domingo, 28 de marzo de 2010

Homilía


DOMINGO DE RAMOS


Durante 40 días hemos ido siguiendo a Jesús en su camino hacia la Pascua, meditando sobre sus tentaciones en el desierto; le hemos acompañado al monte santo en su transfiguración; hemos sentido su cercanía, misericordia y compasión a través de la parábola del Hijo pródigo o en su encuentro con la Mujer Adúltera.
Los discípulos no comprenden algunos anuncios del Señor en su lenta subida a Jerusalén, pero su testimonio se convertirá en modelo para su definitiva conversión.
Después de la resurrección, éste será también el itinerario a seguir por todo buen discípulo.

Ramos, fiesta de alegría y reflexión

El gesto de Jesús entrando triunfalmente en Jerusalén se enmarca en el más puro estilo de la tradición profética de Israel, evocando el capítulo 9 de la profería de Zacarías. Entra como rey humilde, subido en una borriquilla (un rey hubiera entrado a caballo, precedido de su ejército), inaugurando una era de paz y teniendo como cortejo a los niños y a la gente más sencilla del pueblo.
Todos aclaman al Mesías que viene en nombre de Dios.
La liturgia nos coloca en la calle levantando ramos de olivos, con vestido de fiesta, mezclados entre la algazara popular, con la totalidad de muchas familias que no quieren perderse esta manifestación pacífica y de sana alegría.
Es la primera cara de una misma moneda.

Tercer cántico del Siervo de Yahvé (primera lectura)

La otra cara: la del compromiso y el dolor, nos la ofrece este tercer cántico del Siervo de Yahvé (Is.50,4-7) que nos describe la imagen del hombre auténtico, íntegro en su comportamiento.
Al igual que el profeta, comunica la palabra, porque primero la ha escuchado; no ha cerrado los sentidos para eludir compromisos engorrosos.
Por eso abre su corazón al mensaje, se abre enteramente a la misión que el Señor le ha encomendado y asume los riesgos que le puedan suceder- y de hecho le suceden- en forma de maltratos, desprecios y humillaciones. No desvía su mirada, consciente de contar con el apoyo de Dios que nunca le va a fallar.
En todas estas lecturas del Siervo de Yahvé- cumbre de las profecías del Antiguo Testamento- podemos contemplar, desde el ámbito de nuestra fe, imágenes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Himno de la Carta a los Filipenses (segunda lectura)

San Pablo nos desvela en esta lectura el proyecto de Dios realizado en Cristo.
Un proyecto que está muy lejos de las expectativas mesiánicas mantenidas por el pueblo judío que esperaba un Mesías guerrero, libertador de la opresión romana y árbitro de justicia, progreso y paz.
Cristo, sin perder su condición divina, se presenta como un esclavo para compartir el dolor y la muerte, y una muerte de cruz.
La cruz era una ignominia para los griegos y un escándalo para los judíos.
Pero, Dios “escribe recto con líneas torcidas”, como dice el refrán y transforma en Jesús lo despreciable (la cruz) en signo de victoria sobre el pecado y la muerte.
Bueno es que durante esta Semana Santa meditemos sobre el contenido de este mensaje para amortiguar nuestro orgullo y hacernos permeables y sensibles ante las diversas esclavitudes que rodean nuestro entorno familiar y ciudadano.

Relato de la Pasión según San Lucas

San Lucas es un estratega literario. Escribe el evangelio según un plan establecido y cronológicamente ordenado.
Así entendido, el relato de la Pasión no está “desgarrado” del conjunto; es el colofón del plan de Dios, en el que la misericordia y el perdón tienen un relevante papel.

La Pasión está prevista en la profecía de Simeón a María: ”Será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasará el corazón” Lc.2,32) .
También podemos leer, después de las tentaciones de Jesús en el desierto, esta frase: “El diablo, acabadas sus pruebas, se marchó hasta su momento” (Lc.4,13).
Ese momento llegó con el arresto de Jesús: “ésta es vuestra hora, cuando mandan las tinieblas” (Lc.22,53).

