domingo, 7 de junio de 2026

07 de Junio 2026 – CORPUS CHRISTI

« Así Dios quiso el mundo, de darnos a su Hijo Unigénito ».

Estas admirables palabras las vemos brillar sobre la choza del infante de Belén donde Cristo nació sobre de un jergón de hojas.

Las vemos imprimidas sobre la pobre casita de Nazaret donde Jesús trabajó por nuestro amor. Las vemos allá en el pretorio de Caifa, de Herodes, de Pilatos, donde el inocente Jesús sufrió por nuestro amor.

Sin duda si Nuestro Señor nos hubiera querido solamente hasta la cruz, hasta dar la vida para nosotros, ya habría sido una prueba de inmenso amor, pero el Dios quiso hacer más. El Corazón de Jesús es Corazón divino, y Dios es eterno y también su amor no puede morir: " Yo estaré con vosotros hasta a la consumición de los siglos."

¿Pero de qué manera, o Jesús, quedará con nosotros? ¿Si tú mismo has predicho tu muerte, tu salida de esta tierra?

En la noche misma en la que uno de sus amigos más íntimos, un apóstol suyo, Judas, lo traicionó, en la noche en que sus enemigos azuzaron la plebe, reunieron falsos acusadores, armaron soldados por su captura, mientras que los Judíos gritaron: " No tiene que reinar sobre de nosotros, es digno de muerte... tenemos que sacarlo del mundo... ", Jesús, allá, en el Cenáculo, circundado por sus Apóstoles da una prueba solemne de todo su amor para los hombres.

“No os dejaré huérfanos, exclama, pero siempre estaré con vosotros." Una vez más aquel Corazón adorable, lleno de amor, se conmueve, piensa en las almas que necesitarán nutrimento espiritual; qué necesitarán de Él y de su fuerza y entonces decide darse como nutro. Hacia la mitad de la cena, tomó el pan, levantó los ojos al cielo, lo bendijo, lo partió y lo distribuyó a los Apóstoles diciendo: " Tomáis y coméis; éste es mi Cuerpo." De manera parecida hizo del vino que distribuyó diciendo: "Tomáis y bebéis, ésta es mi Sangre; cada vez que haréis este, háganlo en mi memoria."

Así fue cumplida la institución del Sacramento del amor, el Eucaristía, el Sacramento que hace vivir entre nosotros a Jesús, también después de suya subida al cielo.

Los enemigos mataron a Jesús, suscitaron persecuciones de cada género, buscaron cada medio para sacarlo de medio a los hombres, pero todo fue inútil.

¡Cristianos, cuántas veces allá de aquel tabernáculo Jesús nos invita al banquete divino! acerquémonos a él. Alegrémonos de estar en el número de los fieles convidados que el Dueño ha introducido en su casa. Allá olvidaremos nuestras tristezas y escucharemos

del Corazón de Cristo sus divinos consejos, allá recibiremos la fuerza, el vigor para vencer a nuestros enemigos y caminar más rápidamente por la calle de la virtud.

¡Jesús Eucarístico, sol resplandeciente y ardiente de amor, brilla en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestras familias, en el mundo entero, y nos haces amar Dios ante todo y el próximo como nosotros mismos!

Domingo, 07-06-2026 CORPUS Ciclo A

Reflexión del 07/06/2026

Lecturas del 07/06/2026

Lecturas del 07/06/2026
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si guardas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».
Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.
He aquí el pan de los ángeles, hecho viático nuestro; verdadero pan de los hijos, no lo echemos a los perros.
Figuras lo representaron: Isaac fue sacrificado; el cordero pascual, inmolado; el maná nutrió a nuestros padres.
Buen Pastor, Pan verdadero, ¡oh, Jesús!, ten piedad.
Apaciéntanos y protégenos; haz que veamos los bienes en la tierra de los vivientes.
Tú, que todo lo sabes y puedes, que nos apacientas aquí siendo aún mortales, haznos allí tus comensales, coherederos y compañeros de los santos ciudadanos.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra del Señor.

