domingo, 26 de enero de 2025

26 de Enero 2025 – Santa Paula de Roma

En Belén de Judea, muerte de santa Paula, viuda, que pertenecía a una noble familia senatorial. Renunció a todo, distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró con la beata virgen Eustaquio, su hija, junto al pesebre del Señor.

Nació en Roma en el seno de una familia que descendía de los Gracos y Scipiones romanos. Se casó a los 15 años y se quedó viuda a los 32 años del senador Toxocio. Tuvo cuatro hijas y un hijo: santa Blesila, Paulina, santa Eustaquio, Rufina y Toxocio. Junto con un grupo de damas romanas, se reunía en el palacio de su amiga santa Marcela de Roma para escuchar las lecciones bíblicas de un monje extranjero, san Jerónimo. Por estas lecciones, Paula se consagró con sus hijas a la más estricta piedad; estudiaron el hebreo para leer las Escrituras y sólo vivieron para Dios. Su casa se convirtió en el primer monasterio femenino de Roma, aunque no tuviera una regla concreta, pero bajo la dirección de san Jerónimo. Aquella relación se hizo tan estrecha, que surgió la calumnia hacia ellos. 

Al poco tiempo murió su hija santa Blesila y, Jerónimo, víctima de las calumnias tuvo que salir de Roma en el 385. Siguió con otras discípulas las huellas del maestro. Peregrinó a los Santos Lugares, y en Belén, edificó dos monasterios: uno masculino para san Jerónimo y sus discípulos, y el otro femenino para ella, dirigidos espiritualmente por Jerónimo; además fundó una casa para peregrinos, llevando así a término su ideal monástico. Junto a ella se consagró su hija menor santa Eustaquio (en Roma había dejado a sus otros hijos al cuidado de amigos). Jerónimo dijo "Paula y Eustaquio, mal que le pese al mundo, son mías en Cristo". Paula gastó toda su fortuna, se desvivió en caridad y fervor; vivió la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras, hizo penitencia y fue modelo de humildad. Murió rodeada del cuidado de su hija Eustaquio. 

sábado, 25 de enero de 2025

Reflexión del 25/01/2025

Lecturas del 25/01/2025

En aquellos días, dijo Pablo al pueblo: «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad; me formé a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto celo como vosotros mostráis hoy. Yo perseguí a muerte este Camino, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres, como pueden atestiguar en favor mío y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todo el consejo de los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y me puse en camino con el propósito de traerme encadenados a Jerusalén a los que encontrase allí, para que los castigaran. Pero yendo de camino, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”.
Yo pregunté: “¿Quién eres, Señor?”.
Me respondió: “Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues”.
Mis compañeros vieron el resplandor, pero no oyeron la voz que me hablaba.
Yo pregunté: “¿Qué debo hacer, Señor?”.
El Señor me respondió: “Levántate, continúa el camino hasta Damasco, y allí te dirán todo lo que está determinado que hagas”.
Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco.
Un cierto Ananías, hombre piadoso según la Ley, recomendado por el testimonio de todos los judíos residentes en la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: “Saúl, hermano, recobra la vista”.
Inmediatamente recobré la vista y lo vi.
Él me dijo: “El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz, de sus labios, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Ahora, ¿qué te detiene? levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre”».
En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Palabra del Señor.

25 de Enero 2025 – Santa Dwynwen

Es una santa galesa de la familia de san Brychán. Se enamoró de un joven príncipe galés, llamado Maelon Dafodrill, quien la correspondió e intentó casarse con ella. Pero no pudo ser y las razones dependen de las fuentes. Se cuenta que el rey san Brychan se negó a conceder el permiso a los jóvenes amantes debido a que ya había entregado la mano de su hija Dwynwen a otro príncipe. Otros, en cambio, dicen que ella se dio cuenta de que debía entregar su vida a Dios, convirtiéndose en monja a su servicio. 

