viernes, 15 de agosto de 2025

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y apareció en su santuario el arca de su alianza.
Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz.
Y apareció otro signo en el cielo: un gran dragón rojo que tiene siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas, y su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra.
Y el dragón se puso en pie ante la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando lo diera a luz.
Y dio a luz un hijo varón, destinado el que ha de pastorear a todas las naciones con vara de hierro, y fue arrebatado su hijo junto a Dios y junto a su trono; y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios.
Y oí una gran voz en el cielo que decía: «Ahora se ha establecido la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo».
Hermanos:
Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida; después al final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Pues Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte, porque lo ha sometido todo bajo sus pies.
En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu
Santo y levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” ‐ como lo había prometido a “nuestros padres” ‐ en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

Palabra del Señor.

15 de Agosto 2025 – San Arnulfo, Obispo de Soissons

Nació en Flándes hacia 1040. En su juventud, se distinguió en los ejércitos de Roberto y Enrique I de Francia.

Uno de sus primeros acercamientos con la cerveza se remonta a su época militar en la que, consciente de sus propiedades nutricionales, repartió cerveza entre sus hombres durante una batalla para regenerar sus fuerzas.

Pero Dios le llamó a una batalla más noble, por lo que decidió responder al llamado consagrando su vida al servicio de los hombres. Ingresó entonces al monasterio de San Medardo de Soissons. Después de ejercitarse en la virtud, con la ayuda de la vida comunitaria, se enclaustró en una estrecha celda en la más estricta soledad, entregándose a la oración y la penitencia.

Fue nombrado abad del monasterio y en 1081, un concilio le eligió obispo de Soissons. Fue el pionero en descubrir los efectos beneficiosos del consumo moderado de cerveza, y se le atribuyen milagros como la multiplicación de barriles de esta bebida. Se le atribuye además la constante predicación sobre el “beber cerveza como un salvavidas” ya que en su tiempo, el Santo se percató de que el agua estaba contaminada y era el motivo principal por el que la población se contagiaba de peste. Por lo cual, y debido al proceso de fabricación de la cerveza, en donde el agua queda libre de bacterias tras hervirse. Recomendó constantemente a sus fieles de que siguieran los pasos de los clérigos: consumir cerveza como sustitutivo del agua infectada. De esta forma, evitaba, tanto la propagación de la epidemia como la deshidratación de sus fieles.

Más tarde, renunció a su cargo y fundó un monasterio en Aldenburgo, en Flándes, donde murió en 1087. En un sínodo que tuvo lugar en Beauvais en 1120, el obispo que ocupaba entonces la sede de Soissons presentó una biografía de San Arnulfo a la asamblea y pidió que su cuerpo fuese trasladado a la iglesia. Finalmente, así se hizo.

jueves, 14 de agosto de 2025

Reflexión del 14/08/2025

Lecturas del 14/08/2025

En aquellos días, el Señor dijo a Josué: «Hoy mismo voy a empezar a engrandecerte ante todo Israel, para que vean que estoy contigo como estuve con Moisés. Tú dales esta orden a los sacerdotes portadores del Arca de la Alianza: “En cuando lleguéis a tocar el agua de la orilla de Jordán, deteneos en el Jordán”».
Josué dijo a los hijos de Israel: «Acercaos aquí a escuchar las palabras del Señor, vuestro Dios».
Y añadió: Así conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que va a expulsar ante vosotros a los cananeos.
Mirad, el Arca de la Alianza del Dueño de toda la tierra va a pasar el Jordán delante de vosotros.
Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el Arca del Señor, Dueño de toda la tierra, pisen el agua del Jordán, la corriente de agua del Jordán que viene de arriba quedará cortada y se detendrá formando como un embalse».
Cuando la gente levantó el campamento para pasar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza caminaron delante de la gente.
En cuanto los portadores del Arca de la Alianza llegaron al Jordán y los sacerdotes que la portaban mojaron los pies en el agua de la orilla (el Jordán baja crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega), el agua que venía de arriba se detuvo y formó como un embalse que llegaba muy lejos, hasta Adán, un pueblo cerca de Sartán, y el agua que bajaba hacia el mar de la Arabá, el mar de la Sal, quedó cortado del todo.
La gente pasó el río frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor estaban quietos en el cauce seco, firmes en medio del Jordán, mientras todo Israel iba pasando por el cauce seco, hasta que acabaron de pasar todos.
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Palabra del Señor.

