martes, 7 de junio de 2011

Lecturas



En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso.
Cuando se presentaron, les dijo:
-«Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos.
Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús.
Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu.
No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios.
He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver.
Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios.»



- «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste.
Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.
Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo.
Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos.
SI, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado.
Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»


Palabra del Señor.

lunes, 6 de junio de 2011

Santoral del 6 de Junio




Reflexión del día



Lecturas



Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
- «¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?»
Contestaron:
- «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo.»
Pablo les volvió a preguntar:
- «Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?»
Respondieron:
- «El bautismo de Juan.»
Pablo les dijo:
- «El bautismo de Juan era signo de conversión, y él decía al pueblo que creyesen en el que iba a venir después, es decir, en Jesús.»
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses habló en público del reino de Dios, tratando de persuadirlos.



En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
- «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»
Les contestó Jesús:
- ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.»


Palabra del Señor.

domingo, 5 de junio de 2011

Reflexión del día



Lecturas



En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que habla escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les recomendó: -«No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»
Ellos lo rodearon preguntándole:
-«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
Jesús contestó:
-«No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad.
Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: -«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»



Hermanos:
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.
Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.



En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
-«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»


Palabra del Señor.

Más abajo encontrareis la HOMILÍA correspondiente a estas lecturas.

Homilía


Subir cada día más.

La ilusión de un joven es ascender, subir siempre más arriba, ser el mejor en su trabajo, en el deporte, en la cultura, en la influencia social...
Pero a medida que nos vamos haciendo mayores nos damos cuenta de nuestras limitaciones físicas, intelectuales o sociales. Nos conformamos con unas metas humanas asequibles a nuestra capacidad y nos acogemos, si somos medianamente inteligentes y sensatos, a la misericordia y a la fuerza de Dios que todo lo puede.

Hay personas que, poseyendo grandes actitudes, se han visto sacudidas duramente por la vida de pobreza, privaciones y fracasos, a menudo provenientes de la falta de oportunidades. Pero han sabido mantener la dignidad y la compostura, el tesón en el trabajo, la entereza en el dolor, la bondad en la acogida generosa y la entrega sacrificada..
Son personas dignas de admiración y profundo respeto.
Podemos recordar palabras de muchos de nuestros padres y su comportamiento, sin rencores ni envidias:“¡Que mi hijo sea mejor que yo en todo! Ya que yo no he podido, al menos que él sí!”
Y lo dicen con el sano orgullo de ver crecer a su hijo, al vecino o a cualquier persona allegada.
Sin saberlo nos han puesto una cota muy alta. ¡Ya quisiéramos nosotros mantener su misma dignidad y honradez!

Por desgracia, en nuestra vapuleada sociedad de la competencia y la rivalidad malsana imperan cauces poco éticos. Nos hemos vuelto egoístas, recelosos, envidiosos y, con frecuencia, rencorosos. ¿Cómo voy a pasar a éste mis apuntes si será mi rival en las oposiciones?
Es más importante buscar el enchufe, trepar con adulaciones, desvirtuar la realidad, salvaguardar las apariencias, comprar “capacidades ajenas” para mantener el poder que no merecemos.
La figura del “trepa”, del que busca tener y aparentar más que ser y ascender por méritos propios, es la nota predominante de una parte de nuestra sociedad farisaica y demagógica.
Nada de todo esto es objeto de glorificación o alabanza.

La plenitud de una vida.

Sin embargo, la ascensión del Señor nos confirma y expresa la plenitud de una vida, la de Jesús, que ha sido glorificada, y con ella la de millones de seres humanos que sentimos que nuestra esperanza no ha sido defraudada.
De esta manera el fracaso se transforma en triunfo y la vida misma, regada por los valores que proyectamos cada día, va poco a poco adquiriendo su plenitud.
La entrega, el sacrificio, la bondad, el amor y las actividades nobles recobran así una nueva dimensión y no quedan baldías, porque dignifican las relaciones humanas y se glorifican en Dios a través de Jesús.

Mirar al cielo no es quedarse absorto en la contemplación del mismo.
Es ver que Jesús triunfante es el modelo a seguir, imitando su vida, y trabajar por sembrar los mismos ideales que sembró el Maestro de Galilea; a saber:
La civilización del amor, que busca el crecimiento constante de la persona a quien se ama.
La denuncia de las injusticias que obstaculizan el pleno desarrollo de las capacidades y riquezas interiores de cada individuo.
La liberación de todo tipo de esclavitudes que oscurecen la dignidad de todos los hijos de Dios, que hemos sido llamados a subir a lo más alto, desarrollando en libertad los talentos que él nos regaló al nacer.