Debido a la distancia que se estableció entre ellos, la amargura y la desesperación de Maelon fueron cada vez más insoportables. Al ver su sufrimiento y sentir el suyo propio, Dwynwen se internó en los bosques y rezó fervientemente a Dios para que la ayudara a poner fin a la tristeza que le asolaba tanto a ella como a su enamorado. Tras sus rezos, cayó plácidamente dormida y soñó que la daban de beber un dulce néctar que la libró inmediatamente de los desvelos de su amor y consiguió que su corazón olvidara la pena. Sin embargo, Maelon se transformó en una estatua de hielo al beber la poción. De nuevo rezó Dwynwen y Dios, al ver que era buena, le concedió tres deseos: En primer lugar, deseó que Maelon se descongelara. En segundo lugar, pidió que nunca más deseara volver a casarse. Y en tercer lugar, rogó a Dios para que nadie sufriera por amor.

Dios le concedió todos sus deseos y ella, a cambio, le entregó su vida. Una vida de completa dedicación. Se retiró a una pequeña isla muy cerca de Anglesey (Ynys Mon), donde fundó un convento. Ahora, el nombre de esa isla es Llanddwyn, ya que en galés significa "La iglesia de Santa Dwynwen". Se le ha atribuido la máxima: "Nada conquista el corazón como el buen humor". Su pozo sagrado, un manantial de agua fresca llamado Ffynnon Dwynwen, que podría ser algo así como "el bastón de Dwynwen", se convirtió en un lugar de peregrinaje. Además, su nombre perdura en la ciudad de Porthddwyn y alzaron en su recuerdo una iglesia en Cornwall. En Gales se la celebra como la patrona de los enamorados.

viernes, 24 de enero de 2025

Reflexión del 24/01/2025

Lecturas del 24/01/2025

Hermanos:
Ahora a nuestro sumo Sacerdote, Cristo, le ha correspondido un ministerio tanto más excelente cuanto mejor es la alianza de la que es mediador: una alianza basada en promesas mejores.
Si la primera hubiera sido perfecta, no habría lugar para una segunda.
Pero les reprocha: «Mirad que llegan días - oráculo del Señor -, en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá una alianza nueva; no como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto.
Ellos fueron infieles a mi alianza, y yo me desentendí de ellos - oráculo del Señor -.
Así será la alianza que haré con la casa de Israel después de aquellos días - oráculo del Señor -: pondré mis leyes en su mente y las escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, del menor al mayor, pues perdonaré sus delitos y no me acordaré ya de sus pecados».
Al decir alianza “nueva”, declaro antigua la anterior; y lo que envejece y queda anticuado, está para desaparecer».
En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso y se fueron con él.
E instituyo doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios: Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y Juan, el hermano de Santiago, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.

Palabra del Señor.

24 de Enero 2025 – San Francisco de Sales

Hijo del conde de Sales, Francisco realizó sus primeros estudios en los colegios de La Roche y Annecy; luego pasó a París con los jesuitas. En 1592 se dirigió a Padua, donde se doctoraría en derecho civil y canónico. La maduración de su profunda vida espiritual lo aproximó al jesuita P. Possevin, quien le ayudó a perfeccionar el estudio de la teología y le explicó las obras de Santo Tomás de Aquino.

Vuelto a Saboya, su padre quiso introducirlo en el senado de Chambéry como abogado; pero cuando trató de casarlo, el joven Francisco manifestó su firme intención de abrazar el estado eclesiástico y profesó los primeros votos. Empezó a predicar con éxito siendo todavía diácono; en 1593, ya ordenado sacerdote, trató de convertir a los hugonotes de Chamblai, y de 1594 a 1598 se entregó a una intensa labor de apostolado para reintegrar a los saboyanos al seno del catolicismo.

En 1599 el obispo de Ginebra lo tomó como coadjutor suyo y tuvo que permanecer algún tiempo en Roma; antes de ser consagrado se dirigió a París y pidió a Enrique IV de Francia permiso para la evangelización de Gex. En 1602 ocupó la sede episcopal de Ginebra, cuna del reformismo de Calvino, y se dedicó con nuevo fervor a la actividad apostólica; predicó en Dijon, Chambéry y Grenoble, y en 1617-18 volvió a París, donde conoció a San Vicente de Paúl y renunció al nombramiento de coadjutor del cardenal de Retz.

