domingo, 31 de mayo de 2026
Lecturas del 31/05/2026
En aquellos días, Moisés madrugó y subió a la montaña del Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad».
Moisés al momento se inclinó y se postró en tierra. Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».
Hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.
Saludaos mutuamente con el beso santo.
Os saludan todos los santos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Palabra del Señor.
31 de Mayo 2026 – Beato Nicolás Barré
Nació en Amiens, Francia, en el seno de una familia de comerciantes de la clase media. Durante su niñez estudió en los jesuitas de su ciudad natal. Allí conoció la figura de san Luis Gonzaga y en él inspiró su conducta. Antes de terminar sus estudios confió a sus padres el deseo que anidaba en su corazón de entregarse totalmente al Señor en la vida religiosa, ellos aceptaron cristianamente la determinación de su hijo, cuando llegue el momento le ayudarían y ofrecerían su apoyo para que lo pudiera realizar.
Ingresó en los Mínimos, cuyo lema “Charitás” será una constante en su vida. Fue ordenado sacerdote y su primera misión será, inicialmente, en la predicación y la confesión en el convento de los Mínimos en la plaza Royale de París. Su tarea alcanzó mucho éxito, y Nicolás descubrió lo difícil que era no dejarse arrastrar por la institución y luchó contra ello, que le costó una grave enfermedad, y sus superiores le enviaron de regreso a su ciudad natal. Aquí recibió la revelación de dedicarse a los niños y niñas que vivían en la marginación y la pobreza.
En 1.659, cuando Nicolás cuenta ya 38 años, fue enviado a Rouen. Allí constata la miseria e ignorancia que reina, el abandono de niños y jóvenes y sobre todo las niñas que son las más desfavorecidas. Medita, ora sobre esta situación en la que los ve sumergidos sin posibilidad de salir por ellos mismos; se pregunta una y mil veces ¿qué es lo que puedo hacer? ¿Qué es lo que debo hacer?. Le supone una presión tremenda verlos explotados en trabajos impropios porque tienen que ayudar a la familia: hacinados por la falta de espacio, con los graves perjuicios morales que esto supone; supersticiosos y alejados de la grandeza de la fe que recibieron en el bautismo.
Nicolás cada día que pasa reflexiona más sobre este asunto, va entrando en contacto con otras personas que se hacen éstas o parecidas preguntas. Las autoridades de Rouen por su parte, adoptan las mismas medidas que ya se han tomado en otras localidades francesas, recoger a estos niños y jóvenes en el Hospital General; intentan con ello remediar estos males y quitar de la vista a aquellos que pueden hacer desdecir la buena marcha de la sociedad; pero esta situación es mucho peor si cabe: las condiciones son todavía más duras y lastimosas, junto a los niños están recogidos dementes, alcohólicos, vagabundos, lisiados, incapaces, enfermos crónicos, etc.
En 1666, puso en obra su proyecto: pequeñas escuelas gratuitas diseminadas por las zonas rurales en las que acoge a los niños más pobres. Fundó para su proyecto las Hermanas del Niño Jesús, que no tenían votos, ni clausura, pero viviendo en la sencillez y la pobreza, dispuestas a descubrir a Dios en la acción contemplativa.
Bajo la iniciativa de Nicolás Barré, un grupo de mujeres de Rouen y sus alrededores, se consagraron totalmente a la formación humana y cristiana de las jóvenes y mujeres que la pobreza y la miseria habían dejado sin recursos. Las hermanas dedicadas a esta labor se multiplicaron prodigiosamente y de todos los rincones de Francia solicitaban su presencia benéfica. Ellas por su parte vivían en un total abandono en la Divina Providencia, atareadas en la labor educativa y de formación humana y religiosa.
El Padre Barré las animaba con sus consejos y palabras de aliento para el duro trabajo que realizaban. Hay que señalar que no hubo ninguna dificultad entre las hermanas durante varios años. Así, la comunidad continuó creciendo más y más, y las Escuelas se fueron multiplicando y la gracia de Dios se derramaba en abundancia. Sin embargo, hubo grandes dificultades después de varios años. “No puedo detallar las que nos vinieron por parte de los sacerdotes, de los clérigos, religiosos y seglares, que causaron muchas penas a nuestro muy reverendo padre Barré que tuvo que sufrir, sudar y trabajar, y sacrificarse mucho para establecer la casa, y se cansó mucho y arruinó su salud para darnos santos y sobrenaturales consejos, llenándonos el corazón y el espíritu de todo lo necesario para nuestra salvación y la del prójimo. No se puede expresar el penoso trabajo a que se entregó nuestro reverendo padre".
