miércoles, 4 de junio de 2025

Lecturas del 04/06/2025

En aquellos días, dijo Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su propio Hijo.
Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño.
Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí. Por eso, estad alerta: acordaos de que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular.
Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construiros y haceros partícipes de la herencia con todos los santificados. De ninguno he codiciado dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han bastado para cubrir mis necesidades y las de los que están conmigo. Siempre os he enseñado que es trabajando como se debe socorrer a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”». Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y oró con todos. Entonces todos comenzaron a llorar y, echándose al cuello de Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba de lo que había dicho era que no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta la nave.
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para tengan en sí mismos mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno.
No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo para que también ellos sean santificados en la verdad».

Palabra del Señor.

04 de Junio 2025 – Beato Pacífico Ramati de Cerano

Pacífico Ramati nació en la ciudad de Novara, en el Piamonte en el año de 1424. Sus padres murieron cuando era muy joven y quedó al cuidado de los benedictinos en la abadía de Novara.

A la edad de 21 años salió de ahí para tomar el hábito en el convento franciscano de la estricta observancia. Desde el inicio se destacó por su amor a la Virgen, su gran devoción la propagaría en su apostolado y le dedicaría capillas.

Después de su ordenación trabajó como predicador en toda Italia entre los años 1452 y 1471. Escribió un tratado de teología moral titulado "Sometta di Pacifica Concienza" que fue publicado en Milán, en 1475.

Durante mucho tiempo éste fue un modelo del género, ya que simplifica las explicaciones y usa un lenguaje claro. En 1480 se le ordenó el traslado a Cerdeña como Visitador e Inspector General para los conventos de la estricta observancia, así como Nuncio Apostólico, encargado por el Papa Sixto II de proclamar una cruzada contra Mahoma II.

Para este tiempo, el Santo sabía ya que no le quedaba mucho tiempo de vida y apenas había comenzado la cruzada cayó gravemente enfermo. Murió en Sassari, el 4 de junio de 1482.

El cadáver fue llevado a Cerano, donde se construyó una iglesia en su honor.

Fue beatificado en el año 1745.

martes, 3 de junio de 2025

Reflexión del 03/06/2025

Lecturas del 03/06/2025

En aquellos días, Pablo, desde Mileto, envió recado a Éfeso para que vivieran los presbíteros de la Iglesia.
Cuando se presentaron, les dijo: «Vosotros habéis comprobado cómo he procedido con vosotros todo el tiempo que he estado aquí, desde el día en que puse pie en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, con lágrimas y en medio de las pruebas que me sobrevinieron por las maquinaciones de los judíos; como no he omitido por miedo nada de cuanto os pudiera aprovechar predicando y enseñando en público y en privado, dando solemne testimonio a judíos como a griegos, para que se conviertan a Dios y creyeran en nuestro Señor Jesús. Y ahora, mirad, me dirijo a Jerusalén, encadenado por el Espíritu, de ciudad en ciudad, me da testimonio de que me aguardan cadenas y tribulaciones. Pero a mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios.
Y ahora, mirad: sé que ninguno de vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino, volverá a ver mi rostro. Por eso testifico en el día de hoy que estoy limpio de la sangre de todos: pues no tuve miedo de anunciaros enteramente el plan de Dios».
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le dado sobre todo carne, dé la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».

Palabra del Señor.

03 de Junio 2025 – San Carlos Lwanga y compañeros mártires

Los Padres Blancos evangelizaron en África en el siglo XIX. Los primeros conversos instruyeron y guiaron a los más nuevos creciendo la comunidad rápidamente. Inicialmente no había problemas con el rey pero al ver que interfería en su estilo de vida y modo de gobierno comenzaron las represalias.

José Mkasa era el líder de la comunidad católica, quien tenía a su cargo una comunidad de 200 miembros.

El rey mandó a que mataran a José, mientras sus verdugos le amarraban las manos, él les dijo: "Un Cristiano que entrega su vida por Dios no tiene miedo de morir". Lo quemaron el 15 de Noviembre de 1885.

Los cristianos lejos de atemorizarse, continuaron con sus actividades. Carlos Lwanga, favorito del rey, reemplazó a José como jefe de la comunidad cristiana. Sus oraciones lograron que el rey desistiera de las persecuciones por seis meses.

En mayo del año siguiente, estalló la tempestad. Los cristianos fueron capturados y llamados ante el rey. Este les preguntó si tenían la intención de seguir siendo cristianos,"! Hasta la muerte!", respondieron ellos al unísono. El rey ordenó que la ejecución se haga en un lugar llamado Namugongo, a 60 kms de distancia. Uno de los jóvenes era el hijo del verdugo. Éste le rogó para que se escapara, pero no fue aceptada su propuesta. A tres de los jóvenes mártires se les quitó la vida cuando iban por el camino; los restantes fueron encerrados por siete días en la prisión de Namugongo, bajo condiciones infrahumanas.

