miércoles, 6 de octubre de 2010

Lecturas


Reconocieron el don que he recibido

Hermanos: Transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén en compañía de Bernabé, llevando también a Tito. Subí por una revelación. Les expuse el Evangelio que predico a los gentiles, aunque en privado, a los más representativos, por si acaso mis afanes de entonces o de antes eran vanos. Al contrario, vieron que Dios me ha encargado de anunciar el Evangelio a los gentiles, como a Pedro de anunciarlo a los judíos; el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos me capacita a mí para la mía entre los gentiles. Reconociendo, pues, el don que he recibido, Santiago, Pedro y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de solidaridad, de acuerdo en que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los judíos. Una sola cosa nos pidieron: que nos acordáramos de sus pobres, esto lo he tomado muy a pecho. Pero cuando Pedro llegó a Antioquia, tuve que encararme con él, porque era reprensible. Antes de que llegaran ciertos individuos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquéllos, se retrajo y se puso aparte, temiendo a los partidarios de la circuncisión. Los demás judíos lo imitaron en esta simulación, tanto que el misino Bernabé se vio arrastrado con ellos a la simulación. Ahora que, cuando yo vi que su conducta no cuadraba con la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos: -«Si tú, siendo judío, vives a lo gentil y no a lo judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías?»

Señor, enséñanos a orar

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: -«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.» Él les dijo: -«Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.” »

Palabra del Señor.

martes, 5 de octubre de 2010

Meditación

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas


Dios te da la fuerza para crearte estas riquezas

Habló Moisés al pueblo, diciendo: -«Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y veneros que manan en el monte y la llanura, tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares y de miel, tierra en que no comerás tasado el pan, en que no carecerás de nada, tierra que lleva hierro en sus rocas, y de cuyos montes sacarás cobre, entonces comerás hasta hartarte, y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado. Pero cuidado, no te olvides del Señor, tu Dios, siendo infiel a los preceptos, mandatos y decretos que yo te mando hoy. No sea que, cuando comas hasta hartarte, cuando te edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro, y abundes de todo, te vuelvas engreído y te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres, para afligirte y probarte, y para hacerte el bien al final. Y no digas: “Por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas. “ Acuérdate del Señor, tu Dios: que es él quien te da la fuerza para crearte estas riquezas, y así mantiene la promesa que hizo a tus padres, como lo hace hoy.»

Os pedimos que os reconciliéis con Dios

Hermanos: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es corno si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Quien pide recibe

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!»

Palabra del Señor.

lunes, 4 de octubre de 2010

Témporas de acción de gracias y de petición.


Las Témporas son días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual» (p.648). La celebración ha sido fijada en España para el día 5 de octubre, pues su localización en el calendario e incluso su duración dependen de las Conferencias Episcopales de cada país.

Las Témporas, y con ellas las Rogativas, son una antiquísima institución litúrgica ligada a las cuatro estaciones del año. Su finalidad consistía en reunir a la comunidad, para que, mediante el ayuno y la oración, se diese gracias a Dios por los frutos de la tierra y se invocase su bendición sobre el trabajo de los hombres. Las Témporas nacieron en Roma y se difundieron con la liturgia romana, al mismo tiempo que sus libros litúrgicos. Al principio tuvieron lugar en las estaciones del otoño, invierno y verano, exactamente, en los meses de septiembre, diciembre y junio. Pero muy pronto debió de añadirse la celebración correspondiente a la primavera, en plena Cuaresma. Por algunos sermones de San León Magno se concoce el significado de estas jornadas penitenciales, que comprendían la eucaristía, además del ayuno, los miércoles y los viernes de la semana en que tenían lugar. El sábado había una vigilia, que terminaba con la eucaristía también, bien entrada la noche, de forma que ésa era la celebración eucarística del domingo.

