viernes, 31 de marzo de 2023
Lecturas del 31/03/2023
Oía la acusación de la gente: «Pavor-en-torno; delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengaremos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.
Palabra del Señor.
31 de Marzo - BEATO BUENAVENTURA TORNIELLI DE FORLÌ
En Udine, en el territorio de Venecia, beato Buenaventura de Forli, presbítero de la Orden de los Siervos de María, que con su predicación por diversas regiones de Italia movió al pueblo a la penitencia, falleciendo ya octogenario, mientras predicaba un sermón cuaresmal.
Nació en Forli, y perteneció a una familia acomodada. Ingresó en la Orden de los Siervos de María en su ciudad natal, terminado el noviciado en el año 1448, fue enviado a Venecia, en donde pasó seis años entregado al estudio de las ciencias sagradas, obteniendo el grado de maestro.
Buenaventura se dedicó intensamente a la predicación. En efecto, consta por varios documentos que predicó innumerables sermones, principalmente cuaresmales, en Venecia, Florencia, Bolonia, Brescia y Perusa, con una asistencia masiva de fieles. Pues –como refiere fray Felipe Albrizzi en su obra titulada “Institución de la Congregación de los frailes Observantes Siervos de santa María” era, como el Apóstol, “admirable por la eficacia de su predicación y por su santidad”. Es digna de recuerdo su predicción en Perusa, cuando una gravísima epidemia afligía la ciudad; con sus palabras logró que los habitantes impetraran la ayuda de Dios con la oración y la penitencia y que, además se esforzaran en socorrer a los pobres y enfermos. Su fama de predicador creció de tal manera que el papa Sixto IV le dio facultades para predicar en cualquier sitio como predicador apostólico. Desempeñó varios cargos en la Orden; por gestiones suyas pasaron a la Orden el convento de Forlimpópoli Forlí y, en 1488, el de santa María del Paraíso, en Clusone (Bérgamo).
En aquel entonces, movido por el deseo de entregarse plenamente a la penitencia y la contemplación, Buenaventura pidió permiso al papa Sixto IV para hacer vida eremítica. En el año 1483, el sumo pontífice accedió a su petición, y le permitió retirarse a un lugar solitario junto con seis compañeros. No sabemos el lugar preciso en donde se retiró Buenaventura, pero, por algunos documentos del siglo XVII, puede conjeturarse que pasó algún tiempo en el eremitorio de Monte Senario. Poco después, obligado por la caridad o la obediencia, volvió a la vida conventual. Nombrado prior de la provincia romañola, ejerció este cargo con gran prudencia y promovió la observancia de la disciplina regular.
Fray Antonio Alabanti, prior general, abrigó el propósito de restablecer en la Orden una disciplina más rigurosa, para lo cual se valió del consejo y la ayuda de Buenaventura. Fue también este hombre de Dios quien, al surgir serios descontentos entre la Congregación de la Observancia y el prior general, trabajó por restablecer la paz y la concordia. Al año siguiente, en el capítulo de la Congregación de la Observancia, fue elegido vicario general, cargo en el que fue confirmado poco después por el capítulo general de la Orden.
Algunos escritores de nuestra Orden, quienes conocieron la beato Buenaventura, nos describen su amor a la penitencia y a la soledad. Fray Felipe Albrizzi escribe: “Era muy bajo de estatura y de constitución endeble, de mediana cultura. Era religioso de gran santidad, llevaba una barba inculta; soportaba el calor del verano, el frío y las heladas del invierno, sin que se le viera nunca calzado; tanto es así que más de una vez salía sangre de sus pies agrietados. Vestía muy pobremente, nunca comía carne ni bebía vino, dormía sobre el duro suelo o, a veces, sobre unas tablas; practicaba en fin, todas las mortificaciones que él consideraba necesarias para dominar su cuerpo. Con su oración alcanzó de Dios varios milagros, incluso en vida”. Esto mismo, más o menos, es lo que escribió también sobre él fray Gasparino Borro en elegantes versos.
El año 1491, cuando Buenaventura se hallaba en Údine predicando los sermones cuaresmales en la iglesia catedral, cayó enfermo a consecuencia de su avanzada edad y austeridad de vida, muriendo el jueves santo de ese año.
Su cuerpo recibió sepultura en la iglesia de santa María de las Gracias de Údine. El 5 de septiembre de 1911, durante el pontificado de Pío XI, la Sagrada Congregación de Ritos ratificó el culto que ya desde tiempo inmemorial se tributaba a Buenaventura.
Nació en Forli, y perteneció a una familia acomodada. Ingresó en la Orden de los Siervos de María en su ciudad natal, terminado el noviciado en el año 1448, fue enviado a Venecia, en donde pasó seis años entregado al estudio de las ciencias sagradas, obteniendo el grado de maestro.