07 de Junio 2026 – Beata Ana de San Bartolomé

Ana García nació en Almendral de la Cañada (Toledo) en el seno de una familia de pastores muy devotos. Era la sexta de siete hermanos. Cuando contaba 10 años murieron sus padres y quedó a la tutela de sus hermanos mayores. La dedicaron a guardar el rebaño familiar. Cuando cumplió los 21 años, sus hermanos quisieron casarla, pero ella se opuso alegando sus promesas de virginidad perpetua, aunque su insistencia fue tan fuerte que casi la hicieron claudicar, pero nos cuenta en su "Autobiografía" que se le apareció Cristo que le dijo: "Yo soy el que tú quieres y conmigo te has de casar". Tuvo que esperar un año para poder ingresar en el convento de San José de Ávila, pues tuvo toda suerte de enfermedades, hasta que una visita a la ermita de San Bartolomé le devolvió la salud, por ello eligió este nombre en agradecimiento al santo, cuando ingresó en el Carmelo. 

Fue la primera en ingresar en el convento de San José de Ávila, reformado de santa Teresa de Jesús, como hermana lega (1570), pues no sabía ni leer ni escribir; para luego secundarla en la reforma del Carmelo. Ana se entregó de lleno a la vida del noviciado siendo modelo para todas las demás religiosas. Santa Teresa para probarla en la humildad le ordenó que se entregara a los más humildes oficios: portera, cocinera, enfermera y la hizo su misma "secretaria" y ella, que apenas sabía leer ni escribir, lo realizó de modo maravilloso. Aunque estuvo siempre muy enferma, la acompañó por diversas fundaciones: Medina, Valladolid, Alba, Salamanca, donde aprendió a escribir copiando las cartas de santa Teresa… Ana fue quien asistió en la última hora a su fundadora en Alba de Tormes. Extendió la obra teresiana por Andalucía como priora de Granada, a petición suya explicó san Juan de la Cruz su "Cántico espiritual" y publicó fray Luis de León las "Obras" de santa Teresa. Fundó en Madrid. 

Después de miles de peripecias las carmelitas llegaron a París en 1604, la priora era Ana de Jesús, y nuestra beata iba de hermana lega. Comenzaron con tensiones con Pedro de Berulle por problemas de jurisdicción eclesial. Ana de San Bartolomé dejó de ser lega, por orden de la jurisdicción eclesiástica, cosa que desagrado a Ana de Jesús. De hecho la querían monja de coro para que pudiera ser priora de nuevos carmelos. Fue priora de Pontoise, de París, sustituyendo a Ana de Jesús, en todos los lugares donde estuvo fue amada y admirada por todos y sus monjas, por su amabilidad y sencillez; aunque hubo sacerdotes que metieron cizaña entre la comunidad para que no la hicieran caso por ser extranjera. Todo lo soportó con espíritu de caridad y amor. En 1608 fue enviada a la nueva fundación de Tours y después de tres años regresó a París; aquí mantuvo relaciones con grandes personalidades como la reina de Francia, María de Médicis, y con la archiduquesa de los Países Bajos, hija de Felipe II, Isabel Clara Eugenia, que contó con ella para todo hasta para el gobierno de sus estados y la defensa de los mismos. 

En el 611 marchó a Flandes, donde fundó en Amberes, y sus oraciones salvaron a la ciudad dos veces de ser tomada por los insurrectos. Allí editó en latín, flamenco y castellano las obras de la santa abulense. El Espíritu Santo le concedió el don de entender el francés y el flamenco, a pesar de que sólo hablaba castellano. Sus fundaciones continuaron en Lovaina, Mons, Cracovia y Amberes. Falleció en Bruselas después de haber escrito una "Autobiografía", "Instrucciones para las religiosas" y "Poesía de la Cruz". Le había dicho a Cristo: "Señor, cuando me llevéis, que sea sin ruido". Fue beatificada el 6 de mayo de 1917 por SS Benedicto XV.

sábado, 6 de junio de 2026

Reflexión del 06/06/2026

Lecturas del 06/06/2026

Querido hermano:
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.
Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.
Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor.

