lunes, 29 de junio de 2026
Lecturas del 29/06/2026
En aquellos días, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.
Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua.
Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
De repente; se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate».
Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias».
Así lo hizo, y el ángel le dijo: «Envuélvete en el manto y sígueme».
Salió y lo seguía, sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo ante ellos. Salieron y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel.
Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».
Querido hermano: Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.
Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial.
A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Palabra del Señor.
29 de Junio 2026 – Beato Raimundo Llull
Nació en Mallorca. Se casó con Blanca Picany, de la que tuvo dos hijos, y tuvo sus escarceos amorosos dentro del matrimonio. Fue senescal de Jaime I el Conquistador. Fue bastante frívolo en su juventud, él mismo cuenta uno de los episodios de su conversión, cuando persiguiendo con un caballo a una doncella hasta entrar en la iglesia, ésta le ofreció el pecho que estaba devorado por un cáncer y su visión le aterró. Subió a Montserrat y peregrinó a Nuestra Señora de Rocamadur (Francia) y a Santiago de Compostela; en Barcelona se encontró con san Raimundo de Peñafort. "Desde entonces el Amado fue todo para mí". Después de su conversión, -se hizo terciario franciscano- decidió reparar sus desvaríos promoviendo misiones y predicando la liberación del Santo Sepulcro. Tras la muerte de su esposa, pudo vivir libremente como franciscano. Escribió en prosa y en verso; libros de filosofía y teología, dedicados especialmente al mundo árabe y judío: “Arte Magna”; (que llevó a la Sorbona y que no fue aceptada), “Árbol de la ciencia”; “Contemplación de Dios”; “Blanquerna”; “Cántico del Amigo y del Amado”; “Canto de Ramón”; “Cien nombres de Dios”.
Creó en Mallorca el Centro de estudios orientales de Miramar, con el fin de preparar a misioneros entre el Islam; y donde se enseñaba la lengua árabe y teología, porque él concebía la obra misionera como una empresa caballeresca. Eligió una dama para esta empresa y será María Inmaculada (será así uno de los defensores de este dogma). Viajó por Europa, Túnez y Chipre. "Si no nos entendemos por el lenguaje, entendámonos por el amor". El mismo nos resume su vida: "Estuve ligado con los lazos matrimoniales; tuve dos hijos; gocé de muchas riquezas; fui mundano; fui lujurioso. Todo ello lo abandoné. Aprendí el árabe. Estuve tres veces en tierras de sarracenos. Por la fe católica fui prendido, encarcelado y azotado. Consagré cuarenta años de mi vida a promover el bien público de la cristiandad".
Los Papas, los sabios, escucharon sus ideas, y el canciller de la Sorbona le ofreció una cátedra en la Universidad. En 1314, ya octogenario salió de Mallorca para su último gran viaje al África, "quiero morir en un piélago de amor"; y con este deseo pasó a Bujía (actual Bajaïa) donde sufrió tales vejaciones de parte de los sarracenos, como la lapidación, que aunque luego sobrevivió será venerado como mártir. En 1315 volvió a Túnez donde escribió 15 pequeñas obras apologéticas. Murió en Mallorca, y las palabras del Amado nos gritan: "Si vosotros, amadores, queréis agua, venid a mis ojos, que son fuente de lágrimas, y si queréis fuego, venid a mi corazón y encended en él vuestra antorcha". Se le conoce como el “Doctor Illuminatus”. El Papa Pío IX confirmó su culto en 1850.
Creó en Mallorca el Centro de estudios orientales de Miramar, con el fin de preparar a misioneros entre el Islam; y donde se enseñaba la lengua árabe y teología, porque él concebía la obra misionera como una empresa caballeresca. Eligió una dama para esta empresa y será María Inmaculada (será así uno de los defensores de este dogma). Viajó por Europa, Túnez y Chipre. "Si no nos entendemos por el lenguaje, entendámonos por el amor". El mismo nos resume su vida: "Estuve ligado con los lazos matrimoniales; tuve dos hijos; gocé de muchas riquezas; fui mundano; fui lujurioso. Todo ello lo abandoné. Aprendí el árabe. Estuve tres veces en tierras de sarracenos. Por la fe católica fui prendido, encarcelado y azotado. Consagré cuarenta años de mi vida a promover el bien público de la cristiandad".
