martes, 24 de junio de 2025

24 de Junio 2025 – Natividad de San Juan el Bautista

Este es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento.

San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo (de hoy en seis meses - el 24 de diciembre - estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús).

El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar.

Al verlo se asustó, más el ángel le dijo: "No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios".

Pero Zacarías respondió al ángel: "¿Cómo podré asegurarme que eso es verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?".

El ángel le dijo: "Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de quien he sido enviado a traerte esta nueva. Más por cuanto tú no has dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar hasta que todo esto se cumpla".

Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio la noticia del embarazo de su prima Isabel.

Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen.

También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con espíritu profético, exclamó: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor". Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan.

De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún un muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la oración.

Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento, aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios.

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de penitencia.

Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: "Aquel sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es".

Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis confiados diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os aseguro que Dios es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos de Abraham. Mirad que ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego".

Y las gentes le preguntaron: "¿Qué es lo que debemos hacer?". Y contestaba: "El que tenga dos túnicas que reparta con quien no tenga ninguna; y el que tenga alimentos que haga lo mismo"…

"Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero el que ha de venir después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno ni siquiera de soltar la correa de sus sandalias. Él es el que ha de bautizaros en el Espíritu Santo…"

Los judíos empezaron a sospechar si él era el Cristo que tenía que venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle "¿Tú quién eres?" El confesó claramente: "Yo no soy el Cristo" Insistieron: "¿Pues cómo bautizas?" Respondió Juan, diciendo: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. Él es el que ha de venir después de mí…"

Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para ser bautizado. Juan se resistía a ello diciendo: "¡Yo debo ser bautizado por Ti y Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús, diciendo: "Déjame hacer esto ahora, así es como conviene que nosotros cumplamos toda justicia". Entonces Juan condescendió con Él.

Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del agua, y mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel momento se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias".

Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo dijo a los que estaban con él: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo os dije: Detrás de mí vendrá un varón, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo".

Entonces Juan atestiguó, diciendo: "He visto al Espíritu en forma de paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres que baja el Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por eso doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios".

Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías se divorció de su esposo y se casó con Herodes, y entonces Juan fue con él y le recriminó diciendo: "No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano"; y le echaba en cara las cosas malas que había hecho.

Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por lo que le decía.

Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan.

Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del divorcio.

Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus discípulos tenían dudas respecto a Jesús, los mandó a Él para que El mismo los fortaleciera en la fe.

Llegando donde Él estaba, le preguntaron diciendo: "Juan el Bautista nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú el que tenía que venir, o esperamos a otro".

En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos. Y, respondiendo, les dijo: "Id y contad a Juan las cosas que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio…"

Así que fueron los discípulos de Juan, empezó Jesús a decir: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento? o ¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta? Sí, ciertamente, Yo os lo aseguro; y más que un profeta. Pues de Él es de quien está escrito: Mira que yo te envío mi mensajero delante de Ti para que te prepare el camino. Por tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido mayor que Juan el Bautista…"

Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a muchos personajes importantes. Y al final del banquete entró la hija de Herodías y bailó en presencia de todos, de forma que agradó mucho a los invitados y principalmente al propio Herodes.

Entonces el rey juró a la muchacha: "Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino".

Ella salió fuera y preguntó a su madre: "¿Qué le pediré?" La adúltera, que vio la ocasión de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le contestó: "Pídele la cabeza de Juan el Bautista". La muchacha entró de nuevo y en seguida dijo al rey: "Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".

Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se puso muy triste porque temía matar al Bautista; pero a causa del juramento, no quiso desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó que fuesen a la cárcel, lo decapitasen y le entregaran a la muchacha la cabeza de Juan en la forma que ella lo había solicitado.

lunes, 23 de junio de 2025

Reflexión del 23/06/2025

Lecturas del 23/06/2025

En aquellos días, el Señor dijo a Abran:
«Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».
Abran marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abran tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abran llevó consigo a Saray, su mujer, a Lot, su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Jarán, y salieron en dirección a Canaán. Cuando llegaron a la tierra de Canaán, Abran atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré. En aquel tiempo habitaban allí los cananeos.
El Señor se apareció a Abran y le dijo: «A tu descendencia le daré esta tierra».
Él construyó allí un altar en honor del Señor, que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas, al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abran se trasladó por etapas al Negueb.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?
Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».