06 de Junio 2026 – San Marcelino Champagnat

Marcelino Champagnat, sacerdote francés que fundó la congregación de los Hermanos Maristas. Nació el año 1789, el mismo año de la Revolución Francesa, en Rosey al sur de Lyon. Sus padres, Juan Bautista y María Teresa, tuvieron 10 hijos, Marcelino fue el noveno. Durante su infancia, trabajó en casa: su familia poseía una pequeña granja y un molino. A los diez años comenzó a ir a la escuela, pero a los pocos días se desanimó y no volvió. A los catorce años, pasó por su casa un buen sacerdote que iba "reclutando" jóvenes para el seminario; se fijó en Marcelino y le animó: "Tienes que estudiar para ser sacerdote. Dios lo quiere." Y Marcelino se decidió.

Ingresó en el Seminario menor y comenzó sus estudios ... con muchos problemas: Como no había ido a la escuela, apenas sabía leer y escribir. Suspendió el primer curso y "le invitaron" a quedarse en su casa ... Pero Marcelino no se desanimó y continuó estudiando. Después de muchos esfuerzos, fue pasando los cursos y pasó al Seminario mayor, en Lyon. Tenía ya 24 años. Allí, junto con otros seminaristas compañeros de estudios, empezó a madurar la idea de fundar una congregación de Hermanos, dedicados a la enseñanza y a la catequesis de los niños. Tres años después fue ordenado sacerdote y lo destinaron a La Valla. En el pueblo los niños no tenían escuela ni catequesis, y los mayores apenas iban a la iglesia. Marcelino empezó a hablar con la gente, se hizo cercano a todos, y el pueblo lo aceptó de buen grado.

Tras una fuerte experiencia con un joven moribundo, el P. Champagnat decidió fundar una congregación de Hermanos que se dedicaran a la enseñanza y a la catequesis de los niños y jóvenes, especialmente los más necesitados. Enseguida dio los primeros pasos, y el 2 de enero de 1817 reunió, en una casita alquilada cerca de la parroquia, a dos jóvenes que le habían manifestado su deseo de ser religiosos. Se llamaban Juan María Granjon y Juan Bautista Audras. Éste fue el principio de los Hermanos Maristas. Pronto acudieron otros jóvenes. Marcelino les ayudó a organizar su vida en comunidad: oración y trabajo, formación personal, sencillez y pobreza. Y una filial devoción a la Virgen María, bajo cuya protección se puso, desde el primer momento, la naciente congregación. Después de un periodo de formación, el P. Champagnat les dio un hábito religioso y los jóvenes firmaron sus primeros compromisos (votos). Al cabo de un año, Marcelino abrió una escuela en La Valla y en seguida se hicieron cargo de ella los Hermanos. Después de esta primera escuela vinieron muchas más. Los párrocos y alcaldes de los pueblos vecinos se disputaban a los Hermanos. Así, el Instituto de los Hermanos Maristas comenzó a crecer, no sin dificultades, y hubo que construir una nueva casa, porque en La Valla ya no cabían todos.

Marcelino Champagnat fue un gran hombre que llevó a cabo una obra extraordinaria: cuidó como un buen pastor a la gente de su parroquia, atendió a huérfanos y ancianos, pero sobre todo se consagró a la educación religiosa de la juventud. Ciertamente, aquello no fue nada fácil. Su austeridad personal y el trabajo incansable fueron minado su salud. Murió en la madrugada del 6 de junio de 1840, a los 51 años, rodeado de sus Hermanos. Sus restos descansan en la capilla de Ntra. Sra. del Hermitage. En el momento de su muerte, la congregación tenía cerca de 300 Hermanos (más 50 que habían muerto ya), 50 casas y escuelas, y alrededor de 7.000 alumnos.

