domingo, 26 de enero de 2020
Lecturas
En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftali, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftali, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
Palabra del Señor.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y de sombras de muerte, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.
Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre vosotros. Y yo os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo».
¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?
Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftali, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Palabra del Señor.
José Gabriel del Rosario Brochero

En Villa del Transito, Córdoba, Argentina, beato José Gabriel del Rosario Brochero, llamado cariñosamente «Cura Brochero» o «Cura gaucho», presbítero.
Nació cerca de Santa Rosa del Río Primero, en Córdoba, Argentina. Entró al Seminario Mayor de Córdoba “Nuestra Señora de Loreto”, el 5 de marzo de 1856, cuando tenía 16 años. Es ordenado presbítero el 4 de noviembre de 1866. Primero desempeñó su ministerio sacerdotal en la catedral de Córdoba y fue prefecto de estudios del colegio seminario Nuestra Señora de Loreto. Siendo prefecto de estudios, obtuvo el título de maestro en filosofía por la Universidad de Córdoba, el 12 de noviembre de 1869.
Ya en 1867, Brochero se destacó heroicamente en la atención de los enfermos y los moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba.
El 18 de noviembre de 1869, fue designado cura del curato de San Alberto, actualmente conocido como el valle de Traslasierra, de tamaño inmenso: 4 336 kilómetros cuadrados de valles y serranías, entonces indómitas y casi desiertas, infestadas de salteadores y prófugos de la justicia. Sus poco más de 10 000 habitantes vivían dispersos, con un grado de indigencia material lamentable, sin caminos y sin escuelas, incomunicados por las Sierras Grandes de más de 2 000 metros de altura.
El 24 de diciembre de 1869 partió de la ciudad de Córdoba para hacerse cargo del curato que insumiría prácticamente el resto de su vida. Brochero llegó a San Pedro, la cabecera departamental, luego de tres días de viaje en mula a través las sierras. Transcurrido un tiempo y por voluntad propia, se instaló definitivamente en la localidad de Villa del Tránsito.
Sin más recursos que los obtenidos por el propio esfuerzo, el cura Brochero, con sus feligreses construyó más de 200 kilómetros de caminos y varias iglesias, fundó pueblos y se preocupó por la educación de todos. Solicitó ante las autoridades y obtuvo mensajerías, oficinas de correo y estafetas telegráficas. Proyectó el ramal ferroviario que atravesaría el Valle de Traslasierra uniendo Villa Dolores y Soto para sacar a sus queridos serranos de la pobreza en que se encuentran, “abandonados de todos pero no por Dios”, como solía repetir. Entre otras obras logró, con la construcción de un acueducto, la llegada del agua al pueblo desde el río Panaholma. Fomentó el comercio y la industria local y veló por que mejorar las condiciones de los trabajadores. En 1875, con la ayuda de sus feligreses, comenzó la construcción de la Casa de Ejercicios de la entonces Villa del Transito (hoy Cura Brochero).
“Austero, duro y sufrido, ahí andaba Brochero, con la mula malacara los primeros años y con un caballo también malacara después. Imparable. Como cuando se tiró con la mula al río desbocadamente crecido para ir a auxiliar espiritualmente a un moribundo. O como esa otra vez en que estaba muy llagado en las nalgas y ante un pedido parecido se hizo atar al recado «para no aflojar» y poder llegar. O como la vez que salió a buscar al bandido «Gaucho Seco» y se lo trajo con otros forajidos a la Casa de Ejercicios, de donde salieron como mansos corderos. Lo mismo intentó hacer con el temible Santos Guayama, que asolaba el valle, quien al conocerlo en el monte le prometió ir con trescientos hombres. Pero no pudo ser, porque antes Guayama fue capturado y fusilado. Esa fue una de sus dos grandes frustraciones. La otra fue no conseguir que a la zona se llevara el ferrocarril, por el que bregó toda su vida”. (Testimonio de Roque Sanguinetti)
En 1908 fue nombrado canónigo de la catedral de Córdoba, pero pronto regresó a su parroquia comentando que “este apero no es para mi lomo, ni la mula para este corral”. Pero entonces había ya enfermado de lepra, que había contraído tomando mate con dos leprosos de la región. La enfermedad le sirvió para aislarse de la sociedad y constituyó la purificación final de su corazón, tan dado al prójimo.
Debido a su enfermedad, renunció al Curato, viviendo unos años con sus hermanas en su pueblo natal. Pero respondiendo a la solicitud de sus antiguos feligreses, regresó a su casa de Villa del Transito, muriendo leproso y ciego. Fiel a su lenguaje popular, sus últimas palabras fueron: “Ahora tengo ya los aparejos listos pa'l viaje”. Fue beatificado el 14 de septiembre de 2013 en el mismo pueblo de su apostolado por el papa Francisco.
Nació cerca de Santa Rosa del Río Primero, en Córdoba, Argentina. Entró al Seminario Mayor de Córdoba “Nuestra Señora de Loreto”, el 5 de marzo de 1856, cuando tenía 16 años. Es ordenado presbítero el 4 de noviembre de 1866. Primero desempeñó su ministerio sacerdotal en la catedral de Córdoba y fue prefecto de estudios del colegio seminario Nuestra Señora de Loreto. Siendo prefecto de estudios, obtuvo el título de maestro en filosofía por la Universidad de Córdoba, el 12 de noviembre de 1869.
Ya en 1867, Brochero se destacó heroicamente en la atención de los enfermos y los moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba.
El 18 de noviembre de 1869, fue designado cura del curato de San Alberto, actualmente conocido como el valle de Traslasierra, de tamaño inmenso: 4 336 kilómetros cuadrados de valles y serranías, entonces indómitas y casi desiertas, infestadas de salteadores y prófugos de la justicia. Sus poco más de 10 000 habitantes vivían dispersos, con un grado de indigencia material lamentable, sin caminos y sin escuelas, incomunicados por las Sierras Grandes de más de 2 000 metros de altura.
El 24 de diciembre de 1869 partió de la ciudad de Córdoba para hacerse cargo del curato que insumiría prácticamente el resto de su vida. Brochero llegó a San Pedro, la cabecera departamental, luego de tres días de viaje en mula a través las sierras. Transcurrido un tiempo y por voluntad propia, se instaló definitivamente en la localidad de Villa del Tránsito.
Sin más recursos que los obtenidos por el propio esfuerzo, el cura Brochero, con sus feligreses construyó más de 200 kilómetros de caminos y varias iglesias, fundó pueblos y se preocupó por la educación de todos. Solicitó ante las autoridades y obtuvo mensajerías, oficinas de correo y estafetas telegráficas. Proyectó el ramal ferroviario que atravesaría el Valle de Traslasierra uniendo Villa Dolores y Soto para sacar a sus queridos serranos de la pobreza en que se encuentran, “abandonados de todos pero no por Dios”, como solía repetir. Entre otras obras logró, con la construcción de un acueducto, la llegada del agua al pueblo desde el río Panaholma. Fomentó el comercio y la industria local y veló por que mejorar las condiciones de los trabajadores. En 1875, con la ayuda de sus feligreses, comenzó la construcción de la Casa de Ejercicios de la entonces Villa del Transito (hoy Cura Brochero).
