domingo, 8 de noviembre de 2026

Domingo, 32 de TIEMPO ORDINARIO - 08-11-2026 Ciclo A

Reflexión del 08/11/2026

Lecturas del 08/11/2026

Radiante e inmarcesible es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento.
No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.
Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.
Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor: Nosotros, los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: “¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor.

08 de Noviembre 2026 - Beato Juan Duns Escoto

Juan Escoto nació en Duns, en Escocia, hacia 1265, entró en la Orden de los Hermanos Menores hacia 1280 y fue ordenado sacerdote el 17 de abril de 1291. Completó los estudios entre 1291 y 1296 en París.

Luego enseñó en Cambridge, Oxford y París, como bachiller, comentaba las "Sentencias" de Pedro Lombardo.

Tuvo que abandonar la universidad, por no haber querido firmar una apelación al Concilio contra Bonifacio VIII, promovida por Felipe el Hermoso, rey de Francia.

Regresó allí el año siguiente para obtener el doctorado, con una carta de presentación del Ministro general de la Orden, Padre Gonzalo Hispánico, que había sido su maestro, en la cual lo recomendaba como plenamente docto "sea por la larga experiencia, sea por la fama que se había extendido por todas partes, de su vida laudable, de su ciencia excelente y del ingenio sutilísimo" del candidato.

A fines de 1307 Juan Duns Escoto estaba en Colonia, donde enseñó. Quizás no hay doctor medieval más sobresaliente que este franciscano escocés, que estudió en Oxford, enseñó en París, fue expulsado por Felipe el Hermoso porque no quiso firmar la apelación antipapal y murió en Colonia, a la edad en que los otros filósofos comienzan a producir, como si la llama del pensamiento le hubiese quemado la juventud.

El título de "Doctor Sutil" que le dieron, dice toda su sublimidad. Sus teorías sobre la Virgen y sobre la encarnación obtienen después de siglos la confirmación en el dogma de la Inmaculada Concepción y en el culto a la realeza de Cristo.

Elabora el misticismo pensante de San Buenaventura. Escoto es un metafísico y un teólogo.

Empleó su agudeza de ingenio en la sistematización de los grandes amores de San Francisco: Jesucristo y la Virgen Santísima. La posteridad también lo ha llamado "Doctor del Verbo Encarnado" y "Doctor Mariano".

Tuvo numerosos discípulos y muy pronto llegó a ser y siguió siendo el jefe de la escuela franciscana, que se inició con el Beato Alejandro de Hales, se desarrolló con San Buenaventura, doctor Seráfico de la Iglesia, y llegó a su culminación en el Beato Juan Duns Escoto.

Después de Jesús, la Virgen Santísima ocupó el primer puesto en su vida. Duns Escoto es el teólogo por excelencia de la Inmaculada Concepción.

El estudio de los privilegios de María ocupó un puesto importantísimo en su vida. En una disputa pública, permaneció silencioso hasta que unos 200 teólogos expusieron y probaron sus sentencias de que Dios no había querido libre de pecado original a la Madre de su Hijo.

Por último, después de todos, se levantó Juan Duns Escoto, tomó la palabra, y refutó uno por uno todos los argumentos aducidos contra el privilegio mariano; y demostró con la Sagrada Escritura, con los escritos de los Santos Padres y con agudísima dialéctica, que un tal privilegio era conforme con la fe y que por lo mismo se debía atribuir a la gran Madre de Dios. Fue el triunfo más clamoroso en la célebre Sorbona, sintetizado en el célebre axioma: "Potuit, decuit, ergo fecit (Podía, convenía, luego lo hizo)".

En Colonia, donde enseñaba, murió el 8 de noviembre de 1308.

sábado, 7 de noviembre de 2026

Reflexión del 07/11/2026

Lecturas del 07/11/2026

Hermanos:
Me alegré muchísimo en el Señor de que ahora, por fin, haya vuelto a florecer vuestro interés por mí; siempre lo habíais sentido, pero os faltaba la ocasión. Aunque ando escaso de recursos, no lo digo por eso; yo he aprendido a bastarme con lo que tengo. Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones. Vosotros, filipenses, sabéis además que, desde que salí de Macedonia y empecé la misión, ninguna iglesia, aparte de vosotros, me abrió una cuenta de haber y debe. Ya me mandasteis a Tesalónica, más de una vez, un subsidio para aliviar mi necesidad; no es que yo busque regalos, busco que los intereses se acumulen en vuestra cuenta. Tengo lo necesario, y me sobra. Estoy plenamente satisfecho habiendo recibido de Epafrodito vuestro donativo, que es suave olor, sacrificio aceptable y grato a Dios.
En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de él.
Y les dijo: «Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios».

Palabra del Señor.

