domingo, 4 de febrero de 2024

Domingo, 04-02-2024 5º de TIEMPO ORDINARIO Ciclo B

Reflexión del 04/02/2024

Lecturas del 04/02/2024

Job habló diciendo: « ¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los de un jornalero? Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.
Mí herencia han sido meses baldíos, me han asignado noches de fatiga.
Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.
Corren mis días más que la lanzadera, se van consumiendo faltos de esperanza.
Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no verán más la dicha».
Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio.
Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca».
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor.

04 de Febrero - San Juan de Brito

Juan de Brito (1647-1693) fue uno de los primeros misioneros jesuitas de la India en adoptar elementos de la cultura local en su evangelización. La causa de su martirio fue su éxito y su firme rechazo de seguridad y honores. Aristócrata portugués por su nacimiento, a los nueve años era ya miembro de la corte y compañero del joven príncipe que luego llegaría a ser el rey Pedro II. Siendo aún joven estuvo a punto de morir por enfermedad y su madre hizo promesa de que, si vivía, iría vestido con la sotana de la Compañía durante un año. Al recobrar la salud hubo de pasearse por la corte como un jesuita en miniatura, pero su gran corazón comenzó a alimentar un fuerte deseo de entrar realmente en la Compañía. Y a pesar de la insistencia del príncipe y del rey, comenzó el noviciado en Lisboa el 17 de diciembre de 1662, a la edad de 15 años. Hizo estudios clásicos, aunque tuvo que interrumpirlos una vez por problemas de salud, y luego filosofía. El 1668 escribió al superior general pidiéndole ser enviado a Oriente como misionero, pero debía primero terminar la teología. Ordenado en febrero de 1673 abandonó Lisboa para dirigirse a Goa a mediados de marzo, y llegó a su destino en septiembre. Siguió estudiando teología en Goa y le pidieron que se quedara como profesor, aunque su deseo seguía siendo el de ser misionero y perseguir la gloria del martirio.

El P. Brito trabajó en Madura, en las regiones de Kolei y Tattuvanchery. Al estudiar el sistema indio de castas, descubrió que la mayoría de los cristianos pertenecían a las castas inferiores y más despreciadas. Pensó que había que convertir al cristianismo también a miembros de castas superiores, si es que el cristianismo debía tener un futuro. Se convirtió en un asceta indú, un pandaraswami, ya que éstos podían acercarse a individuos de cualquier casta. Adoptó un estilo de vida diferente, de modo que comía sólo un poco de arroz al día, dormía sobre una esterilla y se vestía con manto rojo y turbante. Organizó un pequeño lugar de retiro en el bosque y llegó a ser aceptado como pandaraswami. Cuando se le fue conociendo, el número de conversions creció mucho.

Tras 11 años en la mission fue nombrado superior de Madura, pero a la vez se convertía en blanco de la ira de la casta superior, molesta con su trabajo y deseosa de darle muerte. En 1686 fue capturado, junto con algunos catequistas, por un cuerpo de soldados que les cargaron de cadenas. Cuando le amenazaron de muerte él ofreció su cuello, pero no siguieron adelante. Tras haber pasado un mes en prisión le dejaron en libertad y volvió a Madura, donde recibió orden de volver a Portugal para dar cuenta de la situación de la misión en la India. Llegado a Lisboa diez meses más tarde, fue recibido como un héroe. Recorrió universidades y colegios describiendo la vida aventurera de los misioneros de la India. Su amigo de infancia, ahora ya rey Pedro II, al ver lo delgado, consumido y cansado que estaba, le pidió que se quedara en Portugal como tutor de sus dos hijos, pero para Brito las necesidades de la India estaban muy por encima de las comodidades de la corte portuguesa.

De Nuevo se embarcó para Goa, nada más llegar en noviembre de 1690, se dirigió a la misión de Madura, a pesar de las amenazas de muerte que el rajá de Marava le había dirigido cuatro años antes. Tenía que ir de una misión a otra cuando se hacía de noche, para poder celebrar la Misa y bautizar a los conversos.