“Austero, duro y sufrido, ahí andaba Brochero, con la mula malacara los primeros años y con un caballo también malacara después. Imparable. Como cuando se tiró con la mula al río desbocadamente crecido para ir a auxiliar espiritualmente a un moribundo. O como esa otra vez en que estaba muy llagado en las nalgas y ante un pedido parecido se hizo atar al recado «para no aflojar» y poder llegar. O como la vez que salió a buscar al bandido «Gaucho Seco» y se lo trajo con otros forajidos a la Casa de Ejercicios, de donde salieron como mansos corderos. Lo mismo intentó hacer con el temible Santos Guayama, que asolaba el valle, quien al conocerlo en el monte le prometió ir con trescientos hombres. Pero no pudo ser, porque antes Guayama fue capturado y fusilado. Esa fue una de sus dos grandes frustraciones. La otra fue no conseguir que a la zona se llevara el ferrocarril, por el que bregó toda su vida”. (Testimonio de Roque Sanguinetti)
En 1908 fue nombrado canónigo de la catedral de Córdoba, pero pronto regresó a su parroquia comentando que “este apero no es para mi lomo, ni la mula para este corral”. Pero entonces había ya enfermado de lepra, que había contraído tomando mate con dos leprosos de la región. La enfermedad le sirvió para aislarse de la sociedad y constituyó la purificación final de su corazón, tan dado al prójimo.
Debido a su enfermedad, renunció al Curato, viviendo unos años con sus hermanas en su pueblo natal. Pero respondiendo a la solicitud de sus antiguos feligreses, regresó a su casa de Villa del Transito, muriendo leproso y ciego. Fiel a su lenguaje popular, sus últimas palabras fueron: “Ahora tengo ya los aparejos listos pa'l viaje”. Fue beatificado el 14 de septiembre de 2013 en el mismo pueblo de su apostolado por el papa Francisco.
sábado, 25 de enero de 2020
Lecturas
En aquellos días, dijo Pablo al pueblo: «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad; me formé a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto celo como vosotros mostráis hoy. Yo perseguí a muerte este Camino, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres, como pueden atestiguar en favor mío y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todo el consejo de los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y me puse en camino con el propósito de traerme encadenados a Jerusalén a los que encontrase allí, para que los castigaran.
En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
Palabra del Señor.
Pero yendo de camino, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”.
Yo pregunté: “¿Quién eres, Señor?”.
Me respondió: “Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues”.
Mis compañeros vieron el resplandor, pero no oyeron la voz que me hablaba.
Yo pregunté: “¿Qué debo hacer, Señor?”.
El Señor me respondió: “Levántate, continúa el camino hasta Damasco, y allí te dirán todo lo que está determinado que hagas”.
Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco.
Un cierto Ananías, hombre piadoso según la Ley, recomendado por el testimonio de todos los judíos residentes en la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: “Saúl, hermano, recobra la vista”.
Inmediatamente recobré la vista y lo vi.
Él me dijo: “El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz, de sus labios, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Ahora, ¿Que te detiene? levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre”».
En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».
Palabra del Señor.
Beata María Antonia Grillo

En Alejandría, del Piamonte, en Italia, beata María Antonia (Teresa) Grillo, religiosa, que, habiendo quedado viuda, asumió con misericordia las necesidades de los pobres y, después de vender todas sus posesiones, fundó la Congregación de las Hermanitas de la Divina Providencia (1944).Fecha de beatificación: Su Santidad JUAN Pablo II, con ocasión de la pública exposición de la Sábana Santa, la beatificó en Turín el 24 de mayo de 1998.
Teresa Grillo nace en Spinetta Marengo, provincia de Alessandria, el 25 de setiembre de 1855. Quinta y última hija de José Grillo, médico jefe del Hospital de Alessandria y de María Antonieta Parvopassu, descendiente de una antigua e ilustre familia de aquella región, fue bautizada al día siguiente en la Iglesia parroquial de Spinetta, recibiendo además el nombre de Magdalena.
Dotada de un temperamento inclinado a la caridad, alimentado además por un ambiente rico en espíritu cristiano, el 1º de octubre de 1867 recibió el confirmación en la catedral de Alessandria y cinco años después, mientras estaba aún en el colegio, la primera comunión. Después de terminada la escuela elemental, a la que asistió en Turín, donde su madre se había trasladado para acompañar los estudios universitarios de su hijo Francisco, en 1867, luego de la muerte de su padre, fue matriculada como alumna interna en el colegio de las Damas Inglesas, en Lodi, donde se graduó a la edad de 18 años.
Terminado el colegio, regresó a Alessandria, donde, siempre bajo la guía materna, comenzó a frecuentar a las familias aristocráticas de la ciudad. Fue precisamente en este ambiente que conoció a su futuro esposo, el culto y brillante capitán de infantería, Juan Bautista Michel. Celebrada la boda el 2 de agosto de 1877, se trasladó primero a Caserta, luego a cercarle, a Catania, a Portici y finalmente a Nápoles, lugares a los que fuera transferido su esposo. En esta última ciudad, una fulminante insolación durante un desfile militar sorprendió la muerte del capitán Michel, un 13 de junio de 1891. Teresa se sumergió en una profunda angustia que rozó la desesperación.
La recuperación posterior, ocurrida casi de improviso, debida, en parte a la lectura de la vida del Venerable Cottolengo y a la ayuda de su primo sacerdote, Mons. Prelli, desembocó en la opción de abrazar la causa de los pobres y necesitados. Teresa comenzó así a abrir de par en par las puertas de su propia casa señorial a los niños pobres y a las personas abandonadas y necesitadas de ayuda. Hacia el fin del año 1893, dado que los pobres aumentan a más no poder y que quisiera poder alargar los brazos para acoger a todos bajo las alas de la Divina Providencia, vendió la gran casa Michel y adquirió un viejo edificio en la calle Faa de Bruno. Aquí dio inicio a los trabajos de reestructuración y ampliación, construyendo un piso superior y comprando algunas pequeñas casas vecinas. Surge así el Pequeño Hogar de la Divina Providencia.
La obra guiada por Teresa, no estuvo ciertamente libre de adversidades, que aparecieron no sólo por el lado de las autoridades civiles, sino sobre todo por parte de sus amigos y familiares. Especialmente ante la incomprensión de aquellos se hizo evidente la solidaridad y el efecto de los pobres, de las personas generosas y de sus colaboradoras. Siguiendo la solicitud de la Autoridad Eclesiásticas, el 8 de enero de 1899, vistiendo el hábito religioso en la capillita del Pequeño Hogar, Teresa Grillo, con ocho de sus colaboradoras dio vida a la Congregación de las Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia.