Los estatutos de l685 están dirigidos a los Hermanos maestros y a las Hermanas maestras de las escuelas a los cuales formaba en seminarios para que realizasen su labor educativa de la forma más fecunda. Constatamos aquí el comienzo de las Escuelas Normales.
En la actualidad las Maestras Caritativas forman una Confederación, con dos ramas diferentes: Hermanas del Niño Jesús-Providencia de Rouen que han saltado con sus casas desde Europa hasta Madagascar y África Central y las Hermanas del Niño Jesús-Nicolás Barré que desde Europa se han extendido por Asia, África y América Latina Los Hermanos Maestros no perduraron, las condiciones de vida para ellos son más duras que para las maestras, son inconstantes, no perseveran. Necesitarían otro tipo de atención y dedicación que el P. Barré no puede tener con ellos.
San Juan Bautista de la Salle consultó al Padre Barré (1688) sobre el tema de los maestros, en el cual ha quedado envuelto de forma un poco involuntaria. El P. Barré se alegra de que alguien emprenda este camino; le aconseja desde su experiencia, le exige desde su posición de guía y consejero. Juan Bautista le pide consejo en varias ocasiones sobre el mismo tema y sobre la forma en que ha de actuar. Barré sabe que si Juan tiene a los maestros organizados y junto a sí, podrá conseguir aquello en lo que él fracasó. Él no podía por su condición de religioso llevarlos a su convento y organizarlos allí de forma estable y permanente. Pero el señor De La Salle sí puede, aunque para hacerlo tenga que oponerse a toda su familia, quedar en ridículo delante de sus amigos y conocidos, invertir toda su fortuna y renunciar a todas sus seguridades. Juan Bautista de la Salle tiene madera de Santo, se deja modelar por la mano de Dios a través de su guía experto, Nicolás, y funda los Hermanos de las Escuelas Cristianas que hasta el día de hoy juegan un papel muy importante en la educación de niños y jóvenes. Fue un hombre humilde, abandonado en manos de la Providencia, audaz y creativo. Murió en Amiens. Fue beatificado por Juan Pablo II el 7 de marzo de 1999.
Ingresó en los Mínimos, cuyo lema “Charitás” será una constante en su vida. Fue ordenado sacerdote y su primera misión será, inicialmente, en la predicación y la confesión en el convento de los Mínimos en la plaza Royale de París. Su tarea alcanzó mucho éxito, y Nicolás descubrió lo difícil que era no dejarse arrastrar por la institución y luchó contra ello, que le costó una grave enfermedad, y sus superiores le enviaron de regreso a su ciudad natal. Aquí recibió la revelación de dedicarse a los niños y niñas que vivían en la marginación y la pobreza.
En 1.659, cuando Nicolás cuenta ya 38 años, fue enviado a Rouen. Allí constata la miseria e ignorancia que reina, el abandono de niños y jóvenes y sobre todo las niñas que son las más desfavorecidas. Medita, ora sobre esta situación en la que los ve sumergidos sin posibilidad de salir por ellos mismos; se pregunta una y mil veces ¿qué es lo que puedo hacer? ¿Qué es lo que debo hacer?. Le supone una presión tremenda verlos explotados en trabajos impropios porque tienen que ayudar a la familia: hacinados por la falta de espacio, con los graves perjuicios morales que esto supone; supersticiosos y alejados de la grandeza de la fe que recibieron en el bautismo.
Nicolás cada día que pasa reflexiona más sobre este asunto, va entrando en contacto con otras personas que se hacen éstas o parecidas preguntas. Las autoridades de Rouen por su parte, adoptan las mismas medidas que ya se han tomado en otras localidades francesas, recoger a estos niños y jóvenes en el Hospital General; intentan con ello remediar estos males y quitar de la vista a aquellos que pueden hacer desdecir la buena marcha de la sociedad; pero esta situación es mucho peor si cabe: las condiciones son todavía más duras y lastimosas, junto a los niños están recogidos dementes, alcohólicos, vagabundos, lisiados, incapaces, enfermos crónicos, etc.