14 de Agosto 2025 – Beata Isabel Renzi

En Coriano, de la Emilia, en Italia, beata Isabel Renzi, virgen, que, fundadora de las Pías Maestras de la Virgen Dolorosa, puso todo su empeño para que las niñas pobres recibieran en la escuela una formación humana y catequética.

Nació en Saludecio di Romagna (Rímini), en una familia muy cristiana. Se educó en las clarisas de Mondaino, donde maduró su vocación religiosa. En 1807 ingresó en el monasterio de las agustinas de Pietrarubbia, en el Condado de Carpegna, que tenía fama por la gran espiritualidad y ascesis que reinaba en el monasterio. En este lugar vivió muy feliz. En 1810, un decreto de napoleónico que obligaba a las religiosas regresar a sus casas, impidió que hiciera el noviciado. Tuvo que volver a la vida en familia; este momento fue muy doloroso para ella, pero la forjará para las pruebas que tendría que vivir.

Abandonó su primitivo fervor, pero continuó preguntando al señor en la oración: “¿Señor, qué proyecto tienes sobre mía?”. Un día, mientras estaba cabalgando junto a una criada, fue tirada del caballo. Al levantarse interpretó esta caída como el signo de una llamada por parte del Señor. Pidió consejo a su director espiritual, don Vitale Corbucci, que le dijo que su misión era la de educadora. En 1824, a instancias de su director espiritual, marchó a Coriano, a un centro  de formación, que el Estado Pontificio quería para eliminar la situación de ignorancia y desorden moral frecuentes. En aquella época se hablaba mucho de la fundación de las Hijas de la Caridad de santa Magdalena de Canossa; Isabel, quiso unir el centro de Coriano con las Hijas de la Caridad, pero las negociaciones se prolongaron durante años sin resultado. Santa Magdalena, aconsejó a Isabel, que se ocupase del centro de Coriano hasta que se aclarase la situación. 

A su alrededor se congregó una pequeña comunidad de mujeres a las que llamó "Pobres del Crucifijo, retiradas de Coriano". Poco a poco comprendió que su misión era la educación. Y fue en 1839, cuando fundó en Rímini, las Maestras Pías de la Bienaventurada Virgen María Dolorosa y que tuvo la aprobación del obispo de Rímini. Congregación que nacía para lograr "una vida religiosa hecha de trabajo y de oración en la paz doméstica y en la caridad fraterna". Su Instituto se extendió rápidamente. Ella vivió siempre en la oración, la caridad y una inmensa confianza en la Providencia. Falleció en Coriano. Sus restos se veneran en la capilla de la Casa Madre de Coriano. 

Junto a las Maestas Pias de la Dolorosa, está el Movimiento Per l’Alleluia, aprobado en 1994, constituido por laicos que viven la espiritualidad y el carisma de la beata Isabel en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Reflexión del 13/08/2025

Lecturas del 13/08/2025

En aquellos días, Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente a Jericó; y el Señor le mostró toda la tierra: Galaad hasta Dan, todo Neftalí, el territorio de Efraín y de Manasés, y todo el territorio de Judá hasta el mar occidental, el Negueb y la comarca del valle de Jericó (la ciudad de las palmeras) hasta Soar; y le dijo: «Esta es la tierra que prometí con juramento a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: “Se la daré a tu descendencia”.
Te la he hecho ver con tus propios ojos, pero no entrarás en ella».
Y allí murió Moisés, siervo del Señor, en Moab, como había dispuesto el Señor.
Lo enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Fegor; y hasta el día de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba.
Moisés murió a la edad de ciento veinte años; no había perdido vista ni había decaído su vigor. Los hijos de Israel lloraron a Moisés en la estepa de Moab durante treinta días, hasta que terminó el tiempo del duelo por Moisés.
Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos, los hijos de Israel lo obedecieron e hicieron como el Señor había mandado a Moisés.
No surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él en los signos y prodigios que el Señor le envió a hacer en Egipto contra el faraón, su corte y su país; ni en la mano poderosa, en los terribles portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.

