jueves, 13 de febrero de 2020
Lecturas
Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.
Salomón iba en pos de Astarté, diosa de los sidonios, y de Milcón, abominación de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos de Señor, no manteniéndose del todo al lado del Señor como David, su padre.
Edificó Salomón por entonces un altar a Camós, abominación de Moab, sobre el monte que está frente a
Jerusalén, y otro a Milcón, abominación de los amonitas.
Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses.
Y se enojó el Señor contra Salomón, por haber desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, dándole instrucciones sobre este asunto: que no fuera en pos de otros dioses.
Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado. El Señor dijo a Salomón: «Por haber portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida».
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.
Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.
La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó: « Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
Palabra del Señor.
San Simeón Esteban Nemanja

Stefan Nemanja fue el cuarto y él último hijo de Zavida, un noble serbio que estuvo emparentado con las dinastías serbias que por aquel entonces gobernaban Raska y Zeta.
Hoy en día se considera que Nemanja nació en Ribnica cerca de la ciudad de Podgorica, pero esta afirmación no puede apoyarse en las fuentes de aquel tiempo. Dado que en Ribnica existían sólo las iglesias católicas, Esteban Nemanja fue bautizado según las "costumbres latinas". Cuando su familia volvió a Raska, le volvieron a bautizar según las "costumbres griegas" en la Iglesia Episcopal de San Pedro y Pablo en Ras, la capital de Raska. Todavía estando en Zeta, Nemanja se casó con la noble Ana de Serbia, entre 1130 y 1135 y con ella tuvo cinco hijos: Vukan, el rey de Zeta, Esteban, gran zupan de Raska y rey de Raska, Rastko, el primer arzobispo serbio. Luego se convirtió en el santo san Sava, de la Iglesia ortodoxa serbia. Jefimija, casada con Manuel Angelos Dukas, gobernador de Tesalónica, una hija con nombre desconocido, casada con Tich, boyardo de Skopje que luego fue la madre del zar búlgaro, Constantino Tikh de Bulgaria.
El emperador de Bizancio le dio algunos territorios y a sus dos hermanos, Miroslav y Stracimir. De esta manera, se convirtió en zupan de Ibar, Toplica, Rasina y Reke. Luego, Manuel I le devolvió a Desa el puesto de gran zupan de Raska, pero éste volvió a levantarse contra el dominio bizantino en 1168. Manuel I le volvió a vencer y derrocar, esta vez definitivamente. Luego dividió las tierras de Raska entre Nemanja y sus hermanos, y a Tihomir, el mayor de los hermanos, le proclamó el gran zupan.
En el año 1162, cuando el emperador Manuel I se preparaba para la batalla con los húngaros, le otorgó a Nemanja el honor de gobernar la región Dubonica (Hoy Leskovac). Poco después de ese evento, Nemanja empezó a edificar el monasterio de Santo Nicolás en Kuroumlija, y el Monasterio de Virgen en la desembocadura de los ríos Kosanica y Toplica.
No amaba acumular bienes terrenos, realizó ingentes donaciones. También erigió el monasterio de Studenica. Cuando su hijo Rastko decidió hacerse monje en el monte Athos el padre, decidió también entregar su vida a Cristo y en el 1196, abdicó al trono para ingresar en el monasterio fundado por él, con 82 años, tomando el nombre de Simeón.
El mismo día recibió la tonsura su mujer Ana, que se retiró al monasterio de la Santísima Virgen María en Kursumlija, con el nombre de Anastasia. Antes de abdicar nombró a su hijo Esteban su sucesor. Invitado por su hijo marchó al Monte Athos. Ambos realizaron el sueño de donar a la nación servia un centro espiritual, que fue el monasterio de Hilandar en los montes Athos. Murió con fama de santidad.
Sus restos fueron colocadas en una cripta en la iglesia principal de Hilandar y pronto tuvo signos de incorruptibilidaad, y del cuerpo comenzó a emanar un perfume (conocido como “Myron”), que le valió el apelativo de Simón “el Mirovlita”con el que es conocido en el mundo oriental. Actualmente sus restos reposan en el monasterio de Studenica. Es el fundador de la patria serbia y de la Iglesia ortodoxa serbia. Su festividad también la celebran los católico de rito bizantino.
