domingo, 13 de septiembre de 2026
Lecturas del 13/09/2026
Rencor e ira también son detestables, el pecador los posee.
El vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados.
Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.
Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor?
Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?
Si él, simple mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus pecados?
Piensa en tu final y deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte y sé fiel a los mandamientos.
Acuérdate de los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del Altísimo y pasa por alto la ofensa.
Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.
Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.
Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Palabra del Señor.
13 de Septiembre 2026 – San Juan Crisóstomo
Nació en Antioquía, de padres cristianos, hacia el año 349. Su madre era un modelo de virtud. Estudió retórica bajo Libanius, el más famoso orador de su época y en el 374 comenzó una vida de anacoreta en las montañas. En el 386, su mala salud le forzó a regresar a Antioquia. Allí fue ordenado sacerdote. Ejerció, con gran provecho, el ministerio de la predicación.
El año 397 fue elegido obispo de Constantinopla, cargo en el que se comportó como un pastor ejemplar, esforzándose por llevar a cabo una estricta reforma de las costumbres del clero y de los fieles.
Su rectitud en proclamar y defender la verdad le ganó muchos enemigos. La oposición de la corte imperial y de los envidiosos maquinaron acusaciones contra él y lo llevaron dos veces al destierro y eventualmente a Pythius en la periferia del imperio. Uno de sus enemigos, Theophilus, Patriarca de Alejandría, se arrepintió antes de su muerte. Otro enemigo era la emperadora Eudoxia.
Tuvo el consuelo de contar siempre con el apoyo del Papa y llevó todas las tribulaciones con gran valentía y fe.
Acabado por tantas miserias, murió en Comana, en el Ponto, el día 14 de septiembre del año 407. Contribuyó en gran manera, por su palabra y escritos, al enriquecimiento de la doctrina cristiana, mereciendo el apelativo de Crisóstomo, es decir, «Boca de oro».
El año 397 fue elegido obispo de Constantinopla, cargo en el que se comportó como un pastor ejemplar, esforzándose por llevar a cabo una estricta reforma de las costumbres del clero y de los fieles.
Su rectitud en proclamar y defender la verdad le ganó muchos enemigos. La oposición de la corte imperial y de los envidiosos maquinaron acusaciones contra él y lo llevaron dos veces al destierro y eventualmente a Pythius en la periferia del imperio. Uno de sus enemigos, Theophilus, Patriarca de Alejandría, se arrepintió antes de su muerte. Otro enemigo era la emperadora Eudoxia.
Tuvo el consuelo de contar siempre con el apoyo del Papa y llevó todas las tribulaciones con gran valentía y fe.
Acabado por tantas miserias, murió en Comana, en el Ponto, el día 14 de septiembre del año 407. Contribuyó en gran manera, por su palabra y escritos, al enriquecimiento de la doctrina cristiana, mereciendo el apelativo de Crisóstomo, es decir, «Boca de oro».
sábado, 12 de septiembre de 2026
12 de Septiembre 2026 – Santísimo Nombre de María
Después del nombre de Jesús no hay nombre más dulce, más potente, más consolador que el de María; nombre delante de que se inclinan reverentes los Ángeles, la tierra se alegra, el infierno tiembla.
Hay tres principales sentidos de este nombre:
Mar: Del hebreo Maryam, nombre apto a expresar la superabundancia de las gracias esparcidas sobre de ella. Como en realidad todos los ríos desembocan en el océano, así todos los tesoros de las gracias celestes, todas las excelsas prerrogativas y carismas fueron vertidas sobre el alma del Virgo, ella que es llamada: " Madre de gracias."
Amargura: También éste conviene muchísimo al Virgo cuyo corazón nadó en un mar de angustia, precisamente como el Profeta predijo: " Inmenso como el mar es tu pesar." Como el Virgo fue llenado más que todo el San de gracia, tan más de todo ellos tuvo que beber la copa amarga de la pasión de su hijito Jesús.
Estrella: Con este apelativo la Iglesia invoca el Virgo en el bonito himno " Ave, Maris Estrella." S. Bernardo entrelaza sabiamente a este sentido las más bonitas páginas de elocuencia y las más consoladoras consideraciones: " Ella es la pura y gloriosa estrella que surge de Giacobbe e ilumina todo el mundo; su luz brilla en los cielos y penetra en los abismos, recorre la tierra, inflama de amor divino cada corazón, suscita las virtudes y destruye el vicio. Ella es la cándida y dulce estrella de la Providencia levantada sobre el profundo mar del universo, para iluminarlo con el resplandor de su ejemplo."
