martes, 9 de junio de 2026

Reflexión del 09/06/2026

Lecturas del 09/06/2026

En aquellos días, se secó el torrente donde estaba escondido Elías, pues no hubo lluvia sobre el país.
La palabra del Señor llegó entonces a Elías diciendo: «Levántate, vete a Sarepta de Sidón y establécete, pues he ordenado a una mujer viuda de allí que te suministre alimento».
Se alzó y fue a Sarepta. Traspasaba la puerta de la ciudad en el momento en el que una mujer viuda recogía por allí leña. Elías la llamó y le dijo: «Tráeme un poco de agua en el jarro, por favor, y beberé».
Cuando ella fue a traérsela, él volvió a gritarle: «Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan».
Ella respondió: «Vive el Señor, tu Dios, que no me queda pan cocido; solo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en Ja alcuza. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos».
Pero Elías le dijo: «No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo la harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará la alcuza de aceite no se agotará hasta el día en que el Señor conceda lluvias sobre la tierra”».
Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia.
Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.

09 de Junio 2026 – Beata Ana María Taigi

Nació en 1729 en Siena (Italia). Su padre quedó en la más absoluta pobreza y se fue a vivir a Roma. La pusieron unos meses en la escuela, pero luego llegó una epidemia de viruela y cerraron la escuela. Ella medio aprendió a leer, pero no aprendió a escribir. Apenas medio garrapateaba su firma y nada más. Su familia vivía en una mísera casucha en un barrio pobre de Roma. El papá consiguió trabajo como obrero.

Su padre desahogaba el mal genio que le producía su extrema pobreza, insultándola sin compasión. La mamá también la humillaba frecuentemente, y a la pobre muchacha no le quedaba otro remedio que callar y ofrecer todo por amor a Dios.

Aprendió a hacer costuras, y trabajando en el almacén de dos señoras fabricaba ropa de señora, y así ayudaba a conseguir la alimentación para su familia. Y aunque sus padres, que en vez de conformarse con sus suerte, eran cada día más irascibles y la trataban con extrema dureza, ella tenía siempre la sonrisa en los labios, tratando de alegrar un poco la amargada vida de su hogar. Su mayor consuelo y alegría los encontraba en la oración.

Un día en la casa donde trabajaba su padre, le avisaron que quedaba vacante un puesto de sirvienta, y él llevó para allí a Ana María. Poco después la mamá fue admitida allí también como sirvienta, y así la familia tuvo ya una habitación fija y la alimentación segura. Ana María era una excelente trabajadora y todos en la casa quedaron muy contentos del modo tan exacto como cumplía sus labores.

Cuando Ana tenía 20 años y era una joven muy hermosa, empezó a encontrarse cada semana con un obrero de 28 años llamado Domingo Taigi que venía a traer mercado a la familia donde ella trabajaba. Se enamoraron y se casaron. Él era tosco, malgeniado, y duro de carácter, pero buen trabajador, y ella lo irá transformando poco a poco en un buen cristiano. En su matrimonio tuvieron siete hijos.

Un día en que Domingo y Ana María fueron a visitar la Basílica de San Pedro, un santo sacerdote, el padre Ángel, sintió que cuando ella pasaba por frente a él, una voz en la conciencia le decía: "Fíjese en esa mujer. Dios se la va a confiar para que la dirija espiritualmente. Trabaje por su conversión, que está destinada a hacer mucho bien". El padre grabó bien la imagen de Ana, pero ella se alejó sin saber aquello que había sucedido.

Y he aquí que nuestra santa empezó a sentir un deseo inmenso de encontrar algún buen sacerdote que la dirigiera espiritualmente, para poder llegar a la santidad. Estuvo en varios templos pero ningún sacerdote quería comprometerse a darle dirección espiritual. Además era una simple sirvienta analfabeta y llena de hijos. Pocas esperanzas podían dar una mujer de tal clase.