Hoy en día se considera que Nemanja nació en Ribnica cerca de la ciudad de Podgorica, pero esta afirmación no puede apoyarse en las fuentes de aquel tiempo. Dado que en Ribnica existían sólo las iglesias católicas, Esteban Nemanja fue bautizado según las "costumbres latinas". Cuando su familia volvió a Raska, le volvieron a bautizar según las "costumbres griegas" en la Iglesia Episcopal de San Pedro y Pablo en Ras, la capital de Raska. Todavía estando en Zeta, Nemanja se casó con la noble Ana de Serbia, entre 1130 y 1135 y con ella tuvo cinco hijos: Vukan, el rey de Zeta, Esteban, gran zupan de Raska y rey de Raska, Rastko, el primer arzobispo serbio. Luego se convirtió en el santo san Sava, de la Iglesia ortodoxa serbia. Jefimija, casada con Manuel Angelos Dukas, gobernador de Tesalónica, una hija con nombre desconocido, casada con Tich, boyardo de Skopje que luego fue la madre del zar búlgaro, Constantino Tikh de Bulgaria.
El emperador de Bizancio le dio algunos territorios y a sus dos hermanos, Miroslav y Stracimir. De esta manera, se convirtió en zupan de Ibar, Toplica, Rasina y Reke. Luego, Manuel I le devolvió a Desa el puesto de gran zupan de Raska, pero éste volvió a levantarse contra el dominio bizantino en 1168. Manuel I le volvió a vencer y derrocar, esta vez definitivamente. Luego dividió las tierras de Raska entre Nemanja y sus hermanos, y a Tihomir, el mayor de los hermanos, le proclamó el gran zupan.
En el año 1162, cuando el emperador Manuel I se preparaba para la batalla con los húngaros, le otorgó a Nemanja el honor de gobernar la región Dubonica (Hoy Leskovac). Poco después de ese evento, Nemanja empezó a edificar el monasterio de Santo Nicolás en Kuroumlija, y el Monasterio de Virgen en la desembocadura de los ríos Kosanica y Toplica.
No amaba acumular bienes terrenos, realizó ingentes donaciones. También erigió el monasterio de Studenica. Cuando su hijo Rastko decidió hacerse monje en el monte Athos el padre, decidió también entregar su vida a Cristo y en el 1196, abdicó al trono para ingresar en el monasterio fundado por él, con 82 años, tomando el nombre de Simeón.
El mismo día recibió la tonsura su mujer Ana, que se retiró al monasterio de la Santísima Virgen María en Kursumlija, con el nombre de Anastasia. Antes de abdicar nombró a su hijo Esteban su sucesor. Invitado por su hijo marchó al Monte Athos. Ambos realizaron el sueño de donar a la nación servia un centro espiritual, que fue el monasterio de Hilandar en los montes Athos. Murió con fama de santidad.
Sus restos fueron colocadas en una cripta en la iglesia principal de Hilandar y pronto tuvo signos de incorruptibilidaad, y del cuerpo comenzó a emanar un perfume (conocido como “Myron”), que le valió el apelativo de Simón “el Mirovlita”con el que es conocido en el mundo oriental. Actualmente sus restos reposan en el monasterio de Studenica. Es el fundador de la patria serbia y de la Iglesia ortodoxa serbia. Su festividad también la celebran los católico de rito bizantino.
miércoles, 12 de febrero de 2020
Lecturas
En aquellos días, la reina de Saba oyó la fama de Salomón, en honor del nombre del Señor y vino a ponerlo a prueba con enigmas.
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Palabra del Señor.
Llegó a Jerusalén con una gran fuerza de camellos portando perfumes, oro en cantidad y piedras preciosas.
