viernes, 10 de julio de 2020

Lecturas


Esto dice el Señor: «Vuelve, Israel, el Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta.
Tomad vuestras promesas con vosotros y volved al Señor.
Decidle: «Tú quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con nuestra confesión: Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya “nuestro Dios” a la obra de nuestras manos. En ti el huérfano encuentra compasión».
«Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos. Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano.
Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo y su perfume como el del Líbano.
Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como el del vino del Líbano.
Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos? Yo soy quien le responde y lo vigila. Yo voy como un abeto siempre verde, de mí procede tus fruto».
¿Quién será sabio para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.

Beatos Francisco, Abdel Moti y Rafael Masabki


Según consta en el Directorio Santoral Franciscano, el 10 de Julio, se recuerda a 8 frailes franciscanos y 3 católicos maronitas seglares, de la familia Masabki,- que fueron martirizados en Damasco en 1860.

El año 1860 es un período impreso en la mente de todos los cristianos y no cristianos de Siria y del Líbano, pues en ella se perpetraron crímenes que, si bien no son los únicos, fueron los más sangrientos de los cometidos bajo el Imperio Otomano. Los cristianos en este tiempo, una vez más, fueron el blanco del extremismo y de la impiedad. Muchos de estos hombres fueron masacrados en Damasco y en el Líbano por los agentes de la autoridad turca con el propósito de amedrentar a los creyentes y subrogarlos al régimen imperante. Grupos de extremistas y fundamentalistas religiosos recorrían las calles invadiendo las casas de los cristianos para obligarles a renunciar a sus creencias y usurparles sus bienes.

En la noche del 9 al 10 de Julio de 1860, llegó a su apogeo la matanza de cristianos que los drusos y los turcos realizaron en toda Siria. Damasco, sobre todo, fue testigo del asesinato de cientos de personas víctimas del furor anticristiano.

Los tres hermanos Masabki, Francisco, Abdel Moti y Rafael, pertenecían a una familia maronita muy conocida en Siria. Uno de ellos era profesor en la Escuela de los Padres Franciscanos, los otros dos eran comerciantes; habían acudido al convento en busca de asilo y protección.

Cuando oyeron arreciar los golpes en las puertas del Convento, se reunieron en la iglesia haciendo oración para que Jesús no los abandonara. El padre Manuel Ruiz, superior de la comunidad, para evitar toda profanación protegió el Santísimo Sacramento, porque los turcos invadían el sagrado recinto. “¡Hazte musulmán o mueres!” le dijo un soldado; y él respondió con fortaleza: “Mil veces antes la muerte”. Colocó su cabeza sobre el altar y se consumó el primer sacrificio.

Mientras los tres hermanos se encontraban rezando ante la imagen de la Madre Dolorosa, uno de los jefes anarquistas preguntó por los Masabki. Francisco se dio a conocer, inquiriendo qué querían de ellos. El jefe insitó a que toda la familia Masabki abjurara de su fe y se convertirse al islam. Frente a este planteo Francisco le contestó: “Señor hemos nacido cristianos y queremos morir cristianos”, mirando a sus hermanos, les alentó a no temer y a confesar su fe. Todos respondieron ratificando su fe cristiana, afirmando que también deseaban morir en esa condición. Inmediatamente se recrudeció la violencia y los tres hermanos fueron brutalmente asesinados junto a los frailes franciscanos el 10 de Julio de 1864. A todos ellos, once en total, los beatificó Pío XI el 10 de octubre de 1926.

jueves, 9 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


«Cuando Israel era joven lo amé y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí: sacrificaban a los baales, ofrecían incienso a los ídolos.
Pero era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba.
Con lazos humanos los atraje con vínculos de amor.
Fui para ellos como como quien un niño hasta sus mejillas.
Me incliné hacia él para darle de comer.
Mi corazón, está perturbado, se conmueven las entrañas.
No actuaré en el ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, porque yo soy Dios, y no hombre; santo en medio de vosotros, y no me dejo llevar por la ira».

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «ld y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella.
Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no os escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquella ciudad».

Palabra del Señor.

Beata Juana Scopelli


En Reggio, de la Emilia, beata Juana Scopelli, virgen, de la Orden Carmelitana, que, con los donativos recibidos de sus conciudadanos, fundó un monasterio y con su oración consiguió proporcionar pan a sus hermanas en el refectorio.

