martes, 27 de octubre de 2026
Lecturas del 27/10/2026
Hermanos:
Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo: las mujeres, a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».
Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.
En aquel tiempo, decía Jesús:
«¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?
Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».
Y dijo de nuevo: «¿A qué compararé el reino de Dios?
Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».
Palabra del Señor.
27 de Octubre 2026 - San Bartolomé de Vicenza
Bartolomé de Vicenza o de Braganza estudió en la Universidad de Padua. Alrededor del año de 1220, recibió el hábito de Santo Domingo de manos del propio fundador de la orden, en Vicenza, su ciudad natal. Ejerció con gran prudencia el cargo de prior en varios conventos. En 1233, predicando en Bolonia con el P. Juan de Vicenza, fundó la orden militar de los "Fratres Gaudentes", para la preservación de la paz y el orden públicos.
La orden se extendió por varias ciudades de Italia y existió hasta el siglo XVIII. En la época del beato, el Cercano Oriente necesitaba con urgencia obispos santos a causa de los abusos de los cruzados; nada tiene, pues, de extraño que Bartolomé haya sido nombrado obispo de Chipre. El beato fue a visitar en Palestina a san Luis de Francia, quien le acogió muy amistosamente y le invitó a ir a Francia.
El beato Bartolomé aceptó la invitación algunos años más tarde, cuando fue enviado como legado pontificio a Inglaterra. Enrique III se hallaba entonces en Aquitania, a donde fue a verle el beato y después, le acompañó a París, donde el rey Luis le regaló en recuerdo, una espina de la corona del Salvador. Más tarde, ya en Vicenza, construyó una iglesia llamada De la Santa Corona, donde se veneraba la espina sagrada.
En 1256, el papa Alejandro IV trasladó a Bartolomé a la sede de Vicenza. Pronto se vio envuelto en dificultades con el violento y malvado jefe de los gibelinos, Ezzelino da Romano, quien le obligó a abandonar temporalmente su diócesis. A su vuelta, Bartolomé se entregó con más energía que nunca a su grey, reconstruyó las iglesias que Ezzelino había destruido e hizo cuanto pudo por restablecer la paz entre las ciudades del Véneto. Cuatro años antes de su muerte, el beato asistió a la segunda traslación de las reliquias de Santo Domingo y pronunció con esa ocasión un panegírico. Dios le llamó a Sí el 1 de julio de 1271. El pueblo, que le veneraba mucho, empezó pronto a darle el título de beato. Su culto fue confirmado en 1793.
La orden se extendió por varias ciudades de Italia y existió hasta el siglo XVIII. En la época del beato, el Cercano Oriente necesitaba con urgencia obispos santos a causa de los abusos de los cruzados; nada tiene, pues, de extraño que Bartolomé haya sido nombrado obispo de Chipre. El beato fue a visitar en Palestina a san Luis de Francia, quien le acogió muy amistosamente y le invitó a ir a Francia.
El beato Bartolomé aceptó la invitación algunos años más tarde, cuando fue enviado como legado pontificio a Inglaterra. Enrique III se hallaba entonces en Aquitania, a donde fue a verle el beato y después, le acompañó a París, donde el rey Luis le regaló en recuerdo, una espina de la corona del Salvador. Más tarde, ya en Vicenza, construyó una iglesia llamada De la Santa Corona, donde se veneraba la espina sagrada.
En 1256, el papa Alejandro IV trasladó a Bartolomé a la sede de Vicenza. Pronto se vio envuelto en dificultades con el violento y malvado jefe de los gibelinos, Ezzelino da Romano, quien le obligó a abandonar temporalmente su diócesis. A su vuelta, Bartolomé se entregó con más energía que nunca a su grey, reconstruyó las iglesias que Ezzelino había destruido e hizo cuanto pudo por restablecer la paz entre las ciudades del Véneto. Cuatro años antes de su muerte, el beato asistió a la segunda traslación de las reliquias de Santo Domingo y pronunció con esa ocasión un panegírico. Dios le llamó a Sí el 1 de julio de 1271. El pueblo, que le veneraba mucho, empezó pronto a darle el título de beato. Su culto fue confirmado en 1793.
lunes, 26 de octubre de 2026
Lecturas del 26/10/2026
Hermanos:
Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.
Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.
De la fornicación, la impureza, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de los santos. Tampoco vulgaridades, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de lugar. Lo vuestro es alabar a Dios. Tened entendido que nadie que se da a la fornicación, a la impureza, o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.
Que nadie os engañe con argumentos falaces; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos. Antes sí erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.
Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo.
Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad».
Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente:
«Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado».
Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?
Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».
Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.
Palabra del Señor.
26 de Octubre 2026 - San Alfredo el Grande
Rey de los Sajones Occidentales, nacido en Wantage, Berkshire,
Inglaterra en 849; muere en el 899. Alfredo fue el quinto hijo de Ethelwulf, o Æthelwulf, Rey de Wessex, y de Osburh, su reina, de la real casa de los Jutes de Wight. Cuando tenía cuatro años de edad, de acuerdo a una historia que se ha repetido tan frecuentemente que generalmente se acepta como verdadera, fue enviado por su padre a Roma, donde fue ungido rey por el Papa San León IV. Esto, sin embargo, como otras muchas leyendas que han cristalizado acerca del nombre de Alfredo, no tiene fundamento. Dos años después, en 855, Ethelwulf peregrinó a Roma, llevando a Alfredo con él. Esta visita, documentada por Asser, es aceptada como auténtica por los historiadores modernos.
Ethelwulf murió en 858 y Wessex fue gobernado por sus hijos, Ethelbald, Ethelbert y Ethelred, sucesivamente hasta 871, cuando Alfredo subió al trono. Nada se sabe de sus actividades durante los reinados de Ethelbald y Ethelbert, pero Jhon Asser, hablando de él durante el reinado de Ethelred, le da el título de Secundarius. En 868 desposó a Ealhswith, hija de Ethelred, conocido como El Grande, Regidor de los Gainas. Los Sajones Occidentales y los Mercianos estaban en guerra contra los daneses invasores, y Alfredo tomó parte activa en el conflicto. Ascendió al trono durante lo más intenso de este conflicto, pero para finales del año había logrado la paz, probablemente pagando una suma de dinero a los invasores.
Wessex disfruto de la paz por unos pocos años, pues alrededor de 875 los daneses renovaron sus ataques. Fueron expulsados entonces y nuevamente en 876 y 877, cada vez haciendo solemnes promesas de paz. En 878 vino la gran invasión bajo el mando de Guthrum. Por unos pocos meses los daneses lograron éxitos, pero alrededor de la Pascua Alfredo se estableció en Athelney y luego marchó a Brixton, reuniendo nuevas fuerzas en el camino. En la batalla de Ethandún (probablemente el actual Edington, en Wiltshire) derrotó a los daneses. Guthrum estuvo de acuerdo con firmar la paz y consintió ser bautizado. Es en conexión con esta lucha que muchas de las leyendas de Alfredo nacieron y fueron perpetuadas: la historia de los pasteles quemados, el relato de su visita al campo danés disfrazado de músico de arpa, y muchas otras.
Por quince años el reino de Alfredo estuvo en paz, pero en 903 los daneses que habían sido expulsados hicieron otro ataque violento. Esta guerra duró cuatro años y terminó con el establecimiento final de la supremacía sajona. Estas luchas tuvieron otro resultado, tan importante como la libertad de la opresión de los daneses. Las invasiones sucesivas habían terminado con la existencia de la mayoría de los reinados individuales. Alfredo hizo de Wessex un punto de reunión para todos los Sajones y al liberar el país de los invasores, sin darse cuenta unificó a Inglaterra y preparó el camino para la eventual supremacía de sus sucesores.
La leyenda popular se ha ocupado más de otras fases de la carrera de Alfredo que de sus logros militares. Se le acredita generalmente el establecimiento del juicio mediante jurado, la ley de “compromiso franco”, y otras muchas instituciones que más bien fueron el desarrollo de costumbres nacionales que existían hacía tiempo. Él es representado como el fundador de Oxford, afirmación que investigaciones recientes han desmentido. Pero incluso eliminando la parte legendaria de la historia de Alfredo, de ninguna manera disminuye su grandeza, ya que existen muchísimos logros documentados a su favor. Su propia evaluación de lo que hizo por la regeneración de Inglaterra es modesta al lado de la auténtica historia de sus actos.
