domingo, 13 de junio de 2010

Lecturas


El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás

En aquellos días, Natán dijo a David: "Así dice el Señor, Dios de Israel: "Yo te ungí rey de Israel, te libré de las manos de Saúl, te entregué la casa de tu señor, puse sus mujeres en tus brazos, te entregué la casa de Israel y la de Judá, y, por si fuera poco, pienso darte otro tanto. ¿Por qué has despreciado tú la palabra del Señor, haciendo lo que a él le parece mal? Mataste a espada a Urías, el hitita, y te quedaste con su mujer. Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías."" David respondió a Natán: "¡He pecado contra el Señor!" Natán le dijo: "El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás."

Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí

Hermanos: Sabemos que el hombre no se justifica por cumplir la Ley, sino por creer en Cristo Jesús. Por eso, hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por cumplir la Ley. Porque el hombre no se justifica por cumplir la Ley. Para la Ley yo estoy muerto, porque la Ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Yo no anulo la gracia de Dios. Pero, si la justificación fuera efecto de la Ley, la muerte de Cristo sería inútil.

Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: "Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora." Jesús tomó la palabra y le dijo: "Simón, tengo algo que decirte." Él respondió: "Dímelo, maestro." Jesús le dijo: "Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?" Simón contesto: "Supongo que aquel a quien le perdonó más." Jesús le dijo: "Has juzgado rectamente." Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama." Y a ella le dijo: "Tus pecados están perdonados." Los demás convidados empezaron a decir entre sí: "¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?" Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz." Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

Palabra del Señor.

Más abajo encontrareis la HOMILÍA correspondiente a estas lecturas.

Homilía


JESUS Y LA MUJER PECADORA

Las lecturas de este domingo están impregnadas de dos personajes singulares: EL rey David y Jesús.

El rey David

Fue un rey extraordinario de Israel: valiente, leal, generoso, justo y devoto.
Amó tiernamente a Yahvé-Dios y era un ejemplo vivo para su pueblo en todas las facetas de la convivencia. Pero quedó seducido por la belleza de Betfagé, esposa de Urías, capitán de su ejército. Cegado por la pasión, obnubilada su mente por el ansia de poseer a la mujer, tramó un plan para que Urías muriera en combate y casarse con su amada. Todo salió según lo previsto. Ambos se casaron y, aparentemente, vivían felices. Sin embargo, la denuncia del profeta Natán desveló al rey la gravedad de su pecado. Enseguida reconoce su falta, pide perdón, se viste de saco, ayuna y hace penitencia hasta saberse perdonado por Dios.
A él se atribuyen los impresionantes versículos del salmo 50 (el famoso Miserere), todos ellos un sentido canto al perdón y a la misericordia de Dios: “Misericordia, Dios mío por tu bondad; por tu inmensa compasión borra toda mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado”.

Dios responde a su arrepentimiento prometiéndole que saldrá de su linaje el Mesías.
Contrasta esta actitud humilde del rey David con lo que sucede hoy con algunos de los programas de máxima audiencia de la TV: los programas basura, cuyo único objetivo es criticar a los demás, alimentar el morbo, difamar, “despellejar” al contrincante, ponerle en evidencia, descalificarle con insultos y condenarle, a menudo con mentiras. Y triunfan, porque hay un núcleo grande de la sociedad que no entiende el significado de la misericordia, la compasión o el arrepentimiento, aunque digan con la boca pequeña que “errar es de personas y rectificar de sabios”.
La lección que podemos extraer de este pasaje del Libro 2 de Samuel es que Dios, a diferencia de muchos de nosotros, siempre nos da una, dos o las oportunidades que sean necesarias.

Jesús

Del relato que hemos escuchado en Lc. 7,36-8,3 se desprende que Jesús no era un rabino al estilo de la época, pues rompía protocolos y se saltaba la observancia de leyes secundarias judías cuando estaba en juego “la misericordia, la justicia y la buena fe”.
Un buen rabino no debía nunca hablar en público con las mujeres, ni mezclarse con pecadores y gente de mal vivir.
El evangelista pone de relieve que, al aceptar Jesús la invitación del fariseo Simón a comer en casa de éste, quiere poner de relieve lo que es “religiosamente correcto”.
Jesús se muestra irónico ante Simón por no haber seguido la saludable costumbre judía de saludar al huésped con el beso de la paz, ofrecer una jofaina de agua para que se lavara los pies sudorosos por el largo caminar y perfume para ungirlos. Cuando no se ama, tampoco abundan los detalles ni prevalece el perdón.
En cambio, la mujer pecadora, probablemente una prostituta, que se presenta ante Jesús, no se arredra, ni repara en las miradas de rechazo, porque en su interior arde el amor.
No conoce las normas de la hospitalidad, pero cumple sin saberlo con el protocolo.
Su beso de paz la redime para siempre; sus lágrimas gratifican su arrepentimiento, y el perfume que derrama sobre los pies de Jesús fortalece su fe para seguirle mediante el buen olor de las buenas obras, “porque al que mucho ama, mucho se le perdona”.

