domingo, 14 de febrero de 2010

Lecturas



Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor

Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. »


Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido

Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no a resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.


Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: - «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Palabra del Señor.

Más abajo encontrareis la HOMILÍA correspondiente a estas lecturas.

Homilía


EL GRITO DE LOS POBRES
Las masas empobrecidas

Se está acentuando en los últimos años en Occidente un racismo lampante y xenófobo, que se traduce en violencias, marginaciones, controles policiales, expulsiones.
Un racismo, cuyo origen primero no es el color de la piel ni la diferencia idiomática o religiosa, sino el miedo a perder la privilegiada condición económica:

“vienen a quitarnos el trabajo, a chupar de la Seguridad Social, a beneficiarse de nuestros sacrificios, a quebrantar nuestras tradiciones y costumbres...”

La realidad, sin embargo, es más cruda y cruel: Vienen sencillamente huyendo de unas situaciones económicas asfixiantes, abatidos por el hambre y, al mismo tiempo, seducidos por la riqueza, de la que hacen gala los países desarrollados a través de los rápidos medios actuales de información, que es fruto de la expoliación de sus materias primas, pagadas con baratijas de bajo coste...
Nos encontramos así con un mundo de tremendas desigualdades: países ricos, cada vez más ricos y países pobres, cada vez más pobres y esquilmados.
Por eso los movimientos migratorios resultan imparables, porque las masas empobrecidas deben buscar sobrevivir entre una creciente población mundial.
La igualdad, por utópica que pueda parecer, se presenta como la única posibilidad de un futuro sostenible para la humanidad.
Hace más de 30 años salió al mercado una novela, bajo el título:

“Cuando China despierte, el mundo temblará”

No quiero ni pensar lo que sucedería si las masas hambrientas, que conforman más de las ¾ partes de la humanidad, decidieran saquear las riquezas de sus opresores y volvieran las invasiones que marcaron grandes épocas de nuestra historia.
De momento, los movimientos migratorios, alimentados por estas lacerantes desigualdades, son legítimos e imparables.

Humanizar el mundo

¿Cuándo humanizaremos nuestro mundo?
¿Cuántas muertes todavía deberemos lamentar, porque no somos capaces de asumir la causa de los pobres?

Con el bochornoso espectáculo que día a día dan algunas de nuestras cadenas televisivas, las gratificaciones millonarias de los consejos de dirección de empresas, los desfalcos ingentes de directores, apoderados y vividores de turno, la asignación de los políticos -tanto de izquierdas como de derechas- preocupados por mantener su sueldo en plena crisis económica mientras amenazan con rebajas de las pensiones a los jubilados y evitan recortes de personal de asesores y altos cargos, la mayoría a dedo, de la administración del Estado, lo único que podemos garantizar es enfrentamientos y división.

A Jesús -lo vimos hace unas semanas- lo expulsaron de la sinagoga de su pueblo, Nazaret, por abrazar la causa de los pobres y anunciarse como profeta.
A partir de entonces se rodeó de un reducido grupo de seguidores para anunciar la Buena Nueva e iniciar con ellos la regeneración de la sociedad de su tiempo, caracterizada- como la actual o más- por las desigualdades y la inmensa pobreza de la mayoría de la población.
La situación actual, que es más agravante en las masas empobrecidas de la mayor parte de Afrecha, América Central y del Sur y una parte de Asia, conforma un mapa de difícil solución, que requerirá medidas políticas y sociales que la ONU no termina de asumir o se pierde en un bello discurso de declaración de buenas intenciones.

Bienaventuranzas y malaventuranzas

Jesús contó con un auditorio entusiasmado y enfervorizado que sintió seguramente la llamada a la dignidad de la persona como una liberación.
Las cuatro bienaventuranzas de San Lucas, con sus cuatro malaventuranzas paralelas, resuenan todavía en los oídos de los pobres, que abogan por su liberación y en labios de Jesús, reafirman una vez más la cercanía de Dios, que nunca abandona a su Pueblo.
Para el pueblo judío el único rey era Yahvé. Si aceptaban la monarquía era porque su rey se comprometía a defender la causa de los pobres y establecer la justicia. Algo que nunca sucedió en los sucesivos reinados.