Pero un día al llegar a un templo vio a un padre confesando y se fue a su confesionario. Era el padre Ángel, el cual al verla llegar le dijo:

"Por fin ha venido, buena mujer. La estaba aguardando. Dios la quiere guiar hacia la santidad. No desatienda esta llamada de Dios". Y le contó las palabras que había escuchado el día que la vio por primera vez en la Basílica de San Pedro.

Desde entonces empieza para Ana María una nueva vida espiritual. Bajo la dirección espiritual del padre Ángel comienza a llevar una vida de oración y penitencia, pero por consejo de su director espiritual deja de hacer ciertas penitencias que le hacían daño para la salud y se dedica a cumplir aquel viejo lema: "La mejor penitencia es la paciencia". En pleno verano bajo el calor más ardiente, hace el sacrificio de no tomar bebidas refrescantes. Demuestra gran paciencia cuando su marido estalla en arranques de mal genio. Madruga para tener todo listo para sus hijitos que van a estudiar, y se dedica con todo el esmero posible a educarlos lo mejor posible. Sufre con admirable paciencia las burlas de muchas personas que la tildan de "beata" y "besaladrillos", etc.

Y sucede entonces algo muy especial. Ana María empieza a ver el futuro en medio de un globo de fuego que se le aparece. Y a su casa llegan a consultarle personas de todas las clases sociales. Cardenales, sacerdotes, obreros y gente de las más diversas profesiones. A unos anuncia lo que les va a suceder y a otros lo que ya les sucedió. Y a todos da admirables consejos, ella que ni siquiera sabe firmar.

Domingo Taigi dejó escrito: "Cuando llegaba a mi casa la encontraba llena de gente desconocida que venía a consultar a mi mujer. Pero ella tan pronto me veía, dejaba a cualquiera, aunque fuera un monseñor o una gran señora y se iba a atenderme, y a servirme la comida, y a ayudarme con ese inmenso cariño de esposa que siempre tuvo para conmigo. Para mí y para mis hijos, Ana María era la felicidad de la familia. Ella mantenía la paz en el hogar, a pesar de que éramos bastantes y de muy diversos temperamentos. La nuera era muy mandona y autoritaria y la hacía sufrir bastante, pero jamás Ana María demostraba ira o mal genio. Hacía las observaciones y correcciones que tenía que hacer, pero con la más exquisita amabilidad. A veces yo llegaba a casa cansado y de mal humor y estallaba en arrebatos de ira, pero ella sabía tratarme de tal manera bien que yo tenía que calmarme al muy poco rato. Cada mañana nos reunía a todos en casa para una pequeña oración, y cada noche nos volvía reunir para la lectura de un libro espiritual. A los niños los llevaba siempre a la Santa Misa los domingos y se esmeraba mucho en que recibieran la mejor educación posible".

Para llevarla a la santidad, Dios le permitió muy fuertes sufrimientos, que ella ofrecía siempre por la conversión de los pecadores. Por meses y años tuvo que sufrir una gran sequedad espiritual y angustias interiores. Antes de morir padeció siete meses de dolorosa agonía. Y a pesar de todo, su eterna sonrisa no desaparecía de sus labios. Sufrió la pena de ver morir a 4 de sus siete hijos. Además tuvo que sufrir por las calumnias y murmuraciones de la gente.

De varias personas anunció la fecha en que iban a morir y se cumplió exactamente. Anunció también graves peligros y males que iban a llegar a la Santa Iglesia Católica y en verdad que llegaron. Pidió a Dios y obtuvo de El que mientras que ella viviera no llegara la peste del tifo negro a Roma. Y así sucedió. A los ocho días de su muerte llegó a Roma la terrible peste.

Murió el 9 de junio de 1867 a la edad de 68 años.

lunes, 8 de junio de 2026

Reflexión del 08/06/2026

Lecturas del 08/06/2026

En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «Vive el Señor, Dios de Israel, ante quien sirvo, que no habrá en estos años rocío ni lluvia si no es por la palabra de mi boca».
La palabra del Señor llegó a Elías diciendo: «Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit, frente al Jordán. Habrás de beber sus aguas y he ordenado a los cuervos que allí te suministren alimento».
Fue a establecerse en el torrente de Querit, frente al Jordán, procediendo según la palabra del Señor.
Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y lo mismo al atardecer; y bebía del torrente.
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

Palabra del Señor.

