viernes, 20 de febrero de 2026

Reflexión de Cuaresma 20/02/2026

Reflexión del 20/02/2026

Lecturas del 20/02/2026

Esto dice el Señor Dios: «Grita a plena pulmón, no te contengas, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.
Consultan mi oráculo a diario, desean conocer mi voluntad. Como si fuera un pueblo que practica la justicia y no descuida el mandato de su Dios, me piden sentencias justas, quieren acercarse a Dios.
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?"
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
¿Es ése el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?
Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las corras del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor, y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: "Aquí estoy"».
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Palabra del Señor.

20 de Febrero 2026 – Santos Jacinta y Francisco Marto

En Aljustrel, pequeño pueblo situado a unos ochocientos metros de Fátima, Portugal, nacieron los pastorcitos que vieron a la Virgen María: Francisco y Jacinta, hijos de Manuel Pedro Marto y de Olimpia de Jesús Marto. También nació allí la mayor de los videntes, Lucía, de la que hablaremos más tarde.

-Francisco nació el día 11 de junio, de 1908.

-Jacinta nació el día 11 de marzo, de 1910.

Desde muy temprana edad, Jacinta y Francisco aprendieron a cuidarse de las malas relaciones, y por tanto preferían la compañía de Lucía, prima de ellos, quien les hablaba de Jesucristo. Los tres pasaban el día juntos, cuidando de las ovejas, rezando y jugando.

Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, a Jacinta, Francisco y Lucía, les fue concedido el privilegio de ver a la Virgen María en el Cova de Iría. A partir de esta experiencia sobrenatural, los tres se vieron cada vez más inflamados por el amor de Dios y de las almas, que llegaron a tener una sola aspiración: rezar y sufrir de acuerdo con la petición de la Virgen María. Si fue extraordinaria la medida de la benevolencia divina para con ellos, extraordinario fue también la manera como ellos quisieron corresponder a la gracia divina.

Los niños no se limitaron únicamente a ser mensajeros del anuncio de la penitencia y de la oración, sino que dedicaron todas sus fuerzas para ser de sus vidas un anuncio, mas con sus obras que con sus palabras. Durante las apariciones, soportaron con espíritu inalterable y con admirable fortaleza las calumnias, las malas interpretaciones, las injurias, las persecuciones y hasta algunos días de prisión. Durante aquel momento tan angustioso en que fue amenazado de muerte por las autoridades de gobierno si no declaraban falsas las apariciones, Francisco se mantuvo firme por no traicionar a la Virgen, infundiendo este valor a su prima y a su hermana. Cuantas veces les amenazaban con la muerte ellos respondían: "Si nos matan no importa; vamos al cielo." Por su parte, cuando a Jacinta se la llevaban supuestamente para matarla, con espíritu de mártir, les indicó a sus compañeros, "No se preocupen, no les diré nada; prefiero morir antes que eso."

jueves, 19 de febrero de 2026

Reflexión de Cuaresma 19/02/2026

Reflexión del 19/02/2026

Lecturas del 19/02/2026

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor.

19 de Febrero 2026 – San Auxibio, obispo

Auxibio nació en Roma, de padres idólatras y tenía carácter dulce y honesto. Para asegurarle un puesto en el desempeño de los cargos públicos, su padre quiso que contrajera un matrimonio ventajoso, pero el santo tenía otros propósitos y pensaba en hacerse cristiano, huyendo de la ciudad y embarcándose en secreto hacia la isla de Chipre.

En dicho lugar, Auxibio encontró a Juan Marcos, pariente de San Bernabé quien lo bautizó, confirmó y lo instruyó sobre como predicar para luego ordenarlo sacerdote y obispo. Juan Marco le confió también la misión de predicar en la ciudad de Soles, donde fue acogido favorablemente por un sacerdote de Júpiter, a quien lo edificó con su vida santa, hasta llegar a convertirlo.

El Apóstol Pablo supo por Juan Marcos los progresos que hacía la fe en Chipre y le confió a Heracles el poder de instituir más obispo y de construir una nueva Iglesia. Auxibio empezó a predicar la fe en pleno día y luego de la construcción y consagración del nuevo edificio, comenzó su obra de apostolado a la vista de todos.