Ante Salomón se presentó para plantearle cuanto había ideado El rey resolvió sus preguntas todas; pues no había cuestión tan arcana que él no pudiese desvelar. Cuando la reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón, el palacio que había construido, los manjares de su mesa, las residencias de sus servidores, el porte y vestimenta de sus ministros, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó sin respiración y dijo al rey: «Era verdad cuanto oí en mi tierra acerca de tus enigmas y tu sabiduría. No daba crédito a lo que se decía, pero ahora he venido y mis propios ojos, lo han visto. ¡Ni la mitad me narraron! Tu conocimiento y prosperidad superan con mucho las noticias que yo escuché. Dichosas tus mujeres, dichosos estos servidores tuyos siempre en tu presencia escuchando tu sabiduría. Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti y te ha situado en el trono de Israel. Pues, por el amor eterno del Señor a Israel, te ha puesto como rey para administrar derecho y justicia». Ofreció al rey ciento veinte talentos de oro y gran cantidad de esencias perfumadas y piedras preciosas. Jamás llegaron en tal abundancia perfumes como los que la reina de Saba dio a Salomón.
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo: « ¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina» (Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió: «Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
Palabra del Señor.
Beato Tomás Hemerford y compañeros

En Londres en Inglaterra, beatos mártires Tomás Hemerford, Jacobo Fenn, Juan Nutter, Juan Munden y Jorge Haydock, sacerdotes, que, como la reina Isabel I se arrogase el primado de las cuestiones espirituales, por mantener la fidelidad a la Iglesia de Roma fueron condenados a muerte y en Tyburn fueron descuartizados todavía vivos.
Tomás Hemerford. (c.1534 - 1584). Nació en Dorsetshire en el seno de una familia católica; estudió Derecho en Oxford. Estudió para ser sacerdote en Reims, fue ordenado presbítero en el colegio inglés de Roma en el 1583.
Al poco tiempo de regresar a Inglaterra, fue detenido y enviado a la cárcel londinense de Marshalsea y luego ahorcado y descuartizado en Tyburn, Londres.
Jacobo Fenn. (c.1535 - 1584). Natural de Montacute, Somerset (Inglaterra); estudió en Oxford, en el colegio Corpus Christi, cuando reinaba la reina María. Al subir al trono Isabel I, se negó a prestar juramento de supremacía real, lo que hizo que se le negara la graduación y fuera expulsado.
Volvió a su pueblo y contrajo matrimonio, ganándose la vida dando clases particulares. Dejó el pueblo cuando vio que podía haber un peligro para él al no asistir al culto anglicano; al quedar viudo estudió en Reims donde fue ordenado sacerdote en el 1580.
Regresó a Inglaterra y durante un año estuvo ejerciendo su ministerio hasta que fue descubierto y arrestado y durante un tiempo fue enviado a la cárcel de Ilchester donde convivió con presos comunes, luego fue enviado a la cárcel londinense de Marshalsea, sin que los carceleros supieran su condición de sacerdote. Esto le permitió administrar los sacramentos a algunos presos e incluso celebrar la Eucaristía. También pudo recibir visitas con cierta libertad y hacer el bien a muchos con las limosnas que recibía.
Logró que se reconciliaran con la Iglesia algunos anglicanos. Fue descubierta su condición de sacerdote y cuatro años después fue ahorcado y descuartizado en Tyburn, Londres. Cuando era llevado al suplicio, su pequeña hija Francesca se adelantó hacía él llorando amargamente, y él con entereza y serenidad la consoló y la bendijo.
Juan Nutter. (c.1550 - 1584). Nació en Reedley Hallows, en Lancashire (Inglaterra); fue miembro del Saint John's College de Cambridge; una vez graduado se hizo católico. Estudió para el sacerdocio en Reims, y fue ordenado en 1582.
Al regresar a Inglaterra el viaje fue muy accidentado y le produjo una grave enfermedad, de la que intentó reponerse en el puerto de Dunwich (Suffolk), donde fue descubierto y encerrado en la cárcel londinense de Marshalsea. Su santidad, caridad y maneras francas le atrajeron el aprecio de los carceleros. Y su apostolado fue entre los presos, sosteniendo en la fe a los que eran católicos y convirtiendo a otros. Era hermano del también mártir beato Roberto Nutter.