08 de Junio 2026 – San Medardo, Obispo

San Medardo es un gran santo milagrero. Es uno de los primeros santos que produjo la Francia recién convertida por San Remigio, quien hizo bautizar al rey Clodoveo en Reims mientras le decía: "Inclina la frente, fiero sicambro, y de ahora en adelante quema lo que has adorado y adora lo que has quemado".

Cuando muere Clodeveo el 511, estaba mediando en su plena madurez. Había nacido en Salency en la segunda mitad del siglo V. Sus padres Néstor y Protagia, también ellos cristianos, educaron lo mejor que pudieron a su hijo. Este estaba llamado por la Divina Providencia para algo muy grande. Eran muchos los prodigios que desde muy pequeñín se realizaban sobre él para poder presagiar de este modo.

E1 famoso pintor galo, Gallot, ha inmortalizado la escena. Era todavía muy niño Medardo cuando un día paseaba por el campo y se levantó una terrible tormenta. Granizaba con fuerza y llovía torrencialmente. El niño ni se mojó ni recibió golpe alguno del granizo. Un águila muy grande extendió sus alas sobre la cabeza del niño Medardo y le hacía de maravilloso paraguas.

La vida de Medardo de ahora en adelante irá toda ella rodeada de toda clase de prodigios y de gracias sobrenaturales hasta el punto de llegar a ser uno de los Santos que han gozado y gozan de más fama de "milagreros".

Sus padres lo encomendaron a los monjes para que le dieran una digna educación. En las letras y en las artes progresó maravillosamente siendo la admiración de sus mismos maestros hasta tal punto que ya no sabían qué enseñarle porque sabía más que ellos.

Pero más aún que en las ciencias se le veía progresar en la santidad. Se le veía absorto en la oración. Pasaba largas horas en la Iglesia y entregado a obras de caridad. Más de una vez su padre hubo de reñirle porque había entregado a los pobres hasta su misma cabalgadura. Su padre intentó encaminarlo por la carrera militar, pero pronto se dio cuenta que la suya era la de clérigo. Estudió teología y en poco tiempo los superiores le vieron preparado para ser ordenado sacerdote.

Queremos redactar el hecho, quizás único en la historia de los Santos, que Medardo tuvo otro hermano que se llamó Gildardo y que fue idéntico a Medardo que parece eran como una sola persona. La divina Providencia los unió desde la cuna al sepulcro: Nacieron el mismo día; se ordenaron sacerdotes el mismo día: fueron ungidos obispos el mismo día; y el mismo día y a la misma hora, volaron al cielo a recibir el premio de sus muchas virtudes. Los dos son Santos, pero San Gildardo, no es tan conocido y por ello hoy se celebra sólo San Medardo. Quizá porque éste es al que más "milagros" le atribuye el pueblo.

La vida de Medardo está cuajada de sabrosas anécdotas que demuestran su gran caridad y cómo sabía siempre sacar bien del mal. A los ladroncillos que abundaban por aquellos parajes solía cogerlos in fraganti y en vez de llevarlos a la cárcel les hacía reconocer sus pecados y que se corrigieran de ellos.

Instituyó la famosa "Fiesta de la Rosa" que consistía en coronar de flores a la joven que a lo largo del año se había distinguido por su bondad y caridad... y le daban ricos regalos. ¡Este sí que era un buen concurso de belleza! El año 530 es elegido Obispo. Se entregó de lleno como padre al cuidado de su clero y los fieles. Por ellos estaba dispuesto a morir. Lleno de trabajos y milagros volaba al cielo el 545, el 8 de junio

domingo, 7 de junio de 2026

07 de Junio 2026 – CORPUS CHRISTI

« Así Dios quiso el mundo, de darnos a su Hijo Unigénito ».

