martes, 21 de julio de 2026
Lecturas del 21/07/2026
Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apaciente como antes en Basán y Galaad.
Como cuando saliste de Egipto, les haré ver prodigios. ¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?
No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.
Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad, como antaño prometiste a nuestros padres.
En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él.
Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo».
Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Palabra del Señor.
21 de Julio 2026 – Beato Vicente Cecilia Gallardo
Perdió a su madre a los tres años. En su formación, tanto religiosa como profesional, influyeron de manera notoria toda la familia de su madre. Sus primeras profesoras fueron sor Inés Nuere Arambide y sor Emérita Goñi, Hijas de la Caridad en las escuelas de la Fundación Termens de Cabra (Córdoba). De párvulos, Vicente pasó a las escuelas del Ave María dirigidas por un santo sacerdote,
Antonio Povedano, gran formador de jóvenes en un tiempo difícil para la Iglesia tan perseguida. Aprendió el oficio de carpintero en el taller de su tío Miguel Torres. Ingresó en la Congregación el 16 de febrero de 1935. Vicente era un joven muy bueno, servicial, muy religioso, candoroso, sin malicia, sano, de una sólida devoción a la Virgen y de espíritu apostólico, porque enseñaba a los niños a rezar el vía crucis y a visitar a la Virgen. No llegó a hacer los votos, lo mataron a los 21 años, siendo novicio.
A partir de las elecciones de febrero de 1936 ante el peligro en que vivían los religiosos, la familia del H. Vicente Cecilia insistió en que volviera a casa en Cabra, pero él contestó “que no quería volver porque había hecho el propósito de ser religioso y que a vida o muerte se quedaba”. El comité de Hortaleza practicó el primer registro en la comunidad el domingo 19 de julio de 1936. Ante el riesgo inminente, a los Hermanos jóvenes se les había provisto de dinero para hacer el viaje a sus casas o a algún lugar seguro. Se les sugirió que salieran de dos en dos con toda precaución. Este fue el motivo de la salida de casa de los HH. Cecilia y Trachiner. Salieron con expreso permiso del superior, P. Higinio Pampliega, a primeras horas del día 20 de julio por una puerta que se abría en la tapia de la huerta y que daba al campo con la intención de dirigirse andando, según costumbre, a la casa provincial de Madrid, para que el superior provincial les asignara el lugar de refugio, que podría ser con sus familias. Los detuvieron los milicianos en el control de Canillas, en la documentación figuraban como carpinteros, pero como en la maleta llevaban las sotanas y los crucifijos, conocieron que eran religiosos y, sin otro motivo, en la madrugada del 21 de julio de 1936 los fusilaron. Los cadáveres aparecieron junto al Ateneo Libertario de Ventas, sito en la carretera de Aragón, 117.
Antonio Povedano, gran formador de jóvenes en un tiempo difícil para la Iglesia tan perseguida. Aprendió el oficio de carpintero en el taller de su tío Miguel Torres. Ingresó en la Congregación el 16 de febrero de 1935. Vicente era un joven muy bueno, servicial, muy religioso, candoroso, sin malicia, sano, de una sólida devoción a la Virgen y de espíritu apostólico, porque enseñaba a los niños a rezar el vía crucis y a visitar a la Virgen. No llegó a hacer los votos, lo mataron a los 21 años, siendo novicio.
A partir de las elecciones de febrero de 1936 ante el peligro en que vivían los religiosos, la familia del H. Vicente Cecilia insistió en que volviera a casa en Cabra, pero él contestó “que no quería volver porque había hecho el propósito de ser religioso y que a vida o muerte se quedaba”. El comité de Hortaleza practicó el primer registro en la comunidad el domingo 19 de julio de 1936. Ante el riesgo inminente, a los Hermanos jóvenes se les había provisto de dinero para hacer el viaje a sus casas o a algún lugar seguro. Se les sugirió que salieran de dos en dos con toda precaución. Este fue el motivo de la salida de casa de los HH. Cecilia y Trachiner. Salieron con expreso permiso del superior, P. Higinio Pampliega, a primeras horas del día 20 de julio por una puerta que se abría en la tapia de la huerta y que daba al campo con la intención de dirigirse andando, según costumbre, a la casa provincial de Madrid, para que el superior provincial les asignara el lugar de refugio, que podría ser con sus familias. Los detuvieron los milicianos en el control de Canillas, en la documentación figuraban como carpinteros, pero como en la maleta llevaban las sotanas y los crucifijos, conocieron que eran religiosos y, sin otro motivo, en la madrugada del 21 de julio de 1936 los fusilaron. Los cadáveres aparecieron junto al Ateneo Libertario de Ventas, sito en la carretera de Aragón, 117.
lunes, 20 de julio de 2026
Lecturas del 20/07/2026
Escuchad lo que dice el Señor, el pleito del Señor con su pueblo.