Los Papas, los sabios, escucharon sus ideas, y el canciller de la Sorbona le ofreció una cátedra en la Universidad. En 1314, ya octogenario salió de Mallorca para su último gran viaje al África, "quiero morir en un piélago de amor"; y con este deseo pasó a Bujía (actual Bajaïa) donde sufrió tales vejaciones de parte de los sarracenos, como la lapidación, que aunque luego sobrevivió será venerado como mártir. En 1315 volvió a Túnez donde escribió 15 pequeñas obras apologéticas. Murió en Mallorca, y las palabras del Amado nos gritan: "Si vosotros, amadores, queréis agua, venid a mis ojos, que son fuente de lágrimas, y si queréis fuego, venid a mi corazón y encended en él vuestra antorcha". Se le conoce como el “Doctor Illuminatus”. El Papa Pío IX confirmó su culto en 1850.
domingo, 28 de junio de 2026
Lecturas del 28/06/2026
Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.
Ella dijo a su marido: «Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».
Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.
Entonces se preguntó Eliseo: «¿Qué podemos hacer por ella?».
Respondió Guejazí, su criado: «Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».
Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.
Eliseo le dijo: «El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».
Hermanos: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
Palabra del Señor.
28 de Junio 2026 – San Ireneo de Lyon
El nombre de S. Ireneo está ligado a la multitud de aquellos héroes que con el martirio ilustraron la Iglesia de Lyon. Nacido el año 121 en las cercanías de Esmirna, fue el primer preceptor del ilustre obispo de aquella ciudad S. Policarpo. De este insigne maestro chupó el espíritu apostólico y aprendió la ciencia que lo hizo uno de los más bellos ornamentos de la Iglesia, en aquellos tiempos de lucha y de sangre.
Aún joven, erudito en toda ciencia y dotado de maravillosa facundia, dio un primer asalto a las vituperosas doctrinas de los Gnósticos y Valentinianos que habían corrompido la doctrina de Cristo. Pero el deseo de profundizar en los estudios lo llevó a Roma, donde enseñaban a los más célebres maestros de su tiempo, y fue tal el progreso que hizo en estas escuelas, que al final de los cursos ya podía competir con sus tutores
Se dirigió a las Galias y fijó su morada en Lyon, donde estaba obispo S. Potino. Estos, conocidos los talentos y las virtudes eminentes del joven, lo propuso a las órdenes sagradas y al sacerdocio.
Desde aquel instante el celo del nuevo Levita dejó de medir. Su palabra penetraba en los corazones y conquistaba: caían los ídolos y los templos, y la luz de la verdad iluminaba las mentes de los idólatras que en conjunto pedían el S. Bautismo.
A la predicación san Ireneo añadió numerosísimos escritos, fuentes inagotables de doctrina y de sabiduría. Escritos que, según S. Girolamo, eran una barrera insuperable contra la cual se rompían los esfuerzos y los sofismas de los enemigos de Cristo y de la Iglesia. Algunos de ellos se perdieron, pero muchos se conservaron, entre ellos los cinco libros contra los herejes, que son una de las más bellas analogías de la doctrina cristiana. A este trabajo supo también emparejar una profunda piedad dando los más admirables ejemplos de virtud.
Habiendo sido martirizado el santo obispo Potino, el pueblo lionesa, unánime, elevó a la sede episcopal.
S. Ireneo, que se dirigió a Roma para la consagración, llevó al Papa S. Eleuterio una carta redundante del más fuerte apego al Vicario de Jesús Cristo, y volvió a su sede confortado por la bendición del Sumo Pastor.
