domingo, 5 de julio de 2020

Domingo, 05-07-2020 14º Tiempo Ordinario Ciclo A

Lecturas


Esto dice el Señor: « ¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén!
Mira que viene tu rey justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín, y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos.
Su dominio irá de mar a mar, desde el Río hasta los extremos del país».

Hermanos: Vosotros no estáis sujetos en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.

San Antonio María Zaccaría


San Antonio María Zaccaria, presbítero, fundador de la Orden de Clérigos Regulares de San Pablo o «Barnabitas», para renovar las costumbres de los fieles cristianos, y que en Cremona, en Lombardía, voló al encuentro del Salvador.

Nació en Cremona. Su padre, Lázaro Sacaría, descendía de una noble familia genovesa. Fue educado en la fe por su madre, Antonieta Pescaroli, que había quedado viuda con sólo 18 años, y que había rechazado las segundas nupcias para dedicarse a su hijo único. En su juventud hizo voto de celibato y luego renunció a los bienes paternos en favor de su madre; estudió con 15 años, Filosofía en Pavía y, por indicación de su madre, Medicina en Padua. Aquí tuvo como amigo a Serafín de Fermo, famoso canónigo lateranense. Volvió en 1524 a Cremona como médico para dedicarse así al servicio de los enfermos, ejerció la medicina durante cuatro años y en el tiempo libre se dedicó al apostolado catequético en la iglesia de San Vital. Aquí nació un grupo de amigos para la difusión del Evangelio.

Cuando vio las enfermedades de las almas en aquellos tiempos del paganismo renacentista y del protestantismo, su director espiritual, el dominico fray Bautista de Cremona, le aconsejó que estudiase Teología y se le ordenó sacerdote a los 26 años (1528) en la iglesia de San Vital, teniendo ya un beneficio en la iglesia de San Jorge. Dedicado por entero a su ministerio sacerdotal, comenzó a juntar en torno a sí a seglares deseosos de más intensa vida cristiana. Fue a Milán en 1530 en el séquito de la condesa Luisa Torelli, de la que fue capellán; y allí encontró la sociedad de la "Eterna Sabiduría" que ocupaba el centro de la religiosidad milanesa pretridentina, y junto con otros dos compañeros laicos: Bartolomé Ferrari y Antonio Moriglia, fundó, en el mismo año, un movimiento renovador que culminaría en Trento: la nueva congregación de la Orden de Clérigos Regulares de San Pablo (Barnabitas) en el convento de San Bernabé de Milán. La congregación fue reconocida por Clemente VII en 1533, y tenía por finalidad la promoción de la reforma del clero y de los laicos. Fundó junto con la condesa de Guatalla, Luisa Torelli, la congregación femenina colateral, llamada de las Angélicas de San Pablo Convertido, que tenía por finalidad la reforma de todos los monasterios femeninos, bajo la regla de san Agustín, y aprobada por Pablo III e 1535; fueron las primeras monjas autorizadas para salir de la clausura y realizar su apostolado entre las mujeres. También fundó una institución para laicos casados, llamada los Laicos de San Pablo, cuyo fin era reformar la sociedad, santificar los matrimonios y elevar espiritualidad de las familias. 

Las constituciones de la congregación masculina fueron formuladas definitivamente en 1579 y revisadas por san Carlos Borromeo, tras varias tentativas para no anexionarla a los jesuitas o al Oratorio de san Felipe Neri. Antonio no quiso fundar una congregación ni de monjes ni de religiosos, sino de apóstoles (a modo de san Pablo) destinados a predicar y administrar los sacramentos, con la pretensión de contrarrestar a la propaganda luterana. Supo superar con valentía las incomprensiones y persecuciones, hasta ser rehabilitado después de dos procesos incoados contra él (1534-1537), que acompañaron los primeros pasos del Instituto. Las críticas le llevaron a decir “Deberíamos amar y sentir compasión por quienes se nos oponen, dado que se dañan a sí mismos y a nosotros nos hacen bien…”. Molestaba sus penitencias públicas, y sobre todo que fueran hechas por hijos de nobles. No faltaron algunas absurdas insinuaciones de falsa piedad, superstición y herejía de la que se tachaba de doctrina de fray Bautista de Cremona al que seguían.

En 1537, el cardenal de Milán, Ridolfi, lo envió en misión reformadora a los monasterios, cárceles y hospitales de Vicenza, donde reformó el monasterio de las Arrepentidas de Santa María Magdalena, el de las benedictinas de San Silvestre. 