Junto con sus compañeros, sufrió interrogatorio, se mantuvieron firmes en su fe y fueron condenados a muerte por traidores a la reina. Fueron ahorcados y descuartizados en la plaza londinense de Tyburn.
Juan Munden. (1543-1584). Nació en Coltely, Dorset, (Inglaterra); estudió en Oxford, pero fue expulsado cuando se supo que era católico. Fue profesor durante 14 años; después marchó a Reims y Roma para prepararse al sacerdocio y fue ordenado en el 1582.
Regresó a Inglaterra y durante medio año pudo ejercer su ministerio. Denunciado por un abogado fue apresado en Hounslow Heath y enviado a Londres, donde sufrió malos tratos, interrogatorios y prisión en la Torre de Londres.
Jorge Haydock. (1557-1584). Nació en Cottam Hall y decidió su vocación sacerdotal en vista de la situación religiosa de su país. Marchó a estudiar en los colegios ingleses de Douai y Roma; fue ordenado sacerdote en 1581 en Reims (Francia).
Regresó a Inglaterra como misionero “seminarista”, como entonces se llamaban a los ingleses que salían de su país para estudiar en los seminarios católicos y luego regresar para convertir a sus paisanos. Llegó a Londres en 1582 pero pronto fue descubierto y encarcelado en la cárcel de Marshalsea, donde vivió en la oscuridad y la soledad durante un año y tres meses. Luego le aplicaron un régimen carcelario más suave y así tuvo la posibilidad de confortar y administrar los sacramentos con sus compañeros de prisión. Fue condenado a muerte por traidor junto con otros cuatro compañeros. Cuando los cinco condenados oyeron la sentencia, entonaron el Te Deum, agradeciendo a Dios el privilegio del martirio. Los cinco fueron ahorcados y descuartizados en Tyburn, Londres. Fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 por el Papa Pío XI.
Tomás Hemerford. (c.1534 - 1584). Nació en Dorsetshire en el seno de una familia católica; estudió Derecho en Oxford. Estudió para ser sacerdote en Reims, fue ordenado presbítero en el colegio inglés de Roma en el 1583.
Al poco tiempo de regresar a Inglaterra, fue detenido y enviado a la cárcel londinense de Marshalsea y luego ahorcado y descuartizado en Tyburn, Londres.
Jacobo Fenn. (c.1535 - 1584). Natural de Montacute, Somerset (Inglaterra); estudió en Oxford, en el colegio Corpus Christi, cuando reinaba la reina María. Al subir al trono Isabel I, se negó a prestar juramento de supremacía real, lo que hizo que se le negara la graduación y fuera expulsado.
Volvió a su pueblo y contrajo matrimonio, ganándose la vida dando clases particulares. Dejó el pueblo cuando vio que podía haber un peligro para él al no asistir al culto anglicano; al quedar viudo estudió en Reims donde fue ordenado sacerdote en el 1580.
Regresó a Inglaterra y durante un año estuvo ejerciendo su ministerio hasta que fue descubierto y arrestado y durante un tiempo fue enviado a la cárcel de Ilchester donde convivió con presos comunes, luego fue enviado a la cárcel londinense de Marshalsea, sin que los carceleros supieran su condición de sacerdote. Esto le permitió administrar los sacramentos a algunos presos e incluso celebrar la Eucaristía. También pudo recibir visitas con cierta libertad y hacer el bien a muchos con las limosnas que recibía.
Logró que se reconciliaran con la Iglesia algunos anglicanos. Fue descubierta su condición de sacerdote y cuatro años después fue ahorcado y descuartizado en Tyburn, Londres. Cuando era llevado al suplicio, su pequeña hija Francesca se adelantó hacía él llorando amargamente, y él con entereza y serenidad la consoló y la bendijo.
