lunes, 6 de abril de 2020

Beato Notkero Bálbulo


En el monasterio de San Gallo, en la región de Suabia, beato Notkero Bálbulo, monje, que pasó casi toda la vida en este cenobio componiendo numerosas secuencias. Grácil de cuerpo pero no de ánimo, tartamudo de voz pero no de espíritu, fue firme en todo lo divino, paciente en lo adverso, manso para con todos, diligente en la oración, en la lectura, en la meditación y en la escritura.

Nació en Heiligau (hoy Elgg) en el cantón de Zurich, en el seno de una familia distinguida. Ingresó siendo niño en la abadía benedictina de Saint Gall, donde pasó toda su vida. Perdió precozmente todos sus dientes, por lo que sólo podía hablar con mucha dificultad y tartamudeando y por ello se le llamó “Bálbulus” es decir “tartamudo”. Así aprendió a callar, abominó las conversaciones inútiles como indignas de un monje. 

Tuvo por maestros a los monjes Iso, y después al irlandés Moengal. Llegó a ser bibliotecario en 890, recinto el más sagrado de la abadía después de la iglesia; y años más tarde hospedero, (892-894), cargo importante en aquellos tiempos de arduas peregrinaciones. Por su vasta cultura se le confió la dirección de la escuela abacial. Tuvo por discípulos a nobles y potentados, así como a Salomón III, obispo de Constanza, y Waldo, obispo de Freising en Baviera. 

Su producción literaria fue muy extensa. En prosa cultivó el género epistolar, en que expone cuestiones científicas con estilo llano y atractivo. A su discípulo el obispo Salomón, cuando todavía era todavía diácono, le dedicó la "Notatio", que puede ser considerada como el primer tratado de patrología latina. De carácter histórico son el "Breviario de los reyes francos", que él continuó hasta Carlos III el Gordo. La "Gesta Caroli Magni" demuestra nuestro Beato su admiración por el emperador. A base del "Martirologio" que el arzobispo san Adón de Vienne entregó a St. Gallen el año 870 redactó Notkero su famoso "Martirologio", enriquecido con las muchas noticias hagiográficas existentes en el monasterio, de donde vino a resultar un pequeño "Año Cristiano", con la vida sucintamente descrita de los santos.

Pero el principal mérito literario de Notkero estriba en la poesía y en la música. Vio en la poesía un instrumento adecuado de santificación, y a ella se consagró con entusiasmo, destinándola al noble servicio de la liturgia y de la Iglesia. Escribió un poema dialogado sobre las artes, y otro con el título "De los cinco sentidos", seguido de un apéndice en prosa rítmica. 

Notkero buscaba un medio para facilitar el aprendizaje musical, cuando la casualidad se lo brindó excelentemente. En el proemio o epístola dedicatoria de sus himnos a Liutward, obispo de Vercelli, lo cuenta él mismo: "Cuando yo era todavía un jovencillo y las melodías larguísimas, frecuentemente aprendidas de memoria, se me escapaban del corazoncillo, comencé a pensar en silencio la manera de ligarlas fuertemente. Entretanto aconteció que un sacerdote del monasterio de Jumiéges, poco antes destruido por los normandos (862), vino a nosotros trayendo consigo su antifonario, en el que había algunos versos para ser cantados en la vocalización final del aleluya, pero que ya estaban muy viciados. Su vista me produjo alegría, pero su gusto me causó amargura". Continúa refiriendo cómo comenzó a imitar aquellos versos, pero sin sus defectos, y que su maestro Iso le felicitó por los méritos poéticos, corrigiéndole las faltas, mientras le formuló la regla de oro para la poesía secuencial: A cada nota debe corresponder una sílaba. Entonces él comenzó a escribir versos, que pronto cantaron los niños y monjes de la abadía, y que rápidamente resonaron por toda Europa. Dio origen a las "Secuencias litúrgicas", componiendo el texto de muchas de ellas. Se dedicó también a cuidar a los enfermos del monasterio. Practicó las penitencias físicas, como medio para doblegar su cuerpo. Fue consejero de influyentes personajes: el rey Carlos el Gordo le tuvo en alta estima. Julio II confirmó su culto en 1513.

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