13 de Agosto 2025 – Santos Ponciano e Hipólito

Estuvieron toda su vida discutiendo. Y al final murieron juntos, como si nada hubiera pasado.

Uno de ellos se llamaba Ponciano y era papa. El otro, Hipólito y era sacerdote. Los dos pertenecían a la misma Iglesia. Los dos trabajaban por el mismo Cristo. Pero doctrinalmente eran distintos y se pasaron toda la vida discutiendo.

Cuenta la historia que Hipólito incluso se declaró alguna vez antipapa, porque pensaba que la Iglesia se hundía en la miseria en manos de Ponciano, el papa de verdad.

El final fue distinto. Porque los dos se encontraron con el mismo emperador: Maximiliano. El cual agarró a los dos enemigos y los plantó juntos en las minas de Cerdeña, donde tenían que trabajar como animales. Y allí murieron juntos, mártires de su fe. Ahora celebramos su fiesta, su enemistad y su martirio.

Todo esto nos sirve a nosotros para enterarnos de que, dentro de la Iglesia de Dios, hay sitio para todos. Ponciano fue papa durante cinco años; entre los años 230 y 235.

martes, 12 de agosto de 2025

Reflexión del 12/08/2025

Lecturas del 12/08/2025

Moisés se dirigió a todo Israel y pronunció estas palabras. Les dijo: «Tengo ya ciento veinte años, y ya no puedo salir ni entrar; además el Señor me ha dicho: “No pasarás ese Jordán”. El Señor, tu Dios, pasará delante de ti. Él destruirá delante de ti esas naciones y tú las tomarás en posesión. Josué pasará delante de ti, como ha dicho el Señor.
El Señor los tratará como a los reyes amorreos Sijón y Og, y como a sus tierras, que arrasó. El Señor os los entregará y vosotros los trataréis conforme a toda esta prescripción que yo os he mandado. ¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, pues el Señor, tu Dios, va contigo, no te dejará ni te abandonará». Después Moisés llamó a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: «Sé fuerte y valiente, porque tú has de introducir a este pueblo en la tierra que el Señor, tu Dios, juró dar a tus padres y tú se la repartirás en heredad. El Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te dejará ni te abandonará. No temas ni te acobardes».
En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.
¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la pérdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Palabra del Señor.

12 de Agosto 2025 – Beato Inocencio XI, Papa

En abril del año 2011, tras la ceremonia de beatificación del papa San Juan Pablo II, se decidió sacar de las grutas vaticanas el cuerpo de quien fuera papa desde 1979 hasta el año 2005. El cuerpo de San Juan Pablo II fue colocado en la basílica de San Pedro, donde hasta hacía unos días se encontraba el cuerpo de quien es considerado por algunos como el Papa más grande del siglo XVII, el Beato Inocencio XI (1611-1689), quien presidió la sede de Pedro desde el año de 1676 al 1689. Tras estos acontecimientos, me preguntaba quién era Inocencio XI y también quién fue Juan Pablo II; por qué quitar del altar a un pontífice beato para colocar a otro, pues como pasa en la sociedad, también en la Iglesia hay Santos populares y de moda que atraen más gente que otros, y éste quizá sea el caso del Beato Inocencio XI.

Su nombre de pila fue Benito Odescalchi, hijo de Livino Odescalchi y de Paola Castelli; y nació en el norte de Italia, en Como. Su familia se dedicaba al comercio y por tanto era rica, debido a este oficio en el que les iba bastante bien. Su padre moriría pronto y junto con tíos y su hermano, fundaron una banca en Génova, que tenía además varias sucursales.