En los siguientes 45 años, su responsabilidad prioritaria fue la de difundir y consolidar el Instituto. Casi inmediatamente después de realizada la fundación, la Obra comenzó a tener casas en diversos lugares del Piamonte, desarrollándose rápidamente incluso en las regiones del Véneto, Lombardía, Liguria, Puglia y Lucania. A partir del 13 de junio de 1900 el instituto se extendió en el Brasil y desde 1927, por solicitud de San Luis Orione, fundó inclusive casa en Argentina. Sin ahorrar esfuerzos, Teresa animaba y alentaba a sus hermanas con su carismática y solícita presencia en las comunidades. En seis oportunidades atravesó el océano para llegar hasta América Latina, en donde como frutos de su solicitud surgieron numerosas fundaciones con asilos, orfanatos, escuelas, hospitales y asilos para ancianas. El octavo viaje, lo hizo el año 1928, a la edad de 73 años.
El 8 de junio de 1942, la Santa Sede concedía la Aprobación apostólica a la congregación de la Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia. La Beata Teresa Grillo se apagó en Alessandria el 25 de enero de 1944 a la edad de 89 años. Su instituto contaba entonces con 25 casas en Italia, 19 en Brasil y 7 en Argentina.
Con el Proceso Informativo, en 1953 fue introducida la Causa de Canonización. El 6 de julio de 1985, el Santo Padre Juan Pablo II, declarándola Venerable, decretó la heroicidad de sus virtudes. El Espíritu de la Beata Teresa Grillo Michel hacia los indigentes permanece particularmente en la obra de sus Hermanas, a las que solía repetir: Continuaré invocando sobre ustedes la abundancia del espíritu que debe distinguir a la Pequeña Hermana de la Divina Providencia: espíritu de confianza verdaderamente heroica en esta admirable emanación de la Divina Bondad, porque nosotras debemos estar totalmente y en cada hora a merced de su Providente ayuda.
Teresa Grillo nace en Spinetta Marengo, provincia de Alessandria, el 25 de setiembre de 1855. Quinta y última hija de José Grillo, médico jefe del Hospital de Alessandria y de María Antonieta Parvopassu, descendiente de una antigua e ilustre familia de aquella región, fue bautizada al día siguiente en la Iglesia parroquial de Spinetta, recibiendo además el nombre de Magdalena.
Dotada de un temperamento inclinado a la caridad, alimentado además por un ambiente rico en espíritu cristiano, el 1º de octubre de 1867 recibió el confirmación en la catedral de Alessandria y cinco años después, mientras estaba aún en el colegio, la primera comunión. Después de terminada la escuela elemental, a la que asistió en Turín, donde su madre se había trasladado para acompañar los estudios universitarios de su hijo Francisco, en 1867, luego de la muerte de su padre, fue matriculada como alumna interna en el colegio de las Damas Inglesas, en Lodi, donde se graduó a la edad de 18 años.
Terminado el colegio, regresó a Alessandria, donde, siempre bajo la guía materna, comenzó a frecuentar a las familias aristocráticas de la ciudad. Fue precisamente en este ambiente que conoció a su futuro esposo, el culto y brillante capitán de infantería, Juan Bautista Michel. Celebrada la boda el 2 de agosto de 1877, se trasladó primero a Caserta, luego a cercarle, a Catania, a Portici y finalmente a Nápoles, lugares a los que fuera transferido su esposo. En esta última ciudad, una fulminante insolación durante un desfile militar sorprendió la muerte del capitán Michel, un 13 de junio de 1891. Teresa se sumergió en una profunda angustia que rozó la desesperación.
La recuperación posterior, ocurrida casi de improviso, debida, en parte a la lectura de la vida del Venerable Cottolengo y a la ayuda de su primo sacerdote, Mons. Prelli, desembocó en la opción de abrazar la causa de los pobres y necesitados. Teresa comenzó así a abrir de par en par las puertas de su propia casa señorial a los niños pobres y a las personas abandonadas y necesitadas de ayuda. Hacia el fin del año 1893, dado que los pobres aumentan a más no poder y que quisiera poder alargar los brazos para acoger a todos bajo las alas de la Divina Providencia, vendió la gran casa Michel y adquirió un viejo edificio en la calle Faa de Bruno. Aquí dio inicio a los trabajos de reestructuración y ampliación, construyendo un piso superior y comprando algunas pequeñas casas vecinas. Surge así el Pequeño Hogar de la Divina Providencia.
La obra guiada por Teresa, no estuvo ciertamente libre de adversidades, que aparecieron no sólo por el lado de las autoridades civiles, sino sobre todo por parte de sus amigos y familiares. Especialmente ante la incomprensión de aquellos se hizo evidente la solidaridad y el efecto de los pobres, de las personas generosas y de sus colaboradoras. Siguiendo la solicitud de la Autoridad Eclesiásticas, el 8 de enero de 1899, vistiendo el hábito religioso en la capillita del Pequeño Hogar, Teresa Grillo, con ocho de sus colaboradoras dio vida a la Congregación de las Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia.
En los siguientes 45 años, su responsabilidad prioritaria fue la de difundir y consolidar el Instituto. Casi inmediatamente después de realizada la fundación, la Obra comenzó a tener casas en diversos lugares del Piamonte, desarrollándose rápidamente incluso en las regiones del Véneto, Lombardía, Liguria, Puglia y Lucania. A partir del 13 de junio de 1900 el instituto se extendió en el Brasil y desde 1927, por solicitud de San Luis Orione, fundó inclusive casa en Argentina. Sin ahorrar esfuerzos, Teresa animaba y alentaba a sus hermanas con su carismática y solícita presencia en las comunidades. En seis oportunidades atravesó el océano para llegar hasta América Latina, en donde como frutos de su solicitud surgieron numerosas fundaciones con asilos, orfanatos, escuelas, hospitales y asilos para ancianas. El octavo viaje, lo hizo el año 1928, a la edad de 73 años.
El 8 de junio de 1942, la Santa Sede concedía la Aprobación apostólica a la congregación de la Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia. La Beata Teresa Grillo se apagó en Alessandria el 25 de enero de 1944 a la edad de 89 años. Su instituto contaba entonces con 25 casas en Italia, 19 en Brasil y 7 en Argentina.
Con el Proceso Informativo, en 1953 fue introducida la Causa de Canonización. El 6 de julio de 1985, el Santo Padre Juan Pablo II, declarándola Venerable, decretó la heroicidad de sus virtudes. El Espíritu de la Beata Teresa Grillo Michel hacia los indigentes permanece particularmente en la obra de sus Hermanas, a las que solía repetir: Continuaré invocando sobre ustedes la abundancia del espíritu que debe distinguir a la Pequeña Hermana de la Divina Providencia: espíritu de confianza verdaderamente heroica en esta admirable emanación de la Divina Bondad, porque nosotras debemos estar totalmente y en cada hora a merced de su Providente ayuda.
viernes, 24 de enero de 2020
Lecturas
En aquellos días, Saúl tomó tres mil soldados escogidos de todo Israel y marchó en busca de David y su gente frente a Sure Hayelín.