Junto con la baronesa Juana de Chantal, más tarde canonizada, fundó en 1610 la Orden de la Visitación, convertida en 1626 por Urbano VIII en instituto religioso. Declarado beato en 1661 y santo en 1665, en 1877 fue elevado a doctor de la Iglesia por Pío IX. San Francisco de Sales es el patrono de los periodistas y de los salesianos, un conjunto de diversas congregaciones fundadas por Don Bosco.

jueves, 23 de enero de 2025

Reflexión del 23/01/2025

Lecturas del 23/01/2025

Hermanos:
Jesús puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio de él, pues vive siempre para interceder a favor de ellos.
Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo.
Él no necesita ofrecer sacrificios cada día como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
En efecto, la ley hace sumos sacerdotes a hombres llenos de debilidades. En cambio, la palabra del juramento, posterior a la ley, consagra al Hijo, perfecto para siempre.
Esto es lo principal de todo el discurso: Tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos y es ministro del Santuario y de la Tienda verdadera, construida por el Señor y no por un hombre.
En efecto, todo sumo sacerdote está puesto para ofrecer dones y sacrificios; de ahí la necesidad de que también Jesús tenga algo que ofrecer.
Ahora bien, si estuviera en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo otros que ofrecen los dones según la Ley.
Estos sacerdotes están al servicio de un esbozo y sombra de las cosas celestes, según el oráculo que recibió Moisés cuando iba a construir la tienda: «Mira», le dijo Dios, «te ajustarás al modelo que te fue mostrado en la montaña».
Mas ahora a Cristo le ha correspondido un ministerio tanto más excelente cuanto mejor es la alianza de la que es mediador: una alianza basada en promesas mejores.
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Palabra del Señor.

23 de Enero 2025 – Santa Emerenciana

Según un cuento de autor desconocido de la pasión de Sant'Agnese, Emerenziana estuvo entre los fieles que participaron en los funerales de la joven mártir Agnese "Emerentiana, quae fuerat collactanea eius, virgo sanctissima, licet cathecumena."

Una repentina agresión de parte de los paganos dispersó todos los cristianos acudidos a las exequias de Agnese. Emerenziana, en lugar de huir, apostrofó atrevidamente a los agresores, pero acabó matada por los golpes de piedra y en tal modo bautizó con su misma sangre a sus asesinos.

Los padres de Agnese enterraron Emerenziana"in confinio agelli beatissimae virginis Agnes", es decir en el cementerio, a pocos centenares de metros del lugar dónde su hija fue depuesta.

miércoles, 22 de enero de 2025

Reflexión del 22/01/2025

Lecturas del 22/01/2025

Hermanos:
Melquisedec, rey de Salen, sacerdote del Dios altísimo, salió al encuentro de Abrahán cuando este regresaba de derrotar a los reyes, lo bendijo, y recibió de Abrahán el diezmo del botín.
Su nombre significa, en primer lugar, Rey de Justicia, y después, Rey de Salen, es decir, Rey de Paz.
Sin padre, sin madre, sin genealogía; no se menciona el principio de sus días ni el fin de su vida.
En virtud de esta semejanza con el Hijo de Dios, es sacerdote perpetuamente.
Y esto resulta mucho más evidente si surge otro sacerdote a semejanza de Melquisedec, que no ha llegado a serlo en virtud de una legislación carnal, sino en fuerza de una vida imperecedera; pues está atestiguado: «Tú eres sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec».
En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano».
Lo extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

Palabra del Señor.

22 de Enero 2025 – Beato Ladislao Batthyány-Strattmann

Nació el 28 de octubre de 1870 en Dunakiliti (Hungría), sexto hijo de una familia de la antigua nobleza húngara. En 1876 la familia se trasladó a Kittsee Köpcseny, actualmente en Austria, a causa del permanente peligro de desbordamientos del Danubio.

Cuando tenía doce años perdió a su madre, que murió a la edad de treinta y nueve años. Ese hecho dejó una profunda huella en su espíritu. A menudo decía: "Seré médico y curaré gratuitamente a los enfermos pobres".

Después de los estudios de secundaria, tardó varios años antes de elegir profesión. Su padre quería que se dedicara a administrar el patrimonio familiar; por eso, se inscribió en la facultad de Agraria, en la universidad de Viena. Estudió también química, física, filosofía, literatura y música.

En 1896 comenzó los estudios de medicina en la universidad de Viena y en 1900 obtuvo el doctorado.

