lunes, 4 de mayo de 2026

Compromiso con MARÍA 04/05/2026

MARíA esa gran mujer 04/05/2026

Reflexión del 04/05/2026

Lecturas del 04/05/2026

En aquellos días, cuando en Iconio se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratar a Pablo y a Bernabé y apedrearlos; al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores, donde se pusieron a predicar el Evangelio.
Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca habla podido andar. Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud, le dijo en voz alta: «Levántate, ponte derecho sobre tus pies».
El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos».
A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad, trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio. Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando y diciendo: «Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo “que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen”. En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera por su camino; aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia».
Con estas palabras, a duras penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran sacrificio.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». Le dijo judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?». Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

Palabra del Señor.

04 de Mayo 2026 – San Fortunato

San Fortunato, cuyos huesos resto del 22 de septiembre de 1950 en la iglesia parroquial de Lonate Pozzolo (VA), de la que es lugares patronos con San Ambrosio, ¿no tienes una noticia. La única información cierto es que pertenecía a la legión tebana. Esta legión fue formada por 6.666 soldados, de origen egipcio, bajo el mando de San Mauricio. La legión estaba cumpliendo por lo general en las fronteras orientales del Imperio, pero el emperador Diocleciano llamado a Roma debido a que la legión había planteado la bagaudas de la Galia, y la envió a la ayuda de Maximiliano, su compañero en el imperio, para que debellasse estos enemigos. Maximiliano concedió unos días de descanso a la Legión para descansar de la tensión de un proceso tan doloroso, y se acampó en Ottoduro hoy Martinac en Valais. Aquí, sin embargo, la Legión recibió una orden imperial que se negó a obedecer.

Hay dos versiones. Alcunil'imperatore Según ordenó a los legionarios a jurar lealtad a la sull imperio, Altare de Júpiter; otros dicen que la Legión se le pidió encontrar cristianos que estaban escondidos en la zona. Los soldados, que eran casi todos los cristianos, se negaron a obedecer el, Imperatore ordenó que la Legión fue diezmada, que era un soldado por cada diez. Ni el primero ni el segundo de diezmar hicieron cambiar las mentes de los soldados. Maximiano ordenó el exterminio completo de la Legión, que sobrevivió a muy pocos hombres, entre ellos Alexander, Cassio, Severino, Segunda y Licinio, que huyeron a Italia, y tal vez entre ellos fue San Fortunato.Según algunas fuentes tarde Fortunato fue arrestado y luego martirizado bajo Diocleciano; según la tradición fue arrojado desnudo en un río congelado con otros compañeros.

El cuerpo de S. Fortunato fue enterrado en Roma, en el cementerio de Santa Priscila, fuera de la Porta Salaria.

Ocurrió a finales de 1600 la reconstrucción de la Iglesia de Turbigo (MI), debido al interés de los Agustinos Descalzos, siendo en 1605 se convirtió en la familia el Papa Pablo V Borghese, a petición de Donna Ortensia Santacroce, esposa del hermano de Francesco Borghese Papa, Pablo V con Bull regular en 09 de enero 1614 otorgó a la Iglesia Parroquial de Santa María de la Asunción de Turbigo Cuerpo de S. Fortunato Mártir, mártir de Santa Felicitas y otros tres cuerpos de los mártires que fueron por lo transfieren en Turbigo donde, dos años más tarde 29 de octubre, 1616, el Vicario General de la Diócesis de Milán Mons. Mario Antonino era el reconocimiento solemne y confirmación.

Por último, el 27 de septiembre, 1951, el cardenal de Milán, el Beato Alfredo Ildefonso Schuster, permitió el traslado de los huesos de San Fortunato en la iglesia parroquial de Lonate Pozzolo (VA), donde todavía hay, cubiertos con cera y expuesto en una urna de vidrio encerrado en el interior del altar.

domingo, 3 de mayo de 2026

Compromiso con MARÍA 03/05/2026

MARíA esa gran mujer 03/05/2026

03 de Mayo 2026 – Hallazgo de la Santa Cruz

Cuenta el historiador Eusebio de Cesárea que el general Constantino, hijo de santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: "In hoc signo vinces" (con este signo vencerás), y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y que exclamó: "Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena". Y la victoria fue total, y Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos (Edicto de Milán), que por tres siglos venían siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos.

Escritores sumamente antiguos como Rufino, Zozemeno, San Cristótomo y san Ambrosio, cuentan que Elena, la madre del emperador, pidió permiso a su hijo para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la cual murió Nuestro Señor. Una vez en la ciudad sagrada, Elena mandó llamar a los más sabios sacerdotes y con torturas consiguió la confesión del lugar donde se encontraba la Cruz a Judas (luego san Judas, obispo de Jerusalén). 