Por fin, aparecía alguien que hacía presente a Yahvé y brotaba la esperanza. Como brotó la esperanza en las naciones sudamericanas con la Teología de la liberación, cuyas intuiciones básicas y muchos de sus contenidos no han sido condenados por el Magisterio de la Iglesia, en contra de lo que muchos puedan pensar y al silencio elocuente de Leonardo Boff y Gutiérrez, sus más cualificados defensores.
Es difícil hablar de los pobres sin encarnarse y vivir la misma realidad que viven ellos, tan condicionados por el lugar, la cultura, las costumbres y los medios de supervivencia.

Es fácil, por el contrario, caer en la demagogia o una actitud compasiva y limosnera.
Pero es indudable que hay más hambre de Dios entre los pobres que entre los ricos.
Nuestro mundo occidental adolece de esa hambre de Dios y está sobrado de hambre de riquezas, sembradoras de odios y de envidias. Nadie, cuya filosofía sea “tener” se sentirá contento con su coche, su vestido o su casa mientras encuentre la posibilidad de acceder a otros mejores. La sed material no se sacia nunca. Nos habla la voz de la experiencia.

Jesús no va contra la riqueza, sino contra los que teniendo, no comparten sus bienes.
Tampoco desea la pobreza material. Sí, en cambio la espiritual, la que pone en Dios la esperanza definitiva y siembra la dicha de entrar en el Reino de Dios, donde se saciará definitivamente nuestro hambre, donde nuestro llanto se transformará en risa y donde no habrá ya ni odios ni persecuciones, sino AMOR que se entrega.

Las Bienaventuranzas siempre aparecerán ante los verdaderos seguidores de Jesús como baremo que mida nuestro comportamiento y como un examen perenne de conciencia sobre los objetivos de nuestra vida.

Cabe preguntarse:

¿Qué lugar ocupa el dinero en mi escala de valores?
¿Con quién comparto mis bienes?
¿Cómo colaboro con la causa de los pobres?

Y es bueno que así lo hagamos -la desgracia de Haití es una muestra- si nos consideramos seguidores de Jesús.

sábado, 13 de febrero de 2010

Meditación...

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas



Jeroboán hizo dos becerros de oro

En aquellos días, Jeroboán pensó para sus adentros: «Todavía puede volver el reino a la casa de David. Si la gente sigue yendo a Jerusalén para hacer sacrificios en el templo del Señor, terminarán poniéndose de parte de su señor, Roboán, rey de Judá; me matarán y volverán a unirse a Roboán, rey de Judá.» Después de aconsejarse, el rey hizo dos becerros de oro y dijo a la gente: « ¡Ya está bien de subir a Jerusalén! ¡Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto! » Luego colocó un becerro en Betel y el otro en Dan. Esto incitó a pecar a Israel, porque unos iban a Betel y otros a Dan. También edificó ermitas en los altozanos; puso de sacerdotes a gente de la plebe, que no pertenecía a la tribu de Levi. Instituyó también una fiesta el día quince del mes octavo, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar que había levantado en Betel, a ofrecer sacrificios al becerro que había hecho. En Betel estableció a los sacerdotes de las ermitas que había construido. Jeroboán no se convirtió de su mala conducta y volvió a nombrar sacerdotes de los altozanos a gente de la plebe; al que lo deseaba lo consagraba sacerdote de los altozanos. Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán y motivó su destrucción y exterminio de la tierra.


La gente comió hasta quedar satisfecha

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer., y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.» Le replicaron sus discípulos: « ¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?» Él les preguntó: « ¿Cuántos panes tenéis?» Ellos contestaron: «Siete.» Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor.

viernes, 12 de febrero de 2010

Meditación...

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas



Se independizó Israel de la casa de David

Un día, salió Jeroboán de Jerusalén, y el profeta Ajías, de Siló, envuelto en un manto nuevo, se lo encontró en el camino; estaban los dos solos, en descampado. Ajías agarró su manto nuevo, lo rasgó en doce trozos y dijo a Jeroboán: «Cógete diez trozos, porque así dice el Señor, Dios de Israel: "Voy a arrancarle el reino a Salomón y voy a darte a ti diez tribus; lo restante será para él, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel."» Así fue como se independizó Israel de la casa de David hasta hoy.


Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor.

jueves, 11 de febrero de 2010

Meditación...

