sábado, 25 de febrero de 2023

25 de Febrero - BEATO SEBASTIÁN DE APARICIO

El año de 1533 llegaba a las playas mejicanas, confundido entre los numerosos viajeros, un joven, de nombre Sebastián, que había nacido el 20 de enero de 1502 en el pueblo de Gudiña, de la provincia de Orense (España). Su niñez transcurrió junto a sus padres, Juan de Aparicio y Teresa del Prado, ambos cristianos de vieja cepa, caritativos y de nobles costumbres; su mocedad y parte de su juventud pasó en medio del campo, entregado a las labores agrícolas para ganar el sustento diario y reunir la dote suficiente para sus dos hermanas. Salamanca, Zafra de Extremadura y Sanlúcar de Barrameda vieron a Sebastián trabajar afanosamente y pudieron admirar sus grandes virtudes —pese a sus años mozos—, entre las que sobresalían su simplicidad, rectitud de corazón y su amor por la castidad.

De la antigua Veracruz donde desembarcó Sebastián, se dirigió a la ciudad de La Puebla, recién fundada por el franciscano fray Toribio de Benavente, conocido más bien con el sobrenombre de Motolinia. Las grandes extensiones de terreno baldío y la seguridad que daba la Audiencia Real a todos los españoles que quisieran residir en la dicha ciudad, atrajeron a Sebastián y lo indujeron a dedicarse a la labranza. Dotado, empero, de un ingenio natural poco común y de una mirada de vastos horizontes, Sebastián concibió la idea de adaptar el camino de Méjico a Veracruz para que por él pasasen las carretas que muy pronto construyó con un amigo suyo español. Esas carretas fueron las primeras que, tiradas por toros o novillos amansados por el mismo Sebastián, hollaron el suelo de Méjico. Con esa obra resolvía dos problemas fundamentales: primero, el difícil transporte de mercancías, y el segundo, aliviar a los indios de la fatiga que padecían al tener que transportar todo sobre sus requemadas espaldas.

Pasados algunos años, Sebastián se dirigió nuevamente a la Real Audiencia de Méjico para pedir permiso de abrir un nuevo camino que traería prosperidad y progreso para todos. Se propuso nada menos que abrir un camino que fuese de la capital mejicana hasta Zacatecas, que empezaba a manar plata de sus entrañas. Hoy en día admira aún la obra titánica de Sebastián por sus vastas y grandiosas proporciones: tuvo que allanar hondonadas, rodear montes, construir puentes de madera, llevar provisiones para sus trabajadores y, sobre todo, lograr la amistad con las tribus chichimecas, tristemente célebres por su ferocidad y canibalismo. Ante esta obra de gigantes y de santos, Sebastián no se arredró. Su mente y su corazón aspiraban a mayores cosas y en pocos años vio terminada la obra que lo inmortalizaría para siempre. Sus cuadrillas de carretas recorrieron aquellas larguísimas distancias sin ser molestadas por los chichimecas, quienes al ver la mansedumbre y caridad con que los trataba Sebastián le amaron, le protegieron y nunca le hicieron daño alguno. Esas mismas cuadrillas se convirtieron también en seguro refugio para los pasajeros y gracias también a los esfuerzos de Sebastián los pequeños poblados aumentaron considerablemente, como la ciudad de Querétaro.

Durante unos dieciocho años Sebastián había entregado lo mejor de sus fuerzas para abrir caminos y fomentar el comercio en Méjico; pero ya en 1552 decidió dejar su oficio, que pingües ganancias le había acarreado, y compró unas tierras por las afueras de la capital mejicana, entre Atzcapotzalco y Tlanepantla. Sus nuevos proyectos fueron provechosos para todos, ya que sus campos eran una escuela práctica donde aprendían los indios la labranza; su hogar se convirtió en asilo seguro donde no sólo encontraban los pobres y menesterosos refugio, sino el pan diario y consejos para volver a amar la vida y el trabajo, y donde podían aprender las virtudes cristianas que Sebastián no dejaba nunca de ejercitar. Entre estas virtudes sobresalía su amor ardiente al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, cuyo rosario no omitió en todos los días de su vida.

