martes, 6 de septiembre de 2011

Nuestra Señora de Guadalupe, de Extremadura.

Sucedió, según cuenta el hecho una sencilla leyenda rimada, allá mediado el siglo XIII. Nos hallamos en una región agreste, corazón de Extremadura, en los repliegues de los montes de Toledo vecinos al pico de las Villuercas, en la aldea de Alía. Un pastor, recontando el ganado a la hora del encierro, echó de menos una vaca. Partió a buscarla. Internóse por aquellos montes, robledales bravíos, buenos para la caza de osos en verano al decir del libro de La Montería, hasta llegar a un riachuelo de arábigo nombre, el Guadalupejo (río escondido). Remontóle. A la derecha, desviándose de su curso y siguiendo probablemente los restos de una calzada romana, encontró, luego de pasados tres días, la vaca, muerta pero intacta, respetada por las fieras. Sacó de la vaina un cuchillo de monte y se dispuso a desollarla. Comenzó, según costumbre, haciéndole en el pecho dos incisiones en forma de cruz. Y entonces...
El pastor vio a la Señora. La Señora Santa María le dijo:
—Ve a comunicar a los clérigos de Cáceres que en el sitio donde yace tu vaca hay enterrada una gloriosa imagen mía. Quiero la desentierren, le erijan una capilla y le tributen el culto debido, porque mediante ella yo derramaré misericordias. Vendrán gentes de todas las tierras y haré innumerables milagros. Que se dé a todos cuantos vengan a visitarme comida y hospedaje gratuitos. Y será edificado un pueblo.
Desaparecida la visión y preso de la emoción consiguiente, contempló el pastor con asombro que la vaca, resucitada, pacía quieta a la sombra de un roble, conservando entre las patas delanteras una cicatriz en forma de cruz.
Marchó a la ciudad. La Virgen quiso confirmar su mensaje resucitando a un hijo del pastor que acababa de morir. Con ello consiguió persuadir a los clérigos, que se encaminaron en algún número al lugar del prodigio. Allí, efectivamente, encontraron enterrada una antiquísima imagen. Le construyeron con premura una capilla de ramaje y cortezas de alcornoques.
Dice la leyenda que junto a la imagen se conservaba un pergamino declarando su procedencia:
Había pertenecido al papa San Gregorio, quien le profesaba suma devoción. Un día la peste asoló a Roma y el Papa determinó sacarla en procesión de rogativas. Durante ella el Papa vio aparecer un ángel sobre el sepulcro de Adriano (llamado luego por esto castillo de Sant'angelo) envainando una espada ensangrentada, y un coro de ángeles cantando, como señal de que el azote de Dios cesaba por la intercesión de María, la antífona Regina coeli laetare...
El Papa envió la imagen a San Isidoro de Sevilla, por medio de su hermano San Leandro, para que presidiera los destinos de la España recién convertida y unificada. Y cuando la invasión sarracena amenazó Sevilla, los cristianos huyeron, llevándose nuestra imagen con las reliquias de aquella familia de santos, para enterrarla en lugar seguro, como hicieron cerca del Guadalupejo en el lugar que mejor les pareció.
Inmediatamente comenzaron los milagros y el afluir de las gentes. Ya en 1329 consta históricamente de la existencia de una capilla, dotada con algunas tierras, junto a la que se levantaban hospitales para peregrinos y enfermos. Entre aquellas gentes piadosas, no era el menos devoto Alfonso Onceno, rey de Castilla.
Viendo este rey que la ermita amenazaba ruina, mandó construir el hermoso templo que hoy se conserva (1330-1335). Poco después, habiéndose encomendado a Nuestra Señora en la batalla del Salado, le atribuyó su victoria y en agradecimiento declaró al monasterio de patronato real y lo constituyó en priorato. Como dice un historiador. "Desde entonces quedó consagrada esta santa casa como santuario real y las glorias españolas, lo mismo que sus desgracias, comenzaron de consuno a girar en torno del hermoso trono de la reina de Altamira, de la Morenita de las Villuercas".
En 1346 el segundo prior del monasterio lo transforma en un impresionante castillo a fin de protegerlo de las incursiones de las ciudades vecinas. Y ya en l383 es tan grande la afluencia de peregrinos, procedentes de todas partes, que el arzobispo de Toledo, Pedro Tenorio, se ve compelido a construir el famoso puente sobre el Tajo que lleva su nombre (Puente del Arzobispo) con objeto de facilitarles el paso.
Pocos años después, en 1389, viendo el rey que la importancia del santuario crecía sin cesar y que la afluencia de los peregrinos y el correr de los milagros aumentaban continuamente, comprendió la necesidad de una comunidad religiosa que lo sostuviese y se dedicara exclusivamente al culto de Nuestra Señora. Así en el año 1389 llegaron al monasterio 31 monjes de la recién nacida Orden de San Jerónimo, llevando al frente a uno de sus cofundadores, el padre Yáñez, a quien Enrique III quiso para arzobispo de Toledo, sin poderlo recabar de su modestia.