Sus primeras letras las realizó en Como con los jesuitas, estudió derecho civil y derecho canónico, así que, como familiar de banqueros, también fue inculcado en los conocimientos de este oficio. Estudió en la universidad de La Sapienza de Roma y en la Universidad de Nápoles.

No se tienen datos sobre su vocación y su ordenación sacerdotal, pero ya en 1640 el papa Urbano VIII lo nombró protonotario apostólico “participantium” y, poco tiempo después, referendario de los tribunales de la Signatura Apostólica de Gracia y de Justicia. Fue un hombre generoso con los pobres, ya que tras ser nombrado en 1658 legado en la ciudad y territorio de Ferrara, ayudó a la población azotada por una severa hambruna. En 1645 el Papa Inocencio X lo nombró cardenal diácono de San Cosme y Damián y, de 1650 a 1656 ocupó, además, el cargo de obispo de Novara, tras ser consagrado obispo en 1650. En su nueva diócesis utilizó todo los recursos disponibles para ayudar a los pobres y a los enfermos.

Tras su renuncia a la diócesis, partió para Roma, donde fue consultor en diversas Congregaciones. Participó en los cónclaves donde fueron elegidos los papas Clemente IX y Clemente X; finalmente, el 21 de septiembre de 1676, fue elegido obispo de Roma, tomando el nombre de Inocencio XI.

Como pontífice tuvo problemáticas con cardenales franceses, así como el rey de Francia, como también los había tenido en su momento el papa Inocencio X. El papa Inocencio fue un hombre asceta, bondadoso y generoso con los pobres, luchó fuertemente contra el nepotismo del clero, cosa que no acabó por la falta de apoyo de los cardenales; fue, por fin, en el pontificado de Inocencio XII en 1692 cuando desapareció esta práctica. Recordemos que el nepotismo en la Iglesia durante la Edad Media fue usado con frecuencia para mantener oficios, terrenos, títulos y nombramientos, con la finalidad de mantener una línea de poder por parte de clérigos y pontífices. Además de esto, reformó la administración de la Curia y ordenó las finanzas del Estado Pontificio.

Sobre la comunión frecuente y diaria, aprobada siempre por los Padres de la Iglesia y que en la práctica de la vida de la Iglesia no se llevaba, llegó a decir que los fieles asistentes a cada misa, comulgaran, recibiendo sacramentalmente la Eucaristía. Tenía una justa razón para alentar esta práctica, afirmando que la Eucaristía era el pan o alimento que podría escudriñar todas aquellas distracciones espirituales y múltiples escondrijos de la conciencia que con el ojo humano no sería posible ver, por tanto la Eucaristía era vital. Para poderla recibir frecuentemente, era necesario que el confesor lo aprobase, ya que él era quien escudriñaba los corazones de los penitentes. Se preocupó por la preparación de los laicos para que conocieran y recibieran este Sacramento “de manera que con ayuda de los predicadores, párrocos y confesores ayudasen a los laicos a reconocer su propia flaqueza, a fin de que por la dignidad del Sacramento y por temor del juicio divino aprendan a reverenciar la mesa celeste en que está Cristo, y si alguna vez se sienten menos preparados, sepan abstenerse de ella y disponerse para mayor preparación”.

Como he mencionado antes, tuvo problemas con el rey Luis XIV de Francia, ya que éste no respetaba los derechos de la Iglesia. En 1682 el rey convocó en asamblea al clero francés, donde adoptó los cuatro artículos conocidos como “Declaratio cleri gallicani”, en la cual colocaba a la Iglesia como una institución sumisa al Estado. Los clérigos participantes en esta asamblea fueron excomulgados por el Papa, pero para apaciguar la relación, el rey revocó el edicto de Nantes que había firmado el rey Enrique IV de Francia en 1598, donde autorizaba la libertad de culto y de todos los demás, con algunos límites, a los protestantes calvinistas en Francia.