María todavía es júbilo al corazón, melodía suave a la oreja, bálsamo de salud a cada tipo de miserias; como el arcoíris indica el fin de la tempestad y anuncia la vuelta de la calma, así el nombre de María entrado en un alma aleja de ello el pecado y dispone a la paz con Dios. El culto del Santo Nombre de la beata Virgo María que el Martirologio Romano recuerda en este día, revive el amor de la Madre de Dios hacia su Hijo santo y está propuesta a los fieles la figura de la Madre del Redentor, porque sea invocada con profunda devoción. Es un culto que se difundió en el curso de los siglos en toda la Iglesia, y los Pontífices enriquecieron de indulgencias la invocación de los nombres de Jesús y María.
En el 1513 el Papa Giulio II de Roma concedió a España una fiesta en honor del nombre de María. San Pio V la suprimió, Sixto V la restableció y se extendido luego en el 1671 al Reino de Nápoles hasta alcanzar Milán.
Después de la victoria indicada en el nombre de María contra los turcos de Giovanni Sobieski, rey de Polonia, el Beato Pontífice Inocencio XI el 12 de septiembre de 1683, en memoria y agradecido del prodigio, extensas esta fiesta a toda la Iglesia, fijándose en ella al domingo entre él octava de la Natividad. Fue por fin san Pio X a reconducirla al 12 de septiembre.
Hay tres principales sentidos de este nombre:
Mar: Del hebreo Maryam, nombre apto a expresar la superabundancia de las gracias esparcidas sobre de ella. Como en realidad todos los ríos desembocan en el océano, así todos los tesoros de las gracias celestes, todas las excelsas prerrogativas y carismas fueron vertidas sobre el alma del Virgo, ella que es llamada: " Madre de gracias."
Amargura: También éste conviene muchísimo al Virgo cuyo corazón nadó en un mar de angustia, precisamente como el Profeta predijo: " Inmenso como el mar es tu pesar." Como el Virgo fue llenado más que todo el San de gracia, tan más de todo ellos tuvo que beber la copa amarga de la pasión de su hijito Jesús.
Estrella: Con este apelativo la Iglesia invoca el Virgo en el bonito himno " Ave, Maris Estrella." S. Bernardo entrelaza sabiamente a este sentido las más bonitas páginas de elocuencia y las más consoladoras consideraciones: " Ella es la pura y gloriosa estrella que surge de Giacobbe e ilumina todo el mundo; su luz brilla en los cielos y penetra en los abismos, recorre la tierra, inflama de amor divino cada corazón, suscita las virtudes y destruye el vicio. Ella es la cándida y dulce estrella de la Providencia levantada sobre el profundo mar del universo, para iluminarlo con el resplandor de su ejemplo."
María todavía es júbilo al corazón, melodía suave a la oreja, bálsamo de salud a cada tipo de miserias; como el arcoíris indica el fin de la tempestad y anuncia la vuelta de la calma, así el nombre de María entrado en un alma aleja de ello el pecado y dispone a la paz con Dios. El culto del Santo Nombre de la beata Virgo María que el Martirologio Romano recuerda en este día, revive el amor de la Madre de Dios hacia su Hijo santo y está propuesta a los fieles la figura de la Madre del Redentor, porque sea invocada con profunda devoción. Es un culto que se difundió en el curso de los siglos en toda la Iglesia, y los Pontífices enriquecieron de indulgencias la invocación de los nombres de Jesús y María.
En el 1513 el Papa Giulio II de Roma concedió a España una fiesta en honor del nombre de María. San Pio V la suprimió, Sixto V la restableció y se extendido luego en el 1671 al Reino de Nápoles hasta alcanzar Milán.
Después de la victoria indicada en el nombre de María contra los turcos de Giovanni Sobieski, rey de Polonia, el Beato Pontífice Inocencio XI el 12 de septiembre de 1683, en memoria y agradecido del prodigio, extensas esta fiesta a toda la Iglesia, fijándose en ella al domingo entre él octava de la Natividad. Fue por fin san Pio X a reconducirla al 12 de septiembre.
