domingo, 10 de mayo de 2026
Lecturas del 10/05/2026
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y le predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
Queridos hermanos:
Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.
Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.
Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por lo pecados, el justo por los injustos, para conducirnos a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Palabra del Señor.
10 de Mayo 2026 – San Juan de Ávila
Fue conocido como “El Maestro”. Nació en Almodóvar del Campo, Ciudad Real, en el seno de una familia de ricos propietarios y judíos conversos. Cursó los estudios universitarios de Filosofía y Derecho en Salamanca hasta que en 1517 regresó a Almodóvar donde llevó una vida retirada movido por un toque de la Providencia que sufrió en Salamanca. Parece que llegó a ingresar en una Orden mendicante, pero no llegó a profesar y se salió. A los 20 años marchó a Alcalá donde escuchó a Domingo de Soto que le animó a estudiar Teología y llegó a ser bachiller. Los libros de Erasmo le influyeron mucho y no llegó a terminar sus estudios. A los 25 años fue ordenado sacerdote (1526) y dijo su primera misa en su pueblo natal junto al sepulcro de sus padres. Su herencia paterna la repartió entre los pobres porque quería ser un sacerdote pobre y se entregó a una vida de continua oración y penitencia. Decidido a ser misionero en América, pero la obediencia al obispo de Sevilla, Alonso Manrique le obligó a permanecer en Andalucía (entre otras cosas no pudo emigrar porque era de familia de cristianos nuevos). En Sevilla termino sus estudios de Teología. Predicó en Écija, Alcalá de Guadaira, Lebrija, Jerez….
Fue un predicador austero, fogoso, que arrebataba con fuerza la conversión de sus oyentes. En 1532 el Santo Oficio se alarmó ante la vehemencia de su celo, y considerando que tal vez perturbaba el orden social e incurría en algún aspecto en la herejía luterana; por ello sufrió cárcel por algunos meses hasta que se descubrió su ortodoxia. Se piensa que en este periodo inquisitorial le obligaron a no firmar la traducción del Kempis, que por algún tiempo se atribuyó a fray Luis de Granada. La Inquisición le dijo que procurase que sus expresiones no se presentasen a malas interpretaciones. Se incardinó en la diócesis de Córdoba, donde inició una profunda amistad con fray Luis de Granada. Recorrió los púlpitos de Écija, Priego, Montilla, Granada, Baeza, Zafra... Renunció a canonjías, al obispado de Segovia, al arzobispado de Granada, a ser confesor de Felipe II y al capelo cardenalicio. Su modelo fue san Pablo. "He oído a san Pablo, explicando a san Pablo", exclamó un teólogo dominico después de oírlo. En Granada, predicando en 1539 convirtió a san Juan de Dios, del que sería su director espiritual y ayudaría en su proyecto hospitalario. Tuvo también otra dirigida que murió en olor de santidad, y fue la joven Sancha Carrillo. Comenzó a tener en su entorno sacerdotes que seguían su mismo género de vida y componían un grupo estable que cultivaba la espiritualidad sacerdotal y se dedicaba al apostolado de la predicación y el confesionario. Sus discípulos quisieron formar una sociedad estructurada, pero Juan pensaba que ya existía la Compañía de Jesús; muchos de ellos ingresaron en los jesuitas, entre ellos san Francisco de Borja, al que conoció en Granada cuando acompañaba el catafalco de la emperatriz Isabel. San Ignacio de Loyola mantuvo correspondencia con él, e intentó por todos los medios que ingresara en la Compañía, pero él, después de pensárselo mucho, decidió ser sacerdote secular, y apóstol de Andalucía.
Trabajó mucho con su escuela sacerdotal, por la reforma del clero. Fundó 15 colegios, entre ellos el colegio que luego será el seminario conciliar de San Carlos en Granada, y la universidad de Baeza. "Encallecer las rodillas en la oración más que gastar los ojos en el estudio" recomendó. Edificó a todos con la celebración Eucarística. "Trátelo bien, que es Hijo del buen Padre", se acercó a decir un día a un sacerdote presuroso. Profesó una gran devoción a María: "más quisiera estar sin pellejo que sin devoción a María". Fue muy austero. "Con ese ruido espantaré las ovejas" dijo a un sacerdote por el fru-fru de la seda de su sotana. Escribió tratados de teología: "Sermones", "Audi, filia", "Epistolario", "Tratados del amor de Dios y del sacerdocio", "Pláticas Espirituales", "Tratados de reforma" para el concilio de Trento y el "Catecismo", en el que se basaron los textos de los padres Astete y Ripalda. En Montilla pasó los últimos años, enfermo, casi ciego, entregado a la oración, a la penitencia, al confesionario; tenía nefritis, fiebres y dolores agudos. En este período estuvo relacionado con todos los personajes de su época: san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Pedro de Alcántara, san Juan de Ribera, san Francisco de Borja, san Luis Bertrán, Luis de Granada. Está enterrado en la iglesia de los jesuitas. Fue canonizado por el beato Pablo VI el 1 de junio de 1970 y proclamado Doctor de la Iglesia por SS Benedicto XVI el 7 de octubre de 2012. Es patrón del clero secular de España.
