domingo, 23 de febrero de 2025

23 de Febrero 2025 – San Pedro Damián

Si nos dejáramos guiar a veces por las apariencias nuestros errores serían enormes. La Divina Providencia sabe guiar nuestros pasos aunque en tantas ocasiones no lo sepamos apreciar. Así pensaría en el oscuro porvenir este niño que lo abandonan sus padres, que lleva vida de animalillo de muy pequeño, que cuando ya es mayorcillo un hermano suyo lo trata con inusitada crueldad y para que pueda comer lo envía a guardar sus cerdos... Pero el Señor le dio un corazón de oro y unas cualidades nada comunes que después alguien sabrá apreciar. Va un día de camino y se encuentra una moneda de oro. Nunca había visto cosa tan preciosa. En lugar de comprarse algo útil o superfluo, entra en una Iglesia y con aquella moneda encarga que celebren una Misa por sus ya difuntos padres.

Un hermano suyo, que era arcipreste de Ravenna, se encuentra con él y lo toma bajo su cuidado. Le hace que estudie y pronto descubre en él cualidades tan extraordinarias que muy pronto llega a escalar todos los más difíciles puestos, tanto en la cátedra como en la Iglesia. No pensarían los que le vieron llevar vida infrahumana y cuidando puercos que un día llegaría el papa Alejandro II a presentarlo al Episcopado de Francia como su Legado y les escribiría: "Os enviamos al que después de Nos tiene la mayor autoridad en la Iglesia Romana, a Pedro Damián, Cardenal Obispo de Ostia, que es como la pupila de nuestros ojos y el más firme baluarte de la Sede Apostólica...".

Mientras estudiaba fue la admiración de todos sus compañeros y profesores y pronto fue elegido él mismo Profesor de las más renombradas Universidades como Parma, Faenza, Ravenna... A pesar de gustarle tanto la ciencia no le llenaba por completo y aspiró a algo más sólido y duradero. Abandonó el género de vida que llevaba y se entregó al asunto más importante: el de cuidar su alma. Se acababa de fundar un Monasterio en Fontavellana, al pie del Apenino y pidió ser admitido como religioso... Pronto sus cualidades llaman la atención y es elegido por unanimidad superior del Monasterio. Al vestir el hábito, como agradecido recuerdo a su buen hermano que tanto le ayudó, toma su nombre: Damián. Es un modelo de observancia para todos los monjes. Sobre todo se distingue en dos cosas: Su fervorosa y prolongada oración y su penitencia o maceración de su cuerpo. A este tiempo se debe la publicación de su preciosa obra Alabanza de la disciplina, en la que sin intentarlo hace una maravillosa fotografía de sí mismo. "El monje, dice él, debe ser sacrificado y privarse de muchas cosas que tendría en el mundo..."

No eran fáciles aquellos tiempos del siglo XI que le tocó vivir a Damián. A pesar de estar muy metido en su Monasterio y sólo entregado al cuidado de su alma y de sus monjes, aun así veía que algo había que hacer contra tanta hediondez y podredumbre. El Papa Esteban IX le nombró Cardenal, a pesar de que él luchó por verse libre de este honor. Se entregó a predicar por todas partes, como legado de Papas y Reyes, la buena Nueva del Evangelio. Lo hacía con una elocuencia que arrebataba y convencía... El Papa quiso tenerlo cerca de sí y le nombró a la vez Obispo de Ostia. Desde allí ilumina y fustiga las herejías de cualquier tipo: Simonía, relajación de costumbres entre el clero, intromisión de los poderes civiles en lo eclesiástico...

A todos llega su benéfica acción. Recorrió con misiones pontificias varias naciones haciendo que el emperador Enrique IV de Alemania renuncie a su proyectado divorcio. Escribe sobre temas tan candentes y necesarios como el celibato, la virginidad, la entrega a Jesucristo. Dice cosas muy bellas sobre la Virgen María a la que ama con toda su alma y como buen hijo extiende su verdadera devoción por todas sus correrías. De él es esta frase que es todo un programa de vida: "Todos los cristianos tienen que vivir la locura de la cruz y apartarse de toda filosofía terrestre, animal y diabólica, contraria al Evangelio". Murió el 22 de Febrero de 1072 agotado por sus trabajos.

sábado, 22 de febrero de 2025

Reflexión del 22/02/2025

Lecturas del 22/02/2025

Queridos hermanos:
A los presbíteros entre vosotros, yo, presbítero con ellos, testigo de la pasión de Cristo y participe de la gloria que va a revelar, os exhorto: pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, mirad por él, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa; no como déspotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el Pastor supremo, recibiréis la corona inmarcesible de la gloría.
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Palabra del Señor.