A Zaccaría se le puede considerar como el precursor de san Carlos en la reforma católica. Cuando Carlos Borromeo entró en Milán en 1569, encontró ya a los barnabitas en plena actividad desde hacia años. Decía: "Es propio de los grandes de corazón, querer servir sin recompensa, combatir sin dinero y seguridad". "Avanzad siempre. Aspirar a lo más perfecto". "Consagrad todo vuestro tiempo libre a entreteneros con el crucifijo. Hablad a Jesús en la cruz de todo lo que os pasa, y pedirle consejo, para vosotros y para los otros". También Antonio será conocido como el gran apóstol de la comunión frecuente y de las 40 horas eucarísticas de adoración. Murió a los 37 años en Cremona, entre los brazos de su madre. Fue canonizado el 27 de mayo de 1897 por el Papa León XIII.

sábado, 4 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Esto dice el Señor: «Aquel día, levantaré la cabaña caída de David, repararé sus brechas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré como antaño, para que posean el resto de Edón y todas las naciones sobre las cuales fue invocado mi nombre - oráculo del Señor que hace todo esto -.
Vienen días - oráculo del Señor - cuando se encontrarán el que ara con el que siega, y el que pisa la uva con quien esparce la semilla; las montañas destilarán mosto y las colinas se derretirán.
Repatriaré a los desterrados de mi pueblo de Israel; ellos reconstruirán ciudades derruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán su vino, cultivarán huertos y comerán sus frutos. Yo los plantaré en su tierra, que yo les había dado, y ya no serán arrancados de ella - dice el Señor, tu Dios -».

En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole: « ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo: « ¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?
Llegará días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres; se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan».

Palabra del Señor.

Beato Bonifacio de Saboya


En el monasterio de Hautecombe, junto al lago de Burget, en Saboya, inhumación del beato Bonifacio, obispo, que, de estirpe regia, se retiró primero a una Cartuja, y elevado después a la sede episcopal de Belley y finalmente a la de Canterbury, en ambos lugares se entregó asiduamente al cuidado de su grey.

Nació en el castillo de Sainte-Hélène-du-Lac en Saboya, era hijo del conde Tomás I de Saboya y de Margarita de Ginebra. Siguiendo la voluntad paterna, ingresó en la Gran Cartuja de Grenoble, donde se hizo notar por su espiritualidad. Todavía no había profesado cuando fue elegido prior de la cartuja de Nantua, y en el 1232, con 25 años y todavía subdiácono fue elegido obispo de Belley por los canónigos de la catedral, que deseaban como obispo a una persona de la nobleza. Cuando murió su hermano Guillermo, que era obispo de Valenza, Bonifacio administró la diócesis hasta 1242.

Por influencia de su sobrina, la reina santa Leonor, esposa de Enrique III de Inglaterra, fue elegido arzobispo de Canterbury (1241), sucediendo a san Edmundo Rich; por la muerte en breve tiempo de dos pontífices, su nombramiento fue confirmado en 1243, por el papa Inocencio IV. Al año siguiente llegó por primera vez a Inglaterra, donde fue ordenado diácono y sacerdote por el obispo de Worcester; el rey había causado un desastre financiero en la diócesis a causa de los excesivos impuestos, Bonifacio se opuso con energía y obtuvo éxito pleno. Fue consagrado obispo en 1245 por el papa Inocencio IV, durante el Concilio de Lyon, obteniendo beneficios económicos para sanar la balanza de la diócesis de Canterbury. Tomó plena posesión de la diócesis en 1249, iniciando la visita general de la diócesis y de la provincia eclesiástica, luchando para reprimir los abusos del clero. Excomulgó al deán y al clero de la iglesia de San Pablo de Londres, porque no querían reconocer su autoridad y su visita, porque para ellos el que debía hacerlo era el obispo de Londres. La misma resistencia tuvo del priorato de San Bartolomé, que no querían reconocer su autoridad, sino sólo la del obispo de Londres, Bonifacio en un exceso de ira arrojó al suelo al viejo viceprior, desencadenando contra él el furor de los londinenses que lo agredieron rompiéndole las vestiduras, y acusándolo de transferir a Francia los réditos de los beneficios ingleses. Liberado de la guardia, Bonifacio huyó en barca por el Támesis, refugiándose en Lambeth, desde donde excomulgó al clero de San Bartolomé y al obispo de Londres. También en San Albano el clero se resistió, rechazando pagar las tasas apelando a Roma.

También Bonifacio apeló al Papa, acercándose a Roma donde consiguió un compromiso, fueron confirmados los derechos de la visita pastoral pero restringiendo su uso. Regresó a Inglaterra en el 1252 y se unió con los barones rebeldes al rey Enrique III, que obligaron al soberano a jurar y observar los pactos de la "Carta Magna", suscrito por su padre el rey Juan sin Tierra y por los notables del reino. En el 1256, Bonifacio marchó a Turín para obtener la libertad de su hermano Tomás II prisionero de los turineses; siguió con su trabajo en defensa de los derechos de la Iglesia de Inglaterra, convocando un Concilio en el 1258 en Merton. 

Tuvo que huir a Francia en 1262, cuando se puso de parte del rey en contra de los barones rebeldes que iniciaron una guerra civil. Después de tres años y después de la victoria del rey Enrique III, pudo regresar a Inglaterra; dejó la isla por última vez en el 1268, para acompañar a la cruzada al príncipe Eduardo, pero enfermó gravemente, y lo dejó todo para ir a morir a su patria de Saboya. Fue sepultado en la abadía cisterciense de Hautecombe en el lago de Bourget. Su culto, muy extendido en Saboya, fue aprobado por Gregorio XVI el 1 de septiembre de 1838, a instancias del rey Carlos Alberto, debido a la veneración que el pueblo cristiano le profesaba desde tiempo inmemorial.

viernes, 3 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Hermanos: Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». 
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás: « ¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo: « ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».