En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
Palabra del Señor.
Llegó a un corral de ovejas, junto al camino, donde había una cueva. Saúl entró a hacer sus necesidades, mientras David y sus hombres se encontraban al fondo de la cueva.
Los hombres de David le dijeron: « Este es el día del que te dijo el Señor: “Yo entregaré a tus enemigos en tu mano”. Haz con él lo que te parezca mejor ».
David se levantó y cortó, sin ser visto, la orla del manto de Saúl. Después de ello, sintió pesar por haber cortado la orla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres.
«El Señor me libre de obrar así contra mi amo, el ungido del Señor, alargando mi mano contra él; pues es el ungido del Señor».
David disuadió a sus hombres con esas palabras y no les dejó alzarse contra Saúl. Este salió de la cueva y siguió su camino.
A continuación, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Oh, rey, mi señor!».
Saúl miro hacia atrás. David se inclinó rostro a tierra y se postró.
Y dijo a Saúl: «¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: David busca tu desgracia”? Tus ojos han visto hoy mismo en la cueva que el Señor te ha entregado en mi mano. Han hablado de matarte, pero te he perdonado, diciéndome: “No alargaré mi mano contra mi amo, pues es el ungido del Señor”. Padre mío, mira por un momento, la orla de tu manto en mi mano. Si la he cortado y no te he matado, comprenderás bien que no hay en mí ni maldad ni culpa y que no te he ofendido. Tú, en cambio, estás buscando mi vida para arrebatármela. Que el Señor juzgue entre los dos y me haga justicia. Pero mi mano no estará contra ti. Como dice el antiguo proverbio: “De los malos sale maldad”. Pero en mí no hay maldad. ¿A quién ha salido a buscar el rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una simple pulga. El señor sea juez y juzgue entre nosotros. Juzgará, defenderá mi causa y me hará justicia, librándome de tu mano».
Cuando David terminó de dirigir estas palabras a Saúl, este dijo: «¿Es esta tu voz, David, hijo mío?».
Saúl levantó la voz llorando. Y siguió diciendo: «Eres mejor que yo, pues tú me tratas bien, mientras que yo te trato mal. Hoy has puesto de manifiesto tu bondad para conmigo, pues el Señor me había puesto en tus manos y tú no me has matado. ¿Si uno encuentra a su enemigo, le deja seguir por las buenas el camino? Que el Señor te recompense el favor que hoy me has hecho. Ahora sé que has de reinar y que en tu mano se consolidará la realeza de Israel».
En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
E instituyo doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar demonios: Simón, a quien puso de nombre Pedro, Santiago el de Zebedeo y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.
Palabra del Señor.
Beatos Vicente Lewoniuk y doce compañeros

En Pratulin, en la región de Siedlce, en Polonia, beatos Vicente Lewoniuk y doce compañeros, mártires, que, firmes ante las amenazas y halagos de los que querían apartarlos de la Iglesia católica, fueron asesinados o heridos mortalmente por haberse negado a entregar las llaves de la parroquia. Son sus nombres: beatos Daniel Karmasz, Lucas Bojko, Bartolomé Osypiuk, Honofrio Wasyluk, Felipe Geryluk, Constantino Bojko, Aniceto Hryciuk, Ignacio Franczuk, Juan Andrzejuk, Constantino Lukaszuk, Máximo Hawryluk y Miguel Wawrzyszuk.
Los trece mártires polacos conmemorados eran laicos católicos de la Iglesia llamada Uniata, nacida en 1596 de la Unión de Brest. Esta unión llevó a la unificación de la iglesia ortodoxa polaca con la Iglesia Católica y el Romano Pontífice. Vicente Lewoniuk y sus compañeros eran simples campesinos que serán famosos por su heroismo al defender sus creencias durante la persecución de la Iglesia Católica por parte de Rusia, particularmente sangrienta y bien organizada, durante la partición de Polonia. Los zares rusos iniciaron gradualmente la abolición del catolicismo partiendo de la destrucción de la Iglesia uniata. En 1794, Catalina II abolió la Iglesia uniata ucraniana. En 1839, el zar Nicolás I declaró oficialmente abolida la iglesia uniata de Bielorusia y de Lituania. Esta fue la actuación del viejo principio “cuius regio eius religio”, en base al cual los subditos debian profesar la misma religión de sus soberanos. Rusia temía que la Iglesia Católica fuese un obstáculo para la rusificación y la degradación del hombre que tan necesario era para su gobierno.
En la segunda mitad del siglo XIX, en el territorio ocupado por Rusia, la Iglesia uniata permanecía sólo en la diócesis polaca de Chelm. La administración del zar proyectó la abolición de esta Iglesia y Alejandro I dio la autorización para proceder. En enero de 1874 tenía que haber entrado la litúrgia ortodoxa en las iglesias uniatas. Hubo algunos que cedieron pero otros se mantuvieron fieles a la sede romana. Los que no había aceptado la ortodoxia sufrieron la deportación a Siberia, la cárcel y la remonición de sus parróquias. Muchos laicos, privados de sus párrocos, eligieron defender sus iglesias, la liturgia y la fidelidad al Santo Padre, a menudo a costa de sus vidas.
El 24 de Enero de 1874 llegaron a Pratulin las tropas zaristas y los uniatas eran conscientes que la defensa de la iglesia les podía costar la vida. A pesar de todo fueron al templo a defender su fe. Se reunieron las familias, se vistieron con sus vestidos de fiesta, como acostumbraban cuando se ocupaban de las cosas sagradas.
No consiguiendo persudir a los uniatas que dejaran la iglesia ni con las amenazas ni con las lisonjas de las gracias del zar, el comandante ordenó disparar a la gente. Cuando oyeron que el ejército había recibido la orden de matar a todo aquel que pusiera resistencia, los uniatas, se arrodillaron en el cementerio cercano a la iglesia y cantando se prepararon a derramar su sangre por la fe. Murieron llenos de paz con la oración en los labios, sin revelarse, diciendo “dulce es la muerte por la fe”.
Los trece mártires de Pratulin eran todos hombres de edad comprendidad entre los 19 y 50 años, de los cuales no tenemos muchas noticias personales. Por su testimonio parece que eran hombres caracterizados de una fe madura. La defensa de la iglesia rodeada de tropas armadas no fue un efecto de un celo momentáneo o de la temeridad irresponsable, sino la lógica consecuencia de la fe profunda. Ellos creyeron que dar la vida por Cristo no significaba perderla antes bien, conquistar la plenitud.