El fariseo Simón

Un rabino de su categoría no podía soportar fácilmente una situación embarazosa como ésta. Juzga en su interior la actitud de Jesús y su implicación con “malas compañías”.
Es incapaz de mirarse a sí mismo, porque conoce la Ley, domina sus emociones y tiene clara noción de lo “políticamente correcto”. No quiere ver mancillada su imagen y su prestigio..
Una vez más se muestra aquí en toda su crudeza la paradoja del Reino de los cielos, donde “habrá últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”.
La actitud de Simón es idéntica a la nuestra cuando levantamos barreras entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, colocamos etiquetas a las personas y las marginamos.

¡Cuánto daño hacemos con la maledicencia, los juicios peyorativos y la calumnia!

¡Cuán gran consuelo debió experimentar la mujer pecadora después de su encuentro con Jesús, pues había en ella una limpieza, una honestidad y una autenticidad que Jesús valoró y reconoció!


Jesús y las mujeres

Las mujeres ocuparon un lugar privilegiado en la vida de Jesús. Además de su madre, hubo muchas que le siguieron por los caminos de Judea y Galilea, le acompañaron en la cruz y recibieron la vista de Jesús resucitado.
Jamás negó Jesús cualquier petición venida de una mujer.
Por eso recibió tantas críticas de los escribas y fariseos, habituados a marcar distancias con los inferiores en rango; mucho más con las mujeres, los publicanos, los leprosos y los proscritos por la ley.

San Pablo, al que algunos tachan de antifeminista por su comentario en la Carta a los Efesios, afirmó en su momento que ya no hay barreras entre hombre o mujer, esclavos y libres, judíos y gentiles, porque nos une a todos la fe en Jesucristo y somos justificados por ella.

Pasados veinte siglos, siguen las discriminaciones en buena parte del mundo contra las mujeres. También dentro de los llamados “gobiernos progresistas” que utilizan su imagen y no las tienen en cuenta en la toma de decisiones sobre algunas leyes, como la del aborto en España, que se pondrá en práctica a primeros de Julio. Será duro para ellas tomar decisiones que no desean.

¿Aprenderemos de una vez los seguidores de Jesús a dar a la mujer la dignidad que se merece como hizo El?

En consecuencia, preguntémonos los que venimos a Misa, escuchamos la palabra de Dios y cumplimos con la Iglesia, que no basta con ser correctos en lo comportamientos externos ni con salvaguardar nuestra buena imagen. Si no echamos una mano para resolver los problemas de nuestros hermanos, nos implicamos en la catequesis, en la acción caritativa social, en la visita a los enfermos... y en tantas otros sitios que necesitan de nuestra entrega, seríamos malos cristianos.
"Una fe sin obras, como afirmaba el apóstol Santiago, es una fe muerta"

sábado, 12 de junio de 2010

Meditaciones

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas




Desbordo de gozo con el Señor

La estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos

Conservaba todo esto en su corazón

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.” Él les contestó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor.

viernes, 11 de junio de 2010

Meditaciones

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas



Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear

Así dice el Señor Dios: "Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de los países, las traeré a su tierra, las apacentaré en los montes de Israel, en las cañadas y en los poblados del país. Las apacentaré en ricos pastizales, tendrán sus dehesas en los montes más altos de Israel; se recostarán en fértiles dehesas y pastarán pastos jugosos en los montes de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido."

La prueba de que Dios nos ama

Hermanos: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos, salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos y escribas esta parábola: "Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido." Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse."

Palabra del Señor.

jueves, 10 de junio de 2010

Meditaciones

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas


Elías oró, y el cielo derramó lluvia

En aquellos días, Elías dijo a Ajab: "Vete a comer y a beber, que ya se oye el ruido de la lluvia." Ajab fue a comer y a beber, mientras Elías subía a la cima del Carmelo; allí se encorvó hacia tierra, con el rostro en las rodillas, y ordenó a su criado: "Sube a otear el mar." El criado subió, miró y dijo: "No se ve nada." Elías ordenó: "Vuelve otra vez." El criado volvió siete veces, y a la séptima dijo: "Sube del mar una nubecilla como la palma de una mano." Entonces Elías mandó: "Vete a decirle a Ajab que enganche y se vaya, no le coja la 11uvia." En un instante se oscureció el cielo con nubes empujadas por el viento, y empezó a diluviar. Ajab montó en el carro y marchó a Yezrael. Y Elías, con la fuerza del Señor, se ciñó y fue corriendo delante de Ajab, hasta la entrada de Yezrael.