Palabra del Señor.

San Germán de Man


Nació en Armórica, quizás en la Bretaña occidental donde estaba, probablemente, su clan. Era hijo de Restitutus de los Hy Baird y de Liamain, hermana de san Patricio. También aquí nacieron sus hermanos o primos hermanos: santos Auxilio, Isernino, Sechnall y  Benigno de Armagh, que según el "Chronicum Scotorum" y los "Anales de Inisfallen" llegaron a Irlanda para ayudar a san Patricio en el 438. No sabemos si Germán estuvo en esta ocasión con su tío, del que era discípulo, pero es cierto que al poco tiempo estuvo con él, porque su trabajo en Irlanda está constatado.

Según la "Vita de san Brieuc", Germán se embarcó en el puerto irlandés de Lough Garman (en galés Llwch Garmon), llegando a Ceretica o Ceredigion, ocupada por los irlandeses, y allí conoció a Cuerp, noble local. Éste le confió a su hijo, san Brieuc, para que lo educase y Germán lo llevó a París donde, en su escuela, se formaron también: san Iltuto, probablemente hijo de una hermana de Germán, y san Patricio, hijo de Sennan el diácono, y sobrino por tanto del apóstol de Irlanda. 

De París, donde había ido para estrechar lazos con la Iglesia galoromana, después de algún tiempo, Germán volvió a Britania, probablemente en el mismo año en el que fue san Patricio para buscar misioneros para Irlanda (462). En el conjunto de leyendas que se narran en la "Historia Brittonum" de Nennio, se puede entresacar algunas noticias interesantes e históricamente probables sobre esta estancia de Germán en Gales (c.462 al c. 466). El rey Benlli Gawr, rey de Ial, rehusó dejar entrar en su ciudad a Germán (que fue hospedado, fuera de la ciudad, por un siervo del rey llamado Cadell Ddyrnllug) y además mandó asesinar a uno de sus súbditos que nuestro santo había bautizado, pero una noche cayó fuego del cielo e incendió la ciudad, el rey Benlli murió en el incendio. Germán bautizó a la población del reino, bendijo a Cadell y lo colocó en el trono. El fondo de la verdad, probablemente en el apoyo dado a Germán fue una insurrección victoriosa guiada por Cadell contra Benlli. 

Mas complejo y situado en un contexto histórico más interesante es el episodio concerniente con el príncipe Gwrtheyrn Gwrtheneu. A este príncipe la tradición galesa le atribuye la culpa de la llegada a Britania de los sajones, en particular de los jutos, habitantes del Quersoneso Cimbrico, esto es de Jutlandia. No sólo fue Gwrtheyrn, sino un consejo de jefes en llamar a los jutos en ayuda contra los píctos; cuando los sajones, en 457, en la batalla de Crayford, expulsaron de Kent a los britanos y en el 465, en la batalla de Ebbesfleet, derrotaron clamorosamente a doce príncipes locales, se buscó una cabeza expiatoria en Gwrtheyrn, porque se había casado con la hija de Engisto, jefe de los sajones. Analizando la leyenda, en la cual figura otra destrucción de la ciudad por llamas caídas del cielo, se puede aislar algunos elementos: organizada una conjura contra Gwrtheyrn, Germán fue llamado para bendecirla; se reunió un consejo de jefes de tribu para juzgar al príncipe que se había declarado culpable de incesto. Violentamente fue acusado por Germán, Gwrtheyrn huyó a Eryri en Gwynned donde construyó un castillo. De aquí fue expulsado por Ambrosius Aurelianus (o Emrys Wledig), jefe de la revuelta, y huyó a otro castillo, Caer Gwrtheyrn. Hubo una asamblea de sajones y britanos en la que fueron todos asesinados y Germán partió para Irlanda y san Patricio lo nombró primer obispo de Man, confiándole la misión de erradicar en aquella isla las prácticas druidas y supersticiosas. 

La ordenación tuvo lugar entre el 464 y el 466, y hay que descartar otras hipótesis en las que se dice que Germán fue consagrado en Roma por san Celestino I, después de formar parte de los Canónigos Lateranenses. Germán fundó la iglesia de Kirk-Jarman, junto a Peel Castle, en el promontorio de San Patricio, en la costa occidental de la isla; así se formó el primer núcleo de la sede de Sodor y Man. Murió pocos años después de su consagración. Varias localidades irlandesas recuerdan su nombre.

jueves, 2 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


En aquellos días, Amasías, sacerdote de Betel envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós está conspirando contra ti en medio de Israel. El país no puede ya soportar sus palabras.
Esto es lo que dice Amos: Jeroboam morirá a espada e Israel será deportado de su tierra».
Y Amasias dijo a Amós: «Vidente, vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan y allí profetizaras. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino».
Pero Amós respondió a Amasías: «Yo no soy profeta ni hijo de profeta. Yo era un pastor y un cultivador de sicomoros. Pero el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: “Ve, profetiza a mi pueblo Israel”.
Pues bien, escucha la palabra del Señor: Tú me dices. “No profetices sobre Israel y no vaticines contra la casa de Isaac”.
Por eso, esto dice el Señor: “Tu mujer deberá prostituirse en la ciudad, tus hijos y tus hijas caerán por la espada, tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en un país impuro e Israel será deportado de su tierra”».

