de Alvastra (en Vadstena), donde tenía un hijo monje; y Brígida, después de atender a sus hijos, pudo dedicarse al nuevo genero de vida de contemplación en una dependencia de la misma abadía, aunque nunca profesó como religiosa en sentido canónico, sino en el místico, cinco días antes de su muerte, ya que el mismo Cristo le entregó el velo y el hábito.

Con la ayuda del rey Magnus II Eriksson de Suecia, en cuya corte había sido dama de honor, fundó la Orden del Santísimo Salvador (Brigidianas) y un monasterio en Vadstena, compuesta por 85 personas correspondientes al número de los 12 apóstoles, de los 72 discípulos y del apóstol Pablo. Esta comunidad comprendía tanto mujeres (70 monjas) como hombres (13 sacerdotes, 4 diáconos y subdiáconos, representantes de los cuatro primeros Padres de la Iglesia) y 8 hermanos laicos. Su "Regula Salvatoris" (recibida por revelación) fue aprobada por san Urbano V en 1370 tras muchas correcciones (sobre la pobreza común del monasterio); mientras que la aprobación definitiva con el doble monasterio (el masculino no era independiente del femenino) sólo se produjo en 1378, después de su muerte, cuando era abadesa su hija santa Catalina. Este monasterio se convirtió en el gran centro de civilización y espiritualidad de Suecia. Esta Orden estaba consagrada al mismo tiempo al culto de la Pasión de Cristo y al de la Compasión de la Virgen, pero nunca pudo desarrollarse como pretendió Brígida, por las normas canónicas que existían entonces. 

El amor a Cristo le llevó a Tierra Santa, y luchó por la unidad de la Iglesia, aquí escribió “Mensaje a todo el mundo y a todas las autoridades”, apelando a la conciencia de los poderosos y exhortando a hacer penitencia general y convertirse. En Roma fundó una residencia para estudiantes y peregrinos suecos (participó en el jubileo de 1350, y la impresión que le produjo la ciudad fue desastrosa) y transcurrió aquí los otros veinticuatro años de su vida monástica (en el palacio Farnese). Fue consejera de Papas (intento por todos los medios el regreso de los Papas del destierro de Aviñón, lo mismo que lo hiciera santa Catalina de Siena) y figura muy admirada por sus virtudes; se decía que se levitaba y que su cuerpo despedía luz, y se dijo de ella que sentía en su boca un sabor muy amargo si alguna vez pronunciaba palabras que no estaban de acuerdo con la mas extricta caridad. El papa Gregorio XI gracias a ella y a Catalina dejó “el destierro de Aviñón” (1377), aunque Brígida ya había muerto tres años antes. Esta mujer singular, que les parecía a los romanos, severa y exigente, hasta el punto de ser denominada "bruja nórdica", tenía la humildad de ir a mendigar a las puertas de las iglesias, mortificando así su orgullo.

Además de la Regla escribió, para sus religiosos, su ambientación personal evangélica llamada “Revelationes sanctae Birgittae”, que es una autentica obra mística; y también unas sentidas oraciones sobre los sufrimientos y amor de Cristo. Murió en Roma tendida sobre una dura mesa, en la casa donde hoy está la iglesia de Santa Brígida. Sus escritos contribuyeron, después de las “Meditaciones” del Pseudo Buenaventura, a la renovación de la iconografía cristiana a finales de la Edad Media. Fue canonizada por el papa Bonifacio IX el 7 de octubre de 1391. Patrona de Suecia y copatrona de Europa.

miércoles, 22 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Esto dice la esposa: «En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo buscaba y no lo encontraba.
“Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma”.
Lo busqué y no lo encontré.
Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: “¿Habéis visto al amor de mi alma?”
En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma».

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice: «¡María!».
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor.

San Gualterio de Lodi


En Lodi, en la Lombardía también, san Gualterio, fundador del Hospital de la Misericordia. (1184 - 1224).

Se narra que sus padres: Aliprando y Adelazia, naturales de Lodi, al no tener hijos, hicieron voto de que si tenían un hijo lo consagrarían al servicio de Dios en la basílica de San Pedro en Roma y lo educarían en la vida religiosa. Cuando nació Gualterio, sus padres, para cumplir su voto, lo llevaron a Roma en peregrinación y luego le dieron una educación adaptada a la misión al que lo habían consagrado. Con 15 años, el joven vistió el hábito de los Hermanos Hospitalarios.

Poco tiempo después Aliprando murió; entonces Gualterio vendió sus bienes y los distribuyó en limosnas y socorro a los peregrinos e indigentes; colocó a su madre en un convento "para que ningún afecto carnal mundano lo distragese de los mandatos de Dios y del culto divino", y se marchó a Piacenza, para trabajar en el hospital de San Raimondo il Palmerio. Dos años después regresó a Lodi y sirvió en el hospital de San Bartolomeo. Aquí Gualterio terminó su aprendizaje hasta sentirse en grado de actuar con plena autonomía. Pensó en construir un hospital para socorrer a los peregrinos y viandantes en una zona boscosa y palúdica cerca de Lodi, llamado Fanzago. Este hospital sanaría el malhadado lugar.

Apoyado por el sacerdote Everardo, Gualterio consiguió de las autoridades edilicias de Lodi que le dieran un terreno para construir el hospital de la Misericordia y una iglesia dedicada a santos Santiago y Felipe. El nuevo hospital tuvo un desarrollo floreciente: entorno al fundador se reunieron "muchos hermanos, muchas hermanas y santos ermitaños". Gualterio fue un ejemplo para todos por su rigurosa vida ascética. Realizó numerosas peregrinaciones y tuvo contacto con otros religiosos de vida ejemplar. Erigió otros hospitales en el territorio de la jurisdicción del obispo de Lodi: en Vercelli, Tortona, Crema, Malegnano.

Estos institutos se constituyeron como dependencias del hospital de Lodi: Gualterio los mantenía bajo control, inspeccionándolos de vez en cuando, de forma que fueron famosos por su santidad y obras de caridad. Gualterio recibió la ayuda del arzobispo de Milán,

Enrico da Settala, su "familiar y carísimo amigo", que edificó la iglesia aneja al hospital de la Misericordia de Lodi. Murió con cerca de 40 años. Su sepultura en la iglesia de la Misericordia fue meta de peregrinaciones y devotas visitas.