Pequeña reseña biográfica de los mártires:
Vicente Lewoniuk. (1849-1874). Nació en Krzyczew (Polonia). Era casado. Tenía 25 años. Era un hombre devoto y de buena reputación. Fue el primero en dar la vida por defender la iglesia y por esto es el representante de este grupo de mártires de Pratulin en Polonia.
Daniel Karmasz. (1826-1874). Nació en Przedmiecie Pratulin (Polonia). Casado. Tenía 48 años. Del testimonio de su hijo sabemos que era un hombre con sentimientos religiosos y temeroso de Dios. Presidente de la confraternidad parroquial, durante la defensa de la iglesia se puso en cabeza de la fila de la gente portando una cruz que todavía hoy se conserva en Pratulin.
Lucas Bojko (pol.: Lukasz Bojko). (1852-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Soltero. Tenía 21 años. Su hermano testificó que fue un hombre honesto, religioso y de buena reputación. Durante la defensa de la iglesia sonaba las campanas.
Bartolomé Osypiuk (pol.: Bartlomiej Osypiuk). (1843-1874). Nació en Bohukaly (Polonia). Tenía 30 años y estaba casado con Natalia, tenía dos hijos. En el pueblo era respetado por todos por su honestidad, sagacidad y religiosidad. Gravemente herido, fue llevado a su casa, donde murió orando por sus perseguidores.
Honofrio Wasyluk (pol.: Onufry Wasyluk). (1853-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Tenía 21 años y estaba casado. Buen católico y hombre justo, amado por todos.
Felipe Geryluk (pol.: Filip Geryluk). (1830-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Casado, de 44 años de edad. Por el testimonio de su nieto era un buen padre de familia, devoto y honesto. Junto a la iglesia animó a los otros a la perseverancia y él mismo dio la vida por la fe.
Constantino Bojko (pol.: Konstanty Bojko). (1825-1874). Nació en Derlo (Polonia). Casado, de 45 años. Hombre bueno y devoto. Herido gravemente durante la defensa de la Iglesia, murió en su casa al día siguiente, dejando a su mujer Irene y 7 hijos.
Aniceto Hryciuk (pol.: Anicet Hryciuk). (1855-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Soltero de 19 años. Joven bueno, religioso y educado en el amor hacia la iglesia. Saliendo de su casa con la comida para los defensores le dijo a su madre: “Quizás también yo sea digno de dar la vida por la fe”.
Ignacio Franczuk (pol.: Ignacy Franczuk). (1824-1874). Nació en Derlo (Polonia). Tenía 50 años. Casado con Elena con quien tuvo 7 hijos. De su hijo sabemos que educó a sus hijos en el temor de Dios. La fidelidad a Dios era para él el valor más importante. Preparándose para ir a Pratulin para defender la iglesia, se puso un traje limpio afirmando que todo podía suceder, como que él no regresase más. Después de la muerte de Daniel Karmasz cogió su cruz y se puso en primera fila con los defensores.
Juan Andrzejuk (pol.: Jan Andrzejuk). (1848-1874). Nació en Drelów (Polonia). Tenía 26 años y estaba casado con Marina de quien tuvo dos hijos. Estimado por todos como hombre bueno y prudente. Mientras se encaminó a Pratulin para defender la iglesia, se despidió de todos presintiendo que era la última vez que los veía. Gravemente herido fue trasladado a su casa, donde murió durante la noche.
Constantino Lukaszuk (pol.: Konstanty Lukaszuk). (1829-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Casado, de 45 años. Fue herido y murió a causa de ello.
Máximo Hawryluk (pol.: Maksym Hawryluk). (1840-1874). Nació en Bohukaly (Polonia). Tenía 34 años y estaba casado con Dominica, querido por la gente como hombre bueno y honesto. Herido gravemente en la iglesia, murió al día siguiente.
Miguel Wawryszuk (pol.: Michal Wawrzyszuk). (1853-1874). Nació en Derlo (Polonia). Tenía 21 años y era soltero. Trabajaba en la hacienda de Pablo Pikula en Derlo. Gozaba de buena fama. Gravemente herido en la iglesia de Pratulin, murió un día después en Derlo.
Los trece mártires fueron sepultados por los soldador rusos sin respeto, sin la participación de sus familiares y sin dejar ningún signo sobre su tumba. Los parroquianos de Pratulin afortunadamente no olvidarona sus hermanos mártires y a partir de 1918, cuando Polonia reconquistó la libertad, la tumba comenzó a ser objeto de veneración. Los restos de los mártires fueron trasladados a la iglesia parroquial el 18 de mayo de 1990.
El hecho de Pratulin no fue un acto esporádico. Particularmente desde 1874, cada parroquia uniata en Polonia escribio su historia de martirio. El zar abolió oficialmente la diócesis uniata de Chelm en 1875 y los uniatas, contra su voluntad, fueron unificados a la Iglesia ortodoxa rusa. Los uniatas no aceptaron la situación y por su fidelidad a la Iglesia católica pagaron muchas veces con la muerte u otras penas. Bajo el poder ruso se quedaron sin pastores, pero a pesar de ello recibieron la ayuda pastoral de los sacerdotes católicos de las zonas polacas que quedaron bajo el poder austriaco y aleman. La gran fe de los uniatas y la ayuda solidaria recibida de Iglesia Católica les permitieron superar la persecución y llegar finalmente a la libertad religiosa, oficializada el 30 de abril de 1905 por el zar Nicolás II. Fueron beatificados el 6 de octubre de 1996 por san Juan Pablo II.
Los trece mártires polacos conmemorados eran laicos católicos de la Iglesia llamada Uniata, nacida en 1596 de la Unión de Brest. Esta unión llevó a la unificación de la iglesia ortodoxa polaca con la Iglesia Católica y el Romano Pontífice. Vicente Lewoniuk y sus compañeros eran simples campesinos que serán famosos por su heroismo al defender sus creencias durante la persecución de la Iglesia Católica por parte de Rusia, particularmente sangrienta y bien organizada, durante la partición de Polonia. Los zares rusos iniciaron gradualmente la abolición del catolicismo partiendo de la destrucción de la Iglesia uniata. En 1794, Catalina II abolió la Iglesia uniata ucraniana. En 1839, el zar Nicolás I declaró oficialmente abolida la iglesia uniata de Bielorusia y de Lituania. Esta fue la actuación del viejo principio “cuius regio eius religio”, en base al cual los subditos debian profesar la misma religión de sus soberanos. Rusia temía que la Iglesia Católica fuese un obstáculo para la rusificación y la degradación del hombre que tan necesario era para su gobierno.
En la segunda mitad del siglo XIX, en el territorio ocupado por Rusia, la Iglesia uniata permanecía sólo en la diócesis polaca de Chelm. La administración del zar proyectó la abolición de esta Iglesia y Alejandro I dio la autorización para proceder. En enero de 1874 tenía que haber entrado la litúrgia ortodoxa en las iglesias uniatas. Hubo algunos que cedieron pero otros se mantuvieron fieles a la sede romana. Los que no había aceptado la ortodoxia sufrieron la deportación a Siberia, la cárcel y la remonición de sus parróquias. Muchos laicos, privados de sus párrocos, eligieron defender sus iglesias, la liturgia y la fidelidad al Santo Padre, a menudo a costa de sus vidas.
