lunes, 13 de abril de 2026
Lecturas del 13/04/2026
En aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
Al oírlo, todos invocaron a uno a Dios en voz alta, diciendo: «Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo: “¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías”.
Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en tus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús».
Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.
Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».
Palabra del Señor.
13 de Abril 2026 – San Hermenegildo
Hijo del rey arriano Leovigildo y de Teodosia (hermana de san Isidoro de Sevilla) fue enviado a Sevilla, junto con su hermano Recaredo, para que se educaran en la escuela que regía su tío san Leandro. Hermenegildo se casó en Sevilla con la católica Ingunda, nieta de la segunda esposa de su padre, Gosvinda y, abrazó el catolicismo en el 579 (influido por su esposa y el obispo san Leandro), cuando era gobernador de la Bética, a pesar de todas las presiones que hizo sobre su esposa la reina Gosvinda para que Ingunda abrazase el arrianismo, a lo cual se negó y consiguió la conversión de su esposo, con el que se entendió muy bien. Al bautizarse, Hermenegildo tomó el nombre de Juan. Por otro lado se rebeló contra su padre, tomando el título de rey. Su padre luchó contra él, y Hermenegildo mandó a su esposa y a su hijo Atanagildo a Bizancio, donde murieron.
Prisionero a consecuencia de un complicado enfrentamiento político entre los hispano romanos (católicos) y los hispano godos (arrianos), sufrió por orden de su padre una dura cárcel, primero en Córdoba, luego Toledo, Valencia y finalmente en Tarragona. Vivió hundido en la miseria, atado de pies y manos, bajo la custodia de un carcelero que lo maltrató. Para evitar la apariencia misma de la convivencia con el arrianismo, renunció el día de Pascua, recibir la comunión de manos arrianas. Y obligado, en la misma cárcel a renegar de su fe católica, eligió el martirio, y fue asesinado por Sisberto en la cárcel. Si bien es verdad que su conversión más se debió a razones políticas, luego supo defender su fe en los momentos de mayor dificultad. El Papa san Gregorio Magno escribió sobre él un elogio entusiasta.
Desde 1969 su culto se ha limitado a los calendarios locales. La comisión nombrada por Benedicto XIV para la reforma del calendario litúrgico recomendó que se suprimiese el nombre de san Hermenegildo; en la actualidad sólo es memoria litúrgica en España y algunos países de tradición hispánica.
Prisionero a consecuencia de un complicado enfrentamiento político entre los hispano romanos (católicos) y los hispano godos (arrianos), sufrió por orden de su padre una dura cárcel, primero en Córdoba, luego Toledo, Valencia y finalmente en Tarragona. Vivió hundido en la miseria, atado de pies y manos, bajo la custodia de un carcelero que lo maltrató. Para evitar la apariencia misma de la convivencia con el arrianismo, renunció el día de Pascua, recibir la comunión de manos arrianas. Y obligado, en la misma cárcel a renegar de su fe católica, eligió el martirio, y fue asesinado por Sisberto en la cárcel. Si bien es verdad que su conversión más se debió a razones políticas, luego supo defender su fe en los momentos de mayor dificultad. El Papa san Gregorio Magno escribió sobre él un elogio entusiasta.
Desde 1969 su culto se ha limitado a los calendarios locales. La comisión nombrada por Benedicto XIV para la reforma del calendario litúrgico recomendó que se suprimiese el nombre de san Hermenegildo; en la actualidad sólo es memoria litúrgica en España y algunos países de tradición hispánica.
domingo, 12 de abril de 2026
Lecturas del 12/04/2026
Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final.
Por ellos os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque perecederos, se aquilata a fuego.
Merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Palabra del Señor.
12 de Abril 2026 – San Giuseppe Moscati
En 1892 su hermano Alberto, desafortunadamente, el murió tras una caída de su caballo durante el ejercicio de su servicio militar: a partir de este episodio empezó a madurar su pasión por la medicina. Después de la escuela secundaria, se matriculó en 1897 en la Facultad de Medicina, en el mismo año de la muerte de su padre, que sufrió una hemorragia cerebral.
Ingresó en la universidad para estudiar medicina y con 22 años se graduó con las mejores calificaciones de su promoción. Cada día se levantaba muy temprano para ir a misa y recibir la comunión. Después se dirigía a las colonias pobres para ver algunos enfermos y a las 8:30 a.m. iniciaba el trabajo en el hospital.