Palabra del Señor.

23 de Junio 2025 – Santa María de Oignies

Nació en el seno de una acaudalada familia de Nivelles, en Brabante y, no obstante que todas sus aspiraciones estaban centradas en la vida religiosa, sus padres la dieron en matrimonio a un hombre joven y gentil, de buena posición, tan pronto como cumplió los catorce años.

Pero si los padres pensaron que el matrimonio de su hija le haría olvidar su vocación, estaban equivocados. María, joven y hermosa, adquirió una gran ascendencia sobre su esposo, hasta el grado de convencerle a que viviesen juntos en absoluta continencia y a que transformasen su casa en un hospital para los leprosos.

La joven pareja se dedicó a cuidar a sus pacientes con una abnegación sin límites: tanto María como su esposo lavaban personalmente a los leprosos, velaban a los más enfermos durante noches enteras y distribuían limosnas entre ellos y todos los pobres de la comarca, con tanta prodigalidad, que continuamente recibían airadas recriminaciones por parte de todos sus parientes.

Estas actividades no impedían a María entregarse a la práctica de rigurosas austeridades. Empleaba las disciplinas, llevaba cuerdas apretadas en torno a su cuerpo y se privaba del sueño y de los alimentos.

Se afirma que, durante todo un invierno excesivamente riguroso, desde el día de San Martín hasta la Pascua, pasó todas las noches tendida sobre las losas de una iglesia, con la ropa que llevaba puesta únicamente, sin que durante toda aquella larga penitencia sufriese un resfriado o un dolor de cabeza.

Cuando se hallaba en su casa, dedicada a hilar o en otro trabajo manual sedentario, trataba de evitar las distracciones de sus pensamientos, mediante el procedimiento de poner abierto frente a ella, un salterio o libro de oraciones para leer alguna frase edificante, de tanto en tanto.

Su biógrafo hace hincapié en la anormal abundancia de sus lágrimas, que tanto él como otros que escribieron sobre la beata, atribuyen a una gracia espiritual.

Hasta nuestros días figuran en el misal romano numerosas colectas pro petitione lacrymarum y San Ignacio de Loyola, como se puede comprobar en uno de los fragmentos, que aún se conservan, de su diario espiritual, consideraba los días en que no era capaz de derramar lágrimas durante la celebración de la misa, como períodos de desolación, cuando Dios, por así decirlo, escondía el rostro. María, por su parte, afirmaba que el llanto la aliviaba y la refrescaba.

La fama de santidad de la bendita asceta atrajo a muchos visitantes, y casi todos regresaron a sus hogares, edificados con sus admoniciones y consolados por sus consejos. Poco tiempo antes de su muerte, María se sintió llamada a buscar la soledad. Por lo tanto, con el consentimiento de su esposo, dejó su casa de Williambroux y se estableció en una celda contigua al monasterio de los canónigos agustinos, en Oignies. Si ya en el pasado había tenido visiones y éxtasis, en su vida presente se multiplicaron las manifestaciones celestiales.

Tras una larga y penosa enfermedad, que ella misma había vaticinado, murió a la edad de veintiocho años, el 23 de junio de 1213.

domingo, 22 de junio de 2025

22 de Junio 2025 – CORPUS CHRISTI

« Así Dios quiso el mundo, de darnos a su Hijo Unigénito ».

Estas admirables palabras las vemos brillar sobre la choza del infante de Belén donde Cristo nació sobre de un jergón de hojas.

