sábado, 25 de abril de 2026
Lecturas del 25/04/2026
Queridos hermanos:
Revestíos todos de la humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes. Así pues, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él, os ensalce en su momento. Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros.
Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos. Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará. Suyo es el poder por los siglos. Amén.
Os he escrito brevemente por medio de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y para daros testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos firmes en ella.
Os saluda la comunidad que en Babilonia comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo. Saludaos unos a otros con el beso del amor.
Paz a todos vosotros, los que vivís en Cristo.
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».
Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.
Palabra del Señor.
25 de Abril 2026 – Beato Leonardo Pérez Larios
Nació en Lagos de Moreno, Jalisco, en el seno de una familia sencilla en 1889. A la muerte de su padre se trasladó la familia a vivir a León. Quiso casarse, pero la oposición de la familia de la novia, le impidió hacerlo. Quiso ser religioso, pero le resultó imposible por tener a su cargo a dos hermanas que no poseían medios de subsistencia.
Fue un cristiano de profunda fe, a pesar de las dificultades; gran devoto de la Eucaristía y de María. Perteneció a la Congregación Mariana, donde hizo voto de castidad y donde se reunían para adorar al Santísimo Sacramento.
Fue detenido en casa de las hermanas Alba, tras participar en la Eucaristía y en la Hora Santa que Andrés Solá había organizado después de la misa. Los soldados al verlo vestido de negro y con una actitud muy devota, lo tomaron por un sacerdote. Fueron inútiles las aclaraciones realizadas por el beato Solá y las personas que estaban en ese momento en la casa. Cuando le preguntaron sobre su condición sacerdotal él la negó, pero afirmó ser católico. Fue conducido al cuartel y de ahí con dos compañeros al martirio.
El domingo 24 de abril de 1927, entre cinco y siete de la tarde, fueron juzgados por un tribunal improvisado, acusados falsamente de ser los asaltantes del tren de Guadalajara, descarrilado en el kilómetro 491, entre las estaciones La Mira y Las Salas, el 23 del mismo abril. En el transcurso del juicio el P. Solá dijo al juez que no podían fusilarlo, porque él era un misionero español, a lo que contestó el juez: «También para los extranjeros tenemos balas». El General Sánchez, incapaz de enfrentar a los verdaderos responsables del descarrilamiento del tren y con el afán de quedar bien con sus superiores, envió a Joaquín Amaro, Secretario de Guerra y Marina este mensaje: «Acabo de aprehender a tres cabecillas del asalto al tren...». El Gral. Amaro respondió: «Lléveselos al lugar del descarrilamiento, y fusile a los tres». Los prisioneros fueron llevados a Lagos de Moreno la noche del 24 y ahí durmieron hasta la madrugada del día 25, en que se reanudó el viaje hasta Encarnación de Díaz, donde fueron bajados y trasladados al tren militar del General Amarillas. De ahí fueron llevados hasta el kilómetros 491, entre La Mira y Las Salas. Se les ordenó a los dos sacerdotes y a Leonardo, descender del tren y fueron conducidos junto a un charco de petróleo y chapopote, se absolvieron disimuladamente, se pusieron en cruz y recibieron las descargas.
El P. Rangel y Leonardo murieron de inmediato y el P. Solá, aún con vida, se revolcaba en el charco de chapopote. Los soldados despojaron a sus víctimas de todo y volvieron al tren. Al iniciar el tren su marcha, el oficial de la escolta ordenó a una cuadrilla de trabajadores ferroviarios: «Quemen esos cuerpos». Eran las 8:52 de la mañana del lunes 25 de abril de 1927.
Al partir el tren bajaron los trabajadores Petronilo Flores, Miguel Rodríguez y otros más. Al acercarse Petronilo, oyó que el P. Solá le decía: «Oye, ¿qué vas a hacer conmigo?». «Nada, señor», le dijo; y el padre añadió: « ¿Ves esos dos muertos que están a mi lado? Uno es sacerdote de Silao, de la Iglesia del Perdón; yo soy sacerdote español, de León, somos sacerdotes y morimos por Jesús... morimos por Dios, estoy muy herido, muerto por Jesús». Le dijo también que el otro -Leonardo-, no era sacerdote, y le pidió que por caridad los enterraran.