«En pie, pleitea con las montañas, que escuchen tu voz las colinas».
Escuchad, montañas, el pleito del Señor, vosotros, inalterables cimientos de la tierra: el Señor pleitea con su pueblo, con Israel se querella. « ¿Pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he molestado? ¡Respóndeme!
Yo te saqué de Egipto y te libré de la servidumbre.
Yo te envié a Moisés, Aarón y María». ¿Con qué me presentaré al Señor y me inclinaré ante el Dios excelso? ¿Me presentaré con holocaustos, con terneros de un año? ¿Le agradarán al Señor mil bueyes, miríadas de ríos de aceite? ¿Le ofreceré mi primogénito por mi falta, el fruto de mis entrañas por mi pecado?
Hombre, se te ha hecho saber lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: tan solo practicar el derecho, amar la bondad, y caminar humildemente con tu Dios.
En aquel tiempo, algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un milagro tuyo».
Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.
Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».
Palabra del Señor.
20 de Julio 2026 – San Jerónimo Emiliano
Nos encontramos ante uno de esos colosos de la caridad y de amor hacia los hermanos. Nació en una familia de rancio abolengo veneciano, los Miani o Emiliani. Su padre era famoso militar y senador. Nació el 1481 en Venecia y sus padres fueron Angiolo y Diomira.
Casi no tuvo tiempo de formarse, ya que a los quince años ya tomó las armas y hubo de luchar en defensa de su patria contra los franceses... Unas veces tiene victorias y otras derrotas. Son cosas del oficio.
Las enseñanzas cristianas que inculcó su buena madre en su alma no las olvidó jamás, pero la vida militar le sedujo desde un principio y se descaminó como tantos otros compañeros de armas entregándose a una vida que decía muy poco con los principios que de su buena madre había recibido. El cielo le había adornado con muchas cualidades: simpatía, bondad, caballerosidad y por ello arrastraba tras sí a muchos amigos. Tenía un defecto que le costó mucho durante toda su vida arrancarlo de su corazón: era la ira, la cólera, el genio fuerte que en tantas ocasiones le traicionaba... Los malos amigos le llevaron por malos caminos.
Su buena madre y hermanos le rogaban abandonase aquellas compañías y que entrase por las sendas del bien... Como no estaba dispuesto a oír la voz de los hombres, fue Dios quien vino en su ayuda y para ello se sirvió de una derrota militar.
Emiliano fue encargado como jefe de defender la plaza fuerte de Castelnuovo, cerca de Treviso... pero por fin fue derrotado y hecho prisionero a pesar de su arrojo y valentía. Durante el tiempo del cautiverio tuvo mucho tiempo para pensar en Dios, en cuanto había aprendido desde niño, en el más allá y también en lo que sería la plenitud de su vida: los pobres. Para estar seguro de su cambio de vida y de que aquellas luces que recibía del Señor no eran meras alucinaciones, sino gracia de lo alto, acudió, con filial confianza, a la Virgen María, recordando su consagración a Ella que le había hecho su madre desde niño. Lloró en la prisión sus pecados y dijo a María: "Madre, pide perdón a vuestro Hijo de todos mis pecados y concédemela gracia de mostrarme cuál es el camino que debo seguir para serle fiel a Él y a Vos"... Todavía no había acabado su oración cuando se le apareció la Santísima Virgen María entre gran resplandor y consolándole le bendijo, le soltó las cadenas que le tenían atado y le entregó las llaves de la cárcel para que abandonara aquel lugar y se dirigiera adonde Ella le mostraría...
Marchó a Venecia y se entregó al cuidado de los niños huérfanos y a atender a todos los necesitados que encontraba... Recorrió varias comarcas de Italia: Somasca, Bérgamo, Brescia, Venecia, Verona... siempre tratando de imitar al Divino Samaritano. Para continuar su obra fundó los Clérigos Regulares Somascos o Siervos de los Pobres que fueron aprobados enseguida por el Papa Pablo III y elevados al rango de Orden religiosa por el Papa San Pío V en 1567.