Consciente de la nueva misión que el Señor le había confiado, no se concedió un momento de descanso. Predicó con la palabra, con el ejemplo y con el poder de los milagros. Surgida en aquel tiempo la cuestión sobre la celebración de la Pascua, el Papa Víctor amenazó con excomunión a los obispos de Asia que, sobre este punto, discrepaban de sus hermanos en el episcopado. S. Ireneo intervino con su autoridad y trajo la paz.
Después de todo esto selló bajo Septimio Severo, con la sangre, la fe que había predicado y por la que había sufrido tanto. Benedicto XV extendió su fiesta a toda la Iglesia, rodeándolo del aureola de doctor.
Aún joven, erudito en toda ciencia y dotado de maravillosa facundia, dio un primer asalto a las vituperosas doctrinas de los Gnósticos y Valentinianos que habían corrompido la doctrina de Cristo. Pero el deseo de profundizar en los estudios lo llevó a Roma, donde enseñaban a los más célebres maestros de su tiempo, y fue tal el progreso que hizo en estas escuelas, que al final de los cursos ya podía competir con sus tutores
Se dirigió a las Galias y fijó su morada en Lyon, donde estaba obispo S. Potino. Estos, conocidos los talentos y las virtudes eminentes del joven, lo propuso a las órdenes sagradas y al sacerdocio.
Desde aquel instante el celo del nuevo Levita dejó de medir. Su palabra penetraba en los corazones y conquistaba: caían los ídolos y los templos, y la luz de la verdad iluminaba las mentes de los idólatras que en conjunto pedían el S. Bautismo.
A la predicación san Ireneo añadió numerosísimos escritos, fuentes inagotables de doctrina y de sabiduría. Escritos que, según S. Girolamo, eran una barrera insuperable contra la cual se rompían los esfuerzos y los sofismas de los enemigos de Cristo y de la Iglesia. Algunos de ellos se perdieron, pero muchos se conservaron, entre ellos los cinco libros contra los herejes, que son una de las más bellas analogías de la doctrina cristiana. A este trabajo supo también emparejar una profunda piedad dando los más admirables ejemplos de virtud.
Habiendo sido martirizado el santo obispo Potino, el pueblo lionesa, unánime, elevó a la sede episcopal.
S. Ireneo, que se dirigió a Roma para la consagración, llevó al Papa S. Eleuterio una carta redundante del más fuerte apego al Vicario de Jesús Cristo, y volvió a su sede confortado por la bendición del Sumo Pastor.
Consciente de la nueva misión que el Señor le había confiado, no se concedió un momento de descanso. Predicó con la palabra, con el ejemplo y con el poder de los milagros. Surgida en aquel tiempo la cuestión sobre la celebración de la Pascua, el Papa Víctor amenazó con excomunión a los obispos de Asia que, sobre este punto, discrepaban de sus hermanos en el episcopado. S. Ireneo intervino con su autoridad y trajo la paz.
Después de todo esto selló bajo Septimio Severo, con la sangre, la fe que había predicado y por la que había sufrido tanto. Benedicto XV extendió su fiesta a toda la Iglesia, rodeándolo del aureola de doctor.
sábado, 27 de junio de 2026
Lecturas del 27/06/2026
Ha destruido el Señor, sin piedad, todas las moradas de Jacob; ha destrozado, lleno de cólera, las fortalezas de la hija de Judá; echó por tierra y profanó el reino y a sus príncipes.
Se sientan silenciosos en el suelo los ancianos de la hija de Sion; cubren de polvo su cabeza y se ciñen con saco; humillan hasta el suelo su cabeza las doncellas de Jerusalén.
Se consumen en lágrimas mis ojos, se conmueven mis entrañas; muy profundo es mi dolor por la ruina de la hija de mi pueblo; los niños y lactantes desfallecen por las plazas de la ciudad.
Preguntan a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras agonizan, como los heridos, por las plazas de la ciudad, exhalando su último aliento en el regazo de sus madres.
¿A quién te compararé, a quién te igualaré, hija de Jerusalén?; ¿con quién te equipararé para consolarte, doncella, hija de Sion?; pues es grande como el mar tu desgracia: ¿quién te podrá curar?