Las riquezas que honrada y justamente había adquirido Sebastián atrajeron las miradas codiciosas de varios vecinos suyos para persuadirle a contraer matrimonio. Las proposiciones no podían ser sino ventajosas; y con todo, Sebastián las rechazó constantemente, hasta que un día él mismo resolvió casarse con una joven pobre, pero de muy nobles virtudes. Era el año de 1562. Sebastián se comportó con su esposa en público como marido que era de ella, más en privado la persuadió a guardar la virginidad. A la hora del descanso, ella dormía en el lecho y él tendía una estera en el suelo, donde se acostaba. Un año había apenas transcurrido y Sebastián se encontró viudo. Dos años después, movido de su caridad en favorecer a otra pobre joven, de nombre María Esteban, contrajo con ella matrimonio, sin cambiar por ello su antiguo modo de dormir en el suelo y de mortificarse en todo lo que podía. A pesar del tenor de vida que Sebastián llevaba, no le faltaron dificultades y pruebas que soportó cristianamente. Una enfermedad que lo puso a un pie del sepulcro y la muerte inesperada de su segunda mujer fueron los vendavales que sacudieron hasta sus raíces aquel fuerte árbol, que, desprendiéndose más y más de los bienes terrenales, empezó a meditar consigo mismo de qué modo serviría más perfectamente al Señor y alcanzaría con menores peligros su salvación eterna.

Pasó todavía algún tiempo trabajando en sus campos, hasta que, guiado por los consejos de su confesor, resolvió dejarlo todo. Vendió sus bienes, entregó el precio a las religiosas de Santa Clara de Méjico, tomó el hábito de donado franciscano y pasó a servir a las mismas religiosas en calidad de mozo. Contaba ya en aquella sazón setenta y un años de edad. La gracia divina siguió moviendo suavemente aquel corazón que desde pequeño le pertenecía y lo envió al convento de San Francisco de Méjico, donde tomó el hábito y, a pesar de las inmensas dificultades que encontró en su resolución, profesó el 13 de junio de 1575.

Durante aquel año de recogimiento, oración y mortificación, Fr. Sebastián meditó sobre las virtudes de San Francisco: su obediencia, su pobreza, su amor a la Pasión del Señor, su amor hacia todas las cosas por ser creaturas de Dios, y con mejores alas remontó su alma a una entrega cada vez más perfecta en las manos de la Madre de Dios, cuyo rosario traía siempre consigo y devotamente recitaba varias veces al día. Apenas habían pasado unos dos meses de su profesión, la obediencia le mandó al convento de Tecali, donde había necesidad de un hermano que cuidase de la cocina, portería y huerta pequeña. Los religiosos admiraron la virtud del humilde hermano lego, que atendía todos los menesteres del convento con alegría y prontitud; mas poco tiempo estuvo en aquel lugar, pues recibió nuevas órdenes de trasladarse al convento de Las Llagas de N. S. P. S. Francisco de Puebla de los Ángeles. Partió al punto con la misma alegría y contento que había manifestado y, llegado que hubo, le encargaron de un oficio por lo demás penoso y duro, tenida cuenta de su avanzada edad: el de limosnero. Con su acostumbrada alegre obediencia tomó sobre sí el nuevo cargo, Tenía que recorrer la extensa campiña de Puebla en busca de alimentos y demás provisiones, que serían el sustento de más de cien religiosos que moraban en ese convento.