Todo el que esté peleado con su hermano, será procesado

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano, será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Procura arreglarte con el que te pone pleito en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí

Palabra del Señor.

miércoles, 9 de junio de 2010

Meditaciones

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas


Que sepa este pueblo que tú eres el Dios verdadero, y que tú les cambiarás el corazón

En aquellos días, el rey Ajab despachó órdenes a todo Israel, y los profetas de Baal se reunieron en el monte Carmelo. Elías se acercó a la gente y dijo: "¿Hasta cuándo vais a caminar con muletas? Si el Señor es el verdadero Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal." La gente no respondió una palabra. Entonces Elías les dijo: "He quedado yo solo como profeta del Señor, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta. Que nos den dos novillos: vosotros elegid uno; que lo descuarticen y lo pongan sobre la leña, sin prenderle fuego; yo prepararé el otro novillo y lo pondré sobre la leña, sin prenderle fuego. Vosotros invocaréis a vuestro dios, y yo invocaré al Señor; y el dios que responda enviando fuego, ése es el Dios verdadero." Toda la gente asintió: "¡Buena idea!" Elías dijo a los profetas de Baal: "Elegid un novillo y preparadlo vosotros primero, porque sois más. Luego invocad a vuestro dios, pero sin encender el fuego." Cogieron el novillo que les dieron, lo prepararon y estuvieron invocando a Baal desde la mañana hasta mediodía: "¡Baal, respóndenos!" Pero no se oía una voz ni una respuesta, mientras brincaban alrededor del altar que habían hecho. Al mediodía, Elías empezó a reírse de ellos: "¡Gritad más fuerte! Baal es dios, pero estará meditando, o bien ocupado, o estará de viaje; ¡a lo mejor está durmiendo y se despierta!" Entonces gritaron más fuerte; y se hicieron cortaduras, según su costumbre, con cuchillos y punzones, hasta chorrear sangre por todo el cuerpo. Pasado el mediodía, entraron en trance, y así estuvieron hasta la hora de la ofrenda. Pero no se oía una voz, ni una palabra, ni una respuesta. Entonces Elías dijo a la gente: "¡Acercaos!" Se acercaron todos, y él reconstruyó el altar del Señor, que estaba demolido: cogió doce piedras, una por cada tribu de Jacob, a quien el Señor había dicho: "Te llamarás Israel"; con las piedras levantó un altar en honor del Señor, hizo una zanja alrededor del altar, como para sembrar dos fanegas; apiló la leña, descuartizó el novillo, lo puso sobre la leña y dijo: "Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre la víctima y la leña." Luego dijo: "¡Otra vez!" Y lo hicieron otra vez. Añadió: "¡Otra vez!" Y lo repitieron por tercera vez. El agua corrió alrededor del altar, e incluso la zanja se llenó de agua. Llegada la hora de la ofrenda, el profeta Elías se acercó y oró: "¡Señor, Dios de Abrahán, Isaac e Israel! Que se vea hoy que tú eres el Dios de Israel, y yo tu siervo, que he hecho esto por orden tuya. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que sepa este pueblo que tú, Señor, eres el Dios verdadero, y que eres tú quien les cambiará el corazón." Entonces el Señor envió un rayo que abrasó la víctima, la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja. Al verlo, cayeron todos sobre su rostro, exclamando: "¡El Señor es el Dios verdadero! ¡El Señor es el Dios verdadero!"

No he venido a abolir, sino a dar plenitud

«No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos».

Palabra del Señor.

martes, 8 de junio de 2010

Meditación

BUENOS DÍAS:

Meditación de hoy.

Lecturas


La orza de harina no se vació, como lo había dicho el Señor por medio de Elías

En aquellos días, se secó el torrente donde se había escondido Elías, porque no había llovido en la región. Entonces el Señor dirigió la palabra a Elías: "Anda, vete a Sarepta de Fenicia a vivir al1í; yo mandaré a una viuda que te dé la comida." Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí a una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba." Mientras iba a buscarla, le gritó: "Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan." Respondió ella: "Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos." Respondió Elías: "No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."" Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Vosotros sois la luz del mundo

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo de un celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo".

Palabra del Señor.