E P. Marcelino Champagnat fue declarado «Beato» en Roma, por S. S. Pío XII, el 29 de Mayo de 1955, domingo de Pentecostés. Tras un largo y detallado estudio, los expertos habían declarado la autenticidad de dos milagros obtenidos por su intercesión.

La ceremonia de canonización del P. Marcelino Champagnat fue celebrada el domingo 18 de abril de 1999.

viernes, 5 de junio de 2026

Reflexión del 05/06/2026

Lecturas del 05/06/2026

Querido hermano:
Me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia, las persecuciones y los padecimientos, como aquellos que me sobrevinieron en Antioquía, Iconio y Listra.
¡Qué persecuciones soporté! Y de todas me libró el Señor.
Por otra parte, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. Pero los malvados y embaucadores irán de mal en peor, engañando a los demás y engañándose ellos mismos.
Tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.
Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: "Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies".
Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.

Palabra del Señor.

05 de Junio 2026 – San Bonifacio, Arzobispo y Mártir

Desde tiempos antiguos habían penetrado en Alemania grupos aislados de misioneros, pero hasta el siglo VIII no hubo un esfuerzo sistemático para cristianizar las vastas áreas selváticas. Al monje inglés Bonifacio corresponde el honor de haber ganado esta región y creado allí una jerarquía bajo la comisión directa de la Santa Sede. Treinta y seis años de labor misionera bajo continuas dificultades y en condiciones peligrosas que acabaron con el martirio han ganado para este hombre bueno y valeroso el título de «Apóstol de Alemania».

Bonifacio, o Winfredo, para dar su nombre de bautismo, nació de una familia cristiana de alto rango, probablemete en Crédito en Devonshire, hacia el año 680. La reorganizada iglesia inglesa, aun bajo la inspiración que llegara de Roma dos generaciones anteriores a Agustín de Canterbury, estaba llena de fervor y vitalidad. Winfredo era un niño pequeño cuando escuchó la conversación de algunos monjes que visitaban su hogar. Entonces decidió entrar en la Iglesia, y esta resolución no se debilitó jamás. El padre de Winfredo tenía otros planes preparados para su inteligente hijo, pero una enfermedad grave alteró su actitud y entonces envió al muchacho a la vecina abadía de Exeter para que allí fuera educado. Algunos años después, Winfredo fue a la abadía de Bursling, en la diócesis de Winchester. Luego de completar allí sus estudios fue nombrado director de la escuela. Su enseñanza atrajo muchos estudiantes y para uso de ellos escribió una gramática que aún existe. Los alumnos tomaban notas en la clase con diligencia, y esas notas eran luego copiadas y circulaban en otros monasterios en donde se estudiaban ávidamente. A lo treinta años fue ordenado sacerdote y entonces añadió la predicación a la enseñanza y al trabajo de administración.

Winfredo tenía asegurado el avance rápido dentro de la Iglesia inglesa, pero Dios le reveló que su obra debía llevarse a cabo en tierras extranjeras, en donde hacía más falta. El norte de Europa y la mayor parte de la Europa central aún estaban en las tinieblas del paganismo. En Friesland, que entonces incluía los Países Bajos y otras tierras hacia el este, el misionero nortumbrio Willibrord llevaba largo tiempo pugnando por llevar al pueblo el Evangelio. Fue aquella región la que Winfredo sintió que le llamaba. Una vez obtenido el consentimiento del abate, acompañado de dos monjes, se puso en marcha en la primavera del año 716. Poco después de desembarcar en Doerstadt supieron que el duque Radboldo de Friesland, enemigo del cristianismo, estaba en guerra con Carlos Martel, el duque franco, y que Willibrord había sido obligado a retirarse a su monasterio de Echternacht. Dándose cuenta de que los tiempos no eran propicios, los misioneros regresaron a Inglaterra prudentemente, en el otoño. Los monjes de Winfredo en Bursling trataron de mantenerlo junto a ellos y deseaban elegirlo abad, pero él no desistió de su propósito.

