lunes, 1 de junio de 2026
Lecturas del 01/06/2026
Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo les ha cabido en suerte una fe tan preciosa como a nosotros.
A vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.
Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia, con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición; en vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor.
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cayó un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo azotaron y lo despidieron con las manos vacías. Les envió de nuevo otro criado; a este lo descalabraron e insultaron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o los mataron.
Le quedaba uno, su hijo amado. Y lo envió el último, pensando: “Respetarán a mi hijo”.
Pero los labradores se dijeron: “Este es el heredero. Venga, lo matamos y será nuestra la herencia”.
Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.
¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?».
Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente y, dejándolo allí, se marcharon.
Palabra del Señor.
01 de Junio 2026 – San Justino
San Justino nació alrededor del año 100, en la antigua Siquem, en Samaria (ciudad que en su tiempo se llamaba Naplus). Sus padres eran paganos, de origen griego, y le dieron una excelente educación, instruyéndolo lo mejor posible en filosofía, literatura e historia.
En sus libros, sobre todo "Diálogo con el Judío Tifón" nos cuenta que tuvo un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, luego del cual, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino había dirigido su «Apología».
Justino y sus obras demuestran cómo la Iglesia celebraba el culto desde sus inicios. Las actas que se conservan acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que se conservan de la antigüedad. Justino es llevado ante el alcalde de Roma, y empieza entre los dos un diálogo emocionante:
Alcalde. ¿Cuál es su especialidad? ¿En qué se ha especializado?
Justino. Durante mis primero treinta años me dediqué a estudiar filosofía, historia y literatura. Pero cuando conocí la doctrina de Jesucristo me dediqué por completo a tratar de convencer a otros de que el cristianismo es la mejor religión.
Alcalde. Loco debe de estar para seguir semejante religión, siendo Ud. tan sabio.
Justino. Ignorante fui cuando no conocía esta santa religión. Pero el cristianismo me ha proporcionado la verdad que no había encontrado en ninguna otra religión.
Alcalde. ¿Y qué es lo que enseña esa religión?
Justino. La religión cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se ha hecho hombre por salvarnos a todos. Nuestra religión enseña que Dios está en todas partes observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta.
Alcalde. ¿Y Usted persiste en declarar públicamente que es cristiano?
Justino. Sí declaro públicamente que soy un seguidor de Jesucristo y quiero serlo hasta la muerte.
El alcalde pregunta luego a los amigos de Justino si ellos también se declaran cristianos y todos proclaman que sí, que prefieren morir antes que dejar de ser amigos de Cristo.
Alcalde. Y si yo lo mando torturar y ordeno que le corten la cabeza, Ud. que es tan elocuente y tan instruido ¿cree que se irá al cielo?
Justino. No solamente lo creo, sino que estoy totalmente seguro de que si muero por Cristo y cumplo sus mandamientos tendré la Vida Eterna y gozaré para siempre en el cielo.
Alcalde. Por última vez le mando: acérquese y ofrezca incienso a los dioses. Y si no lo hace lo mandaré a torturar atrozmente y haré que le corten la cabeza.
Justino. Ningún cristiano que sea prudente va a cometer el tremendo error de dejar su santa religión por quemar incienso a falsos dioses. Nada más honroso para mí y para mis compañeros, y nada que más deseemos, que ofrecer nuestra vida en sacrificio por proclamar el amor que sentimos por Nuestro Señor Jesucristo.
Los otros cristianos gritaron que ellos estaban totalmente de acuerdo con lo que Justino acababa de decir.
Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les cortaron la cabeza.
En sus libros, sobre todo "Diálogo con el Judío Tifón" nos cuenta que tuvo un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, luego del cual, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino había dirigido su «Apología».
Justino y sus obras demuestran cómo la Iglesia celebraba el culto desde sus inicios. Las actas que se conservan acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que se conservan de la antigüedad. Justino es llevado ante el alcalde de Roma, y empieza entre los dos un diálogo emocionante:
Alcalde. ¿Cuál es su especialidad? ¿En qué se ha especializado?
