martes, 13 de octubre de 2026
Lecturas del 13/10/2026
Hermanos:
Para la libertad nos ha liberado Cristo.
Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.
Mirad: yo, Pablo, os digo que, si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada.
Y vuelvo a declarar que todo aquel que se circuncida está obligado a observar toda la ley.
Los que pretendéis ser justificados en el ámbito de la ley, habéis roto con Cristo, habéis salido del ámbito de la gracia.
Pues nosotros mantenemos la esperanza de la justicia por el Espíritu y desde la fe; porque en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor.
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.
Él entró y se puso a la mesa.
Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.
¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».
Palabra del Señor.
13 de Octubre 2026 - San Eduardo III - Rey de Inglaterra
No fueron fáciles aquellos años de la Edad Media en los que abundaban las intrigas, las muertes violentas y los saqueos de toda clase... Al rey Eduardo le tocó de cerca tanta desgracia. Nació cerca de Oxford, en Inglaterra, por el año 1004. Cuando apenas sabrá distinguir el mal y el bien de las cosas, ya se verá obligado a cargar con los sinsabores de su pertenencia a la alta alcurnia de su patria. Son años difíciles para Inglaterra. Quizá los más trágicos de su historia.
No tenía más de diez años cuando su padre un día le manda que vista el traje más bonito y que se disponga para partir a lejanas tierras. ¿Motivo? Su padre Etelberto teme que el usurpador de su patria dé muerte a él y a toda su familia. Por lo menos, piensa, vamos a salvar a ésta, y manda a su esposa Emma que con los dos hijos menores, Eduardo y Alfredo, parta para Normandía donde tiene buenos amigos, hablan su idioma y se sentirán como en casa.
He aquí a Eduardo en tierra extranjera y solitaria. Pronto llegan malas noticias: Su padre ha muerto y su hermano mayor, Edmundo, que era el príncipe heredero, también. Los campos son arrasados, los labriegos y nobles muertos a espada. Toda Inglaterra está sumida en el caos más espantoso. Por si fuera poco para el joven Eduardo, un día llegan unos emisarios que dicen venir con muy buenas intenciones para llevarse a Inglaterra a los dos hermanos. Alfredo se lo cree y cae en sus patrañas recibiendo la muerte. Para colmo de males aquella mujer, su madre Emma, que parecía amar a sus hijos y a su patria, un día desaparece y es que ha ido a contraer matrimonio con el mismo usurpador. Eduardo queda solo y huérfano. Pero no se desalienta. Se refugia en la oración que es donde espera la luz y la fuerza para resistir y vencer. Acudió a Dios con toda confianza de hijo y le habló así: - «Señor, Padre mío, no tengo a quien volver los ojos en la tierra. Por ello acudo a Ti, seguro de que vas a venir en mi ayuda. Mi padre murió después de una vida de desgracias. La crueldad ha destruido a mis hermanos. Mi madre me ha dado un padrastro en mi mayor enemigo. Mis amigos me han vuelto la espalda. Estoy solo, Señor, y mientras tanto buscan mi vida. Pero tú eres el protector del huérfano y en Ti está la defensa del pobre. Ayúdame, Señor».
Eduardo era de temperamento recogido, taciturno, amante de la justicia, aunque no quería derramamiento de sangre. No hay mal que dure cien años. Los ingleses una vez muerto el usurpador fueron a buscar a Eduardo y volvió en olor de multitudes a su patria donde fue coronado rey, el día de Pascua, 3 de abril de 1043. Eduardo nada supo de venganzas contra los que habían hecho tanto mal a él y a su patria. Perdonó. Enderezó todos los entuertos que había cometido el usurpador. Quitó los impuestos, protegió a los pobres y trabajó con todas sus fuerzas por la prosperidad material y espiritual de su patria. Tomó como lema: «Ser más padre que rey; Servir más que mandar». Y este otro: «Ser rey de sí mismo y súbdito de Dios».
Recomendó a su madre que ingresara en un Monasterio como así lo hizo. El casó con la virtuosa Edit que era «rosa que floreció entre espinas»: piadosa, culta, hermosa, prudente. Hicieron voto de virginidad de vivir como hermanos y se amaron con toda el alma. Ella fue un buen puntal para el gobierno de Eduardo. A tantos males siguieron más bienes. En dos palabras podíamos resumir su largo reinado: Paz y justicia. Y al haber esto, siguió la tercera: prosperidad y bien espiritual. Era muy piadoso y gran devoto de la Eucaristía y de la Virgen María. Era el 5 de enero de 1066 cuando expiró. Le lloró toda Inglaterra. Habían perdido a un padre y al mejor de todos los reyes de su milenaria historia.