La primera tentativa le había enseñado que para ser efectivo en tanto que misionero debía estar comisionado directamente por el Papa, de modo que el año 718 se presentó en Roma ante el Papa Gregorio II, portador de cartas de recomendación del obispo de Winchester. El Papa le acogió calurosamente, le mantuvo en Roma hasta la primavera del año siguiente, cuando las condiciones para viajar eran más favorables, y luego lo envió como comisiónalo general para predicar la palabra de Dios a los paganos. En esa época el nombre de Winfredo fue cambiado por el de Bonifacio (del latín bonifatus afortunado). Crw indo los Alpes, el misionero viajó a través de Bavaria hasta llegar a Hesse. El duque Radboldo había muerto y su sucesor era más amigable. Marchó hasta Friesland y allí Bonifacio trabajó durante tres años bajo Willibrord, el cual ya era muy viejo. Bonifacio declinó la oferta de convertirse en el coadjutor de Willibrord y su sucesor como obispo de Utrech diciendo que su cometido era general «para los paganos» y que no podía limitarse a una sola diócesis. Entonces regresó a Hesse. Bonifacio no tuvo gran dificultad en hacerse comprender en su predicación, ya que los dialectos de las varias tribus teutonas se parecían mucho a su nativo anglosajón. Despertó el interés de dos jefes locales, Dettic y Deorulf, quienes en época anterior habían sido bautizados. Por falta de instrucción habían permanecido algo mejores que los paganos, pero entonces se convirtieron en cristianos celosos e influyeron en muchos otros para que se bautizasen. También dieron una tierra a Bonifacio en donde más tarde fundaría el monasterio de Amoeneburg. Así Bonifacio pudo dar cuenta de conversiones tan notables que el Papa le requirió a Roma para que fuera ordenado obispo.

En Roma, el día de San Andrés, 30 de noviembre de 722, el Papa Gregorio II lo consagró como obispo regional con jurisdicción general sobre las «razas de las partes de Alemania y del este del Rin, las cuales viven en error, en la tiniebla de la muerte». El Papa le dio también una carta para el poderoso Carlos Martel, «El Martillo». Cuando Bonifacio la entregó al duque franco, ya de regreso hacia Alemania, recibió el valioso don de la prenda sellada de la protección franca. Así, armado con la autoridad de la Iglesia y del poder civil, el prestigio de Bo? nifacio creció de punto. A su regreso a Hesse se dispuso a eliminar radicalmente las supersticiones paganas que afectaban seriamente la estabilidad de los conversos. Cierto día, anunciado públicamente y en medio de la multitud atemorizada, Bonifacio y uno o dos de sus seguidores atacaron con hachas el roble sagrado de Thor. Estas tribus germánicas, junto con muchos otros pueblos primitivos, adoraban a los árboles. Thor, dios del trueno, era una de las principales deidades teutonas y ese viejo roble que se alzaba en la cima del monte Gudenberg estaba cosagrado a él. Después de varios golpes, el frondoso árbol se vino abajo, partiéndose en cuatro trozos. Los aterrorizados hombres de la tribu, que habían esperado que el castigo cayera de inmediato sobre los perpetradores de tal ultraje, vieron entonces que su dios no tenía ningún poder ni siquiera para proteger su propio santuario. Para señalar la victoria, Bonifacio erigió una capilla en aquel lugar. Desde ese momento la evangelización de Hesse avanzó rápidamente.

Marchando más hacia el este, en Turingia, Bonifacio continuó su cruzada.

Allí encontró algunos sacerdotes celtas e irlandeses indisciplinados, que más bien fueron un obstáculo que una ayuda. Muchos de ellos profesaban creencias heréticas y otros vivían vidas inmorales.