La proximidad con algunas grandes solemnidades, como Navidad y Pentecostés, y la coincidencia con algún tiempo litúrgico, proporcionaban un colorido especial a la celebración de las respectivas Témporas. Pretender relacionarlas con cultos naturalistas precristianos es pura imaginación, aunque es evidente su relación con la vida agraria y campesina, la vida propia de aquellos tiempos. En el fondo, las Témporas son un acercamiento mutuo de la liturgia y la vida humana, en el afán de encontrar en Dios la fuente de todo don y la santificación de la tarea de los hombres.
Por eso, hoy, considerada la extensión de la Iglesia y su presencia en los pueblos más diversos, se imponía una revisión y una adaptación de esta vieja celebración litúrgica, que ya no tiene por qué ser agraria ni campesina únicamente, sino que puede ser muy bien urbana y cercana a las preocupaciones del hombre del cemento y del reloj de cuarzo. Lo importante es que en un día, o en tres, según la duración elegida, se viva y se celebre la obra de Dios en el hombre y con la ayuda del hombre; con un espíritu de fe y de acción de gracias propios del creyente, que sabe que lo temporal tiene su propia autonomía, pero sin romper con Dios y sin ir en contra de su voluntad salvadora: «Todo es vuestro; pero vosotros sois de Cristo, y Cristo, de Dios» (1 Cor 3,22-23).

Meditación

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas


No he recibido ni aprendido de ningún hombre el Evangelio, sino por revelación de Jesucristo

Hermanos: Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el Evangelio de Cristo. Pues bien, si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado -seamos nosotros mismos o un ángel del cielo-, ¡sea maldito! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea maldito! Cuando dijo esto, ¿busco la aprobación de los hombres, o la de Dios?; ¿trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

¿Quién es mi prójimo?

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: -«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» Él le dijo: -« ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?» Él contestó: -«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.» Él le dijo: -«Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.» Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: -« ¿Y quién es mi prójimo?» Jesús dijo: -«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.” ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?» Él contestó: -«El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: -«Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor.

domingo, 3 de octubre de 2010

Meditación

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas


El justo vivirá por su fe

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: «Violencia», sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas? El Señor me respondió así: «Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.»

No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor

Querido hermano: Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mi, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús. Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

¡Si tuvierais fe...!

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: - «Auméntanos la fe.» El Señor contestó: - «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar.” Y os obedecerla. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: “En seguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. “

Palabra del Señor.

Más abajo encontrareis la HOMILÍA correspondiente a estas lecturas.

Homilía

SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE

LA FE

La fe es el mensaje central de la liturgia de hoy.
El profeta Habacuc plantea la misma pregunta que nos hacemos en la actualidad ante las desgracias de este mundo, achacables según algunos al cambio climático y según otros a Dios.
¿Por qué me ha pasado, precisamente a mí que trato de ser justo y honrado, esta desgracia familiar?
¿Por qué las guerras las discordias, los enfrentamientos familiares, religiosos y políticos se cobran tantos miles, o millones, de víctimas inocentes?

Desde niño me habitué a escuchar noticias de guerras como la de Argelia, la de Vietnam, La Árabe-Israelí y, más recientemente, la de la antigua Yugoslavia, Irak, Afganistán, el Cuerno de África, Angola, Ruanda, el Congo... Todo un rosario de catástrofes que envuelven al mundo en un callejón sin salida.
El alma se siente impotente e indefensa ante el juego de los poderosos y de los intereses creados...
A esto se añade la violencia contra la mujer, el aborto, la discriminación racial y económica, la prevaricación, el engaño...
Parece normal el grito de angustia de Habacuc: “¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches, sin que me salves?”

El cambio operado en España durante los últimos años hace difícil la fe.
Del Nacional-Catolicismo, sobrevenido después de la Guerra Civil, hemos derivado en laicismo beligerante. Se ha polucionado la atmósfera social de tal manera que muchos creyentes se avergüenzan de confesar su fe, y claudican por temor, presionados por la ideología dominante: la ideología de género.
Los agnósticos y ateos campean a sus anchas, orgullosos de serlo, mientras ironizan y se extrañan que alguien sea todavía católico y practicante.

El hastío por una vida anodina y sin sentido crece sin cesar al compás de la negación de libertades, de los abusos y del egoísmo como gran “vedette” del progresismo.
No se puede fabricar felicidad desde el revanchismo y el odio. La sonrisa es una mercancía casi en desuso por falta de una moral que condicione positivamente nuestras vidas.