No tenía más de diez años cuando su padre un día le manda que vista el traje más bonito y que se disponga para partir a lejanas tierras. ¿Motivo? Su padre Etelberto teme que el usurpador de su patria dé muerte a él y a toda su familia. Por lo menos, piensa, vamos a salvar a ésta, y manda a su esposa Emma que con los dos hijos menores, Eduardo y Alfredo, parta para Normandía donde tiene buenos amigos, hablan su idioma y se sentirán como en casa.
He aquí a Eduardo en tierra extranjera y solitaria. Pronto llegan malas noticias: Su padre ha muerto y su hermano mayor, Edmundo, que era el príncipe heredero, también. Los campos son arrasados, los labriegos y nobles muertos a espada. Toda Inglaterra está sumida en el caos más espantoso. Por si fuera poco para el joven Eduardo, un día llegan unos emisarios que dicen venir con muy buenas intenciones para llevarse a Inglaterra a los dos hermanos. Alfredo se lo cree y cae en sus patrañas recibiendo la muerte. Para colmo de males aquella mujer, su madre Emma, que parecía amar a sus hijos y a su patria, un día desaparece y es que ha ido a contraer matrimonio con el mismo usurpador. Eduardo queda solo y huérfano. Pero no se desalienta. Se refugia en la oración que es donde espera la luz y la fuerza para resistir y vencer. Acudió a Dios con toda confianza de hijo y le habló así: - «Señor, Padre mío, no tengo a quien volver los ojos en la tierra. Por ello acudo a Ti, seguro de que vas a venir en mi ayuda. Mi padre murió después de una vida de desgracias. La crueldad ha destruido a mis hermanos. Mi madre me ha dado un padrastro en mi mayor enemigo. Mis amigos me han vuelto la espalda. Estoy solo, Señor, y mientras tanto buscan mi vida. Pero tú eres el protector del huérfano y en Ti está la defensa del pobre. Ayúdame, Señor».
Eduardo era de temperamento recogido, taciturno, amante de la justicia, aunque no quería derramamiento de sangre. No hay mal que dure cien años. Los ingleses una vez muerto el usurpador fueron a buscar a Eduardo y volvió en olor de multitudes a su patria donde fue coronado rey, el día de Pascua, 3 de abril de 1043. Eduardo nada supo de venganzas contra los que habían hecho tanto mal a él y a su patria. Perdonó. Enderezó todos los entuertos que había cometido el usurpador. Quitó los impuestos, protegió a los pobres y trabajó con todas sus fuerzas por la prosperidad material y espiritual de su patria. Tomó como lema: «Ser más padre que rey; Servir más que mandar». Y este otro: «Ser rey de sí mismo y súbdito de Dios».
Recomendó a su madre que ingresara en un Monasterio como así lo hizo. El casó con la virtuosa Edit que era «rosa que floreció entre espinas»: piadosa, culta, hermosa, prudente. Hicieron voto de virginidad de vivir como hermanos y se amaron con toda el alma. Ella fue un buen puntal para el gobierno de Eduardo. A tantos males siguieron más bienes. En dos palabras podíamos resumir su largo reinado: Paz y justicia. Y al haber esto, siguió la tercera: prosperidad y bien espiritual. Era muy piadoso y gran devoto de la Eucaristía y de la Virgen María. Era el 5 de enero de 1066 cuando expiró. Le lloró toda Inglaterra. Habían perdido a un padre y al mejor de todos los reyes de su milenaria historia.
lunes, 12 de octubre de 2026
Lecturas del 12/10/2026
En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todo Israel, para subir el Arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas.
Luego los levitas levantaron el Arca de Dios tal como había mandado Moisés por orden del Señor: apoyando los varales sobre sus hombros.
David mandó a los jefes de los levitas emplazar a los cantores de sus familias con instrumentos musicales - arpas, cítaras y platillos - para que los hiciesen resonar, alzando la voz con júbilo.
Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión de Dios. Cuando David acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Palabra del Señor.