Las vemos imprimidas sobre la pobre casita de Nazaret donde Jesús trabajó por nuestro amor. Las vemos allá en el pretorio de Caifa, de Herodes, de Pilatos, donde el inocente Jesús sufrió por nuestro amor.

Sin duda si Nuestro Señor nos hubiera querido solamente hasta la cruz, hasta dar la vida para nosotros, ya habría sido una prueba de inmenso amor, pero el Dios quiso hacer más. El Corazón de Jesús es Corazón divino, y Dios es eterno y también su amor no puede morir: " Yo estaré con vosotros hasta a la consumición de los siglos."

¿Pero de qué manera, o Jesús, quedará con nosotros? ¿Si tú mismo has predicho tu muerte, tu salida de esta tierra?

En la noche misma en la que uno de sus amigos más íntimos, un apóstol suyo, Judas, lo traicionó, en la noche en que sus enemigos azuzaron la plebe, reunieron falsos acusadores, armaron soldados por su captura, mientras que los Judíos gritaron: " No tiene que reinar sobre de nosotros, es digno de muerte... tenemos que sacarlo del mundo... ", Jesús, allá, en el Cenáculo, circundado por sus Apóstoles da una prueba solemne de todo su amor para los hombres.

“No os dejaré huérfanos, exclama, pero siempre estaré con vosotros." Una vez más aquel Corazón adorable, lleno de amor, se conmueve, piensa en las almas que necesitarán nutrimento espiritual; qué necesitarán de Él y de su fuerza y entonces decide darse como nutro. Hacia la mitad de la cena, tomó el pan, levantó los ojos al cielo, lo bendijo, lo partió y lo distribuyó a los Apóstoles diciendo: " Tomáis y coméis; éste es mi Cuerpo." De manera parecida hizo del vino que distribuyó diciendo: "Tomáis y bebéis, ésta es mi Sangre; cada vez que haréis este, háganlo en mi memoria."

Así fue cumplida la institución del Sacramento del amor, el Eucaristía, el Sacramento que hace vivir entre nosotros a Jesús, también después de suya subida al cielo.

Los enemigos mataron a Jesús, suscitaron persecuciones de cada género, buscaron cada medio para sacarlo de medio a los hombres, pero todo fue inútil.

¡Cristianos, cuántas veces allá de aquel tabernáculo Jesús nos invita al banquete divino! acerquémonos a él. Alegrémonos de estar en el número de los fieles convidados que el Dueño ha introducido en su casa. Allá olvidaremos nuestras tristezas y escucharemos del Corazón de Cristo sus divinos consejos, allá recibiremos la fuerza, el vigor para vencer a nuestros enemigos y caminar más rápidamente por la calle de la virtud.

¡Jesús Eucarístico, sol resplandeciente y ardiente de amor, brilla en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestras familias, en el mundo entero, y nos haces amar Dios ante todo y el próximo como nosotros mismos!

Domingo, 22-06-2024 CORPUS Ciclo C

Reflexión del 22/06/2025

Lecturas del 22/06/2025

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y le bendijo diciendo: «Bendito sea Abran por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos».
Y Abran le dio el diezmo de todo.
Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
En aquel tiempo, Jesús se puso hablaba a la gente del reino de Dios y sanaba a los que tenían necesidad de curación.
El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».
Él les contestó: «Dadles vosotros de comer».
Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente».
Porque eran unos cinco mil hombres.
Entonces dijo a sus discípulos: «Haced que se echen sienten en grupos de unos cincuenta cada uno».
Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos.
Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.

Palabra del Señor.

22 de Junio 2025 – San Paulino de Nola

El santísimo obispo de Nola san Paulino fue de nación francés, y nació de padres muy nobles y ricos en la ciudad de Burdeos. Tuvo por maestro a Ausonio Galo, excelente poeta y muy estimado en aquellos tiempos; y llegado a la edad competente, se casó con una señora muy principal llamada Terasia, y como todos tenía en él puestos los ojos así por su sangre como por sus letras, riquezas y loables costumbres, llegó a ser cónsul y prefecto de la ciudad de Roma.