El 3 de junio de 1886, día de la Ascensión, fueron sacados de la prisión; envueltos en unos juncos y, ordenados en fila, se les prendió fuego. Al hijo del verdugo le dieron un golpe en la cabeza para que no sufriera al ser quemado. Murieron proclamando el nombre de Jesús y diciendo: "Pueden quemar nuestros cuerpos pero no pueden dañar nuestras almas".

Carlos Lwanga (21 años), Andrés Kagwa, y otros veinte jóvenes fueron beatificados el 6 de Junio de 1920 por el Papa Benito XV.

Esto fue lo que escribió para su beatificación: "Quién fue el que primero introdujo en África la fe cristiana se disputa aún; pero consta que ya antes de la misma edad apostólica floreció allí la religión, y Tertuliano nos describe de tal manera la vida pura que los cristianos africanos llevaban, que conmueve el ánimo de sus lectores. Y en verdad que aquella región a ninguna parecía ceder en varones ilustres y en abundancia de mártires. Entre éstos agrada conmemorar los mártires scilitanos, que en Cartago, siendo procónsul Publio Vigellio Saturnino, derramaron su sangre por Cristo, de las preguntas escritas para el juicio, que hoy felizmente se conservan, se deduce con qué constancia, con qué generosa sencillez de ánimo respondieron al procónsul y profesaron su fe. Justo es también recordar los Potamios, Perpetuas, Felicidades, Ciprianos y "muchos hermanos mártires" que las Actas enumeran de manera general, aparte de los mártires aticenses, conocidos también con el nombre de "masas cándidas", o porque fueron quemados con cal viva, como narra Aurelio Prudencio en su himno XIII, o por el fulgor de su causa, como parece opinar Agustín. Pero poco después, primero los herejes, después los vándalos, por último los mahometanos, de tal manera devastaron y asolaron el África cristiana que la que tantos ínclitos héroes ofreciera a Cristo, la que se gloriaba de más de trescientas sedes episcopales y había congregado tantos concilios para defender la fe y la disciplina, ella, perdido el sentido cristiano, se viera privada gradualmente de casi toda su humanidad y volviera a la barbarie."

El 18 de octubre de 1964, el Papa Pablo VI canonizó a los 22 mártires de Uganda.

lunes, 2 de junio de 2025

Reflexión del 02/06/2025

Lecturas del 02/06/2025

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó: « ¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Él les dijo: «Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron: «El bautismo de Juan».
Pablo les dijo: «Juan bautizó con un bautismo de conversión, y diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».
Les contestó Jesús: ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor.

02 de Junio 2025 – Santa María de la Encarnación

María Guayar-Martín, cuarta de siete hermanos, nació en Tours, Francia. Cuando era muy pequeña, tuvo un sueño que la conmovió profundamente. Tenía unos siete años. Una noche, mientras dormía, me pareció estar en el patio de una escuela... De repente, el cielo se abrió y de él salió Nuestro Señor, ¡que venía hacia mí! Cuando Jesús se acercó de mí, extendí los brazos para abrazarle... Y Jesús me abrazó cariñosamente y me dijo: "¿Quieres ser Mía? -- Sí, le respondí...". Este "sí", clave de toda su vida, se repetiría una y otra vez, tanto en los momentos de alegría como en la adversidad.

A los 18 años, sus padres la consideran lista para el matrimonio. María obedeció y se casó con Claudio Martín, un maestro sedero. En 1619, dio a luz a un hijo que se convertiría en Don Claudio Martín. Seis meses más tarde, el Señor la marcó con la cruz de la viudez y sus consecuencias. Para ese entonces, María de la Encarnación se siente fuertemente atraída hacia la vida religiosa, pero reconoce que aún no ha llegado la hora de Dios.

Siguieron varios años muy difíciles. Al servicio de su hermana, María de la Encarnación se convirtió en la esclava de los criados de la casa. En esta penosa situación, la Beata llevó la humildad, la caridad, la paciencia y el olvido de sí misma hasta el heroísmo. En medio de sus más intensas ocupaciones, mantuvo constantemente la presencia de Dios.

A los veintiún años, aunque viviendo en el mundo, hizo los votos de castidad, pobreza y obediencia. En 1625, Dios la agració con una visión de la Santísima Trinidad.

A los treinta y un años, la llamada de Dios a dejarlo todo resuena en el alma de la señora Martín. El 25 de enero de 1631, deja a su anciano padre y, superando el dolor maternal de su corazón, confía su hijo, que aún no tiene doce años, al cuidado de su hermana. Este desprendimiento absoluto, que la convierte en modelo para los padres, fue uno de los actos más heroicos y sublimes de la vida de la Beata María de la Encarnación. «Dios lo quiere, hijo mío -dijo la valiente madre-, y si le amamos, debemos quererlo también nosotros. Es a Él a quien corresponde mandar, y a nosotros obedecer». Con el corazón destrozado, ingresó finalmente en el noviciado de las Ursulinas de Tours.