Una sociedad sin Dios está abocada al fracaso, porque los paraísos terrenos terminan convirtiéndose en jaulas doradas de las pasiones y los vicios, a menudo promocionados por el Poder.
Los cristianos de a pie entendemos perfectamente las palabras de Habacuc, y nos vamos acostumbrando a vivir en minoría nuestra fe ante prácticas que no nos satisfacen. Quizás sea un aldabonazo de Dios para purificar nuestra mente, nuestro corazón y nuestros compromisos.
Sea cual sea el destino de los manipuladores laicistas, nuestra vida no está en sus manos, sino en las de la Providencia.
Es normal, humano y cristiano que ante las dificultades de la vida, de la comunicación y de las desgracias del mundo, gritemos con Habacuc. “¿Hasta cuándo clamaré, Señor?”
Pero también es humano, sabiendo la poca cosa que somos, que dejemos de lamentarnos con inútiles reclamaciones, para abrirnos al misterio de Dios y confiar en El.

San Pablo recuerda a su discípulo Timoteo que “Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de valentía, de amor y de dominio propio” (II Tim, 1,7) y que “guarde el depósito de la fe”

AUMÉNTANOS LA FE

Y por eso, porque la fe es el motor de nuestra vida y su eje vertebrador, debemos pedirla insistentemente a Dios, como los Apóstoles, que nos la aumente...
La fe de la que habla Jesús no consiste en una serie de normas, de contenidos y afirmaciones teóricas, sino una firme convicción interior que dinamiza nuestro ser y hace que todas las energías de la persona se unifiquen en torno a un fin.
Cuando esto sucede, nadie será capaz de echarnos atrás y cobra vigor la afirmación de Jesús de que la fe es capaz de mover montañas, de hacer posible lo aparentemente imposible.
San Pablo, después de un largo itinerario de fe, no exento de pruebas, aseguraba que “la fuerza que vence al mundo es nuestra fe”.
El Papa Benedicto XVI ha beatificado en Londres la semana pasada a una figura descollante de la Iglesia, el Cardenal Newmann, un anglicano convertido al catolicismo que alumbró con su testimonio de fe a toda las Iglesia.

LA FE, DON GRATUITO DE DIOS

La fe emana de Dios, no de la industria humana. Debemos darle gracias por este regalo, por esta energía inagotable, que muchos hombres y mujeres desearían tener, y no tienen.
Y los que la tenemos no la cultivamos como debiéramos.
Cultivar la fe supone un servicio permanente por la causa del Reino, que no es carga añadida. Es una necesidad vital, ineludible, que arrastra y compromete de tal forma que callar ante la injusticia sería un pecado.
Así lo entendieron los mártires de todos los tiempos que dieron su vida por Cristo.
Así lo entendieron los Apóstoles San Pablo - “¡Ay de mí si no evangelizare”- y Santiago- “la fe, sin obras, está muerta!”.

¡Ojala sepamos colocar la fe en el pedestal de nuestra vida como otros cuelgan medallas, exhiben trofeos y muestran sus títulos!
¡Cristiano, sí; y, orgullosos y agradecidos de ser brote fecundo de la semilla que Dios sembró a través de nuestros progenitores y amigos que nos precedieron con su testimonio!


¡Feliz Domingo!

sábado, 2 de octubre de 2010

Meditación

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas



Mi ángel irá por delante

Así dice el Señor: «Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado. Respétalo y obedécelo. No te rebeles, porque lleva mi nombre y no perdonará tus rebeliones. Si lo obedeces fielmente y haces lo que yo digo, tus enemigos serán mis enemigos, y tus adversarios serán mis adversarios. Mi ángel irá por delante.»

Sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: -« ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: -«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. »

Palabra del Señor.

viernes, 1 de octubre de 2010

Meditación

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas


¿Has mandado a la mañana o has entrado por los hontanares del mar?

El Señor habló a Job desde la tormenta: "¿Has mandado en tu vida a la mañana o has señalado su puesto a la aurora, para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados, para que la transforme como arcilla bajo el sello y la tiña como la ropa; para que les niegue la luz a los malvados y se quiebre el brazo sublevado? ¿Has entrado por los hontanares del mar o paseado por la hondura del océano? ¿Te han enseñado las puertas de la muerte o has visto los portales de las sombras? ¿Has examinado la anchura de la tierra? Cuéntamelo, si lo sabes todo. ¿Por dónde se va a la casa de la luz y dónde viven las tinieblas? ¿Podrías conducirlas a su país o enseñarles el camino de casa? Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces y has cumplido tantísimos años." Job respondió al Señor: "Me siento pequeño, ¿qué replicaré? Me taparé la boca con la mano; he hablado una vez, y no insistiré, dos veces, y no añadiré nada."

Quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado

En aquel tiempo dijo Jesús: "¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. T tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado".

Palabra del Señor.