Desde estos momentos la Virgen no parece cansarse de prodigar sus gracias desde el monasterio. A sus pies encontraron los grandes hombres y mujeres de la España de oro el aliento y el espíritu cristiano y caballeresco que les impulsó en sus empresas. Todas las grandezas de España se forjaron a sus pies.
Sería imposible enumerarlas. Recordemos solamente algunos de los nombres más ilustres y hechos más significativos:
La casa de Trastamara tuvo extraordinaria devoción a la Virgen. Para ayudar a Juan I en la batalla de Aljubarrota se vendió su primer trono. Juan II se buscó entre los monjes del monasterio un consejero, a la muerte del valido don Alvaro de Luna. Doña María de Aragón y Enrique IV (enterrados en el monasterio) tuvieron por confesor al extático padre Cabañuelas, de quien se cuenta uno de los milagros eucarísticos más célebres de España.
La vida de los Reyes Católicos dice estrechísima relación con Guadalupe. En 1464, teniendo Isabel trece años, se celebra en el santuario su primer concierto matrimonial con el portugués Alfonso V, y el segundo en 1469. Más de veinte veces vino ella al monasterio con diversos motivos, y siempre en busca de la sombra de la Virgen, ordenando por último que su testamento fuese conservado siempre en el monasterio. Yendo a Guadalupe visitó la muerte a su esposo don Fernando, quien ya había sido librado por intercesión de la Virgen del atentado que sufrió en Barcelona el 1492.
Bien es sabido que durante el reinado de Fernando e Isabel se realizan dos gestas que van a definir para siempre el perfil y la misión histórica de España en el mundo: la integración nacional y unidad religiosa por la toma de Granada y la conquista y cristianización de América.
Devotamente se encomendó a Nuestra Señora la reina Isabel, mediante las oraciones de los monjes, cuando la guerra de Granada. Una vez conquistada la ciudad, en el mismo día, se apresuró a enviar la siguiente carta que se conserva en el archivo de la casa
"Devoto Prior: Ya sabéis cómo vos hice saber muchas veces la entrada del Rey mi Señor a conquistar el reino de Granada, por que rogásedes a Dios Nuestro Señor le diese la victoria de aquellos enemigos de nuestra Santa Fe Católica. Agora vos hago saber cómo ya, bendito Nuestro Señor, le plugo dar al Rey mi Señor esta victoria que hoy dos días de este mes de enero, se nos entregó la ciudad de Granada con todas sus fuerzas y sus tierras. Lo que vos escribo solamente para que hagáis gracias a Dios Nuestro Señor que tuvo por bien de vos oír, y dar en esto el fin deseado.— De la ciudad de Granada, dos días de enero de 92 años. Yo, la Reina." Y el 9 de junio vinieron los dos reyes a dar personalmente gracias a la Virgen trayéndole innumerables trofeos de la batalla.
En Guadalupe se firmaron en 20 de junio de 1488 las cartas reales a Juan de Peñalosa, dándole facultades para que "constriñades a los maestres y gentes dellas (las carabelas) que fueren menester, que vayan con él (Colón) para que las puedan llevar a donde por vos le ha sido mandado".
Si por la Virgen pudo comenzarse el viaje, por la Virgen se pudo terminar, porque, cuando al regreso les asaltó durísima tempestad en las islas Azores, se encomendaron a Santa María de Guadalupe, prometiendo ir, aquél a quien designare la suerte, a llevarle un grueso cirio a su casa, siendo el mismo almirante el designado para traerlo. Por eso en el segundo viaje puso el nombre de Guadalupe a la primera isla descubierta —Turuqueira— y a los pies de la imagen (29 de julio de 1496) consagró las primicias espirituales del Nuevo Mundo, ya que hizo bautizar a los dos primeros indios que recibieron este sacramento en España.
Si a ello añadimos que los grandes conquistadores de América, nacidos al amparo de la Virgen de Guadalupe en la región extremeña (Pizarro, Cortés, Ovando, etc.) aprendieron desde niños a encomendarse a Ella, no nos extrañará que llevasen su devoción al Nuevo Mundo y acudiesen a Ella en sus momentos difíciles, como hizo señaladamente Cortés, quien, cual prenda de agradecimiento, le envió en una ocasión una hermosa lámpara y un alacrán de oro. Así encontramos el nombre de la Virgen de Guadalupe extendido por toda la geografía americana, desde el Tepeyac, en Méjico, hasta Lima, pasando por Guápulo (Quito), Potosí, Sucre, Pacasmayo, Ica, Chuquiabo, Misque, Trujillo, Cochabamba y Oruro.
Cuando el último rey de España, Alfonso XIII, le ciñó hermosísima corona, como representante de tantos antecesores suyos en el trono y en la devoción, pudo leerse en ella: Regina Hispaniarum, ora pro nobis (Reina de las Españas, ora por nosotros): reconocimiento de esta atribución suya de realeza sobre toda la Hispanidad.
Porque no fue solamente América, sino todo lugar donde lo español puso su planta. El Gran Capitán, su devotísimo, la llevó por Nápoles, Palermo, Mesina. Ella ayudó a Cisneros en la conquista de Orán y Cisneros, en buena ley de caballería andante a lo divino, le envió 300 cautivos por él libertados para que le dieran gracias, viniendo luego también él para hacerlo personalmente.