El 24 de Enero de 1874 llegaron a Pratulin las tropas zaristas y los uniatas eran conscientes que la defensa de la iglesia les podía costar la vida. A pesar de todo fueron al templo a defender su fe. Se reunieron las familias, se vistieron con sus vestidos de fiesta, como acostumbraban cuando se ocupaban de las cosas sagradas.
No consiguiendo persudir a los uniatas que dejaran la iglesia ni con las amenazas ni con las lisonjas de las gracias del zar, el comandante ordenó disparar a la gente. Cuando oyeron que el ejército había recibido la orden de matar a todo aquel que pusiera resistencia, los uniatas, se arrodillaron en el cementerio cercano a la iglesia y cantando se prepararon a derramar su sangre por la fe. Murieron llenos de paz con la oración en los labios, sin revelarse, diciendo “dulce es la muerte por la fe”.
Los trece mártires de Pratulin eran todos hombres de edad comprendidad entre los 19 y 50 años, de los cuales no tenemos muchas noticias personales. Por su testimonio parece que eran hombres caracterizados de una fe madura. La defensa de la iglesia rodeada de tropas armadas no fue un efecto de un celo momentáneo o de la temeridad irresponsable, sino la lógica consecuencia de la fe profunda. Ellos creyeron que dar la vida por Cristo no significaba perderla antes bien, conquistar la plenitud.
Pequeña reseña biográfica de los mártires:
Vicente Lewoniuk. (1849-1874). Nació en Krzyczew (Polonia). Era casado. Tenía 25 años. Era un hombre devoto y de buena reputación. Fue el primero en dar la vida por defender la iglesia y por esto es el representante de este grupo de mártires de Pratulin en Polonia.
Daniel Karmasz. (1826-1874). Nació en Przedmiecie Pratulin (Polonia). Casado. Tenía 48 años. Del testimonio de su hijo sabemos que era un hombre con sentimientos religiosos y temeroso de Dios. Presidente de la confraternidad parroquial, durante la defensa de la iglesia se puso en cabeza de la fila de la gente portando una cruz que todavía hoy se conserva en Pratulin.
Lucas Bojko (pol.: Lukasz Bojko). (1852-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Soltero. Tenía 21 años. Su hermano testificó que fue un hombre honesto, religioso y de buena reputación. Durante la defensa de la iglesia sonaba las campanas.
Bartolomé Osypiuk (pol.: Bartlomiej Osypiuk). (1843-1874). Nació en Bohukaly (Polonia). Tenía 30 años y estaba casado con Natalia, tenía dos hijos. En el pueblo era respetado por todos por su honestidad, sagacidad y religiosidad. Gravemente herido, fue llevado a su casa, donde murió orando por sus perseguidores.
Honofrio Wasyluk (pol.: Onufry Wasyluk). (1853-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Tenía 21 años y estaba casado. Buen católico y hombre justo, amado por todos.
Felipe Geryluk (pol.: Filip Geryluk). (1830-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Casado, de 44 años de edad. Por el testimonio de su nieto era un buen padre de familia, devoto y honesto. Junto a la iglesia animó a los otros a la perseverancia y él mismo dio la vida por la fe.
Constantino Bojko (pol.: Konstanty Bojko). (1825-1874). Nació en Derlo (Polonia). Casado, de 45 años. Hombre bueno y devoto. Herido gravemente durante la defensa de la Iglesia, murió en su casa al día siguiente, dejando a su mujer Irene y 7 hijos.
Aniceto Hryciuk (pol.: Anicet Hryciuk). (1855-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Soltero de 19 años. Joven bueno, religioso y educado en el amor hacia la iglesia. Saliendo de su casa con la comida para los defensores le dijo a su madre: “Quizás también yo sea digno de dar la vida por la fe”.
Ignacio Franczuk (pol.: Ignacy Franczuk). (1824-1874). Nació en Derlo (Polonia). Tenía 50 años. Casado con Elena con quien tuvo 7 hijos. De su hijo sabemos que educó a sus hijos en el temor de Dios. La fidelidad a Dios era para él el valor más importante. Preparándose para ir a Pratulin para defender la iglesia, se puso un traje limpio afirmando que todo podía suceder, como que él no regresase más. Después de la muerte de Daniel Karmasz cogió su cruz y se puso en primera fila con los defensores.
Juan Andrzejuk (pol.: Jan Andrzejuk). (1848-1874). Nació en Drelów (Polonia). Tenía 26 años y estaba casado con Marina de quien tuvo dos hijos. Estimado por todos como hombre bueno y prudente. Mientras se encaminó a Pratulin para defender la iglesia, se despidió de todos presintiendo que era la última vez que los veía. Gravemente herido fue trasladado a su casa, donde murió durante la noche.
Constantino Lukaszuk (pol.: Konstanty Lukaszuk). (1829-1874). Nació en Zaczopki (Polonia). Casado, de 45 años. Fue herido y murió a causa de ello.
Máximo Hawryluk (pol.: Maksym Hawryluk). (1840-1874). Nació en Bohukaly (Polonia). Tenía 34 años y estaba casado con Dominica, querido por la gente como hombre bueno y honesto. Herido gravemente en la iglesia, murió al día siguiente.
Miguel Wawryszuk (pol.: Michal Wawrzyszuk). (1853-1874). Nació en Derlo (Polonia). Tenía 21 años y era soltero. Trabajaba en la hacienda de Pablo Pikula en Derlo. Gozaba de buena fama. Gravemente herido en la iglesia de Pratulin, murió un día después en Derlo.
Los trece mártires fueron sepultados por los soldador rusos sin respeto, sin la participación de sus familiares y sin dejar ningún signo sobre su tumba. Los parroquianos de Pratulin afortunadamente no olvidarona sus hermanos mártires y a partir de 1918, cuando Polonia reconquistó la libertad, la tumba comenzó a ser objeto de veneración. Los restos de los mártires fueron trasladados a la iglesia parroquial el 18 de mayo de 1990.
El hecho de Pratulin no fue un acto esporádico. Particularmente desde 1874, cada parroquia uniata en Polonia escribio su historia de martirio. El zar abolió oficialmente la diócesis uniata de Chelm en 1875 y los uniatas, contra su voluntad, fueron unificados a la Iglesia ortodoxa rusa. Los uniatas no aceptaron la situación y por su fidelidad a la Iglesia católica pagaron muchas veces con la muerte u otras penas. Bajo el poder ruso se quedaron sin pastores, pero a pesar de ello recibieron la ayuda pastoral de los sacerdotes católicos de las zonas polacas que quedaron bajo el poder austriaco y aleman. La gran fe de los uniatas y la ayuda solidaria recibida de Iglesia Católica les permitieron superar la persecución y llegar finalmente a la libertad religiosa, oficializada el 30 de abril de 1905 por el zar Nicolás II. Fueron beatificados el 6 de octubre de 1996 por san Juan Pablo II.
jueves, 23 de enero de 2020
Lecturas
En aquellos días, cuando David volvía de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Palabra del Señor.
