martes, 22 de septiembre de 2026
Lecturas del 22/09/2026
El corazón del rey es una acequia que el Señor canaliza adonde quiere.
El hombre juzga recto su camino, pero el Señor pesa los corazones.
Practicar el derecho y la justicia el Señor lo prefiere a los sacrificios.
Ojos altivos, corazón ambicioso; faro de los malvados es el pecado.
Los planes del diligente traen ganancia, los del atolondrado, indigencia.
Tesoros ganados con boca embustera, humo que se disipa y trampa mortal.
El malvado se afana en el mal, nunca se apiada del prójimo.
Castigas al cínico y aprende el inexperto, pero el sabio aprende oyendo la lección.
El honrado observa la casa del malvado y ve cómo se hunde en la desgracia.
Quien cierra los oídos al clamor del pobre no será escuchado cuando grite.
En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces lo avisaron: "Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte".
Él respondió diciéndoles: "Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen".
Palabra del Señor.
22 de Septiembre 2026 – 233 Mártires de la Guerra Civil Española
La II República española, proclamada el 14 de abril de 1931, llegó impregnada de fuerte anticlericalismo. Apenas un mes más tarde se produjeron incendios de templos en Madrid, Valencia, Málaga y otras ciudades, sin que el Gobierno hiciera nada para impedirlos y sin buscar a los responsables para juzgarles según la ley. Los daño fueron inmensos, pero el Gobierno no los reparó ni material ni moralmente, por lo que fue acusado de connivencia.
La Iglesia había acatado a la República no sólo con respeto sino también con espíritu de colaboración por el bien de España. Estas fueron las instrucciones que el Papa Pío XI y los obispos dieron a los católicos. Pero las leyes sectarias crecieron día por día. En este contexto fue suprimida 1a Compañía de Jesús y expulsados los jesuitas.
Durante la revolución comunista de Asturias (octubre de 1934) derramaron su sangre muchos sacerdotes y religiosos, entre ellos le diez Mártires de Turón (9 Hermanos de las Escuelas Cristianas y un Pasionista, canonizados el 21 de noviembre de 1999).
A los sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron sus vidas por Dios el pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna implicación política ni hicieron la guerra contra nadie. Por ello, no se les puede considerar caídos en acciones bélicas, ni víctimas de la represión ideológica, que se dio en las dos zonas, sino mártires de la fe.
Los mártires que beatificó el Santo Padre Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001, demuestran la unidad y diversidad eclesial y esta celebración resulta pastoralmente significativa, porque ve unidos en un único rito a muchos mártires de una misma arquidiócesis y tiene las siguientes características:
- la representatividad eclesial del grupo de mártires, pues hay sacerdotes, religiosos y seglares, que son expresión de los numerosos carismas y familias de vida consagrada;
- la representatividad de la Iglesia en España porque este grupo representa 37 diócesis. Todos ellos se encontraban en Valencia desarrollando sus respectivos ministerios y actividades apostólicas y algunos de ellos han sido unidos en el proceso por competencia, en base a la normativa canónica vigente;
- el elevado número de sacerdotes seculares y de seglares, pues es la primera vez que son beatificados 40 miembros de los presbíteros diocesanos de Valencia (37) y Zaragoza (3), así como 22 mujeres y 20 hombres y jóvenes, miembros de la entonces floreciente Acción Católica Española y de otras asociaciones de apostolado seglar, de todas las edades, profesiones y estado social;
- el actual contexto pastoral favorable, que ha despertado interés en las diócesis españolas hacia esta página gloriosa de la reciente historia. Ésta había quedado un tanto olvidada, pero testimonia la fe y la fidelidad de la Iglesia en España y, más en concreto, en Valencia que tuvo sus orígenes a principios del siglo IV en el martirio diácono Vicente. El desarrollo de los procesos, las correspondientes catequesis y la fama martirio han llevado a las comunidades, cristianas a un mayor interés y devoción hacia los mártires.
El clima espiritual favorable creado por el Gran Jubileo del 2000 ha permitido que, concluido el largo proceso canónico, pudiera celebrarse esta beatificación el 11 de marzo de 2001, como primer fruto espiritual del Año Santo apenas terminado.
Estos mártires fueron los primeros beatos del Tercer Milenio.