Y como no sabían cómo distinguir la cruz de Jesús de las otras dos, llevaron una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz, la enferma se agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo que estaba antes. Pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó instantáneamente la salud. Y entonces santa Elena, y el obispo de Jerusalén, san Macario, y miles de devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de Jerusalén. Y que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba a su hijo muerto a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al muerto y éste resucitó.

Sobre dicho lugar se levantó la Basílica del Santo Sepulcro.

Al volver a Roma, trajo consigo diversas reliquias que se conservan hoy día en la Iglesia de la Santa Cruz: unos clavos, un trozo grande de la cruz y el “titulus” donde Pilatos había hecho escribir “Este es el rey de los judíos”. Dicho hallazgo lo realizó santa Elena el 3 de mayo de 326.

Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz, el tres de mayo. El hecho de conocer la festividad como Invención de la Santa Cruz, procede del verbo latino "invenio", que significa “hallar” o “encontrar”.

La devoción a la Santa Cruz es una de las más antiguas de la Iglesia. La verdadera fiesta  en un principio se celebraba el 14 de Septiembre, aniversario de la dedicación de la Basílica levantada por Constantino en el Calvario. En el siglo  VIII se trasladó, en occidente, al 3 de Mayo, reservando el 14 de Septiembre para conmemorar, con el título de Exaltación, la victoria de Heraclio contra los Persas. Las lecturas del Breviario y de la Misa cantan el poder de la Cruz, prenda de nuestra salvación, y son un eco de la ceremonia del Viernes Santo.

Siendo tan gloriosa a toda la Iglesia la invención de este sagrado trofeo, se celebró en ella su fiesta con mucha solemnidad. Ya se celebraba en Francia en la primera línea de sus reyes, encontrándose su oficio en los antiguos misales de la liturgia galicana. El rey Ervigio, que reinaba en España en el siglo VII, expidió un decreto que se halla en el Código de las leyes de los visigodos, por el cual manda a los judíos establecidos en sus dominios que celebren la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, del mismo modo que los obligaban a celebrar la de la Anunciación, Natividad, Epifanía, Circuncisión, Pascua y Ascensión.

El fin de haber señalado el día tercero de Mayo para celebrar esta fiesta, fue por acercarla todo lo posible a la memoria de la Pasión del Salvador, y a la Adoración de la Cruz, que se hace en el Viernes Santo. Por eso se señaló el primer día libre después de la solemnidad de la Pascua, que nunca puede pasar del segundo día de Mayo. En España aparece en todos los calendarios y fuentes litúrgicas mozárabes. 

Además, la celebración de este día es anterior al Pasionario. En la "Lex Romana Visigothorum", promulgada por Recesvinto en el año 654, y renovada por Ervigio en el 681, se menciona esta festividad comparándola, por lo que se refiere a su solemnidad, con las mayores del año eclesiástico; y en el "Leccionario de Silos", compuesto hacia el año 650, aparece con el nombre de "dies Sanctae Crucis", siendo éste el más antiguo testimonio de su conmemoración en España. Desde la primera mitad del siglo VII se tiene conocimiento de la existencia en España de reliquias de la Cruz, concretamente en sendas iglesias de Mérida y Guadix. Finalmente, hay que añadir que el culto a la Cruz en general es aún más antiguo, pues sabemos que en el año 599 se celebró en la Catedral de la Santa Cruz el II Concilio de Barcelona, lo que implica a su vez una advocación anterior.

Consérvanse, y se adoran en muchas iglesias, partes muy considerables de la Verdadera Cruz. Fuera de la que se adora en Roma, hay otras en Francia, Italia, Alemania, España y Portugal. Justino II, emperador de Constantinopla, envió una porción de ellas a santa Radegundis, mujer de Clotario I, que enriqueció con ella su real monasterio de Santa Cruz de Poitiers; y con esta ocasión Fortunato, que seguía la corte de la santa reina, y fue después Obispo de dicha ciudad, compuso los dos célebres himnos, de que aun usa el día de hoy la Santa Iglesia en el Oficio de la Pasión y de la Cruz.

San Gregorio envió una parte de la verdadera cruz á Recaredo, rey de los godos en España, como un riquísimo presente. San Luis consiguió de los venecianos la porción de cruz que había quedado en Constantinopla, y la hizo trasladar a Francia el año de 1241, colocándola en la santa capilla que edificó el de 1242, juntamente con la corona de espinas, que dos años antes le habían regalado los mismos venecianos.

“Hermanos: Tened entre vosotros los mismos sentimientos que (fueron) en Cristo Jesús; el cual, siendo Dios en la sustancia, no juzgó usurpación el que su ser fuese igual a Dios, sino que se anonadó a Sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y, reconocido por hombre en la condición, se humilló a Si mismo hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual también Dios le ensalzó, y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el Cielo, en la Tierra y en el Infierno, y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre”. (Filipenses, 2).

Domingo, 03-05-2026 5º domingo de PASCUA Ciclo A