Ocho años más tarde, a la edad de 40 años, María de la Encarnación se embarca de Dieppe con algunas compañeras rumbo a Canadá. Fue una de las primeras monjas en llegar a América. En aquella época, semejante aventura misionera se consideraba una innovación. El heroísmo era la norma para estas pioneras de la Iglesia de Nueva Francia, que combinaban la vida de clausura con la vida misionera. «Vemos aquí una especie de necesidad de hacerse santo», escribió María de la Encarnación. O mueres o das tu consentimiento".

Aunque tenía más de cuarenta años, estudió las dificilísimas lenguas indígenas y escribió un diccionario algonquino-francés, así como un diccionario y un catecismo iroqués. Su trabajo favorito era enseñar a las niñas indígenas, a las que llamaba «las delicias de su corazón» y «las joyas más hermosas de su corona».

Las enfermedades, humillaciones y persecuciones sufridas incluso por personas de bien, los largos sufrimientos interiores y las cruces de todo tipo que abundaron en la vida de la Beata, demostraron vivamente el espíritu de santidad que reinaba en esta alma totalmente entregada al amor divino. Aunque guiada por el Espíritu Santo a las más altas cumbres de la contemplación, María de la Encarnación nunca dejó de ser una extraordinaria mujer de acción, dotada de un sentido práctico sin igual.

Entregó su hermosa alma a Dios a la edad de 72 años. A través de las diversas vocaciones que la divina Providencia le reservó sucesivamente, esta alma admirable se presenta como un modelo para esposos, padres, apóstoles laicos y religiosos. Apodada con razón la Teresa de Nueva Francia, María de la Encarnación es una de las mayores glorias nacionales de Canadá y una verdadera Madre de la Patria.

Con el decreto de la heroicidad de las virtudes, promulgado el 19 de julio de 1911, el santo Papa Pío X justificó y confirmó la fama de santidad de la que ya gozaba en el momento de su muerte. El 24 de junio de 1976, Gregorio XVII añadió a la ilustre María de la Encarnación a la lista de los beatos.

domingo, 1 de junio de 2025

01 de Junio 2025 – LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Jesús después de la resurrección, en los 40 días que todavía quedó en tierra, confortó a los Apóstoles y con muchas pruebas los convenció de ser realmente resucitado. Los instruyó alrededor del reino de Dios, sobre el modo de gobernar la Iglesia, de administrar los Sacramentos, de salvar las almas. Acercándose el día del adiós: " Es necesario que vaya, dijo, porque si yo no voy, no vendrá el Consolador." Ordenó por lo tanto a los Apóstoles que fueran a Jerusalén de la Galilea.

El momento solemne estaba cercano.

Hizo con ellos el banquete de adiós, durante el que les abrió mejor las mentes, enseñándole como la Sagrada Escritura habla de Cristo, de su pasión, muerte y resurrección. Mandó de predicar el Evangelio, les dio el poder de reponer los pecados y los mandó a anunciar el reino de Dios a todas las gentes.

Acabada su instrucción se encaminó, seguido por los Apóstoles y Discípulos, al monte de la ascensión. Llegado a la cumbre, dio el adiós a su Madre, a las piadosas mujeres, a todos los presentes, y levantando el brazo los bendijo.

Mientras los bendijo, por misma virtud se levantó hacia la majestad de los cielos delante de aquellos ojos que maravillados lo miraron, hasta que la nube lo escondió.

Aquellos judíos todavía estaban arrodillados con los brazos abiertos y con los ojos revueltos al cielo maravillados y compadecidos, cuando compareció un Ángel alegre en rostro y del aspecto majestuoso diciendo: " ¿U hombres de Galilea, que estáis a mirar en cielo? Aquel mismo Jesús que a os fue sacado, volverá en la misma gloria con que subió."

Los Apóstoles a aquel aviso volvieron a Jerusalén comprendiendo las palabras que Jesús dijo: " Voy a preparar un lugar para vosotros. Os mandaré el Consolador."

Hoy la Iglesia celebra una de sus fiestas más bonitas haciendo reflejar a los cristianos cuál sea su patria. Jesús no subió al cielo solo para recibir la corona de la virtud, sino también para preparar un sitio para nosotros. ¡Cristianos, el cielo es nuestra patria, no esta pobre tierra!

¡Levantemos los ojos, contemplamos como es maravilloso aquel cielo! Allá Jesús sube para prepararnos un sitio. Él nos espera: no hacemos caso a las dificultades, sino recordamos que no los holgazanes pero los violentos lo secuestran, es decir los que luchando ganan sí mismos.