12 de Octubre 2026 - San Edwin
Nació en Deira, en Northumbria, Inglaterra, en un periodo histórico en que se libraban guerras por la evangelización de la Gran Bretaña. A la fecha del nacimiento de Edwin, el reino de Northumbria, que corresponde básicamente a los actuales territorios de Northumbria y Yorkshire, estaba constituido por dos reinos: Deira y Bernicia.
En su juventud, durante el reinado de Etelfrido de Bernicia, Edwin vivió muchos años en el exilio. Sin embargo, en 616, cuando Etelfrido fue derrotado en batalla, Edwin fue nombrado rey de Northumbria, gobernó durante 17 años. Edwin extendió su reino por casi toda la actual Inglaterra. Su gobierno lo ejerció prácticamente de manera itinerante, pues iba viajando de lugar en lugar para gobernar mejor.
En el 625 se casó en segundas nupcias con santa Ethelburga de Lyminge, la hija del rey cristiano de Kent. Ella mandó llamar a Inglaterra a san Paulino de York, quien bautizó a Edwin en 627, y fue de gran ayuda para extender el cristianismo por Northumbria, como capellán del rey. El historiador cristiano Beda el Venerable se refiere a Edwin de Northumbria como una persona prudente que meditaba largo rato antes de tomar una decisión importante, como lo fue su conversión, pero luego actuaba con completa seguridad. Según este cronista, durante el reinado de Edwin “una mujer podía viajar a través de la isla con un bebé en su pecho sin temor de ser insultada”. Edwin nombró a san Paulino obispo de York en 627, encomendándole la construcción de iglesias y la difusión de la fe. Estos años se caracterizaron por ser un breve periodo de paz que no se había vivido en mucho tiempo en la conflictiva Northumbria.
No obstante, para el año 633 los enemigos de Edwin se habían fortalecido, y en la batalla de Hatfield Chase fue derrotado por el rey pagano Penda de Mercia y el príncipe celta Cadwallon de Gales, quienes asolaron Northumbria, y por esta razón fue venerado como mártir. Su viuda, junto con sus hijos y con san Paulino tuvieron que huir a Kent, y la cristianización de la Gran Bretaña tuvo que esperar algunos años más.
En Inglaterra se originó muy pronto un culto popular a san Edwin de Northumbria, considerado mártir, y se le empezó a venerar como santo a partir de que sus restos mortales fueron trasladados a la abadía de Whitby. La ciudad de Edimburgo perpetúa su memoria.
En su juventud, durante el reinado de Etelfrido de Bernicia, Edwin vivió muchos años en el exilio. Sin embargo, en 616, cuando Etelfrido fue derrotado en batalla, Edwin fue nombrado rey de Northumbria, gobernó durante 17 años. Edwin extendió su reino por casi toda la actual Inglaterra. Su gobierno lo ejerció prácticamente de manera itinerante, pues iba viajando de lugar en lugar para gobernar mejor.
En el 625 se casó en segundas nupcias con santa Ethelburga de Lyminge, la hija del rey cristiano de Kent. Ella mandó llamar a Inglaterra a san Paulino de York, quien bautizó a Edwin en 627, y fue de gran ayuda para extender el cristianismo por Northumbria, como capellán del rey. El historiador cristiano Beda el Venerable se refiere a Edwin de Northumbria como una persona prudente que meditaba largo rato antes de tomar una decisión importante, como lo fue su conversión, pero luego actuaba con completa seguridad. Según este cronista, durante el reinado de Edwin “una mujer podía viajar a través de la isla con un bebé en su pecho sin temor de ser insultada”. Edwin nombró a san Paulino obispo de York en 627, encomendándole la construcción de iglesias y la difusión de la fe. Estos años se caracterizaron por ser un breve periodo de paz que no se había vivido en mucho tiempo en la conflictiva Northumbria.
No obstante, para el año 633 los enemigos de Edwin se habían fortalecido, y en la batalla de Hatfield Chase fue derrotado por el rey pagano Penda de Mercia y el príncipe celta Cadwallon de Gales, quienes asolaron Northumbria, y por esta razón fue venerado como mártir. Su viuda, junto con sus hijos y con san Paulino tuvieron que huir a Kent, y la cristianización de la Gran Bretaña tuvo que esperar algunos años más.