En 1666, puso en obra su proyecto: pequeñas escuelas gratuitas diseminadas por las zonas rurales en las que acoge a los niños más pobres. Fundó para su proyecto las Hermanas del Niño Jesús, que no tenían votos, ni clausura, pero viviendo en la sencillez y la pobreza, dispuestas a descubrir a Dios en la acción contemplativa.
Bajo la iniciativa de Nicolás Barré, un grupo de mujeres de Rouen y sus alrededores, se consagraron totalmente a la formación humana y cristiana de las jóvenes y mujeres que la pobreza y la miseria habían dejado sin recursos. Las hermanas dedicadas a esta labor se multiplicaron prodigiosamente y de todos los rincones de Francia solicitaban su presencia benéfica. Ellas por su parte vivían en un total abandono en la Divina Providencia, atareadas en la labor educativa y de formación humana y religiosa.
El Padre Barré las animaba con sus consejos y palabras de aliento para el duro trabajo que realizaban. Hay que señalar que no hubo ninguna dificultad entre las hermanas durante varios años. Así, la comunidad continuó creciendo más y más, y las Escuelas se fueron multiplicando y la gracia de Dios se derramaba en abundancia. Sin embargo, hubo grandes dificultades después de varios años. “No puedo detallar las que nos vinieron por parte de los sacerdotes, de los clérigos, religiosos y seglares, que causaron muchas penas a nuestro muy reverendo padre Barré que tuvo que sufrir, sudar y trabajar, y sacrificarse mucho para establecer la casa, y se cansó mucho y arruinó su salud para darnos santos y sobrenaturales consejos, llenándonos el corazón y el espíritu de todo lo necesario para nuestra salvación y la del prójimo. No se puede expresar el penoso trabajo a que se entregó nuestro reverendo padre".
Los estatutos de l685 están dirigidos a los Hermanos maestros y a las Hermanas maestras de las escuelas a los cuales formaba en seminarios para que realizasen su labor educativa de la forma más fecunda. Constatamos aquí el comienzo de las Escuelas Normales.
En la actualidad las Maestras Caritativas forman una Confederación, con dos ramas diferentes: Hermanas del Niño Jesús-Providencia de Rouen que han saltado con sus casas desde Europa hasta Madagascar y África Central y las Hermanas del Niño Jesús-Nicolás Barré que desde Europa se han extendido por Asia, África y América Latina Los Hermanos Maestros no perduraron, las condiciones de vida para ellos son más duras que para las maestras, son inconstantes, no perseveran. Necesitarían otro tipo de atención y dedicación que el P. Barré no puede tener con ellos.
San Juan Bautista de la Salle consultó al Padre Barré (1688) sobre el tema de los maestros, en el cual ha quedado envuelto de forma un poco involuntaria. El P. Barré se alegra de que alguien emprenda este camino; le aconseja desde su experiencia, le exige desde su posición de guía y consejero. Juan Bautista le pide consejo en varias ocasiones sobre el mismo tema y sobre la forma en que ha de actuar. Barré sabe que si Juan tiene a los maestros organizados y junto a sí, podrá conseguir aquello en lo que él fracasó. Él no podía por su condición de religioso llevarlos a su convento y organizarlos allí de forma estable y permanente. Pero el señor De La Salle sí puede, aunque para hacerlo tenga que oponerse a toda su familia, quedar en ridículo delante de sus amigos y conocidos, invertir toda su fortuna y renunciar a todas sus seguridades. Juan Bautista de la Salle tiene madera de Santo, se deja modelar por la mano de Dios a través de su guía experto, Nicolás, y funda los Hermanos de las Escuelas Cristianas que hasta el día de hoy juegan un papel muy importante en la educación de niños y jóvenes. Fue un hombre humilde, abandonado en manos de la Providencia, audaz y creativo. Murió en Amiens. Fue beatificado por Juan Pablo II el 7 de marzo de 1999.
sábado, 30 de mayo de 2026
Lecturas del 30/05/2026
Queridos hermanos:
Acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo.