Luchó, nos cuenta él, para reunir todo lo que parecía bueno en las viejas leyes inglesas y añade: “No me aventuré a fijar mucho de lo mío, porque yo no sabía que iba ser aprobado por los que venían después de nosotros”. No solo codificó y promulgó leyes, sino que busco también que fueran aplicadas, e insistió que la justicia debía ser dispensada sin miedo o favoritismo. Dedicó sus energías a restaurar lo que había sido destruido por las largas guerras con los invasores. Se reconstruyeron y fundaron monasterios, y mando a traer a estudiosos de otras tierras. Hizo llegar al Arzobispo Plegmund y al Obispo Wetfrith de Mercia; a Grimbold y Juan el Viejo Sajón de otras tierras teutónicas; Asser, John Scotus Erigena y a muchos otros más. No solamente alentó a los intelectuales, sino que él mismo laboró y dio prueba de su aprendizaje propio. Tradujo al Anglosajón: “La Consolación de la Filosofía” de Boëthius, “La Historia del Mundo” de Orosius; la “Historia Eclesiástica” de Bede, y la “Regla Pastoral” y los “Diálogos” de San Gregorio Magno. No solamente tradujo sino que adapto la “Consolación de la Filosofía”, añadiéndole mucho material propio. La “Crónica Anglosajona”, la relación de la raza inglesa desde los primeros tiempos, fue inspirada por él.
Inglaterra en 849; muere en el 899. Alfredo fue el quinto hijo de Ethelwulf, o Æthelwulf, Rey de Wessex, y de Osburh, su reina, de la real casa de los Jutes de Wight. Cuando tenía cuatro años de edad, de acuerdo a una historia que se ha repetido tan frecuentemente que generalmente se acepta como verdadera, fue enviado por su padre a Roma, donde fue ungido rey por el Papa San León IV. Esto, sin embargo, como otras muchas leyendas que han cristalizado acerca del nombre de Alfredo, no tiene fundamento. Dos años después, en 855, Ethelwulf peregrinó a Roma, llevando a Alfredo con él. Esta visita, documentada por Asser, es aceptada como auténtica por los historiadores modernos.
Ethelwulf murió en 858 y Wessex fue gobernado por sus hijos, Ethelbald, Ethelbert y Ethelred, sucesivamente hasta 871, cuando Alfredo subió al trono. Nada se sabe de sus actividades durante los reinados de Ethelbald y Ethelbert, pero Jhon Asser, hablando de él durante el reinado de Ethelred, le da el título de Secundarius. En 868 desposó a Ealhswith, hija de Ethelred, conocido como El Grande, Regidor de los Gainas. Los Sajones Occidentales y los Mercianos estaban en guerra contra los daneses invasores, y Alfredo tomó parte activa en el conflicto. Ascendió al trono durante lo más intenso de este conflicto, pero para finales del año había logrado la paz, probablemente pagando una suma de dinero a los invasores.
Wessex disfruto de la paz por unos pocos años, pues alrededor de 875 los daneses renovaron sus ataques. Fueron expulsados entonces y nuevamente en 876 y 877, cada vez haciendo solemnes promesas de paz. En 878 vino la gran invasión bajo el mando de Guthrum. Por unos pocos meses los daneses lograron éxitos, pero alrededor de la Pascua Alfredo se estableció en Athelney y luego marchó a Brixton, reuniendo nuevas fuerzas en el camino. En la batalla de Ethandún (probablemente el actual Edington, en Wiltshire) derrotó a los daneses. Guthrum estuvo de acuerdo con firmar la paz y consintió ser bautizado. Es en conexión con esta lucha que muchas de las leyendas de Alfredo nacieron y fueron perpetuadas: la historia de los pasteles quemados, el relato de su visita al campo danés disfrazado de músico de arpa, y muchas otras.
Por quince años el reino de Alfredo estuvo en paz, pero en 903 los daneses que habían sido expulsados hicieron otro ataque violento. Esta guerra duró cuatro años y terminó con el establecimiento final de la supremacía sajona. Estas luchas tuvieron otro resultado, tan importante como la libertad de la opresión de los daneses. Las invasiones sucesivas habían terminado con la existencia de la mayoría de los reinados individuales. Alfredo hizo de Wessex un punto de reunión para todos los Sajones y al liberar el país de los invasores, sin darse cuenta unificó a Inglaterra y preparó el camino para la eventual supremacía de sus sucesores.
La leyenda popular se ha ocupado más de otras fases de la carrera de Alfredo que de sus logros militares. Se le acredita generalmente el establecimiento del juicio mediante jurado, la ley de “compromiso franco”, y otras muchas instituciones que más bien fueron el desarrollo de costumbres nacionales que existían hacía tiempo. Él es representado como el fundador de Oxford, afirmación que investigaciones recientes han desmentido. Pero incluso eliminando la parte legendaria de la historia de Alfredo, de ninguna manera disminuye su grandeza, ya que existen muchísimos logros documentados a su favor. Su propia evaluación de lo que hizo por la regeneración de Inglaterra es modesta al lado de la auténtica historia de sus actos.