Juan Nutter. (c.1550 - 1584). Nació en Reedley Hallows, en Lancashire (Inglaterra); fue miembro del Saint John's College de Cambridge; una vez graduado se hizo católico. Estudió para el sacerdocio en Reims, y fue ordenado en 1582.
Al regresar a Inglaterra el viaje fue muy accidentado y le produjo una grave enfermedad, de la que intentó reponerse en el puerto de Dunwich (Suffolk), donde fue descubierto y encerrado en la cárcel londinense de Marshalsea. Su santidad, caridad y maneras francas le atrajeron el aprecio de los carceleros. Y su apostolado fue entre los presos, sosteniendo en la fe a los que eran católicos y convirtiendo a otros. Era hermano del también mártir beato Roberto Nutter.
Junto con sus compañeros, sufrió interrogatorio, se mantuvieron firmes en su fe y fueron condenados a muerte por traidores a la reina. Fueron ahorcados y descuartizados en la plaza londinense de Tyburn.
Juan Munden. (1543-1584). Nació en Coltely, Dorset, (Inglaterra); estudió en Oxford, pero fue expulsado cuando se supo que era católico. Fue profesor durante 14 años; después marchó a Reims y Roma para prepararse al sacerdocio y fue ordenado en el 1582.
Regresó a Inglaterra y durante medio año pudo ejercer su ministerio. Denunciado por un abogado fue apresado en Hounslow Heath y enviado a Londres, donde sufrió malos tratos, interrogatorios y prisión en la Torre de Londres.
Jorge Haydock. (1557-1584). Nació en Cottam Hall y decidió su vocación sacerdotal en vista de la situación religiosa de su país. Marchó a estudiar en los colegios ingleses de Douai y Roma; fue ordenado sacerdote en 1581 en Reims (Francia).
Regresó a Inglaterra como misionero “seminarista”, como entonces se llamaban a los ingleses que salían de su país para estudiar en los seminarios católicos y luego regresar para convertir a sus paisanos. Llegó a Londres en 1582 pero pronto fue descubierto y encarcelado en la cárcel de Marshalsea, donde vivió en la oscuridad y la soledad durante un año y tres meses. Luego le aplicaron un régimen carcelario más suave y así tuvo la posibilidad de confortar y administrar los sacramentos con sus compañeros de prisión. Fue condenado a muerte por traidor junto con otros cuatro compañeros. Cuando los cinco condenados oyeron la sentencia, entonaron el Te Deum, agradeciendo a Dios el privilegio del martirio. Los cinco fueron ahorcados y descuartizados en Tyburn, Londres. Fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 por el Papa Pío XI.
martes, 11 de febrero de 2020
Lecturas
En aquellos días, Salomón se puso en pie ante el altar del Señor frente a toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo: «Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú arriba en los cielos ni abajo en la tierra, tú que guardas la alianza y la fidelidad a tus siervos que caminan ante ti de todo corazón.
En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Y los fariseos y los escribas le preguntaron: « ¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Palabra del Señor.
¿Habitará Dios con los hombres en la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que yo te he erigido!
Inclínate a la plegaria y a la súplica de tu siervo, Señor, Dios mío. Escucha el clamor y la oración que tu siervo entona hoy en tu presencia. Qué día y noche tus ojos se hallen abiertos hacia este templo, hacia este lugar del que declaraste: “Allí estará mi Nombre”. Atiende la plegaria que tu servidor entona en este lugar. Escucha la súplica que tu siervo y tu pueblo Israel entonan en este lugar. Escucha tú, hacia el lugar de tu morada, hacia el cielo, escucha y perdona».
En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Y los fariseos y los escribas le preguntaron: « ¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. Pero vosotros decís: “Si uno le dice a su padre o a su madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».
Palabra del Señor.
Santa Soteris

En Roma, en la vía Apia, en el cementerio que lleva su nombre, santa Soteris, virgen y mártir, que, como relata san Ambrosio, renunciando por causa de la fe a la nobleza y a los honores de su familia, no se prestó a inmolar a los ídolos, ni se dejó vencer por las injurias humillantes, ni temió morir herida por una espada (c. 304).
