sábado, 18 de abril de 2020

Santa Elena “Emperatriz”


En Roma, en la vía Labicana, santa Elena, madre del emperador Constantino, que tuvo un interés singular en ayudar a los pobres y acudía a la iglesia piadosamente confundida entre los fieles. Habiendo peregrinado a Jerusalén para descubrir los lugares del Nacimiento de Cristo, de su Pasión y Resurrección, honró el pesebre y la cruz del Señor con basílicas dignas de veneración.

Natural de Depranun, Bitinia, cerca del Bósforo. La tradición inglesa la hace originaria de Gran Bretaña y le atribuyen origen real. Parece ser que su familia era de origen humilde, su padre era posadero. Su belleza debió cautivar a Constancio Cloro, oficial romano, de manera que se fue a vivir con él en las diversas guarniciones romanas. De esta unión nació Constantino (futuro emperador romano). Repudiada por razones políticas en el 292, ya que Constancio quería ser designado gobernador de las Galias por Diocleciano; luego el emperador lo elevó a la dignidad de Cesar. Cuando Maximiano y Diocleciano abdicaron en el 305, Constancio Cloro gobernó durante un año en la parte occidental del imperio y designó a su hijo Constantino como su sucesor; casi nada sabemos de ella hasta que Constantino comenzó a reinar en el 306. Llamó a su madre a la corte de Tréveris, le dio el nombre de "Augusta" y mandó acuñar monedas del Imperio con su imagen. 

Tampoco sabemos cuándo se hizo cristiana, pero se sabe que erigió iglesias y dio sonados ejemplos de humildad y caridad. La leyenda dice que fue convertida por san Luciano de Antioquía y que se había casado con Constancio Cloro, pero históricamente se sabe que sólo fue su amante. En el 312 su hijo Constantino derrotó en la batalla del puente Milvio a su opositor, Majencio, y en el 313 proclamó el “Edicto de Milán” que concedió la libertad del culto cristiano y puso fin a las persecuciones del Imperio contra los cristianos; se dice que en estos hechos su madre ya era cristiana y por esta causa el emperador favoreció a la Iglesia. No hizo alarde de su condición de emperatriz, se mezclaba con el pueblo y usaba ropas modestas. Socorrió a los pobres y los sentó en su propia mesa.

Visitó Tierra Santa, con la intención de recuperar la cruz de Cristo. Y a ella se debe la construcción de las basílicas del Santo Sepulcro, del monte de la Ascensión y la cueva de Belén. Embelleció la ciudad de Drepanaun en Bitinia, en honor a san Luciano, de forma que Constantino hizo que esta ciudad se llamase Helenópolis.

Según san Ambrosio, Elena, encontró en el Calvario, tres cruces y reconoció la de Cristo por la inscripción trilingüe del título que había hecho poner Pilatos. Rufino de Aquilea, difiere el relato, y dice que no se sabía cuál de las tres cruces eran las verdaderas, por eso se las llevó a san Macario, obispo de Jerusalén, quien propuso llevarla a casa de una mujer enferma que fue curada por una de ellas, y a ella se le atribuyó la de Cristo. La “Leyenda Dorada” nos relata que fue un judío llamado Judas quién reveló donde estaba la verdadera cruz, pues si un Judas lo había traicionado, otro Judas debía reparar el daño restituyendo la verdadera cruz. Muchos hagiógrafos dudan de su derecho al culto de los santos. Murió en Tracia, en Nicomedia o en Constantinopla. Hoy sus restos parecen que se encuentran en la basílica de Araceli de Roma. 

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