Estas admirables palabras las vemos brillar sobre la choza del infante de Belén donde Cristo nació sobre de un jergón de hojas.

Las vemos imprimidas sobre la pobre casita de Nazaret donde Jesús trabajó por nuestro amor. Las vemos allá en el pretorio de Caifa, de Herodes, de Pilatos, donde el inocente Jesús sufrió por nuestro amor.

Sin duda si Nuestro Señor nos hubiera querido solamente hasta la cruz, hasta dar la vida para nosotros, ya habría sido una prueba de inmenso amor, pero el Dios quiso hacer más. El Corazón de Jesús es Corazón divino, y Dios es eterno y también su amor no puede morir: " Yo estaré con vosotros hasta a la consumición de los siglos."

¿Pero de qué manera, o Jesús, quedará con nosotros? ¿Si tú mismo has predicho tu muerte, tu salida de esta tierra?

En la noche misma en la que uno de sus amigos más íntimos, un apóstol suyo, Judas, lo traicionó, en la noche en que sus enemigos azuzaron la plebe, reunieron falsos acusadores, armaron soldados por su captura, mientras que los Judíos gritaron: " No tiene que reinar sobre de nosotros, es digno de muerte... tenemos que sacarlo del mundo... ", Jesús, allá, en el Cenáculo, circundado por sus Apóstoles da una prueba solemne de todo su amor para los hombres.

“No os dejaré huérfanos, exclama, pero siempre estaré con vosotros." Una vez más aquel Corazón adorable, lleno de amor, se conmueve, piensa en las almas que necesitarán nutrimento espiritual; qué necesitarán de Él y de su fuerza y entonces decide darse como nutro. Hacia la mitad de la cena, tomó el pan, levantó los ojos al cielo, lo bendijo, lo partió y lo distribuyó a los Apóstoles diciendo: " Tomáis y coméis; éste es mi Cuerpo." De manera parecida hizo del vino que distribuyó diciendo: "Tomáis y bebéis, ésta es mi Sangre; cada vez que haréis este, háganlo en mi memoria."

Así fue cumplida la institución del Sacramento del amor, el Eucaristía, el Sacramento que hace vivir entre nosotros a Jesús, también después de suya subida al cielo.

Los enemigos mataron a Jesús, suscitaron persecuciones de cada género, buscaron cada medio para sacarlo de medio a los hombres, pero todo fue inútil.

¡Cristianos, cuántas veces allá de aquel tabernáculo Jesús nos invita al banquete divino! acerquémonos a él. Alegrémonos de estar en el número de los fieles convidados que el Dueño ha introducido en su casa. Allá olvidaremos nuestras tristezas y escucharemos

del Corazón de Cristo sus divinos consejos, allá recibiremos la fuerza, el vigor para vencer a nuestros enemigos y caminar más rápidamente por la calle de la virtud.

¡Jesús Eucarístico, sol resplandeciente y ardiente de amor, brilla en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestras familias, en el mundo entero, y nos haces amar Dios ante todo y el próximo como nosotros mismos!

Domingo, 07-06-2026 CORPUS Ciclo A

Reflexión del 07/06/2026

Lecturas del 07/06/2026

Lecturas del 07/06/2026
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si guardas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».
Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.
He aquí el pan de los ángeles, hecho viático nuestro; verdadero pan de los hijos, no lo echemos a los perros.
Figuras lo representaron: Isaac fue sacrificado; el cordero pascual, inmolado; el maná nutrió a nuestros padres.
Buen Pastor, Pan verdadero, ¡oh, Jesús!, ten piedad.
Apaciéntanos y protégenos; haz que veamos los bienes en la tierra de los vivientes.
Tú, que todo lo sabes y puedes, que nos apacientas aquí siendo aún mortales, haznos allí tus comensales, coherederos y compañeros de los santos ciudadanos.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra del Señor.