“Yo estoy siempre con vosotros”

No estamos solos: Jesús camina a nuestro lado hasta el final de nuestro itinerario terrestre, como guía que nos lleva al Padre.
Al enchufar la tv o abrir las páginas del periódico nos damos cuenta de cuán cara resulta a veces la libertad para los que cruzan en pateras el Estrecho, entran como polizontes en las costas de los países desarrollados o atraviesan empalizadas policiales en busca de mejores condiciones económicas. Y lo hacen con un objetivo concreto: un trabajo, una familia, una vida más digna que garantice un porvenir para sí y los suyos, no porque no se sientan vinculados a su tierra, a la que anhelan volver.

Nosotros tenemos una Patria, una libertad, una familia, un hogar., una razón suprema para vivir y amar:

Una Patria: el Reino de los cielos
Una libertad:
la que Jesús nos ha regalado con su muerte y resurrección.
Una familia: la familia de los hijos de Dios.
Un hogar:
la Iglesia que nos acoge, guía y acompaña.
Una razón suprema para vivir y amar:
los hombres, nuestros hermanos, en los que resplandece el proyecto de Dios, y a través de ellos la presencia del Resucitado que ha prometido estar con nosotros hasta la consumación de los siglos.

Reitero lo dicho más arriba:
No podemos quedarnos contemplando el cielo, sino activando nuestros mejores recursos para que la misión evangelizadora que nos encargó Jesús llegue a todos los hombres.

Cuando El nos llame, “lo veremos tal cual es” y alcanzaremos la plenitud en un estado espiritual nuevo que, parafraseando a San Pablo, “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni hombre alguno ha imaginado, lo que Dios ha preparado para los que lo aman”.


¡Feliz y santo Día del Señor!

sábado, 4 de junio de 2011

Reflexión del día



Lecturas



Pasado algún tiempo en Antioquía, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, animando a los discípulos.
Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en la Escritura. Lo habían instruido en el camino del Señor, y era muy entusiasta; aunque no conocía más que el bautismo de Juan, exponía la vida de Jesús con mucha exactitud.
Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Su presencia, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios.
Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

Palabra del Señor.

viernes, 3 de junio de 2011

Reflexión del día



Lecturas



Estando Pablo en Corinto, una noche le dijo el Señor en una visión:
- «No temas, sigue hablando y no te calles, que yo estoy contigo, y nadie se atreverá a hacerte daño; muchos de esta ciudad son pueblo mío.»
Pablo se quedó allí un año y medio, explicándoles la palabra de Dios.
Pero, siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se abalanzaron en masa contra Pablo, lo condujeron al tribunal y lo acusaron:
- «Éste induce a la gente a dar a Dios un culto contrario a la Ley.»
Iba Pablo a tomar la palabra, cuando Galión dijo a los judíos:
- «Judíos, si se tratara de un crimen o de un delito grave, sería razón escucharos con paciencia; pero, si discutís de palabras, de nombres y de vuestra ley, arreglaos vosotros. Yo no quiero meterme a juez de esos asuntos.»
Y ordenó despejar el tribunal.
Entonces agarraron a Sostenes, jefe de la sinagoga, y le dieron una paliza delante del tribunal. Galión no hizo caso.
Pablo se quedó allí algún tiempo; luego se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria con Priscila y Aquila. En Cencreas se afeitó la cabeza, porque había hecho un voto.



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría.
Ese día no me preguntaréis nada.»


Palabra del Señor.

jueves, 2 de junio de 2011

Reflexión del día



Lecturas



En aquellos días, Pablo dejó Atenas y se fue a Corinto. Allí encontró a un tal Aquila, judío natural del Ponto, y a su mujer Priscila; habían llegado hacía poco de Italia, porque Claudio había decretado que todos los judíos abandonasen Roma.
Se juntó con ellos y, como ejercía el mismo oficio, se quedó a trabajar en su casa; eran tejedores de lona. Todos los sábados discutía en la sinagoga, esforzándose por convencer a judíos y griegos.
Cuando Silas y Timoteo bajaron de Macedonia, Pablo se dedicó enteramente a predicar, sosteniendo ante los judíos que Jesús es el Mesías.
Como ellos se oponían y respondían con insultos, Pablo se sacudió la ropa y les dijo:
- «Vosotros sois responsables de lo que os ocurra, yo no tengo culpa. En adelante me voy con los gentiles.»
Se marcho de allí y se fue a casa de Ticio justo, hombre temeroso de Dios, que vivía al lado de la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; también otros muchos corintios que escuchaban creían y se bautizaban.



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»
Comentaron entonces algunos discípulos:
- « ¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?»
Y se preguntaban:
- « ¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.»
Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo:
- « ¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»


Palabra del Señor.

miércoles, 1 de junio de 2011

Reflexión del día



Lecturas



En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes.
Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo:
- «Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido.”
Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo. De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios.
Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: “Somos estirpe suya.”
Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto, resucitándolo de entre los muertos.»
Al oír «resurrección de muertos” unos lo tomaban a broma, otros dijeron:
- «De esto te oiremos hablar en otra ocasión.»
Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más.
Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto
.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»


Palabra del Señor.