El haber logrado convertir al príncipe Tadaya Theva decidió indirectamente su muerte. Este príncipe ya se había interesado por el cristianismo antes de que un catequista le ayudase con sus oraciones a recuperarse de una seria dificultad. Brito había insistido en que el príncipe, tras el bautismo, no podía conservar sino una de sus mujeres. Éste dio su consentimiento, pero una de las mujeres que se vieron rechazadas elevó sus quejas a su tío, el rajá de Marava, que mandó sus soldados el 28 de enero de 1690 a detener al misionero. Veinte días más tarde el rajá desterraba a Brito a Oriyur, provincia vecina gobernada por un hermano suyo. El rajá dio instrucciones a su hermano para que ejecutara a aquel problemático jesuita, que fue sacado de la prisión el 4 de febrero y llevado a un altozano junto al río, donde un verdugo le decapitó con una cimitarra.

sábado, 3 de febrero de 2024

Reflexión del 03/02/2024

Lecturas del 03/02/2024

En aquellos días, el rey Salomón acudió a Gabaón a ofrecer mil holocaustos sobre aquel altar, pues era aún el santuario principal.
Aquella noche el Señor se apareció allí en sueños a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que deseas que te dé».
Salomón respondió: «Has actuado con gran benevolencia hacía tu siervo David, mi padre, porque caminaba en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud de corazón. Has tenido para con él una gran benevolencia, concediéndole un hijo que había de sentarse en su trono, como sucede en este día.
Pues bien, Señor, mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre bien. Pues, cierto ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tan inmenso?». Agradó a Señor esta súplica de Salomón.
Entonces le dijo Dios: «Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti Te concedo también aquello que no has pedido, riquezas y gloria mayores que las de ningún otro rey mientras vivas».
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco».
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Palabra del Señor.

03 de Febrero - Santa Claudina Thévenet

Fue la segunda de una familia de siete hijos, nace en Lyon el 30 de marzo de 1774. “Glady ", como se la llama familiarmente, ejerce muy pronto una bienhechora influencia sobre sus hermanos y hermanas porque su bondad, delicadeza y olvido propio la llevan a complacer siempre a los demás.

Tiene 15 años cuando estalla la Revolución Francesa. En 1793 vive las horas trágicas del asedio de Lyon por las fuerzas gubernamentales y, en enero de 1794, llena de horror y de impotencia, asiste a la ejecución de sus hermanos, condenados a muerte por represalia, después de la caída de la ciudad. Sus últimas palabras: "Perdona, Glady, como nosotros perdonamos" las hace muy suyas, las graba en su corazón y la marcan profundamente dando nuevo sentido a su vida. En adelante se dedicará a socorrer las innumerables miserias que la Revolución había producido. Para Claudina, la causa principal del sufrimiento del pueblo era la ignorancia de Dios y esto despierta en ella un gran deseo de darlo a conocer a todos. Niños y jóvenes atraen principalmente su celo apostólico y arde por hacer conocer y amar a Jesús y a María.

El encuentro con un santo sacerdote, el Padre Andrés Coindre, le ayudará a conocer la voluntad de Dios sobre ella y será decisivo en la orientación de su vida. En el atrio de la iglesia de San Nizier, el Padre Coindre había encontrado dos niñas pequeñas abandonadas y temblando de frío. Las condujo a Claudina quien no vaciló en ocuparse de ellas.

La compasión y el amor hacia las niñas abandonadas son el origen de la Providencia de San Bruno en Lyon (1815). Algunas compañeras se unen a Claudina. Se reúnen en Asociación. Elaboran y experimentan un Reglamento y pronto la eligen como Presidenta.

El 31 de julio de 1818 el Señor se deja oír por la voz del Padre Coindre: "hay que formar una comunidad. Dios te ha elegido" dijo a Claudina. Y así, el 6 de octubre de ese mismo año, se funda la Congregación de Religiosas de Jesús-María, en Pierres-Plantées, sobre la colina de la Croix Rousse. En 1820 la naciente Congregación se instalará en Fourviére (frente al célebre santuario) en un terreno adquirido a la familia Jaricot. En 1823 obtiene la aprobación canónica para la Diócesis del Puy y en 1825 para la de Lyon.