Fue un predicador austero, fogoso, que arrebataba con fuerza la conversión de sus oyentes. En 1532 el Santo Oficio se alarmó ante la vehemencia de su celo, y considerando que tal vez perturbaba el orden social e incurría en algún aspecto en la herejía luterana; por ello sufrió cárcel por algunos meses hasta que se descubrió su ortodoxia. Se piensa que en este periodo inquisitorial le obligaron a no firmar la traducción del Kempis, que por algún tiempo se atribuyó a fray Luis de Granada. La Inquisición le dijo que procurase que sus expresiones no se presentasen a malas interpretaciones. Se incardinó en la diócesis de Córdoba, donde inició una profunda amistad con fray Luis de Granada. Recorrió los púlpitos de Écija, Priego, Montilla, Granada, Baeza, Zafra... Renunció a canonjías, al obispado de Segovia, al arzobispado de Granada, a ser confesor de Felipe II y al capelo cardenalicio. Su modelo fue san Pablo. "He oído a san Pablo, explicando a san Pablo", exclamó un teólogo dominico después de oírlo. En Granada, predicando en 1539 convirtió a san Juan de Dios, del que sería su director espiritual y ayudaría en su proyecto hospitalario. Tuvo también otra dirigida que murió en olor de santidad, y fue la joven Sancha Carrillo. Comenzó a tener en su entorno sacerdotes que seguían su mismo género de vida y componían un grupo estable que cultivaba la espiritualidad sacerdotal y se dedicaba al apostolado de la predicación y el confesionario. Sus discípulos quisieron formar una sociedad estructurada, pero Juan pensaba que ya existía la Compañía de Jesús; muchos de ellos ingresaron en los jesuitas, entre ellos san Francisco de Borja, al que conoció en Granada cuando acompañaba el catafalco de la emperatriz Isabel. San Ignacio de Loyola mantuvo correspondencia con él, e intentó por todos los medios que ingresara en la Compañía, pero él, después de pensárselo mucho, decidió ser sacerdote secular, y apóstol de Andalucía.
Trabajó mucho con su escuela sacerdotal, por la reforma del clero. Fundó 15 colegios, entre ellos el colegio que luego será el seminario conciliar de San Carlos en Granada, y la universidad de Baeza. "Encallecer las rodillas en la oración más que gastar los ojos en el estudio" recomendó. Edificó a todos con la celebración Eucarística. "Trátelo bien, que es Hijo del buen Padre", se acercó a decir un día a un sacerdote presuroso. Profesó una gran devoción a María: "más quisiera estar sin pellejo que sin devoción a María". Fue muy austero. "Con ese ruido espantaré las ovejas" dijo a un sacerdote por el fru-fru de la seda de su sotana. Escribió tratados de teología: "Sermones", "Audi, filia", "Epistolario", "Tratados del amor de Dios y del sacerdocio", "Pláticas Espirituales", "Tratados de reforma" para el concilio de Trento y el "Catecismo", en el que se basaron los textos de los padres Astete y Ripalda. En Montilla pasó los últimos años, enfermo, casi ciego, entregado a la oración, a la penitencia, al confesionario; tenía nefritis, fiebres y dolores agudos. En este período estuvo relacionado con todos los personajes de su época: san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Pedro de Alcántara, san Juan de Ribera, san Francisco de Borja, san Luis Bertrán, Luis de Granada. Está enterrado en la iglesia de los jesuitas. Fue canonizado por el beato Pablo VI el 1 de junio de 1970 y proclamado Doctor de la Iglesia por SS Benedicto XVI el 7 de octubre de 2012. Es patrón del clero secular de España.
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