Lecturas del 12/09/2026
Queridos hermanos, huid de la idolatría. Os hablo como a personas sensatas; juzgad vosotros lo que digo.
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan. Considerad al Israel según la carne: ¿los que comen de las víctimas no se unen al altar?
¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas sacrificadas a los ídolos son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios; y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O vamos a provocar los celos del Señor? ¿Acaso somos más fuertes que él?
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cayó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».
Palabra del Señor.
12 de Septiembre 2026 – Beato Manuel Binimelis Cabré
Hijo único, y ya huérfano de padre, ingresó en el seminario conciliar de Barcelona a los 10 años. A los 18 sintió vocación a la Congregación de la Misión, e inició el noviciado en Palma de Mallorca sin la menor oposición de su madre, una mujer desprendida y abnegada que supo alentar y gozar de la actividad misionera de su hijo.
Ejerció sus ministerios sacerdotales apostólicos en Palma de Mallorca, Espluga de Francolí y, desde 1923 hasta su muerte, en la Casa provincial de Barcelona. Sobresalió extraordinariamente en la dirección de las almas. La claridad y profundidad de sus conocimientos, su don de consejo, discernimiento de espíritus, piedad, paciencia sin límites y pureza de intención, le trocaron en un director modelo. Era muy apreciado entre la feligresía de la zona y bien lo demostraron ofreciéndole su casa en la persecución y movilizándose en su ayuda tan pronto como percibieron que había sido detenido.
El domingo 19 de julio ya no pudo celebrase la misa solemne prevista a la 10 en honor a S. Vicente. Aquel mismo día ardieron varios templos. El de los Paúles lo quemaron al día siguiente. El P. Binimelis, como el resto de la comunidad se refugió en casas vecinas teniendo que cambiar de domicilio continuamente. De estos domicilios el Padre salía a ejercer los ministerios y administrar los sacramentos, con prudencia, pero con el mismo celo misionero de siempre.
Lo prendieron en casa de la familia Borrás el sábado 12 de septiembre a las 11 de la noche, tras un registro de toda la casa e interrogatorio de varias horas. Inmediatamente lo mataron se cree en la avenida de Roma. Su cadáver llegó al depósito del hospital Clínico sobre las 5 de la madrugada, recién asesinado, siendo reconocido por una enfermera, feligresa suya, que se encargó de llamar a los conocidos. Llevaba en la mano una estampa de la Virgen Milagrosa.
En uno de los servicios religiosos clandestinos que tanto bien hicieron en momentos de carencia de culto en Barcelona. El Padre comunicó sus propios sentimientos a una feligresa respecto a un martirio que veía seguro: le dijo que moría por amor a Cristo y que perdonaba a sus enemigos.
Ejerció sus ministerios sacerdotales apostólicos en Palma de Mallorca, Espluga de Francolí y, desde 1923 hasta su muerte, en la Casa provincial de Barcelona. Sobresalió extraordinariamente en la dirección de las almas. La claridad y profundidad de sus conocimientos, su don de consejo, discernimiento de espíritus, piedad, paciencia sin límites y pureza de intención, le trocaron en un director modelo. Era muy apreciado entre la feligresía de la zona y bien lo demostraron ofreciéndole su casa en la persecución y movilizándose en su ayuda tan pronto como percibieron que había sido detenido.
El domingo 19 de julio ya no pudo celebrase la misa solemne prevista a la 10 en honor a S. Vicente. Aquel mismo día ardieron varios templos. El de los Paúles lo quemaron al día siguiente. El P. Binimelis, como el resto de la comunidad se refugió en casas vecinas teniendo que cambiar de domicilio continuamente. De estos domicilios el Padre salía a ejercer los ministerios y administrar los sacramentos, con prudencia, pero con el mismo celo misionero de siempre.
Lo prendieron en casa de la familia Borrás el sábado 12 de septiembre a las 11 de la noche, tras un registro de toda la casa e interrogatorio de varias horas. Inmediatamente lo mataron se cree en la avenida de Roma. Su cadáver llegó al depósito del hospital Clínico sobre las 5 de la madrugada, recién asesinado, siendo reconocido por una enfermera, feligresa suya, que se encargó de llamar a los conocidos. Llevaba en la mano una estampa de la Virgen Milagrosa.