El fin inicial del joven Instituto era recoger las niñas pobres hasta los 20 años de edad. Se las enseñaba un empleo y los conocimientos propios de la escuela primaria, todos ello desde una sólida formación religiosa y moral. Pero querían hacer más, y Claudina y sus hermanas abrieron también sus corazones a niñas de clases acomodadas construyendo para ellas un pensionado. El fin apostólico de la Congregación será pues, la educación cristiana de todas las clases sociales con una preferencia por las niñas y jóvenes, y entre ellas, las más pobres.

Los dos tipos de obras se desarrollan simultáneamente a pesar de las pruebas que acompañarán a la Fundadora a lo largo de los últimos doce años de su peregrinación en esta tierra: la muerte dolorosamente repentina del Padre Coindre (1826) y de las primeras hermanas (1828); la tenacidad para impedir la fusión de su Congregación con otra también recién fundada; los movimientos revolucionarios de Lyon en 1831 y 1834 con todas las consecuencias que debieron sufrir los habitantes de Fourviére, por ser la colina punto estratégico de los dos bandos antagónicos.

El insigne valor de la Fundadora no se deja intimidar por la adversidad, al contrario, emprende con audacia nuevas construcciones, entre ellas la de la Capilla de la Casa Madre, al mismo tiempo que se entrega a la redacción de las Constituciones de la Congregación. Las estaba ultimando cuando, a sus 63 años, la muerte llamó a su puerta. Era el 3 de febrero de 1837. Es beatificada en 1981 y canonizada en 1993.

"Hacer todas las cosas con el único deseo de agradar a Dios" fue el hilo conductor de toda su vida. Esta búsqueda constante de la voluntad de Dios, "llevar una vida digna del Señor agradándole en todo", le dio una fina sensibilidad para leer los signos de los tiempos, discernir los designios de Dios sobre ella y dar una respuesta íntegra y total. Ese camino le ha merecido "compartir la suerte de los santos en la Luz" (Col. 1, 10-11).

"Encontrar a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios" es vivir en espíritu de alabanza. En un mundo en que está demasiado ausente la esperanza, redescubrir la bondad del Creador, presente en la creación y en las personas, reafirma el sentido de vivir e invita a la acción de gracias. Claudina hizo de su vida religiosa apostólica "un himno de gloria al Señor". Sus últimas palabras: "Qué bueno es Dios" fueron la exclamación admirativa de la bondad de Dios que había sabido descubrir aún en los momentos más dolorosos de su vida.

Claudina imprimió en su Congregación su fuerte personalidad. Dotada de una grandeza de alma poco común, de prudente inteligencia y buena organización, fue, sobre todo, una mujer de gran corazón. Y quería que sus hijas fueran verdaderas madres de las niñas confiadas a su cuidado: "Es necesario ser madres de las niñas - les decía - sí, verdaderas madres, tanto del alma como del cuerpo". Ninguna parcialidad, ninguna preferencia, "las únicas que os permito son para las más pobres, las más miserables, las que tienen más defectos. A estas sí, amadlas mucho".

La solidez de una construcción se revela al paso del tiempo. Cinco años apenas de la muerte de la Fundadora sus hijas llegaban a la India (1842). En 1850 entran en España y en 1855 van al Nuevo Mundo, a Canadá.

175 años después de la fundación de la Congregación, son más de mil ochocientos las Religiosas de Jesús-María repartidas hoy en ciento ochenta comunidades por los cinco continentes. Todas acogen con grande gozo y gratitud la canonización de esta humilde y generosa hija de Francia que el Señor escogió para hacerla su Fundadora.

viernes, 2 de febrero de 2024

02 de Febrero 2024 – Purificación de María en el Templo

El 2 de febrero la Iglesia Católica celebra dos acontecimientos religiosos importantes en la historia de la salvación: la Purificación de la Virgen María después del parto y la Presentación del niño Jesús en el Tempo de Jerusalén. Ambos eventos tienen un profundo significado salvífico, a veces poco conocido. Están narrados en el evangelio de Lucas (2,22-38), quien seguramente fue informado por la Virgen María o tal vez por el evangelista Juan, a quien Jesús crucificado encargó cuidar filialmente a María (Juan 19,27). En este artículo nos referimos a la Purificación de María que sigue teniendo importancia y muestra la profunda humildad de la Virgen que aceptó ser tenida como pecadora…

Recordemos cómo María fue la Madre de Jesús. El Evangelio de Lucas (1,26-38) narra cómo el Ángel Gabriel anunció a María: “No temas, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Él será grande y se llamará ‘Hijo del Altísimo’”.