El P. Solá sobrevivió dos horas más, sin poder moverse, sumergido en aquel charco de chapopote, desangrándose, sobrecogido por la calentura y atormentado por la sed, experimentando un verdadero suplicio. Eran las doce del día cuando murió. Los ferroviarios, en lugar de quemar los cuerpos, cavaron tres sepulturas en las que depositaron los cuerpos. Días después, Manuel Pérez, hermano de Leonardo, obtuvo permiso para trasladar los cuerpos al panteón de Lagos de Moreno, que era la población más cercana; los cuerpos fueron exhumados y trasladados a Lagos de Moreno el 1º de mayo. Fueron beatificados por SS Benedicto XVI el 25 de mayo de 2005.
Fue un cristiano de profunda fe, a pesar de las dificultades; gran devoto de la Eucaristía y de María. Perteneció a la Congregación Mariana, donde hizo voto de castidad y donde se reunían para adorar al Santísimo Sacramento.
Fue detenido en casa de las hermanas Alba, tras participar en la Eucaristía y en la Hora Santa que Andrés Solá había organizado después de la misa. Los soldados al verlo vestido de negro y con una actitud muy devota, lo tomaron por un sacerdote. Fueron inútiles las aclaraciones realizadas por el beato Solá y las personas que estaban en ese momento en la casa. Cuando le preguntaron sobre su condición sacerdotal él la negó, pero afirmó ser católico. Fue conducido al cuartel y de ahí con dos compañeros al martirio.
El domingo 24 de abril de 1927, entre cinco y siete de la tarde, fueron juzgados por un tribunal improvisado, acusados falsamente de ser los asaltantes del tren de Guadalajara, descarrilado en el kilómetro 491, entre las estaciones La Mira y Las Salas, el 23 del mismo abril. En el transcurso del juicio el P. Solá dijo al juez que no podían fusilarlo, porque él era un misionero español, a lo que contestó el juez: «También para los extranjeros tenemos balas». El General Sánchez, incapaz de enfrentar a los verdaderos responsables del descarrilamiento del tren y con el afán de quedar bien con sus superiores, envió a Joaquín Amaro, Secretario de Guerra y Marina este mensaje: «Acabo de aprehender a tres cabecillas del asalto al tren...». El Gral. Amaro respondió: «Lléveselos al lugar del descarrilamiento, y fusile a los tres». Los prisioneros fueron llevados a Lagos de Moreno la noche del 24 y ahí durmieron hasta la madrugada del día 25, en que se reanudó el viaje hasta Encarnación de Díaz, donde fueron bajados y trasladados al tren militar del General Amarillas. De ahí fueron llevados hasta el kilómetros 491, entre La Mira y Las Salas. Se les ordenó a los dos sacerdotes y a Leonardo, descender del tren y fueron conducidos junto a un charco de petróleo y chapopote, se absolvieron disimuladamente, se pusieron en cruz y recibieron las descargas.
El P. Rangel y Leonardo murieron de inmediato y el P. Solá, aún con vida, se revolcaba en el charco de chapopote. Los soldados despojaron a sus víctimas de todo y volvieron al tren. Al iniciar el tren su marcha, el oficial de la escolta ordenó a una cuadrilla de trabajadores ferroviarios: «Quemen esos cuerpos». Eran las 8:52 de la mañana del lunes 25 de abril de 1927.
Al partir el tren bajaron los trabajadores Petronilo Flores, Miguel Rodríguez y otros más. Al acercarse Petronilo, oyó que el P. Solá le decía: «Oye, ¿qué vas a hacer conmigo?». «Nada, señor», le dijo; y el padre añadió: « ¿Ves esos dos muertos que están a mi lado? Uno es sacerdote de Silao, de la Iglesia del Perdón; yo soy sacerdote español, de León, somos sacerdotes y morimos por Jesús... morimos por Dios, estoy muy herido, muerto por Jesús». Le dijo también que el otro -Leonardo-, no era sacerdote, y le pidió que por caridad los enterraran.