07 de Noviembre 2026 - San Jacinto Castañeda

Hijo del notario José Castañeda y de María Puchsons nació en Játiva, diócesis de Valencia, el 13 de enero de 1743, y el mismo día recibió el santo bautismo. Sus piadosos padres le proporcionaron una recia formación cristiana, favorecida por las buenas dotes naturales. De niño se sintió atraído por la forma de vida de los frailes dominicos y el 3 de diciembre de 1756 ingresó en su convento de Santo Domingo de su ciudad natal. El 11 de enero de 1759 emitió sus votos religiosos. Se dio a los estudios filosóficos con tan buen rendimiento que sus superiores lo enviaron a estudiar al convento-universidad de Santo Domingo, de Orihuela. Ya desde aquellos años se distinguía tanto por su aplicación al estudio como por su empeño en ser fiel hasta en los más pequeños detalles a la observancia regular.

En mayo de 1761 se leyó en comunidad una circular en la que se pedían misioneros para Extremo Oriente. Varios religiosos dieron sus nombres y entre ellos Jacinto Castañeda. El posterior 8 de septiembre se pusieron en camino hacia el gaditano Puerto Real para embarcar. Una grave infección bucal estuvo a punto de obligarle a interrumpir el viaje. El 20 de noviembre de aquel 1762 zarparon rumbo a México, adonde llegaron el 23 de febrero del año siguiente, y pasaron a Acapulco para tomar el barco que tenía que conducirles a Manila. Por fin, el 28 de octubre de 1763 llegaban exhaustos a Manila, después de incontables trabajos y penalidades, de librarse de varios naufragios, enfermedades y peste, de haber perdido dos religiosos, y de huir a veces de corsarios ingleses por lodazales y terrenos inhóspitos con hambre y sed. Una vez en el convento de Santo Domingo, de Manila, se incorporó con entusiasmo al estudio y a la más exigente vida conventual. Agraciado físicamente y en plena juventud, Castañeda resaltaba más aún por la ejemplaridad de su vida.

El 2 de junio de 1765 era ordenado sacerdote en la isla de Cebú, teniendo que dispensarle la edad canónica. Inmediatamente, a pesar de su juventud, y con no pequeña sorpresa del propio Castañeda, el posterior 13 de octubre era enviado a la misión que los dominicos tenían en el territorio chino de Fo-Kien. Levó anclas rumbo a Macao y tocó puerto el 13 de diciembre, pero allí tuvo que esperar varios meses hasta poder entrar en China, tiempo que aprovechó para iniciarse en el conocimiento del idioma. Introducido clandestinamente en abril de 1766, experimentó de inmediato las consecuencias de la dura persecución. Al ir a atender a un enfermo, junto con otro compañero, el 18 de julio de 1769 fueron apresados por un renegado y un grupo de enemigos, que exigieron un fuerte rescate que en modo alguno pudieron pagar. Entregados a los mandarines civil y militar, a pesar de que fueron presentados catorce veces a los tribunales, no pudieron hallar en ellos culpabilidad alguna, por lo que fueron enviados al destierro. El 9 de diciembre de aquel año llegaban de nuevo a Macao. Para no exponerles a mayores peligros los superiores lo destinaron a Tonkin (el actual Vietnam).

El 9 de febrero de 1770 partía hacia su nuevo destino misionero, Fu-Tay, donde llegaron a finales de aquel mes. Aprendió la lengua, pero ante la crudeza de la persecución tuvo que limitar el ejercicio del ministerio sacerdotal a las horas nocturnas, que consagraba en su integridad a instruir cristianos, administrar sacramentos y atender la necesidad espiritual de un territorio amplio y lleno de peligros. Estando en Ke-gia, aquejado de fiebre intensa, fue requerido para atender a un cristiano moribundo; apresado por un pirata, al regresar, se le exigió un rescate que tampoco pudo pagar, por lo que fue entregado al subprefecto y encarcelado. Era el 12 de julio de 1773.

En Ket-cho el 5 de agosto, metido en una estrecha jaula, fue expuesto a las burlas de la gente. En aquella situación vio cómo traían otro preso en idénticas condiciones. Era el dominico Vicente Liem de La Paz, quien iba a ser su compañero de cautiverio y martirio. Cumplidos los clásicos y pesados interrogatorios fue encarcelado de nuevo con mayor rigor, hasta que el 7 de noviembre de aquel mismo año se les sentenció a muerte y acto seguido fueron decapitados en Hanoi.