Justino. Durante mis primero treinta años me dediqué a estudiar filosofía, historia y literatura. Pero cuando conocí la doctrina de Jesucristo me dediqué por completo a tratar de convencer a otros de que el cristianismo es la mejor religión.
Alcalde. Loco debe de estar para seguir semejante religión, siendo Ud. tan sabio.
Justino. Ignorante fui cuando no conocía esta santa religión. Pero el cristianismo me ha proporcionado la verdad que no había encontrado en ninguna otra religión.
Alcalde. ¿Y qué es lo que enseña esa religión?
Justino. La religión cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se ha hecho hombre por salvarnos a todos. Nuestra religión enseña que Dios está en todas partes observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta.
Alcalde. ¿Y Usted persiste en declarar públicamente que es cristiano?
Justino. Sí declaro públicamente que soy un seguidor de Jesucristo y quiero serlo hasta la muerte.
El alcalde pregunta luego a los amigos de Justino si ellos también se declaran cristianos y todos proclaman que sí, que prefieren morir antes que dejar de ser amigos de Cristo.
Alcalde. Y si yo lo mando torturar y ordeno que le corten la cabeza, Ud. que es tan elocuente y tan instruido ¿cree que se irá al cielo?
Justino. No solamente lo creo, sino que estoy totalmente seguro de que si muero por Cristo y cumplo sus mandamientos tendré la Vida Eterna y gozaré para siempre en el cielo.
Alcalde. Por última vez le mando: acérquese y ofrezca incienso a los dioses. Y si no lo hace lo mandaré a torturar atrozmente y haré que le corten la cabeza.
Justino. Ningún cristiano que sea prudente va a cometer el tremendo error de dejar su santa religión por quemar incienso a falsos dioses. Nada más honroso para mí y para mis compañeros, y nada que más deseemos, que ofrecer nuestra vida en sacrificio por proclamar el amor que sentimos por Nuestro Señor Jesucristo.
Los otros cristianos gritaron que ellos estaban totalmente de acuerdo con lo que Justino acababa de decir.
Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les cortaron la cabeza.
domingo, 31 de mayo de 2026
31 de Mayo 2026 – Santísima Trinidad
La Iglesia, después de haber establecido muchas fiestas que honran a las individuales Personas del SS. Trinidad, fijó incluso una fiesta en honor de las Tres Personas.
Esta fiesta fue instituida especialmente en los primeros siglos de la Mediana Edad por obra de los monjes que empezaron a celebrarla en sus monasterios. De aquí se extendió a las individuales diócesis y por fin a la entera Iglesia romana por obra de Papa Giovanni XXII que en el 1314 la declaró fiesta universal, fijando después en ella el primer domingo Pentecostés
"Hemos visto, dice el Guéranger dice, los Apóstoles el día del Pentecostés recibir el Espíritu Santo, y fieles al orden del su Adivino a Maestro, salir de viaje para ir a amaestrar las naciones en el nombre del SS. Trinidad. Fue pues conveniente que la fiesta de Dios Uno y Trino siguiera Pentecostés cuyo se conecta con misterioso vínculo."
La fiesta de la Trinidad es una fiesta querida y agradable a todos los cristianos porque recuerda el más gran misterio de nuestra religión: " Un Dios solo en tres personas iguales y listas"; este dogma que es el gran objeto de nuestra adoración en vida, será luego nuestra eterna felicidad en cielo.
La Misa y el Breviario son una continua sucesión de invocaciones al SS. Trinidad.
Así todos los Sacramentos llevan la misma invocación. La intención por lo tanto de la Iglesia en el tener todo impregnada la Sagrada Liturgia del nombre del SS. Trinidad es de hacer vivir en las mentes de los fieles este misterio y de hacer renovarles en ellos los sentimientos de una profunda adoración, de una humilde gratitud hacia las Tres Personas.
