miércoles, 5 de agosto de 2026

Reflexión del 05/08/2026

Lecturas del 05/08/2026

En aquel tiempo - oráculo del Señor -, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.
Esto dice el Señor: «Encontró mi favor en el desierto el pueblo que escapó de la espada. Israel camina a su descanso.
El Señor se le apareció de lejos.
Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia para contigo.
Te construiré, serás reconstruida, doncella capital de Israel; volverás a llevar tus adornos, bailarás entre corros de fiesta. Volverás a plantar viñas allá por los montes de Samaria; las plantarán y vendimiarán.
"Es de día", gritarán los centinelas arriba, en la montaña de Efraín: "En marcha, vayamos a Sión, donde está el Señor nuestro Dios"».
Porque esto dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: ¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!».
En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame».
Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor.

05 de Agosto 2026 – Beato Salvio Huix Miralpeix

Nació en la casa solariega de “Huix”, en Santa Margarita de Vellors (Gerona, España). Ingresó en el seminario de Vic, y el 19 de septiembre de 1903 fue ordenado sacerdote. Ejerció como vicario de las parroquias de Coll y de San Vicente de Castellet.

Pero su afán apostólico no se satisface con la tranquila vida de una parroquia, y –después de un tiempo de discernimiento- descubre su vocación oratoriana. Con treinta años, en 1907, llama a las puertas del Oratorio de San Felipe Neri de Vich, donde llegará a vivir veinte años entregado a las obras apostólicas de la Congregación, y especialmente a la confesión. Otra de las facetas de su ministerio sacerdotal era la visita a los enfermos, entre los que practicaba la caridad de forma abnegada y sin relumbrón. Y ese mismo amor a los pobres fue indudablemente el que le facilitó las maravillosas conversiones que consiguió, algunas verdaderamente impresionantes. Profesor de Ascética y Mística en el Seminario, pronto la mayoría de sus discípulos lo escogieron como confesor o director espiritual.

Su constante amabilidad y caridad para con todos, no significa ni mucho menos que no tuviera su propio carácter, incluso quizá violento. Pero como otros santos, a fuerza de vencimientos propios había adquirido el dominio de sus impulsos temperamentales.

A los diez años de estar en el Oratorio fue nombrado director de las Congregaciones Marianas de Vic. Organizó magistralmente las secciones de Beneficencia y de Propaganda, llevó a término la magna Asamblea de Congregaciones Marianas de Cataluña, en 1921, y organizó los actos de la coronación canónica de la Virgen de la Gleva, Patrona de la «Plana de Vic», en 1923.

Obispo de Ibiza en 1927, tras 70 años de estar esta diócesis sin obispo, entonces dio la medida de lo que sentía su corazón de apóstol, preocupándose del seminario, de los sacerdotes -en especial de los ancianos y enfermos-, de la Acción Católica, de las escuelas religiosas y la educación de la niñez y la juventud, formación de padres de familia, Ejercicios Espirituales; y de propagar más si cabe sus grandes devociones: al Sagrado Corazón de Jesús, al Santísimo Sacramento, a la Madre de Dios en su advocación ibicenca de Nuestra Señora de las Nieves... dio un fuerte impulso a la restauración católica en la isla.

En 1935 fue trasladado a la diócesis de Lérida. Se encontró con una diócesis distinta, mucho más grande y con otros numerosos problemas. Pero a todos hizo frente con ánimo esforzado: sus ansias apostólicas en favor de la juventud; de los niños en edad escolar; sus desvelos hacia los sacerdotes ancianos; hacia los pobres transeúntes sin hogar, para los que tenía en construcción un comedor para socorrerlos. Se esforzó en hermanar la Acción Católica y la «Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña». Comenzó sus desplazamientos hacia los más apartados pueblos pirenaicos en visita pastoral. Impulsó los certámenes catequísticos y favoreció la labor de la célebre Academia Mariana de Lérida.