El 20 de mayo de 1906 fue beatificado por san Pío X y canonizado por Juan Pablo II el 19 de junio de 1988. La Orden de Frailes Predicadores celebra su memoria el 24 de noviembre, junto con los demás compañeros mártires en Vietnam.

viernes, 6 de noviembre de 2026

Reflexión del 06/11/2026

Lecturas del 06/11/2026

Hermanos, sed imitadores míos y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros.
Porque —como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos— hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; solo aspiran a cosas terrenas.
Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.
Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.
Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.
El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”.
Este respondió: “Cien barriles de aceite».
Él le dijo: «Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.
Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”.
Él dijo: “Cien fanegas de trigo”.
Le dice: “Toma tu recibo y escribe ochenta”.
Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz».

Palabra del Señor.

06 de Noviembre 2026 - San Severo de Barcelona

No tenemos datos sobre su nacimiento e infancia. También se desconocen testimonios históricos de su acción pastoral, de su muerte y de su sepultura. Algún historiador ha llegado a negar, por estos motivos, incluso la existencia de San Severo.

Se conocen las actas de su martirio redactadas en tiempo posterior y con añadiduras e interpolaciones, habituales en este tipo de relatos de mediados del siglo VI. Es frecuente encontrar mezclas de elementos que bien pueden ser adecuados a la veracidad de los hechos con otros elementos apócrifos provenientes del cariño, respeto y simpatía con que los creyentes adornan con imágenes que, provenientes de la fantasía —por una parte convincentes y por otra parte ejemplarizantes—, acercan al momento presente la personalidad del modelo del que se habla. Se incluyen en este tipo de relato aderezos que pretenden resaltar la Providencia de Dios complacido en la actitud decidida hasta la muerte del mártir o del santo.

La época del acontecimiento está situada durante la persecución de Diocleciano, soliviantado por el césar Galerio, que se propone, para depurar el ejército, eliminar del imperio el nombre cristiano. El presidente Daciano, que centra su atención en quienes hacen cabeza para escarmiento del pueblo, ha tomado muy a pecho la orden de exterminio.

San Severo es obispo de Barcelona por el año 300. Se le conoce como un pastor entregado ejemplar y completamente a su rebaño que ha sabido distinguirse por su celo y fidelidad a la fe. Sabe que las órdenes de Daciano son tajantes en lo que atañe a poner por obra los edictos del emperador. Piensa en un primer momento esconderse para seguir ayudando a los fieles desde la clandestinidad y pasa al Castro Octaviano, al otro lado de la montaña. En su marcha se encuentra con Emeterio, que siembra sus tierras y a quien reconoce como cristiano. El obispo le anima a perseverar en la fe aún en la persecución presente, encargándole de decir la verdad a sus perseguidores, en el caso de que se presenten.

Al separarse —cándida narración—, Dios interviene haciendo que las habas del campo recién sembrado crezcan y se pongan en flor. Al acercarse los soldados pidiendo información a Emeterio, él les dirá: "ha pasado por aquí" y, cuando le pregunten por el tiempo contestará enfáticamente: "cuando sembraba estas habas". El buen cristiano no ha querido ofender a Dios con la mentira, ha obedecido a su obispo, y, al mismo tiempo, ha puesto los recursos humanos para salvar la vida del fugitivo. Pero nada de esto impide que los soldados, furiosos, se sientan burlados, lo apresen y lleven ante el tribunal del presidente.

El obispo Severo, acompañado de otros sacerdotes, ha tomado la decisión de presentarse voluntariamente a los romanos.

Donde hoy es San Cugat, son decapitados los sacerdotes acompañantes del obispo y Emeterio; se espera la claudicación de Severo obispo a la vista de tanta atrocidad. Ante su pertinaz resistencia en la tortura y en los azotes con látigos emplomados, un verdugo coloca un clavo en su cabeza y otro sayón la atraviesa de un mazazo.

Bien hacen los barceloneses en honrar hoy la memoria de este obispo santo en la conocidísima y barroca Iglesia de San Severo, cercana a la catedral. Antes que ellos, ya le tuvo devoción el rey Fernando el Católico y, antes aún, el rey Martín de Aragón fue curado de gangrena en una pierna próxima a la amputación.

jueves, 5 de noviembre de 2026

05 de Noviembre 2026 – SANTAS RELIQUIAS

La muerte prepara la cosecha para el cielo.

Si tuviéramos los ojos de los ángeles, veríamos el mundo como un campo inmenso, sembrado para la resurrección. La muerte de Abel abrió el primer surco y desde entonces la siembra continuó sin parar en todos los lugares. ¡Qué tesoros ya encierra esta tierra de trabajos y enfermedades! ¡Como la cosecha promete para el cielo, tan pronto como el Sol de justicia levante los oídos de la salud del grupo, maduro para la gloria! Por lo tanto, no debemos sorprendernos si la Iglesia bendice y dirige la deposición del trigo precioso en el surco.