Tus profetas te ofrecieron visiones falsas y vanas; no denunciaron tu culpa para que cambiara tu suerte, sino que te anunciaron oráculos falsos y seductores.
Sus corazones claman al Señor.
Muralla de la hija de Sion, ¡derrama como un torrente tus lágrimas día y noche; no te des tregua, no descansen tus ojos!
Levántate, grita en la noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta tus manos hacia él por la vida de tus niños, que desfallecen de hambre por las esquinas de las calles.
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó: «Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Y dijo Jesús al centurión: «Vete; que te suceda según has creído».
Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».
Palabra del Señor.
27 de Junio 2026 – San Cirilo de Alejandría
El misterio que la Iglesia celebra hoy es el anuncio del arcángel Gabriele a María, que Ella fue sida elegida entre todas las mujeres a ser la Madre de Dios y la encarnación del Verbo en su seno refino.
Antiguamente la fiesta actual también fue designada con el nombre de " Concepción de Cristo", " Anunciación del Dios." Eso demuestra que fue celebrada más como fiesta del Dios que de la Virgen; sólo con el pasar del tiempo tomó sobresaliente carácter mariano. Hoy es considerada casi exclusivamente como fiesta del SS. Virgo.
"Este día, escribe el Guéranger, es grande en los anales de la humanidad; es grande a los ojos mismos de Dios, porque celebra el aniversario del más gran acontecimiento que es cumplido en el tiempo. Este hoy el Verbo divino, a través del que el Padre ha creado todas las cosas, se ha hecho carne en el seno de un Virgo y ha habitado entre nosotros."
Este misterio ya fue preanunciado desde el Paraíso terrenal, luego más explícitamente repetido y precisado por los Profetas. Isaías, cuál señal de la Redención, al impío Acaz dice: " He aquí un Virgo concebirá y dará a luz un hijo y Emmanuele será su Nombre." Más adelante todavía dice: " De la raíz de Jesse brotará una vara y una flor brotará de ella."
Venida luego la plenitud de los tiempos, el tiempo propicio de la Redención, mientras el refino Virgo de Nazaret levanta sus más fervientes plegarias para acelerar la llegada del Mesías, le aparece uno de los más fúlgidos Arcángeles del Paraíso, Gabriele, y con sumo respeto y devoción la saluda: " Ave, llena de gracia, el 'Dios es teco, bendita tú entre las mujeres." Oyendo estas cosas María se agita y piensa que especie de saludo sea éste.
El ángel para alentarla le dice: " No temas, María, ya que has encontrado gracia cerca de Dios; he aquí concebirás en el seno y darás a luz un hijo, y le pondrás nombre Jesús. Éste será grande y será llamado Hijo de lo empinado y el Señor Dios le dará el trono de Davide su padre y reinará para siempre sobre la casa de Giacobbe, y su reino no tendrá fin."
Y María, que ha consagrado ya su virginidad a Dios, no comprendiendo eso, dice al ángel: " ¿Cómo ocurrirá este si yo no conozco a hombre?”. Contestando el ángel le dice: " El Espíritu Santo vendrá en ti y la virtud de lo empinado te sombreará”.
Y por este lo que nacerá de ti será santo y será llamado hijo de lo empinado... ya que nada es imposible a Dios." Y María dice: "He aquí me la valga del Dios, mí sea hecho de según tu palabra." Y el ángel se parte de ella.
En aquel momento el Hijo de Dios le bajó en ella, tomadas carne e incluso quedando verdadero Dios, empezó también ser verdadero hombre, por luego un día padecer y morir, a fin de salvarnos reabriéndonos el Paraíso y mereciéndonos las menciones por bien obrar.
Antiguamente la fiesta actual también fue designada con el nombre de " Concepción de Cristo", " Anunciación del Dios." Eso demuestra que fue celebrada más como fiesta del Dios que de la Virgen; sólo con el pasar del tiempo tomó sobresaliente carácter mariano. Hoy es considerada casi exclusivamente como fiesta del SS. Virgo.