Pidió de limosna algunos toros y construyó carretas, que fueron sus inseparables compañeros hasta los últimos días de su vida. Los labradores de los pueblos circunvecinos tuvieron oportunidad de admirar su paciencia, mortificación, caridad y desprendimiento de todas las cosas. Tiraba su viejo manto sobre el suelo y dormía debajo de las carretas sin interesarle que lloviera, hiciera frío o cayera nieve. Además de esto añadía dolorosas penitencias para tener sujeto y a raya al "hermano asno", que pronto y sujeto le obedecía en el servicio del Señor. En la ciudad de Puebla repartía sigilosa y caritativamente limosnas a familias vergonzantes y jamás el convento notó la falta de lo necesario. La simplicidad de Fr. Sebastián pasó a ser proverbial. Esta no era más que el fruto precioso de su amor a Dios y de su obediencia inmediata a las órdenes de sus superiores. Tal simplicidad de corazón le abrió un camino nuevo en la vía de la santidad. Todo lo veía a través de su "fe de acero", como solía repetir, y su preocupación era "no perder a Dios de vista". Por amor a Dios llevó a cabo hasta los mínimos actos de su vida religiosa y Dios le premió con favores inauditos. En cierta ocasión el padre guardián le ordenó ir a traer madera al monte de La Malinche, distante unos 25 kilómetros de la ciudad de Puebla. Al tener ya cargada la carreta se le rompió el eje de una rueda. Fray Sebastián no dudó en emprender el camino en esas condiciones desastrosas. Apenas había llegado al convento y se disponía a componer la carreta, el padre guardián le ordenó que fuera a Tepeaca, distante unos 36 kilómetros; a traer unas limosnas. El fraile obedeció al punto. Tomó su carreta, que de hecho no tenía más que una sola rueda, y así fue y regresó sin lamentar cosa alguna. Por cumplir la obediencia Dios obró el prodigio de que la carreta cargada de leña y el mismo Fr. Sebastián volaran sobre la barranca de Quautzazaloyan (hoy en día: Barranca de los Pilares), obstruida en aquellos momentos por otras carretas descompuestas.

Tuvo un gran dominio sobre los toros y animales indómitos. Cierto día, el superior le ordenó acarrear piedra del río —que pasa cerca del convento— sobre un mulo que nadie había podido domar, pero ni siquiera acercarse a él. Fray Sebastián fue al bruto animal y le dijo que era menester trabajar. El antes salvaje y rudo mulo a las palabras del fraile dócilmente se sujetó. Otra vez venía de Atixco a Puebla y pernoctó en un lugar donde había enjambres de hormigas. Sucedió que durante la noche se llevaron el trigo que traía. Al día siguiente, al notar Fr. Sebastián la merma del trigo, ordenó a las hormigas que lo devolviesen, cosa que ellas cumplieron al punto.

Los labradores le buscaban para que conjurara las tempestades o acabara con las plagas que azotaban sus sementeras, lo que siempre hacía llevado de su gran caridad. Su cuerda se hizo famosa en muchísimas partes. Al contacto de ella sanaban enfermos y las mujeres en difíciles partos daban a luz felizmente. Uno de los más antiguos biógrafos del Beato Sebastián, la llama el "sanalotodo" o medicamento universal. No podemos menos de citar el milagro que Dios obró por medio de su siervo. Aconteció que un niño de catorce meses de edad, hijo de unos bienhechores del convento, radicados en Huejtozingo, se metió debajo de una carreta tirada por bravos toros. Asustados éstos arrancaron y la pesada rueda pasó sobre el niño, enterrándolo en la tierra. Poco después llegó Fr. Sebastián y los padres del niño se lo presentaron muerto, rogándole hiciese algo por ellos, El fraile rogó a Dios y el niño resucitó por sus súplicas.

Después de veinticuatro años que sirvió al convento como limosnero, Fr. Sebastián oyó la voz de Dios que lo invitaba a descansar en su reino. Llegó el 20 de febrero de 1600 atacado por fuertes dolores de la hernia que por muchos años le martirizó. Cinco días después, tirado en el suelo sobre una cobija, esperó a la "hermana muerte corporal" con toda la alegría de su espíritu. A las ocho de la noche del día 25 entregó su espíritu en las manos del Señor.

Apenas muerto, los prodigios se multiplicaron y es fama constante que hoy en día aún no cesa. Su cuerpo quedó incorrupto y despidiendo un aroma exquisito, que todavía en nuestros tiempos se percibe.

La fama de sus virtudes y milagros llegó a Roma y el papa Pío VI lo declaró Beato el 17 de mayo de 1789, concediendo al mismo tiempo oficio y misa a la Orden franciscana.