Se casó el 10 de noviembre de 1898 con la condesa María Teresa Coreth, una mujer de profunda religiosidad. El matrimonio fue muy feliz. Dios los bendijo con trece hijos.

En 1902 Ladislao fundó un hospital privado en Kittsee, con veinticinco camas, donde trabajó como médico. Al inicio era médico general; luego se especializó como cirujano y, más tarde, sobre todo como oculista. Durante la primera guerra mundial, el hospital fue ampliado a 120 camas para la curación de los soldados heridos.

Después de la muerte de su tío Odón Batthyány-Strattmann, en 1915, Ladislao heredó el castillo de Körmend (Hungría), y también el título de "príncipe", así como el apellido Strattman. En 1920 la familia se trasladó de Kittsee a Körmend y en una parte del castillo montó un hospital, sobre todo para su actividad de oculista. En este campo, Ladislao llegó a ser un gran especialista, famoso tanto en su patria como en el extranjero.

Muchos pobres de Körmend, pero también de otras regiones, le pedían su ayuda y su consejo. Él los curaba gratuitamente. Como "precio" por la terapia y los cuidados, les pedía que rezaran un padrenuestro por él. También su farmacia les proporcionaba gratuitamente las medicinas. A menudo, incluso, les daba dinero para sus necesidades.

Ladislao no sólo se preocupaba de la salud física, sino sobre todo del bien espiritual de sus pacientes. Antes de las operaciones invocaba, juntamente con los enfermos, la bendición de Dios. Estaba convencido de que como médico sólo dirigía la operación, pues la curación era un don del Señor. Se sentía instrumento en las manos de Dios. Cuando los enfermos salían del hospital, les daba imagencitas y un librito titulado "Abre los ojos y ve", para ayudarles en su vida religiosa.

Muchos de sus pacientes, y de sus familiares, lo consideraban ya un santo.

Ladislao y su mujer se esforzaron siempre por educar cristianamente a sus hijos. Todos los días la familia participaba en la santa misa, después de la cual Ladislao les impartía una breve instrucción cristiana, y les daba una tarea concreta que debían realizar como una obra buena. Por la tarde, se rezaba el rosario en familia y luego conversaban sobre las actividades del día y la tarea asignada.

Su fe se mostró firme cuando se vio afectado por una enfermedad grave. A su hija Lilli le escribió desde el hospital Löw, en Viena: "No sé por cuánto tiempo Dios me dará este sufrimiento. Antes me daba una gran alegría en la vida; por eso, ahora, a los sesenta años, debo aceptar también los tiempos difíciles con gratitud". A su hermana le decía: "Soy feliz. Sufro muchísimo, pero amo mis dolores y me consuela el hecho de que los soporto por Cristo".

Murió el 22 de enero de 1931, en Viena, después de catorce meses de graves sufrimientos, con fama de santidad.

martes, 21 de enero de 2025

Reflexión del 21/01/2025

Lecturas del 21/01/2025

Hermanos:
Dios no es injusto para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado sirviendo a los santos ahora igual que antes.
Deseamos que cada uno de vosotros demuestre el mismo empeño hasta el final, para que se cumpla vuestra esperanza, y no seáis indolentes, sino imitad a los que, con fe y perseverancia, consiguen lo prometido.
Cuando Dios hizo la promesa a Abrahán, no teniendo a nadie mayor por quien jurar, juró por sí mismo, diciendo: «Te llenaré de bendiciones y te multiplicaré abundantemente».
Abrahán, perseverando, alcanzó lo prometido.
Los hombres juran por alguien que sea mayor y, con la garantía del juramento, queda zanjada toda discusión.
De la misma manera, queriendo Dios demostrar a los beneficiarios de la promesa la inmutabilidad de su designio, se comprometió con juramento, para que por dos cosas inmutables, en las que es imposible que Dios mienta, cobremos ánimos y fuerza los que buscamos refugio en él, aferrándonos a la esperanza que tenemos delante. La cual es para nosotros como ancla del alma, segura y firme, que penetra más allá de la cortina, donde entró, como precursor, por nosotros, como precursor, Jesús, Sumo sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec.
Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?». Y les decía: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

Palabra del Señor.