22 de Febrero 2025 – Cátedra de San Pedro

La palabra "cátedra" significa asiento o trono y es la raíz de la palabra catedral, la iglesia donde un obispo tiene el trono desde el que predica. Sinónimo de cátedra es también "sede" (asiento o sitial): la "sede" es el lugar desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la sede del obispo de Roma, el Papa.

Antes de rezar el Ángelus en este día, el Papa Juan Pablo II recordó que "la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el 'ministerium petrinum', ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial". "Recemos -dijo- para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles".

La cátedra es en realidad el trono que Carlos el Calvo regaló al papa Juan VIII y en el que fue coronado emperador el día de Navidad del año 875. Carlos el Calvo era nieto de Carlomagno. Durante muchos años la silla fue utilizada por el papa y sus sucesores durante las ceremonias litúrgicas, hasta que fue incorporada al Altar de la Cátedra de Bernini en 1666.

Tradiciones, leyendas y creencias afirmaron durante muchos años que la silla era doble y que algunas partes se remontaban a los primeros días de la era cristiana e incluso que la utilizó San Pedro en persona. La silla ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los siglos y la última vez que fue extraída del nicho que ocupa en el altar de Bernini fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión apuntaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes más antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión.

Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la misa del Capítulo de San Pedro.

viernes, 21 de febrero de 2025

Reflexión del 21/02/2025

Lecturas del 21/02/2025

Toda la tierra hablaba una misma lengua con las mismas palabras.
Al emigrar los hombres desde oriente, encontraron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron allí.
Se dijeron unos a otros: «Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego».
Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa.
Después dijeron: «Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos un nombre, no sea que nos dispersemos por la superficie de la tierra».
El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres.
Y el Señor dijo: «Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos, pues y confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo». El Señor los dispersó de allí por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.
Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó el Señor por la superficie de la tierra.
En aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla?
Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles». Y añadió: «En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».

Palabra del Señor.

21 de Febrero 2025 – Beato Didaco Pelletier

El beato Didace Pelletier nació el 28 de junio de 1657, del matrimonio de Jorge Pelletier y Catalina Vanier, originarios de Dieppe, Francia.

Su vida, reducida a unos pocos acontecimientos externos, puede resumirse en unas pocas palabras. A temprana edad, el niño asistió a la escuela de aprendizaje fundada por Mons. de Laval y establecida en Saint-Joaquín, no lejos de Sainte-Anne-de-Beaupré: allí aprendió los oficios de carpintería y ebanistería, en los que destacó.

Después de una infancia y una juventud dedicadas al trabajo, la piedad y el amor a la inocencia, ingresó en los Recoletos de Quebec en el otoño de 1678. Tenía 21 años. El 3 de febrero de 1679 tomó el hábito franciscano, recibió el nombre de Didace, en honor a un santo español, patrono de los hermanos laicos, y el 5 de febrero de 1680 emitió sus votos religiosos.

El Hermano Didace permaneció en el convento Nuestra Señora de los Ángeles, en Quebec, durante tres o cuatro años más. Su talento como carpintero y ebanista le llevó a participar en gran medida en las obras de construcción que realizaron los recoletos de la época. Fue enviado a Isla Percée e Île Bonaventure, en Gaspésie (1683-1689), a Plaisance, en la isla de Terranova (1689-1692), a Montreal (1692-1696) y finalmente a Trois-Rivières (1696-1699).

Fue trasladado al hospital de las Ursulinas y pidió la extremaunción, a pesar de que el médico le aconsejó que el peligro fuera aún remoto. Después de responder él mismo a las oraciones de los pacientes moribundos, expiró a las seis de la tarde. Era el sábado 21 de febrero de 1699. Tenía 41 años, 20 de los cuales los había pasado con los recoletos.

jueves, 20 de febrero de 2025

Reflexión del 20/02/2025

Lecturas del 20/02/2025

Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles:
«Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. Todos los animales de la tierra y todas las aves del cielo os temerán y respetarán; todos los reptiles del suelo y todos los peces del mar, están a vuestra disposición. Todo lo que vive y se mueve os servirá de alimento; os lo entrego, lo mismo que los vegetales. Pero no comáis carne con sangre, que es su vida. Pediré cuentas de vuestra sangre, que es vuestra vida, se las pediré a cualquier animal. Y al hombre le pediré cuentas de la vida de su hermano.
Quien derrame la sangre de un hombre, por otro hombre será su sangre derramada; porque a imagen de Dios hizo él al hombre.
Vosotros sed fecundos y multiplicaos, moveos por la tierra y dominadla».
Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañan, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra». Y Dios añadió: «Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra».
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Ellas; y otros, uno de los profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?».
Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías».
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.
Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Palabra del Señor.