En Inglaterra se originó muy pronto un culto popular a san Edwin de Northumbria, considerado mártir, y se le empezó a venerar como santo a partir de que sus restos mortales fueron trasladados a la abadía de Whitby. La ciudad de Edimburgo perpetúa su memoria.
domingo, 11 de octubre de 2026
11 de Octubre 2026 – Divina Maternidad de la Santísima Virgen Santa María Madre de Dios
La solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primera fiesta mariana que apareció en la Iglesia occidental. Originariamente la fiesta remplazaba la costumbre pagana de las «strenae » (estrenas), cuyos ritos contrastaban con la santidad de las celebraciones cristianas. El «Natale Sanctae Mariae» comenzó a celebrarse en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación de una de las primeras iglesias marianas de Roma, esto es, Santa María Antigua en el Foro Romano. La última reforma del calendario pasó al 1o de enero la fiesta de la Maternidad divina, que desde 1931 se celebraba el 11 de octubre en recuerdo del Concilio de Éfeso (431), que proclamó solemnemente una verdad muy amada por el pueblo, es decir, que María es verdadera Madre de Cristo, que es verdadero Hijo de Dios.
Nestorio se había atrevido a decir: « ¿Entonces Dios tiene una madre? Pues entonces no condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses»; pero San Cirilo de Alejandría replicó: «Se dirá: ¿la Virgen es madre de la divinidad? A eso respondemos: el Verbo viviente, subsistente, fue engendrado por la misma substancia de Dios Padre, existe desde toda la eternidad... Pero en el tiempo Él Se hizo carne, por eso se puede decir que nació de mujer». Jesús, Hijo de Dios, nació de María.
De esta excelsa y exclusiva prerrogativa Le vienen a la Virgen todos los títulos de honor que Le atribuimos, aunque podemos hacer una distinción entre la santidad personal de María y Su Maternidad divina, pues Cristo mismo La sugirió: Una mujer, alzando la voz entre la multitud, gritó: «Dichoso el seno que Te llevó, y los pechos que Te amamantaron». Pero Él le dijo: «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican» (Lc 11, 27-28).
En realidad, María, hija de Adán, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús y abrazando la voluntad salvífica de Dios, con generoso corazón y sin el impedimento de pecado alguno, Se consagró totalmente a Sí misma, cual esclava del Señor, a la Persona y a la obra de Su Hijo, sirviendo bajo Él y con él, por la gracia de Dios omnipotente, al misterio de la Redención.
Nestorio se había atrevido a decir: « ¿Entonces Dios tiene una madre? Pues entonces no condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses»; pero San Cirilo de Alejandría replicó: «Se dirá: ¿la Virgen es madre de la divinidad? A eso respondemos: el Verbo viviente, subsistente, fue engendrado por la misma substancia de Dios Padre, existe desde toda la eternidad... Pero en el tiempo Él Se hizo carne, por eso se puede decir que nació de mujer». Jesús, Hijo de Dios, nació de María.
De esta excelsa y exclusiva prerrogativa Le vienen a la Virgen todos los títulos de honor que Le atribuimos, aunque podemos hacer una distinción entre la santidad personal de María y Su Maternidad divina, pues Cristo mismo La sugirió: Una mujer, alzando la voz entre la multitud, gritó: «Dichoso el seno que Te llevó, y los pechos que Te amamantaron». Pero Él le dijo: «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican» (Lc 11, 27-28).
En realidad, María, hija de Adán, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús y abrazando la voluntad salvífica de Dios, con generoso corazón y sin el impedimento de pecado alguno, Se consagró totalmente a Sí misma, cual esclava del Señor, a la Persona y a la obra de Su Hijo, sirviendo bajo Él y con él, por la gracia de Dios omnipotente, al misterio de la Redención.
Lecturas del 11/10/2026
Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.
Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre.
Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo - lo ha dicho el Señor -.
Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».
Hermanos: Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.
En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.
A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
Palabra del Señor.
11 de Octubre 2026 - Santa María Soledad Torres
Esta es la santa fundadora de las hermanas Siervas de María, Ministras de los enfermos, que tienen 126 casas en el mundo con 2,380 religiosas. Nació en 1826 en Madrid (España), hija de modesto comerciante que la instruyeron muy bien en la religión.
Estudió con las hermanas Vicentinas y al ver la dedicación total de estas religiosas a los más pobres, se entusiasmó por la vida religiosa. Pero era muy débil de salud y no fue admitida en la comunidad. Solamente a la edad de 25 años logrará cumplir su anhelo de ser religiosa.
El párroco de un barrio pobre de Madrid se entristecía al ver que muchos enfermos morían en el más completo abandono y sin recibir los santos sacramentos. Y pensó en reunir a un grupo de mujeres piadosas que visitaran a los enfermos en sus domicilios y les ayudaran a bien morir.