La vida de San Emiliano está totalmente entregada al servicio de los más pobres y necesitados. Todos encuentran ayuda de su parte: Los huérfanos, las viudas, los abandonados, los encarcelados... para todos es como un verdadero padre. El tiempo que le queda libre lo dedica a la predicación y a enardecer en el amor a Jesús y a María a cuantos le siguen y escuchan. Obraba muchos prodigios el Señor por su medio. Corre la voz de que cura enfermos, multiplica los alimentos, evita catástrofes... Todos acuden a él en busca de ayuda y protección. Él los encamina hacia el Sagrario y al altar de la Virgen María... Lleno de méritos parte para la eternidad, a la edad de 56 años, el 1537.
Casi no tuvo tiempo de formarse, ya que a los quince años ya tomó las armas y hubo de luchar en defensa de su patria contra los franceses... Unas veces tiene victorias y otras derrotas. Son cosas del oficio.
Las enseñanzas cristianas que inculcó su buena madre en su alma no las olvidó jamás, pero la vida militar le sedujo desde un principio y se descaminó como tantos otros compañeros de armas entregándose a una vida que decía muy poco con los principios que de su buena madre había recibido. El cielo le había adornado con muchas cualidades: simpatía, bondad, caballerosidad y por ello arrastraba tras sí a muchos amigos. Tenía un defecto que le costó mucho durante toda su vida arrancarlo de su corazón: era la ira, la cólera, el genio fuerte que en tantas ocasiones le traicionaba... Los malos amigos le llevaron por malos caminos.
Su buena madre y hermanos le rogaban abandonase aquellas compañías y que entrase por las sendas del bien... Como no estaba dispuesto a oír la voz de los hombres, fue Dios quien vino en su ayuda y para ello se sirvió de una derrota militar.
Emiliano fue encargado como jefe de defender la plaza fuerte de Castelnuovo, cerca de Treviso... pero por fin fue derrotado y hecho prisionero a pesar de su arrojo y valentía. Durante el tiempo del cautiverio tuvo mucho tiempo para pensar en Dios, en cuanto había aprendido desde niño, en el más allá y también en lo que sería la plenitud de su vida: los pobres. Para estar seguro de su cambio de vida y de que aquellas luces que recibía del Señor no eran meras alucinaciones, sino gracia de lo alto, acudió, con filial confianza, a la Virgen María, recordando su consagración a Ella que le había hecho su madre desde niño. Lloró en la prisión sus pecados y dijo a María: "Madre, pide perdón a vuestro Hijo de todos mis pecados y concédemela gracia de mostrarme cuál es el camino que debo seguir para serle fiel a Él y a Vos"... Todavía no había acabado su oración cuando se le apareció la Santísima Virgen María entre gran resplandor y consolándole le bendijo, le soltó las cadenas que le tenían atado y le entregó las llaves de la cárcel para que abandonara aquel lugar y se dirigiera adonde Ella le mostraría...
Marchó a Venecia y se entregó al cuidado de los niños huérfanos y a atender a todos los necesitados que encontraba... Recorrió varias comarcas de Italia: Somasca, Bérgamo, Brescia, Venecia, Verona... siempre tratando de imitar al Divino Samaritano. Para continuar su obra fundó los Clérigos Regulares Somascos o Siervos de los Pobres que fueron aprobados enseguida por el Papa Pablo III y elevados al rango de Orden religiosa por el Papa San Pío V en 1567.
La vida de San Emiliano está totalmente entregada al servicio de los más pobres y necesitados. Todos encuentran ayuda de su parte: Los huérfanos, las viudas, los abandonados, los encarcelados... para todos es como un verdadero padre. El tiempo que le queda libre lo dedica a la predicación y a enardecer en el amor a Jesús y a María a cuantos le siguen y escuchan. Obraba muchos prodigios el Señor por su medio. Corre la voz de que cura enfermos, multiplica los alimentos, evita catástrofes... Todos acuden a él en busca de ayuda y protección. Él los encamina hacia el Sagrario y al altar de la Virgen María... Lleno de méritos parte para la eternidad, a la edad de 56 años, el 1537.
domingo, 19 de julio de 2026
Lecturas del 19/07/2026
Fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo, a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente.
Porque tú fuerza es el principio de la justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos.
Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los que lo conocen.
Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres.
Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.
Hermanos:
El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.
Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.
Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Palabra del Señor.
19 de Julio 2026 – San Arsenio el Grande
Nacido sin duda en Roma hacia el 354; muerto en Tróade, cerca de Menfis (Egipto) hacia el 412.