Sus pacientes predilectos eran los pobres, algo de lo que dan fe muchas personas que lo conocieron. Es conocida una anécdota suya con un anciano pobre al que visitaba cada día. El anciano le pidió en una ocasión que fuera con él desayunar al café que estaba junto a la iglesia a la que acudía a misa. El día en el que el anciano no iba a desayunar, el doctor se acercaba preocupado hasta su domicilio para asistirlo.
Nunca cobró dinero a los pobres, a los que ayudaba siempre con una sonrisa y sin hacerse notar.
Su muerte llegó el 12 de abril de 1927, casi a los 47 años, mientras esperaba en el despacho de su casa la visita de los enfermos y sentado en un sillón.
La noticia de su fallecimiento se difundió rápidamente por toda la ciudad con las palabras “ha muerto el médico santo” y fueron los pobres quienes más lloraron la pérdida de su amigo y doctor.
Entre los primeros que acudieron a rezar ante su cadáver estuvo el Cardenal Ascalesi, quien ante los presentes dijo: “el doctor pertenecía a la Iglesia; no a aquella de quienes sanó el cuerpo, sino de la de quienes salvó el alma y que salieron a su encuentro mientras subía al cielo”.
Fue beatificado en 1975 por el Papa Pablo VI y canonizado gracias al milagro de la curación de leucemia del joven Giuseppe Montefusco en 1979. Precisamente fue en la Iglesia de Jesús Nuevo donde la madre del joven pidió la intercesión del entonces beato.
Algunos días antes, por la noche, vio en sueños la foto de un médico en batín blanco. Contó el sueño a su párroco, quien le habló del Beato Moscati. La señora fue a la Iglesia de Jesús Nuevo y enseguida reconoció el rostro de la imagen que vio en sueños. Desde ese momento rezó a Moscati y consiguió que se le unieran parientes y amigos. Su hijo Giuseppe se curó totalmente en pocos días y regresó a su trabajo como herrero.
Moscati fue canonizado por Juan Pablo II el 25 de octubre de 1987.
Ingresó en la universidad para estudiar medicina y con 22 años se graduó con las mejores calificaciones de su promoción. Cada día se levantaba muy temprano para ir a misa y recibir la comunión. Después se dirigía a las colonias pobres para ver algunos enfermos y a las 8:30 a.m. iniciaba el trabajo en el hospital.
Sus pacientes predilectos eran los pobres, algo de lo que dan fe muchas personas que lo conocieron. Es conocida una anécdota suya con un anciano pobre al que visitaba cada día. El anciano le pidió en una ocasión que fuera con él desayunar al café que estaba junto a la iglesia a la que acudía a misa. El día en el que el anciano no iba a desayunar, el doctor se acercaba preocupado hasta su domicilio para asistirlo.
Nunca cobró dinero a los pobres, a los que ayudaba siempre con una sonrisa y sin hacerse notar.
Su muerte llegó el 12 de abril de 1927, casi a los 47 años, mientras esperaba en el despacho de su casa la visita de los enfermos y sentado en un sillón.
La noticia de su fallecimiento se difundió rápidamente por toda la ciudad con las palabras “ha muerto el médico santo” y fueron los pobres quienes más lloraron la pérdida de su amigo y doctor.
Entre los primeros que acudieron a rezar ante su cadáver estuvo el Cardenal Ascalesi, quien ante los presentes dijo: “el doctor pertenecía a la Iglesia; no a aquella de quienes sanó el cuerpo, sino de la de quienes salvó el alma y que salieron a su encuentro mientras subía al cielo”.
Fue beatificado en 1975 por el Papa Pablo VI y canonizado gracias al milagro de la curación de leucemia del joven Giuseppe Montefusco en 1979. Precisamente fue en la Iglesia de Jesús Nuevo donde la madre del joven pidió la intercesión del entonces beato.
Algunos días antes, por la noche, vio en sueños la foto de un médico en batín blanco. Contó el sueño a su párroco, quien le habló del Beato Moscati. La señora fue a la Iglesia de Jesús Nuevo y enseguida reconoció el rostro de la imagen que vio en sueños. Desde ese momento rezó a Moscati y consiguió que se le unieran parientes y amigos. Su hijo Giuseppe se curó totalmente en pocos días y regresó a su trabajo como herrero.
Moscati fue canonizado por Juan Pablo II el 25 de octubre de 1987.
sábado, 11 de abril de 2026
Lecturas del 11/04/2026
En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo: « ¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre». Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo: « ¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
Por ellos. Repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».
Palabra del Señor.
