martes, 28 de febrero de 2023

28 de Febrero - BEATO DANIEL BROTTIER

En París, en Francia, beato Daniel Brottier, presbítero de la Congregación del Espíritu Santo, que se dedicó completamente a trabajar en favor de los huérfanos.

Nació en La Ferté-Cyr (Francia). Hijo de una familia modesta y piadosa, ingresó en el seminario diocesano de Blois hasta el 1899 que fue ordenado sacerdote. Al hacer el servicio militar ya manifestó sus dotes en el apostolado. Fue sacerdote diocesano durante tres años, en los cuales ejerció con dedicación su puesto de profesor en el colegio eclesiástico de Pontlevoy. Pero tenía vocación misionera y por ello en 1902 ingresó en Orly en la Congregación del Espíritu Santo, haciendo los votos en 1903. Su labor misionera se desarrolló en Senegal, donde estuvo siete años, a causa de su precaria salud, que desde los doce años venía produciéndole molestias y sufrimientos. 

La Providencia le destinó a ser apóstol de la caridad en Francia con los combatientes de la I Guerra Mundial como capellán con los que estuvo entre trincheras el tiempo que duró el conflicto, y en el que su entrega fue total, en continuo peligro de su vida. Fue el consuelo de los soldados desanimados y cansados, la alegría en los momentos de tristeza, la compañía con los heridos y el consuelo con tantísimos moribundos. Su heroísmo y patriotismo le valió que le otorgaran la Legión de Honor y la Cruz de la Guerra. 

Con la paz fue nombrado, en 1923, director de la casa de Huérfanos Aprendices de Auteil. Al empezar tenía 175 alumnos y 13 años más tarde el alumnado se había multiplicado por ocho, con 1400 alumnos. Todo eso necesitaba de un presupuesto, así con su buen hacer y administración, junto con su confianza en la Providencia y en santa Teresita del Niño Jesús, del que era un gran devoto, la obra pudo salir adelantes. Sin sus dotes para conseguir donaciones, no se hubiera podido construir la catedral de Dakar, ni lanzar la Unión Nacional de Excombatientes, que llegaría a contar con dos millones de asociados. Fue un modelo de hombre de oración, y supo conjugar perfectamente la acción con la contemplación. Fue declarado beato por el Papa Juan Pablo II, el 25 de noviembre de 1984. 

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