Los años han volado, pero la fama del taumaturgo poblano sigue aumentando y su culto propagándose por toda la República mejicana y fuera de ella. Los conductores de toda clase de vehículos consideran al Beato Sebastián como a celestial patrón. Esperamos que no esté lejano el día en que la inmortal Roma inscriba en el catálogo de los santos al "fraile carretero", que trabajó como pocos en Méjico, y dio pruebas de acrisoladas virtudes y lustre a la Orden de San Francisco de Asís.

viernes, 24 de febrero de 2023

Reflexión de Cuaresma 24/02/2023

Reflexión del 24/02/2023

Lecturas del 24/02/2023

Esto dice el Señor Dios: «Grita a plena voz, no te contengas, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.
Consultan mi oráculo a diario, desean conocer mi voluntad.
Como si fuera un pueblo que practicara la justicia y no descuida el mandato de su Dios, me piden sentencias justas, quieren acercarse a Dios. “¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si tú no te enteras?”
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza?
¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor?
Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir al que ves desnudo, y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”».
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Palabra del Señor.

24 de Febrero - SAN MODESTO, Obispo

Su apelativo bien pronunciado indica al poseedor de una virtud altamente costosa de conseguir y dice mucho con relación a la templanza que ayuda al perfecto dominio de sí. Buen servicio hizo esta virtud al santo que la llevó en su nombre.

El pastor de Tréveris trabaja y se desvive por los fieles de Jesucristo, allá por el siglo V. Lo presentan los escritos narradores de su vida adornado con todas las virtudes que debe llevar consigo un obispo.

Al leer el relato, uno va comprobando que, con modalidades diversas, el hombre continúa siendo el mismo a lo largo de la historia. No cambia en su esencia, no son distintos sus vicios y ni siquiera se puede decir que no sea un indigente de los mismos remedios ayer que hoy. Precisamente en el orden de la sobrenatural, las necesidades corren parejas por el mismo sendero, las virtudes a adquirir son siempre las mismas y los medios disponibles son idénticos. Fueron inventados hace mucho tiempo y el hombre ha cambiado poco y siempre por fuera.

Modesto es un buen obispo que se encuentra con un pueblo invadido y su población asolada por los reyes francos Merboco y Quildeberto. A su gente le pasa lo que suele suceder como consecuencia del desastre de las guerras. Soportan todas las consecuencias del desorden, del desaliento, del dolor de los muertos y de la indigencia. Están descaminados los usos y costumbres de los cristianos; abunda el vicio, el desarreglo y libertinaje. Para colmo de males, si la comunidad cristiana está deshecha, el estado en que se encuentra el clero es aún más deplorable. En su mayor parte, están desviados, sumidos en el error y algunos nadan en la corrupción.

El obispo está al borde del desaliento; lleno de dolor y con el alma encogida por lo que ve y oye. Es muy difícil poner de nuevo en tal desierto la semilla del Evangelio. Humanamente la tarea se presenta con dificultades que parecen insuperables.

Reacciona haciendo cada día más suyo el camino que bien sabía habían tomado con éxito los santos. Se refugia en la oración; allí gime en la presencia de Dios, pidiendo y suplicando que aplaque su ira. Apoya el ruego con generosa penitencia; llora los pecados de su pueblo y ayuna. Sí, son muchas las horas pasadas con el Señor como confidente y recordándole que, al fin y al cabo, las almas son suyas.

No deja otros medios que están a su alcance y que forman parte del ministerio. También predica. Va poco a poco en una labor lenta; comienza a visitar las casas y a conocer en directo a su gente. Sobre todo, los pobres se benefician primeramente de su generosidad. En esas conversaciones de hogar instruye, anima, da ejemplo y empuja en el caminar.

Lo que parecía imposible se realiza. Hay un cambio entre los fieles que supo ganar con paciencia y amabilidad. Ahora es el pueblo quien busca a su obispo porque quiere gustar más de los misterios de la fe. Ya estuvieron sobrado tiempo siendo rudos, ignorantes y groseros.

Murió -y la gente decía que era un santo el que se iba- el 24 de febrero del año 486.

El relato reafirma juntamente la pequeñez del hombre -el de ayer y el de hoy- y su grandeza.

jueves, 23 de febrero de 2023

Reflexión de Cuaresma 23/02/2023

Reflexión del 23/02/2023

Lecturas del 23/02/2023

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor.