Hoy los veneramos en los altares como mártires de la fe cristiana, porque la Iglesia ha reconocido oficialmente que entregaron sus vidas por Dios durante la persecución religiosa de 1936. No les debemos llamar caídos en guerra, porque no fueron a la guerra ni la hicieron contra nadie, pues eran personas pacíficas, que desarrollaban normalmente sus actividades en sus pueblos y parroquias; tampoco les podemos llamar víctimas de la represión política, porque los motivos fundamentales de sus muertes no fueron de carácter político o ideológico sino religioso: porque eran sacerdotes o religiosos, porque eran seglares católicos practicantes, muy comprometidos con la Iglesia en la defensa y promoción de la fe cristiana.
La Iglesia había acatado a la República no sólo con respeto sino también con espíritu de colaboración por el bien de España. Estas fueron las instrucciones que el Papa Pío XI y los obispos dieron a los católicos. Pero las leyes sectarias crecieron día por día. En este contexto fue suprimida 1a Compañía de Jesús y expulsados los jesuitas.
Durante la revolución comunista de Asturias (octubre de 1934) derramaron su sangre muchos sacerdotes y religiosos, entre ellos le diez Mártires de Turón (9 Hermanos de las Escuelas Cristianas y un Pasionista, canonizados el 21 de noviembre de 1999).
A los sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron sus vidas por Dios el pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna implicación política ni hicieron la guerra contra nadie. Por ello, no se les puede considerar caídos en acciones bélicas, ni víctimas de la represión ideológica, que se dio en las dos zonas, sino mártires de la fe.
Los mártires que beatificó el Santo Padre Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001, demuestran la unidad y diversidad eclesial y esta celebración resulta pastoralmente significativa, porque ve unidos en un único rito a muchos mártires de una misma arquidiócesis y tiene las siguientes características:
- la representatividad eclesial del grupo de mártires, pues hay sacerdotes, religiosos y seglares, que son expresión de los numerosos carismas y familias de vida consagrada;
- la representatividad de la Iglesia en España porque este grupo representa 37 diócesis. Todos ellos se encontraban en Valencia desarrollando sus respectivos ministerios y actividades apostólicas y algunos de ellos han sido unidos en el proceso por competencia, en base a la normativa canónica vigente;
- el elevado número de sacerdotes seculares y de seglares, pues es la primera vez que son beatificados 40 miembros de los presbíteros diocesanos de Valencia (37) y Zaragoza (3), así como 22 mujeres y 20 hombres y jóvenes, miembros de la entonces floreciente Acción Católica Española y de otras asociaciones de apostolado seglar, de todas las edades, profesiones y estado social;
- el actual contexto pastoral favorable, que ha despertado interés en las diócesis españolas hacia esta página gloriosa de la reciente historia. Ésta había quedado un tanto olvidada, pero testimonia la fe y la fidelidad de la Iglesia en España y, más en concreto, en Valencia que tuvo sus orígenes a principios del siglo IV en el martirio diácono Vicente. El desarrollo de los procesos, las correspondientes catequesis y la fama martirio han llevado a las comunidades, cristianas a un mayor interés y devoción hacia los mártires.
El clima espiritual favorable creado por el Gran Jubileo del 2000 ha permitido que, concluido el largo proceso canónico, pudiera celebrarse esta beatificación el 11 de marzo de 2001, como primer fruto espiritual del Año Santo apenas terminado.
Estos mártires fueron los primeros beatos del Tercer Milenio.
Hoy los veneramos en los altares como mártires de la fe cristiana, porque la Iglesia ha reconocido oficialmente que entregaron sus vidas por Dios durante la persecución religiosa de 1936. No les debemos llamar caídos en guerra, porque no fueron a la guerra ni la hicieron contra nadie, pues eran personas pacíficas, que desarrollaban normalmente sus actividades en sus pueblos y parroquias; tampoco les podemos llamar víctimas de la represión política, porque los motivos fundamentales de sus muertes no fueron de carácter político o ideológico sino religioso: porque eran sacerdotes o religiosos, porque eran seglares católicos practicantes, muy comprometidos con la Iglesia en la defensa y promoción de la fe cristiana.
lunes, 21 de septiembre de 2026
Lecturas del 21/09/2026
Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobre llevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que está sobre todos, actúa por medio de todos y ésta en todos.
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.
Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificio": que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores».
Palabra del Señor.
21 de Septiembre 2026 – San Cadoc
Hijo de San Gundleo, rey de Cambria meridional y de santa Gladys; hermano de san Petroc. Cuando era aún adolescente fue enviado al monasterio de Caerwent, en Monmouthshire, para que fuera educado por el santo irlandés Tathan. Cuando llegó a la edad adulta rechazó ingresar en el ejército de su padre prefiriendo entrar en la vida religiosa. Tuvo muchos discípulos en Gales y Bretaña.