María quedó perpleja ya que ella había prometido no tener hijos, como sacrificio por los pecados del pueblo, identificándose así con la “Hija de Sion” pecadora, pero arrepentida, a quien Dios perdona (Isaías 1,8; 54; 62). Por eso preguntó al Ángel: “¿Cómo puede ser esto, ya que no conozco varón?”. El Ángel le respondió: “La Santa Rúaj (Espíritu) vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cobijará bajo su sombra. Por eso el que nacerá de ti será llamado Santo, Hijo del Altísimo”. María aún sin comprender plenamente cómo, permaneciendo virgen, iba a ser madre, creyó en la profecía del Ángel y respondió: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”.

María cumplió las normas prescritas en la Ley de Moisés para las mujeres embarazadas (Levítico 12; 5,1-10). La mujer que daba a luz a un hijo varón quedaba impura durante 7 días como en el tiempo de sus reglas y, además, debía permanecer en su casa otros 33 días más, purificándose de su sangre, sin poder tocar ninguna cosa santa ni ir al santuario. Si dio a luz a una hija el tiempo de impureza se duplicaba.

Al dar a luz a un hijo varón, la madre, al cumplirse los 40 días, debía presentar al sacerdote un cordero de un año o, si el dinero no le alcanzaba, dos pichones, uno como holocausto y otro como sacrificio por el pecado. El sacerdote hacía expiación por ella para que recuperase su pureza legal. Por ser pobres, María juntamente con su esposo José ofrecieron únicamente dos tórtolas o dos pichones, de los cuales uno era quemado como holocausto, mientras que el otro era degollado y con su sangre el sacerdote rociaba el altar en sacrificio por el pecado.

A los 40 días del nacimiento de Jesús, su madre y José fueron con el niño al Templo de Jerusalén para cumplir el rito de la purificación de María. Ella, aun siendo pura, cumplió ese rito con profunda humildad y también en solidaridad para no castigar a las madres embarazadas irregularmente, a quienes la Ley de Moisés consideraba impuras y ordenaba apedrearlas (Juan 8,1-11; Deuteronomio 22,20-21).

El evangelio de Mateo (1,18-24) narra cómo José no entendió cómo su esposa María estaba encinta sin que hubiesen tenido relaciones conyugales. Como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Pero el Ángel del Señor Dios se le apreció en sueños y le dijo que su esposa estaba encinta por obra de la Rúaj Santa y que tendría un hijo, a quién José debería ponerle el nombre de Jesús, que significa “Yahvé salva”. Así se cumplió la profecía: “Vean que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán por nombre Emanuel” (Isaías 7,14).

La Iglesia Católica sostiene que el Hijo de Dios, a quien conocemos como el Logos o el Verbo, se encarnó milagrosamente en el seno de la Virgen María. Hoy en día podemos explicar que María como toda mujer ovuló normalmente al llegar a la edad de la pubertad. Pero milagrosamente ese óvulo fue fecundado, pasando a ser cigoto, o sea embrión mono celular, en el cual el Verbo Divino se encarnó.

Recordemos que el útero de la mujer suele tener una membrana, llamada himen, la cual se rompe cuando tiene relaciones sexuales, dejando físicamente de ser virgen. La Iglesia Católica ya desde tiempos antiguos cree que María dio a  luz a su hijo, permaneciendo virgen.

El Protoevangelio de Santiago (XX), documento apócrifo al que se reconoce cierto valor histórico, describe que una partera llamada Salomé quiso comprobar físicamente que María era virgen e introdujo su dedo. Su mano quedó carbonizada y ella se arrepintió de su incredulidad, aunque luego pidió perdón y fue sanada.