Ciertas máximas de este célebre anacoreta se han convertido en proverbiales. Ésta es una de ellas: «Me he arrepentido a menudo de haber hablado, raramente de haberme callado». Es dudoso que fuera, corno se creía, diácono en Roma y después preceptor de los hijos de Teodosio I en Constantinopla. Es más seguro que viviese muchos años en el desierto de Escitia. Con la llegada de los vándalos se vio obligado a refugiarse en Canope y en Tróade.
Inteligente y experimentado, Arsenio creía en el pecado original, las tentaciones del demonio o el peligro que representan a veces las mujeres para los servidores de Dios. Una matrona romana hizo un viaje para verle, y le descubrió gracias a Teófilo, patriarca de Alejandría. «Volveos a casa y dejadme tranquilo», le gritó desde el fondo de su gruta. «Prometedme al menos acordaros de mí delante de Dios». «Yo prometo al contrario olvidaros». La dama regresó desesperada, hasta que Teófilo le explicó que era de su cuerpo y de su rostro, no de su alma, de lo que no quería acordarse Arsenio. Como ella no era joven ni bonita, sus palabras le dieron tal placer que se embarcó contenta, después de haber dejado una importante limosna al patriarca.
Aunque aparentaba ser brusco, Arsenio era el más tierno de los hombres. Cuando rezaba o fabricaba cestos, lloraba al recordar estas palabras del Salvador: « ¿Hay amor más grande que el del que da la vida por los que ama ?» (Jn 15, 13). Cuéntese que se enjuagaba tanto los ojos que no tenía pestañas en los párpados cuando murió.
MARTIROLOGIO ROMANO. Cerca del monte Scete, en Egipto, san Arsenio, que, según la tradición, fue diácono de la Iglesia de Roma, y en tiempo del emperador Teodosio se retiró a la vida de soledad, donde, lleno de todas las virtudes, rindió su espíritu a Dios. (c.450)
Ciertas máximas de este célebre anacoreta se han convertido en proverbiales. Ésta es una de ellas: «Me he arrepentido a menudo de haber hablado, raramente de haberme callado». Es dudoso que fuera, corno se creía, diácono en Roma y después preceptor de los hijos de Teodosio I en Constantinopla. Es más seguro que viviese muchos años en el desierto de Escitia. Con la llegada de los vándalos se vio obligado a refugiarse en Canope y en Tróade.
Inteligente y experimentado, Arsenio creía en el pecado original, las tentaciones del demonio o el peligro que representan a veces las mujeres para los servidores de Dios. Una matrona romana hizo un viaje para verle, y le descubrió gracias a Teófilo, patriarca de Alejandría. «Volveos a casa y dejadme tranquilo», le gritó desde el fondo de su gruta. «Prometedme al menos acordaros de mí delante de Dios». «Yo prometo al contrario olvidaros». La dama regresó desesperada, hasta que Teófilo le explicó que era de su cuerpo y de su rostro, no de su alma, de lo que no quería acordarse Arsenio. Como ella no era joven ni bonita, sus palabras le dieron tal placer que se embarcó contenta, después de haber dejado una importante limosna al patriarca.
Aunque aparentaba ser brusco, Arsenio era el más tierno de los hombres. Cuando rezaba o fabricaba cestos, lloraba al recordar estas palabras del Salvador: « ¿Hay amor más grande que el del que da la vida por los que ama ?» (Jn 15, 13). Cuéntese que se enjuagaba tanto los ojos que no tenía pestañas en los párpados cuando murió.
MARTIROLOGIO ROMANO. Cerca del monte Scete, en Egipto, san Arsenio, que, según la tradición, fue diácono de la Iglesia de Roma, y en tiempo del emperador Teodosio se retiró a la vida de soledad, donde, lleno de todas las virtudes, rindió su espíritu a Dios. (c.450)
sábado, 18 de julio de 2026
Lecturas del 18/07/2026
¡Ay de los que traman el crimen y planean pérfidas acciones en sus camas.
En cuento apunta el día las ejecutan, porque tienen el poder!
Desean campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al cabeza de familia y a los suyos, explotan al ciudadano y sus bienes.
Por tanto. Esto dice el Señor: «Yo también tramo contra estas gentes un mal del que no podréis apartar el cuello y no andaréis con la cabeza alta, pues serán malos tiempos aquellos.
Aquel día os dedicarán una sátira, se cantará una elegía que diga: "Estamos totalmente perdidos, pues se reparte el lote de mi pueblo; ¿cómo se volverá hacia mí para restituir nuestros campos que ahora está repartiendo?”.