En el 518 fundó la abadía de Llançarvon o Llancarfan, no lejos de Cardiff (Gales), que llegó a ser una casa de santos y centro de estudios y, de la que fue abad. Le son atribuidas muchas otras fundaciones: en Llanspyddid, iglesias en Dyfed, en Cornualles y Bretaña; también fundó el monasterio de Narcavan en la isla de Marbilicia. Hacia el 528, después de la muerte de su padre, parece que construyó un monasterio de piedra en Escocia, al pie del monte Bannauc. Se piensa que el monasterio estuvo donde ahora se encuentra la ciudad de Saint Ninians. Estuvo presente en el conflicto entre el rey Artú de Maelgwn del Gwyedd y el rey Rhain Dremrudd de Brychiniog.
Cadoc regresó a Gales con muchos discípulos irlandeses, entre ellos san Finiano de Clonard. Se establecieron en Llanspyddid, en Brycheiniog. Mientras se encontraban en este lugar apareció una sequía, pero Cadoc gracias a una intervención divina consiguió que sus discípulos no pasaran hambre. Su abuelo materno san Brychán, le donó la iglesia de Llanspyddid, donde Cadoc dejó a Brachan como abad, mientras él se marchó a Llangadog, en Dyfed. Aquí sufrió los acosos de un señor local y gracias a sus buenas maneras consiguió la conversión de san Iltuto, oficial del rey Pawl de Penychen.
Cadoc regresó a Llancarfan, donde se encontró el monasterio fundado por él, en ruinas y los monjes muertos o huidos. San Finiano y los demás reconstruyeron el lugar para su amigo. Entre tanto su padre, ya viejo, murió y Cadoc subió al trono. Pronto heredó las tierras de Penychen. Nuestro santo no permitió que sus responsabilidades seculares interfirieran con su modo de vivir religioso. San Gildo fue nombrado abad de Llancarfan durante un breve periodo, hasta que el rey decidió viajar al norte para difundir el Evangelio. San Gildo le pidió fundar un monasterio sobre la tumba del rey Caw en Cambuslang; Cadoc estuvo totalmente de acuerdo. Regresaron a Llancarfan y los dos se retiraron más allá del canal de Bristol: Cadoc a la isla de Barry y san Gildo en la isla de Flathom, los dos se encontraron a menudo para orar juntos. Al final Gildo se fue a Glastonbury y Cadoc, con algunos de sus compañeros, se fue a Bretaña, quizás para huir de una epidemia que asoló Gales.
Cadoc visitó a su tía, santa Keyna, en Mont-Saint-Michel, donde fundó una capilla en Harlyn. En Bretaña se estableció en la isla de San Cadou en el mar de Belz. Mientras estuvo ausente, en Gales se celebró el sínodo de Llandewi Brefi, en el que san David de Gales, fue nombrado arzobispo de Gales. Cadoc se enfureció y desde aquel momento las relaciones con los monjes de Dyfed fueron ásperas. Durante su estancia en Europa, Cadoc peregrinó a Roma y Jerusalén.
En pero pronto regresó a Britania, donde fue guía espiritual de sus compatriotas, en los condados orientales; fue nombrado abad mitrado de Bannaventa en Northamptonshire y durante la última batalla con los invasores sajones, fue martirizado en Weedon. Su cuerpo fue trasladado a Llancarfan.
Es el Santo más popular del País de Gales después de san David de Gales. La leyenda dice que engañó al diablo que se había comprometido a construir un puente que uniera la isla de Batz con el continente, con la condición de quedarse con la primera criatura que lo atravesara, Cadoc hizo que pasara un gato. La leyenda dice que, junto a san Iltuto, fue uno de los tres caballeros que custodiaron el Santo Grial.
En el 518 fundó la abadía de Llançarvon o Llancarfan, no lejos de Cardiff (Gales), que llegó a ser una casa de santos y centro de estudios y, de la que fue abad. Le son atribuidas muchas otras fundaciones: en Llanspyddid, iglesias en Dyfed, en Cornualles y Bretaña; también fundó el monasterio de Narcavan en la isla de Marbilicia. Hacia el 528, después de la muerte de su padre, parece que construyó un monasterio de piedra en Escocia, al pie del monte Bannauc. Se piensa que el monasterio estuvo donde ahora se encuentra la ciudad de Saint Ninians. Estuvo presente en el conflicto entre el rey Artú de Maelgwn del Gwyedd y el rey Rhain Dremrudd de Brychiniog.
