martes, 17 de febrero de 2026

Comienzo de la CUARESMA

Reflexión del 17/02/2026

Lecturas del 17/02/2026

Bienaventurado el hombre que aguanta la prueba, porque, si sale airoso, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman.
Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.
A cada uno le tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce; después el deseo concibe y da a luz el pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte.
No os engañéis, mis queridos hermanos. Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación.
Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.
En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?»
Ellos contestaron: «Doce» «¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».
Le respondieron: «Siete».
Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

Palabra del Señor.

17 de Febrero 2026 – Santos Fundadores de la Orden “Siervos de María"

Eran siete amigos, comerciantes de la ciudad de Florencia, Italia.

Sus nombres: Alejo, Amadeo, Hugo, Benito, Bartolomé, Gerardino y Juan.

Pertenecían a una asociación de devotos de la Virgen María, que había en Florencia, y poco a poco fueron convenciéndose de que debían abandonar lo mundano y dedicarse a la vida de santidad. Vendieron sus bienes, repartieron el dinero a los pobres y se fueron al Monte Senario a rezar y a hacer penitencia. La idea de irse a la montaña a santificarse, les llegó el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Sma. Virgen, y la pusieron en práctica el 8 de septiembre, día del nacimiento de Nuestra Señora. Ellos se habían propuesto propagar la devoción a la Madre de Dios y confiarle a Ella todos sus planes y sus angustias. A tan buena Madre le encomendaron que les ayudara a convertirse de sus miserias espirituales y que bendijera misericordiosamente sus buenos propósitos. Y dispusieron llamarse "Siervos de María" o "Servitas".

Los siete santos

En el monte Senario se dedicaban a hacer muchas penitencias y mucha oración, pero un día recibieron la visita del Sr. Cardenal delegado del Sumo Pontífice, el cual les recomendó que no se debilitaran demasiado con penitencias excesivas, y que más bien se dedicaran a estudiar y se hicieran ordenar sacerdotes y se pusieran a predicar y a propagar el evangelio. Así lo hicieron, y todos se ordenaron de sacerdotes, menos Alejo, el menor de ellos, que por humildad quiso permanecer siempre como simple hermano, y fue el último de todos en morir.

Un Viernes Santo recibieron de la Sma. Virgen María la inspiración de adoptar como Reglamento de su Asociación la Regla escrita por San Agustín, que por ser muy llena de bondad y de comprensión, servía para que se pudieran adaptar a ella los nuevos aspirantes que quisieran entrar en su comunidad. Así lo hicieron, y pronto esta asociación religiosa se extendió de tal manera que llegó a tener cien conventos, y sus religiosos iban por ciudades y pueblos y campos evangelizando y enseñando a muchos con su palabra y su buen ejemplo, el camino de la santidad. Su especialidad era una gran devoción a la Santísima Virgen, la cual les conseguía maravillosos favores de Dios.

El más anciano de ellos fue nombrado superior, y gobernó la comunidad por 16 años. Después renunció por su ancianidad y pasó sus últimos años dedicado a la oración y a la penitencia. Una mañana, mientras rezaban los salmos, acompañado de su secretario que era San Felipe Benicio, el santo anciano recostó su cabeza sobre el corazón del discípulo y quedó muerto plácidamente. Lo reemplazó como superior otro de los Fundadores, Juan, el cual murió pocos años después, un viernes, mientras predicaba a sus discípulos acerca de la Pasión del Señor. Estaba leyendo aquellas palabras de San Lucas: "Y Jesús, lanzando un fuerte grito, dijo: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!" (Lc. 23, 46). El Padre Juan al decir estas palabras cerró el evangelio, inclinó su cabeza y quedó muerto muy santamente.

Lo reemplazó el tercero en edad, el cual, después de gobernar con mucho entusiasmo a la comunidad y de hacerla extender por diversas regiones, murió con fama de santo.

El cuarto, que era Bartolomé, llevó una vida de tan angelical pureza que al morir se sintió todo el convento lleno de un agradabilísimo perfume, y varios religiosos vieron que de la habitación del difunto salía una luz brillante y subía al cielo.