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas



Por haber sido infiel al pacto, te voy a arrancar el reino de las manos; pero dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a David

Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses extranjeros; su corazón ya no perteneció por entero al Señor como el corazón de David, su padre. Salomón siguió a Astarté, diosa de los fenicios, y a Maleón, ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor como su padre David. Entonces construyó una ermita a Camós, ídolo de Moab, en el monte que se alza frente a Jerusalén, y a Maleón, ídolo de los amonitas. Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban en honor de sus dioses. El Señor se encolerizó contra Salomón, porque había desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y que precisamente le había prohibido seguir a dioses extranjeros; pero Salomón no cumplió esta orden. Entonces el Señor le dijo: «Por haberle portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida.»


Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: -«Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.» Pero ella replicó: -«Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.» Él le contestó: -«Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. » Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Meditación...

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas



La reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón

En aquellos días, la reina de Sabá oyó la fama de Salomón y fue a desafiarle con enigmas. Llegó a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes y oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le propuso todo lo que pensaba. Salomón resolvió todas sus consultas; no hubo una cuestión tan oscura que el rey no pudiera resolver. Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los manjares de su mesa, toda la corte sentada a la mesa, los camareros con sus uniformes sirviendo, las bebidas, los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó asombrada y dijo al rey: « ¡Es verdad lo que me contaron en mi país de ti y tu sabiduría! Yo no quería creerlo; pero ahora que he venido y lo veo con mis propios ojos, resulta que no me habían dicho ni la mitad. En sabiduría y riquezas superas todo lo que yo había oído. ¡Dichosa tu gente, dichosos los cortesanos que están siempre en tu presencia, aprendiendo de tu sabiduría! ¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que, por el amor eterno que tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia! La reina regaló al rey cuatro mil quilos de oro, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca llegaron tantos perfumes como los que la reina de Sabá regaló al rey Salomón.


Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: -«Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.» Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: -« ¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.» Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: -«Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor.

martes, 9 de febrero de 2010

Meditación...

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas



Sobre este templo quisiste que residiera tu nombre. Escucha la súplica de tu pueblo, Israel

En aquellos días, Salomón, en pie ante el altar del Señor, en presencia de toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo: _«¡Señor, Dios de Israel! Ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay un Dios como tú, fiel a la alianza con tus vasallos, si caminan de todo corazón en tu presencia. Aunque, ¿es posible que Dios habite en la tierra? Si no cabes en el cielo y lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que he construido! Vuelve tu rostro a la oración y súplica de tu siervo Señor, Dios mío, escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu siervo. Día y noche estén tus ojos abiertos sobre este templo, sobre el sitio donde quisiste que residiera tu nombre. ¡Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio! Escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo, Israel, cuando recen en este sitio; escucha tú, desde tu morada del cielo, y perdona. »


Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: -«¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?» Él les contestó: -«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Y añadió: -«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre" y "el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte"; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: "Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo", ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.»

Palabra del Señor.

lunes, 8 de febrero de 2010

Meditación...

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas



Llevaron el arca de la alianza al Santísimo, y la nube llenó el templo

En aquellos días, Salomón convocó a palacio, en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a los jefes de tribu y a los cabezas de familia de los israelitas, para trasladar el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David, o sea Sión. Todos los israelitas se congregaron en torno al rey Salomón, en el mes de Etanín (el mes séptimo), en la fiesta de las Tiendas. Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes cargaron con el arca del Señor, y los sacerdotes levitas llevaron la tienda del encuentro, más los utensilios del culto que había en la tienda. El rey Salomón, acompañado de toda la asamblea de Israel reunida con él ante el arca, sacrificaba una cantidad incalculable de ovejas y bueyes. Los sacerdotes llevaron el arca de la alianza del Señor a su sitio, al camarín del templo, al Santísimo, bajo las alas de los querubines, pues los querubines extendían las alas sobre el sitio del arca y cubrían el arca y los varales por encima. En el arca sólo había las dos tablas de piedra que colocó allí Moisés en el Horeb, cuando el Señor pactó con los israelitas, al salir de Egipto. Cuando los sacerdotes salieron del Santo, la nube llenó el templo, de forma que los sacerdotes no podían seguir oficiando, a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba el templo. Entonces, Salomón dijo: «El Señor puso el sol en el cielo, el Señor quiere habitar en la tiniebla; y yo te he construido un palacio, un sitio donde vivas para siempre.»


Los que lo tocaban se ponían sanos

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Palabra del Señor.