Cadoc regresó a Gales con muchos discípulos irlandeses, entre ellos san Finiano de Clonard. Se establecieron en Llanspyddid, en Brycheiniog. Mientras se encontraban en este lugar apareció una sequía, pero Cadoc gracias a una intervención divina consiguió que sus discípulos no pasaran hambre. Su abuelo materno san Brychán, le donó la iglesia de Llanspyddid, donde Cadoc dejó a Brachan como abad, mientras él se marchó a Llangadog, en Dyfed. Aquí sufrió los acosos de un señor local y gracias a sus buenas maneras consiguió la conversión de san Iltuto, oficial del rey Pawl de Penychen.
Cadoc regresó a Llancarfan, donde se encontró el monasterio fundado por él, en ruinas y los monjes muertos o huidos. San Finiano y los demás reconstruyeron el lugar para su amigo. Entre tanto su padre, ya viejo, murió y Cadoc subió al trono. Pronto heredó las tierras de Penychen. Nuestro santo no permitió que sus responsabilidades seculares interfirieran con su modo de vivir religioso. San Gildo fue nombrado abad de Llancarfan durante un breve periodo, hasta que el rey decidió viajar al norte para difundir el Evangelio. San Gildo le pidió fundar un monasterio sobre la tumba del rey Caw en Cambuslang; Cadoc estuvo totalmente de acuerdo. Regresaron a Llancarfan y los dos se retiraron más allá del canal de Bristol: Cadoc a la isla de Barry y san Gildo en la isla de Flathom, los dos se encontraron a menudo para orar juntos. Al final Gildo se fue a Glastonbury y Cadoc, con algunos de sus compañeros, se fue a Bretaña, quizás para huir de una epidemia que asoló Gales.
Cadoc visitó a su tía, santa Keyna, en Mont-Saint-Michel, donde fundó una capilla en Harlyn. En Bretaña se estableció en la isla de San Cadou en el mar de Belz. Mientras estuvo ausente, en Gales se celebró el sínodo de Llandewi Brefi, en el que san David de Gales, fue nombrado arzobispo de Gales. Cadoc se enfureció y desde aquel momento las relaciones con los monjes de Dyfed fueron ásperas. Durante su estancia en Europa, Cadoc peregrinó a Roma y Jerusalén.
En pero pronto regresó a Britania, donde fue guía espiritual de sus compatriotas, en los condados orientales; fue nombrado abad mitrado de Bannaventa en Northamptonshire y durante la última batalla con los invasores sajones, fue martirizado en Weedon. Su cuerpo fue trasladado a Llancarfan.
Es el Santo más popular del País de Gales después de san David de Gales. La leyenda dice que engañó al diablo que se había comprometido a construir un puente que uniera la isla de Batz con el continente, con la condición de quedarse con la primera criatura que lo atravesara, Cadoc hizo que pasara un gato. La leyenda dice que, junto a san Iltuto, fue uno de los tres caballeros que custodiaron el Santo Grial.
domingo, 20 de septiembre de 2026
Lecturas del 20/09/2026
Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca.
Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—.
Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.
Hermanos:
Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte.
Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.
Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.
Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido».
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña».
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
Palabra del Señor.
20 de Septiembre 2026 – San Andrés Kim y Compañeros Mártires
La fiesta que hoy recordamos es conocida como la de San Andrés Kim y Compañeros Mártires. Fue la primera canonización que se realizó fuera de Roma en los últimos 700 años, y es que la situación lo ameritaba, porque estaban siendo premiados con la santidad el primer sacerdote coreano y sus 102 compañeros.
San Andrés Kim, el primer sacerdote de la Iglesia en el oriente, creció comprendiendo el valor de defender su fe. Él nació el 21 de agosto de 1821, años antes su bisabuelo había muerto martirizado, y cuando sólo era un niño, tuvo que afrontar por el mismo motivo, la muerte de su padre, mientras su madre era destinada a vivir en la calle y pedir limosna, debido a la represión religiosa que azotó Corea hasta finales del siglo XIX, y que hoy, un siglo más tarde, sigue estando vigente.
En 1836 Andrés fue elegido como seminarista por un misionero que pasaba por su población. En 1844 fue ordenado diácono en China y un año más tarde ordenado sacerdote en Shangai. De allí se dirigió nuevamente a Corea en donde cumplió la gran parte de su trabajo pastoral.
Sirvió al Señor como sacerdote sólo un año y pocos meses. En junio de 1846 fue arrestado y enviando a una cárcel en Seúl; allí estuvo tres meses y el 16 de septiembre fue decapitado, cuando apenas tenía 26 años. Entre sus pertenencias se encontró una carta en coreano, dirigida a sus fieles. “En este difícil tiempo, para ser victorioso se debe permanecer firme usando toda nuestra fuerza y habilidades como valientes soldados completamente armados en el campo de batalla”.
