viernes, 6 de marzo de 2020

San Crodegango de Metz


En Metz, en Austrasia, san Crodegango, obispo, el cual impuso al clero que viviese dentro del recinto del claustro bajo una íntegra norma de vida, y promovió de modo admirable el canto en la Iglesia.

Nació en Hesbaye, cerca de Lieja (Bélgica) en el seno de una noble familia de Austrasia. Pariente de Pipino el Breve. Tras recibir una cuidada instrucción en la abadía de Saint-Trond, fue llamado a la Corte y en el 737 nombrado ministro de Carlos Martel y obispo de Metz (742). Parece que hablaba el latín con la misma fluidez que su propia lengua. Era de estatura imponente y su gracia y buenas maneras le hacían agradable a todos.

Como obispo, supo combinar la virtud y la sagacidad con gran éxito; en todos los asuntos se valió de su gran influencia para promover la justicia y el bien público. Sus biógrafos alaban su caridad sin límites y la especial solicitud que mostró por las viudas y los huérfanos. Desempeñó un papel predominante en casi todos los acontecimientos importantes de su tiempo y participó en varios concilios. Apoyó el golpe de estado de Pipino el Breve en el 751. Fue nombrado embajador de Pipino en Roma en el 753, escoltó al papa Esteban II a Saint-Denis. Crodegango fue un factor preponderante en la coronación de Pipino en el 754, la derrota que éste infligió a los Lombardos en Italia y en la entrega del exarcado de Ravenna y otros territorios a la Santa Sede.

A la muerte de san Bonifacio en el 755, recibió el palio y la dignidad de arzobispo; con este título aparece como uno de los principales artífices de la política de “reforma” religiosa de comienzos del período carolingio. Habiendo contribuido en esta forma a establecer, sobre una base firme, el Papado y la supremacía de los francos en Italia, san Crodegango pudo consagrarse de lleno a los asuntos espirituales de su diócesis. La relajación de las costumbres en aquella época no dejaba de afectar también al clero. Muchos clérigos estaban mezclados en asuntos mundanos y los jóvenes no recibían una preparación adecuada en materia de ciencia y disciplina. San Crodegango empezó la reforma por su propia ciudad y su catedral, publicando una serie de cánones, basados principalmente en las reglas de san Benito. Ordenó que tanto el alto como el bajo clero habitase en comunidad, ateniéndose a la regla, y obligó a todos a asistir al oficio divino. El código de san Crodegango, que ha llegado hasta nosotros, estaba dividido en treinta y cuatro capítulos. Las diversas comunidades estaban obligadas a leer, cada día, un capítulo; por ello, dichas reuniones recibieron el nombre de «capítulos» y, los participantes se empezaron a llamar «capitulares»; se llamó «canónigos» a todos aquellos a quienes obligaban los cánones o reglas episcopales; como los conventuales tenían sus propias reglas, se les llamó «regulares». La fama de san Crodegango hizo que su reforma se propagara rápidamente a otras diócesis, hasta llegar a oídos de Carlomagno. El emperador determinó que todos los clérigos fueran o «canónigos» o «regulares». De esta suerte, la influencia que tuvo el santo en el movimiento «regular» que se extendió por Francia, Alemania, Italia y la Gran Bretaña fue muy notable.

Presidió los concilios de Ver (755), Verberie (756), Compiègne (757) y Attigny (762). Además introdujo la liturgia y los cantos romanos en su diócesis y en la Europa septentrional. Fundó las abadías de Gorze, cerca de Metz, y de Loch, en Renania. Murió en Metz y fue sepultado en Gorze.

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