San Ambrosio reconoce orgullosamente a esta santa como la honra mayor de su familia.
Soteris descendía de una larga línea de cónsules y prefectos, pero su gloria principal radica en el desprecio que, por amor a Cristo, sintió por su noble cuna, sus riquezas, su gran belleza y todo lo que el mundo considera tan valioso.
Desde muy joven consagró su virginidad a Dios y para evitar los peligros a que estaba expuesta, se negó resueltamente a portar cualquier ropaje o adorno que hiciera resallar su belleza. Su virtud la preparó para confesar la firmeza de su fe, cuando se inició la persecución de Diocleciano y Maximiano contra los cristianos y ella fue obligada a comparecer ante los magistrados.
Por orden del juez la abofetearon y Soteris dio gracias al cielo por verse maltratada en la misma forma que su Salvador. Aunque el juez mandó que la torturaran cruelmente, no consiguió que la santa exhalara un gemido o derramara una lágrima.
Al fin, vencido por su constancia, ordenó que fuera decapitada. Debemos admitir que no sabemos claramente si lodo esto sucedió a un mismo tiempo o en varias etapas. Puede ser que Santa Soteris haya sido aprehendida y torturada cuando era una jovencita durante la persecución de Decio y que cincuenta años después, bajo Diocleciano, alcanzara la corona del martirio, al morir decapitada por su fe.
San Ambrosio reconoce orgullosamente a esta santa como la honra mayor de su familia.
Soteris descendía de una larga línea de cónsules y prefectos, pero su gloria principal radica en el desprecio que, por amor a Cristo, sintió por su noble cuna, sus riquezas, su gran belleza y todo lo que el mundo considera tan valioso.
Desde muy joven consagró su virginidad a Dios y para evitar los peligros a que estaba expuesta, se negó resueltamente a portar cualquier ropaje o adorno que hiciera resallar su belleza. Su virtud la preparó para confesar la firmeza de su fe, cuando se inició la persecución de Diocleciano y Maximiano contra los cristianos y ella fue obligada a comparecer ante los magistrados.
Por orden del juez la abofetearon y Soteris dio gracias al cielo por verse maltratada en la misma forma que su Salvador. Aunque el juez mandó que la torturaran cruelmente, no consiguió que la santa exhalara un gemido o derramara una lágrima.
Al fin, vencido por su constancia, ordenó que fuera decapitada. Debemos admitir que no sabemos claramente si lodo esto sucedió a un mismo tiempo o en varias etapas. Puede ser que Santa Soteris haya sido aprehendida y torturada cuando era una jovencita durante la persecución de Decio y que cincuenta años después, bajo Diocleciano, alcanzara la corona del martirio, al morir decapitada por su fe.
lunes, 10 de febrero de 2020
Lecturas
En aquellos días, congregó Salomón a los ancianos de Israel en Jerusalén - todos los jefes de las tribus y los cabezas de familia de los hijos de Israel ante el rey - para hacer subir el Arca de la Alianza del Señor desde la ciudad de David, Sión.
En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.
Palabra del Señor.
En torno al rey Salomón se congregaron todos los varones de Israel. En el mes de etanín, el mes séptimo, por la fiesta, vinieron todos los ancianos de Israel y los sacerdotes condujeron el Arca e hicieron subir el Arca del Señor y la Tienda del Encuentro, con todos los objetos sagrados que había en ella. El rey Salomón y todo Israel, la comunidad de Israel reunida en torno a él ante el Arca, sacrificaron ovejas y bueyes en número no calculable ni contable.
Los sacerdotes acarrearon el Arca de la Alianza del Señor al santuario del templo, el Santo de los Santos, a su lugar propio bajo las alas de los querubines. Estos extendían las alas sobre el lugar del Arca, cubriendo el Arca y sus varales.
No había en el Arca más que las dos tablas de piedra que Moisés depósito allí en el Horeb: las tablas de la alianza que estableció el Señor pactó con los hijos de Israel cuando salieron de la tierra de Egipto.