El Concilio Vaticano II Const. Dogmática Lumen Gentium 55) declaró: “Ella, María, es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel” (Cf. Isaías 7,14; Miqueas 5,2-3; Mateo 1,22-23). Hoy en día celebrar la purificación de María nos ayuda a comprender mejor el plan de Dios y ponerlo en práctica, defendiendo a las mujeres para que no sean abusadas y sancionando a los varones que las violaron. Si están embarazadas hay que ayudarlas para que den a luz, protejan y cuiden a sus hijos. Si no pueden cuidarlos se deben  buscar ayudas para acogerlos y si es posible y conveniente adoptarlos.

Recordemos las palabras del Evangelio: “Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: “El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de todos vosotros es el más importante”. (Lucas 9,46-50).

02 de Febrero 2024 – La Presentación del Señor

Aunque esta fiesta del 2 de febrero cae fuera del tiempo de navidad, es una parte integrante del relato de navidad. Es una chispa de fuego de navidad, es una epifanía del día cuadragésimo. Navidad, epifanía, presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico.

Es una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la epifanía, el 14 de febrero. La peregrina Eteria, que cuenta esto en su famoso diario, añade el interesante comentario de que se "celebraba con el mayor gozo, como si fuera la pascua misma"'. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente. En el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma. Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de navidad.

Entre las iglesias orientales se conocía esta fiesta como "La fiesta del Encuentro" (en griego, Hypapante), nombre muy significativo y expresivo, que destaca un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo. San Lucas narra el hecho en el capítulo 2 de su evangelio. Obedeciendo a la ley mosaica, los padres de Jesús llevaron a su hijo al templo cuarenta días después de su nacimiento para presentarlo al Señor y hacer una ofrenda por él.

Esta fiesta comenzó a ser conocida en Occidente, desde el siglo X, con el nombre de Purificación de la bienaventurada virgen María. Fue incluida entre las fiestas de Nuestra Señora. Pero esto no era del todo correcto, ya que la Iglesia celebra en este día, esencialmente, un misterio de nuestro Señor. En el calendario romano, revisado en 1969, se cambió el nombre por el de "La Presentación del Señor". Esta es una indicación más verdadera de la naturaleza y del objeto de la fiesta. Sin embargo, ello no quiere decir que infravaloremos el papel importantísimo de María en los acontecimientos que celebramos. Los misterios de Cristo y de su madre están estrechamente ligados, de manera que nos encontramos aquí con una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María.

La bendición de las candelas antes de la misa y la procesión con las velas encendidas son rasgos chocantes de la celebración actual. El misal romano ha mantenido estas costumbres, ofreciendo dos formas alternativas de procesión. Es adecuado que, en este día, al escuchar el cántico de Simeón en el evangelio (Lc 2,22-40), aclamemos a Cristo como "luz para iluminar a las naciones y para dar gloria a tu pueblo, Israel".

Reflexión del 02/02/2024

Lecturas del 02/02/2024

Esto dice el Señor:
«Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí.
De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando, dice el Señor del universo.
¿Quién resistirá el día de su llegada?, ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como fuego de fundidor, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en tiempos pasados, como antaño».
Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a cuantos, por miedo a la muere, pasaban la vida entera como esclavos.
Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en toda a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.
Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

Palabra del Señor.

02 de Febrero - San Juan Teòfano Venard

En Hanói, en Tonkín, san Juan Teófano Vénard, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que tras pasar seis años de trabajos ministeriales en la clandestinidad y en medio de grandes dificultades, fue encerrado en una jaula y condenado a muerte en tiempo del emperador Tu Duc, marchando serenamente a consumar su martirio por decapitación.

Nació en Saint-Loup-sur-Thuet, en la diócesis de Poitiers. A los 18 años ingresó en el seminario de Montmorillon, donde estudió Filosofía y luego pasó al de Poitiers donde estudió Teología. Con las órdenes menores ingresó en el Instituto de Misiones Extranjeras de París; fue ordenado sacerdote en 1851. 

Desde Amberes marchó para Tonkín y en 1852 llega a Singapur, donde halló a varios seminaristas huidos de Tonkín y en cuyas familias ya había habido mártires. De allí pasó a Hong Kong aguardando la oportunidad de ingresar en Vietnam. En el 1854, llegó al Vietnam a la zona de Cua Cam. El Vicario Apostólico, monseñor Retord, lo mantuvo a su lado y que se dedicara a aprender la lengua. Aunque la persecución ya estaba en marcha por orden de emperador Tu Duc, como un misionero curase al hijo del gobernador de Cua Cuam, en esta provincia, la orden de persecución se mantuvo ralentizada. En un segundo edicto del rey y antes de que el gobernador pudiera avisar a los misioneros, el seminario estaba rodeado de soldados. El padre Vinh Trinh salió para entretener a los soldados mientras que el obispo, Teófanes y otros sacerdotes y seminaristas pudieron ponerse a salvo.

