domingo, 7 de julio de 2019

Santos Antonino Fantosanti y José María Gambaro


Cerca de la ciudad de Hengyang en la provincia de Hunan en China, san Antonino Fantosanti, obispo, y José María Gambaro, sacerdote de la Orden de los Menores, que, durante la persecución de los boxers, apresados por llevar ayuda a los fieles, murieron lapidados. 

Antonino nació en el barrio de Santa María in Valle en Treviso (Perugia); de constitución débil y natural tímido, fue enviado a la escuela de los franciscanos, en el cercano convento de San Martí. Con 16 años ingresó en esta Orden en el convento de la Spineta en Todi, cambiando su nombre por el de Antonino. Después del año de noviciado, estudió en Spoleto e hizo la profesión solemne en 1862; fue ordenado sacerdote en Roma en 1865.

Dos años después marchó como misionero a China con otros misioneros franciscanos entre ellos san Elías Facchini, que morirá mártir dos días después de él. Al llegar a China, tuvo que dejar el hábito franciscano y vestir como los habitantes del país, aprendió el idioma y tomó el nombre de Fan-hoae-te, en 1868, con otro fraile subió hacia el Alto Hu-pè, meta del campo apostólico que le habían asignado. Pasó siete años de intensa actividad apostólica, marchando entre las varias comunidades católicas entre Scian-kin y He-tan-kon, este periodo fue sereno e intenso de conversiones; aprendió tan bien la lengua china que fue llamado “maestro europeo”. 

Después fue enviado a la ciudad de Lao-ho-kow, centro fluvial de gran importancia; aquí desarrolló su misión con tanta delicadeza que la misión fue centro de contacto con personajes más o menos ilustres. En 1870 fue nombrado Vicario General del nuevo Vicariato Apostólico del Alto Hu-pè. Fue consagrado obispo y en el 1878 fue nombrado Administrados Apostólico. Organizó un horfelinato, recogió ayudas que venían de Europa distribuyéndolas en ropa, comida, medicinas y él mismo contrajo la peste ayudando a los enfermos, pero se curó. Su trabajo fue muy apreciado por las autoridades civiles y convirtió a muchos. Construyó el gran templo de Hu-pè. En 1888, después de 20 años de misión, exhausto regresó a Italia durante ocho meses. Al año siguiente regresó a China y fue nombrado Vicario Apostólico de Hu-nan Meridional. 

Estos últimos once años fueron intensos en emociones y celo apostólico. Realizó varias visitas pastorales. Fue acusado por paganos interesados y contrarios al cristianismo, varias veces y tuvo que soportar persecuciones pero no dejó de edificar, restaurar y embellecer iglesias y lugares de culto. 

En el 1900, comenzó la persecución de los boxers, apoyados por los emperdores, contra los cristianos y sus lugares de culto. El sacerdote franciscano san Cesidio Giacomantonio fue quemado vivo. Nuestro santo, junto al padre fray san José María Gambaro y cuatro cristianos marchó a auxiliar a sus fieles. Murió lapidado junto con José María Gambaro, en Hen-Chow-Fou en Hunan meridional (China), por una multitud de personas. 

José María nació en Galliate, provincia de Novara. A los trece años entró en el colegio seráfico y el 20 de septiembre de 1886 recibió el hábito religioso de los Hermanos Menores con el nombre de José María. Activo y circunspecto, entusiasta y prudente, fue estimado y apreciado por los superiores, que lo escogieron desde clérigo teólogo como asistente de los hermanos jóvenes de Ornavasso. La elección fue sabia, pues su natural perspicacia, unida a una ejemplaridad y afabilidad que conquistaba, produjo frutos copiosos en aquellos jóvenes que se preparaban al sacerdocio y a la vida religiosa franciscana. Apenas ordenado sacerdote (marzo 13 de 1892) José fue nombrado rector del colegio de Ornavasso. Pero un año después, según su deseo, se le permitió ir como misionero: abandonó a Italia en 1896 y al llegar a China fue destinado a Hu-nan meridional.

Esta nueva experiencia se le manifestó de inmediato en su áspera dificultad: los usos y costumbres tan diversas no fueron tan difíciles de asimilar como la lengua. El Vicario apostólico san Antonio Fantosati, considerando las óptimas cualidades de Gambaro, lo destinó al seminario de Schen-fan-tan; los tres jóvenes seminaristas estaban entusiasmados con él, lo admiraban y lo seguían: por tres años fue rector y profesor. Luego, al faltar el misionero en la importante cristiandad de Yent-chou, José María fue encargado de sustituirlo. Supo hacer frente a la vida misionera activa, y sus inevitables pruebas, con serena fortaleza y con absoluto abandono en las manos del Señor.

En Pentecostés de 1900 fue llamado a Lei-yang por Mons. Fantosati; terminado el trabajo, después de pocos días, ambos se dirigieron a San-mu-tchao para reconstruir la capilla destruida por los paganos: en esta localidad se abatió sobre ellos la persecución. Estalló de improviso el 4 de julio de 1900 en la ciudad de Heng-tche-fu, residencia del Vicario Apostólico. Apenas llegaron las primeras tristes noticias, ambos se apresuraron a regresar a la sede; en vano los cristianos insistieron para que buscaran un refugio seguro; ambos declararon abiertamente que, a cualquier costo, su puesto era junto a las ovejas en peligro. Se embarcaron hacia Heng-tche-fu: el viaje duró tres días, pero su presencia ya había sido advertida y fueron esperados por una turba fanática y enfurecida. Al bajar a la orilla fueron inmediatamente rodeados y asesinados a golpes de bastón y de lanzas. Alguien refirió que el P. José María, ya agonizante, tuvo la fuerza de pronunciar sus últimas palabras sobre la tierra: “Jesús, ten piedad y sálvanos”.

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