jueves, 3 de marzo de 2022

Reflexión del 03/03/2022

Lecturas del 03/03/2022


Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor.

03 de Marzo – SANTA CUNEGUNDA DE BAMBERG

En el monasterio de Oberkaufungen, en Hesse, santa Cunegunda, que aportó muchos beneficios a la Iglesia junto con su cónyuge, el emperador san Enrique, y que, tras la muerte de éste, abrazó la vida cenobítica en el monasterio donde se había retirado. Al morir, hizo a Cristo heredero de todos sus bienes, y su cuerpo fue colocado junto a los restos de su esposo, en Bamberg.

Hija de Sigfrido, conde de Luxemburgo y de Eduvigis de Alemania. Contrajo matrimonio con san Enrique II de Baviera, emperador de Alemania hacia el 998. Ambos fueron castos toda la vida ya que habían hecho voto de virginidad (la realidad es que el rey era impotente y no podía engendrar). Fueron coronados reyes de Germania en el 1002. Cuando Enrique fue coronado emperador en Roma en 1014 por el papa Benedicto VIII, seguían rivalizando abiertamente entre sí acerca de cuál de los dos podía complacer más a Dios orando, ayudando a los pobres y decorando iglesias. Tanta virtud provocó envidias. Cunegunda fue acusada por los cortesano de infidelidad al rey, y ella para demostrar lo contrario, se sometió al "juicio de Dios" y caminó descalza sobre carbones encendidos (prueba que fue aprobada en 1022 por el concilio de Seligenstandt, para casos de adulterio). 

Junto con su esposo construyó la catedral y el obispado de Bamberg en Franconia. El reinado de Enrique y Cunegunda fue uno de los más felices. Yendo en cierta ocasión a realizar un retiro en Hesse, cayó gravemente enferma, e hizo la promesa de fundar un monasterio si sanaba, en un lugar entonces llamado Capungen, ahora Oberkaufungen, cerca de Cassel, en el land de Hesse, lo que cumplió de manera majestuosa, y lo entregó a las monjas benedictinas. Según parece, la emperatriz tenía una sobrina joven, llamada Judit, a la que profesaba mucho cariño y a la que había educado con gran solicitud. Santa Cunegunda nombró a Judit superiora del nuevo convento, no sin haberle dado antes muchos buenos consejos. Pero la joven abadesa empezó a dar muestras de laxitud y frivolidad, en cuanto se vio libre de la tutela de su tía. Era la primera en acudir al refectorio y la última en llegar a la capilla; y prestaba oídos a toda clase de habladillas y las propagaba. Inútiles resultaron todas las reprensiones de santa Cunegunda: la crisis estalló el día en que la abadesa, en vez de asistir a una procesión dominical, se quedó a pasar el rato con otras religiosas jóvenes. Llena de indignación, santa Cunegunda reprendió ásperamente a la culpable y aun la golpeó. Las marcas de los dedos de la santa quedaron impresas en las mejillas de la abadesa hasta el día de su muerte, y ese milagro no sólo convirtió a la abadesa desobligada, sino que ejerció un efecto saludable sobre toda la comunidad.

En 1024, el día del aniversario de la muerte de su esposo, santa Cunegunda invitó a numerosos prelados a la dedicación de la iglesia que había construido en Kafungen. Después del canto del Evangelio, la santa depositó sobre el altar una reliquia de la cruz de Jerusalén, cambió sus vestiduras imperiales por el hábito religioso y recibió el velo, de manos del obispo de la ciudad. Una vez en religión, pareció olvidar que había sido emperatriz y se consideraba como la última de las monjas, convencida de que eso era, a los ojos de Dios. Nada temía tanto como aquello que pudiera recordarle su antigua dignidad. Oraba y leía mucho, y se dedicaba especialmente a visitar y consolar a los enfermos. Así pasó los últimos años de su vida. Murió el 3 de marzo de 1033 (o 1039). Su cuerpo fue sepultado en Bamberg junto al de su esposo. Fue canonizada el 3 de abril de 1200 por Inocencio III.

miércoles, 2 de marzo de 2022

REFLEXIONES de CUARESMA

 

02 de Marzo 2022 – MIÉRCOLES DE CENIZA - EL SACRAMENTO CUADRAGESIMAL

Es un hecho que en nuestros días la Cuaresma es para algunos objetos de mofa, para muchos un absurdo, y para muchos más todavía un enigma. Incapaces de entrar en el espíritu de la Iglesia, no aciertan a comprender el sentido profundo de esta fase del año litúrgico, que a ellos se les antoja una sombra austera sobre las alegrías del vivir. El hombre animal, decía el Apóstol, no comprende las cosas del Espíritu, porque son una locura para él.