Nació Reggio Emilia en el seno de una familia profundamente cristiana. Sus padres dieron a sus tres hijos una ferviente educación cristiana. Juana ayudó a sus hermanas para que afrontaran el matrimonio con auténtico espíritu cristiano. Se sentía gozosa de ayudar y servir a su familia. Se desvivió en atenderles y ayudarles en todas sus necesidades aunque careciera de tiempo para sí misma.

Se enteró de la existencia de jóvenes que, bajo la regla carmelitana, vivían encerradas en su casa, como si fuera un monasterio, sin vivir para ello en la vida claustral. Juana, con el permiso de sus padres, se entregó de lleno, siempre que la obligación no la llamaba a otra cosa, a su nueva vida: vida de oración, lectura de la Biblia y penitencia corporal (según la costumbre de la época). Pronto su ejemplo cundió, y una buena señora le ofreció su misma casa para que, juntamente con ella y sus dos hijas, formaran una especie de familia religiosa con la única finalidad de vivir íntegramente la vida cristiana y, si era necesario, también la caridad hacia el prójimo. Vivieron juntas desde 1480 a 1484.

Aquella comunidad fue creciendo y aquella casa no daba abasto. Juana pidió la iglesia de San Bernardo, propiedad de los hermanos Humillados, con el fin de fundar un monasterio y así vivir en mayor consonancia con sus deseos de entrega a Dios y a María, en 1485 comenzó el nuevo monasterio, que cambió el nombre de San Bernardo por el de Santa María del Popolo (después llamado “Le Bianche”). Desde un principio intentó agregarse a las carmelitas pues le atraía especialmente su gran amor a María y por su entrega a la vida de oración. En su tiempo florecía en la orden carmelitana una reforma que llegó a producir muchos frutos de santidad; se llamaba la "congregación Mantuana". A ella perteneció el nuevo monasterio que fundó Juana. Para sustentar el convento rechazó la dote, solamente admitía aquellas aportaciones nacidas de la caridad de sus vecinos, ya sea como ofrenda o como limosna. Sus paisanos se volcaron en esta nueva reforma. Fue priora y vivió una gran ascesis en la oración, que fue dedicada a sus vecinos que tanto la habían ayudado. Su culto fue confirmado en 1771.

miércoles, 8 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Una viña arrasada es Israel, el fruto es como ella.
Por la abundancia de sus frutos, multiplicó sus altares.
Cuanto más rica era su tierra, más adornaban sus estelas.
Su corazón es inconstante, así pues pagarán.
Él mismo hará pedazos sus altares, demolerá sus estelas.
Entonces dirán: «no tenemos rey, porque no tuvimos temor del Señor..., y el rey ¿qué haría por nosotros?».
Ha desaparecido el rey de Samaria, como una rama de la superficie del agua.
Serán destruidos los altozanos de los Iniquidad, ¡pecado de Israel!
Espino y maleza crecerán sobre sus altares.
Dirán a las montañas: «Cubridnos», y a las colinas: «Caed sobre nosotros».
Sembrad con justicia, recoged con amor.
Poned al trabajo un terreno virgen. Es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y haga llover sobre vosotros la justicia.

En aquel tiempo, Jesús, llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».

Palabra del Señor.

Beato Pedro Vigne


En Rencurel, Francia, beato Pedro Vigne, presbítero, fundador de la congregación de las «Hermanas del Santísimo Sacramento».

Nació en Privas (Vivarés) en el seno de una familia de comerciantes de textiles, (algún autor afirma que la familia era calvinista, pero parece que no es cierto, muy al contrario la familia era católica). Recibió una educación de un buen nivel, y al final de su adolescencia su vida se transformó con la toma de conciencia de Cristo presente en la Eucaristía. 

En 1690 ingresó en el seminario sulpiciano de Viviers. Fue ordenado sacerdote en 1694, en Bourg Saint Andéol, y fue destinado como coadjutor a Saint Agréve. Durante seis años ejerció su ministerio sacerdotal en amistad con el párroco y en cercanía con los feligreses.

Buscando la voluntad de Dios sobre su vida, se sintió llamado a vivir otra cosa. Su deseo de hacerse misionero entre la gente sencilla ingresó en la Congregación de los Lazaristas, en Lyon, en 1700. Alli recibió una sólida formación a la pobreza y a las misiones populares y empezó a recorrer pueblos y ciudades con sus compañeros para evangelizar al pueblo cristiano. En 1706 abandonó la Congregación de forma voluntaria. 