11 de Abril 2026 – Beato Ángel Carletti de Chivasso
Nació en Chivasso en el Piamonte, en el seno de la antigua y noble familia Carletti, y se llamaba Antonio. Se licenció en Derecho canónico y civil, y en Teología en Bolonia. Al regreso en Chivasso ejerció la profesión forense y fue miembro de la Corte de Justicia. Eran los años de fasto y esplendor de la dinastía de los Paleólogos. Juan Jacobo Paleólogo le nombró senador y consejero de su marquesado. Su madre le busco una mujer para que se casase, pero él ya tenía decidido entrar en el convento. Se hizo religioso a los 33 años en la Orden de los franciscanos, cuando murió su madre. Vendió sus bienes, dividiendo lo conseguido entre su hermano y los pobres, y cedió una casa paterna a la comunidad para que se celebraran los consejos públicos.
Ingresó en el convento de Santa María del Monte en Génova, que pertenecía a la Observancia de san Bernardino de Siena. Aquí conoció al futuro papa Sixto IV. Su primer encargo fue el de maestro de novicios. Génova será durante 20 años su residencia principal. Durante este periodo promovió la erección en la ciudad y en Savona de los Montes de Piedad para combatir la usura. La atención a los pobres será una constante en su vida. En Savona construyó el convento de Santiago.
Docto, humilde, manso, paciente, en el 1464 fue elegido Vicario provincial. En el 1467 fue nombrado Comisario junto a Pedro de Nápoles, para la división de la gran Provincia franciscana de Alemania. En el 1472, fue nombrado Vicario General de los Observantes. Fundó los monasterios de Saluzzo, Mondovi y Pinerolo. Fue reelegido Vicario General en 1478, y en este cargo viajó por Italia para visitar los conventos de la Observancia.
Fue predicador, estudioso, teólogo polemista y maestro de almas. Fue director espiritual del duque de Saboya Carlos I y de la beata Paula Gambara-Costa. Estuvo en relación con santa Catalina de Génova. Para ayudar a los directores espirituales escribió "Summa de los casos de conciencia" (conocida como "Summa Angelica"). Por encargo del papa Sixto IV, predicó la cruzada contra los turcos en 1480. En los años 1484 y 1489, fue reelegido como Vicario General.
En 1491, sólo por obediencia al papa Inocencio VIII, fue encargado de frenar, junto con el obispo de Moriana, la difusión de los valdenses en el ducado de Saboya. Obtuvo grandes conversiones y un acuerdo pacífico entre valdenses y católicos en el 1493. Fue encargado de la Prefectura Cismontana de la Orden en Italia. Pobrísimo por voluntad propia, fue gran benefactor de los pobres que defendió contra los prepotentes. Murió en el convento de San Antonio de Cúneo. Sus restos se encuentran en el convento de Santa María de los Ángeles de Cúneo. Su culto fue confirmado por Benedicto XIV el 25 de abril de 1753. Patrón de Cúneo.
Ingresó en el convento de Santa María del Monte en Génova, que pertenecía a la Observancia de san Bernardino de Siena. Aquí conoció al futuro papa Sixto IV. Su primer encargo fue el de maestro de novicios. Génova será durante 20 años su residencia principal. Durante este periodo promovió la erección en la ciudad y en Savona de los Montes de Piedad para combatir la usura. La atención a los pobres será una constante en su vida. En Savona construyó el convento de Santiago.
Docto, humilde, manso, paciente, en el 1464 fue elegido Vicario provincial. En el 1467 fue nombrado Comisario junto a Pedro de Nápoles, para la división de la gran Provincia franciscana de Alemania. En el 1472, fue nombrado Vicario General de los Observantes. Fundó los monasterios de Saluzzo, Mondovi y Pinerolo. Fue reelegido Vicario General en 1478, y en este cargo viajó por Italia para visitar los conventos de la Observancia.
Fue predicador, estudioso, teólogo polemista y maestro de almas. Fue director espiritual del duque de Saboya Carlos I y de la beata Paula Gambara-Costa. Estuvo en relación con santa Catalina de Génova. Para ayudar a los directores espirituales escribió "Summa de los casos de conciencia" (conocida como "Summa Angelica"). Por encargo del papa Sixto IV, predicó la cruzada contra los turcos en 1480. En los años 1484 y 1489, fue reelegido como Vicario General.
En 1491, sólo por obediencia al papa Inocencio VIII, fue encargado de frenar, junto con el obispo de Moriana, la difusión de los valdenses en el ducado de Saboya. Obtuvo grandes conversiones y un acuerdo pacífico entre valdenses y católicos en el 1493. Fue encargado de la Prefectura Cismontana de la Orden en Italia. Pobrísimo por voluntad propia, fue gran benefactor de los pobres que defendió contra los prepotentes. Murió en el convento de San Antonio de Cúneo. Sus restos se encuentran en el convento de Santa María de los Ángeles de Cúneo. Su culto fue confirmado por Benedicto XIV el 25 de abril de 1753. Patrón de Cúneo.
viernes, 10 de abril de 2026
Lecturas del 10/04/2026
En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Anás, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos: « ¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar».
