miércoles, 28 de enero de 2026
Lecturas del 28/01/2026
En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán: «Ve y háblale a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me vas a construir una casa para que sea morada mía?
Desde el día en que hice subir de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, yo no he habitado en casa alguna, sino que he estado peregrinando de acá para allá, bajo una tienda como morada. Durante todo este tiempo que he peregrinado con todos los hijos de Israel, ¿acaso me dirigí a alguno de los jueces a los que encargué pastorear a mi pueblo Israel, diciéndoles: 'Por qué no me construís una casa de cedro?'”.
Pues bien, di a mi siervo David: “Así dice el Señor del Universo. Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel.
He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra.
Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel.
A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.
En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino.
Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.
Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si obra mal, yo lo castigaré con vara y con golpes de hombres. Pero no apartaré de él mi benevolencia, como la aparté de Saúl, al que alejé de mi presencia. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».
Natán trasladó a David estas palabras y la visión.
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó, y el gentío se quedó en tierra junto al mar.
Les enseñó muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos: «Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».
Y añadió: « ¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a conocer todas las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Palabra del Señor.
28 de Enero 2026 – San José Freinademetz
Giuseppe (José) Freinademetz nació el 15 de abril de 1852 en Oies, un pequeño paraje de cinco casas entre los Alpes Dolomitas del norte de Italia. Bautizado el mismo día de su nacimiento, heredó de su familia una fe sencilla pero tenaz.
Ya durante sus estudios teológicos en el seminario mayor diocesano de Bresanone comenzó a pensar seriamente en las «misiones extranjeras» como una posibilidad para su vida. Ordenado sacerdote el 25 de julio de 1875, fue destinado a la comunidad de San Martino di Badia, muy cerca de su casa natal, donde pronto se ganó el corazón de sus paisanos. Sin embargo, la inquietud misional no lo había abandonado. Apenas dos años después de su ordenación se puso en contacto con el P. Arnoldo Janssen, fundador de la casa misional que pronto se convertiría oficialmente en la «Congregación del Verbo Divino».
Con el permiso de su obispo, José llegó a la casa misional de Steyl en agosto de 1878. El 2 de marzo de 1879 recibió la cruz misional y partió hacia China junto a otro misionero verbita, el P. Juan Bautista Anzer. Cinco semanas después desembarcaron en Hong Kong, donde pasarán dos años preparándose para la misión que les fue asignada en Shantung del Sur, una provincia con 12 millones de habitantes y sólo 158 bautizados.
Fueron años duros, marcados por viajes largos y difíciles, asaltos de bandoleros y arduo trabajo para formar las primeras comunidades cristianas. Tan pronto como lograba poner en pie una comunidad, llegaba del obispo la orden de dejarlo todo y recomenzar en otro lugar.
José comprendió pronto la importancia que tenían los laicos comprometidos para la primera evangelización, sobre todo como catequistas. A su formación dedicó muchos esfuerzos y preparó para ellos un manual catequístico en chino. Al mismo tiempo, junto con Anzer que ya había sido nombrado obispo, se empeñó en la preparación, atención espiritual y formación permanente de sacerdotes chinos y de los otros misioneros.
Toda su vida estuvo marcada por el esfuerzo de hacerse chino entre los chinos, al punto de escribir a sus familiares: «Yo amo la China y a los chinos; en medio ellos quiero morir, y entre ellos ser sepultado».
En 1898 el trabajo incesante y las muchas privaciones cobraron su precio. Enfermo de la laringe y con un principio de tuberculosis, por insistencia del obispo y de los cohermanos, pasó un tiempo en el Japón, en espera de recuperar la salud. Volvió a China algo recuperado, aunque no curado.
A fines de 1907, mientras administraba la diócesis en ausencia del obispo que había tenido que viajar a Europa, se desató una epidemia de tifus. José, como buen pastor, prestó su asistencia incansable, hasta que él mismo contrajo la enfermedad. Volvió inmediatamente a Taikia, sede de la diócesis, donde murió el 28 de enero de 1908. Lo sepultaron bajo la duodécima estación del Via Crucis y su tumba se volvió pronto un punto de referencia y peregrinación para los cristianos.