Al estallar la Guerra Civil en julio de 1936, mientras las turbas asaltaban su casa episcopal, se refugia en casa de unos amigos en la misma ciudad, pero comprendiendo el peligro que para sus protectores representaba su presencia allí, se marchó. Cuando caminaba por la calle se presentó a un control de gente armada –entre la que vio a algunos guardias civiles- con estas palabras: “Soy el obispo de la diócesis y me entrego a la caballerosidad de ustedes”; pasada la primera gran sorpresa de aquellos hombres, los obreros propusieron su ejecución inmediata pero los guardias les convencieron que sobre aquel “pez gordo” se tenía que consultar con la Generalidad. Le trasladaron a la cárcel y le alojaron en una sala de la planta baja, donde había medio centenar de cristianos que acogieron al obispo con grandes muestras de simpatía. Su estancia en la prisión fue un rayo de luz y optimismo sobrenatural para los que allí permanecían temiendo lo peor. Un sacerdote consiguió burlar los cacheos y pudo entrar un copón de Sagradas Formas que llevaba; así, los presos pudieron comulgar y en la madrugada del 5 de agosto, los detenidos se confesaron con el obispo y recibieron la Comunión.

Los dos Comités antifascistas de la ciudad se disputaban tan valiosa presa, y esperaban jugar buenas bazas con su posesión. Así, cuando de las autoridades de Barcelona vino telefónicamente una orden de traslado de algunos presos significativos para ser juzgados en la ciudad condal, hallaron la manera de burlar la buena intención de algunos componentes del Gobierno de la Generalitat, escudándose en la falta de una orden escrita. Se organizó la marcha de veinte presos seglares y el obispo. Salieron de Lérida en plena noche y cuando pasaban por delante del cementerio a las tres y media de la madrugada, fueron detenidos por unos milicianos que les dieron el alto y les exigieron la orden por escrito. Este ardid era empleado para conseguir lo que tanto deseaban: poder derramar la sangre de nuevas víctimas.

Monseñor Huix no perdió la serenidad ni en aquellos trágicos momentos: campechanamente comentó con los suyos, con una frase popular catalana que designa el próximo fin de un viaje: “Ja som a Sants!”. Allí mismo fueron fusilados los veintiuno. Por petición propia, el beato fue el último ejecutado, tras haber dado la absolución a sus compañeros que la precedían en el martirio. Era la hora antes del alba del día 5 de agosto de 1936, festividad de Nuestra Señora de las Nieves, Patrona de Ibiza, un pequeño detalle de la Reina del Cielo para aquel siervo suyo, fiel y valiente, cabeza de los 270 sacerdotes diocesanos de Lérida inmolados por Cristo. Beatificado el 13 de octubre de 2013 en Tarragona, durante el pontificado de SS Francisco.

martes, 4 de agosto de 2026

Reflexión del 04/08/2026

Lecturas del 04/08/2026

Palabras que recibió Jeremías de parte del Señor:
«Esto dice el Señor, Dios de Israel:
“Escribe en un libro todas las palabras que he dicho: Tu fractura es incurable, tu herida está infectada; tu haga no tiene remedio, no hay medicina que la cierre.
Tus amantes te han olvidado, ya no preguntan por ti, pues te herí como un enemigo, te di un escarmiento cruel.
Y todo por tus muchos crímenes, por la gran cantidad de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida?
Tu haga es incurable.
Por tantos y tantos crímenes, por todos tus numerosos pecados te he tratado de ese modo”.
Pero esto dice el Señor: “Cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, voy a compadecerme de sus moradas; reconstruirán la ciudad sobre sus ruinas, su palacio se asentará en su puesto.
De allí saldrán alabanzas, voces con aire de fiesta.
Haré que crezcan y no mengüen, que sea reconocida su importancia, que no sean despreciados.
Serán sus hijos como antaño, su asamblea, estable en mi presencia; yo castigaré a sus opresores.
De entre ellos surgirá un príncipe, su gobernante saldrá de entre ellos; lo acercaré y estará junto a mí, pues ¿quién arriesgaría su vida por ponerse cerca de mí? —Oráculo del Señor—.
Y vosotros seréis mí pueblo y yo seré vuestro Dios”».
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: « ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
Se acercaron los discípulos y le dijeron: « ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».
Respondió él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

Palabra del Señor.