Al enterarse Soledad Torres de este deseo del párroco se presentó a él para ofrecerse a ayudarle en tan caritativa misión. Ella desde niña había asistido a varios moribundos y sentía un gusto especial por asistir a enfermos y moribundos. Era una gracia que le había concedido el Espíritu Santo. Aunque el sacerdote le rechazó en una primera entrevista porque le parecía muy débil y enfermiza para esas labores, después se dio cuenta de que era un alma de Dios y con ella y seis compañeras más, fundó el 15 de agosto de 1851, la comunidad de Siervas de María o Ministros de los enfermos.
La novedad de esta comunidad era que ellas debían asistir a domicilio y totalmente gratis a los enfermos que lo solicitaran.
Por aquellos tiempos llegó a Europa la terrible epidemia del cólera y en los hospitales no cabían los enfermos. Muchos de ellos eran abandonados por sus familiares por temor al contagio. Fue entonces cuando María Soledad y sus religiosas se multiplicaron por todas partes para atender a los más abandonados.
El fundador de la comunidad se fue de misionero a lejanas tierras y el sucesor se dejó creer de cuentos y habladurías y destituyó a Soledad del cargo de superiora. Ella se alegró de poder asemejarse a Cristo en padecer incomprensiones y persecuciones. En sus visitas a Jesús Sacramentado obtenía fuerzas para sufrir con paciencia y por amor a Dios. Después se supo la verdad de todo y fue restablecida en su cargo, y bajo su dirección se extendió admirablemente su congregación. Murió la santa el 11 de octubre de 1887 a la edad de 61 años. Fue canonizada por Pablo VI en 1970.
Estudió con las hermanas Vicentinas y al ver la dedicación total de estas religiosas a los más pobres, se entusiasmó por la vida religiosa. Pero era muy débil de salud y no fue admitida en la comunidad. Solamente a la edad de 25 años logrará cumplir su anhelo de ser religiosa.
El párroco de un barrio pobre de Madrid se entristecía al ver que muchos enfermos morían en el más completo abandono y sin recibir los santos sacramentos. Y pensó en reunir a un grupo de mujeres piadosas que visitaran a los enfermos en sus domicilios y les ayudaran a bien morir.
Al enterarse Soledad Torres de este deseo del párroco se presentó a él para ofrecerse a ayudarle en tan caritativa misión. Ella desde niña había asistido a varios moribundos y sentía un gusto especial por asistir a enfermos y moribundos. Era una gracia que le había concedido el Espíritu Santo. Aunque el sacerdote le rechazó en una primera entrevista porque le parecía muy débil y enfermiza para esas labores, después se dio cuenta de que era un alma de Dios y con ella y seis compañeras más, fundó el 15 de agosto de 1851, la comunidad de Siervas de María o Ministros de los enfermos.
La novedad de esta comunidad era que ellas debían asistir a domicilio y totalmente gratis a los enfermos que lo solicitaran.
Por aquellos tiempos llegó a Europa la terrible epidemia del cólera y en los hospitales no cabían los enfermos. Muchos de ellos eran abandonados por sus familiares por temor al contagio. Fue entonces cuando María Soledad y sus religiosas se multiplicaron por todas partes para atender a los más abandonados.
El fundador de la comunidad se fue de misionero a lejanas tierras y el sucesor se dejó creer de cuentos y habladurías y destituyó a Soledad del cargo de superiora. Ella se alegró de poder asemejarse a Cristo en padecer incomprensiones y persecuciones. En sus visitas a Jesús Sacramentado obtenía fuerzas para sufrir con paciencia y por amor a Dios. Después se supo la verdad de todo y fue restablecida en su cargo, y bajo su dirección se extendió admirablemente su congregación. Murió la santa el 11 de octubre de 1887 a la edad de 61 años. Fue canonizada por Pablo VI en 1970.
sábado, 10 de octubre de 2026
Lecturas del 10/10/2026
Hermanos: La Escritura lo encerró todo bajo el pecado, para que la promesa se otorgara por la fe en Jesucristo a los que creen.
Antes de que llegara la fe, éramos prisioneros y estábamos custodiados bajo la ley hasta que se revelase la fe.
La ley fue así nuestro a yo, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificados por fe; pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al a yo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos según la promesa.
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Palabra del Señor.
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