20 de Febrero 2025 – San Euquerio - Obispo de Orleans

Según su biógrafo, que parece haber sido un contemporáneo, San Euquerio llevó desde la niñez vida de santo. Nació en Orléans y entró en la abadía benedictina de Jumiéges, hacia el año 714. Seis o siete años después murió Soavarico, el obispo de Orléans, que era su tío, y el senado, el pueblo y el clero de la ciudad, enviaron una diputación al mayordomo de palacio, Carlos Martel, para pedirle permiso de elegir, a Euquerio como obispo de la ciudad. Carlos Martel dio su consentimiento y envió a uno de sus oficiales para escoltar al santo desde el monasterio hasta Orléans.

Euquerio se resistió a aceptar en un principio, rogando a sus monjes que le retuviesen para salvarlo de los peligros que le amenazaban en el mundo. Pero los monjes le exhortaron a vencer su repugnancia y a anteponer el bien del pueblo a sus propios deseos. Euquerio fue consagrado en 721 y, a pesar de la repugnancia con que había aceptado el cargo, fue un pastor ejemplar y se entregó en cuerpo y alma al bien de su grey, que le dispensó gran cariño y veneración.

Sin embargo, el favor de Carlos Martel no duró mucho tiempo. Dicho príncipe tenía por costumbre apoderarse de las rentas de las iglesias, animando a otros a hacer lo mismo, para pagar los gastos de sus guerras y recompensar a sus servidores. San Euquerio se opuso abiertamente a tales confiscaciones y los malos consejeros hicieron creer a Carlos Martel que la intención del obispo era la de ofenderle. El año 737, cuando el mayordomo volvía a París, después de haber derrotado a los sarracenos en Aquitania, entró en Orléans, mandó a Euquerio que le siguiese hasta Verneuil-sur-Oise y desde ahí le desterró a Colonia.

La piedad y el agradable carácter del santo le ganaron tanta popularidad en aquella ciudad, que Carlos Martel le mandó trasladar a una fortaleza de las proximidades de Lieja y le puso bajo la vigilancia directa del gobernador del distrito. Pero el obispo ganó de nuevo a todos, y el gobernador le nombró limosnero y le dio permiso de retirarse al monasterio de Saint-Trond, cerca de Maestricht, donde Euquerio pasó el resto de su vida en oración y contemplación.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Reflexión del 19/02/2025

Lecturas del 19/02/2025

Pasados cuarenta días, Noé abrió el tragaluz que había hecho en el arca y soltó el cuervo, que estuvo saliendo y retornando hasta que se secó el agua en la tierra.
Después soltó la paloma, para ver si había menguado el agua sobre la superficie el suelo. Pero la paloma no encontró donde posarse y volvió al arca, porque todavía había agua sobre la superficie de toda la tierra. Él alargó su mano, la agarró y la metió consigo en el arca. Esperó otros siete días y de nuevo soltó la paloma desde el arca. Al atardecer, la paloma volvió con una hoja verde de olivo en el pico.
Noé comprendió que el agua había menguado sobre la tierra. Esperó otros siete días, y soltó la paloma, que ya no volvió.
El año seiscientos uno, el día primero del mes primero se secó el agua en la tierra. Noé abrió la claraboya del arca, miró y vio que la superficie estaba seca.
Noé construyó un altar al Señor, tomó animales y aves de toda especie pura y los ofreció en holocausto sobre el altar.
El Señor olió el aroma que aplaca y se dijo: «No volveré a maldecir el suelo a causa del hombre, porque la tendencia del corazón humano es mala desde la juventud. No volveré a destruir a los vivientes como acabo de hacerlo. Mientras dure la tierra no han de faltar siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche».
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida.
Y le trajeron a un ciego, pidiéndole que lo tocase.
Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?».
Levantando lo ojos dijo: «Veo hombres, me parecen árboles, pero andan».
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad.
Jesús lo mandó a casa, diciéndole que no entrase en la aldea.

Palabra del Señor.