Freinademetz supo descubrir y amar profundamente la grandeza de la cultura del pueblo al que había sido enviado. Dedicó su vida a anunciar el Evangelio, mensaje del Amor de Dios a la humanidad, y a encarnar ese amor en la comunión de comunidades cristianas chinas. Animó a esas comunidades a abrirse en solidaridad con el resto del pueblo chino. Entusiasmó a muchos chinos para que fueran misioneros de sus paisanos como catequistas, religiosos, religiosas y sacerdotes. Su vida entera fue expresión del que fue su lema: «El idioma que todos entienden es el amor».
Fue canonizado por Juan Pablo II el 5 de octubre de 2003.
Ya durante sus estudios teológicos en el seminario mayor diocesano de Bresanone comenzó a pensar seriamente en las «misiones extranjeras» como una posibilidad para su vida. Ordenado sacerdote el 25 de julio de 1875, fue destinado a la comunidad de San Martino di Badia, muy cerca de su casa natal, donde pronto se ganó el corazón de sus paisanos. Sin embargo, la inquietud misional no lo había abandonado. Apenas dos años después de su ordenación se puso en contacto con el P. Arnoldo Janssen, fundador de la casa misional que pronto se convertiría oficialmente en la «Congregación del Verbo Divino».
Con el permiso de su obispo, José llegó a la casa misional de Steyl en agosto de 1878. El 2 de marzo de 1879 recibió la cruz misional y partió hacia China junto a otro misionero verbita, el P. Juan Bautista Anzer. Cinco semanas después desembarcaron en Hong Kong, donde pasarán dos años preparándose para la misión que les fue asignada en Shantung del Sur, una provincia con 12 millones de habitantes y sólo 158 bautizados.
Fueron años duros, marcados por viajes largos y difíciles, asaltos de bandoleros y arduo trabajo para formar las primeras comunidades cristianas. Tan pronto como lograba poner en pie una comunidad, llegaba del obispo la orden de dejarlo todo y recomenzar en otro lugar.
José comprendió pronto la importancia que tenían los laicos comprometidos para la primera evangelización, sobre todo como catequistas. A su formación dedicó muchos esfuerzos y preparó para ellos un manual catequístico en chino. Al mismo tiempo, junto con Anzer que ya había sido nombrado obispo, se empeñó en la preparación, atención espiritual y formación permanente de sacerdotes chinos y de los otros misioneros.
Toda su vida estuvo marcada por el esfuerzo de hacerse chino entre los chinos, al punto de escribir a sus familiares: «Yo amo la China y a los chinos; en medio ellos quiero morir, y entre ellos ser sepultado».
En 1898 el trabajo incesante y las muchas privaciones cobraron su precio. Enfermo de la laringe y con un principio de tuberculosis, por insistencia del obispo y de los cohermanos, pasó un tiempo en el Japón, en espera de recuperar la salud. Volvió a China algo recuperado, aunque no curado.
A fines de 1907, mientras administraba la diócesis en ausencia del obispo que había tenido que viajar a Europa, se desató una epidemia de tifus. José, como buen pastor, prestó su asistencia incansable, hasta que él mismo contrajo la enfermedad. Volvió inmediatamente a Taikia, sede de la diócesis, donde murió el 28 de enero de 1908. Lo sepultaron bajo la duodécima estación del Via Crucis y su tumba se volvió pronto un punto de referencia y peregrinación para los cristianos.
Freinademetz supo descubrir y amar profundamente la grandeza de la cultura del pueblo al que había sido enviado. Dedicó su vida a anunciar el Evangelio, mensaje del Amor de Dios a la humanidad, y a encarnar ese amor en la comunión de comunidades cristianas chinas. Animó a esas comunidades a abrirse en solidaridad con el resto del pueblo chino. Entusiasmó a muchos chinos para que fueran misioneros de sus paisanos como catequistas, religiosos, religiosas y sacerdotes. Su vida entera fue expresión del que fue su lema: «El idioma que todos entienden es el amor».
Fue canonizado por Juan Pablo II el 5 de octubre de 2003.
martes, 27 de enero de 2026
Lecturas del 27/01/2026
En aquellos días, David fue y trajo con algazara el Arca de Dios de la casa de Obsedido a la ciudad de David.
Cuando los portadores del Arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba un toro y un animal cebado.
David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de lino.
Él y toda la casa de Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones y al son de trompetas.
Trajeron el Arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda que había desplegado David.
David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en el nombre del Señor del universo. Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y en pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta: « ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Palabra del Señor.