Estando en la localidad de Kim Bang, en casa de una anciana, y con la misión de que los apostatas cristianos volvieran a la fe católica, uno de ellos lo entregó y junto con el catequista Luong fueron conducidos a la prefectura de Phu Ly. Fue enviado al gobernador. De camino pararon en Ke Voi y el alcalde, que era cristiano, le dio a luz una carta del obispo coadjutor monseñor Theurel. Llegó a Hanoi enjaulado, donde fue interrogado, y junto a su seminarista se negaron a pisar la cruz, con lo cual fueron condenados a muerte.

La sentencia debía ser ratificada por la corte de Hue. Mientras llegaba, fue encerrado en una jaula, pero se le permitía salir, y recibió un trato humano, así pudo relacionarse con otros sacerdotes, recibir y dar los sacramentos y a través de una mujer, los cristianos de Hanoi, pudieron recibir la comunión. Mientras Teófanes se preparaba para el martirio concentrado en la oración.

Cuando llegó la orden del martirio le permitieron recibir la comunión, ponerse ropa nueva, y repartir su pertenencia. Al llevarle al suplicio le pusieron una cruz en el suelo, que él se negó a pisarla, con lo que los soldados, lo obligaron y el no pudo oponerse a causa de las cadenas. El verdugo que le iba a decapitar le dijo que lo haría rápidamente si le daba dinero y él le contestó: “Nada tengo, cumple tu deber”. Le cortaron la cabeza, después de tres golpes, y con una espada rota. Su cabeza estuvo expuesta tres días y luego arrojada al río, que fue rescatada por los cristianos. Desde Tonkín había escrito: "¡Valor en la vida! ¡Viva el optimismo!". Santa Teresita del Niño Jesús estimaba las cartas escritas por el mártir desde la cárcel que decía: “Sus pensamientos son los míos; su alma se parece en todo a mi alma”. Fue canonizado por san Juan Pablo II el 19 de junio de 1988.

jueves, 1 de febrero de 2024

Reflexión del 01/02/2024

Lecturas del 01/02/2024

Se acercaban los días de la muerte de David y este aconsejo a su hijo Salomón:
«Yo emprendo el camino de todos. Ten valor y sé hombre. Guarda lo que el Señor tu Dios, manda guardar siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, órdenes, instrucciones y sentencias, como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y adondequiera que vayas. El Señor cumplirá así la promesa que hizo diciendo: “Si tus hijos vigilan sus pasos, caminando fielmente ante mí, con todo su corazón y toda su alma, no te faltará uno de los tuyos sobre el trono de Israel.”» David se durmió con sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David.
Cuarenta años reinó David sobre Israel; siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.
Salomón se sentó en el trono, de David su padre y el reino quedo establecido sólidamente en su mano.

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Palabra del Señor.

01 de Febrero - San Enrique Morse

En Londres, en Inglaterra, san Enrique Morse, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, que, apresado en diversas ocasiones y exiliado dos veces, fue encarcelado de nuevo en tiempo del rey Carlos I por ser sacerdote y, después de haber celebrado la Misa en la cárcel, ahorcado en Tyburn entregó su alma a Dios.

Nació en Brome (Suffolk) en el seno de una familia anglicana. Se convirtió al catolicismo; después de haber sido miembro del Inns of Court estudió para ser sacerdote en Douai. Vuelto a Inglaterra, en 1618, fue desterrado por negarse a hacer el juramento de fidelidad al rey, y entonces se marchó a Roma, donde completó los estudios y fue ordenado sacerdote. 

En 1624 regresó a Inglaterra. Ejerció su ministerio sacerdotal en Heaton hasta que, arrestado en Newcastle, fue llevado a Londres y encerrado en la prisión de Newgate, donde encontró al presbítero el beato Juan Robinson, siendo ambos trasladados a los calabozos el castillo de York. Aquí emitió sus votos simples de la Compañía de Jesús mientras fue liberado. 