Israel al encuentro del Saúl, para cantar danzando con tambores, gritos de alborozo y címbalos.
Las mujeres cantaban y repetían al bailar: «Saúl mató a mil, David a diez mil»
A Saúl le enojó mucho aquella copla, y le pareció mal, pues pensaba: «Han asignado diez mil a David y a mil a mí. No le falta más que la realeza»
Desde aquel día Saúl vio con malos ojos a David.
Saúl manifestó a su hijo Jonatán y a sus servidores la intención de matar a David. Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David. Y le advirtió: «Mi padre busca el modo de matarte. Mañana toma precauciones, quédate en lugar secreto y permanece allí oculto. Yo saldré y me colocaré al lado de mi padre en el campo donde te encuentres. Le hablaré de ti veré lo que hay y te lo comunicaré».
Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo: « No hagas daño el rey a su siervo David, pues él no te ha hecho mal alguno y su conducta ha sido muy favorable hacía ti. Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor concedió una gran victoria a todo Israel. Entonces te alegraste al verlo. Una gran victoria; bien que te alegraste al verlo. ¿Por qué hacerte culpable de sangre inocente, matando a David sin motivo?».
Saúl escuchó lo que le decía Jonatán, y juró: «Por vida del Señor, no morirá».
Jonatán llamó a David y le contó toda aquella conversación. Le trajo junto a Saúl y siguió a su servicio como antes.
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él, y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
Palabra del Señor.
Santa Emerenciana

En Roma, en el cementerio Mayor de la vía Nomentana, santa Emerenciana, mártir.
Hermana de leche de san Inés, se cree que tenía entre 13 o 14 años. Era todavía catecúmena y cuando estaba rezando, en la vía Nomentana, delante de la tumba de santa Inés fue lapidada allí mismo, dos días después; según otra versión la habrían abierto el vientre. En realidad esta santa es una mártir romana muerta en fecha desconocida.
Las reliquias de Emerenciana fueron trasladadas en el siglo IX a la Basílica de Santa Inés. Pablo V, en 1615, ordenó una artística caja de plata, en la cual colocar los cuerpos de las dos santas, y que fue puesta bajo el altar mayor. Otras iglesias en Roma han conservado el recuerdo de la mártir: Santa Inés de Plaza Navonna, donde le fue dedicado un altar en 1120; San Pedro In vincoli, donde estaría conservada la cabeza; Santa María en Campitello, donde se exhibe un dedo suyo. En España, Alemania y Bruselas hay tradiciones de que se conservan reliquias suyas. Algunas leyendas tardías complicaron el relato del martirio contando que había sido torturada en el vientre, por lo que, especialmente en Francia, se la invocaba para dolores de vientre. Su culto desde 1969 se ha limitado a los calendarios locales. Patrona de Teruel.
Hermana de leche de san Inés, se cree que tenía entre 13 o 14 años. Era todavía catecúmena y cuando estaba rezando, en la vía Nomentana, delante de la tumba de santa Inés fue lapidada allí mismo, dos días después; según otra versión la habrían abierto el vientre. En realidad esta santa es una mártir romana muerta en fecha desconocida.
Las reliquias de Emerenciana fueron trasladadas en el siglo IX a la Basílica de Santa Inés. Pablo V, en 1615, ordenó una artística caja de plata, en la cual colocar los cuerpos de las dos santas, y que fue puesta bajo el altar mayor. Otras iglesias en Roma han conservado el recuerdo de la mártir: Santa Inés de Plaza Navonna, donde le fue dedicado un altar en 1120; San Pedro In vincoli, donde estaría conservada la cabeza; Santa María en Campitello, donde se exhibe un dedo suyo. En España, Alemania y Bruselas hay tradiciones de que se conservan reliquias suyas. Algunas leyendas tardías complicaron el relato del martirio contando que había sido torturada en el vientre, por lo que, especialmente en Francia, se la invocaba para dolores de vientre. Su culto desde 1969 se ha limitado a los calendarios locales. Patrona de Teruel.
miércoles, 22 de enero de 2020
Lecturas
En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y este le dijo: «Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo».
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.
Palabra del Señor.
Pero Saúl respondió: «No puedes ir a luchar con ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad».
David añadió: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo».
Entonces Saúl le dijo: «Vete, y que el Señor esté contigo».
Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y se avanzó hacía el filisteo con la honda en la mano. El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero. Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto.
El filisteo le dijo: « ¿Me has tomado por un perro, para que vengas a mí con palos?».
Y maldijo a David por sus dioses.
El filisteo siguió diciéndole: «Acércate y echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo».
David le respondió: «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado. El Señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel. Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanza, porque la guerra es del Señor y os va a entregar en nuestras manos».
Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió veloz a la línea de combate frente a él. David metió su mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayo de bruces en tierra.
Así venció David al filisteo, con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano.
David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón.
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.
Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio»
Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Palabra del Señor.
Beato Guillermo José Chaminade

Nació en Périgueux (Francia) en 1761: era el décimo cuarto hijo de una familia profundamente cristiana, que tuvo la alegría de ver cuatro hijos sacerdotes. En 1771 ingreso al Seminario Menor de Moussidan, donde, cuatro años más tarde, hace votos privados de pobreza, castidad y obediencia. Recibió la Ordenación sacerdotal en 1785.
En 1790, después del inicio de la Revolución Francesa, se transfirió para Bordéus y allí pasó la mayor parte de su vida. En 1791 se negó a jurar la Constitución Civil del Clero y ejerció el ministerio sacerdotal clandestinamente, poniendo su vida en continuo peligro. En este período conoce a la Venerable María Teresa Charlotte de Lamourous (1754-1836), que se tornó una de sus más estrechas colaboradoras y que él ayudó a fundar la Obra de Misericordia de Bordéus para la protección de las jóvenes. En 1795 se dedicó a acoger en la diócesis a sacerdotes que, habiendo hecho el juramento constitucional, deseaban reconciliarse con la Iglesia. Atendió en este ministerio cerca de cincuenta sacerdotes.
En 1797 se vio obligado a huir para Zaragoza (España), donde permaneció durante tres años. Allí, junto a la Virgen del Pilar, forjó sus convicciones mariano-apostólicas y recibió la inspiración de fundar una familia de laicos y religiosos a la Virgen María.