27 de Enero 2026 – Santa Ángela de Merici
Nació en Desenzano (cerca del lago de Garda, Italia) en 1474; murió en Brescia (Lombardía, Italia) el 24 de enero de 1540. Es sabido que durante el Renacimiento se produjo en Italia una notable degradación de las costumbres. Huérfana desde los dieciséis, bella, rica, independiente, Ángela tuvo desde muy pronto el deseo de fundar un instituto para la educación de niñas con el que combatir esa decadencia de las costumbres. Cuarenta años esperó su hora, dedicándose a enseñar catecismo en Brescia y otros lugares. Lo hacía tan bien que Clemente VII la invitó a venir a catequizar a las jóvenes romanas; pero Ángela no fue, aduciendo motivos que el papa comprendió. En 1524 peregrinó a los Santos Lugares; siempre recordó que había recibido por eso la mayor gracia de su vida: debido a un hecho milagroso o algún fenómeno extraño, salió de viaje aquejada de ceguera y a la vuelta recobró la vista.
Cinco años antes de su muerte (1535), fundó la Congregación «Compañía de las Vírgenes de santa Úrsula». El nombre vino del nombramiento de santa Úrsula (21 de octubre) como patrona; para Ángela su martirio simbolizaba el triunfo de la distinción y la pureza cristianas sobre la grosería e impudicia de los bárbaros. Adelantándose a su tiempo, Ángela no quiso para sus hijas ni hábito, ni votos, ni clausura. Después de su muerte, algunas quisieron vivir en comunidad. San Carlos Borromeo, partidario de la «santa uniformidad», apoyó esta tendencia. En Francia, por ejemplo, la institución se impuso una clausura estricta, de suerte que hubo un momento en el que coexistían tres tipos de ursulinas: las que se quedaban con su familia, las que vivían en comunidad sin votos ni clausura, y las que abrazaban el monacato propiamente dicho, en régimen de rigurosa clausura. Ello no puede hacer olvidar que fue Ángela de Mérici quien fundó la primera congregación secular de Europa.
Cinco años antes de su muerte (1535), fundó la Congregación «Compañía de las Vírgenes de santa Úrsula». El nombre vino del nombramiento de santa Úrsula (21 de octubre) como patrona; para Ángela su martirio simbolizaba el triunfo de la distinción y la pureza cristianas sobre la grosería e impudicia de los bárbaros. Adelantándose a su tiempo, Ángela no quiso para sus hijas ni hábito, ni votos, ni clausura. Después de su muerte, algunas quisieron vivir en comunidad. San Carlos Borromeo, partidario de la «santa uniformidad», apoyó esta tendencia. En Francia, por ejemplo, la institución se impuso una clausura estricta, de suerte que hubo un momento en el que coexistían tres tipos de ursulinas: las que se quedaban con su familia, las que vivían en comunidad sin votos ni clausura, y las que abrazaban el monacato propiamente dicho, en régimen de rigurosa clausura. Ello no puede hacer olvidar que fue Ángela de Mérici quien fundó la primera congregación secular de Europa.
lunes, 26 de enero de 2026
Lecturas del 26/01/2026
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Doy gracias a Dios, a quien sirvo como mis antepasados, con conciencia limpia, porque te tengo siempre presente en mis oraciones noche y día.
Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría. Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti.
Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por imposición de mis manos porque, pues Dios no nos ha dado un espíritu cobardía, sino de fortaleza, amor y de templanza.
Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: « ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Palabra del Señor.
26 de Enero 2026 – San Policarpo de Esmirna
Policarpo de Esmirna (70 d.C. - 155 d.C.) Obispo y Mártir, es probable que haya nacido en el seno de una familia convertida al cristianismo y que haya recibido el don de la fe desde temprano. Curiosamente, su nombre, Policarpo, quiere decir en griego "el que produce muchos frutos", algo que sin duda subraya la forma en que vivió.
Policarpo se caracterizó por su celo y fidelidad a la doctrina de los Apóstoles. Predicó entre los paganos y combatió las primeras herejías. De acuerdo a San Ireneo, anunció a Cristo con paciencia y amabilidad, poniendo especial atención en las viudas, los esclavos y los menos educados.
San Policarpo es considerado uno de los tres Padres Apostólicos, al lado de los santos Clemente de Roma, papa e Ignacio de Antioquía. De acuerdo con abundantes testimonios de época, San Policarpo fue discípulo del apóstol San Juan, cuya guía espiritual fue determinante para que alcanzara un profundo conocimiento de las enseñanzas de Cristo.