No faltan tampoco quienes se llenan de terror ante la cara escuálida de doña Cuaresma, como decía Juan Ruiz; aunque hay que reconocer que en nuestros días doña Cuaresma no tiene ya el mismo gesto severo y desabrido quien tiempo del Arcipreste de Hita. Estos espíritus pusilánimes tienen seguramente buena voluntad, pero no la suficiente para entrar en este tiempo con generosidad y alegría. Sus ojos miopes no ven más que las austeridades y las renuncias; el mundo maravilloso de ideas y de anhelos que se extiende más allá no existe para ellos. Ese mundo es lo único que puede justificar los ayunos y las penitencias, mundo de realidades y misterios; las alegrías de la vida penitente, que tanto deleitaban a San Pedro de Alcántara; el encanto de la tristeza, según Dios, que recomendaba San Pablo a los corintios; los goces de la luz interior, de que hablaba San Agustín en un sermón pronunciado el Miércoles de Ceniza.

Si la abstinencia fuese el fin de la Cuaresma, pudiera, ciertamente, parecemos larga y pesada; pero un cristiano curioso de Dios, deseoso de entrar en comunicación con su Madre la Iglesia, tiene de su fisonomía otra idea más exacta y atrayente. El conoce aquellos tres maravillosos efectos del ayuno que recuerda el prefacio de las misas cuaresmales: «Vitia comprimis, mentem elevas, virtutem largiris et premia.» Purifica el corazón, extingue las pasiones, sanea la tierra del alma; levanta el espíritu, ennoblece las ideas. Dispone para la contemplación; fecunda el alma, la hermosea con la gracia, hace de ella un huerto rico de flores y de frutos, un paraíso de Dios. Tal es el profundo sentido de lo que la Iglesia llama en su liturgia «el Sacramento cuadragesimal» o, como se dice en una colecta, «el ayuno solemne, instituido saludablemente para curar las almas y los cuerpos». Ayunar con el único objeto de afligir la carne sólo puede ser propio de religiones que, como la de Prisciliano, enseñaban que el cuerpo y todo este mundo de la materia son obra del principio del mal. Se trata de aligerar el cuerpo para que no impida los vuelos del alma, de abrir al espíritu más amplias ventanas hacia lo eterno, de prepararse con un ejercicio intensivo, con cuarenta días de maniobras espirituales, a la celebración de los grandes misterios de nuestra redención. ¡Con que alegría tan íntima contemplarán nuestros ojos purificados los inefables fulgores de la mañana pascual!

Desde el principio de Cuaresma, la liturgia descubre a nuestra vista esa meta gloriosa: «Dies venit, dies tua», dice un himno cuaresmal. «He aqui que se acerca tu día, el día en que todo reflorece.» Para que nosotros reflorezcamos también es preciso «que preparemos un camino real a Cristo triunfador por medio de la fe». Y así la vida recogida del cristiano durante la Cuaresma nos recuerda la vida física en estos días que preceden a la primavera. La savia empieza a renovar los vasos misteriosos de las plantas. Entre las raíces y la tierra se hace la adherencia más íntima, más vital. Pero la naturaleza no se apresura; trabaja en silencio, lentamente, con una prudencia que exaspera a los espíritus deseosos de verla cuanto antes vestida de todo su esplendor. Aunque sea contrariando nuestras impaciencias poco razonables, el hielo vendrá cada mañana para regular el movimiento de la vida que se despierta.

La vida del alma necesita también este trabajo silencioso. Esta escondida adherencia a la fuente de toda la vida. Por eso, toda la liturgia de la Cuaresma tiende a concentrar e intensificar esa fuerza vital, que en eso se parece a los vinos añejos. Es muy fácil ponerse un traje nuevo el día de Pascua, ir a la iglesia y recibir los sacramentos; pero lo es menos apropiarse la gracia pascual, vestirse de la nueva vida de Cristo y convertir el acontecimiento histórico de su Resurrección en una realidad interior. Y, sin embargo, sólo así viviremos una nueva primavera de nuestra existencia espiritual. Después que la fe y el amor hayan extendido sus raíces a través de nuestro ser, sentiremos la explosión de la savia que brota incoercible, y entonces, «nuevos por el perdón—dice un himno de este tiempo—, cantaremos un cántico nuevo».