Estuvo presente en Lepanto con don Juan de Austria; con Felipe II en la guerra contra los moriscos de Granada; con don Sebastián de Portugal en la guerra de Marruecos (precisamente fue en Guadalupe donde Felipe II le negó ayuda militar y la mano de su hija Isabel Clara): presidió las negociaciones que llevaron a la unidad ibérica en tiempo de este rey.
La invocó el conde-duque de Olivares en la batalla de Fuenterrabía; Alvarez de Sotomayor en la batalla de Budapest contra los turcos (1686), y le envió su corazón para que yaciera siempre a sus pies; el conde de Alcaudete en las batallas de Temeswar (1716) y de Belgrado (1717). La llevaron a Flandes el duque de Alba e Isabel Clara Eugenia, a Hungría el emperador Fernando: Carlos V a Alemania; a Inglaterra la desgraciada María Tudor. Todo el esplendor de la España de los Austrias, cuyos reyes la visitaron innúmeras veces, le ofrecieron sus mejores exvotos, propagaron su devoción por el mundo. Hasta Polonia, el Congo, Grecia, conocieron y rezaron al Señor por intercesión de la Virgen de Guadalupe; hasta la lejana India a donde la llevaron los portugueses.
Brilló peculiarmente el Poder de Nuestra Señora en la liberación de cautivos, de forma tal que a sus devotos se les daba trato de especial vigilancia en los mercados de esclavos de Berbería, por la presteza con que alcanzaban libertad. Cautivo insigne que supo esto por experiencia fue Miguel de Cervantes, quien vino a ofrecerle sus cadenas después del cautiverio de Argel. Ya en el siglo XV daba testimonio un viajero alemán de que colgaban de las paredes del templo cadenas de cautivos libertados en cantidad tal, que no se podrían transportar ni con 200 carros.
Muchos de ellos servían como agradecimiento, a las obras del monasterio. Hubo quienes, imitados luego por gentes de toda condición y estilo, se consagraban al servicio de la Virgen de por vida, mediante voto de esclavitud perpetua primer forma de esclavitud mariana conocida en la Iglesia.
Y fue San Juan de Dios quien escuchó en Guadalupe de labios de la Virgen la orden de consagrarse al cuidado de los enfermos, que eran atendidos, por otra parte, en el monasterio con tanto esmero, que llegaron a ser mundialmente famosas sus escuelas de medicina, donde se practicó por vez primera en Europa la autopsia.
La casa de Borbón, menos afecta al santuario, recibió también muchos beneficios de la Virgen. El monasterio ayudó mucho a Carlos III en la guerra contra Inglaterra; a Carlos IV contra la Revolución Francesa; a Godoy contra Inglaterra. Y cuando la invasión francesa asoló España, el monasterio se volcó exhaustivamente en ayuda de los patriotas empeñando todas las alhajas de la Virgen.
Luego vinieron los años negros. En 1835 la exclaustración terminó con lo poco que dejaron los franceses y poco a poco la inmensa mayoría de los españoles olvidaron a la Virgen de Guadalupe. Su monasterio fue en gran parte destruido; sus riquezas aventadas; sirvió hasta de cuartel...
En 1908 comenzó su restauración material y espiritual. Se hicieron cargo de la empresa los hijos de San Francisco de Asís, que tanto habían propagado su devoción por América. Alfonso XIII y el Primado de las Españas quisieron reparar tanta ingratitud, coronándola solemnemente en 1928. Luego Ella volvió a proteger a sus hijos y de nuevo tornó a difundirse su devoción y sus milagros. Fue decisiva su milagrosa intervención en la guerra de 1936 y desde entonces su culto fue aumentando más y más, porque Ella es aquí, en Guadalupe, reina y madre de misericordia, sanadora de almas y cuerpos.
No cabe duda de que la Virgen se ha manifestado en Guadalupe como Reina de las grandezas de España, Reina de la Hispanidad. Ella templó espíritus para obras grandes —reconquista, unidad hispana político-religiosa, conquista de América, Imperio español, lucha contra los turcos—, imprimiendo a los momentos más esplendorosos de nuestra historia un sello espiritual, católico, mariano. Ahora bien, el recuerdo de las glorias pretéritas sólo debe servirnos para incitarnos al hacer.
Pensar lo que significa la Virgen de Guadalupe en la historia espiritual de España y del mundo debe enseñarnos a acudir a Ella, para adquirir a sus plantas ese espíritu caballeresco y cristiano indispensable a la gran tarea que llama a nuestros corazones. Cada uno de nosotros debe ser un conquistador, un misionero. Y todos podemos serlo si confiamos en su ayuda y nos apoyamos en su intercesión.
No se trata de que volvamos a soñar con pasadas grandezas imperiales estilo siglo XVI —la historia no suele volver—. Hemos de ser más generosos, más espirituales, vivir nuestra hora: se trata de un quehacer más amplio y de mayor ambición: ganar el mundo —el mundo de hoy, el mundo del porvenir sobre todo— para Cristo.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Reflexión de hoy