04 de Agosto 2026 – Beato Enrique Krzysztofik

José nació en Zachorzew (Sandomierz). Estudió en el Colegio de San Fidel de los Capuchinos de Lomza, entrando después en la misma Orden en 1927, en el convento de Nowe Miasto, donde tomó el nombre religioso de Enrique. En la ciudad eterna profesó solemnemente el 15 de agosto de 1931 y fue ordenado sacerdote en 1933. En 1935 consiguió la licencia en Teología.

De vuelta en Polonia, fue destinado al convento de Lublin como profesor de Teología dogmática en el seminario capuchino. Poco después era nombrado director del mismo seminario y vicario del convento. En la iglesia del convento predicó con gran fervor y entusiasmo. Mientras desempeñaba estos cargos, estalló la II Guerra mundial. El guardián del convento era un holandés que se vio forzado a salir de Polonia, por lo que el padre Enrique tuvo que asumir ese cargo de superior. En calidad de guardián y al mismo tiempo rector del seminario, su situación se hizo muy delicada.

El 25 de enero de 1940 la Gestapo arrestó a 23 capuchinos del convento de Lublín y entre ellos al superior, padre Enrique Krzysztofik. El primer sitio de prisión fue el Castillo de Lublin, mientras se esperaba que hubiera puesto en la cárcel. El padre Enrique dijo a todos: "Hermanos, mientras tengamos la mente lúcida formulemos este buen propósito: Cualquier cosa que nos suceda, ocurra lo que ocurra, hagamos todos y cada uno ofrecimiento propiciatorio a Dios".

Durante el período transcurrido en la cárcel el padre Enrique se preocupó por todos. El 14 de diciembre de 1940, junto con los demás hermanos, fue trasladado al campo de concentración de Dachau, donde se le dio el número de matrícula 22.637. En la dura vida del campo no se perdonó trabajo por los otros. Hallándose él mismo enfermo y débil en las piernas, ayudaba a los más débiles que él, sobre todo a los ancianos. Sobrevivió en el campo de concentración sólo hasta el verano de 1941. En julio de ese año, dada su total debilidad, que le impedía andar por su pie, fue llevado a la enfermería del campo, lo que equivalía a una condena a muerte. Desde allí hizo llegar secretamente a sus alumnos clérigos un mensaje que ha recordado de memoria uno de los destinatarios, padre Cayetano Ambrozkiewicz: "Queridos hermanos: Me encuentro en el bloque 7. He enflaquecido terriblemente a causa de la deshidratación. Peso 35 kilos. Me duelen todos los huesos. Estoy tendido en el lecho, como sobre la cruz, junto con Jesucristo. Me es grato estar y sufrir con Él. Rezo por vosotros y ofrezco a Dios por vosotros estos mis sufrimientos". Murió el 4 de agosto de 1942 y fue quemado en el horno crematorio número 12. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 13 de junio de 1999.