L a suprema dignidad de Jesús, siempre en comunión íntima con su Padre del cielo, conmueve por la bondad de sus actos en circunstancias especialmente duras y difíciles, humanamente hablando.

La Pasión, dentro de los crueles sufrimientos experimentados por Jesús, se suaviza de alguna manera en el contexto de su amor a los discípulos que le han traicionado, a quienes mostrará su confianza, como ocurrió con la mujer pecadora, la mujer adúltera, Zaqueo, Mateo el publicano y el mismo Pedro.
Las parábolas del Hijo Pródigo o el Buen Samaritano dan fe del sometimiento de Jesús a la voluntad misericordiosa del Padre hasta el final, hasta abandonarse en sus manos (Lc.234,46).

A modo de meditación: “Tú eres ese hombre”

Todos los personajes protagonistas en la Pasión del Señor forman parte de nuestra vida.
Está por ver con quién o con quiénes nos identificamos.
No vale “echar balones fuera” y descargar el horrendo crimen de la muerte de Jesús a los judíos. Desgraciadamente somos muy dados en nuestra sociedad a buscar culpables que justifiquen nuestros actos y nos permitan llevar una vida cómoda, anodina, sin sobresaltos ni compromisos.
Tarde o temprano tendremos que tomar partido.
¿Estamos de parte de los vencedores y nos apuntamos al triunfo fácil, unidos a las masas que aclaman a Jesús en su entrada a Jerusalén, para traicionarle después, o nos colocamos en la larga fila de los verdugos?
¿Nos lavamos las manos como Pilatos?
¿Nos unimos al oportunismo político de Herodes?
¿Prescindimos de la ley y el juicio justo como los escribas y fariseos?
¿Lo traicionamos como los Apóstoles?
O, por el contrario:
¿Mantenemos la actitud de Simón Cirineo, de las buenas mujeres de Jerusalén que se compadecen de Él, de las otras santas mujeres que le acompañan al pie de la cruz junto a San Juan y la Virgen María?
Desvelemos los misterios de nuestra existencia y pongamos por una vez nuestra alma pecadora frente a Dios, frente a nuestro Supremo Hacedor, a quien un día habremos de rendir cuentas.

Las negaciones de Pedro: “no conozco a ese hombre” (Lc.22,57), merecen un punto y aparte. Me recuerdan el pecado de David, descrito en el II Libro de Samuel, cap.12.
El profeta Natán presenta al rey David un caso ocurrido en Israel, centrado en un rico que roba a un pobre la única oveja que tenía para darse un banquete con sus amigos.
David se enfurece y considera al rico como reo de muerte.
“Tú eres ese hombre” (II Re 12,7), le dice Natán, porque mandaste matar al capitán Urías para casarte con lo más valioso que él tenía, su esposa Betsabé.
David se arrepintió, hizo penitencia, lloró su pecado. También Pedro lloró amargamente haber traicionado al Maestro bueno.
Ambos fueron perdonados por Dios; el primero para convertirse en el más importante rey de Israel, de cuya familia nacería el Mesías; el segundo para ser constituido como cabeza de la Iglesia.

También yo puedo ser “ese hombre” si antepongo, como Pilatos, la verdad a los propios intereses; soy “ese hombre” si traiciono al hermano, como Judas, por ambición y codicia; soy “ese hombre” cuando, como los soldados, hago leña del árbol caído y hiero con mis palabras a la persona destrozada por la vida; soy “ese hombre” cuando, como Pedro, alardeo de mis fidelidades o fanfarroneo sobre mis cualidades, para traicionar después a Jesús.

De otra manera, puedo ser “ese hombre” cuando soy capaz de superar mis miedos e indiferencias para llorar amargamente, como Pedro, mis traiciones y cobardías; para situarme del lado del débil y oprimido, como el Cireneo, o mirando desde los ojos de la fe, como el centurión romano, para reconocer a Jesús como el Hijo de Dios.

La Pasión continúa hoy reproduciéndose, porque Jesús asume como hecho a él mismo cuanto hagamos por nuestros hermanos.