En Noviembre de 1800 regreso a Bordéus e intento reorganizar sobre bases nuevas la Congregación Mariana, para ser una institución laical que después, en 1810, se tornó el Primer Instituto Secular del Mundo. Se esforzó por dar a sus miembros una sólida formación religiosa y orientarlos para objetivos apostólicos bien precisos, exhortándolos a ofrecer a la sociedad indiferente y descristianizada el ejemplo de un pueblo de santos, como hicieran los cristianos de la Iglesia primitiva. Esta Congregación fue la base de su incansable actividad evangelizadora, orientada para la cristianización de Francia. Chaminade fue considerado un precursor de la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia. En estos años cuidó también de la reorganización de la diócesis de Bazas, de la cual fue nombrado Administrador Apostólico.
En 1801 la Santa Sede lo nombró misionero apostólico, lo que le constituyo la confirmación oficial de sus instituciones sobre la Iglesia de ese nuevo tiempo. El Padre Chaminade concibió su ministerio y la Congregación Mariana, como una misión permanente y estable, orientada para la formación en la fe, con nuevos métodos y trabajando en íntima alianza con María.
En 1816, juntamente con la venerable Adèle de Batz de Trenquelléon (1789-1828), fundo en Agen el Instituto de las Hijas de María Inmaculada y, en el año siguiente, en Bordéus, la Compañía de María. Sus primeros miembros, que con el tiempo se llamarían marianistas, eran congregados marianos, mujeres y hombres, que querían responder al Señor con una entrega más radical, como prolongando su compromiso bautismal y su consagración a la Virgen María.
Los dos Institutos se desenvolvieron rápidamente en Francia y, en 1839, recibieron el "decretum laudis" del Papa Gregorio XVI. Dado que la educación era una necesidad prioritaria en esta época, las dos ramas de Marianistas se dedicaron a las escuelas primarias, secundarias y de artes y oficios, uniendo la educación moral a la formación en la fe. Nacerán así mismo algunas escuelas, más la Revolución de 1830 hizo que no prosperasen.
Entre tanto, el Padre Chaminade se dedicó especialmente a redirigir las Constituciones y escribir importantes circulares sobre la Congregación – Alianza con María y la vida religiosa marianista. Las comunidades y las obras continuaban creciendo en Francia, después en Suiza (1839) y en los Estados Unidos de América (1849). A partir de 1836 las hijas de María inmaculada, pusieron en práctica el deseo de su fundadora, fallecida en 1828, crearon escuelas rurales en el Sur este de Francia, aseguraron así mismo la instrucción y educación cristiana de las jóvenes y la promoción de la mujer.
Los últimos diez años de su vida constituyeron para él un período de dura prueba: dificultades en la salud, problemas financieros, defección de algunos discípulos, incomprensión y desconfianzas, obstáculos en el ejercicio de su misión de fundador. Más todo fue enfrentado con gran confianza en María, fiel a su conciencia y a la Iglesia, repleto de fe y de caridad. Murió en paz, rodeado de muchos de sus hijos, junto a la capilla de la Magdalena en Bordéus, el día 22 de Enero de 1850.
En 1790, después del inicio de la Revolución Francesa, se transfirió para Bordéus y allí pasó la mayor parte de su vida. En 1791 se negó a jurar la Constitución Civil del Clero y ejerció el ministerio sacerdotal clandestinamente, poniendo su vida en continuo peligro. En este período conoce a la Venerable María Teresa Charlotte de Lamourous (1754-1836), que se tornó una de sus más estrechas colaboradoras y que él ayudó a fundar la Obra de Misericordia de Bordéus para la protección de las jóvenes. En 1795 se dedicó a acoger en la diócesis a sacerdotes que, habiendo hecho el juramento constitucional, deseaban reconciliarse con la Iglesia. Atendió en este ministerio cerca de cincuenta sacerdotes.
En 1797 se vio obligado a huir para Zaragoza (España), donde permaneció durante tres años. Allí, junto a la Virgen del Pilar, forjó sus convicciones mariano-apostólicas y recibió la inspiración de fundar una familia de laicos y religiosos a la Virgen María.
En Noviembre de 1800 regreso a Bordéus e intento reorganizar sobre bases nuevas la Congregación Mariana, para ser una institución laical que después, en 1810, se tornó el Primer Instituto Secular del Mundo. Se esforzó por dar a sus miembros una sólida formación religiosa y orientarlos para objetivos apostólicos bien precisos, exhortándolos a ofrecer a la sociedad indiferente y descristianizada el ejemplo de un pueblo de santos, como hicieran los cristianos de la Iglesia primitiva. Esta Congregación fue la base de su incansable actividad evangelizadora, orientada para la cristianización de Francia. Chaminade fue considerado un precursor de la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia. En estos años cuidó también de la reorganización de la diócesis de Bazas, de la cual fue nombrado Administrador Apostólico.
En 1801 la Santa Sede lo nombró misionero apostólico, lo que le constituyo la confirmación oficial de sus instituciones sobre la Iglesia de ese nuevo tiempo. El Padre Chaminade concibió su ministerio y la Congregación Mariana, como una misión permanente y estable, orientada para la formación en la fe, con nuevos métodos y trabajando en íntima alianza con María.
En 1816, juntamente con la venerable Adèle de Batz de Trenquelléon (1789-1828), fundo en Agen el Instituto de las Hijas de María Inmaculada y, en el año siguiente, en Bordéus, la Compañía de María. Sus primeros miembros, que con el tiempo se llamarían marianistas, eran congregados marianos, mujeres y hombres, que querían responder al Señor con una entrega más radical, como prolongando su compromiso bautismal y su consagración a la Virgen María.
Los dos Institutos se desenvolvieron rápidamente en Francia y, en 1839, recibieron el "decretum laudis" del Papa Gregorio XVI. Dado que la educación era una necesidad prioritaria en esta época, las dos ramas de Marianistas se dedicaron a las escuelas primarias, secundarias y de artes y oficios, uniendo la educación moral a la formación en la fe. Nacerán así mismo algunas escuelas, más la Revolución de 1830 hizo que no prosperasen.
Entre tanto, el Padre Chaminade se dedicó especialmente a redirigir las Constituciones y escribir importantes circulares sobre la Congregación – Alianza con María y la vida religiosa marianista. Las comunidades y las obras continuaban creciendo en Francia, después en Suiza (1839) y en los Estados Unidos de América (1849). A partir de 1836 las hijas de María inmaculada, pusieron en práctica el deseo de su fundadora, fallecida en 1828, crearon escuelas rurales en el Sur este de Francia, aseguraron así mismo la instrucción y educación cristiana de las jóvenes y la promoción de la mujer.
Los últimos diez años de su vida constituyeron para él un período de dura prueba: dificultades en la salud, problemas financieros, defección de algunos discípulos, incomprensión y desconfianzas, obstáculos en el ejercicio de su misión de fundador. Más todo fue enfrentado con gran confianza en María, fiel a su conciencia y a la Iglesia, repleto de fe y de caridad. Murió en paz, rodeado de muchos de sus hijos, junto a la capilla de la Magdalena en Bordéus, el día 22 de Enero de 1850.
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