El cielo se alcanza combatiendo nuestras pasiones, nuestra carne, la malvada inclinación al mal.

En los momentos en que nos parecerá de ser arrollados por el mal, cuando alrededor de nosotros será oscuro, levantamos los ojos y las manos al Cielo, pidiendo ayuda a El que es la luz que alumbra las tinieblas, a El que es nuestro Rey, nuestro Salvador, nuestro Abogado y nuestro Mediador; él nos liberará.

Domingo, 01-06-2024 ASCENSIÓN del SEÑOR Ciclo C

Reflexión del 01/06/2025

Lecturas del 01/06/2025

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo.
Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejarán de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días». Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?».
Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, y Samaria y “hasta el confín de la tierra”». Dicho esto, la vista de ellos, fue elevada al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».
Hermanos:
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que vino de lo alto».
Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Palabra del Señor.

01 de Junio 2025 – Beato Juan Bautista Scalabrini

Juan Bautista Scalabrini nació y fue bautizado el 8 de julio de 1839 en Fino Monasco (Como, Italia). Era el tercero de ocho hijos de una familia muy religiosa, de clase media. Estudió en el instituto «Volta de Como». Ingresó en el seminario diocesano, donde realizó sus estudios de filosofía y teología. Recibió la ordenación sacerdotal el 30 de mayo de 1863. Durante sus primeros años de sacerdocio fue profesor y luego rector del seminario comasco de San Abundio; en 1870 fue nombrado párroco de San Bartolomé.

Nombrado obispo de Piacenza por el Papa Pío IX, recibió la consagración episcopal el 30 de enero de 1876. Desarrolló una actividad pastoral y social muy amplia: visitó cinco veces las 365 parroquias de la diócesis, a la mitad de las cuales sólo se podía llegar a caballo o a pie; celebró tres sínodos, uno de ellos dedicado al culto eucarístico, difundiendo entre todos los fieles la comunión frecuente y la adoración perpetua; reorganizó los seminarios y reformó los estudios eclesiásticos, anticipando la reforma tomista de León XIII; consagró doscientas iglesias; fue incansable en la administración de los sacramentos y en la predicación; impulsó al pueblo a profesar un amor activo a la Iglesia y al Papa, fomentando la verdad, la unidad y la caridad.

Practicó de forma heroica la caridad asistiendo a enfermos del cólera, visitando a los enfermos y a los encarcelados, socorriendo a los pobres y a las familias en desgracia, y siendo generoso en el perdón. Salvó del hambre a miles de campesinos y obreros, despojándose de todo, vendiendo sus caballos, así como el cáliz y la cruz pectoral que le regaló el Papa Pío IX.

Fundó un instituto para sordomudas, sociedades de mutua ayuda, asociaciones obreras, cajas rurales, cooperativas y otras formas de Acción católica.

Pío IX lo definió «apóstol del catecismo », porque hizo lo posible para que lo enseñaran en todas las parroquias bajo forma de escuela, incluso para los adultos. Ideó y presidió el primer Congreso catequístico nacional de 1889 y fundó el primer periódico catequístico italiano.

Ante el desarrollo dramático de la emigración italiana, que se convirtió en fenómeno de masas, desde el comienzo de su episcopado se hizo apóstol de millones de italianos, que vivían en otros países, a menudo en condiciones de semi-esclavitud, y corrían el peligro de abandonar su fe o la práctica religiosa.

El 28 de noviembre de 1887, fundó la congregación de los Misioneros de San Carlos (Escalabrinianos), aprobada por León XIII, para proporcionar asistencia religiosa, moral, social y legal a los emigrantes. Impulsó a santa Francisca Javier Cabrini, la madre de los emigrantes, a partir rumbo a América en 1889 para encargarse de los niños, los huérfanos y los enfermos italianos. Él mismo fundó, el 25 de octubre de 1895, la congregación de Hermanas Apóstoles del Sagrado Corazón. De sus enseñanzas nacieron en 1961 las Misioneras Seglares Escalabrinianas.

Su intensa actividad episcopal tenía su origen e inspiración profunda en una fe ilimitada en Jesucristo. Su programa era: «Hacerme todo a todos para ganarlos a todos para Cristo». Estaba profundamente enamorado de la Eucaristía: pasaba horas en adoración delante del Santísimo; durante la jornada le hacía muchas visitas y hasta quiso ser sepultado con todo lo necesario para la celebración de la santa misa.

Sentía gran pasión por la cruz y una tierna devoción a la Virgen, que se manifestaba en sus homilías y peregrinaciones a santuarios marianos. Este amor le llevó a entregar las joyas de su madre para la corona de la Virgen.

Falleció el 1 de junio de 1905, fiesta de la Ascensión del Señor. Sus últimas palabras fueron: « ¡Señor, estoy listo Vamos!».