Luchó, nos cuenta él, para reunir todo lo que parecía bueno en las viejas leyes inglesas y añade: “No me aventuré a fijar mucho de lo mío, porque yo no sabía que iba ser aprobado por los que venían después de nosotros”. No solo codificó y promulgó leyes, sino que busco también que fueran aplicadas, e insistió que la justicia debía ser dispensada sin miedo o favoritismo. Dedicó sus energías a restaurar lo que había sido destruido por las largas guerras con los invasores. Se reconstruyeron y fundaron monasterios, y mando a traer a estudiosos de otras tierras. Hizo llegar al Arzobispo Plegmund y al Obispo Wetfrith de Mercia; a Grimbold y Juan el Viejo Sajón de otras tierras teutónicas; Asser, John Scotus Erigena y a muchos otros más. No solamente alentó a los intelectuales, sino que él mismo laboró y dio prueba de su aprendizaje propio. Tradujo al Anglosajón: “La Consolación de la Filosofía” de Boëthius, “La Historia del Mundo” de Orosius; la “Historia Eclesiástica” de Bede, y la “Regla Pastoral” y los “Diálogos” de San Gregorio Magno. No solamente tradujo sino que adapto la “Consolación de la Filosofía”, añadiéndole mucho material propio. La “Crónica Anglosajona”, la relación de la raza inglesa desde los primeros tiempos, fue inspirada por él.
domingo, 25 de octubre de 2026
Lecturas del 25/10/2026
Esto dice el Señor: «No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor, se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».
Hermanos:
Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
Palabra del Señor.
25 de Octubre 2026 – San Frutos de Segovia
La tradición cuenta que nació en Segovia en el año 642, en el seno de una importante familia acomodada que la leyenda hace descendiente de patricios romanos de enraizadas creencias religiosas.
Tras la prematura muerte de sus padres hubo de tomar la decisión repartir los cuantiosos bienes familiares entre los necesitados y alejarse de la ciudad en busca de soledad. Sus hermanos menores Valentín y Engracia le secundan en la idea y lo acompañan, eligiendo para su retiro un inhóspito paraje a las orillas del río Duratón, en el actual término municipal de Carrascal del Río. Primero se establecieron en cuevas naturales, y después en ermitas alejadas entre sí buscando satisfacer el deseo de soledad, penitencia y oración.
Falleció en la ermita de San Frutos a los 73 años de edad, y fue enterrado en ella por sus hermanos; ellos se retiraron al municipio de Caballar, donde continuaron su vida solitaria en la ermita de san Zoilo hasta morir decapitados a manos de los sarracenos.
Los restos mortales de san Frutos fueron trasladados junto con los de sus dos hermanos en el siglo XI a la antigua catedral de Segovia, y con el tiempo desaparecieron por el templo hasta que Juan Arias Dávila (1436-1497), durante su gobierno de la diócesis como obispo de Segovia, ordenó su búsqueda teniendo en cuenta la tradición que aseguraba estaban enterrados en alguna parte del templo. En la actualidad se siguen venerando como reliquias, que se encuentran en la localidad de Caballar, donde se celebra la festividad de "Las Mojadas".
Tras la prematura muerte de sus padres hubo de tomar la decisión repartir los cuantiosos bienes familiares entre los necesitados y alejarse de la ciudad en busca de soledad. Sus hermanos menores Valentín y Engracia le secundan en la idea y lo acompañan, eligiendo para su retiro un inhóspito paraje a las orillas del río Duratón, en el actual término municipal de Carrascal del Río. Primero se establecieron en cuevas naturales, y después en ermitas alejadas entre sí buscando satisfacer el deseo de soledad, penitencia y oración.
Falleció en la ermita de San Frutos a los 73 años de edad, y fue enterrado en ella por sus hermanos; ellos se retiraron al municipio de Caballar, donde continuaron su vida solitaria en la ermita de san Zoilo hasta morir decapitados a manos de los sarracenos.
Los restos mortales de san Frutos fueron trasladados junto con los de sus dos hermanos en el siglo XI a la antigua catedral de Segovia, y con el tiempo desaparecieron por el templo hasta que Juan Arias Dávila (1436-1497), durante su gobierno de la diócesis como obispo de Segovia, ordenó su búsqueda teniendo en cuenta la tradición que aseguraba estaban enterrados en alguna parte del templo. En la actualidad se siguen venerando como reliquias, que se encuentran en la localidad de Caballar, donde se celebra la festividad de "Las Mojadas".
sábado, 24 de octubre de 2026
Lecturas del 24/10/2026
Hermanos:
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres».
Decir «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de los cielos para llenar el universo.
Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, en la falacia de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor.
En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.
Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».
Palabra del Señor.
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