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En eso le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: « ¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron: «Este blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: « ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados - entonces dice al paralítico -: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”».
Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor.

8 Beatos mártires en Seúl (Corea)

Es un grupo de 8 mártires en Seúl, durante la persecución Shinyu, todos laicos, que fueron decapitados: Columba Kang Wan-suk, Ágata Han Sin-ae, Antonio Yi Hyeon, Bibiana Mun Yeong-in, Juliana Kim Yeon-i, Ignacio Choe In-cheol, Mateo Kim Hyeon-i y Susana Kang Gyeong-bok. Fueron beatificados por el papa Francisco el 16 de agosto de 2014. 

Columba Kang Wan-suk (1761 - 1801). Nació de una unión ilegítima en en el antiguo barrio de Chungcheong-do (Corea del Sur) en el seno de una de las familias nobles de Naepo. Desde pequeña se destacó por su sabiduría y honestidad: evitar las malas acciones o decir mentiras. El beato Felipe Hong Pil-ju, que será martirizado por la fe en 1801, fue uno de sus hijastros. 

Debido a sus orígenes "no oficial", se la casó, como segunda esposa, con Hong Ji-yeong, un noble de la región Deoksan. Al inicio de su matrimonio conoció la fe católica y comenzó a interesarse, y empieza su catecumenado de preparación para el bautismo.  En este periodo, cree con pasión y práctica la abstinencia. Con su estilo de vida  hace ganar el respeto y la admiración de muchas personas. Con grave riesgo, se ocupó de los católicos que fueron encarcelados durante la persecución de 1791 en Sinhae y precisamente por esto la detienen.

Después de ser liberada enseñó el catecismo a su madre, según la ley, y a su hijastro, Felipe Hong. A pesar de sus esfuerzos, no consigue convertir a su marido que, la maltrataba a causa de su fe. Su marido comenzó a vivir con una concubina. 

Un día Columba supo que los católicos de Seúl tienen una mejor preparación cristiana. Después de consultar con su madre legal y su hijastro, decidió mudarse a la capital: aquí entró en contacto con los fieles locales y se une a ellos en su afán por traer sacerdotes para atender a estos católicos neo conversos coreanos, y para ello se necesitaba apoyo financiero para pagar los gastos. 

En 1794, Columba recibió el bautismo de manos del primer misionero sacerdote, que venía desde Pekín, el beato Santiago Zhou Wen-mo, y ella se comprometió en dedicar su vida a ayudar al sacerdote en su apostolado. Después de darse cuenta de su sinceridad y el verdadero compromiso,  el padre Zhou la nombró catequista y le confió la tarea de cuidar de los fieles. 

Al año siguiente, hubo un brote de persecución en Eulmyo, y Columba ofreció su casa para acoger al misionero y pudiera huir a China, ya que se había dado orden de busca y captura contra él. La elección de su casa, como refugio, era la más segura ya que de acuerdo a los cánones de la sociedad coreana, estaba prohibido inspeccionar los hogares de las mujeres nobles. Gracias a esto, la casa de Kang se convierte en un refugio seguro el P. Zhou y para las comunidades católicas del lugar: es aquí donde la beata Agatha Jeom-hye Yun creó su comunidad de vírgenes dedicadas a la Iglesia. 

Columba evangelizó como pudo y cuanto pudo, y entre sus conversos había nobles, viudas, siervos y siervas. Gracias a ella María Canto y su hija Maria Sin - parientes de la familia real - recibieron el bautismo. La admiración de la comunidad hacia ella fue enorme, tanto es así que se decía «Se mueve como un gong. Cuando golpeó, explotó todo. " 

En 1801 comenzó la persecución Shinyu, y las autoridades gubernamentales recibieron un soplo sobre las actividades religiosas de Columba. El 6 de abril fue detenida mientras estaba en su casa con otros creyentes: todos ellos fueron detenidos a la Jefatura de Policía de Seúl. Pero incluso en esta  grave situación, el primer pensamiento de la catequista fue por la seguridad del sacerdote chino. 

Para encontrarlo, los agentes la torturaron seis veces, pero sin éxito. Su fe es tan firme que incluso sus captores fueron castigados por su ineficacia. Uno de ellos exclamó: "Esta mujer no es humana, es una diosa." En los meses siguientes, encerrada, continúa con su obra religiosa: preparó y animó para el martirio a sus compañeros de prisión. Fue decapitada con sus siete compañeros a las afueras de la puerta occidental de Seúl. Acaba de cumplir 40 años. 

Ágata Han Sin-ae. Nació de una unión ilegítima en  Boryeong, en la región de Chungcheong (actual Corea del Sur), en el seno de una noble familia de. Se casó, como segunda mujer de Jo Rye-san en Seul.  En 1795 y 1796, conoció la doctrina católica gracias a las enseñanza de la catequista, la beata Columba Kang Wan-suk. Junto a su hijastra y su sirvienta asistía asiduamente a la casa de Columba para aprender el Catecismo, y además ayudaba a la viuda beata Cándida Jeong Bok-hye en sus actividades eclesiales. En el verano de 1800 fue bautizada por el misionero chino Santiago Zhou Wen-mo.