Por ellos, no tendrás quien te eche a suertes un lote en la asamblea del Señor».
En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús.
Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron.
Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.
Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».
Palabra del Señor.
18 de Julio 2026 – San Camilo de Lelis
San Camilo nació en Bucchianico, en la costa del Adriático, donde su padre acampaba como militar. Fue el día de Pentecostés, del Año Santo 1550. Era hijo único, y ya tardío, que vino a llenar de alegría el hogar.
Camilo tenía un carácter duro y resuelto, muy batallador, como su padre. Pronto murieron sus padres. Camilo quedó solo y enfermo, pues tenía una llaga que no le acababan de diagnosticar, una llaga que le acompañará toda la vida y que le hará sufrir sin descanso.
Acude a Roma al hospital de Santiago. La llaga se cura y reaparece. Un mal vicio se apodera de él: el juego. Alguna vez se jugó hasta la camisa. Se ofrece como soldado. Participa en Túnez y en otras batallas. Arriesga la vida y las ganancias las pierde en el juego. A veces tiene que pedir limosna. Después trabaja en un convento capuchino como albañil.
Un día, mientras caminaba de un convento a otro, una luz le iluminó. Sintió la llamada de Dios y cayó en el suelo llorando. Pidió el hábito capuchino. Tres veces empieza el noviciado y otras tantas se le abre la llaga y marcha a Roma. Allí, la tercera vez, descubre su vocación.
Desde octubre de 1589 se entrega a los enfermos para toda la vida. Intenta fundar una cofradía para los enfermos. Le ponen trabas. Ni siquiera San Felipe Neri, que le apreciaba mucho, le entendió. Aprovecha ratos libres y estudia teología en el Colegio Romano. En 1584 es ordenado sacerdote.
Sale del hospital y con un pequeño grupo se establece junto a la iglesia de la Magdalena. Sixto V les aprueba como sociedad sin votos para dedicarse a los enfermos. "Los Camilos", encima de la sotana, llevaban una roja cruz.
La situación en los hospitales era calamitosa en higiene y atenciones. No era una excepción el hospital del Espíritu Santo, donde Camilo y los suyos derrochaban entrega y dedicación total a enfermos y moribundos. Camilo se reservaba siempre lo más difícil. Cuando había pestes, que era frecuente, llegaban al heroísmo. Muchos morían atendiendo a los apestados.
Camilo tuvo muchos conflictos, externos e internos, en su tarea. Hasta dejó el generalato de su Orden. Pero mantuvo siempre el carisma. Servir a Cristo en los enfermos. Por este servicio se nos juzgará.
La vida de Camilo "ponía espanto". Con su herida, con una hernia, con dos forúnculos, con un débil estómago, pasaba horas largas con los enfermos, cuidándoles como una madre, ayudándoles a bien morir, olvidándose de sí mismo, sin apenas comer ni dormir. Así vivía su sacerdocio.
Recogía a los apestados y andrajosos por las calles de Roma. Se dolía de ver así aquellos sagrados miembros de Cristo. Les trataba como si fueran príncipes. Les cubría con su manto. A veces quince sastres trabajaban para sus pobres. No cosían ropas, según él, sino ornamentos sagrados.
Un día caminaba con un novicio. El sol ardía. - Hermano, le dijo, camina detrás de mí. Yo soy muy alto. Así te haré sombra y te librarás del sol. Y caminaba ajustándose a la esfera del sol para que los rayos no atacaran al novicio. Camilo era feliz porque podía regalar incluso su sombra.
Consideraba el servicio a los enfermos como una acción litúrgica. Cogía en sus brazos al enfermo como si manejara el cuerpo de Cristo. Acariciaba el rostro del enfermo, como si fuera el sagrado rostro del Señor.
Totalmente agotado, cayó enfermo de gravedad. El 16 de julio de 1614 volaba al cielo "su patria", como él decía. Benedicto XIV lo canonizó el 1746. Junto con San Juan de Dios, es patrono de los enfermos y enfermeros.
Camilo tenía un carácter duro y resuelto, muy batallador, como su padre. Pronto murieron sus padres. Camilo quedó solo y enfermo, pues tenía una llaga que no le acababan de diagnosticar, una llaga que le acompañará toda la vida y que le hará sufrir sin descanso.