El P. Solá sobrevivió dos horas más, sin poder moverse, sumergido en aquel charco de chapopote, desangrándose, sobrecogido por la calentura y atormentado por la sed, experimentando un verdadero suplicio. Eran las doce del día cuando murió. Los ferroviarios, en lugar de quemar los cuerpos, cavaron tres sepulturas en las que depositaron los cuerpos. Días después, Manuel Pérez, hermano de Leonardo, obtuvo permiso para trasladar los cuerpos al panteón de Lagos de Moreno, que era la población más cercana; los cuerpos fueron exhumados y trasladados a Lagos de Moreno el 1º de mayo. Fueron beatificados por SS Benedicto XVI el 25 de mayo de 2005.
viernes, 24 de abril de 2026
Lecturas del 24/04/2026
En aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.
Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
Dijo él: «¿Quién eres, Señor?».
Respondió: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: «Ananías».
Respondió él: «Aquí estoy, Señor».
El Señor le dijo: «Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
Ananías contestó: «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
El Señor le dijo: «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».
Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: « ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm.
Palabra del Señor.
24 de Abril 2026 – San Fidel de Sigmaringa
El martirio es una gracia permanente en la Iglesia. La sangre cristiana corrió con abundancia a lo largo de los primeros siglos como testimonio de la nueva fe, y más tarde sería derramada, en tiempos modernos, por las Iglesias jóvenes de Extremo Oriente y del Nuevo Mundo. Pero, durante la Reforma protestante y el Anglicanismo el martirio cobró una forma nueva, la más dolorosa: en nombre de la fidelidad al Evangelio, unos cristianos llevaban al martirio a otros. Por una y otra parte, la violencia de aquellos que le mataban encontraba en las víctimas el mismo anhelo de morir, como auténticos testigos de Cristo. Así fue como entregó Fidel su vida por la fe católica.
Marcos Rey, nacido en Sigmaringen (Alemania) en 1578, hijo del burgomaestre de Sigmaringa, era un joven muy inteligente que ya cursando sus estudios de Leyes en Friburgo de Brisgovia llamaba la atención de todos por sus dotes intelectuales.
Entre los capuchinos es muy popular una cuarteta humorística dedicada a San Fidel, que dice así: "Santo es hoy quien fue abogado. ¡Obra del poder divino! Le costó ser capuchino y morir martirizado".
Marcos Rey se doctoró en leyes y gozó de una bien merecida fama de abogado, siempre dispuesto a ayudar a los más pobres y necesitados. Por ello fue llamado "el abogado de los pobres". Pero fueron unas palabras de un compañero suyo que le habló con tan poca seriedad de la abogacía y que de nada servía la justicia humana, por lo que decidió tomar otro camino.
Recibe el sacerdocio a los treinta y cinco años, el 4 de octubre de 1612. Al imponerle el nombre, el P. Guardián, como queriendo jugar con el significado del nombre, le recordó la frase del Apocalipsis que el tiempo se encargará de hacer que sea profética: "Sé fiel -- Fidel -- hasta la muerte y te daré la corona de la vida".
Se entregó de lleno a su formación teológica pero, sobre todo, a su formación ascética y piadosa: Pasaba horas en la oración y castigaba su cuerpo con rigurosas penitencias.
Como superior sucesivamente de varios conventos, se señaló por un amor abrasador y puso sus dotes de orador al Servicio del Evangelio en numerosas misiones populares.
Se le encomendaron misiones de predicación en tierras de protestantes - Suiza, Austria, sur de Alemania -, fue elegido guardián de los conventos de Feldkirch y Friburgo, tuvo rasgos de abnegado heroísmo durante una epidemia de peste, y convirtió a muchos calvinistas con una caridad que desarmaba a sus adversarios.
El Papa Gregorio XV había fundado aquellos días - 1622 - la Sagrada Congregación de Propaganda Fide para extender el conocimiento de la doctrina de Jesús por todos los países del mundo, sobre todo, los infieles y pedía voluntarios.
El 14 de Abril de 1622 se despedía Fidel de los suyos y les dijo que "pronto tendría el gozo de derramar la sangre por Jesucristo". Diez días después, el domingo 24, los herejes Grisones mientras estaba predicando la palabra de Dios con energía y sin miedo, descargaron una espada contra él y cayó desplomado al suelo. Aún pudo ponerse de rodillas y exclamó: "Jesús, María, valedme" y expiró. Era el 24 de abril de 1622. Es el Protomártir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.
Marcos Rey, nacido en Sigmaringen (Alemania) en 1578, hijo del burgomaestre de Sigmaringa, era un joven muy inteligente que ya cursando sus estudios de Leyes en Friburgo de Brisgovia llamaba la atención de todos por sus dotes intelectuales.