Lecturas



Hermanos:
Ahora me alegro de sufrir por vosotros: asi completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos Dios ha querido dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria.
Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo: ésta es mi tarea, en la que lucho denodadamente con la fuerza poderosa que él me da.
Quiero que tengáis noticia del empeñado combate que sostengo por vosotros y los de Laodicea, y por todos los que no me conocen personalmente.
Busco que tengan ánimos y estén compactos en el amor mutuo, para conseguir la plena convicción que
da el comprender, y que capten el misterio de Dios.
Este misterio es Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer.



Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar.
Había allí un hombre que tenla parálisis en el brazo derecho.
Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico:
-«Levántate y ponte ahí en medio.»
Él se levantó y se quedó en pie.
Jesús les dijo:
-«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?»
Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre:
-«Extiende el brazo.»
Él lo hizo, y su brazo quedó restablecido.
Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.


Palabra del Señor.

Beata Madre Teresa de Calcuta

Madre Teresa Calculta (1910 –1997)

« La pobreza es algo maravilloso porque nos da libertad significa que son menos los obtáculos que nos separan de Dios»

Nació en 1910 en la antigua Albania. « soy de ciudadanía India, soy monja católica. Por profesión pertenezco al mundo entero. Por corazón pertenezco por completo al corazón de Jesús».-

Con 18 años entró en la Orden de las Hermanas de Ntra. Sra. de Loreto en Irlanda, se preparó en Dublín y en Darjeeling (India), antes de tomar los hábitos en 1937.

En 1946 recibió la llamada de Dios. Mientras estaba como directora de un instituto en Calcuta, se conmovió por la presencia en la calle de un hombre enfermo y moribundo. Éste hecho la llenó de fuerza, forjó su caracter y marcó sus objetivos: salir a la calle y ofrecer a la gente la vida de Jesucristo. En 1948 pidió permiso para abandonar su puesto en el convento y empezar su ejemplar ministerio contra la enfermedad.

Empezó a pequeña escala, ayudando a víctimas de la lepra, y hoy es la cabeza de la «Misioneras de la Caridad» (creada de la nada en 1950, y extendida a través de todo el mundo).

El gobierno Indio cedió 34 acres de terreno para construir la primera misión, Shanti Nagar (ciudad de la Paz) .