Pero la Iglesia no se contenta con sembrar continuamente y, a veces, impaciente con la expectativa, quita de la tierra el trigo más elegido que lo ha depositado y con su infalible discernimiento, que lo preserva del error, libera al inmortal germen del lodo. Él predice las maravillas del futuro, y recolectándolo en oro y telas preciosas, portándolo triunfalmente, convocando a las multitudes para honrarlo, dedicando a su nombre nuevos templos, decreta el honor supremo de descansar sobre los altares en los que se ofrece a Dios el Santo Sacrificio.

"Por favor, entienda su caridad, dice San Agustín (Discurso CCCXVIII sobre San Esteban, V): no elevamos un altar aquí a Esteban, pero hacemos de las reliquias de Esteban un altar a Dios. Dios ama estos altares y, si me pregunta porque les diré que la razón es que la muerte de los santos es preciosa ante Dios "(Sal 115,15). "Para obedecer a Dios, el alma invisible ha dejado su hogar visible, pero Dios guarda esta casa y encuentra su gloria en los honores que le damos a esta carne inanimada y de ella el poder de obrar milagros, la cubre con poder. De su divinidad "(Discurso CCLXXV sobre San Vicente, mártir, II). De aquí vienen las peregrinaciones a las tumbas de los santos.

"La gente cristiana, dice San Gregorio de Nyssa, ¿quién los reúne aquí?" Una tumba no atrae a nadie y la vista de lo que es una terrible revuelta, pero aquí se considera una bendición poder acercarse aquí; Es el objeto de la investigación, se considera un regalo de gran valor, porque deseable, pero raro es el favor de poder alcanzar las cenizas que contiene, y los privilegiados lo saben. Este cuerpo lo abraza, trae los labios y los ojos, como si estaba vivo, derramando lágrimas de devoción y amor. "¿Qué emperador fue honrado así?" (Su san Teodoro martire).

"Los emperadores", reanudaron San Juan Crisóstomo, lo que alguna vez fueron los porteros de sus palacios, hoy son ellos mismos para los pescadores: el hijo del gran Constantino creyó que no podría honrar más que preparar una tumba en el vestíbulo del pescador de Galilea " (Com. Del Segundo al Cuerpo Om. XXVI).

Y en otro pasaje, completando la explicación de la admirable carta a los romanos del Doctor de los Gentiles, exclama: "Quien ahora me concederá para postrarme en el sepulcro de Pablo, para contemplar el polvo de este cuerpo que terminó, sufriendo por nosotros, lo que faltaba. ¿A los sufrimientos de Cristo? (Col. 1:24) el polvo de esta boca que habló, sin sonrojarse, ante los reyes y, mostrándonos quién era Pablo, nos reveló al Señor de Pablo? El polvo de este corazón, el corazón del mundo, más Alto del cielo, más ancho que el universo, corazón de Cristo no menos que de Pablo, en el cual el libro de la gracia fue esculpido por el Espíritu Santo. Me gustaría ver el polvo de las manos, que escribió las epístolas, de los ojos que, primero ciegos. Recuperé la vista para nuestra salvación, de los pies que cruzaron la tierra. Sí, me gustaría contemplar la tumba en la que descansan estos instrumentos de justicia, luz, estos miembros de Cristo, este templo del Espíritu Santo, este cuerpo venerado. Con la de Pedro, protege a Roma de una manera más segura que todos los bastiones "(Homilía XXXII).

Estos textos y muchos otros no impidieron que la herejía en el siglo XVI, profanando las tumbas sagradas, afirmara que nos llevara de vuelta a las costumbres de nuestros padres. Pero en contra de estos reformadores extraños, el Concilio de Trento expresó el testimonio unánime de la Tradición en la siguiente definición, en la que se resumen las razones teológicas del culto que dio la Iglesia a las reliquias de los santos:

"Los fieles deben venerar los cuerpos de los mártires y de los otros santos que viven con Cristo, que fueron sus amantes vivas y el templo del Espíritu Santo y resucitar para la vida y la gloria eternas, concediéndole a Dios muchos beneficios para los hombres y por lo tanto, aquellos que dicen que las reliquias de los santos no merecen ser veneradas y que son honrados innecesariamente por los fieles, que visitan los recuerdos y monumentos de los santos en vano para obtener su ayuda, son absolutamente dignos de condena y, por un largo tiempo, la Iglesia los ha condenado (Concilio de Nicea II, capítulo VII), los condena de nuevo "(Concilio de Trento, Sess. XXV).

Reflexión del 05/11/2026

Lecturas del 05/11/2026

Hermanos:
Los circuncisos somos nosotros, los que damos culto en el Espíritu de Dios y ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en la carne. Aunque también yo tendría motivos para confiar en ella. Y si alguno piensa que puede hacerlo, yo mucho más: circuncidado a los ocho días, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo hijo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, irreprochable.
Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola: « ¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

Palabra del Señor.