Por eso, al reflexionar ahora sobre Jesucristo, verdadero hombre, en sus indescriptibles sufrimientos físicos y morales, profundizamos al igual que San Pablo, en Jesús, verdadero Dios, ante el cual “toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, el abismo, y proclamar con la boca que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” (Fil.2,10-11).


¡Que la Semana Santa que iniciamos sea un regalo para nuestra vida espiritual!

sábado, 27 de marzo de 2010

Mañana, DOMINGO de RAMOS


La Semana Santa es inaugurada por el Domingo de Ramos, en el que se celebran las dos caras centrales del misterio pascual: la vida o el triunfo, mediante la procesión de ramos en honor de Cristo Rey, y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión.

Desde el siglo V se celebraba en Jerusalén con una procesión la entrada de Jesús en la Ciudad Santa, poco antes de ser crucificado. Debido a las dos caras que tiene este día, se denomina "Domingo de Ramos" (cara victoriosa) o "Domingo de Pasión" (cara dolorosa). Por esta razón, el Domingo de Ramos --pregón del misterio pascual-- comprende dos celebraciones: la procesión de ramos y la eucaristía. Lo que importa en la primera parte no es el ramo bendito, sino la celebración del triunfo de Jesús. A ser posible, debe comenzar el acto en una iglesia secundaria, para dar lugar al simbolismo de la entrada en Jerusalén, representada por el templo principal. Si no hay iglesia secundaria, se hace una entrada solemne desde el fondo del templo. El rito comienza con la bendición de los ramos, que deben ser lo bastante grandes como para que el acto resulte vistoso y el pueblo pueda percibirlo sin dificultad.

Después de la aspersión de los ramos se proclama el evangelio, es decir, se lee lo que a continuación se va a realizar. Por ser creyentes, por estar convertidos y por haber sido iniciados sacramentalmente a la vida cristiana, pertenecemos de tal modo al Señor que, al celebrar litúrgicamente su entrada en Jerusalén, nos asociamos a su seguimiento. La Semana Santa empieza y acaba con la entrada triunfal de los redimidos en la Jerusalén celestial, recinto iluminado por la antorcha del Cordero.

A la procesión sigue inmediatamente la eucaristía. Del aspecto glorioso de los Ramos pasamos al doloroso de la Pasión. Esta transición no se deduce sólo del modo histórico en que transcurrieron los hechos, sino porque el triunfo de Jesús en el Domingo de Ramos es signo de su triunfo definitivo. Los ramos nos muestran que Jesús va a sufrir, pero como vencedor; va a morir, más para resucitar. En resumen, el domingo de Ramos es inauguración de la Pascua, o paso de las tinieblas a la luz, de la humillación a la gloria, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.

8ª Estación VÍA CRUCIS


A Jesús le fallan las fuerzas. Pero los soldados quieren que llegue hasta el lagar de la ejecución. Y obligan a un hombre, Simón de Cirene, que viene de su trabajo, a llevar durante un trecho la cruz del Señor.


Cuando le llevaban echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venia del campo y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. (cf Mt 27, 32-33; Mc 15, 21).

A veces nos encontramos con la cruz sin buscarla. Simón de Cirene tampoco contaba pensaba encontrarse con el Señor. Habla realizado, como todos los días, su trabajo en el campo, y volvía a casa para el merecido descanso. Sin embargo, los planes de Dios, son distintos y se le exige un esfuerzo añadido.
Jesús sale a buscamos cuando menos lo esperamos, y nos pide que le ayudemos a llevar tantas cargos... La redención no es una empresa que hizo el Hijo de Dios, y como tal ya está olvidada. El Señor nos pide que seamos corredentores, que seamos sus hombros en nuestro camino por la vida. Y eso, a pesar de que nuestros planes sean muy distintos. Hemos de saber "cambiar nuestros planes" ante cualquier insinuación del Señor, como Simón.