En uno de los servicios religiosos clandestinos que tanto bien hicieron en momentos de carencia de culto en Barcelona. El Padre comunicó sus propios sentimientos a una feligresa respecto a un martirio que veía seguro: le dijo que moría por amor a Cristo y que perdonaba a sus enemigos.
viernes, 11 de septiembre de 2026
Lecturas del 11/09/2026
Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo.
No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga.
Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio.
Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles.
Me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar.
Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.
Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».
Palabra del Señor.
11 de Septiembre 2026 – San Emiliano
Santo español, nacido en el año 473 en Berceo (La Rioja). Hijo de una familia campesina de origen hispanorromano, siendo en su juventud pastor de ovejas. Decidió dedicarse a la vida contemplativa, por lo que pasó a ser uno de los discípulos del monje Félix, retirado en los montes de Bilibio, cerca de Haro, donde llevó una vida solitaria y penitente. Sujetó a la disciplina monacal, pero encontrándola demasiado holgada, se retiró a la soledad durante cuarenta y cuatro años en los montes Distercio, soportando allí las inclemencias del tiempo y la dureza de condiciones del lugar.
Su fama de santidad se extendió de tal manera que todos los que estaban en dificultades espirituales acudían a él y fue llamado por el obispo de Tarazona, Dídimo, quien no consintió que tanta virtud se perdiese en la soledad del monte, le ordenó sacerdote y le puso al cargo de la parroquia de Santa Eulalia, en su pueblo natal Berceo.
El paso por la parroquia resultó un estruendoso fracaso ya que las tareas administrativas no parecían encajar con su carácter y entregaba todas las donaciones propiedad de la parroquia a los necesitados por lo que fue acusado de malversación del dinero parroquial por sus hermanos sacerdotes y reprendido por el obispo, quien lo destituyó del cargo.
Decide volver a su soledad y se retira al valle de Suso o de arriba, cercano a su pueblo, donde transcurre la última etapa de su vida. En torno al santo va formándose una comunidad de hermanos y hermanas que formarán un oratorio primitivo, sus nombres son: Aselo, Geroncio, Citonato, Sofronio, Oria y Potamia.
San Millán es visitado, consultado y venerado. Salió al parecer muy poco de su eremitorio. La última salida que hace es para anunciar la destrucción de algunas ciudades de Cantabria. La tradición le atribuye numerosos milagros tanto en vida como después de su muerte, acaecida el 12 de noviembre del 574, con ciento un años, fue enterrado en el suelo del oratorio. Los monjes eligieron otro abad y permanecieron como ermitaños alrededor del sepulcro de San Millán, formando después de la muerte de San Millán el gran Monasterio de San Millán de la Cogolla, en la actualidad declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
No dejó nada escrito, y fue hacia el 650 cuando el obispo de Zaragoza, San Braulio escribió Vita Sancti Emiliani, primera biografía de San Millán basándose en los relatos que había escuchado de su hermano Fronimiano, monje en la Cogolla y más tardíamente Gonzalo de Berceo escribió la Historia del Señor San Millán.
Su fama de santidad se extendió de tal manera que todos los que estaban en dificultades espirituales acudían a él y fue llamado por el obispo de Tarazona, Dídimo, quien no consintió que tanta virtud se perdiese en la soledad del monte, le ordenó sacerdote y le puso al cargo de la parroquia de Santa Eulalia, en su pueblo natal Berceo.
El paso por la parroquia resultó un estruendoso fracaso ya que las tareas administrativas no parecían encajar con su carácter y entregaba todas las donaciones propiedad de la parroquia a los necesitados por lo que fue acusado de malversación del dinero parroquial por sus hermanos sacerdotes y reprendido por el obispo, quien lo destituyó del cargo.
Decide volver a su soledad y se retira al valle de Suso o de arriba, cercano a su pueblo, donde transcurre la última etapa de su vida. En torno al santo va formándose una comunidad de hermanos y hermanas que formarán un oratorio primitivo, sus nombres son: Aselo, Geroncio, Citonato, Sofronio, Oria y Potamia.