Cuando salieron los sacerdotes del santuario - pues ya la nube había llenado el templo del Señor -, no pudieron permanecer ante la nube para completar el servicio, ya que la gloria del Señor llenaba el templo del Señor.
Dijo entonces Salomón: «El Señor puso el sol en el cielo, más ha decidido habitar en densa nube. He querido erigirme una casa para morada tuya, un lugar donde habites para siempre».
En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.
Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas.
En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.
Palabra del Señor.
Santa Austreberta

En la región de Rouen, en Neustria, santa Austreberta, virgen y abadesa, que rigió el monasterio de Pavilly, fundado piadosamente por el obispo san Audoeno.
Nació en Thérouanne (Artois); era hija de santa Framehilda y del conde palatino Badefrido, uno de los principales cortesanos del rey Dagoberto. Fue una niña seria y piadosa, con la mente fija en iglesias y convenios. Un día, mientras contemplaba su imagen reflejada en el agua, vio un velo sobre su cabeza; aquella extraña experiencia le produjo una impresión permanente. Al cumplir los doce años, su padre le anunció que ya tenía proyectado su matrimonio y la idea resultó tan desagradable para Austreberta, que huyó de la casa, acompañada por su hermano menor. Se refugió en un monasterio, donde el abad le dio asilo y le prometió imponerle el velo. Sin embargo, al saber quién era ella y pensando en lo preocupados que estarían sus padres por su ausencia, la persuadió para que regresara con él a su hogar.
El abad san Audomaro explicó el asunto a sus padres, que terminaron por acceder a que la joven entrara al convento, después de vivir con ellos algún tiempo. Aquel fue un período de prueba para Austreberta que se sentía atormentada por los escrúpulos de no haber respondido a la llamada de Dios. Tanto importunó a los suyos para que la dejasen partir, que por fin su padre la llevó al monasterio de Port (después Abbeville), en el Somme, donde tomó el hábito ella misma.
Muy pronto se ganó lodos los corazones con su piedad y humildad. Ella misma estaba feliz en aquella comunidad tan devota y observante. Se cuenta que un día cuando Austreberta horneaba el pan para la casa, ocurrió un suceso extraordinario. En el horno caliente ya se habían extinguido las llamas. Los panes estaban listos y sólo faltaba sacar las brasas. Austreberta metió la escoba, que se incendió de pronto y llenó el horno con fuego. Austreberta, temiendo que el pan se quemara, cerró primero la puerta de la cocina y después, inclinándose entre las llamas, que no le hicieron ningún daño, limpió el interior del horno con sus manos y sacó el pan. A la asombrada muchacha que había presenciado la escena le encargó que no dijera nada a nadie y después siguió con su larca tranquilamente, sin ninguna quemadura en sus carnes ni en sus ropas. Sólo a su confesor reveló Austreberta lo sucedido y, aunque éste quedó lleno de admiración, le advirtió: "Hija, no vuelvas a ser tan temeraria, no sea que la próxima vez tientes a Satanás y recibas algún daño."
En aquel tiempo vivía un hombre piadoso llamado san Audoeno que había fundado en Pavilly el monasterio en el que profesó su hija Áurea. Por consejo de san Filiberto, Audeno nombró superiora de su convento a Austreberta, quien ya desde hacía tiempo era abadesa de Port.
La santa se resistió a separarse de sus amadas hijas para ir a enfrentarse con muchas dificultades en otro monasterio, pero ante la insistencia de san Filiberto acabó por aceptar. En su nueva casa encontró una completa falta de disciplina y se impuso la tarea de urgir a sus monjas el estricto cumplimiento de las reglas; pero las religiosas no se conformaron con aquella severidad y acudieron a protestar ante Audeno, y acusaron a la santa de varias ofensas graves. El fundador dio crédito a las calumnias y después de injuriar a la superiora, llegó al grado de amenazarla con su espada, pero Austreberta no se inmutó y ciñéndose el velo alrededor del cuello, inclinó la cabeza esperando el golpe mortal. Su valor hizo que Audeno recuperara la cordura y desde entonces la dejó que gobernara a sus monjas del modo que creyera conveniente. Es patrona de Barentin, cerca de Rouen, donde el arroyo toma el nombre de Austreberte. Su vida está llena de leyendas.