Consiguió un gran éxito cuando, en la guerra contra los turcos, consiguió establecer una alianza entre el emperador austriaco y el rey polaco Jan III Sobieski, gracias a la cual pudo llegar el 12 de septiembre de 1683 la victoria contra los turcos y la liberación de Viena. Luego del triunfo de la batalla de Viena, la Liga Santa llevó a cabo la toma de Hungría, en la que las ciudades de Buda y de Pest serían reconquistadas en 1686.

El Papa Inocencio XI escribió, además de hablar sobre la Eucaristía, también sobre materia de moral y de sistemas morales, así como del error sobre el sigilo de la confesión, para lo cual dijo: “Es lícito usar de la ciencia adquirida por la confesión, con tal que se haga sin revelación directa ni indirecta y sin gravamen del penitente, a no ser que se siga del no uso otro mucho más grave, en cuya comparación pueda con razón despreciarse el primero”, añadida luego la explicación o limitación de que ha de entenderse del uso de la ciencia adquirida por la confesión con gravamen del penitente excluida cualquier revelación; y en el caso en que el no uso se siguiera un gravamen mucho mayor del mismo penitente, se ha estatuido que “dicha proposición, en cuanto admite el uso de dicha ciencia con gravamen del penitente, debe ser totalmente prohibida, aun con la dicha explicación o limitación”.

Tras una larga enfermedad murió el 12 de agosto de 1689 en el palacio del Quirinal, llorado por todo el pueblo romano y fue sepultado en San Pedro. Su proceso de beatificación se vio frenado por la intromisión de Francia durante dos siglos y medio; ya que el proceso comenzó en 1714. Parece ser que el gobierno francés no olvidaba las disputas del rey con el pontífice y por tanto fue suspendido en 1744. Finalmente en el siglo XX se reabrió el proceso y el Venerable Pío XII lo beatificó el 7 de octubre de 1956. Su fiesta tiene lugar el 12 de agosto, que es el aniversario de su muerte.

lunes, 11 de agosto de 2025

Reflexión del 11/08/2025

Lecturas del 11/08/2025

Moisés dijo al pueblo: «Ahora, Israel, ¿qué te pide el Señor, tu Dios, sino que temas al Señor, tu Dios, siguiendo todos sus caminos, y que le ames y que sirvas al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, observando los preceptos del Señor y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien? Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y todo cuanto la habita. Mas solo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy.
Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz, pues el Señor, vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, el Dios grande, fuerte y terrible, que no es parcial ni acepta soborno, que hace justicia al huérfano y a la viuda, y que ama al emigrante, dándole pan y vestido. Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Temerás al Señor, tu Dios, le servirás, te adherirás a él, en su nombre jurarás.
Él es tu alabanza y él es tu Dios, que hizo a tu favor las terribles hazañas que tus ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo».
En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día».
Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaúm, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?».
Contestó: «Si».
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?».
Contestó: «A los extraños».
Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al mar, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti».

Palabra del Señor.

11 de Agosto 2025 – Santa Clara de Asís

La Dama Clara, «radiante de nombre y más radiante de vida», nació en la ciudad de Asís hacia el año 1193. Su madre sería la Bendita Ortolana de Fiume. Se cree que su padre fue Favorino Scifi, conde de SassoRosso, si bien no es seguro que descendiera de esa noble rama de la familia Scifi. No tenemos datos sobre la infancia de Clara. Tenía dieciocho años cuando oyera predicar a San Francisco los sermones de Cuaresma y su influencia le impulsó a cambiar el curso de su vida. Es probable que le hubiera sido propuesto un casamiento que no le agradaba; Clara fue a ver en secreto al fraile Francisco y le pidió que la ayudase a vivir «según el modo del Santo Evangelio». La conversación que mantuvo con él aumentó su deseo de dejar atrás todas las cosas mundanas y vivir para Cristo. El Domingo de Ramos del año 1212 fue a la catedral de Asís para la bendición de las palmas, pero mientras los demás se adelantaban hacia el altar para recibir sus ramos, una súbita timidez la mantuvo alejada. El obispo se dio cuenta de ello y, bajando del altar, fue a entregarle su ramo.