En 1965 el Papa Pablo VI puso la misión bajo el control del papado, y autorizó à la Madre Teresa la expansión fuera de los límites de la India. Fundó leproserías, centros para ciegos, discapacitados, ancianos, escuelas, orfanatos para los pobres.... a lo largo del mundo, incluyendo uno en Roma en 1968 .

La Compañía de los Hermanos de la Caridad ( formados solo por hombres) se formó a mediados de los 60. En 1971 el Papa Pablo VI le otorgó el premio de la Paz Juan XXIII, en el siguiente año el gobierno de la India la nominó para el premio Jawaharlal Nehru para el entendimiento internacional. Pero hasta 1979 no recibió el mayor de los premios: el premio Nóbel de la Paz.

La Madre Teresa aceptó estos premios con humildad, usando el dinero de los mismos para la fundación de más centros. En 1990 cerca de tres mil monjas pertenecen las misioneras de la caridad, situada en 25 países. Hoy están presentes en mas de 100 países.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Reflexión de hoy




Lecturas



Así dice el Señor:
«A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte.
Si yo digo al malvado:
“¡Malvado, eres reo de muerte!”, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.»


Hermanos:
A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.»
Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Palabra del Señor.

Más abajo encontrareis la HOMILÍA correspondiente a estas lecturas.

Homilía


La crítica constructiva.

La conciencia crítica es necesaria como servicio al bien común. Pero, no toda conciencia crítica es buena.
La crítica, hecha a la luz del Espíritu , es una virtud de la que, a menudo, carecemos los cristianos, porque nos resulta más cómodo acuartelarnos bajo el manto de la obediencia ciega, de la sumisión a las normas establecidas sin preguntarnos por nada. Esta sumisión irresponsable nos incapacita para tomar decisiones por nosotros mismos olvidando, como dice San Juan, que “la verdad nos hará libres”.
Lo malo es que este conformismo estúpido es frecuentemente interpretado como sinónimo de santidad, de humildad y rodeamos de aureola lo que no deja de ser un estancamiento estéril.
Es más fácil huir de la realidad, esconder la cabeza debajo del ala, contemplar las aguas turbulentas desde la orilla, sin implicarnos en el centro de la corriente del gran río de la vida.

Esta actitud siempre fue bien acogida por los regímenes autoritarios que desde las leyes dictadas por ellos controlaban las conciencias de los ciudadanos y los “rebeldes” eran tomados como enemigos de la sociedad o incluso de la religión.
De esta manera muchos de nosotros hemos ido creciendo desde estos falsos valores en una cierta psicosis de culpabilidad cuando hemos “atropellado” dicha ley., parapetados en el temor

El mensaje bíblico nos invita a permanecer en el lugar donde vive la gente y, con ella, trabajar, afanarse y luchar. Como cristianos estamos “condenados” a ser solidarios y a mirar por nuestros hermanos, los hombres, y muy especialmente por los más necesitados de nuestra ayuda.
Lo refleja el profeta Ezequiel, que pone en boca del Señor palabras como éstas: “ “Si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta; si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida” (Ezequiel 33, 9).

Debemos ejercer la crítica, siempre y cuando estemos dispuestos a aceptar la crítica de los demás. Algo nada fácil por el natural egoísmo.

La crítica constructiva, realizada desde el respeto y la consideración hacia quien queremos corregir, nos humaniza, nos responsabiliza y nos adentra en el mundo de los seres libres que Dios quiere.
“A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley “ (Romanos 13, 8).
Cuando esto ocurre, la persona crece en autoestima, se relaciona en madurez con todo su entorno, fomenta la creatividad y participa plenamente en el desarrollo humano y cristiano de la sociedad y la Iglesia.

La crítica negativa.

Hay una crítica enfermiza que parte del resentimiento, del egoísmo humano, la envidia, la venganza... que se esconde bajo una positiva apariencia de interés, pero que busca la destrucción de la persona. Debemos descartarla como contraria al evangelio.
Lo mismo cabe decir de las ideas fijas, de los juicios de valor que con tanta ligereza proferimos y que tanto daño causan a la fama del hermano. Creamos así estereotipos y etiquetas que encorsetan a la persona y la convierten a nuestros ojos en un ser marcado para siempre con el sambenito de nuestra incomprensión.. Nos cerramos así a la posibilidad del cambio, a la conversión cristiana., a la transformación que genera la madurez y la mirada a los ojos de Dios.
Todos merecemos una oportunidad y ojalá que evolucionemos para bien.