De los fundadores, Hugo y Gerardino, mantuvieron toda la vida entre sí una grande y santísima amistad. Juntos se prepararon para el sacerdocio y mutuamente se animaban y corregían. Después tuvieron que separarse para irse cada uno a lejanas regiones a predicar. Cuando ya eran muy ancianos fueron llamados al Monte Senario para una reunión general de todos los superiores. Llegaron muy fatigados por su vejez y por el largo viaje. Aquella tarde charlaron emocionados recordando sus antiguos y bellos tiempos de juventud, y agradeciendo a Dios los inmensos beneficios que les había concedido durante toda su vida. Rendidos de cansancio se fueron a acostar cada uno a su celda, y en esa noche el superior, San Felipe Benicio, vio en sueños que la Virgen María venía a la tierra a llevarse dos blanquísimas azucenas para el cielo. Al levantarse por la mañana supo la noticia de que los dos inseparables amigos habían amanecido muertos, y se dio cuenta de que Nuestra Señora había venido a llevarse a estar juntos en el Paraíso Eterno a aquellos dos que tanto la habían amado a Ella en la tierra y que en tan santa amistad habían permanecido por años y años, amándose como dos buenísimos hermanos.

El último en morir fue el hermano Alejo, que llegó hasta la edad de 110 años. De él dijo uno que lo conoció: "Cuando yo llegué a la Comunidad, solamente vivía uno de los Siete Santos Fundadores, el hermano Alejo, y de sus labios oímos la historia de todos ellos. La vida del hermano Alejo era tan santa que servía a todos de buen ejemplo y demostraba como debieron ser de santos los otros seis compañeros". El hermano Alejo murió el 17 de febrero del año 1310.

lunes, 16 de febrero de 2026

Reflexión del 16/02/2026

Lecturas del 16/02/2026

Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus en la diáspora: saludo.
Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia. Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia.
Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá.
Pero que pida con fe, sin titubear nada, pues el que titubea se parece a una ola del mar agitada y sacudida por el viento. No se crea un individuo así que va a recibir algo del Señor; es un hombre inconstante, indeciso en todos sus caminos.
Que el hermano de condición humilde se sienta orgulloso de su alta dignidad, y el rico de su pequeñez, porque pasará como flor de hierba. Pues sale el sol con su ardor y seca la hierba, se cae la flor y se pierde la belleza de su aspecto; así también se marchitará el rico en sus empresas.
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Palabra del Señor.

16 de Febrero 2026 – San Onésimo, Obispo de Efésia

El caso de San Onésimo, por su peculiaridad, puede servir para reflexionar sobre algunas realidades fundamentales del cristianismo. Lo que sabemos de él se debe casi exclusivamente a la carta de San Pablo a Filemón, a quien llama "nuestro querido colaborador" y de quien recuerda con simpatía la "caridad para con los demás" y la "fe en el Señor Jesús". San Pablo escribe palabras llenas de autoridad y de dulzura: "aunque tengo en Cristo plena libertad para ordenarte lo que debes hacer, prefiero pedirte en nombre de la caridad, tal como soy, Pablo, anciano y ahora prisionero por Cristo Jesús".

Era una eficaz "captatio benevolentiae", de ningún modo retórica, porque Pablo se proponía precisamente invitar a Filemón a realizar un acto de gran caridad y de fe. "Te ruego por mi hijo, a quien engendré a la fe en mi prisión, Onésimo, inútil un tiempo para ti, pero ahora bien útil para ti y para mí. Te envío a él, es decir, mis propias entrañas. Yo querría retenerlo a mi lado para que me ayudase en tu lugar en mi prisión por el Evangelio, pero nada he querido hacer sin tu consentimiento, a fin de que me hagas esta buena obra no forzadamente, sino de buen grado. Tal vez por esto se separó de ti, para que lo tuviera para siempre, no ya como esclavo, sino como un hermano amado, ¡que lo es muchísimo para mí!, ¡cuánto más para ti! según la carne y en el Señor".

Onésimo no sólo era un esclavo que había huido, sino también un ladrón, y San Pablo se compromete a pagar esa suma si Filemón lo exigía: "Si en algo te ofendió, o algo te debe, ponlo a mi cuenta; yo, Pablo, lo firmo con mi puño y letra, yo pagaré".