Junto con el padre Kim se destaca la canonización del laico Pablo Chong, nacido en Korea en 1795. Sus padres, una hermana y un hermano, fueron martirizados entre los años 1801 y 1839. Cuando tenía 20 años partió hacia Seúl para tratar de reconstruir la Iglesia en este lugar. Decidió intentar llevar misioneros al país pero sus intentos se vieron bloqueados por la misma persecución, uno de ellos, murió antes de poder ingresar al país.
En 1839, a la edad de 45 años, fue arrestado por ser considerado como uno de los que había intentado llevar misioneros extranjeros a Korea. Fue decapitado en Seúl el 22 de septiembre.
Las figuras del Padre Andrés y de Pablo Chong son sólo una pequeña muestra de la persecución religiosa de las que son víctimas los cristianos en el oriente. En la actualidad los católicos no gozan de plena libertad para practicar su fe y como sucedió con estos santos, siguen siendo perseguidos por sus creencias.
Su amor a Dios y la Iglesia fue reconocido el 19 de junio de 1988, cuando el Papa Juan Pablo II canonizó y proclamo santos a 117 mártires que derramaron su sangre en la Conchinchina, Annam y Tonkín, en la actualidad el norte de Vietnam. Entre los mártires había 11 españoles, un grupo de franceses, y los demás coreanos. Ellos murieron víctimas de suplicios, hambre, sed, asfixia, insultos y burlas. Murieron perdonando todo lo que les habían hecho.
San Andrés Kim, el primer sacerdote de la Iglesia en el oriente, creció comprendiendo el valor de defender su fe. Él nació el 21 de agosto de 1821, años antes su bisabuelo había muerto martirizado, y cuando sólo era un niño, tuvo que afrontar por el mismo motivo, la muerte de su padre, mientras su madre era destinada a vivir en la calle y pedir limosna, debido a la represión religiosa que azotó Corea hasta finales del siglo XIX, y que hoy, un siglo más tarde, sigue estando vigente.
En 1836 Andrés fue elegido como seminarista por un misionero que pasaba por su población. En 1844 fue ordenado diácono en China y un año más tarde ordenado sacerdote en Shangai. De allí se dirigió nuevamente a Corea en donde cumplió la gran parte de su trabajo pastoral.
Sirvió al Señor como sacerdote sólo un año y pocos meses. En junio de 1846 fue arrestado y enviando a una cárcel en Seúl; allí estuvo tres meses y el 16 de septiembre fue decapitado, cuando apenas tenía 26 años. Entre sus pertenencias se encontró una carta en coreano, dirigida a sus fieles. “En este difícil tiempo, para ser victorioso se debe permanecer firme usando toda nuestra fuerza y habilidades como valientes soldados completamente armados en el campo de batalla”.
Junto con el padre Kim se destaca la canonización del laico Pablo Chong, nacido en Korea en 1795. Sus padres, una hermana y un hermano, fueron martirizados entre los años 1801 y 1839. Cuando tenía 20 años partió hacia Seúl para tratar de reconstruir la Iglesia en este lugar. Decidió intentar llevar misioneros al país pero sus intentos se vieron bloqueados por la misma persecución, uno de ellos, murió antes de poder ingresar al país.
En 1839, a la edad de 45 años, fue arrestado por ser considerado como uno de los que había intentado llevar misioneros extranjeros a Korea. Fue decapitado en Seúl el 22 de septiembre.
Las figuras del Padre Andrés y de Pablo Chong son sólo una pequeña muestra de la persecución religiosa de las que son víctimas los cristianos en el oriente. En la actualidad los católicos no gozan de plena libertad para practicar su fe y como sucedió con estos santos, siguen siendo perseguidos por sus creencias.
Su amor a Dios y la Iglesia fue reconocido el 19 de junio de 1988, cuando el Papa Juan Pablo II canonizó y proclamo santos a 117 mártires que derramaron su sangre en la Conchinchina, Annam y Tonkín, en la actualidad el norte de Vietnam. Entre los mártires había 11 españoles, un grupo de franceses, y los demás coreanos. Ellos murieron víctimas de suplicios, hambre, sed, asfixia, insultos y burlas. Murieron perdonando todo lo que les habían hecho.
sábado, 19 de septiembre de 2026
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
