Mensaje de hoy.

Las lecturas del día de hoy nos retan precisamente a salir del pasotismo y a involucrarnos en las realidades evangélicas.
Cuando prevalece el amor y el interés por el hermano, podemos ejercer la corrección fraterna,
sabiendo que será bien interpretada.
Existe una mala entendida claridad:- “yo soy así de sincero ; suelto las verdades a la cara-, ejercida con acritud, sin delicadeza, que en lugar de ayudar conlleva rejones de muerte y termina creando complejos y depresiones. Lo vemos constantemente en las pantallas de televisión, desde donde con una frivolidad pasmosa se arremete contra el otro y se busca el conflicto.
Pero, las desviaciones no justifican el rechazo a la crítica.

En nuestras circunstancias actuales de opresión, violencia estructural o esclavitud económica, es necesario este tipo de crítica que forma parte de la ética universal y que opta por una sociedad global, solidaria y humanizadora, para hacer frente a la ética del mercado y el lujo.

Por eso la corrección fraterna no es una mera estrategia sociológica para recuperar la comunicación, sino una espiritualidad que nace del mismo Dios que ha venido a liberarnos en Cristo Jesús, y a quien tenemos que recurrir, sostenidos por la oración, como garantía de una auténtica liberación.
De esta forma, la corrección fraterna es un sacramento para quien la ofrece y para quien la recibe.

Nuestra Señora de la Consolata

La devoción a Nuestra Señora de la Consolata nació en Turín (Italia) en los primeros siglos del cristianismo. Cuenta la tradición que fue San Eusebio desterrado a Palestina por el emperador Constancio, en el año 354 quien al regresar, le trajo a su amigo San Máximo, una imagen de la Virgen María que -según se decía- había pintado San Lucas. Máximo colocó el cuadro en una capilla, al lado de una iglesia dedicada a San Andrés, y así, el pueblo de Turín comenzó a venerar a la Virgen María bajo el título de Consoladora que, en la expresión popular devino en Consolata.
Los obispos de Turín confiaron la imagen de la Consolata a los Padres Benedictinos en el año 840, dos acontecimientos contribuyeron a su desaparición. Primero, hubo que esconderla, debido a la persecución y destrucción de imágenes por parte de los iconoclastas. Una guerra, que destruyó el templo de San Andrés y la capilla donde estaba, sepultándola bajo los escombros y en el olvido.
Pero permaneció viva en la memoria de sus fieles. Y muchos años más tarde, Arduino, por un tiempo rey de Italia, erigió una capilla para la Virgen Consolota, en agradecimiento a una curación milagrosa y respondiendo al pedido que la misma Señora le había expresado en una visión. Pero también esta capilla fue destruida y la imagen desapareció por segunda vez.
En el año 1104, la Virgen se le apareció a un ciego en Briançon, Francia. Era Jean Ravais (o Ravache ), a quien le prometió devolverle la vista cuando llegara al lugar que Ella le indicaría, y donde encontraría la imagen perdida.

Jean Ravais así lo hizo y luego de un largo viaje llegó a Turín. El lugar indicado por la Virgen era la torre de una Iglesia destruida. El 20 de junio, en presencia del obispo, sus sacerdotes y el pueblo, comenzaron las excavaciones. Y la imagen perdida apareció debajo de las ruinas. Fue el obispo quien la sacó de entre los escombros y la expuso a la vista de todo el pueblo allí congregado, exclamado:

"¡Ruega por nosotros, Virgen Consoladora!", A lo que la gente respondió: "Intercede por tu pueblo". y en ese momento, Jean Ravais recobró la vista.

El cuadro de la Virgen Consolata es un lienzo pintado con estilo de "ícono" oriental-bizantino. Arte sacro, que representa los valores espirituales más que la belleza física exterior. Arte simbólico más que realista. Es de autor desconocido, pero rico en enseñanzas de devoción a la Virgen. Contemplando la imagen impresionan los dos rostros. El de María refleja una leve tristeza templada de suave esperanza.