Bonifacio estableció el orden entre ellos, aunque su principal anhelo era el de ganar a la fe las tribus paganas. En Ohrdruff, cerca de Gotha, estableció un segundo monasterio, dedicado a San Miguel, como centro misionero. En todas partes la gente ansiaba escuchar lo que predicaban, pero había escasez de maestros. Bonifacio acudió a los monasterios y conventos ingleses y su respuesta fue tan cordial que durante varios años multitud de monjes, maestros de escuela y monjas llegaron para ponerse bajo su dirección. Los dos monasterios que ya estaban edificados debieron ampliarse y se fundaron varios más. Entre los misioneros ingleses estaba Lullus, que debía suceder a Bonifacio en Mainz; Eoban, quien iba a compartir su martirio, Burchard y Wigbert; entre las monjas se hallaban Tecla, Chunitrude y la hermosa y versada prima de Bonifacio, Lioba, que más tarde sería abadesa de Bischofsheim y amiga de Hildegarda, la esposa de Carlomagno.

El Papa Gregorio III envió el pallium a Bonifacio en el año 731, nombrándolo arzobispo y metropolitano de toda la Alemania más allá del Rin, con autoridad para fundar nuevos episcopados. Pocos años después Bonifacio hizo un viaje a Roma para hablar acerca de las iglesias que había fundado, y entonces fue nombrado legado apostólico. Deteniéndose en Monte Casino pudo alistar a varios misioneros. Como legado viajó por Bavaria para organizar allí la Iglesia en cuatro episcopados de Regensburg, Fresing, Salzburgo y Passau. De Bavaria regresó a su propio campo de actividades y fundó los nuevos episcopados de Erfurt para Turingia, Buraburg para Hesse, Wurzburg para Franconia y Eichstadt para Nordgau. Un monje inglés fue colocado a la cabeza de cada nueva diócesis. En el año 741 se fundó en Prusia la gran abadía benedictina de Fulda, que iba a servir de cimiento a toda la cultura monástica de Alemania. Su primer abad fue un joven bávaro discípulo de Bonifacio, llamado Stur o Sturrnio. En la baja Edad Media, Fulda produjo buen número de estudiantes y maestros y fue conocida como el Monte Casino de Alemania.

Mientras la evangelización de Alemania adelantaba rápidamente, la Iglesia en Galia, bajo los reyes merovingios, se desintegraba. Los altos cargos eclesiásticos o estaban vacantes, o eran vendidos al mejor postor, o se otorgaban a indignos favoritos. El pluralismo, es decir, la reunión en una sola persona de varios cargos cada uno de los cuales hubiera podido ocupar todo su tiempo, era algo común. La gran mayoría del clero era ignorante e indisciplinada. Durante ochenta y cuatro años no se había reunido ningún sínodo o concilio de la Iglesia. Carlos Marte! había seguido conquistando y consolidando las regiones de la Europa occidental y entonces se consideraba a sí mismo como el aliado del papado y el principal campeón de la Iglesia, pero, sin embargo, persistentemente la había saqueado para obtener fondos para sus guerras y no había hecho nada para ayudar a la obra de reforma. Su muerte, no obstante, acaecida en el año 741, v el acceso al trono de sus hijos Carlomán y Pepino el Breve dieron la oportunidad de la cual Bonifacio se amparó en seguida. Carlomán, el mayor, era muy devoto y tenía gran veneración por Bonifacio; éste no tuvo gran dificultad en persuadirle de que reuniera un sínodo para tratar los errores y abusos de la Iglesia en Austrasia, Alemania y Turingia. La primera asamblea fue seguida de varias otras. Bonifacio las presidió todas y consiguió llevar a cabo reformas importantes. Los episcopados y parroquias vacantes se ocuparon, la disciplina se restableció y un nuevo vigor cundió por la Iglesia franca. Cierto hereje que había sido causa de grandes disturbios, llamado Adalberto de Neustria, fue condenado por el sínodo de Soissons en el año 744. En 747, otro concilio general de la iglesia franca estableció una profesión de fe y fidelidad que fue enviada a Roma y depositada en el altar de la cripta de San Pedro. Después de una labor de cinco años, Bonifacio había logrado devolver a la Iglesia de Galia su primitiva grandeza.