Entre los capuchinos es muy popular una cuarteta humorística dedicada a San Fidel, que dice así: "Santo es hoy quien fue abogado. ¡Obra del poder divino! Le costó ser capuchino y morir martirizado".
Marcos Rey se doctoró en leyes y gozó de una bien merecida fama de abogado, siempre dispuesto a ayudar a los más pobres y necesitados. Por ello fue llamado "el abogado de los pobres". Pero fueron unas palabras de un compañero suyo que le habló con tan poca seriedad de la abogacía y que de nada servía la justicia humana, por lo que decidió tomar otro camino.
Recibe el sacerdocio a los treinta y cinco años, el 4 de octubre de 1612. Al imponerle el nombre, el P. Guardián, como queriendo jugar con el significado del nombre, le recordó la frase del Apocalipsis que el tiempo se encargará de hacer que sea profética: "Sé fiel -- Fidel -- hasta la muerte y te daré la corona de la vida".
Se entregó de lleno a su formación teológica pero, sobre todo, a su formación ascética y piadosa: Pasaba horas en la oración y castigaba su cuerpo con rigurosas penitencias.
Como superior sucesivamente de varios conventos, se señaló por un amor abrasador y puso sus dotes de orador al Servicio del Evangelio en numerosas misiones populares.
Se le encomendaron misiones de predicación en tierras de protestantes - Suiza, Austria, sur de Alemania -, fue elegido guardián de los conventos de Feldkirch y Friburgo, tuvo rasgos de abnegado heroísmo durante una epidemia de peste, y convirtió a muchos calvinistas con una caridad que desarmaba a sus adversarios.
El Papa Gregorio XV había fundado aquellos días - 1622 - la Sagrada Congregación de Propaganda Fide para extender el conocimiento de la doctrina de Jesús por todos los países del mundo, sobre todo, los infieles y pedía voluntarios.
El 14 de Abril de 1622 se despedía Fidel de los suyos y les dijo que "pronto tendría el gozo de derramar la sangre por Jesucristo". Diez días después, el domingo 24, los herejes Grisones mientras estaba predicando la palabra de Dios con energía y sin miedo, descargaron una espada contra él y cayó desplomado al suelo. Aún pudo ponerse de rodillas y exclamó: "Jesús, María, valedme" y expiró. Era el 24 de abril de 1622. Es el Protomártir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.
jueves, 23 de abril de 2026
Lecturas del 23/04/2026
En aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo: «Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».
Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y pégate a la carroza».
Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?».
Contestó: «Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?».
E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este: «Como cordero fue llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, así no abre su boca.
En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».
El eunuco preguntó a Felipe: «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».
Felipe se puso a hablarle y, tomando píe de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».
Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.
Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha al Padre y aprende viene a mí.
No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Palabra del Señor.
23 de Abril 2026 – Beata Teresa María de la Cruz Menetti
Teresa Manetti nació en San Martino en Campi Bisenzio, Florencia, en el seno de una humilde familia. Pronto se quedó huérfana y desde su niñez fue siempre generosa y caritativa con todos entregando lo que no tenía, pero siempre dispuesta a ayudar.
En 1872, junto con otras compañeras, se retiró a una casita de campo y allí "oraban, trabajaban y reunían a algunas jóvenes para educarlas con buenas lecturas y enseñarles la doctrina cristiana". El 16 de Julio de 1876 fueron admitidas a la tercera Orden del Carmen Teresiano y cambió su nombre por el de Teresa María de la Cruz.
El 1877 recibió las primeras huérfanas, cuyo número fue creciendo día a día. Aquellas niñas abandonadas "eran su mejor tesoro". El 12 de julio de 1888 las 27 primeras religiosas vistieron el hábito de la Orden de Carmen Descalzo, a la que se habían agregado el 12 de junio de 1885. El 27 de febrero de 1904 el papa Pío X aprobaba el Instituto con el nombre de "Terciarias carmelitas de Santa Teresa".
Madre Teresa María vio con gran alegría extenderse el Instituto hasta Siria y el Monte Carmelo de Palestina. Su caridad no tenía Límites. Se entregaba a todos y en todo, olvidándose siempre de sí misma. El obispo Andrés Casullo. que la conocía bien a fondo, afirmaba de ella: "Se desvivía por hacer el bien".