Basándoos en vuestra santísima fe y orando movidos por el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna.
Tened compasión con los que titubean, a unos salvadlos arrancándolos del fuego, a otros mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por el vicio.
Al que puede preservaros de tropiezos y presentaros intachables y exultantes ante su gloria, al Dios único, nuestro Salvador, Por medio de Jesucristo, nuestro Señor, sea la gloria y majestad, el poder y la soberanía desde siempre, ahora y por todos los siglos. Amén.
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras este paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad para hacer esto?».
Jesús les replicó: «Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Contestadme».
Se pusieron a deliberar: «Sí decimos que es del cielo, dirá: “¿Y por qué no le habéis creído? . ¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres?». (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta).
Y respondieron a Jesús: «No sabemos».
Jesús les replicó: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».
Palabra del Señor.
30 de Mayo 2026 – Santa Juana de Arco
Juana creció en el campo y nunca aprendió a leer ni a escribir. Pero su madre que era muy piadosa le infundió una gran confianza en el Padre Celestial y una tierna devoción hacia la Virgen María. Cada sábado la niña Juana recogía flores del campo para llevarlas al altar de Nuestra Señora. Cada mes se confesaba y comulgaba, y su gran deseo era llegar a la santidad y no cometer nunca ningún pecado. Era tan buena y bondadosa que todos en el pueblo la querían.
Su patria Francia estaba en muy grave situación porque la habían invadido los ingleses que se iban posesionando rápidamente de muchas ciudades y hacían grandes estragos.
A los catorce años la niña Juana empezó a sentir unas voces que la llamaban. Al principio no sabía de quién se trataba, pero después empezó a ver resplandores y que se le aparecían el Arcángel San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita y le decían: "Tú debes salvar a la nación y al rey".
Por temor no contó a nadie nada al principio, pero después las voces fueron insistiéndole fuertemente en que ella, pobre niña campesina e ignorante, estaba destinada para salvar la nación y al rey y entonces contó a sus familiares y vecinos. Las primeras veces las gentes no le creyeron, pero después ante la insistencia de las voces y los ruegos de la joven, un tío suyo se la llevó a donde el comandante del ejército de la ciudad vecina. Ella le dijo que Dios la enviaba para llevar un mensaje al rey. Pero el militar no le creyó y la despachó otra vez para su casa.
Sin embargo unos meses después Juana volvió a presentarse ante el comandante y este ante la noticia de una derrota que la niña le había profetizado la envió con una escolta a que fuera a ver al rey.
Llegada a la ciudad pidió poder hablarle al rey. Este para engañarla se disfrazó de simple aldeano y colocó en su sitio a otro. La joven llegó al gran salón y en vez de dirigirse hacia donde estaba el reemplazo del rey, guiada por las "voces" que la dirigían se fue directamente a donde estaba el rey disfrazado y le habló y le contó secretos que el rey no se imaginaba. Esto hizo que el rey cambiara totalmente de opinión acerca de la joven campesina.
Ya no faltaba sino una ciudad importante por caer en manos de los ingleses. Era Orleans. Y estaba sitiada por un fuerte ejército inglés. El rey Carlos y sus militares ya creían perdida la guerra. Pero Juana le pide al monarca que le conceda a ella el mando sobre las tropas. Y el rey la nombra capitana. Juana manda hacer una bandera blanca con los nombres de Jesús y de María y al frente de diez mil hombres se dirige hacia Orleans.
Animados por la joven capitana, los soldados franceses lucharon como héroes y expulsaron a los asaltantes y liberaron Orleans. Luego se dirigieron a varias otras ciudades y las liberaron también.
Juana no luchaba ni hería a nadie, pero al frente del ejército iba de grupo en grupo animando a los combatientes e infundiéndoles entusiasmo y varias veces fue herida en las batallas.
Después de sus resonantes victorias, obtuvo Santa Juana que el temeroso rey Carlos VII aceptara ser coronado como jefe de toda la nación. Y así se hizo con impresionante solemnidad en la ciudad de Reims.
Pero vinieron luego las envidias y entonces empezó para nuestra santa una época de sufrimiento y de traiciones contra ella. Hasta ahora había sido una heroína nacional. Ahora iba a llegar a ser una mártir. Muchos empleados de la corte del rey tenían celos de que ella llegara a ser demasiado importante y empezaron a hacerle la guerra.