A la siguiente noche, Clara huyó de su casa y corrió a través de los bosques hasta llegar a la capilla de Porciúncula, en donde Francisco vivía con su pequeña comunidad. Él y sus hermanos habían estado orando ante el altar y salieron a recibirla con cirios encendidos. Ante el altar de la Virgen, Clara se despojó de su magnífica capa. Francisco le cortó los cabellos y le dio su propio hábito penitencial, túnica de burda tela ceñida con su cordón. Entonces, dado que todavía no tenía ningún convento de monjas, la llevó inmediatamente al convento benedictino de San Pablo, en donde fue acogida con afecto.

Cuando en su hogar se dieron cuenta de lo que Clara había hecho, tanto parientes como amigos vinieron a rescatarla. Ella resistió valerosamente cuando trataron de llevarla fuera de allí, y se agarró al altar con tanta fuerza que llegaron a desgarrarle sus ropas. Mostrando entonces su cabeza afeitada les declaró que Cristo la había llamado a su servicio, que no tendría otro esposo y que cuanto más la persiguieran más aferrada estaría a su propósito. Francisco la hizo trasladar al convento de San Angelo di Panzo, en donde su hermana Inés, de catorce años de edad, fue a reunírsele. Eso significaba para ambas más dificultades en perspectiva, pero la constancia de Inés triunfó finalmente y, a pesar de su corta edad, Francisco le dio su hábito también. Más tarde las puso en una casita humilde, anexa a su amada iglesia de San Damián en las afueras de Asís, y en el año 1215, cuando Clara tenía veintidós años, la nombró superiora y le entregó su regla de vida. Pronto su madre y varias mujeres fueron a reunírsele, llegando al número de dieciséis. Todas habían sentido el fuerte llamado de la pobreza y del hábito de arpillera, y sin pesar abandonaron títulos y fortunas para convertirse en las humildes discípulas de Clara. En pocos años, conventos similares fueron fundados en las ciudades italianas de Perugia, Padua, Roma, Venecia, Mantua, Bolonia, Milán, Siena y Pisa, así como en diversas partes de Francia y de Alemania. Inés, hija del rey de Bohemia, estableció un convento de esa orden en Praga, y ella misma tomó el hábito.

Las «Pobres Clarisas», como fueron llamadas, practicaban austeridades que, hasta entonces, eran inusitadas en las mujeres. Iban descalzas, dormían sobre el suelo, observaban la abstinencia perpetua de carne y hablaban únicamente cuando la necesidad o la caridad las obligaban a hacerlo. La propia Clara consideraba ese silencio deseable para evitar los innumerables pecados de la lengua y como medio para mantener el pensamiento fijo en Dios. No contenta con los ayunos y otras mortificaciones que la regla requería, Clara llevaba sobre su piel una burda camisa de crin, ayunaba en las vigilias y cada día de la Cuaresma vivía de pan y agua, y no comía nada algunos días. Francisco o el obispo de Asís tuvieron que ordenarle muchas veces que yaciera sobre un colchón y tomara algo de alimento diariamente.

La discreción llegó con los años, y mucho más tarde Clara escribiría este sabio consejo a Inés de Bohemia: «Como nuestro cuerpos no son de bronce y nuestra fuerza no es la de la piedra, sino que somos débiles y estamos sujetas a enfermedades corporales, te imploro vehementemente en el Señor que evites el excesivo rigor en la abstinencia que yo sé prácticas, para que viviendo y esperando en el Señor puedas ofrecerle razonable servicio y un sacrificio condimentado con la sal de la prudencia.»

Como ya sabemos, Francisco había prohibido a su orden la posesión de rentas o tierras, así como cualquier propiedad, aun común. Los hermanos debían subsistir de las contribuciones diarias que el pueblo hiciera. Clara siguió también ese modo de vida. Cuando dejó su casa repartió entre los pobres todo lo que tenía, sin guardar nada para sus necesidades ni para las del convento. El Papa Gregorio IX propuso mitigar el requerimiento de pobreza absoluta y ofreció fijar una renta anual para las Damas Pobres de San Damián.