Antes de morir, sufrió muchísimo y sus dolores los ofreció al Señor; los testigos afirman que tenía un sereno abandono en la Providencia, y siempre dispuesta ayudar con alegría a todos los que se acercaban a ella, que fueron muchos y que hacían cola para hablar con ella. Fue siempre muy devota de la Eucaristía, y sufría de éxtasis delante del Santísimo Sacramento. Durante su enfermedad de cáncer, pudo experimentar la aridez total, pero no por ello dejó de abrazarse a la cruz, como medio de vencer las purificaciones, sobre todo la de tener la impresión de que estaba destinada a la condenación eterna. Además tuvo que sufrir el verse internada en la casa de salud Casanova de Florencia. Se abrazó a Cristo y le decía: “Tritúrame, Señor, exprímeme hasta la última gota”. Murió en el pueblo que la vio nacer, después de alcanzar la paz interior, mientras repetía una vez mas. "Oh Jesús mío, sí quiero padecer más..." Y murmuraba extática: "¡Está abierto!... ya voy". Fue beatificada por San Juan Pablo II el 19 de octubre de 1986.
En 1872, junto con otras compañeras, se retiró a una casita de campo y allí "oraban, trabajaban y reunían a algunas jóvenes para educarlas con buenas lecturas y enseñarles la doctrina cristiana". El 16 de Julio de 1876 fueron admitidas a la tercera Orden del Carmen Teresiano y cambió su nombre por el de Teresa María de la Cruz.
El 1877 recibió las primeras huérfanas, cuyo número fue creciendo día a día. Aquellas niñas abandonadas "eran su mejor tesoro". El 12 de julio de 1888 las 27 primeras religiosas vistieron el hábito de la Orden de Carmen Descalzo, a la que se habían agregado el 12 de junio de 1885. El 27 de febrero de 1904 el papa Pío X aprobaba el Instituto con el nombre de "Terciarias carmelitas de Santa Teresa".
Madre Teresa María vio con gran alegría extenderse el Instituto hasta Siria y el Monte Carmelo de Palestina. Su caridad no tenía Límites. Se entregaba a todos y en todo, olvidándose siempre de sí misma. El obispo Andrés Casullo. que la conocía bien a fondo, afirmaba de ella: "Se desvivía por hacer el bien".
Antes de morir, sufrió muchísimo y sus dolores los ofreció al Señor; los testigos afirman que tenía un sereno abandono en la Providencia, y siempre dispuesta ayudar con alegría a todos los que se acercaban a ella, que fueron muchos y que hacían cola para hablar con ella. Fue siempre muy devota de la Eucaristía, y sufría de éxtasis delante del Santísimo Sacramento. Durante su enfermedad de cáncer, pudo experimentar la aridez total, pero no por ello dejó de abrazarse a la cruz, como medio de vencer las purificaciones, sobre todo la de tener la impresión de que estaba destinada a la condenación eterna. Además tuvo que sufrir el verse internada en la casa de salud Casanova de Florencia. Se abrazó a Cristo y le decía: “Tritúrame, Señor, exprímeme hasta la última gota”. Murió en el pueblo que la vio nacer, después de alcanzar la paz interior, mientras repetía una vez mas. "Oh Jesús mío, sí quiero padecer más..." Y murmuraba extática: "¡Está abierto!... ya voy". Fue beatificada por San Juan Pablo II el 19 de octubre de 1986.
miércoles, 22 de abril de 2026
Lecturas del 22/04/2026
Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria.
Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetraba en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
Lo que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra.
Felipe bajó a la ciudad de Samaria y le predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo, de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
Palabra del Señor.
22 de Abril 2026 – Beato Francisco Venimbeni
Nació y murió en Fabriano (Ancona). Era hijo del médico Compagno Venimbeni y Margarita di Federico. En el 1267, ingresó en los franciscanos, después de haber hecho estudios de filosofía; fue discípulo de san Buenaventura. Durante el año de noviciado, transcurrido en Fabriano, obtuvo permiso de ir a Asís para ganar la indulgencia de la Porciúncula. Allí conversó con el beato fray León, uno de los primeros compañeros de san Francisco, y, según su testimonio, muy precioso para la historiografía franciscana, leyó sus "escritos".