Esta vivencia íntima, este programa de reflexión religiosa, nos salen al paso en los textos litúrgicos desde el principio de la Cuaresma. La comunión del Miércoles de Ceniza nos lo exige como una condición necesaria para que la semilla germine en nuestro interior. El que meditare en la Ley del Señor noche y día, ése dará fruto a su tiempo. La colecta del mismo día nos indica que para que esa meditación sea provechosa, debemos vivir en la atmósfera de una «devoción segura». La tranquilidad, la quietud nos ayudarán a profundizar en nuestro pensamiento religioso. En el alma, como en un estanque, no se verá el fondo si la superficie está en movimiento. Debemos retirarnos al fondo de nuestro ser, como la araña al centro de su tela; y allí, como dice un himno, beber alegres la embriaguez sobria del espíritu. En el sosiego activo del castillo interior, limpiaremos nuestra alma, y aparecerá en ella la imagen de Dios; como aparece la efigie de una moneda antigua quitando el polvo que la ocultaba.

Miércoles, 02-03-2022 MIÉRCOLES de CENIZA Ciclo C

 

Reflexión del 02/03/2022

Lecturas del 02/03/2022


Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y liberación para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: «Ten compasión de tu pueblo, Señor no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdone a su pueblo.


Hermanos:
Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecad, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: - «En tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará ».

Palabra del Señor.

02 de Marzo – BEATO CARLOS "el Bueno"

En Brujas, en Flandes, beato Carlos Bono, mártir, que, siendo príncipe de Dinamarca y después conde de Flandes, se mostró paladín de la justicia y defensor de los pobres, hasta que fue asesinado por unos soldados a los que buscaba en vano inducir a la paz.

Era hijo de san Canuto IV, rey de Dinamarca y de Adela. Fue educado en la corte de su abuelo y de su tío Roberto II. Carlos sabía leer y escribir, y probablemente recibió una esmerada formación literaria. Fue primer consejero del conde de Flandes Balduino VII. Fue a la II Cruzada y a su vuelta en 1119, sucedió a Balduino VII, como conde de Flandes. Se casó hacia el 1118 con Margarita, hija del conde de Clermont, matrimonio que no tuvo descendencia. 

Impuso la Tregua de Dios y prohibió el mercado negro en una época de hambre, por ello se ganó amigos entre los humildes y enemigos entre los poderosos, que veían sus influencias y riquezas mermadas. Cuando alguien le reprochaba apoyar injustamente la causa de los pobres contra los ricos, respondía: «Eso se debe a que conozco muy bien las necesidades de los pobres y el orgullo de los ricos». Tenía tal horror a la blasfemia, que condenaba a ayunar a pan y agua, durante cuarenta días, a los miembros de su corte a quienes sorprendía jurando por el nombre de Dios. Una de sus leyes más sabias fue la de prohibir que se sacase a los hijos de la casa paterna, sin consentimiento de sus padres. Y se mostró tan severo con quienes oprimían a los pobres, que estos empezaron a gozar de una paz y una seguridad hasta entonces desconocidas para ellos.

Partidario de la paz y el orden y la justicia, sin importarle quienes eran los infractores de las leyes, juzgó a todos por igual, y de ahí le vino el apelativo de “el Bueno”, que le otorgó el pueblo. Pero aquella tranquilidad se turbó en agosto de 1124, a causa de un eclipse que los supersticiosos consideraron como un augurio de grandes calamidades, así como por la terrible hambre del año siguiente, a raíz de un invierno excepcionalmente largo y frío.

Carlos daba de comer diariamente a cien pobres en su castillo de Brujas y en cada uno de sus otros palacios. Sólo en Yprés distribuyó en un solo día 7.800 kilos de pan. Reprendió ásperamente a los habitantes de Gante que dejaban morir de hambre a los pobres delante de sus puertas y prohibió la fabricación de cerveza para que todo el grano se emplease en hacer pan. Igualmente mandó matar a todos los perros y fijó el precio del vino. Completó su obra con un decreto para que en las tres cuartas partes del terreno laborable se sembraran cereales y, en el cuarto restante, legumbres de crecimiento rápido. En 1123 le ofrecieron la corona de Jerusalén, la que rechazó; dos años más tarde rehusó a presentar su candidatura a la corona del imperio. 