Acude a Roma al hospital de Santiago. La llaga se cura y reaparece. Un mal vicio se apodera de él: el juego. Alguna vez se jugó hasta la camisa. Se ofrece como soldado. Participa en Túnez y en otras batallas. Arriesga la vida y las ganancias las pierde en el juego. A veces tiene que pedir limosna. Después trabaja en un convento capuchino como albañil.
Un día, mientras caminaba de un convento a otro, una luz le iluminó. Sintió la llamada de Dios y cayó en el suelo llorando. Pidió el hábito capuchino. Tres veces empieza el noviciado y otras tantas se le abre la llaga y marcha a Roma. Allí, la tercera vez, descubre su vocación.
Desde octubre de 1589 se entrega a los enfermos para toda la vida. Intenta fundar una cofradía para los enfermos. Le ponen trabas. Ni siquiera San Felipe Neri, que le apreciaba mucho, le entendió. Aprovecha ratos libres y estudia teología en el Colegio Romano. En 1584 es ordenado sacerdote.
Sale del hospital y con un pequeño grupo se establece junto a la iglesia de la Magdalena. Sixto V les aprueba como sociedad sin votos para dedicarse a los enfermos. "Los Camilos", encima de la sotana, llevaban una roja cruz.
La situación en los hospitales era calamitosa en higiene y atenciones. No era una excepción el hospital del Espíritu Santo, donde Camilo y los suyos derrochaban entrega y dedicación total a enfermos y moribundos. Camilo se reservaba siempre lo más difícil. Cuando había pestes, que era frecuente, llegaban al heroísmo. Muchos morían atendiendo a los apestados.
Camilo tuvo muchos conflictos, externos e internos, en su tarea. Hasta dejó el generalato de su Orden. Pero mantuvo siempre el carisma. Servir a Cristo en los enfermos. Por este servicio se nos juzgará.
La vida de Camilo "ponía espanto". Con su herida, con una hernia, con dos forúnculos, con un débil estómago, pasaba horas largas con los enfermos, cuidándoles como una madre, ayudándoles a bien morir, olvidándose de sí mismo, sin apenas comer ni dormir. Así vivía su sacerdocio.
Recogía a los apestados y andrajosos por las calles de Roma. Se dolía de ver así aquellos sagrados miembros de Cristo. Les trataba como si fueran príncipes. Les cubría con su manto. A veces quince sastres trabajaban para sus pobres. No cosían ropas, según él, sino ornamentos sagrados.
Un día caminaba con un novicio. El sol ardía. - Hermano, le dijo, camina detrás de mí. Yo soy muy alto. Así te haré sombra y te librarás del sol. Y caminaba ajustándose a la esfera del sol para que los rayos no atacaran al novicio. Camilo era feliz porque podía regalar incluso su sombra.
Consideraba el servicio a los enfermos como una acción litúrgica. Cogía en sus brazos al enfermo como si manejara el cuerpo de Cristo. Acariciaba el rostro del enfermo, como si fuera el sagrado rostro del Señor.
Totalmente agotado, cayó enfermo de gravedad. El 16 de julio de 1614 volaba al cielo "su patria", como él decía. Benedicto XIV lo canonizó el 1746. Junto con San Juan de Dios, es patrono de los enfermos y enfermeros.
viernes, 17 de julio de 2026
Lecturas del 17/07/2026
En aquellos días, el rey Ezequías enfermó mortalmente. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle:
«Esto dice el Señor: “Pon orden en tu casa, porque vas a morir y no vivirás ».
Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor: «¡Ah, Señor!, recuerda que he caminado ante ti con sinceridad y corazón íntegro; que he hecho lo que era recto a tus ojos».
Y el rey se deshizo en lágrimas.
Le llegó a Isaías una palabra del Señor en estos términos: «Ve y di a Ezequías: “Esto dice el Señor, el Dios de tu padre David: He escuchado tu plegaria y visto tus lágrimas. Añadiré otros quince años a tu vida y te libraré, a ti y a esta ciudad, de la mano del rey de Asiria y extenderé mi protección sobre esta ciudad”».
Isaías dijo: «Que traigan un emplasto de higos y lo apliquen a la haga para que se cure».
Ezequías dijo: «¿Cuál es la prueba de que podré subir a la casa del Señor?».
Respondió Isaías: «La señal que el Señor te envía de que cumplirá lo prometido será esta: Haré retroceder diez gradas la sombra en la escalera de Ajaz, que se había alargado por efecto del sol».
Y el sol retrocedió las diez gradas que había avanzado sobre la escalera.
En aquel tiempo, atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas.
Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado».
Les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa?
Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo.
Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».
Palabra del Señor.
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