Después de un breve período de búsqueda, su vocación encontró su camino como misionero itinerante, aplicando su propio método pastoral a la vez que sometió siempre su ministerio a la autorización de sus superiores jerárquicos. Incansablemente, y durante más de 30 años, recorrió los caminos de Vivarais, del Dauphine y más aún, enseñando el catecismo, predicando, impartiendo los sacramentos, enseñando siempre la misericordia de Dios. 

En el transcurso de una de sus misiones, en 1712, llegó a Boucieu le Roi, donde construyó un viacrucis por todo el pueblo y aquí fundó en 1715 con Margarita de Noziéres la Congregación de Hermanas del Santísimo Sacramento dedicadas a la educación y a la promoción y adoración de la Eucaristía. En Lyon se sintió atraido por la espiritualidad eucarística de los Sacerdotes del Santísimo Sacramento y fue admitido como cofrade. La Eucaristía fue el sentido de su vida. Murió en Rencurel en el transcurso de una misión a causa del cansancio. Está enterrado en la iglesia de Bucieu. Fue beatificado el 3 de octubre de 2004.

martes, 7 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Esto dice el Señor: «Han constituido reyes en Israel, sin contar conmigo, autoridades, y yo no sabía nada.
Con su plata y con su oro se hicieron ídolos para establecer pactos.
¡Tú becerro te ha rechazado, Samaria!
Mi ira se inflamó contra ellos.
¿Hasta cuándo serán culpables de la suerte de Israel?
¡Un artesano lo ha hecho, pero eso no es un Dios!
Sí, terminará hecho pedazos, el becerro de Samaría.
Puesto que siembran viento, cosecharán tempestades; “espiga sin brote no produce harina”.
Tal vez la produzca, pero la devorarán extranjeros.
Efraín multiplicó los altares de pecado, y fueron para él altares de pecado.
Para él escribo todos mis preceptos, son considerados cosa de otros.
¡Sacrificios de carne asada!
Sacrificaron la carne y se la comieron.
El Señor no los acepta.
Tiene presente su perversión y castiga sus pecados: Deberán retornar a Egipto».

En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló.
La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Palabra del Señor.

Beato Carlos Liviero


En Fano, Italia, beato Carlos Liviero, obispo de Città di Castello y fundador de la congregación de las Pequeñas Esclavas del Sagrado Corazón.

Nació en Vicenza (Italia). Tras estudiar en el seminario de Padua. Fue ordenado sacerdote en 1888. Desde 1889 desempeñó su ministerio en Gallio, provincia de Vicenza y diócesis de Padua. Allí manifestó desde el inicio el celo pastoral que lo caracterizaría durante toda su vida. Veía las necesidades espirituales y materiales de sus fieles y se dedicó sin descanso a la evangelización y a la promoción humana. Se entregó con pasión a la predicación, a la catequesis y a la administración de los sacramentos.

En Gallio (Vicenza), donde no existían asociaciones católicas, don Carlos trabajó por mejorar las condiciones de vida de la población mediante diversas instituciones: establecimientos para niños pobres, asilos de ancianos, cajas rurales, almacenes de cooperativas, obras parroquiales, sociedades católicas obreras y agrícolas... Formó un grupo de muchachas para animar las diversas obras, alimentando el proyecto de iniciar con ellas una nueva congregación religiosa, pero no consiguió la aprobación del obispo de la diócesis. 

En 1899 fue nombrado arcipreste de Agna, una zona de Padua en la que vivía gente muy pobre y explotada por latifundistas sin escrúpulos. Allí puso a disposición de los pobres todo lo que tenía. Promovió también las numerosas obras que había puesto en marcha en Gallio, así como otras obras de carácter formativo: círculo de jóvenes, asociación de madres cristianas, Tercera Orden de San Francisco, Pía sociedad de San José, Congregación del Santísimo Sacramento, Hijas de María... Así, en diez años de trabajo en Agna, obtuvo excelentes resultados en la renovación de la vida cristiana de la población. 

En 1910 fue nombrado obispo de Città di Castello. Prestó atención al clero; convocó inmediatamente dos tandas de ejercicios espirituales. Contaba mucho con la colaboración de sus sacerdotes. Los impulsaba continuamente a ser hombres de oración y celosos en el anuncio del Evangelio. Prestó atención especial a la juventud, en la que veía la esperanza de una renovación de la vida cristiana. Entre los jóvenes que siguió personalmente surgieron numerosas vocaciones al sacerdocio. Sostuvo y promovió la Acción católica. Realizó cinco visitas pastorales, recorriendo incluso las parroquias más lejanas, situadas en colinas o en los montes Apeninos. Se preocupaba mucho de que se promoviera la participación en los sacramentos, en el catecismo y en las asociaciones católicas. También cuidaba las condiciones de los templos y la dignidad del culto. Su contacto continuo con el pueblo le permitía conocer bien los peligros para la fe y las costumbres, especialmente de la juventud. 