La gracia de Dios lo sostuvo y los milagros corroboraron su predicación de modo que llegó a formar en Soles una comunidad cristiana floreciente. Después de un episcopado de 50 años, Auxibio sintió que se aproximaba su fin y reunió a su clero y los exhortó a permanecer firme en la fe.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Reflexión de Cuaresma 18/02/2026 - Miércoles de Ceniza

18 de Febrero 2026 – MIÉRCOLES DE CENIZA - EL SACRAMENTO CUADRAGESIMAL

Es un hecho que en nuestros días la Cuaresma es para algunos objetos de mofa, para muchos un absurdo, y para muchos más todavía un enigma. Incapaces de entrar en el espíritu de la Iglesia, no aciertan a comprender el sentido profundo de esta fase del año litúrgico, que a ellos se les antoja una sombra austera sobre las alegrías del vivir. El hombre animal, decía el Apóstol, no comprende las cosas del Espíritu, porque son una locura para él.

No faltan tampoco quienes se llenan de terror ante la cara escuálida de doña Cuaresma, como decía Juan Ruiz; aunque hay que reconocer que en nuestros días doña Cuaresma no tiene ya el mismo gesto severo y desabrido quien tiempo del Arcipreste de Hita. Estos espíritus pusilánimes tienen seguramente buena voluntad, pero no la suficiente para entrar en este tiempo con generosidad y alegría. Sus ojos miopes no ven más que las austeridades y las renuncias; el mundo maravilloso de ideas y de anhelos que se extiende más allá no existe para ellos. Ese mundo es lo único que puede justificar los ayunos y las penitencias, mundo de realidades y misterios; las alegrías de la vida penitente, que tanto deleitaban a San Pedro de Alcántara; el encanto de la tristeza, según Dios, que recomendaba San Pablo a los corintios; los goces de la luz interior, de que hablaba San Agustín en un sermón pronunciado el Miércoles de Ceniza.

Si la abstinencia fuese el fin de la Cuaresma, pudiera, ciertamente, parecemos larga y pesada; pero un cristiano curioso de Dios, deseoso de entrar en comunicación con su Madre la Iglesia, tiene de su fisonomía otra idea más exacta y atrayente. El conoce aquellos tres maravillosos efectos del ayuno que recuerda el prefacio de las misas cuaresmales: «Vitia comprimis, mentem elevas, virtutem largiris et premia.» Purifica el corazón, extingue las pasiones, sanea la tierra del alma; levanta el espíritu, ennoblece las ideas. Dispone para la contemplación; fecunda el alma, la hermosea con la gracia, hace de ella un huerto rico de flores y de frutos, un paraíso de Dios. Tal es el profundo sentido de lo que la Iglesia llama en su liturgia «el Sacramento cuadragesimal» o, como se dice en una colecta, «el ayuno solemne, instituido saludablemente para curar las almas y los cuerpos». Ayunar con el único objeto de afligir la carne sólo puede ser propio de religiones que, como la de Prisciliano, enseñaban que el cuerpo y todo este mundo de la materia son obra del principio del mal. Se trata de aligerar el cuerpo para que no impida los vuelos del alma, de abrir al espíritu más amplias ventanas hacia lo eterno, de prepararse con un ejercicio intensivo, con cuarenta días de maniobras espirituales, a la celebración de los grandes misterios de nuestra redención. ¡Con que alegría tan íntima contemplarán nuestros ojos purificados los inefables fulgores de la mañana pascual!

Desde el principio de Cuaresma, la liturgia descubre a nuestra vista esa meta gloriosa: «Dies venit, dies tua», dice un himno cuaresmal. «He aqui que se acerca tu día, el día en que todo reflorece.» Para que nosotros reflorezcamos también es preciso «que preparemos un camino real a Cristo triunfador por medio de la fe». Y así la vida recogida del cristiano durante la Cuaresma nos recuerda la vida física en estos días que preceden a la primavera. La savia empieza a renovar los vasos misteriosos de las plantas. Entre las raíces y la tierra se hace la adherencia más íntima, más vital. Pero la naturaleza no se apresura; trabaja en silencio, lentamente, con una prudencia que exaspera a los espíritus deseosos de verla cuanto antes vestida de todo su esplendor. Aunque sea contrariando nuestras impaciencias poco razonables, el hielo vendrá cada mañana para regular el movimiento de la vida que se despierta.