Nació en Thérouanne (Artois); era hija de santa Framehilda y del conde palatino Badefrido, uno de los principales cortesanos del rey Dagoberto. Fue una niña seria y piadosa, con la mente fija en iglesias y convenios. Un día, mientras contemplaba su imagen reflejada en el agua, vio un velo sobre su cabeza; aquella extraña experiencia le produjo una impresión permanente. Al cumplir los doce años, su padre le anunció que ya tenía proyectado su matrimonio y la idea resultó tan desagradable para Austreberta, que huyó de la casa, acompañada por su hermano menor. Se refugió en un monasterio, donde el abad le dio asilo y le prometió imponerle el velo. Sin embargo, al saber quién era ella y pensando en lo preocupados que estarían sus padres por su ausencia, la persuadió para que regresara con él a su hogar.
El abad san Audomaro explicó el asunto a sus padres, que terminaron por acceder a que la joven entrara al convento, después de vivir con ellos algún tiempo. Aquel fue un período de prueba para Austreberta que se sentía atormentada por los escrúpulos de no haber respondido a la llamada de Dios. Tanto importunó a los suyos para que la dejasen partir, que por fin su padre la llevó al monasterio de Port (después Abbeville), en el Somme, donde tomó el hábito ella misma.
Muy pronto se ganó lodos los corazones con su piedad y humildad. Ella misma estaba feliz en aquella comunidad tan devota y observante. Se cuenta que un día cuando Austreberta horneaba el pan para la casa, ocurrió un suceso extraordinario. En el horno caliente ya se habían extinguido las llamas. Los panes estaban listos y sólo faltaba sacar las brasas. Austreberta metió la escoba, que se incendió de pronto y llenó el horno con fuego. Austreberta, temiendo que el pan se quemara, cerró primero la puerta de la cocina y después, inclinándose entre las llamas, que no le hicieron ningún daño, limpió el interior del horno con sus manos y sacó el pan. A la asombrada muchacha que había presenciado la escena le encargó que no dijera nada a nadie y después siguió con su larca tranquilamente, sin ninguna quemadura en sus carnes ni en sus ropas. Sólo a su confesor reveló Austreberta lo sucedido y, aunque éste quedó lleno de admiración, le advirtió: "Hija, no vuelvas a ser tan temeraria, no sea que la próxima vez tientes a Satanás y recibas algún daño."
En aquel tiempo vivía un hombre piadoso llamado san Audoeno que había fundado en Pavilly el monasterio en el que profesó su hija Áurea. Por consejo de san Filiberto, Audeno nombró superiora de su convento a Austreberta, quien ya desde hacía tiempo era abadesa de Port.
La santa se resistió a separarse de sus amadas hijas para ir a enfrentarse con muchas dificultades en otro monasterio, pero ante la insistencia de san Filiberto acabó por aceptar. En su nueva casa encontró una completa falta de disciplina y se impuso la tarea de urgir a sus monjas el estricto cumplimiento de las reglas; pero las religiosas no se conformaron con aquella severidad y acudieron a protestar ante Audeno, y acusaron a la santa de varias ofensas graves. El fundador dio crédito a las calumnias y después de injuriar a la superiora, llegó al grado de amenazarla con su espada, pero Austreberta no se inmutó y ciñéndose el velo alrededor del cuello, inclinó la cabeza esperando el golpe mortal. Su valor hizo que Audeno recuperara la cordura y desde entonces la dejó que gobernara a sus monjas del modo que creyera conveniente. Es patrona de Barentin, cerca de Rouen, donde el arroyo toma el nombre de Austreberte. Su vida está llena de leyendas.
domingo, 9 de febrero de 2020
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