lunes, 18 de mayo de 2026

Reflexión del 18/05/2026


Lecturas del 18/05/2026

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó: « ¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Él les dijo: «Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron: «El bautismo de Juan».
Pablo les dijo: «Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.
En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».
Les contestó Jesús: « ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor.

18 de Mayo 2026 – San Félix de Cantalicio

“Buen ánimo, hermano: los ojos en la tierra, el espíritu en el cielo y en la mano el santísimo rosario”, solía decir San Félix de Cantalicio, capuchino y místico, cuya fiesta se celebra cada 18 de mayo.

San Félix de Cantalicio nació en Italia por el 1515. Sus padres, campesinos y muy piadosos, lo educaron de tal forma que cuando sus amigos de juegos lo veían venir, decían: “¡Ahí viene San Félix!”

A los doce años se puso a trabajar en la casa de un rico propietario que lo puso de pastor y luego como cultivador. Poco a poco fue aprendiendo a meditar y a alcanzar un alto grado de contemplación.

"Todas las criaturas pueden llevarnos a Dios, con tal de que sepamos mirarlas con ojos sencillos”, dijo una vez el Santo a un religioso que le preguntó cómo hacía para vivir en presencia de Dios en medio del trabajo y otras distracciones.

Siempre andaba muy alegre y ante la injuria respondía diciendo: “voy a pedir a Dios que te haga un santo”. Cierto día que estaba arando, su jefe se acercó a él, los animales asustados derribaron a Félix y el arado le pasó por encima, pero el Santo se levantó ileso. Es así que se decidió y pidió ser admitido como hermano lego en el convento capuchino de Citta Ducale.

Siempre pedía que le redoblaran las penitencias, mortificaciones y que se le tratase con mayor severidad. Estaba persuadido que todos eran mejor que él, pero sus hermanos lo llamaban “el Santo”.

Hizo los votos solemnes hacia los treinta años. Cuatro años más tarde lo enviaron a Roma, donde por cuarenta años salió a pedir limosna todos los días para el sostenimiento de su comunidad. Asimismo, con permiso de sus superiores, ayudaba a los pobres, visitaba a los enfermos y consolaba a los moribundos.

Algunas veces San Félix, mientras ayudaba en Misa, quedaba en éxtasis a la vista de todos. Al final de su vida, el Cardenal protector de la orden aconsejó a los superiores que relevasen de su cargo a San Félix por su avanzada edad, pero el Santo les rogó que lo dejasen seguir pidiendo limosna diciendo que el alma se marchita cuando el cuerpo no trabaja.

Gozó de la estima de San Felipe Neri y San Carlos Borromeo. Partió a la Casa del Padre el 18 de mayo de 1587, después de haber tenido una visión de la Santísima Virgen que venía rodeada de ángeles.

domingo, 17 de mayo de 2026

Compromiso con MARÍA 17/05/2026

MARíA esa gran mujer 17/05/2026

17 de Mayo 2026 – Ascensión de Jesús

Jesús después de la resurrección, en los 40 días que todavía quedó en tierra, confortó a los Apóstoles y con muchas pruebas los convenció de ser realmente resucitado. Los instruyó alrededor del reino de Dios, sobre el modo de gobernar la Iglesia, de administrar los Sacramentos, de salvar las almas. Acercándose el día del adiós: " Es necesario que vaya, dijo, porque si yo no voy, no vendrá el Consolador." Ordenó por lo tanto a los Apóstoles que fueran a Jerusalén de la Galilea.

El momento solemne estaba cercano.

Hizo con ellos el banquete de adiós, durante el que les abrió mejor las mentes, enseñándole como la Sagrada Escritura habla de Cristo, de su pasión, muerte y resurrección. Mandó de predicar el Evangelio, les dio el poder de reponer los pecados y los mandó a anunciar el reino de Dios a todas las gentes.

Acabada su instrucción se encaminó, seguido por los Apóstoles y Discípulos, al monte de la ascensión. Llegado a la cumbre, dio el adiós a su Madre, a las piadosas mujeres, a todos los presentes, y levantando el brazo los bendijo.

Mientras los bendijo, por misma virtud se levantó hacia la majestad de los cielos delante de aquellos ojos que maravillados lo miraron, hasta que la nube lo escondió.

Aquellos judíos todavía estaban arrodillados con los brazos abiertos y con los ojos revueltos al cielo maravillados y compadecidos, cuando compareció un Ángel alegre en rostro y del aspecto majestuoso diciendo: " ¿U hombres de Galilea, que estáis a mirar en cielo? Aquel mismo Jesús que a os fue sacado, volverá en la misma gloria con que subió."

Los Apóstoles a aquel aviso volvieron a Jerusalén comprendiendo las palabras que Jesús dijo: " Voy a preparar un lugar para vosotros. Os mandaré el Consolador."

Hoy la Iglesia celebra una de sus fiestas más bonitas haciendo reflejar a los cristianos cuál sea su patria. Jesús no subió al cielo solo para recibir la corona de la virtud, sino también para preparar un sitio para nosotros. ¡Cristianos, el cielo es nuestra patria, no esta pobre tierra!

¡Levantemos los ojos, contemplamos como es maravilloso aquel cielo! Allá Jesús sube para prepararnos un sitio. Él nos espera: no hacemos caso a las dificultades, sino recordamos que no los holgazanes pero los violentos lo secuestran, es decir los que luchando ganan sí mismos.

El cielo se alcanza combatiendo nuestras pasiones, nuestra carne, la malvada inclinación al mal.

En los momentos en que nos parecerá de ser arrollados por el mal, cuando alrededor de nosotros será oscuro, levantamos los ojos y las manos al Cielo, pidiendo ayuda a El que es la luz que alumbra las tinieblas, a El que es nuestro Rey, nuestro Salvador, nuestro Abogado y nuestro Mediador; él nos liberará.

Domingo, 17-05-2026 ASCENSIÓN del SEÑOR Ciclo A

Reflexión del 17/05/2026

Lecturas del 17/05/2026

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseño desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».
Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».
Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».
Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».
Hermanos:
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.
Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.


En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Palabra del Señor.