San Millán es visitado, consultado y venerado. Salió al parecer muy poco de su eremitorio. La última salida que hace es para anunciar la destrucción de algunas ciudades de Cantabria. La tradición le atribuye numerosos milagros tanto en vida como después de su muerte, acaecida el 12 de noviembre del 574, con ciento un años, fue enterrado en el suelo del oratorio. Los monjes eligieron otro abad y permanecieron como ermitaños alrededor del sepulcro de San Millán, formando después de la muerte de San Millán el gran Monasterio de San Millán de la Cogolla, en la actualidad declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
No dejó nada escrito, y fue hacia el 650 cuando el obispo de Zaragoza, San Braulio escribió Vita Sancti Emiliani, primera biografía de San Millán basándose en los relatos que había escuchado de su hermano Fronimiano, monje en la Cogolla y más tardíamente Gonzalo de Berceo escribió la Historia del Señor San Millán.
jueves, 10 de septiembre de 2026
Lecturas del 10/09/2026
Hermanos:
El conocimiento engríe, mientras que el amor edifica. Si alguno cree conocer algo, eso significa que aún no conoce como es debido. Si alguno ama a Dios, ese tal es conocido por él.
Sobre el hecho de comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que en el mundo un ídolo no es nada y que no hay más Dios que uno; pues aunque están los que son dioses en el cielo y en la tierra, de manera que resultan numerosos los dioses y numerosos los señores, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede todo y para el cual somos nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe todo y nosotros por medio de él.
Sin embargo, no todos tienen este conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo, y como su conciencia está insegura, se mancha.
Así por tu conocimiento se pierde el inseguro, un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo, por eso, si por una cuestión de alimentos peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
Palabra del Señor.
10 de Septiembre 2026 – Beato Francisco Gárate
El Beato Francisco Gárate nació en Azpeitia, Guipuzcoa, el 1857. Se sintió muy pronto inclinado a la vida religiosa, concretamente en la Compañía de Jesús. Hizo el Noviciado en Poyanne, y los votos religiosos en 1876.
Solo tuvo dos destinos en su vida religiosa. Once años en La Guardia, como enfermero y sacristán, desde 1877 a 1888, y 41 años y medio en Deusto, como portero y sacristán. Así fue de sencilla su vida. "El santo portero de Deusto", como se le llamó, hizo de la portería su gloria y su corona. Allí dio gloria a Dios. Allí sirvió a sus hermanos.
Solo hizo tres salidas en esos 41 años: Tres días en Loyola en 1921 para celebrar las fiestas centenarias de la Herida de su ilustre paisano San Ignacio en Pamplona. Un día en Orduña en 1927 para asistir a las bodas de oro de su hermano Ignacio. Y un día en la enfermería en 1929. Menos de un día: a las pocas horas iba a encontrarse con el portero del cielo.
El Decreto de virtudes heroicas le llama "el Santo de la vida ordinaria". Cifró la santidad en cumplir a la perfección su obligación. Por ello veneramos en el H. Gárate al santo de la vida profesional. Es un profesional santo. Un santo profesional. Hizo lo ordinario extraordinariamente bien. No tuvo heroicidades específicas, ni actos heroicos deslumbrantes. Esto recuerda lo que en El Divino Impaciente, de Pemán, aconseja Ignacio a Javier: "No hay virtud más eminente que el hacer sencillamente lo que tenemos que hacer".
La mejor escuela para el H. Gárate fueron los Ejercicios de San Ignacio. Estar siempre dispuesto "para venir en perfección en cualquier estado o vida que Dios Nuestro Señor nos diere a elegir... Piense cada uno que tanto aprovechará en todas cosas espirituales, cuanto saliere de su propio amor, querer e interés".
El H. Garate fue pura entrega a todos, en todo, día y noche, sin preferencias, como no fueran los pobres. Nunca tuvo tiempo para él, ni "puentes" ni vacaciones. No distinguía entre actividades naturales y sobrenaturales. En todo adoraba a Dios, en todo servía a los hermanos. "Voy, Señor", decía, cuando querían algo de él. "EL Hermano Finuras", le decían los alumnos.
El Hermano iba sonriente y ágil por el inmenso edificio de la Universidad, como endiosado. Veía a Dios en todo, en todos. Sonreía, suave y afable con todos, cuidaba de todo, porque amar es servir: servicialidad inagotable, envuelta en afabilidad, día y noche, a todas horas.
El Santo de la vida ordinaria, sí. Pero, de ordinario, nada. Todo era un acto de amor extraordinario, una respuesta generosa dándose con todo amor, una oblación total de su querer y libertad a su Divina Majestad, una entrega sin límites, sin reservas, sin horarios, a todos sus hermanos.