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron: «No».
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: «Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
10 de Abril 2026 – Beatos Colombianos de San Juan de Dios
En 1934 estalló en España una cruel persecución contra los católicos por parte de los comunistas, masones y de la extrema izquierda. En pocos meses fueron destruidos en España más de mil templos católicos y gravemente averiados más de dos mil. Desde 1936 hasta 1939, los comunistas españoles asesinaron a 4100 sacerdotes seculares; 2300 religiosos; 283 religiosas y miles de laicos.
Unas de las víctimas de esta persecución fueron siete jóvenes colombianos, hermanos de la Comunidad de San Juan de Dios, que estaban estudiando y trabajando en España a favor de los que padecían enfermedades mentales y se encontraban en condición de abandono. Sus nombres eran: Juan Bautista Velásquez, Esteban Maya, Melquiades Ramírez de Sonsón, Eugenio Ramírez, Rubén de Jesús López, Arturo Ayala y Gaspar Páez Perdomo de Tello.
La Comunidad colombiana los había enviado a España a perfeccionar sus estudios de enfermería, y a asistir a los enfermos que vivían en un centro médicos ubicado en Ciempozuelos cerca de Madrid.
Hasta dicho lugar, llegó personal del gobierno comunista español quienes les ordenaron abandonar el plantel y dejarlo en manos de empleados marxistas desconocedores de la medicina y de la dirección de centros médicos. Los siete jóvenes fueron hechos prisioneros y llevados a una cárcel de Madrid.
Gracias a la intersección de la cancillería colombiana en el país, los jóvenes consiguieron su libertad, y ya su comunidad religiosa había gestionado los pasajes y viáticos para su retorno al país natal. Sin embargo, antes de abordar el tren que los transportaría a Barcelona, de donde partirían a Colombia, oficiales del gobierno comunista español los asesinaron cruelmente. El Cónsul de Colombia en España los identificó en el Hospital Clínico del país, y dio aviso a la congregación religiosa.
Pese a las protestas por parte del gobierno colombiano y de la cancillería en España, el gobierno comunista no realizó ninguna investigación pertinente, dejando sin castigo alguno a los responsables del asesinato de los religiosos.
El Papa Juan Pablo II beatificó a los siete religiosos en 1992, convirtiéndose en los primeros beatos del país latinoamericano.
Unas de las víctimas de esta persecución fueron siete jóvenes colombianos, hermanos de la Comunidad de San Juan de Dios, que estaban estudiando y trabajando en España a favor de los que padecían enfermedades mentales y se encontraban en condición de abandono. Sus nombres eran: Juan Bautista Velásquez, Esteban Maya, Melquiades Ramírez de Sonsón, Eugenio Ramírez, Rubén de Jesús López, Arturo Ayala y Gaspar Páez Perdomo de Tello.
La Comunidad colombiana los había enviado a España a perfeccionar sus estudios de enfermería, y a asistir a los enfermos que vivían en un centro médicos ubicado en Ciempozuelos cerca de Madrid.
Hasta dicho lugar, llegó personal del gobierno comunista español quienes les ordenaron abandonar el plantel y dejarlo en manos de empleados marxistas desconocedores de la medicina y de la dirección de centros médicos. Los siete jóvenes fueron hechos prisioneros y llevados a una cárcel de Madrid.
Gracias a la intersección de la cancillería colombiana en el país, los jóvenes consiguieron su libertad, y ya su comunidad religiosa había gestionado los pasajes y viáticos para su retorno al país natal. Sin embargo, antes de abordar el tren que los transportaría a Barcelona, de donde partirían a Colombia, oficiales del gobierno comunista español los asesinaron cruelmente. El Cónsul de Colombia en España los identificó en el Hospital Clínico del país, y dio aviso a la congregación religiosa.
Pese a las protestas por parte del gobierno colombiano y de la cancillería en España, el gobierno comunista no realizó ninguna investigación pertinente, dejando sin castigo alguno a los responsables del asesinato de los religiosos.
El Papa Juan Pablo II beatificó a los siete religiosos en 1992, convirtiéndose en los primeros beatos del país latinoamericano.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




