Evangelizó entre las mujeres de otras familias y siervas, y además quiso que dos catequistas varones catequizaran a sus siervos, pero no tuvo éxito por culpa de su hijo. Junto a otras mujeres, incluida la beata Juliana Kim Yeon-I, formó una comunidad femenina cuya directora fue Columba Kang.

Cuando se produjo, en 1801, la persecución Shinyu, Cándida Jeong hizo acopio de todos los libros y artículos religiosos y se los llevó a Ágata, que los escondió en su negocio. Como fuera delatada ante los perseguidores, fue arrestada con otros fieles. Fue conducida ante el Ministerio de Justicia de Seúl, donde fue interrogada, pero no reveló el nombre de ningún cristiano. Fue condenada a muerte con siete creyentes, entre las que estaban Columba Kang y Juliana Kim con esta sentencia: «Han Sin-ae está profundamente pervertida por la religión católica y la ha estado practicando durante muchos años. Está a Kang Wan-suk (Columba), y fue bautizada por Zhou Wen-mo, recibiendo el nombre cristiano. Además invitó a su casa a hombres y mujeres, escondió libros y artículos religiosos en su negocio». Cuando fue detenida dijo: «No me arrepentiré jamás de lo que he hecho, aunque si tuviera que morir diez mil veces».

Junto a sus compañeras y con Mateo Kim Hyeon-u, Ignacio Choe In-cheol y Antonio Yi Hyeon, fue conducida a la Pequeña Puerta Occidental de Seúl, donde fue decapitada. 

Antonio Yi Hyeon. Nació en Yeoju, en la provincia de Gyeonggi (actual Corea del Sur). Poco tiempo después que el catolicismo entrara en Corea, le llegaron a sus manos algunos libros religiosos y los estudió con avidez. En un segundo momento frecuentó la casa de Josafat Kim Geon-sun, dónde vivía su tío Lucas Yi Hui-yeong; allí comenzó su formación cristiana en el otoño de 1797.

Después se trasladó a Seúl, donde conoció al beato Felipe Hong Pil-ju, con el cual profundizó el Catecismo y fue bautizado por el primer misionero en Corea el beato Santiago Zhou Wen-mo. También conoció a los beatos Bernabé Jeong Gwang-su, Pedro Choe Pil-je y Francisco Kim Jong-gyo, con los que participaba en los encuentros de oración.

Se casó con la hija del beato Antonio Hong Ik-man, y de esta forma fue cuñado de Felipe Hong Pil-ju. En el invierno de 1800 murieron sus padres, y poco después estalló la persecución Shinyu.

Antonio y sus amigos fueron arrestados y llevados al cuartel general de la policía en Seúl, donde había muerto su tío durante los interrogatorios y torturas. Antonio no dijo nada que pudiera dañar a la Iglesia, a pesar de las palizas y las presiones por los interrogatorios, durante  un momento cedió, pero no reveló dónde se encontraban los otros cristianos. Fue trasladado al Ministerio de Justicia, donde se arrepintió de su apostasía. Consciente que sufriría más presiones, fue determinante en profesar sus fe y dar su vida por Dios. Sus enemigos al no poder convencerlo para que renegara de su fe, fue condenado a muerte. Antes de recibir la sentencia, Antonio dijo: «Durante cuatro años me he conmovido profundamente mientras leía y estudiaba los libros de la Iglesia junto a mis compañeros…. He creído en la religión católica durante muchos años y la amo. Por tanto no renunciaré  a mi fe en Dios, no me importa el castigo que me vendrá dado». Junto a otros compañeros fue conducido a la Pequeña Puerte Occidental de Seúl donde fue decapitado. 

Bibiana Mun Yeong-in (1776 - 1801). Nació en Seúl en el seno de una familia de status social mediano. Su padre era oficial de baja graduación y vivía con Bibiana y sus hermanas pequeñas, teniendo escondidas a sus hijas mayores en otro sitio, por miedo a que se las llevasen para que fueran damas de la Corte. Pero, en 1783, los oficiales de la Corte se dieron cuenta de la inteligencia y la belleza de nuestra beata y la eligieron: apenas tenía 7 años.

Después que aprendió a escribir, fue encargada de la redacción de informes. En 1797, con 21 años, tuvo que dejar la Corte a causa de una grave enfermedad. En aquella época conoció la religión católica por medio de una anciana y de ella, aprendió el Catecismo. Un año después se puso en contacto con la catequista beata Columba Kang Wan-suk y fue bautizada por el beato Santiago Zhou Wen-mo. Fue asidua de la casa de Columba, donde se reunía con otros cristianos para profundizar la doctrina y participar en la Misa. 