Fue entonces cuando Bonifacio deseó que también Inglaterra compartiese ese movimiento de reforma. A instancias suyas y del Papa Zacarías, el arzobispo de Canterbury reunió un concilio en Clovesho, en 747, en el que se adoptaron muchas de las resoluciones dictadas en Galia. En ese mismo año se otorgó a Bonifacio el título de metropolitano. Se propuso primero a la ciudad de Colonia como su ciudad catedral, pero finalmente se eligió a la ciudad de Mainz. Aun cuando, más adelante, Colonia y otras ciudades se convirtieron en sedes archiepiscopales, Mainz retuvo su primacía. El Papa hizo a Bonifacio primado de Alemania, así como legado apostólico para Alemania y Galia.

Carlomán se retiró a un monasterio, pero su sucesor Pepino, quien mantuvo a toda la Galia bajo su control, dio todo su apoyo a Bonifacio. «Sin el patrocinio de los jefes francos ?escribía Bonifacio en una carta a Inglaterra? yo no podría gobernar al pueblo ni mantener la disciplina entre el clero los monjes, ni vigilar las prácticas de paganismo.» Como legado apostólico, Bonifacio coronó a Pepino en Soissons en el año 751, dando así la sanción papal al acceso al poder real del que sería padre de Carlomagno. Bonifacio, comenzando a sentir el peso de los años, hizo de Lullus su coadjutor. Pero aun entonces, cuando tenía más de setenta años, su celo misionero seguía ardiendo. Deseaba pasar sus últimos años trabajando entre aquellos primeros conversos de Friesland, los cuales, desde la muerte de Willibrord, habían vuelto a caer en el paganismo. Dejando todo en orden para Lullus, quien le había sucedido, se embarcó junto con unos cincuenta compañeros y viajó por el Rin. En" Utrech se reunió con el grupo el obispo de aquella diócesis, Eoban. Empezaron la tarea de reclamar a los cristianos relapsos y durante los siguientes meses establecieron provechosos contactos con las tribus del nordeste, hasta entonces no alcanzadas por la fe. Bonifacio dispuso un gran servicio de confirmación el día de Pentecostés, sobre el llano de Dokkum, cerca de los bancos del pequeño río Borne.

Mientras esperaba la llegada de los conversos, Bonifacio leía calmadamente en su tienda. Repentinamente un grupo de paganos armados apareció en el centro del campamento. Sus compañeros hubieran querido defender a su jefe, pero éste no lo permitió. Mientras él les instaba a creer en Dios y acoger alegremente la perspectiva de morir por Él, los germanos atacaron. Bonifacio fue uno de los primeros en caer. Sus compañeros compartieron la misma suerte. Los paganos, creyendo que podían llevarse un rico botín, se disgustaron al no encontrar otra cosa, aparte de las provisiones, que una caja de santas reliquias y unos cuantos libros. No se molestaron en llevarse estos objetos, que luego fueron recogidos por los cristianos que vinieron a vengar a los mártires y rescatar sus restos. El cuerpo de Bonifacio fue llevado a Fulda, lugar en donde fue enterrado y en donde todavía se encuentra. El libro que el obispo estaba leyendo y que se dice alzó sobre su cabeza para salvarlo cuando le golpearon, es también otro de los tesoros de Fulda.

Bonifacio ha sido llamado el procónsul del papado. Su genio administrativo y organizador dejó su huella en la Iglesia alemana a través de toda la edad Media. Aunque Bonifacio fue principalmente un hombre de acción, su obra literaria es extensa. Especialmente interesantes e importantes, desde el punto de vista del dogma de la Iglesia y de la historia, son sus cartas. Entre los emblemas de Bonifacio se hallan el roble, el hacha, la espada y un libro.