07 de Junio 2026 – Beata Ana de San Bartolomé

Ana García nació en Almendral de la Cañada (Toledo) en el seno de una familia de pastores muy devotos. Era la sexta de siete hermanos. Cuando contaba 10 años murieron sus padres y quedó a la tutela de sus hermanos mayores. La dedicaron a guardar el rebaño familiar. Cuando cumplió los 21 años, sus hermanos quisieron casarla, pero ella se opuso alegando sus promesas de virginidad perpetua, aunque su insistencia fue tan fuerte que casi la hicieron claudicar, pero nos cuenta en su "Autobiografía" que se le apareció Cristo que le dijo: "Yo soy el que tú quieres y conmigo te has de casar". Tuvo que esperar un año para poder ingresar en el convento de San José de Ávila, pues tuvo toda suerte de enfermedades, hasta que una visita a la ermita de San Bartolomé le devolvió la salud, por ello eligió este nombre en agradecimiento al santo, cuando ingresó en el Carmelo. 

Fue la primera en ingresar en el convento de San José de Ávila, reformado de santa Teresa de Jesús, como hermana lega (1570), pues no sabía ni leer ni escribir; para luego secundarla en la reforma del Carmelo. Ana se entregó de lleno a la vida del noviciado siendo modelo para todas las demás religiosas. Santa Teresa para probarla en la humildad le ordenó que se entregara a los más humildes oficios: portera, cocinera, enfermera y la hizo su misma "secretaria" y ella, que apenas sabía leer ni escribir, lo realizó de modo maravilloso. Aunque estuvo siempre muy enferma, la acompañó por diversas fundaciones: Medina, Valladolid, Alba, Salamanca, donde aprendió a escribir copiando las cartas de santa Teresa… Ana fue quien asistió en la última hora a su fundadora en Alba de Tormes. Extendió la obra teresiana por Andalucía como priora de Granada, a petición suya explicó san Juan de la Cruz su "Cántico espiritual" y publicó fray Luis de León las "Obras" de santa Teresa. Fundó en Madrid. 

Después de miles de peripecias las carmelitas llegaron a París en 1604, la priora era Ana de Jesús, y nuestra beata iba de hermana lega. Comenzaron con tensiones con Pedro de Berulle por problemas de jurisdicción eclesial. Ana de San Bartolomé dejó de ser lega, por orden de la jurisdicción eclesiástica, cosa que desagrado a Ana de Jesús. De hecho la querían monja de coro para que pudiera ser priora de nuevos carmelos. Fue priora de Pontoise, de París, sustituyendo a Ana de Jesús, en todos los lugares donde estuvo fue amada y admirada por todos y sus monjas, por su amabilidad y sencillez; aunque hubo sacerdotes que metieron cizaña entre la comunidad para que no la hicieran caso por ser extranjera. Todo lo soportó con espíritu de caridad y amor. En 1608 fue enviada a la nueva fundación de Tours y después de tres años regresó a París; aquí mantuvo relaciones con grandes personalidades como la reina de Francia, María de Médicis, y con la archiduquesa de los Países Bajos, hija de Felipe II, Isabel Clara Eugenia, que contó con ella para todo hasta para el gobierno de sus estados y la defensa de los mismos. 

En el 611 marchó a Flandes, donde fundó en Amberes, y sus oraciones salvaron a la ciudad dos veces de ser tomada por los insurrectos. Allí editó en latín, flamenco y castellano las obras de la santa abulense. El Espíritu Santo le concedió el don de entender el francés y el flamenco, a pesar de que sólo hablaba castellano. Sus fundaciones continuaron en Lovaina, Mons, Cracovia y Amberes. Falleció en Bruselas después de haber escrito una "Autobiografía", "Instrucciones para las religiosas" y "Poesía de la Cruz". Le había dicho a Cristo: "Señor, cuando me llevéis, que sea sin ruido". Fue beatificada el 6 de mayo de 1917 por SS Benedicto XV.