Se repuso de su enfermedad y tuvo que regresar a la Corte. Aunque no podía cumplir plenamente con sus deberes religiosos, hizo todo los posible para mantenerse fiel en la oración. Cuando descubrieron que era católica, fue expulsada de la Corte. Libre de sus deberes cortesanos, pudo dedicarse plenamente a su fe. Leía las vidas de los santos y se empeñó en vivir como ellos. Alguna vez manifestó su deseo de morir mártir. Su familia la repudió a causa de su fe; Bibiana tuvo que marcharse y alquiló una casa en Cheongseok-don junto a Seúl, donde hospedó al catequista beato Agustín Jeong Yak-jong.

En 1801, cuando comenzó la persecución Shinyu, Bibiana regresó a su casa, esperando el día en que moriría mártir. Fue arrestada y la llevaron  al cuartel general de la policía en donde la torturaron con saña. En medio del sufrimiento, apostató, pero en seguida se dio cuenta de todo y dijo: «Aunque pueda morir, no cambiaré de idea sobre mi fe en Dios». 

Fue trasladada al Ministerio de Justicia, donde después de recibir más palizas, no cedió. Intentó explicar las enseñanzas cristianas y se reafirmó en su fe total en Cristo a pesar de aquellos momentos de debilidad. Los jueces, viendo que no podían hacerla ceder en su fe, pronunciaron la sentencia de muerte: «Está totalmente atrapada por la religión católica y no renunciará jamás a ella. Por tanto merece morir diez mil veces». Junto a sus compañeros, entre las que se encontraba Columba Kang, fue decapitada en la Pequeña Puerta Occidental de Seúl. Tenía 25 años. 

Juliana Kim Yeon-i. Esta coreana nació en el seno de una familia humilde. En Seúl conoció la doctrina cristiana por la beata Ágata Han Sin-ae y fue bautizada por el beato Santiago Zhou Wen-mo, presso la casa en la casa de la catequista beata Columba Kang Wan-suk.

Como toda aquella primera comunidad cristiana coreana, profundizó su fe mediante el estudio del Catecismo, la oración y el sacramento de la Eucaristía; fue muy conocida entre los fieles. Su misión evangelizadora la llevaron a Yangjegung o Pyegung, el lugar donde se establecían los miembros de la familia real y las damas de la Corte, cuando dejaban sus menesteres en palacio. Hizo amistad con las propietarias del Yangjegung, María Song (emparentada con la realeza), su nuera Maria Sin y con la dama la beata Susana Kang Gyeong-bok y a menudo las invitaba la Misa celebrada por el padre Santiago. Mediante esta relación, consiguió que su hija fuera dama de la Corte.

Cuando empezó la persecución contra los cristianos, en diciembre de 1800, escondió en su casa, a petición de Columba, al beato  Simón Kim Gye-wan, que ayudaba en Misa al padre Santiago. Al año siguiente estuvo escondido en su casa el beato Alejo Hwang Sa-yeong… todo esto la pusieron en peligro.

Fue detenida y, en un primer momento, la llevaron al cuartel general de la policía en Seúl, después al Ministerio de Justicia, en los dos lugares fue repetidamente torturada, pero no delató a ningún hermano en la fe. Su cuerpo se debilitaba cada vez más, pero su fe se fortalecía más y decía: «No lamento haber creído en el Catolicismo y si debiera moriría diez mil veces». Junto a sus siete compañeros fue decapitada a extramuros de Seúl. Tenía 39 años. 

Ignacio Choe In-cheol. Nació en Seúl, en fecha desconocida, en la familia de un intérprete. Su hermano mayor el beato Matías Choe In-gil le enseñó el catecismo. Junto a él fue arrestado, por primera vez, durante la persecución Sinhae en 1791; se le permitió regresar a su casa, por tres día, con el fin de que apostatase. Su madre y sus hermanos, le suplicaron llorando que salvara su vida. Ignacio, se dejó convencer y se presentó ante el Ministerio de Justicia para decir: «No creo en la religión católica» pero añadió «aunque fuera condenado a muerte, no puedo decir que la religión católica sea una religión malvada».

Nada más llegar a su casa, comprendió su error y puso más intensidad en su vida de fe, uniéndose a su hermano en la ayuda a los cristianos más perseguidos, como el padre Santiago Zhou Wen-mo, y por ayudarle a escapar, Matías sufrió el martirio el 28 de junio de 1795. Ignacio asumió, de cierta manera, la herencia de su hermano mártir, y fue uno de los responsables de la Iglesia coreana, participando activamente en su expansión. Quemó las tablillas para los ritos hacía los ancestros, este mismo gesto le costó la vida al beato Pablo Yun Ji-chung. Cada vez que el padre Santiago estaba a punto de ser detenido, hacía todo los posible para buscarle una vía de escape.

Cuando estalló la persecución Shinyu, nuestro beato se refugió en casa de una tía, donde fue arrestado. Sufrió numerosos interrogatorios y muchos tipos de tortura en el cuartel general de la policía de Seúl y en el Ministerio de Justicia, pero siempre permaneció incólume en su fe: «Aunque fuera ejecutado, no abandonaré jamás mi religión católica». No sólo no se retracto, sino que les explicaba como en sus enseñanzas del cristianismo se alcanzaba la salvación eterna.