Hacia el Padre, como principio de todo lo que es, Padre de un Hijo eterno y con sustancial a Él, Padre que con el Hijo es principio del Espíritu Santo.
Hacia el Hijo, engendrado ab aeterno por el Padre, encarnadose, muerto sobre la cruz por la salvación de los hombres.
Hacia el Espíritu Santo como amor eterno y sustancial del Padre y el Hijo de los que procede, y por ellos dado a la Iglesia, que santifica, vivífica, a través de la caridad que se difunde en nuestros corazones.
Ningún otro misterio es así recordado en la Liturgia como éste. En los Sacramentos que son los principales medios de la gracia se hace mención del SS. Trinidad.
En el Bautismo, el niño es bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En la Confirmación se tiene la fórmula: " Te señalo con la señal de la cruz, te confirmo con la crisma de la salud en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo."
Después de la distribución del SS. Eucaristía el sacerdote bendice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Al confesionario el sacerdote empieza con la bendición y da la absolución en el nombre del SS. Trinidad.
Enseguida invocado, en el Sacramento del orden. En la boda el sacerdote junta a los novios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
En todos los himnos, en todos los salmos, en todos los ruegos de la Misa son recordadas las Tres Personas: es una alabanza que se da al SS. Trinidad.
Esta fiesta fue instituida especialmente en los primeros siglos de la Mediana Edad por obra de los monjes que empezaron a celebrarla en sus monasterios. De aquí se extendió a las individuales diócesis y por fin a la entera Iglesia romana por obra de Papa Giovanni XXII que en el 1314 la declaró fiesta universal, fijando después en ella el primer domingo Pentecostés
"Hemos visto, dice el Guéranger dice, los Apóstoles el día del Pentecostés recibir el Espíritu Santo, y fieles al orden del su Adivino a Maestro, salir de viaje para ir a amaestrar las naciones en el nombre del SS. Trinidad. Fue pues conveniente que la fiesta de Dios Uno y Trino siguiera Pentecostés cuyo se conecta con misterioso vínculo."
La fiesta de la Trinidad es una fiesta querida y agradable a todos los cristianos porque recuerda el más gran misterio de nuestra religión: " Un Dios solo en tres personas iguales y listas"; este dogma que es el gran objeto de nuestra adoración en vida, será luego nuestra eterna felicidad en cielo.
La Misa y el Breviario son una continua sucesión de invocaciones al SS. Trinidad.
Así todos los Sacramentos llevan la misma invocación. La intención por lo tanto de la Iglesia en el tener todo impregnada la Sagrada Liturgia del nombre del SS. Trinidad es de hacer vivir en las mentes de los fieles este misterio y de hacer renovarles en ellos los sentimientos de una profunda adoración, de una humilde gratitud hacia las Tres Personas.
Hacia el Padre, como principio de todo lo que es, Padre de un Hijo eterno y con sustancial a Él, Padre que con el Hijo es principio del Espíritu Santo.
Hacia el Hijo, engendrado ab aeterno por el Padre, encarnadose, muerto sobre la cruz por la salvación de los hombres.
Hacia el Espíritu Santo como amor eterno y sustancial del Padre y el Hijo de los que procede, y por ellos dado a la Iglesia, que santifica, vivífica, a través de la caridad que se difunde en nuestros corazones.
Ningún otro misterio es así recordado en la Liturgia como éste. En los Sacramentos que son los principales medios de la gracia se hace mención del SS. Trinidad.
En el Bautismo, el niño es bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En la Confirmación se tiene la fórmula: " Te señalo con la señal de la cruz, te confirmo con la crisma de la salud en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo."
Después de la distribución del SS. Eucaristía el sacerdote bendice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Al confesionario el sacerdote empieza con la bendición y da la absolución en el nombre del SS. Trinidad.
Enseguida invocado, en el Sacramento del orden. En la boda el sacerdote junta a los novios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
En todos los himnos, en todos los salmos, en todos los ruegos de la Misa son recordadas las Tres Personas: es una alabanza que se da al SS. Trinidad.
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