Clara, elocuente en su determinación de no romper los votos que hiciera a Cristo y a Francisco, logró el permiso de continuar tal como había comenzado. «Necesito que se me absuelva por mis pecados, pero no deseo ser absuelta de mi obligación de seguir a Jesucristo.» En el año 1228, dos años después de la muerte de Francisco, el Papa concedió a las hermanas de Asís el Privilegiitrn paupertatis o privilegio de pobreza, para que nada pudiera constreñirlas a aceptar posesión alguna. «Aquél que alimenta a los pájaros del aire y da lluvia y alimento a los lirios de los campos no os dejará necesitados de abrigo o de alimento hasta que Él Mismo venga para la eternidad.»

Los conventos de Perugia y de Florencia pidieron y recibieron el mismo privilegio; otros conventos creyeron más prudente moderar esa pobreza. De este modo comenzaron las dos observancias que desde aquellos tiempos han venido perpetuándose entre las Pobres Clarisas, como más tarde fueron llamadas. Las casas que siguen la regla mitigada se llaman Urbanistas, debido a la concesión que les otorgara el Papa Urbano IV en el año 1263. Pero ya en el año 1247 el Papa Inocencio IV publicó una forma revisada de la regla, asentando la propiedad común. Clara, enraizada en el espíritu y tradición de San Francisco, estableció otra regla asentando que su hermanas no debían poseer propiedad alguna, tanto individual como comunalmente. Dos días antes de su muerte esa regla fue aprobada por el Papa Inocencio para el convento de San Damián.

Desde el día en que Francisco la nombrara abadesa hasta el de su muerte, Clara gobernó el convento continuamente, durante un período de casi cuarenta años. Sin embargo, su deseo era estar siempre por debajo de todas las demás, sirviéndolas en la mesa, cuidando las enfermas, lavando y besando los pies de las hermanas cuando, descalzas, regresaban de pedir limosna. Su modestia y humildad eran tales que después de cuidar de las enfermas y rezar por ellas solía pedir a otras hermanas que siguieran cuidándolas, para que su restablecimiento no pudiera ser achacado a sus méritos. Las manos de Clara siempre se hallaban deseosas de ayudar en lo que el trabajo femenino pudiera ayudar a Francisco y a sus frailes. «Disponed de mí como queráis ?le dijo? Soy vuestra, pues he puesto mi voluntad en Dios. Ya no me pertenece.» Era la primera en levantarse, hacía sonar la campana del coro y encendía las velas. Cuando acababa de rezar, su rostro radiaba.

El poder y eficacia de sus oraciones se nos muestran por una anécdota que relata Tomás Celano, un contemporáneo. En el año 1244, el emperador Federico II, entonces en guerra contra el Papa, arrasaba el valle de Espoleto, que era parte del patrimonio de la Santa Sede. En su ejército llevaba muchos sarracenos, y una tropa de esos infieles llegó ante Asís con ánimo de saquear la ciudad. La iglesia de San Damián, que se alzaba en las afueras, fue uno de sus primeros objetivos. Cuando va los infieles comenzaban a escalar las tapias del convento, Clara, que se encontraba enferma entonces, se hizo llevar hasta la puerta y mandó poner el Sacramento ante la vista del enemigo. Postrándose ante él, Clara rezó en alta voz : «¿Es de Tu agrado, oh Dios, entregar a esas bestias las niñas indefensas que yo he alimentado con Tu amor? Te suplico, Señor, que las protejas, pues yo no puedo protegerlas.» Entonces oyó una pequeña voz, como la de un niño, que le decía: «Siempre estarán a Mi cuidado.» Clara oró nuevamente, por la ciudad, y la voz oyóse otra vez, quitando su cuidado. Entonces Clara se volvió hacia las monjas temblorosas y les dijo : «No temáis, pequeñas hijas, confiad en Jesús.» Entonces un súbito terror cundió entre los asaltantes y huyeron apresuradamente. Poco después uno de los generales de Federico puso sitio a la ciudad de Asís, durante muchos días. Clara dijo a sus monjas que ya que habían recibido asistencia de la ciudad le debían ahora toda la ayuda que pudieran darle. Las mandó que cubrieran con cenizas sus cabezas y que como suplicantes rogaran a Dios por la liberación de la ciudad. Durante todo un día con su noche oraron con toda su alma, llorando copiosamente, y entonces «Dios, en su misericordia, hizo que los sitiadores huyeran y su altivo jefe con ellos, por todo lo que habían jurado y blasfemado por tomar la ciudad».