El Ministerio le condenó a muerte en base a cinco acusaciones: infligir su promesa de no creer en el catolicismo; seguir creyendo en el catolicismo cuando su hermano murió; haber dedicado su vida a difundir las enseñanzas católicas junto a sus compañeros; haber declarado que la doctrina católica era grandiosa hasta en el cuartel general de la policía; haber invitado a venir a Corea al padre Santiago Zhou y además haberlo servido. De esta forma fue decapitado con sus siete compañeros en la Pequeña Puerta Occidental de Seúl. 

Mateo Kim Hyeon-i (1775 -1801). Era hijo de una concubina y un intérprete de renombre de Myeongryebang en Seúl, en la Corea del Sur. Aprendió el catecismo por medio de su hermanastro mayor, el beato Tomás Kim Beom-u. Él y otro hermano, Bernabé Kim Iu, se convirtieron a la fe católica fueron bautizados por  Pedro Yi Seung-hun. Los dos hermanos pronto se encontraron con una situación difícil: en 1785, Tomás fue exiliado durante la "persecución Myeongryebang." Sin embargo, continuaron practicando su religión en secreto. 

Cuando, a finales de 1794, llegó a Corea ilegalmente el beato padre Santiago Zhou Wen-mo, misionero de China, Mateo y Bernabé se comprometieron en las actividades de la Iglesia. Formaron una pequeña comunidad, en la casa de Felipe Hong Pil-ju, y con otros creyentes, incluidos los también mártires Tadeo Jeong In-hyeok y Pedro Choe Pil-je, allí estudiaban las enseñanzas de la fe y rezaban, dirigidos por el padre Santiago. Cuando el padre Santiago, acosado por sus perseguidores, tuvo que esconderse, encontró refugio en la casa de Bernabé y allí se celebraban la Eucaristía para los fieles. Los dos hermanos se unieron al Myeongdohoe, una comunidad de creyentes fundada por el misionero chino. 

Cuando estalló de la persecución Shinyu en 1801, los dos hermanos fueron detenidos y trasladados a la sede de la policía en Seúl. Se dice que en el momento de la captura, una enorme cruz resplandeciente apareció delante de Mateo y señaló el camino a la prisión. En la sede policial, el juez interrogó y torturó a ambos, pero no revelaron los nombres de otros católicos. Bernabé fue interrogado de forma especial, debido a que el gobierno sabía que su casa era un lugar donde los católicos se reunían y donde había escondido al sacerdote chino. Sin embargo, no pudo resistir las salvajes palizas y murió en mayo de 1801. En cambio, Mateo, junto con sus siete compañeros, fue decapitado en la Pequeña Puerta Occidental  en Seúl. Tenía veinte años. 

Susana Kang Gyeong-bok (1762 - 1801). Nació en el seno de una familia de condición humilde. Se convirtió en dama de la Corte y, al final de su servicio, se fue a vivir a Yangjegung o Pyegung, el lugar donde se alojaban los miembros de la familia real cuando abandonaban el palacio. Allí conoció a los propietarios de Yangjegung, María Song y su hija María Sin, que eran católicas y la pusieron en contacto con el primer sacerdote misionero en Corea, el padre chino Santiago Zhou Wen-mo, y con su colaboradora, Columba Kang Wan-suk, una catequista. A menudo, junto con otras damas de la Corte, iban a la misa celebrada en la casa de la beata Colomba, y se formaban en la doctrina católica. Allí recibió el bautismo, y desde entonces, su nombre será Susana. 

En 1801 arreció la persecución Shinyu contra los cristianos, y el padre Zhou tuvo que huir a Yangjegung con la ayuda del siervo Nam Gu-wol. Susana, que había ido a visitar a su madre, se enteró de que la policía estaba buscando a los católicos de Yangjegung, marchó  allí para darles la noticia, de tal forma que el misioneros chino pudo escapar. Una vez que supo que estaba seguro, Susana salió de la casa, pero pronto fue capturada por la policía y llevado a la sede en Seúl. 

Fue sometida a interrogatorios y torturas, no se rindió y dijo: "Me siento profundamente llena con el catolicismo, así que no puedo cambiar mi mente aunque me muera." Trasladada a la Corte Suprema, fue de nuevo interrogada y golpeada, hasta el punto que llegó a retractarse: «Creo que no volveré a la religión católica.» 

Debido a esta declaración, la Corte Suprema la remitió  al Ministerio de Justicia. En ese lugar, Susana se arrepintió y otra vez estuvo dispuesta a profesar la fe. Sus perseguidores querían obligarla a revelar el paradero del padre Santiago Zhou, pero fue en vano. Ahora estaba lista para morir por Dios, repitió: "Yo estaba profundamente imbuida de la religión católica, y creo que su doctrina es verdadera. Mientras vivía en Yangjeung, visité al padre Santiago Zhou y he recibido el sacramento del Bautismo. Desde entonces, mi fe en la doctrina católica se ha convertido en más fuerte. Por lo tanto, yo no tengo la menor intención de renunciar a mi fe, incluso si muero por ella ". Así, junto a sus compañeros, fue decapitada a las afueras de Seúl. Tenía 39 años. 

miércoles, 1 de julio de 2020

Reflexión de hoy

Lecturas


Buscad el bien, no el mal, y viviréis, y así el Señor, Dios del universo, estará con vosotros, como pretendéis.
Odiad el mal y amad el bien, instaurad el derecho en el tribunal.
Tal vez el Señor, Dios del universo, tenga piedad del Resto de José.
«Aborrezco y rechazo vuestras fiestas -dice el Señor-, no acepto vuestras asambleas.
Aunque me presentéis holocaustos y ofrendas, no me complaceré en ellos, ni miraré las ofrendas pacíficas con novillos cebados.
Aparta de mí el estrépito de tus canciones; no quiero escuchar la melodía de tus cítaras.
Que fluya como agua el derecho y la justicia como arroyo perenne».