El legado apostólico recibido fructificó en su labor pastoral. De hecho, a Policarpo se le cuenta entre los obispos más famosos de los primeros siglos. Y no sin razón; además de su cercanía con San Juan, tuvo como discípulos a santos de la talla de San Ireneo de Lyon y San Papías.
Desde la sede de Esmirna, Policarpo alentó a los fieles a encarnar el mensaje evangélico y tener cuidado de aquellos que enseñaban doctrinas alejadas de la verdad de Jesucristo. Con ese propósito, condenó las primeras herejías que ya empezaban a hacer estragos entre los fieles.
De Policarpo se conservan algunos textos, en medio de los cuales destaca la Epístola a los filipenses; una carta que por su expresividad y cercanía con los textos de los cuatro evangelistas contribuyó al establecimiento del canon bíblico del Nuevo Testamento.
El martirio de san Policarpo se produjo el 23 de febrero del año 155. Aquel día el santo fue llevado ante el procónsul Decio Quadrato, quien le ofreció perdonarle la vida si renegaba de Cristo: "Piensa en tu edad- dijo Decio-, cambia el pensamiento. Jura y yo te libero. Maldice a Cristo". San Policarpo contesto: "Le he servido por ochenta y seis años, y no me ha hecho ningún daño. ¿Cómo podría maldecir a mi rey que me salvó? Escúchalo claramente. Yo soy cristiano"
"Me amenazas con fuego que dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga", fueron las palabras del obispo y mártir, registradas en las Martyrium Polycarpi, actas de su martirio. Fue echado al fuego, pero como logró sobrevivir, sus verdugos decidieron atravesarle el corazón con una lanza.
Los gozos son composiciones poéticas populares de origen medieval, y son dirigidos a los santos para invocar sus favores.
Policarpo se caracterizó por su celo y fidelidad a la doctrina de los Apóstoles. Predicó entre los paganos y combatió las primeras herejías. De acuerdo a San Ireneo, anunció a Cristo con paciencia y amabilidad, poniendo especial atención en las viudas, los esclavos y los menos educados.
San Policarpo es considerado uno de los tres Padres Apostólicos, al lado de los santos Clemente de Roma, papa e Ignacio de Antioquía. De acuerdo con abundantes testimonios de época, San Policarpo fue discípulo del apóstol San Juan, cuya guía espiritual fue determinante para que alcanzara un profundo conocimiento de las enseñanzas de Cristo.
El legado apostólico recibido fructificó en su labor pastoral. De hecho, a Policarpo se le cuenta entre los obispos más famosos de los primeros siglos. Y no sin razón; además de su cercanía con San Juan, tuvo como discípulos a santos de la talla de San Ireneo de Lyon y San Papías.
Desde la sede de Esmirna, Policarpo alentó a los fieles a encarnar el mensaje evangélico y tener cuidado de aquellos que enseñaban doctrinas alejadas de la verdad de Jesucristo. Con ese propósito, condenó las primeras herejías que ya empezaban a hacer estragos entre los fieles.
De Policarpo se conservan algunos textos, en medio de los cuales destaca la Epístola a los filipenses; una carta que por su expresividad y cercanía con los textos de los cuatro evangelistas contribuyó al establecimiento del canon bíblico del Nuevo Testamento.
El martirio de san Policarpo se produjo el 23 de febrero del año 155. Aquel día el santo fue llevado ante el procónsul Decio Quadrato, quien le ofreció perdonarle la vida si renegaba de Cristo: "Piensa en tu edad- dijo Decio-, cambia el pensamiento. Jura y yo te libero. Maldice a Cristo". San Policarpo contesto: "Le he servido por ochenta y seis años, y no me ha hecho ningún daño. ¿Cómo podría maldecir a mi rey que me salvó? Escúchalo claramente. Yo soy cristiano"
"Me amenazas con fuego que dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga", fueron las palabras del obispo y mártir, registradas en las Martyrium Polycarpi, actas de su martirio. Fue echado al fuego, pero como logró sobrevivir, sus verdugos decidieron atravesarle el corazón con una lanza.
Los gozos son composiciones poéticas populares de origen medieval, y son dirigidos a los santos para invocar sus favores.
domingo, 25 de enero de 2026
Lecturas del 25/01/2026
En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.
Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».
¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?
Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Palabra del Señor.
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