Señor, estás fatigado y nos pides ayuda: has querido necesitar de nuestro apoyo. Enséñanos a tener la humildad de pedir ayuda cuando lo necesitemos. Enséñanos también a ser los cireneos de los demás, sin humillarlos. Haz, Señor que sepamos descubrir tu rostro amabilísimo en los que sufren, en los más necesitados, en los marginados, y que sepamos ser su apoyo y su consuelo.

Lecturas



Los haré un solo pueblo

Así dice el Señor: «Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar. Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos. No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías. No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes. Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis mandatos y cumplirán mis preceptos, poniéndolos por obra. Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, en la que habitaron vuestros padres; allí vivirán para siempre, ellos y sus hijos y sus nietos; y mi siervo David será su príncipe para siempre. Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre.»


Para reunir a los hijos de Dios dispersos

En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: - « ¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.» Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: _ «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.» Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: - « ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor.

viernes, 26 de marzo de 2010

Capitulos 49 y 50 (final)

Jesús de Nazareth 50 de 50


Jesús de Nazareth 49 de 50

7ª Estación VÍA CRUCIS


Los romanos emplearon como pena de muerte la crucifixión. El reo de muerte debía llevar el madero, instrumento de suplicio, hasta el lugar previsto: fuera de la ciudad, para mostrar más claramente que era un indeseable.

Entonces Pilato se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y él, con la cruz a cuestas, salió hacia el lagar llamado de la Calavera que en hebreo se dice Gólgota. (cf Mt 27,31; Mc 15,22).

Jesús toma la cruz. La abraza. Y le pesa. Le abre las heridas de sus hombros llagados. Es cruz redentora. ¡Qué duro se hacen los pasos por la Vía Dolorosa! En torno a Él se forma un cortejo de curiosos y de gente sin escrúpulos que aprueba la injusticia. Pero, a pesar de su debilidad, avanza sudoroso y sediento, con una sed de amor.
Nosotros, ahora, no podemos permanecer impasibles ante el Señor que carga con todas nuestras debilidades. Porque la cruz, que era signo de oprobio, va a ser instrumento de nuestra salvación. Y al contemplar a Jesús sentimos en nuestro interior, una vez más, su invitación constante: "Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz de cada día y sígame".

Señor ¿y yo? ¿Tomo mi cruz, la mía, la de cada día, la que tanto me cuesta y tanto me santifica? Que no le tenga miedo a la cruz, a esa cruz del dolor, de la enfermedad, de las incomprensiones, de las derrotas. Que sepa ver en ella la voluntad de Dios; porque la cruz, llevada con gallardía es santificante, es redentora. Enséñame, Señor, a amar la cruz, a abrazarme a ella.

Lecturas



El Señor está conmigo, como fuerte soldado

Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié: «-A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.» Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.


Intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: - «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?» Los judíos le contestaron: - «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.» Jesús les replicó: - « ¿No está escrito en vuestra ley: "Yo os digo: Sois dioses"? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.» Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: - «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor.

jueves, 25 de marzo de 2010

Capitulos 47 y 48

Jesús de Nazareth 48 de 50


Jesús de Nazareth 47 de 50

6ª Estación VÍA CRUCIS


Pilato quiere congraciarse con los judíos y entrega a Jesús a los soldados para que lo azoten. Para estos romanos es un buen motivo de entretenimiento. Y, al que llaman "el rey de los judíos", le colocan una corona de espinas.

Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la cohorte. Le desnudaron, le pusieron una túnica roja y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y en su mano derecha una caña; se arrodillaban ante él y se burlaban diciendo: Salve, Rey de los Judíos.
Le escupían, le quitaron la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de reírse de él, le despojaron de la túnica, le pusieron sus vestidos y le llevaron a crucificar. (Mc 15,16-19; Lc 23,25, Jn 19,1- 3).

Pilato busca contentar a los judíos, y entrega a Jesús a sus soldados, que lo desnudan y lo atan a una columna. Comienzan los azotes sin asomo de piedad: uno tras otro descargan sus golpes hasta quedar exhaustos. Se producen desgarrones, sufridos en un silencio que no sirve para conmoverlos.
A la tortura terrible de los latigazos, se unen los ultrajes, llenos de frivolidad, de unos inconscientes. El Señor, Rey de cielos y tierra, se ve escarnecido con una corona de espinas, con un manto de púrpura. Y así es presentado por Pilato: "Aquí lo tenéis, éste es el hombre". Nos lo presenta como deshecho de los hombres, y vemos en Él a nuestro Dueño, a nuestro Señor. Porque es el Hijo de Dios que va a reinar en un Reino sin ocaso.