Tiene la mirada dirigida a quienes la miran, como infundiéndoles sus mismos pensamientos, y la cabeza inclinada levemente hacia Jesús, fuente y causa de todas sus grandezas, consuelo de la Humanidad.
La mano derecha contra el pecho pareciera indicar que asume como propias todas las penas de sus hijos, tarea maternal como consoladora de los afligidos. María Consolata nos presenta a Jesús, sentado sobre el brazo izquierdo de su Madre, lado del corazón. María sostiene a su Hijo, lo cuida como Madre, lo custodia, pero no lo retiene para sí. El vínculo de unión entre ellos son las dos manos izquierdas, levemente unidas, que expresan la unidad llena de cariño y de respeto, símbolo del amor más bello que une el corazón de Dios al corazón de una criatura.

El Niño con su mano derecha bendice al mundo a la manera oriental: dos dedos alzados (que significan las dos naturalezas de Cristo, humana y divina), y los otros tres doblados (que indican la Trinidad). Fiel al arte iconográfico, la imagen tiene en cuenta los colores: el manto de la Virgen es de un azul intenso que indica su gloria en el cielo; el borde dorado simboliza su participación en la gloria de Dios; el rojo, expresa la realeza: la de María, Reina de todo lo Creado y la de Jesús. Las tres estrellas sobre el manto de la Virgen (una de ellas oculta por la figura del Niño), son signo de la virginidad de María antes, durante y después de la concepción de Jesús.

El anillo en su dedo es expresión de autoridad y poder: Ella es la Madre del Salvador, vencedora de todo mal. Por último, las dos aureolas que manifiestan la santidad y la gloria de Cristo y de María, obtenidas por medio de la cruz. En definitiva, el cuadro presenta a María y su Hijo estrechamente unidos: quien encuentra a María, encuentra a Jesús, y quien encuentra al Hijo encuentra a la Madre.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Reflexión de hoy




Lecturas



Hermanos:
Antes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha y sin reproche en su presencia.
La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis.
En el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui nombrado su ministro.



Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano.
Unos fariseos les preguntaron:
-« ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?»
Jesús les replicó:
-« ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros.»
Y añadió:
-«El Hijo del hombre es señor del sábado.»


Palabra del Señor.

San Gregorio Magno, Papa y Doctor

Señor Dios, que cuidas a tu pueblo con ternura y lo gobiernas con amor, te pedimos que, por intercesión del papa San Gregorio Magno, concedas el Espíritu de sabiduría a quienes has establecido como maestros y pastores de la Iglesia, para que así el progreso de los fieles constituya el gozo eterno de sus pastores. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Gregorio significa "el Vigilante", en Griego
Nació y murió en Roma en 540 y 604.
Estudió Derecho y en 573 fue nombrado Prefecto.
Como heredó la fortuna de su padre, construyó varios monasterios en Roma y se retiró al Monte Celio.
Fue ordenado diácono y en 578 el Papa Benedicto I lo ordenó presbítero.

Fungió como Nuncio en Constantinopla entre 579 y 586. Tres años después fue elegido Papa, misión en que se distinguió por su oratoria, política tolerante, administración atinada, interés misionero en Inglaterra y España y tacto en la reforma del clero y la liturgia. Su acción pastoral se refleja en varias de sus obras: Regla pastoral, Diálogos, Sacramentario y Antifonario.

Se distinguió, también, por su obra bíblica (varios comentarios), ascética (su Moralina) y epistolar (859 cartas). Apenas muerto, fue venerado como santo y la tradición lo asumió como Patrón de los liturgistas, sabios e investigadores, por su amplia erudición; de los músicos, chantres y cantores, por la escuela de canto que fundó (cantos gregorianos); Defensor contra la enfermedad de la gota y la peste; y Abogado de las almas del purgatorio por las "misas gregorianas" que hasta él se hicieron remontar.

En la iconografía aparece, como todos los papas, con la tiara y la cruz papal; en calidad de Padre de la Iglesia (uno de los cuatro grandes de Occidente) al que la tradición conoce como El Grande; y como monje. Una paloma, símbolo de inspiración, una cartela con notas musicales, los emblemas pontificios y el ánima sola o varias almas del purgatorio son sus atributos principales.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Reflexión de hoy




Lecturas



Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.



En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los escribas:
-«Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber.»
Jesús les contestó:
-«¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán. »
Y añadió esta parábola:
-«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino nuevo revienta los odres, se derrama, y los odres se estropean.
A vino nuevo, odres nuevos.
Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “Está bueno el añejo.”»


Palabra del Señor.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Reflexión de hoy




Lecturas



Hermanos: Desde que nos enteramos de vuestra conducta, no dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias al Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.


En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar." Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes." Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador." Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.


Palabra del Señor.