23 de Febrero - SAN SERENO de SIRMIO

Sus actas, breves, pero auténticas, tienen el sello más delicioso de humanidad y realismo. Griego de origen, Sereno se estableció en Sirmio como jardinero, pues era el único oficio que conocía. Al estallar la persecución de Diocleciano, el temor de la tortura le indujo a ocultarse durante algunos meses, pero no tardó en volver a su jardín. Un día, estaba trabajando, cuando llegó cerca de él una mujer acompañada de dos muchachas.

— ¿Qué es lo que buscas aquí?—preguntó el viejo jardinero.
—Me gusta pasear, y por eso he venido—respondió ella.
— ¡Vaya un matrona!—respondió el jardinero con sorna—. ¡Que le gusta pasear, y a plena luz! Vamos, vamos, ya será alguna galantería lo que buscas. Bueno; largo de aquí, y ten cuidado de parecer una mujer honrada.

Huyó la desconocida, ciega de cólera, más por haber perdido la ocasión que por aquella áspera acogida, e inmediatamente escribió a su marido, empleado en el servicio de Maximiano, para quejarse de la grosería del jardinero.

El marido llevó el asunto al emperador:

—Señor—le dijo—, mientras nosotros te servimos en el palacio, nuestras mujeres son ultrajadas en nuestras casas.

El emperador le autorizó a vengarse por medio del gobernador de la provincia. Presentóse en Sirmio al gobernador, y entregándole las letras imperiales, le dijo:

—Venga la injuria que mi mujer ha sufrido durante mi ausencia.
— ¿Quién tuvo osadía para injuriar a la mujer de un oficial de la guardia?
—Un miserable rústico, un hortelano que se llama Sereno.

El acusado fue traído a la curia.
— ¿Cómo te llamas?—preguntó el gobernador.
—Sereno.
— ¿Cuál es tu oficio?
—Jardinero.
— ¿Por qué has insultado a la mujer de un noble personaje?
—No he injuriado a ninguna mujer de calidad.
—Háblale tú mismo—dijo el gobernador al oficial—para que reconozca su insolencia.
—Recuerdo—dijo Sereno sin inmutarse—que una mujer entró en mi huerto a una hora intempestiva. Repróchela su proceder, diciendo que una mujer que sabe respetarse no sale a tales horas de su casa si no es con su marido.

El oficial lo comprendió todo, ruborizóse y calló; pero en aquella declaración había algo extraño. Sólo un cristiano—debió de pensar el gobernador—puede mirar mal que una mujer pasee en un jardín a tales horas. Y reanudó el interrogatorio:

— ¿Qué eres tú?
—Cristiano.
— ¿Dónde te has ocultado hasta ahora? ¿Cómo hiciste para no sacrificar?
—Según el beneplácito de Dios, que me reservó hasta este momento, yo era como una piedra excluida del edificio; pero ahora Dios me señala un lugar. Puesto que ha querido que fuese descubierto, preparado estoy para sufrir por su nombre, a fin de tener parte en el reino de los demás santos.

Fuera de sí por esta actitud enérgica, dijo el gobernador:

—Puesto que has escapado hasta hoy a mi vigilancia, y has dado a conocer tu desprecio a los edictos, ocultándote y negándote a sacrificar, serás decapitado.

Inmediatamente se le llevó al lugar de las ejecuciones, y los ministros del demonio le cortaron la cabeza. Era el 23 de febrero. Honor y gloria y reino a Jesucristo nuestro Señor por todos los siglos. Amén.

El martirio de este amable jardinero es uno de los últimos que hizo la persecución de Diocleciano en la parte occidental del Imperio. Los primeros representantes de la tetrarquía empezaban ya a cansarse de sangre inútilmente derramada, y además tenían harto que hacer con ponerse de acuerdo acerca de sus ambiciones y apetitos. El cesar Severo pagaba su rebelión contra los augustos abriéndose las venas; en Roma, Majencio, que veía su trono vacilante todavía, fingía aceptar la religión cristiana para captarse las simpatías de una parte importante del pueblo; en la Galla y en España, Constantino seguía su política tolerante y humana, y Maximiano Hércules, el viejo ambicioso, tras haber derramado tanta sangre, huérfano ahora de sus tesoros y abandonado de sus soldados, arrastraba su púrpura errante, de provincia en provincia, y no pensaba más que en restaurar su poder y en convencer a Diocleciano que saliese de su retiro para salvar su obra amenazada. Pero su antiguo colega le despedía con esta ironía famosa: «No me hablarías así si vieses las coles que hago brotar en mi huerto de Salona.»

miércoles, 22 de febrero de 2023

22 de Febrero 2023 – MIERCOLES DE CENIZA

Día de las Cenizas y principio de la santa Cuaresma: son días de penitencia para la remisión de los pecados y salvación de las almas. Es el tiempo señalado para la subida al monte santo de la Pascua.  

El Miércoles de Ceniza es el primer día de la Cuaresma en los calendarios litúrgicos católico, protestante y anglicano. Se celebra cuarenta días antes del inicio de Semana Santa, es decir, del Domingo de Ramos. La ceniza es elaborada o extraída de los Ramos Benditos de la Semana Santa anterior, es decir, los del Domingo de Ramos, estos se incineran y de ahí sale la Santa Ceniza.

Este día ocurre en diferente fecha cada año, de acuerdo con la fecha móvil de Pascua. Puede acontecer entre el 4 de febrero y el 10 de marzo.

HISTORIA:

Antiguamente los judíos y otros pueblos de Oriente Próximo acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como gesto de arrepentimiento profundo. La Biblia menciona múltiples ocasiones y pueblos que utilizaban la ceniza en significado de duelo.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma solía poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

En los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal. Y aquí surgió un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en día domingo por ser "día de fiesta", la celebración del día del Señor. Entonces, se movió el comienzo de la Cuaresma al miércoles previo al primer sábado del mes.

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo. 

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

“Conviértete y cree en el Evangelio”. 

Miércoles, 22-02-2023 MIÉRCOLES de CENIZA

Reflexión del 22/02/2023

Lecturas del 22/02/2023

Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y liberación para el
Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: «Ten compasión de tu pueblo, Señor no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo.
Hermanos:
Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor.

22 de Febrero - SANTOS NUEVE HERMANOS DE KOLA

La Iglesia Ortodoxa de Georgia celebra nueve santos mártires niños, en el siglo VI en el pueblo de Kola, la fuente del río Mtkvari (Georgia).

Sus nombres son: Guram, Adarnerse, Baqar, Vache, Bardzim, Dachi, Juansher, Ramaz y Parsman.

Eran 9 hermanos georgianos, nacidos en una familia pagana de Kola, pero un día, mientras jugaban junto con los niños cristianos, sonó la campana de la iglesia para la oración, los niños cristianos, dejaron el juego y se encaminaron hacia la iglesia, y los 9 hermanos paganos los siguieron. Al llegar a la puerta del templo, un cristiano que estaba en la entrada, los detuvo y les dijo: “Vosotros sois hijos de paganos y por lo tanto no podéis entrar en la casa de Dios”. Se marcharon cabizbajos y tristes. 

Otro día, de nuevo intentaron entrar por la fuerza en la iglesia, pero nuevamente fueron expulsados: “Si queréis entrar en la iglesia, hay que creer en nuestro Señor Jesucristo y ser bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y añadieron “es necesario recibir la Sagrada Comunión y unirse a la comunidad de creyentes cristianos”. Ellos decidieron recibir el bautismo y esto trajo la alegría de la comunidad cristiana.

El presbítero de la iglesia local, valientemente, sin temor a las represalias paganas, llevó a los niños en una noche fría de invierno y los bautizó en el río helado. Según la leyenda, mientras eran bautizados, el agua fría se puso caliente y una multitud de ángeles se hicieron presentes en la celebración. Muy firmes en su fe, los 9 hermanos, decidieron quedarse en la comunidad cristiana y no regresar con sus padres.

Cuando sus progenitores se enteraron que se habían bautizado en la fe cristiana, fueron a buscarlos y los golpearon e insultaron. Durante 7 días, sin comer ni beber, soportaron heroicamente los maltratos, y permanecieron firmes en la fe, hasta que fueron enterrados vivos en el lugar donde fueron bautizados, allí les arrojaron piedras hasta que los sepultaron con ellas.