En 1316 y en el trienio 1319-21 fue superior del nuevo convento construido por los hermanos de Fabriano. Durante su mandato, al celebrarse en la ciudad por segunda vez el capítulo provincial, Francisco apeló a sus conciudadanos, que proveyeron generosamente al sostenimiento de los hermanos asistentes de todas partes de las Marcas. Con los dineros recibidos de su padre construyó una biblioteca donde reunió una notable cantidad de manuscritos. Esto le valió el título de "primer fundador de bibliotecas" en la Orden Franciscana.
Hombre de gran penitencia y caridad; gozaba del don de la predicación. Su amor a los pobres fue grande. Ayudó a gran número de indigentes; él mismo preparaba cada día el alimento para sus predilectos, luego lo distribuía en la puerta del convento, donde acudían los pobres. Vestía una burda túnica que parecía un cilicio por su aspereza. Se flagelaba con ásperas disciplinas, dormía pocas horas en un duro jergón y el resto de la noche lo transcurría en oración. Incansable en su celo por las almas: pasaba muchas horas en el confesionario o en el anuncio de la palabra de Dios. Asistía a los enfermos y los preparaba para una buena muerte. Tema de su contemplación eran los misterios de la Pasión de Cristo, que le hacían derramar abundantes lágrimas. Celebraba la santa Misa con angélico fervor. Devotísimo de las almas del purgatorio no cesaba de ofrecer sufragios por ellas.
Francisco conoció con tiempo el día de su muerte; serenamente se durmió en el Señor, a los 61 años de edad, de los cuales 45 pasó en el ejercicio de las más heroicas virtudes. Escribió “Cronicon fabrianense”. Pío VI confirmó su culto el 15 de abril de 1775.
En 1316 y en el trienio 1319-21 fue superior del nuevo convento construido por los hermanos de Fabriano. Durante su mandato, al celebrarse en la ciudad por segunda vez el capítulo provincial, Francisco apeló a sus conciudadanos, que proveyeron generosamente al sostenimiento de los hermanos asistentes de todas partes de las Marcas. Con los dineros recibidos de su padre construyó una biblioteca donde reunió una notable cantidad de manuscritos. Esto le valió el título de "primer fundador de bibliotecas" en la Orden Franciscana.
Hombre de gran penitencia y caridad; gozaba del don de la predicación. Su amor a los pobres fue grande. Ayudó a gran número de indigentes; él mismo preparaba cada día el alimento para sus predilectos, luego lo distribuía en la puerta del convento, donde acudían los pobres. Vestía una burda túnica que parecía un cilicio por su aspereza. Se flagelaba con ásperas disciplinas, dormía pocas horas en un duro jergón y el resto de la noche lo transcurría en oración. Incansable en su celo por las almas: pasaba muchas horas en el confesionario o en el anuncio de la palabra de Dios. Asistía a los enfermos y los preparaba para una buena muerte. Tema de su contemplación eran los misterios de la Pasión de Cristo, que le hacían derramar abundantes lágrimas. Celebraba la santa Misa con angélico fervor. Devotísimo de las almas del purgatorio no cesaba de ofrecer sufragios por ellas.
Francisco conoció con tiempo el día de su muerte; serenamente se durmió en el Señor, a los 61 años de edad, de los cuales 45 pasó en el ejercicio de las más heroicas virtudes. Escribió “Cronicon fabrianense”. Pío VI confirmó su culto el 15 de abril de 1775.
martes, 21 de abril de 2026
Lecturas del 21/04/2026
En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas: «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la ley por mediación de ángeles y no la habéis observado».
Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y, con estas palabras, murió.
Saulo aprobaba su ejecución.
En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
Palabra del Señor.
21 de Abril 2026 – San Conrado de Parzham
Nació en Parzham, en la Baviera alemana, se llamaba Johann Birndorfer y debía hacerse cargo del gran caserío de sus padres en Rottal. Fue un niño cándido y angelical, de una inocencia y de una piedad que no perdió con el paso de los años. Tenía 31 años cuando, al quedar huérfano, se hizo capuchino en Laufen, y poco después, como hermano lego, fue enviado al convento de Santa Ana de Alttöttingen. Tomó el nombre de Conrado.