Hay quien sostiene que la liberación de la esclavitud no es mérito del cristianismo, sino que sólo llevó a la práctica las ideas de filósofos como Séneca, burócratas como Plinio el Joven, y emperadores como Adriano. En realidad, ningún "filósofo" llamó "hijo" y "hermano", y además "queridísimo" a un esclavo fugitivo y ladrón. También para Onésimo había muerto y resucitado Cristo... Del resto de su vida no sabemos nada. El Martirologio Romano narra la tradición, según la cual "fue llevado atado a Roma y lapidado por la fe de Cristo" después de haber sido obispo de Éfeso.

domingo, 15 de febrero de 2026

Domingo, 15-02-2025 6º de TIEMPO ORDINARIO Ciclo A

Reflexión del 15/02/2026

Lecturas del 15/02/2026

Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.
Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera.
Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo.
Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre.
A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.
Hermanos: Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.
Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que sí vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor.

15 de Febrero 2026 – San Sigfrido de Växjö

En Växjö, en Suecia, san Sigfrido, obispo, que, oriundo de Inglaterra, evangelizó con gran paciencia a aquellas gentes y bautizó a su rey Olaf.

Misionero, obispo y santo anglosajón. Según la tradición cristiana, fue uno de los primeros misioneros en Noruega y Suecia. Es representante de la cristianización de esos dos países y se le asignó el título de apóstol de las provincias de Småland y Västergötland.

Su biografía es confusa, porque las fuentes antiguas que lo mencionan no parecen tener hilación o coherencia entre sí.

Según las sagas de Snorri Sturluson, un monje benedictino de Glastonbury llamado Sigurd (nombre equivalente a Sigfrido) habría acompañado al rey Olaf Tryggvason desde Inglaterra cuando éste regresó a Noruega para reclamar el trono. Cuando Olaf pudo hacerse del poder, inició una violenta campaña de cristianización del país, en la que Sigfrido jugó un papel central. Canonizó a santa Suniva, la primera santa de Noruega.

En el 950 marchó a Suecia, inició con una pequeña iglesia que se llamó Wexiow o Växjö, de donde partió la misión de todo el país. Pronto hubo numerosas conversiones, de tal manera que la cruz se situó en las doce tribus del país. Obispo de Suecia, pero sin sede fija. El país, poco tiempo después, a causa de los frutos obtenidos, se dividió en dos diócesis. Sigfrido ocupó el primitivo lugar de Wexiow con tres sobrinos santos: Unaman, sacerdote; Sunaman, diácono y Vinaman, subdiácono que, más tarde, fueron asesinados por un grupo de paganos; el rey quiso castigarlos; pero Sigfrido, prefirió el perdón, con lo que obtuvo la conversión de los asesinos. 

Sigfrido bautizó al rey Olav y a toda su corte y ejército. Fundó muchas iglesias y consagró un obispo en Upsala y otro en Strengues. Fue enterrado en la catedral de Wexiow, donde su tumba realizó muchos milagros.  

Aunque en general se acepta su existencia, los acontecimientos de su vida no pueden ser comprobados y resultan contradictorios en las fuentes históricas. Según la "leyenda de Sigfrido", éste era arzobispo de York, y fue enviado a Suecia por órdenes del rey inglés Mildred, personaje inexistente según las fuentes históricas. En contradicción con la leyenda, el historiador Saxo Grammaticus señala que Olof Skötkonung fue bautizado por otro misionero inglés, de nombre Bernhard. Por su parte, la "Västgötalagen", muy probablemente influida por la "leyenda de Sigfrido" dice que Sigfrido bautizó al rey y fue el primer obispo de Skara. El historiador eclesiástico Adán de Bremen desmiente esta teoría, pues según él el primer obispo de Skara tenía por nombre Thurgot, si bien acepta la existencia de un misionero de nombre Sigfrido. Algunos historiadores contemporáneos han puesto en duda la localización de la sede episcopal de Sigfrido en Växjö. 

Se dice que fue canonizado por el Papa Adrián IV (c.1158), el Pontífice inglés que había trabajado celosamente por la propagación de la fe en las regiones del norte de Europa, cien años después de san Sigfrido. Es el apóstol de los suecos. 

sábado, 14 de febrero de 2026

Reflexión del 14/02/2026

Lecturas del 14/02/2026

En aquellos días, Pablo y Bernabé dijeron a los judíos: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.
La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región.
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, en ella y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”».

Palabra del Señor.