Faltaba algo muy importante en aquella guerra nacional: conquistar a París, la capital, que estaba en poder del enemigo. Y hacia allá se dirigió Juana con sus valientes. Pero el rey Carlos VII, por envidias y por componendas con los enemigos, le retiró sus tropas y Juana fue herida en la batalla y hecha prisionera por los Borgoñones.
Los franceses la habían abandonado, pero los ingleses estaban supremamente interesados en tenerla en la cárcel, y así pagaron más de mil monedas de oro a los de Borgoña para que se la entregaran y la sentenciaron a cadena perpetua.
Los ingleses la hicieron sufrir muchísimo en la cárcel. Las humillaciones y los insultos eran todos los días y a todas horas, hasta el punto que Juana llegó a exclamar: "Esta cárcel ha sido para mí un martirio tan cruel, como nunca me había imaginado que pudiera serlo". Pero seguía rezando con fe y proclamando que sí había oído las voces del cielo y que la campaña que había hecho por salvar a su patria, había sido por voluntad de Dios.
En ese tiempo estaba muy de moda acusar de brujería a toda mujer que uno quisiera hacer desaparecer. Y así fue que los enemigos acusaron a Juana de brujería, diciendo que las victorias que había obtenido era porque les había hecho brujerías a los ingleses para poderlos derrotar. Ella apeló al Sumo Pontífice, pidiéndole que fuera el Papa de Roma el que la juzgara, pero nadie quiso llevarle al Santo Padre esta noticia, y el tribunal estuvo compuesto exclusivamente por enemigos de la santa. Y aunque Juana declaró muchas veces que nunca había empleado brujerías y que era totalmente creyente y buena católica, sin embargo la sentenciaron a la más terrible de las muertes de ese entonces: ser quemada viva.
Encendieron una gran hoguera y la amarraron a un poste y la quemaron lentamente. Murió rezando y su mayor consuelo era mirar el crucifijo que un religioso le presentaba y encomendarse a Nuestro Señor. Invocaba al Arcángel Miguel, al cual siempre le había tenido gran devoción y pronunciando por tres veces el nombre de Jesús, entregó su espíritu. Era el 30 de mayo del año 1431. Tenía apenas 19 años. Varios volvieron a sus casas diciendo: "Hoy hemos quemado a una santa". 23 años después su madre y sus hermanos pidieron que se reabriera otra vez aquel juicio que se había hecho contra ella. Y el Papa Calixto III nombró una comisión de juristas, los cuales declararon que la sentencia de Juana fue una injusticia. El rey de Francia la declaró inocente y el Papa Benedicto XV la proclamó santa.
Su patria Francia estaba en muy grave situación porque la habían invadido los ingleses que se iban posesionando rápidamente de muchas ciudades y hacían grandes estragos.
A los catorce años la niña Juana empezó a sentir unas voces que la llamaban. Al principio no sabía de quién se trataba, pero después empezó a ver resplandores y que se le aparecían el Arcángel San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita y le decían: "Tú debes salvar a la nación y al rey".
Por temor no contó a nadie nada al principio, pero después las voces fueron insistiéndole fuertemente en que ella, pobre niña campesina e ignorante, estaba destinada para salvar la nación y al rey y entonces contó a sus familiares y vecinos. Las primeras veces las gentes no le creyeron, pero después ante la insistencia de las voces y los ruegos de la joven, un tío suyo se la llevó a donde el comandante del ejército de la ciudad vecina. Ella le dijo que Dios la enviaba para llevar un mensaje al rey. Pero el militar no le creyó y la despachó otra vez para su casa.
Sin embargo unos meses después Juana volvió a presentarse ante el comandante y este ante la noticia de una derrota que la niña le había profetizado la envió con una escolta a que fuera a ver al rey.
Llegada a la ciudad pidió poder hablarle al rey. Este para engañarla se disfrazó de simple aldeano y colocó en su sitio a otro. La joven llegó al gran salón y en vez de dirigirse hacia donde estaba el reemplazo del rey, guiada por las "voces" que la dirigían se fue directamente a donde estaba el rey disfrazado y le habló y le contó secretos que el rey no se imaginaba. Esto hizo que el rey cambiara totalmente de opinión acerca de la joven campesina.