Fue portero durante 41 años y no abandonó sus funciones hasta tres días antes de morir (este era quizás el trabajo más duro y sacrificado de toda la comunidad, porque se calcula que la campanilla de la puerta de entrada sonaba unas doscientas veces al día, tal era la afluencia de fieles). Trabajaba dieciocho horas al día, oraba cuatro y sólo dormía dos. Dicen que la acogida -a cualquier hora- de aquel fraile que respiraba paz y presencia de Dios, producía en todos un efecto imborrable, como si cada vez abriese la puerta el mismo Cristo, con un amor y una solicitud proporcionales al inmenso honor de recibir a un peregrino como El, poniendo en su tarea una alegría espiritual que parecía convertir tan monótona ocupación cotidiana en una felicidad sin límites; tenía el don de profecía y el poder de leer los corazones.
Su piedad eucarística y su devoción a la Virgen eran la fuente de aquella serenidad que contagiaba a quienes se le acercaban. Solía decir: «La Cruz es mi libro, una mirada a ella me enseña cómo debo actuar en cada circunstancia». Animado por el celo apostólico también colaboró en la obra benéfica a favor de la infancia abandonada y en peligro, conocida con el nombre de Liebeswerk (Obra de Amor).
El 18 de abril de 1894, después de haber acolitado la misa fue a la portería, pero allí se sintió mal, pidió a otro hermano que lo reemplazara en el trabajo esperando recuperar las fuerzas, pero las fuerzas no le volvieron. Después de Vísperas se dijo al superior humildemente: «Padre, ya no puedo más»... Él le ordenó guardar cama en la celda llamada de la Santísima Virgen. Fray Conrado, sin dejar notar que sufría, apretando entre las manos el crucifijo y el rosario, se entregó a la oración. La mañana del 21 de abril recibió después de recibir los sacramentos, entró en agonía y expiró santamente con la vista puesta en el cielo, el 21 de abril de 1894. Tenía 76 años de edad. A su muerte se agolparon muchos, sobre todo niños, a venerar su despojos mortal. Fue beatificado por SS Pío XI en 1930, y canonizado por el mismo papa el 20 de mayo de 1934.
Fue portero durante 41 años y no abandonó sus funciones hasta tres días antes de morir (este era quizás el trabajo más duro y sacrificado de toda la comunidad, porque se calcula que la campanilla de la puerta de entrada sonaba unas doscientas veces al día, tal era la afluencia de fieles). Trabajaba dieciocho horas al día, oraba cuatro y sólo dormía dos. Dicen que la acogida -a cualquier hora- de aquel fraile que respiraba paz y presencia de Dios, producía en todos un efecto imborrable, como si cada vez abriese la puerta el mismo Cristo, con un amor y una solicitud proporcionales al inmenso honor de recibir a un peregrino como El, poniendo en su tarea una alegría espiritual que parecía convertir tan monótona ocupación cotidiana en una felicidad sin límites; tenía el don de profecía y el poder de leer los corazones.
Su piedad eucarística y su devoción a la Virgen eran la fuente de aquella serenidad que contagiaba a quienes se le acercaban. Solía decir: «La Cruz es mi libro, una mirada a ella me enseña cómo debo actuar en cada circunstancia». Animado por el celo apostólico también colaboró en la obra benéfica a favor de la infancia abandonada y en peligro, conocida con el nombre de Liebeswerk (Obra de Amor).
El 18 de abril de 1894, después de haber acolitado la misa fue a la portería, pero allí se sintió mal, pidió a otro hermano que lo reemplazara en el trabajo esperando recuperar las fuerzas, pero las fuerzas no le volvieron. Después de Vísperas se dijo al superior humildemente: «Padre, ya no puedo más»... Él le ordenó guardar cama en la celda llamada de la Santísima Virgen. Fray Conrado, sin dejar notar que sufría, apretando entre las manos el crucifijo y el rosario, se entregó a la oración. La mañana del 21 de abril recibió después de recibir los sacramentos, entró en agonía y expiró santamente con la vista puesta en el cielo, el 21 de abril de 1894. Tenía 76 años de edad. A su muerte se agolparon muchos, sobre todo niños, a venerar su despojos mortal. Fue beatificado por SS Pío XI en 1930, y canonizado por el mismo papa el 20 de mayo de 1934.
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