Se opuso con dignidad a los ataques anticlericales y realizó una intensa labor social. Puso en marcha; un boletín interdiocesano, una librería católica, la Escuela tipográfica del Sagrado Corazón, una escuela primaria masculina, una pensión para estudiantes, una sala de cine, el hospicio del Sagrado Corazón, y la fundación la Congregación de la Pequeñas Esclavas del Sagrado Corazón (1917). 

Dos momentos destacados de su episcopado fueron: el congreso eucarístico diocesano de 1927, con ocasión del II centenario de la muerte de santa Verónica Giuliani; y el Sínodo diocesano de 1928, celebrado para renovar la legislación diocesana dándole un sentido más pastoral. Murió en el hospital de Fano, a consecuencia de un accidente de carretera.

Fue beatificado por SS Benedicto XVI el 27 de mayo de 2007. Su Memoria Litúrgica se celebra el 30 de mayo (día de su bautismo en 1866), como dispuso el papa Benedicto XVI en el decreto de beatificación. La liturgia tiene el grado de Memoria Facultativa en la diócesis de Città di Castello y el grado de Fiesta en las casas casa de la Congregación de las Pequeñas Esclavas del Sagrado Corazón.

lunes, 6 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Esto dice el Señor: «Yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón.
Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto.
Aquel día - oráculo del Señor -, me llamarás “esposo mío”, y ya no me llamarás “mi amo”.
Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura, me desposaré contigo en fidelidad y conocerás al Señor».

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y, al verla, le dijo: « ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado».
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: « ¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».
Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se levantó.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Palabra del Señor.

Beata María Teresa Ledóchowska


En Roma, beata María Teresa Ledochowska, virgen, que se entregó totalmente al cuidado de los africanos oprimidos y fundó el Instituto de San Pedro Claver.

Nació en Loosdorf (Austria) en el seno de una noble familia. Era hermana de la beata Úrsula Ledóchowska, fundadora de las Hermanas Ursulinas del Sagrado Corazón Agonizante y su hermano fue Prepósito general de los jesuitas. Ella ostentó el título de condesa y fue dama de honor de la Corte del Gran Duque Fernando y la Gran Duquesa Alicia. En 1888 conoció al Cardenal Lavigèrie, arzobispo de Argel. Desde entonces se dedicó a luchar contra la esclavitud en África. En 1889, influida por Lavigèrie, fundó la revista "El Eco de África" y organizó una imprenta para editar publicaciones religiosas misioneras. Durante años combinó sus seductoras actividades con escritos en contra de la esclavitud. Finalmente, en el año 1891, cuando su deseo de escribir acerca de las misiones africanas comenzó a usurpar una mayor porción de su tiempo, pidió ser liberada de la Corte. Renuentemente, la familia real, aceptó. María escribió: "Ofrecida la Sagrada Comunión para el nuevo modo de vida. Muy feliz y serena... abandono el tabaco".

En 1894 León XIII la recibió en audiencia y bendijo su idea de fundar un Instituto misionero para luchar contra la esclavitud en África. Se entregó de lleno a la obra. Concibió un núcleo de Hermanas consagradas, otro de miembros externos con promesa de servicio a las misiones de África y otro de celadores dispuestos a colaborar en todo lo que la obra de las misiones precisase. Reclutó adeptas en Viena, en Estalingrado y en diversos lugares. Gastó sus débiles fuerzas animando a las gentes de la sociedad de su tiempo en que cooperasen activamente en pro de la evangelización de África. Su mensaje entusiasta cautivaba a las personas que la escuchaban. En 1901 cayó enferma y hubo de trasladarse a Roma, a la casa adquirida como sede central del Instituto. Su vida quedó ya centrada en dirigir las obras misionales que iban surgiendo. Fundó las Misioneras de San Pedro Claver (Hermanas Claverianas) para la redención de los esclavos y las misiones africanas y fue conocida como "madre África".

En 1908 el "Eco de África" salía ya en nueve idiomas. Publicó también "II Fanciullo negro", en varios idiomas. En 1909 inició el "Almanaque" misionero. Prácticamente circulaban por toda Europa. El Instituto se hacía cada vez más internacional y la Fundadora animaba las diversas actividades para promover el amor a las misiones y para recoger donativos. Falleció, después de una breve enfermedad.