La vida del alma necesita también este trabajo silencioso. Esta escondida adherencia a la fuente de toda la vida. Por eso, toda la liturgia de la Cuaresma tiende a concentrar e intensificar esa fuerza vital, que en eso se parece a los vinos añejos. Es muy fácil ponerse un traje nuevo el día de Pascua, ir a la iglesia y recibir los sacramentos; pero lo es menos apropiarse la gracia pascual, vestirse de la nueva vida de Cristo y convertir el acontecimiento histórico de su Resurrección en una realidad interior. Y, sin embargo, sólo así viviremos una nueva primavera de nuestra existencia espiritual. Después que la fe y el amor hayan extendido sus raíces a través de nuestro ser, sentiremos la explosión de la savia que brota incoercible, y entonces, «nuevos por el perdón—dice un himno de este tiempo—, cantaremos un cántico nuevo».

Esta vivencia íntima, este programa de reflexión religiosa, nos salen al paso en los textos litúrgicos desde el principio de la Cuaresma. La comunión del Miércoles de Ceniza nos lo exige como una condición necesaria para que la semilla germine en nuestro interior. El que meditare en la Ley del Señor noche y día, ése dará fruto a su tiempo. La colecta del mismo día nos indica que para que esa meditación sea provechosa, debemos vivir en la atmósfera de una «devoción segura». La tranquilidad, la quietud nos ayudarán a profundizar en nuestro pensamiento religioso. En el alma, como en un estanque, no se verá el fondo si la superficie está en movimiento. Debemos retirarnos al fondo de nuestro ser, como la araña al centro de su tela; y allí, como dice un himno, beber alegres la embriaguez sobria del espíritu. En el sosiego activo del castillo interior, limpiaremos nuestra alma, y aparecerá en ella la imagen de Dios; como aparece la efigie de una moneda antigua quitando el polvo que la ocultaba.

Miércoles, 18-02-2025 MIÉRCOLES de CENIZA Ciclo A

Reflexión del 18/02/2026

Lecturas del 18/02/2026

Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y liberación para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: «Ten compasión de tu pueblo, Señor no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo.
Hermanos.
Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé».
Pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor.

18 de Febrero 2026 – Santa Bernardita Soubirous

El 11 de febrero la fiesta de la Santísima Virgen de Lourdes, que tiene una celebración especial litúrgica, nos recuerda las apariciones de la Virgen a una niña de 14 años que no sabía leer ni escribir, pero que rezaba todos los días el Rosario, Bernardita Soubirous. Había nacido en Lourdes en 1844 de padres muy pobres. Por medio de ella la Virgen hizo surgir la prodigiosa fuente del milagro, a la cual acuden peregrinos de todo el mundo para reavivar su fe y su esperanza. Muchos regresan de Lourdes curados también en su cuerpo. La Virgen durante la segunda aparición, le dijo: «No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero sí en el otro».

Bernardita no se contaminó con la gloria humana. El día que el obispo de Lourdes ante 50.000 peregrinos, colocó la estatua de la Virgen sobre la roca de Massabielle, Bernardita tuvo que permanecer en la pequeña pieza que le habían asignado las Hermanas, víctima de un ataque de asma. Y cuando el dolor físico se hacía más insoportable, suspiraba: «No, no busco alivio, sino sólo la fuerza y la paciencia». Su breve existencia transcurrió en la humilde aceptación del sufrimiento físico, como generosa respuesta a la invitación de la Inmaculada para pagar con la penitencia el rescate de tantas almas que viven prisioneras del mal.

Mientras junto a la gruta de las apariciones se estaba construyendo un grande santuario para acoger a los numerosos peregrinos y enfermos en busca de alivio, Bernardita pareció desaparecer en la sombra. Pasó seis años en el instituto de Lourdes, de las Hermanas de la Caridad de Nevers, y después fue admitida como novicia en el mismo instituto, en Nevers. Su entrada se demoró debido a su falta de salud. En la Profesión tomó en nombre de Sor María Bernarda.

Durante los quince años de vida conventual no conoció sino el privilegio del sufrimiento. Las mismas superioras la trataban con indiferencia, por un designio providencial que les impide a las almas elegidas la comprensión y a menudo hasta la benevolencia de las almas mediocres. Al principio fue enfermera dentro del convento, después sacristana, hasta cuando la enfermedad la obligó a permanecer en la cama, durante nueve años, siempre entre la vida y la muerte.

A quien la animaba le contestaba con la radiante sonrisa de los momentos de felicidad cuando estaba a la presencia de la blanca Señora de Lourdes: «María es tan bella que quienes la ven querrían morir para volver a verla». Bernardita, la humilde pastorcita que pudo contemplar con sus propios ojos a la Virgen Inmaculada, murió el 16 de abril de 1879. Pío XI la elevó al honor de los altares el 8 de diciembre de 1933.