No tuvo hijos de su mujer y así propusieron los dos esposos, tocados de Dios, vivir como hermanos, y se vinieron a España y estuvieron algún tiempo en Barcelona, donde por aclamación del pueblo, el obispo Lampio, contra la voluntad del santo, que quería servir a la Iglesia de sacristán, le ordenó de sacerdote, como el mismo santo lo refiere en sus escritos.

Habiendo repartido a los pobres todos sus bienes, se retiró con su esposa a un campo de la ciudad de Nola, donde vivían en hábito y profesión de monjes; más como ya la fama de sus virtudes se hubiese extendido por toda aquella tierra, en muriendo el obispo de Nola, le compelieron a aceptar el gobierno de aquella Iglesia, donde edificó a todos no menos con sus admirables ejemplos, que con su celestial doctrina. Lo envió a llamar el emperador Honorio para un concilio que se juntaba sobre ciertos negocios tocantes a la quietud de la Iglesia, llamándole santo y venerable padre y verdadero siervo de Dios.

Cuando Alarico rey de los Godos tomó a Roma y la saqueó, vino también a Nola y prendió al santo obispo. Dice san Agustín, que entonces se alegró el santo de no ser atormentado por el oro y la plata, porque todos sus tesoros tenía en el cielo; y habiendo saqueado después los vándalos la iglesia, procuró san Paulino desentrañarse y allegar lo que pudo para redimir a los cautivos. Y dice san Gregorio papa, que en esta sazón vino a san Paulino una pobre viuda a pedirle limosna para rescatar un hijo que los vándalos se habían llevado a África, y estaba en poder del yerno del rey. A la cual respondió el santo que ya no tenía cosa que darle, sino a sí mismo, y en efecto pasó a África, y se entregó al yerno del rey por el hijo de aquella viuda, haciendo todo el tiempo de su cautiverio oficio de hortelano, hasta que el rey de los vándalos sabiendo que Paulino era obispo, le mandó a su tierra cargado de dones y acompañado de los cautivos que pertenecían a su obispado.

Finalmente después de haber gobernado largos años como santísimo pastor aquel rebaño de Cristo, fue consolado en su dichoso tránsito por los gloriosos santos Jenaro y Martín, que se le aparecieron y acompañaron su santa alma a los cielos.

sábado, 21 de junio de 2025

Reflexión del 21/06/2025

Lecturas del 21/06/2025

Hermanos:
¿Hay que gloriarse?: sé que no está bien, pero paso a las visiones y revelaciones del Señor.
Yo sé de un hombre en Cristo que hace catorce años - si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe - fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que ese hombre - si en el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe - fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables, que un hombre no es capaz de repetir.
De alguien así podría gloriarme; pero, por lo que a mí respecta, sólo me gloriaré de mis debilidades.
Aunque, si quisiera gloriarme, no me compartiría como un necio, diría la pura verdad; pero lo dejo, para que nadie me considere superior a lo que ve u oye de mí.
Por la grandeza de las revelaciones, y para que no me engría, se me ha dado una espina en la carne: un emisario de Satanás que me abofetea, para que no me engría. Por ello, tres veces le he pedido al Señor que lo apartase de mí y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad».
Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo.
Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?
No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».

Palabra del Señor.

21 de Junio 2025 – San Luis Gonzaga

"Hago saber a vuestra señoría reverendísima, que le entrego lo que más quiero en este mundo y la mayor esperanza que tenía para la conservación de esta mi casa...". Así escribía el Marqués de Castiglione y conde de Tanasentena, padre del joven Luis Gonzaga, al General de la Compañía de Jesús, Padre Claudio Aquaviva, al ingresar nuestro Santo joven en el noviciado de San Andrés de Roma.