Ya no faltaba sino una ciudad importante por caer en manos de los ingleses. Era Orleans. Y estaba sitiada por un fuerte ejército inglés. El rey Carlos y sus militares ya creían perdida la guerra. Pero Juana le pide al monarca que le conceda a ella el mando sobre las tropas. Y el rey la nombra capitana. Juana manda hacer una bandera blanca con los nombres de Jesús y de María y al frente de diez mil hombres se dirige hacia Orleans.
Animados por la joven capitana, los soldados franceses lucharon como héroes y expulsaron a los asaltantes y liberaron Orleans. Luego se dirigieron a varias otras ciudades y las liberaron también.
Juana no luchaba ni hería a nadie, pero al frente del ejército iba de grupo en grupo animando a los combatientes e infundiéndoles entusiasmo y varias veces fue herida en las batallas.
Después de sus resonantes victorias, obtuvo Santa Juana que el temeroso rey Carlos VII aceptara ser coronado como jefe de toda la nación. Y así se hizo con impresionante solemnidad en la ciudad de Reims.
Pero vinieron luego las envidias y entonces empezó para nuestra santa una época de sufrimiento y de traiciones contra ella. Hasta ahora había sido una heroína nacional. Ahora iba a llegar a ser una mártir. Muchos empleados de la corte del rey tenían celos de que ella llegara a ser demasiado importante y empezaron a hacerle la guerra.
Faltaba algo muy importante en aquella guerra nacional: conquistar a París, la capital, que estaba en poder del enemigo. Y hacia allá se dirigió Juana con sus valientes. Pero el rey Carlos VII, por envidias y por componendas con los enemigos, le retiró sus tropas y Juana fue herida en la batalla y hecha prisionera por los Borgoñones.
Los franceses la habían abandonado, pero los ingleses estaban supremamente interesados en tenerla en la cárcel, y así pagaron más de mil monedas de oro a los de Borgoña para que se la entregaran y la sentenciaron a cadena perpetua.
Los ingleses la hicieron sufrir muchísimo en la cárcel. Las humillaciones y los insultos eran todos los días y a todas horas, hasta el punto que Juana llegó a exclamar: "Esta cárcel ha sido para mí un martirio tan cruel, como nunca me había imaginado que pudiera serlo". Pero seguía rezando con fe y proclamando que sí había oído las voces del cielo y que la campaña que había hecho por salvar a su patria, había sido por voluntad de Dios.
En ese tiempo estaba muy de moda acusar de brujería a toda mujer que uno quisiera hacer desaparecer. Y así fue que los enemigos acusaron a Juana de brujería, diciendo que las victorias que había obtenido era porque les había hecho brujerías a los ingleses para poderlos derrotar. Ella apeló al Sumo Pontífice, pidiéndole que fuera el Papa de Roma el que la juzgara, pero nadie quiso llevarle al Santo Padre esta noticia, y el tribunal estuvo compuesto exclusivamente por enemigos de la santa. Y aunque Juana declaró muchas veces que nunca había empleado brujerías y que era totalmente creyente y buena católica, sin embargo la sentenciaron a la más terrible de las muertes de ese entonces: ser quemada viva.
Encendieron una gran hoguera y la amarraron a un poste y la quemaron lentamente. Murió rezando y su mayor consuelo era mirar el crucifijo que un religioso le presentaba y encomendarse a Nuestro Señor. Invocaba al Arcángel Miguel, al cual siempre le había tenido gran devoción y pronunciando por tres veces el nombre de Jesús, entregó su espíritu. Era el 30 de mayo del año 1431. Tenía apenas 19 años. Varios volvieron a sus casas diciendo: "Hoy hemos quemado a una santa". 23 años después su madre y sus hermanos pidieron que se reabriera otra vez aquel juicio que se había hecho contra ella. Y el Papa Calixto III nombró una comisión de juristas, los cuales declararon que la sentencia de Juana fue una injusticia. El rey de Francia la declaró inocente y el Papa Benedicto XV la proclamó santa.
viernes, 29 de mayo de 2026
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