Otra historia, que se hizo muy popular más tarde, nos cuenta cómo Clara y una de sus monjas dejaron el claustro en una ocasión y fueron hasta la Porciúncula para cenar con Francisco, y cómo una luz radiante cundió por la estancia en donde se hallaban juntos. Pero, no obstante, no hay mención contemporánea de esta anécdota ni tampoco ningún escritor lo hizo durante los siguientes ciento cincuenta años, mientras que Tomás de Celano dice que frecuentemente oyó a Francisco advertir a sus hermanos que evitaran asociaciones poco juiciosas con la hermanas y nos asegura que Clara nunca abandonó la clausura de San Damián.

Durante su vida y después de su muerte hubo desavenencias entre las clarisas y los hemanos menores en lo que se refería a sus correctas relaciones. Las monjas mantenían que los frailes tenían la obligación de proveer a sus necesidades tanto espirituales como temporales. Cuando en 1230 el Papa Gregorio IX prohibió a los frailes que visitaran los conventos de monjas sin permiso especial, Clara temió que el edicto condujera hacia la completa extinción de los vínculos que estableciera Francisco. En seguida despidió a todos los hombres agregados a su convento, tanto los que servían a sus necesidades materiales como los que servían las espirituales; si no podía tener unas, no tendría tampoco las otras. El Papa, sabiamente, turnó el asunto al ministro general de los hermanos menores.

Después de largos años de enfermedad, sufrida con paciencia sublime, Clara sintió próximo su fin, en el verano de 1253. El Papa Inocencio IV llegó hasta Asís para darle la absolución haciendo notar : «¡Quiera Dios que yo tenga tan poca necesidad de ella!» A sus monjas ella les dijo : «Alabad al Señor, amadas hijas, pues en este bendito día Jesucristo y su vicario se han dignado visitarme.» Prelados y cardenales se reunieron en torno suyo y mucha gente estaba convencida de que la agonizante era una verdadera santa. Su hermana Inés estaba junto a ella, así como tres de los primeros compañeros de Francisco, Leo, Angelo y Junípero. Leyeron en alta voz la Pasión según San Juan, tal como la leyeran ante el lecho de muerte de Francisco veintisiete años antes. Alguien exhortó a Clara para que tuviera paciencia y ella replicó: «Querido hermano, desde que mediante Su servidor Francisco he conocido la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, no he hallado jamás dolor o enfermedad que pudieran molestarme.» Para sí misma murmuró luego : «Ve sin miedo, alma cristiana, pues tienes buen guía en tu viaje. Ve sin miedo, pues Aquel que te creó te ha santificado, siempre te ha protegido y te ama como a una madre.»

El Papa Inocencio IV y sus cardenales asistieron a los funerales de Clara, la abadesa. El Papa la hubiera canonizado en seguida de no haberle aconsejado contra ello los cardenales presentes. Su sucesor, Alejandro IV, la canonizó después de dos años, en 1255, en Agnani. Su cuerpo, que descansó primero en la iglesia de San Jorge, en Asís, fue trasladado posteriormente a una iglesia construida en 1260 para ese propósito. Unos seiscientos años más tarde, en 1850, fue descubierto embalsamado e intacto, profundamente enterrado bajo el altar, y fue trasladado a un nuevo altar en la cripta en donde, dentro de una urna de cristal, puede verse todavía. En 1804 se hizo un cambio en la regla de las Pobres Clarisas, originalmente orden contemplativa, permitiendo que estas religiosas tomen parte activa en el mundo.