"Este día, escribe el Guéranger, es grande en los anales de la humanidad; es grande a los ojos mismos de Dios, porque celebra el aniversario del más gran acontecimiento que es cumplido en el tiempo. Este hoy el Verbo divino, a través del que el Padre ha creado todas las cosas, se ha hecho carne en el seno de un Virgo y ha habitado entre nosotros."
Este misterio ya fue preanunciado desde el Paraíso terrenal, luego más explícitamente repetido y precisado por los Profetas. Isaías, cuál señal de la Redención, al impío Acaz dice: " He aquí un Virgo concebirá y dará a luz un hijo y Emmanuele será su Nombre." Más adelante todavía dice: " De la raíz de Jesse brotará una vara y una flor brotará de ella."
Venida luego la plenitud de los tiempos, el tiempo propicio de la Redención, mientras el refino Virgo de Nazaret levanta sus más fervientes plegarias para acelerar la llegada del Mesías, le aparece uno de los más fúlgidos Arcángeles del Paraíso, Gabriele, y con sumo respeto y devoción la saluda: " Ave, llena de gracia, el 'Dios es teco, bendita tú entre las mujeres." Oyendo estas cosas María se agita y piensa que especie de saludo sea éste.
El ángel para alentarla le dice: " No temas, María, ya que has encontrado gracia cerca de Dios; he aquí concebirás en el seno y darás a luz un hijo, y le pondrás nombre Jesús. Éste será grande y será llamado Hijo de lo empinado y el Señor Dios le dará el trono de Davide su padre y reinará para siempre sobre la casa de Giacobbe, y su reino no tendrá fin."
Y María, que ha consagrado ya su virginidad a Dios, no comprendiendo eso, dice al ángel: " ¿Cómo ocurrirá este si yo no conozco a hombre?”. Contestando el ángel le dice: " El Espíritu Santo vendrá en ti y la virtud de lo empinado te sombreará”.
Y por este lo que nacerá de ti será santo y será llamado hijo de lo empinado... ya que nada es imposible a Dios." Y María dice: "He aquí me la valga del Dios, mí sea hecho de según tu palabra." Y el ángel se parte de ella.
En aquel momento el Hijo de Dios le bajó en ella, tomadas carne e incluso quedando verdadero Dios, empezó también ser verdadero hombre, por luego un día padecer y morir, a fin de salvarnos reabriéndonos el Paraíso y mereciéndonos las menciones por bien obrar.
viernes, 26 de junio de 2026
Lecturas del 26/06/2026
El año noveno del reinado de Sedecías, el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén. Acampó contra ella y la cercaron con una empalizada. Y la ciudad estuvo sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías.
El mes cuarto, el día noveno del mes, cuando arreció el hambre dentro de la ciudad y no había pan para la gente del pueblo, abrieron una brecha en la ciudad; todos los hombres de guerra huyeron durante la noche por el camino de la puerta, entre las dos muros que están sobre el parque del rey, mientras los caldeos estaban apostados alrededor de la ciudad; y se fueron por el camino de la Arabá.
Las tropas caldeas persiguieron al rey, dándole alcance en los llanos de Jericó. Entonces todo el ejército se dispersó abandonándolo.
Capturaron al rey Sedecías y se lo subieron a Riblá, adonde estaba el rey de Babilonia, y que lo sometió a juicio.
Sus hijos fueron degollados a su vista, y a Sedecías le sacó los ojos. Luego lo encadenaron con doble cadena de bronce y lo condujeron a Babilonia.
En el quinto mes, el día séptimo del mes, el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nabusardán, jefe de la guardia, servidor del rey de Babilonia, vino a Jerusalén. E incendió el templo del Señor y el palacio real y la totalidad de las casas de Jerusalén.
Todas las tropas caldeas que estaban con el jefe de la guardia demolieron las murallas que rodeaban a Jerusalén.
En cuanto al resto del pueblo que quedaba en la ciudad, los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la gente, los deportó Nabuzardán, jefe de la guardia.
El jefe de la guardia dejó algunos de los pobres del país para viñadores y labradores.
Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme».
Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio».
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Palabra del Señor.
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