Fue Luis el mayor de los ocho hijos nacidos del matrimonio Ferrante Gonzaga. De muy niño parecía que su camino iba a ser el de las armas, ya que le encantaba tratar con los soldados y hasta tomar en su mano alguna de las armas que podía. En cierta ocasión hasta llegó a quemarse su rostro por estar demasiado cerca de un cañón al disparar. Trataba con los soldados y criados y de ellos aprendió algunas palabrotas que pronto el ayo hubo de corregir con dureza. Su padre, el Sr. Marqués, estaba contento pensando en que haría ilustre su apellido y su rango en la carrera militar. Pero otros eran los designios de Dios.

Pronto Luis demostró lo que iba a ser: la oración y la vida de dura mortificación llenaban todo su día. Su padre, para quitarle de la cabeza aquella vida demasiado piadosa, lo envió a Florencia para que con su hermano Rodolfo que era el que le seguía en edad, pudiera ser atraído por la vida fastuosa que llevaban los Médicis. Aquí hace Luis, en la Iglesia de los Servitas, el voto de castidad para siempre al Señor.

Vuelto a Castiglione se entregó a la oración y vida ascética más todavía que en Florencia. Los criados le atisbaban para quedar admirados de las horas que pasaba en la oración y en la maceración de su cuerpo. Con este género de vida quería contrarrestar el lujo y vida fácil que estaba obligado a llevar. Bien podían llamarle las gentes "el ángel de Castiglione", "el lirio de Italia" o "el ángel con cuerpo o cuerpo hecho de ángel".

Tendría doce añitos cuando dicen los autores que ya llegó a la cumbre de la contemplación. Pasaba largas horas ensimismado en la oración y trato divino. Huía siempre que podía de todos los pasatiempos mundanos y de todos los festejos que era natural que abundaran en su ambiente y en su misma casa. Durante toda su vida llorará lo que él llamaba pecados de su juventud y no fueron otros que algunas palabrotas que aprendió de la soldadesca sin entender siquiera su significado. Cuenta un criado que cuando le llamaban con su título de príncipe y señor, les decía con gran amabilidad: "Servir a Dios es harto más glorioso que poseer todos los principados de la tierra".

Era el heredero del Principado de Mantua y Príncipe del Sacro Imperio. Con su virtud extraordinaria había dejado atónitas a las cortes de Madrid, Florencia, Pavía, Mantua... y a pesar de ello no se sentía atraído por tantas vanidades, y solía repetir: ¿"Qué es todo esto para la eternidad? Señor, ayúdame a no olvidar nunca el fin para el cual me has creado".

Mientras estaba en Madrid, como paje en la corte de Felipe II, ante el altar de Nuestra Señora del Buen Consejo, se siente llamado a ingresar en la Compañía de Jesús en el mismo día de la Asunción de 1583. Consigue el permiso de su padre que tanto se resistía y abdica el Principado en favor de su hermano. Se entrega del todo en el noviciado a adquirir las virtudes religiosas. No pierde nunca la presencia de Dios. Hasta quiere despertar a cada hora durante la noche para renovarla. Hace grandes progresos en los estudios, pero antes de llegar al sacerdocio, a sus 23 años, volaba al cielo, fruto de su gran caridad. Era el 21 de junio de 1591.

viernes, 20 de junio de 2025

Reflexión del 20/06/2025

Lecturas del 20/06/2025

Hermanos:
Puesto que muchos se glorían de títulos humanos, también yo voy a gloriarme.
A lo que alguien se atreva - lo digo disparatando -, también me atrevo yo.
¿Qué son hebreos? También yo; ¿Que son israelitas? También yo. ¿Qué son descendientes de Abrahán?
También yo. ¿Qué son siervos de Cristo? Voy a decir un disparate: mucho más yo.
Más en fatigas, más en cárceles, muchísimo más en palizas y, frecuentemente, en peligros de muerte. De los judíos he recibido cinco veces los cuarenta azotes menos uno; tres veces he sido azotado con varas, una vez he sido lapidado, tres veces he naufragios y pasé una noche y un día en alta mar.
Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, peligros de bandoleros, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos, trabajo y agobio, sin dormir muchas veces, con hambre y sed, a menudo sin comer, con frío y sin ropa.
¿Quién enferma sin que yo enferme?; ¿Quién tropieza sin que yo me encienda?
Si hay que gloriarse, me gloriaré de lo que muestra mi debilidad.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los roen, ni ladrones que abran boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Sí, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».