A fines de 1633, el P. Morse regresó clandestinamente a Inglaterra y, con el nombre falso de Cuthbert Claxton, ejerció su ministerio en Londres. Muy pronto tuvo ocasión de desplegar una benéfica actividad, durante la epidemia de peste que azotó a la ciudad entre 1636 y 1637. El P. Morse tenía una lista, de cuatrocientas familias católicas y protestantes, afectadas por el mal, a quienes visitaba regularmente, llevándoles ayuda material y espiritual. Su abnegada caridad produjo una impresión tan profunda que, en menos de un año, cien de aquellas familias anglicanas se reconciliaron con la Iglesia Católica. Ponía tanto entusiasmo nuestro santo en el desempeño de su misericordiosa tarea, que por tres veces contrajo la peste y otras tantas se recuperó para volver a la brega, hasta que sus superiores le amonestaron, indicándole que debería moderar su celo. Fue por entonces, precisamente, cuando las autoridades descubrieron la identidad del P. Morse y lo aprehendieron de nuevo, acusándolo de ser sacerdote y de haber «pervertido a unos quinientos súbditos protestantes de Su Majestad, dentro y fuera de la parroquia de San Gil de los Campos, en Londres». El acusado se declaró culpable del primer cargo, pero no así del segundo y, por fortuna, antes de que se pronunciara la sentencia, intervino en su favor la reina Enriqueta María, y el P. Morse fue puesto en libertad bajo fianza de 10.000 florines. Poco después, al emitirse la proclama real que imponía un plazo con límite hasta el 7 de abril de 1641, para que todos los sacerdotes católicos abandonaran el país, Enrique Morse se sintió obligado a partir, para no comprometer a sus fiadores y así volvió a emprender su labor misionera entre las tropas inglesas en Flandes.

Pero dos años más tarde, en 1643, volvió de Gante hacia Inglaterra y, durante dieciocho meses consiguió burlar la vigilancia y desempeñar su ministerio en el norte del país, hasta que fue aprehendido por sospechas, mientras visitaba a un enfermo en los límites de Cumberland. De ahí fue conducido a Durham, pero en el camino, cuando pernoctaban en la casa de uno de sus captores, la esposa de éste, que era católica, ayudó a escapar al P. Morse. Poco le duró la libertad, porque seis semanas después volvieron a arrestarle, y luego de permanecer algún tiempo en la carcel de Durham, fue trasladado, con escolta, a la de Newcastle, en Londres. Allí debió comparecer ante el Tribunal Mayor para ser juzgado como criminal reincidente. Fue condenado a muerte sin apelación en vista de que había vuelto a cometer el delito por el que se le había juzgado nueve años antes.

El día señalado para la ejecución, el P. Morse celebró en la celda la misa votiva de la Santísima Trinidad, antes de que le condujeran en la fatídica carreta al cadalso de la plaza de Tyburn. Ahí, mezclados a la acostumbrada muchedumbre de curiosos, se hallaban los embajadores de países católicos, como Francia, España y Portugal, con sus séquitos correspondientes, para rendir homenaje al mártir. Éste, colocado ya bajo la horca y con la cuerda al cuello, habló a los presentes con voz serena, afirmando que moría por su religión y tan sólo por haber trabajado siempre por el bienestar de sus conciudadanos, negando rotundamente que hubiera organizado o participado en conspiración alguna contra el rey, como aseguraban sus acusadores. Después oró en voz alta por la salvación de su alma, por la de sus perseguidores y por el Reino de Inglaterra; en seguida, hizo la indicación de que estaba listo. Rápidamente fue retirada la carreta y el P. Enrique Morse, quedó pendiente de la cuerda. Murió ahorcado el 1º de febrero de 1645. 

Entre las diversas reliquias de mártires ingleses que reunió el embajador de España, conde de Egmont, para sacarlas al extranjero, donde habrían de ser debidamente veneradas, figuraban especialmente las de san Enrique Morse. Fue beatificado en 1929, y declarado santo por SS Pablo VI el 25 de octubre de 1970.