Señor, te vemos llagado y lleno de heridas. Nosotros, que tanto cuidamos nuestro cuerpo, quedamos conmovidos de tu entrega sin límites. Cada latigazo nos recuerda nuestra sensualidad, cada silencio ante las espinas, nuestros pensamientos innobles y egoístas. Enséñanos a vivir con humildad y pureza de corazón, con generosidad y desprendimiento; y a respetar nuestro cuerpo que es morada del Espíritu Santo.

Lecturas




Mirad: la Virgen está encinta

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: -«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: -«No la pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: -«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»


Está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad»

Hermanos: Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad." » Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.


Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. » Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: -« ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: -«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. » Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Capitulos 45 y 46

Jesús de Nazareth 46 de 50


Jesús de Nazareth 45 de 50

5ª Estación VÍA CRUCIS


Los judíos han condenado a muerte a Jesús, pero tienen que ratificar la condena ante los romanos. Por eso, a pesar de ver en ellos unos usurpadores, recurren a Pilato, el procurador romano, que ha de dar el consentimiento.

Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos. Pilato le dijo: ¿Luego tú eres Rey? Jesús contestó: Tú lo dices: yo soy Rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. Pilato le dijo: ¿Qué es la verdad? (...) Era la Paresceve de la Pascua, hacia la hora sexta, y dijo a los judíos: He ahí a vuestro Rey. Pero ellos gritaron: Fuera, fuera, crucifícalo. Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey voy a crucificar? Los pontífices respondieron: No tenemos más rey que el César. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. (cf Mt 2 7, 11-25; Mc 1 5, 1- 1 4; Lc 23, 1-6).

Pilato ve que le han entregado a Jesús por envidia, por rencillas religiosas; se da cuenta de que no ha hecho nada a nadie..., pero no hace nada por salvarle, porque eso le comprometerla. Es la actitud de tantos, que por no darse un mal rato tratan de pactar con el error, con el pecado.
Y para tranquilizar la propia conciencia, pregunta al Señor: ¿qué es la verdad? se lo pregunta a Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Pero, aunque hace la pregunta, no le interesa la respuesta y antes de que le pueda decir nada, se marcha, no quiere escucharlo. Tiene miedo a agotar la verdad, a que la verdad le exija más de lo que él quiere dar. Tiene miedo a perder su posición, y da una sentencia contraria a lo que piensa, lavándose las manos ante su propia injusticia.

Señor, en ocasiones vemos claro lo que tenemos que hacer, pero nos preocupan tanto los juicios humanos, que nos volvemos atrás. Que sólo nos preocupe, Señor, acomodarnos a lo que Tú quieras. Enséñanos a amar apasionadamente la verdad, venga de donde venga, porque la verdad siempre nos remite a Ti

Lecturas



Envió un ángel a salvar a sus siervos

En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: -« ¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la citara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados al punto al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?» Sidrac, Misac y Abdénago contestaron: -«Majestad, a eso no tenemos por qué responder. El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido.» Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac: y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. El rey los oyó cantar himnos; extrañado, se levantó y, al verlos vivos, preguntó, estupefacto, a sus consejeros: -« ¿No eran tres los hombres que atarnos y echamos al horno? » Le respondieron: - «Así es, majestad.» Preguntó: -« ¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino.» Nabucodonosor entonces dijo: -«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo.»


Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: - «Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» Le replicaron: - «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. Cómo dices tú: "Seréis libres"~» Jesús les contestó: -«Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace Ubres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre.» Ellos replicaron: -«Nuestro padre es Abrahán.» Jesús les dijo: - «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre.» Le replicaron: - «Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios.» Jesús les contestó: - «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.»

Palabra del Señor.