Palabra del Señor.

20 de Junio 2025 – San Silverio Papa y mártir

El glorioso pontífice y mártir san Silverio fue natural de la campaña de Roma, e hijo de Hormisdas, el cual habiendo enviudado, se ordenó de Diácono de la iglesia romana, y fue elevado después a la cátedra de Pedro.

No ascendió su hijo Silverio al sumo pontificado con puras y santas intenciones; más apenas se vio sentado en la Silla apostólica sintió cambiado el corazón, lloró con amargas lágrimas su ambición pasada, edificó toda la cristiandad con el ejemplo de sus santas costumbres, y protegió la Iglesia de Dios hasta dar la vida en su defensa.

Porque pretendiendo la emperatriz Teodora, que era hereje, restituir la silla de Constantinopla a Antimo, cabeza de los herejes eutiquianos, quiso que san Silverio, con su autoridad apostólica le volviese a aquella iglesia," y aun escribió a Belisario, general de sus tropas, que en caso que san Silverio se resistiese, le privase del pontificado. Propuso, pues, Belisario al pontífice lo que la emperatriz ordenaba, y el santo no hizo ningún caso de ello; sino que con gran constancia respondió que antes perdería el pontificado y la vida, que restituir a la silla de Constantinopla a un hereje impenitente y justamente condenado. Al ver Belisario lo poco que podían los fieros y amenazas con el santo pontífice, no quiso poner en él las manos sin algún justo o aparente pretexto.

Entonces la mujer de Belisario, llamada Antonina, concertó con los herejes una gran maldad, fingiendo algunas cartas como escritas en nombre de Silverio a los godos, en que les prometía que si llegaban a Roma les entregaría la ciudad y al mismo Belisario que en ella estaba. Llamaron después Belisario y Antonina a su palacio al santo pontífice, y habiendo entrado, detuvieron a la otra gente que le acompañaba; y llegado al aposento donde estaba Antonina en la cama y Belisario a su cabecera, la descompuesta y loca mujer comenzó a dar voces contra el santo pontífice como si fuera un traidor que los quería vender y entregar en manos de sus enemigos; y diciendo y haciendo le despojaron de su hábito pontifical y le vistieron de monje, y con buena guardia le enviaron desterrado a Patara de Licia.

Y aunque a suplicación del obispo de aquella ciudad, el emperador Justiniano le mandó volver a Roma, pudieron tanto los herejes con Belisario, que luego desterró al santo a una isla desierta del mar de Toscana, llamada Palmaria, donde afligido y consumido de pobreza, calamidades y miserias vino a morir.

Reflexión: Caso extraño y lastimoso parece que nuestro «Señor haya permitido que se tratase con tanto desacato a un vicario suyo en la tierra, pero debemos reverenciar sus secretos. Con estas calamidades quiso hacer santo a Silverio y honrarle como mártir con corona de eterna gloria; y a los que pusieron en él las manos les castigó severamente, porque Belisario que había sido uno de los más famosos capitanes del mundo perdió la gracia del emperador y fue despojado de su dignidad y hacienda; Teodora, la emperatriz, fue descomulgada y murió infelizmente, y Justiniano el emperador que era católico, cayó en la herejía de los monotelitas, y los Hunos, gente fiera y bárbara, le hicieron cruel guerra en Oriente, y los godos tornaron a hacerse señores de Roma, en castigo de lo que se había hecho contra el pontífice. ¡Así suele nuestro Señor castigar aun en esta vida con poderosa mano a los perseguidores de su santa Iglesia!