El H. Garate fue un contemplativo en la acción. Un profesional contemplativo. Una tarea que se resuelve en amor y servicio, sin llevar la cuenta, por amor. Él se sentía don de Dios y quiso hacer de su vida un don.
Y así 41 años y pico. Le costó dejar su templo, su cuartucho de la portería. El 8 de setiembre de 1929 por la tarde lo trasladaron a la enfermería. Solo 13 horas. Al amanecer del 9 volaba a los brazos del Padre, de los que nunca se había separado. El suave aroma de sus virtudes aún perfuma el campus de la Universidad. "La gran lección del H. Garate, recordaba el P. Arrupe, es la mejor lección impartida en Deusto".
El 16 de octubre de 1985 era solemente beatificado el humilde portero de Deusto por el Papa Juan Pablo II.
Solo tuvo dos destinos en su vida religiosa. Once años en La Guardia, como enfermero y sacristán, desde 1877 a 1888, y 41 años y medio en Deusto, como portero y sacristán. Así fue de sencilla su vida. "El santo portero de Deusto", como se le llamó, hizo de la portería su gloria y su corona. Allí dio gloria a Dios. Allí sirvió a sus hermanos.
Solo hizo tres salidas en esos 41 años: Tres días en Loyola en 1921 para celebrar las fiestas centenarias de la Herida de su ilustre paisano San Ignacio en Pamplona. Un día en Orduña en 1927 para asistir a las bodas de oro de su hermano Ignacio. Y un día en la enfermería en 1929. Menos de un día: a las pocas horas iba a encontrarse con el portero del cielo.
El Decreto de virtudes heroicas le llama "el Santo de la vida ordinaria". Cifró la santidad en cumplir a la perfección su obligación. Por ello veneramos en el H. Gárate al santo de la vida profesional. Es un profesional santo. Un santo profesional. Hizo lo ordinario extraordinariamente bien. No tuvo heroicidades específicas, ni actos heroicos deslumbrantes. Esto recuerda lo que en El Divino Impaciente, de Pemán, aconseja Ignacio a Javier: "No hay virtud más eminente que el hacer sencillamente lo que tenemos que hacer".
La mejor escuela para el H. Gárate fueron los Ejercicios de San Ignacio. Estar siempre dispuesto "para venir en perfección en cualquier estado o vida que Dios Nuestro Señor nos diere a elegir... Piense cada uno que tanto aprovechará en todas cosas espirituales, cuanto saliere de su propio amor, querer e interés".
El H. Garate fue pura entrega a todos, en todo, día y noche, sin preferencias, como no fueran los pobres. Nunca tuvo tiempo para él, ni "puentes" ni vacaciones. No distinguía entre actividades naturales y sobrenaturales. En todo adoraba a Dios, en todo servía a los hermanos. "Voy, Señor", decía, cuando querían algo de él. "EL Hermano Finuras", le decían los alumnos.
El Hermano iba sonriente y ágil por el inmenso edificio de la Universidad, como endiosado. Veía a Dios en todo, en todos. Sonreía, suave y afable con todos, cuidaba de todo, porque amar es servir: servicialidad inagotable, envuelta en afabilidad, día y noche, a todas horas.
El Santo de la vida ordinaria, sí. Pero, de ordinario, nada. Todo era un acto de amor extraordinario, una respuesta generosa dándose con todo amor, una oblación total de su querer y libertad a su Divina Majestad, una entrega sin límites, sin reservas, sin horarios, a todos sus hermanos.
El H. Garate fue un contemplativo en la acción. Un profesional contemplativo. Una tarea que se resuelve en amor y servicio, sin llevar la cuenta, por amor. Él se sentía don de Dios y quiso hacer de su vida un don.
Y así 41 años y pico. Le costó dejar su templo, su cuartucho de la portería. El 8 de setiembre de 1929 por la tarde lo trasladaron a la enfermería. Solo 13 horas. Al amanecer del 9 volaba a los brazos del Padre, de los que nunca se había separado. El suave aroma de sus virtudes aún perfuma el campus de la Universidad. "La gran lección del H. Garate, recordaba el P. Arrupe, es la mejor lección impartida en Deusto".
El 16 de octubre de 1985 era solemente beatificado el humilde portero de Deusto por el Papa Juan Pablo II.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
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