lunes, 3 de agosto de 2026

Reflexión del 03/08/2026

Lecturas del 03/08/2026

El mismo año, el año cuarto de Sedecías, rey de Judá, el quinto mes, Jananías, hijo de Azur, profeta de Gabaon, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo: «Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: “He roto el yugo del rey de Babilonia. Antes de dos años devolveré a este lugar el ajuar del templo, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó de este lugar para llevárselo a Babilonia. A Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y a todos los desterrados de Judá que marcharon a Babilonia, yo mismo los haré volver a este lugar —oráculo del Señor— cuando rompa el yugo del rey de Babilonia”».
El profeta Jeremías respondió al profeta Jananías delante de los sacerdotes y de toda la gente que estaba en el templo.
Le dijo así el profeta Jeremías: « ¡Así sea; así lo haga el Señor! Que el Señor confirme la palabra que has profetizado y devuelva de Babilonia a este lugar el ajuar del templo y a todos los que están allí desterrados. Pero escucha la palabra que voy a pronunciar en tu presencia y ante toda la gente aquí reunida: Los profetas que nos precedieron a ti y a mí, desde tiempos antiguos, profetizaron a países numerosos y a reyes poderosos guerras, calamidades y pestes. Si un profeta profetizaba prosperidad, solo era reconocido como profeta auténtico enviado por el Señor cuando se cumplía su palabra».
Entonces Jananías arrancó el yugo del cuello del profeta Jeremías y lo rompió.
Después dijo Jananías a todos los presentes: «Esto dice el Señor: “De este modo romperé del cuello de todas las naciones el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, antes de dos años”».
El profeta Jeremías se marchó.
Vino la palabra del Señor a Jeremías después de que Jananías hubo roto el yugo del cuello del profeta Jeremías.
El Señor le dijo: «Ve y dile a Jananías: “Esto dice el Señor: Tú has roto un yugo de madera, pero yo haré un yugo de hierro. Porque esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Pondré un yugo de hierro al cuello de todas estas naciones para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y se le sometan. Le entregaré hasta los animales salvajes”».
El profeta Jeremías dijo al profeta Jananías: «Escúchame, Jananías: El Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza. Por tanto, esto dice el Señor: “Voy a hacerte desaparecer de la tierra; este año morirás porque has predicado rebelión contra el Señor”».
Y el profeta Jananías murió aquel mismo año, el séptimo mes.
Después que la gente se hubo saciado, enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida: « ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo: «Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: « ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos.
Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.

Palabra del Señor.

03 de Agosto 2026 – Beato Agustín Kazotic

En Lucera, en la Apulia, beato Agustín Kazotic, obispo, de la orden de Predicadores, que en un principio estuvo al frente de la Iglesia de Zagreb y, posteriormente, por la hostilidad del rey de Dalmacia, asumió la sede de Lucera, donde desarrolló una gran obra de ayuda en favor de los pobres y los necesitados (1323).

Agustín Kazotic nació en Trogir, ciudad de la Dalmacia, en 1260. Tomó el hábito de los frailes predicadores antes de cumplir los veinte años. Estudió en la Universidad de París. El beato predicó con gran fruto a sus compatriotas y fundó en su patria varios conventos de su orden, a los que dio por lema las palabras de San Agustín: "Desde que estoy al servicio de Dios no he conocido hombres más buenos que los monjes que viven santamente, pero tampoco he conocido hombres más malos que los monjes que no viven como debieran".

Fue enviado a Hungría, donde conoció al cardenal Nicolás Boccasini, legado pontificio, quien sería más tarde Papa con el nombre de Benedicto XI. En 1303, el cardenal Boccasini consagró al Beato Agustín obispo de Zagreb, en Croacia.

El clero y toda la diócesis de Zagreb necesitaban urgentemente una reforma. El beato reunió varios sínodos disciplinares, cuyos cánones puso en ejecución en frecuentes visitas pastorales y fomentó las ciencias sagradas y el estudio de la Biblia mediante la fundación de un convento de la Orden de Santo Domingo. Además, asistió al Concilio ecuménico de Vienne (1311-12). A su retorno, sufrió la persecución del gobernador de Dalmacia, Miladino, contra cuya tiranía y exacciones había protestado.

Tras de regir durante 14 años la diócesis de Zagreb, el beato fue trasladado a la sede de Lucera, en la provincia de Benevento. Ahí trabajó por desarraigar la corrupción moral y religiosa que los sarracenos habían dejado tras de sí.

El beato poseía el don de curar a los enfermos. Su muerte ocurrió el 3 de agosto de 1323. Su culto fue oficialmente confirmado en 1702.

domingo, 2 de agosto de 2026

Domingo, 18 de TIEMPO ORDINARIO - 02-08-2025 Ciclo A

Reflexión del 02/08/2026

Lecturas del 02/08/2026

Esto dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David».
Hermanos:
¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo: «Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor.