viernes, 3 de abril de 2026
Lecturas del 03/04/2026
Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos corno ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién se preocupará de su estirpe?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.
Hermanos:
Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de la fe.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.
Cristo, en efecto, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presento oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que lo obedecen en autor de salvación eterna.
Cronista - En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ - « ¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. - «A Jesús, el Nazareno».
C. Les dijo Jesús:
+ - «Yo soy».
C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ - « ¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. - «A Jesús, el Nazareno».
C. Jesús contestó:
+ - «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos».
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ - «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿lo voy a beber?».
Llevaron a Jesús primero a Anás.
C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta.
Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro:
S. - « ¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?».
C. Él dijo:
S. - «No lo soy».
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
Jesús le contestó:
+ - «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí?
Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. - « ¿Así contestas al sumo sacerdote?».
C. Jesús respondió:
+ - «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy.
C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. - « ¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. - «No lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. - « ¿No te he visto yo en el huerto con él?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.
Mi reino no es de este mundo.
C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. - « ¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. - «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».
C. Pilato les dijo:
S. - «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley».
C. Los judíos le dijeron:
S. - «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. - « ¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús le contestó:
+ - « ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
C. Pilato replicó:
S. - « ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
C. Jesús le contestó:
+ - «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
C. Pilato le dijo:
S. - «Entonces, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+ - «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
C. Pilato le dijo:
«Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. - «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Volvieron a gritar:
S. - «A ese no, a Barrabás».
C. El tal Barrabás era un bandido.
¡Salve, rey de los judíos!
C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. - « ¡Salve, rey de los judíos!».
C. Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. - «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. - «He aquí al hombre».
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. - « ¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. - «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».
C. Los judíos le contestaron:
S. - «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:
S. - « ¿De dónde eres tú?».
C. Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S. - « ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».
C. Jesús le contestó:
+ - «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».
¡Fuera, fuera; crucifícalo!
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. - «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S. - « He aquí a vuestro rey».
C. Ellos gritaron:
S. - « ¡Fuera, fuera; crucifícalo!».
C. Pilato les dijo:
S. - « ¿A vuestro rey voy a crucificar?».
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. - «No tenemos más rey que al César».
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Lo crucificaron, y con él a otros dos
C. Tomaron a Jesús, y cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús.
Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. - «No escribas: "El rey de los judíos", sino: "Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”».
C. Pilato les contestó:
S. - «Lo escrito, escrito está».
Se repartieron mis ropas
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. - «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca».
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.
Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre.
C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+ - «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C. Luego, dijo al discípulo:
+ - «Ahí tienes a tu madre».
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Está cumplido.
C. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+ - «Tengo sed».
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+ - «Está cumplido».
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
Y al punto salió sangre y agua.
C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran, Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».
Envolvieron el cuerpo de Jesús en los lienzos con los aromas.
C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Palabra del Señor.
3 de Abril 2026 – San Sixto I, Papa y Mártir
Acerca de los obispos de Roma en los primeros siglos de la Iglesia es muy poco lo que sabemos aparte de sus nombres. Hay que decir que, en concreto, sobre el papa San Sixto I, la primera noticia de su existencia y pontificado la proporciona San Ireneo que, en su obra Adversus haereses (III, 3), nos da la lista de los sucesores de San Pedro y en ella Sixto ocupa el sexto lugar. Según esa misma lista sucedió al Papa San Alejandro I. El obispo historiador Eusebio de Cesarea, en su Historia eclesiástica (IV, 5), señala que estuvo unos diez años de papa, pudiendo datarse su muerte alrededor del año 128.
Y casi no hay más noticias biográficas de San Sixto, puesto que las proporcionadas por el Liber pontificales no están acreditadas ante la crítica.
Para el Martirologio Romano, en su reseña del 3 de abril, San Sixto I fue papa en tiempos del emperador Adriano y, gobernó egregiamente la Iglesia, y sufrió martirio en tiempos de Antonino Pío. Baronio en la edición original del Martirologio situó a este santo el 6 de abril, y luego en posterior edición del mismo ha sido pasado al día 3. En sus notas Baronio dice que se vean las obras atribuidas a San Sixto en sus Anales eclesiásticos.
Estas obras hoy se consideran legendarias, tales como varias cartas y algunas disposiciones litúrgicas y disciplinares. No se comprueba históricamente su martirio, pudiendo en cambio decirse, sobre la base de lo que dice Ireneo, que ni él ni sus sucesores siguieron la costumbre de los obispos de Asia en lo referente a la celebración de la Pascua, pero sin que se rompiera la comunión con ellos. Se cree que fue romano, hijo de Pastor, de la región de Via Lata.
Y casi no hay más noticias biográficas de San Sixto, puesto que las proporcionadas por el Liber pontificales no están acreditadas ante la crítica.
Para el Martirologio Romano, en su reseña del 3 de abril, San Sixto I fue papa en tiempos del emperador Adriano y, gobernó egregiamente la Iglesia, y sufrió martirio en tiempos de Antonino Pío. Baronio en la edición original del Martirologio situó a este santo el 6 de abril, y luego en posterior edición del mismo ha sido pasado al día 3. En sus notas Baronio dice que se vean las obras atribuidas a San Sixto en sus Anales eclesiásticos.
Estas obras hoy se consideran legendarias, tales como varias cartas y algunas disposiciones litúrgicas y disciplinares. No se comprueba históricamente su martirio, pudiendo en cambio decirse, sobre la base de lo que dice Ireneo, que ni él ni sus sucesores siguieron la costumbre de los obispos de Asia en lo referente a la celebración de la Pascua, pero sin que se rompiera la comunión con ellos. Se cree que fue romano, hijo de Pastor, de la región de Via Lata.
jueves, 2 de abril de 2026
02 de Abril 2026 – Jueves Santo - Última cena del Señor
El jueves Santo se celebra el ritual de la bendición de los aceites santos durante la Misa de la Crisma recordando la última Cena del Dios y empezando así el Triduo San.
En la Iglesia, pero también en la sociedad, una palabra clave de que no tenemos que tener miedo es "solidaridad", saber poner, es decir, a disposición de Dios lo que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque sólo en la división, en el regalo, nuestra vida será fecunda, llevará fruto." El manantial de este regalo por la Iglesia y para cada creyente es el Comedor Eucarístico en el que la comunidad reunida en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu, suele repetir el gesto cumplido por Jesús con la institución del Sacramento del altar.
El mando de Jesús es dirigido a sus discípulos llamados a perpetuar cuánto de él mismo acabado en el cenáculo. Se dilata luego en la señal de la lavanda de los pies, tanto que el mismo Maestro y Dios dice a sus comensales: "Os he dado el ejemplo porque como yo he hecho os hagáis? Así haciendo pone una relación profunda y no divisible entre la eucaristía, sacramento de su oferta sacrificar al Padre por la salvación del mundo y el mandamiento del amor que se traduce en el servicio incondicional, hasta al regalo de la vida, a los hermanos.
De la eucaristía la Iglesia lleva su origen permanente y a la eucaristía ella tiene que hacer vuelta en cada instante de su existencia y su misión porque pueda ser y crecer según el pensamiento y el dibujo de Dios. “La Iglesia ha sido fundada, como comunidad nueva del Pueblo de Dios, en la comunidad apostólica de aquellos doce que, durante la última cena, se han puesto partícipes del cuerpo y de la sangre de lo Señor bajo las especies del pan y el vino. Cristo les dijo: "Tomáis y coméis...", "tomáis y bebéis." Y ellos, cumpliendo este su mando, han entrado, por la primera vez, en comunión sacramental con el Hijo de Dios, comunión que es prenda de vida eterna.
De aquel momento hasta al final de los siglos, la Iglesia se construye a través de la misma comunión con el Hijo de Dios, que es prenda de pascua eterno." La riqueza de este misterio de salvación es recogida sabiamente en una obra de marfil que hace parte de una colección más vasta de tabletas ebúrneas historiadas, muchas de los que ilustran escenas de lo antiguo y del Nuevo Testamento, probablemente constituyentes en su conjunto un paliotto de altar. Hoy son conservadas al Museo S. Matteo de Salerno.
La "mesa" aquí ilustrada es dividida en vertical en dos escenas distinguidas y complementarias. La parte superior es ocupada por el episodio de la multiplicación de los panes y los peces, clara referencia al misterio eucarístico. Jesús está absorto a entregar el pan multiplicado a sus discípulos que a su vez lo distribuyen a la multitud de personas.
La parte inferior es constituida a su vez por dos escenas. Ante todo la última cena, en cuyo podemos ver a Jesús sentado junto a sus discípulos a una mesa puesta con al centro un gran pez, símbolo cristológico y eucarístico, poco antes de anunciar la traición de Judas. En fin hay la lavanda de los pies, allí dónde Jesús, después de haber depuesto el vestido sobre un taburete puesto a sus hombros y después haber ceñido a sí mismo de un secador, lava los pies a Pietro y a los otros discípulos.
Su gesto tiene una fuerte connotación litúrgica y vuelve a llamar de repente lo que, durante la celebración de la Cena Dominas, cumple el sacerdote cuando repite la acción cumplida por Jesús en el cenáculo.
Las dos escenas son informadas estrechamente y sólo celebran uno misterio: "Antes de la fiesta de Pascua Jesús, sabiendo que llegó su hora de ir de este mundo al Padre, después de haber querido los suyos que estaban en el mundo, los quiso hasta al final." Hacia Cristo, el que "el nutre con toda la sangre de su cuerpo y su corazón, bajo el peso de inauditos dolores, prensado como en un trapiche, sólo por la fuerza de su amor infinito" (M. S. Scheeben), se mueve el corazón de la Iglesia al que el Maestro "antes de entregarse a la muerte, confió el nuevo y eterno sacrificio, banquete nupcial de su amor".
En la Iglesia, pero también en la sociedad, una palabra clave de que no tenemos que tener miedo es "solidaridad", saber poner, es decir, a disposición de Dios lo que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque sólo en la división, en el regalo, nuestra vida será fecunda, llevará fruto." El manantial de este regalo por la Iglesia y para cada creyente es el Comedor Eucarístico en el que la comunidad reunida en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu, suele repetir el gesto cumplido por Jesús con la institución del Sacramento del altar.
El mando de Jesús es dirigido a sus discípulos llamados a perpetuar cuánto de él mismo acabado en el cenáculo. Se dilata luego en la señal de la lavanda de los pies, tanto que el mismo Maestro y Dios dice a sus comensales: "Os he dado el ejemplo porque como yo he hecho os hagáis? Así haciendo pone una relación profunda y no divisible entre la eucaristía, sacramento de su oferta sacrificar al Padre por la salvación del mundo y el mandamiento del amor que se traduce en el servicio incondicional, hasta al regalo de la vida, a los hermanos.
De la eucaristía la Iglesia lleva su origen permanente y a la eucaristía ella tiene que hacer vuelta en cada instante de su existencia y su misión porque pueda ser y crecer según el pensamiento y el dibujo de Dios. “La Iglesia ha sido fundada, como comunidad nueva del Pueblo de Dios, en la comunidad apostólica de aquellos doce que, durante la última cena, se han puesto partícipes del cuerpo y de la sangre de lo Señor bajo las especies del pan y el vino. Cristo les dijo: "Tomáis y coméis...", "tomáis y bebéis." Y ellos, cumpliendo este su mando, han entrado, por la primera vez, en comunión sacramental con el Hijo de Dios, comunión que es prenda de vida eterna.
De aquel momento hasta al final de los siglos, la Iglesia se construye a través de la misma comunión con el Hijo de Dios, que es prenda de pascua eterno." La riqueza de este misterio de salvación es recogida sabiamente en una obra de marfil que hace parte de una colección más vasta de tabletas ebúrneas historiadas, muchas de los que ilustran escenas de lo antiguo y del Nuevo Testamento, probablemente constituyentes en su conjunto un paliotto de altar. Hoy son conservadas al Museo S. Matteo de Salerno.
La "mesa" aquí ilustrada es dividida en vertical en dos escenas distinguidas y complementarias. La parte superior es ocupada por el episodio de la multiplicación de los panes y los peces, clara referencia al misterio eucarístico. Jesús está absorto a entregar el pan multiplicado a sus discípulos que a su vez lo distribuyen a la multitud de personas.
La parte inferior es constituida a su vez por dos escenas. Ante todo la última cena, en cuyo podemos ver a Jesús sentado junto a sus discípulos a una mesa puesta con al centro un gran pez, símbolo cristológico y eucarístico, poco antes de anunciar la traición de Judas. En fin hay la lavanda de los pies, allí dónde Jesús, después de haber depuesto el vestido sobre un taburete puesto a sus hombros y después haber ceñido a sí mismo de un secador, lava los pies a Pietro y a los otros discípulos.
Su gesto tiene una fuerte connotación litúrgica y vuelve a llamar de repente lo que, durante la celebración de la Cena Dominas, cumple el sacerdote cuando repite la acción cumplida por Jesús en el cenáculo.
Las dos escenas son informadas estrechamente y sólo celebran uno misterio: "Antes de la fiesta de Pascua Jesús, sabiendo que llegó su hora de ir de este mundo al Padre, después de haber querido los suyos que estaban en el mundo, los quiso hasta al final." Hacia Cristo, el que "el nutre con toda la sangre de su cuerpo y su corazón, bajo el peso de inauditos dolores, prensado como en un trapiche, sólo por la fuerza de su amor infinito" (M. S. Scheeben), se mueve el corazón de la Iglesia al que el Maestro "antes de entregarse a la muerte, confió el nuevo y eterno sacrificio, banquete nupcial de su amor".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