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos.
Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.
Y le dijeron a gritos: « ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?».
A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo.
Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara».
Jesús les dijo: «Id».
Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y murieron en las aguas.
Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.
Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Palabra del Señor.

Beata Assunta Marchetti


En San Pablo, Brasil, beata Asunta Marchetti, virgen y cofundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo -Scalabrinianas-.

Nació en Lombrici de Camaiore, provincia de Lucca, Toscana, Italia, en el seno de una familia de molineros. Parece que en los estudios, no pasó de la primaria. Era un mujer de constitución física robusta y saludable. Por ello llevaba adelante todas las tareas de la casa y de la familia, y algunas veces sustituía a los varones en las tareas del molino. Pronto se le despertó la vocación religiosa, pero tuvo que retrasar su entrada en el Carmelo, para atender a su madre enferma. En 1892, tuvo la alegría de asistir a la ordenación de su hermano José,  pero, en este mismo año murió su padre. Un motivo más para posponer su ingreso en el Carmelo de Camaiore.

El corazón y la mente de Asunta Marchetti estaban totalmente orientados a la vida de clausura, aspiraba profundamente una vida de escondimiento, silencio, oración y trabajo. Un día, el P. Marchetti, su hermano, llegó a la casa cuando volvía del según viaje a Brasil. Allí había fundado un orfanato para niños italianos huérfanos y donde se les brindaría una educación integral. Le dijo que 250 niños esperaban por cuidados de todos los tipos: físico, espiritual, cultural, psicológico, social y profesional. Pero ella no quería porque ello le impediría enclaustrarse, su hermano P. Marchetti le pidió que fuera preguntar al Sagrado Corazón de Jesús qué pensaba al respeto.

Asunta comprendió que Dios le pedía cambiar su proyecto personal para abrazar la misión. Jamás volvió, o deseo volver atrás. Fue misionera a tiempo pleno de los últimos en la migración. Con sus compañeras Carolina Guillarduci (su madre), Maria Franceschini y Angela Larini (vocacionadas de P. Marchetti en Compignano), se fue a Brasil pasando por Piacenza para recibir el envío y el Crucifijo de las manos del beato Juan Bautista Scalabrini, fundador de la Pía Sociedad para los emigrantes a la cual pertenecía P. Marchetti, el día 25 de octubre de 1895, por ello este día se celebra la fundación de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas, que se llamó en la época «Siervas de los Huérfanos y Abandonados en el Exterior». Fue el único día en que estuvieron reunidos el fundador Beato Monseñor Juan Bautista Scalabrini y los dos co-fundadores Siervo de Dios Padre José Marchetti y beata Madre Asunta Marchetti. Al año siguiente, 14 de diciembre de 1896, P. Marchetti, agotado por las fatigas apostólicas entrega su alma al Señor. La superiora de la pequeña comunidad, Carolina Guillarduci, no soportando la altísima presión que sobre ella cayera con la muerte del hijo, abandonó la comunidad y regresó a Italia. Asunta siguió con su misión, ahora mucho más exigente y sufrida por la muerte de su hermano y la marcha de su madre. Sus dos compañeras murieron en 1899 y la otra en 1901, a causa de las carencias sufridas.

En 1900, junto con sus compañeras, escribió al P. Scalabrini pidiendo protección, pues las hermanas que él había mandado para ayudarlas querían cambiar todo: nombre, misión, hábito. Sin una respuesta directa tuvo que callarse y obedecer durante siete años. Hubo una división dentro de la fundación, y ella organizó otro noviciado por orden del obispo del lugar. Luego en 1912 Madre Asunta y sus compañeras hicieron los votos perpetuos y ella fue nombrada, por el ordinario del lugar, Superiora General de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas. En 1927 una vez más, el instituto sufrió otro cisma, esta vez con las Clementinas que querían cambiar nombre, misión y hábito. Hubo intervención de la Santa Sede. Una vez más Madre Asunta tuvo que cojer el timón de la Congregación. Fue elegida Superiora General.

En 1934 escribió con el auxilio de un escribano, «Brevi Cenni» que narra el camino recorrido por las Hermanas MSCS hasta aquel año. En 1948, el 1 de julio, en paz consigo y con todos descansa para siempre en el Señor luego de comulgar en las horas de la mañana. La Congregación estaba segura y consolidada. En este mismo año sus constituciones fueron aprobadas y pasó a ser de derecho pontificio. Fue beatificada por SS Francisco el 25 de octubre de 2014.