Al tener noticia de que ciertos nobles habían comprado grano para almacenarlo y venderlo más tarde a precios exorbitantes, Carlos y su tesorero, Tancmaro, les obligaron a revenderlo inmediatamente a precios razonables. Esto enfureció a los especuladores, quienes, capitaneados por Lamberto y su hermano Bertulfo, deán de San Donaciano de Brujas, tramaron una conspiración para asesinar al conde. Entre los conspiradores se hallaban un magistrado de Brujas, llamado Erembaldo y sus hijos, quienes querían vengarse de Carlos, porque este había reprimido sus violencias. El conde acostumbraba ir todas las mañanas, descalzo, a la iglesia de San Donaciano, para orar antes de la misa. Un día, cuando iba a cumplir con su devoción, le avisaron que los conspiradores tramaban un atentado contra su vida. Carlos replicó tranquilamente: «Vivimos siempre en medio del peligro, pero estamos en manos de Dios; si tal es Su voluntad, no hay causa más noble que la de la verdad y la justicia para dar la vida por ella». Cuando estaba recitando el «Miserere» ante el altar de Nuestra Señora, los conspiradores cayeron sobre él; uno le arrancó un brazo y Borchardo, el sobrino de Bertulfo, le cortó la cabeza.

Las reliquias del mártir se conservan en la catedral de Brujas, donde se celebra su fiesta con gran solemnidad. Su culto fue confirmado el 4 de febrero de 1882 por León XIII. 

martes, 1 de marzo de 2022

Calendario de CUARESMA 2022

 

CUARESMA 2022

 

Reflexión del 01/03/2022

 

Lecturas del 01/03/2022



Queridos hermanos:
Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación. Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.
Son cosas que los ángeles desean contemplar.
Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.
Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santos».


En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más - casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones -, y en la edad futura, vida eterna.
Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor.

 

01 de Marzo - SANTA INÉS CAO KUIYING

En la ciudad de Xilinxian, en la provincia china de Guangxi, santa Inés Cao Kuiying, mártir, la cual, casada con un marido violento, tras la muerte de éste se entregó con mandato del obispo a la enseñanza de la doctrina cristiana, por cuyo motivo, después de ser recluida en una cárcel y sufrir crudelísimos tormentos, confiando siempre en el Señor pasó a los festines eternos.

Nació en la aldea de Wujiazhai en la provincia de Guizhou, China, en el seno de una antigua familia cristiana, se quedó huérfana en la adolescencia y fue acogida en el orfanato católico. Luego se fue a trabajar a la ciudad de Xingyi, donde conoció a una mujer católica que le permitió vivir en su casa. Allí conoció al obispo Bai, que la entusiasmó con la profundización de la fe en la parroquia local, en lo que hizo rápidos progresos.

Muy joven se casó con Yuan, que la maltrató sin conciencia, varias veces al hecho de casa, se opuso a que practicase su religión y le negó lo más necesario para vivir, lo que obligo a la desgraciada joven a trabajar horas y horas en otras casas para poder sobrevivir. Sin embargo todo lo sobrellevó con admirable paciencia. Cuando su marido se puso enfermo ella lo atendió con gran dedicación hasta su muerte. 

Una vez viuda, los parientes de su marido no la quisieron recibir, así que una viuda católica, mujer también versada en el conocimiento de las Escrituras y de las enseñanzas de la Iglesia, la acogió en su casa, y junto a ella Inés realizó grandes y rápidos progresos espirituales.

Un día, cuando san Agustín Chapdelaine estaba en la casa de visita, descubrió lo bien que conocía Inés la fe y la invitó a hacerse cargo de un trabajo misionero en Guangxi: enseñar el catecismo a unas 30-40 familias del lugar. En el invierno de 1852 se trasladó a la ciudad de Baijiazhai en Xilan, lugar del que hizo su "cuartel general". Enseñaba catecismo de un lugar a otro, así como también a cocinar y llevar una casa, y durante su tiempo libre, realizaba trabajos de niñera.

Cuando ella estaba ayudando en Yaoshan, en 1856, fue acusada de ser cristiana  y fue detenida junto con otros muchos; los demás fueron puestos enseguida en libertad pero ella no, fue mantenida en prisión. El magistrado del lugar utilizó primero la táctica de seducirla con palabras bonitas para conseguir que negara la fe, y a pesar de las torturas que la aplicaron, no apostató. Sufrió la “tortura de la jaula”, que la obligó a estar tres días seguidos de pie, sin poder sentarse. Cuando agotada por esta tortura sufrió otras, no resistió más y murió en Sy-Lin-Hien. Oraba: "¡Dios, ten misericordia de mí, Jesús, sálvame!" Luego, el 1 de marzo, gritó con fuerte voz: "¡Dios mío, ayúdame!", y expiró.

El papa León XIII la proclamó beata el 27 de mayo de 1900, y el papa Juan Pablo II la canonizó el 1 de octubre de 2000. Tiene una parroquia de la comunidad china dedicada a su nombre en Canadá.