19 de Febrero 2025 – San Conrado de Piacenza

Conrado pertenecía a una noble familia de Piacenza, la ciudad natal de su mujer, a la que amaba tiernamente. Un día en que se hallaba de cacería, Conrado ordenó a sus servidores que prendieran fuego a un matorral para hacer salir la pieza; desgraciadamente el viento propagó el fuego a los sembradíos, y el incendio se extendió hasta las poblaciones de las proximidades. Incapaz de extinguir las llamas, Conrado retornó furtivamente a su casa con sus compañeros, sin decir a nadie la causa del desastre. Un pobre hombre que se hallaba recogiendo leña en los alrededores fue acusado de incendiario y sentenciado a muerte.

Al enterarse de la noticia, Conrado sintió gran remordimiento y acudió al punto a salvar al acusado y a entregarse a la justicia. Las autoridades le condenaron a pagar los daños que había causado por su negligencia. Para ello, Conrado tuvo que vender casi todas sus posesiones y la dote de su esposa.

El suceso les llevó a reflexionar seriamente y ambos llegaron a la conclusión de que aquello había sido providencial. Repartieron, pues, entre los pobres lo poco que les quedaba y, en tanto que la esposa de Conrado tomó el velo en un convento de Clarisas Pobres, éste vistió el hábito de peregrino e ingresó en una comunidad de ermitaños que seguían la regla de la tercera orden de San Francisco.

A partir de entonces, Conrado llevó una vida de extraordinaria piedad, y su fama empozó pronto a atraer a sus antiguos conciudadanos. En vista de ello, Conrado decidió buscar la soledad en otra parte y se dirigió a Sicilia, al valle de Noto, donde habitó treinta años, algunos, en el Hospital de San Martín y otros en una comunidad de ermitaños fundada por Guillermo Bocherio, otro noble que se había hecho anacoreta. Hacia el fin de su vida, San Conrado se retiró a la gruta de Pizzoni, a cinco kilómetros de Noto, para estar todavía más solo.

A pesar de todos sus esfuerzos por ocultarse, la fama de su santidad se extendió hasta muy lejos. En una época de hambre, el pueblo acudió a pedirle ayuda al santo, cuyas oraciones resultaron tan eficaces que en adelante no cesaron de acudir los menesterosos ante su celda. El mismo obispo de Siracusa fue a visitarle y se cuenta que, mientras los criados del obispo desempacaban las provisiones que habían llevado, éste preguntó a San Conrado con una maliciosa sonrisa si no tenía nada que ofrecerles.

El santo fue a buscar algo en su celda y volvió con unos deliciosos pasteles recién preparados; el obispo vio en ello un milagro y alabó a Dios. Poco antes de su muerte, Conrado fue a pagar al obispo su visita e hizo con él una confesión general. Los pájaros le acompañaron en el camino de ida y vuelta, revoloteando sobre su cabeza. Cuando sintió llegar su última hora, Conrado se tendió en el suelo frente a un crucifijo y oró por sus bienhechores y por el pueblo de Noto.

Fue sepultado en la iglesia de San Nicolás de Noto y su tumba se convirtió en un sitio de peregrinación muy popular, en el que se realizaron repetidos milagros. Se invoca particularmente al santo en los casos de desgarramientos del vientre, ya que su intercesión obró muchas curaciones de hernias. El culto de San Conrado ha sido aprobado por tres Sumos Pontífices.

martes, 18 de febrero de 2025

Reflexión del 18/02/2025

Lecturas del 18/02/2025

Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra y que todos los pensamientos de su corazón tienden siempre y únicamente al mal, el Señor se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra, y le pesó de corazón.
Dijo, pues, el Señor: «Voy a borrar de la superficie de la tierra al hombre que he hecho. Junto con los cuadrúpedos, reptiles y aves, pues me pesa de haberlos hecho».
Pero Noé obtuvo el favor del Señor.
El Señor dijo a Noé: «Entra en el arca con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en tu generación. De cada animal puro toma siete parejas, macho y hembra; de los no puros, una pareja, macho y hembra; y lo mismo de los pájaros, siete parejas, macho y hembra, para que conserven la especie en la tierra. Dentro de siete días haré llover sobre la tierra cuarenta días con sus noches, y borraré de la superficie del suelo a todos los vivientes que he hecho».
Noé hizo todo lo que le mandó el Señor.
Pasados siete días, las aguas del diluvio cubrieron la tierra.
En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que o tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis en corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?». Ellos contestaron: «Doce».
«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».
Le respondieron: «Siete». Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

Palabra del Señor.