Buenaventura se dedicó intensamente a la predicación. En efecto, consta por varios documentos que predicó innumerables sermones, principalmente cuaresmales, en Venecia, Florencia, Bolonia, Brescia y Perusa, con una asistencia masiva de fieles. Pues –como refiere fray Felipe Albrizzi en su obra titulada “Institución de la Congregación de los frailes Observantes Siervos de santa María” era, como el Apóstol, “admirable por la eficacia de su predicación y por su santidad”. Es digna de recuerdo su predicción en Perusa, cuando una gravísima epidemia afligía la ciudad; con sus palabras logró que los habitantes impetraran la ayuda de Dios con la oración y la penitencia y que, además se esforzaran en socorrer a los pobres y enfermos. Su fama de predicador creció de tal manera que el papa Sixto IV le dio facultades para predicar en cualquier sitio como predicador apostólico. Desempeñó varios cargos en la Orden; por gestiones suyas pasaron a la Orden el convento de Forlimpópoli Forlí y, en 1488, el de santa María del Paraíso, en Clusone (Bérgamo).
En aquel entonces, movido por el deseo de entregarse plenamente a la penitencia y la contemplación, Buenaventura pidió permiso al papa Sixto IV para hacer vida eremítica. En el año 1483, el sumo pontífice accedió a su petición, y le permitió retirarse a un lugar solitario junto con seis compañeros. No sabemos el lugar preciso en donde se retiró Buenaventura, pero, por algunos documentos del siglo XVII, puede conjeturarse que pasó algún tiempo en el eremitorio de Monte Senario. Poco después, obligado por la caridad o la obediencia, volvió a la vida conventual. Nombrado prior de la provincia romañola, ejerció este cargo con gran prudencia y promovió la observancia de la disciplina regular.
Fray Antonio Alabanti, prior general, abrigó el propósito de restablecer en la Orden una disciplina más rigurosa, para lo cual se valió del consejo y la ayuda de Buenaventura. Fue también este hombre de Dios quien, al surgir serios descontentos entre la Congregación de la Observancia y el prior general, trabajó por restablecer la paz y la concordia. Al año siguiente, en el capítulo de la Congregación de la Observancia, fue elegido vicario general, cargo en el que fue confirmado poco después por el capítulo general de la Orden.
Algunos escritores de nuestra Orden, quienes conocieron la beato Buenaventura, nos describen su amor a la penitencia y a la soledad. Fray Felipe Albrizzi escribe: “Era muy bajo de estatura y de constitución endeble, de mediana cultura. Era religioso de gran santidad, llevaba una barba inculta; soportaba el calor del verano, el frío y las heladas del invierno, sin que se le viera nunca calzado; tanto es así que más de una vez salía sangre de sus pies agrietados. Vestía muy pobremente, nunca comía carne ni bebía vino, dormía sobre el duro suelo o, a veces, sobre unas tablas; practicaba en fin, todas las mortificaciones que él consideraba necesarias para dominar su cuerpo. Con su oración alcanzó de Dios varios milagros, incluso en vida”. Esto mismo, más o menos, es lo que escribió también sobre él fray Gasparino Borro en elegantes versos.
El año 1491, cuando Buenaventura se hallaba en Údine predicando los sermones cuaresmales en la iglesia catedral, cayó enfermo a consecuencia de su avanzada edad y austeridad de vida, muriendo el jueves santo de ese año.
Su cuerpo recibió sepultura en la iglesia de santa María de las Gracias de Údine. El 5 de septiembre de 1911, durante el pontificado de Pío XI, la Sagrada Congregación de Ritos ratificó el culto que ya desde tiempo inmemorial se tributaba a Buenaventura.
jueves, 30 de marzo de 2023
Lecturas del 30/03/2023
En aquellos días, Abrahán cayó rostro en tierra y Dios le habló así: «Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera, sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua.
Seré tú Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios». El Señor añadió a Abrahán: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes por generaciones».
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.
Palabra del Señor.
30 de Marzo - SAN LEONARDO MURIALDO
Leonardo Murialdo no es un hombre lejano: nace en Turín (Italia) el 26 de octubre de 1828 y muere en la misma ciudad el 30 de marzo de 1900. Es una persona dulce y noble, un hermano que se entrega todo a otros hermanos que no tienen casa y familia, que están solos y sin cariño, que non conocen a Dios.
A los 17 años, después de una crisis religiosa, decide consagrarse a Dios y en 1851 recibe la ordenación sacerdotal. Es el cura de los barrios pobres, el apóstol de los pequeños limpiachimeneas, de los chicos de la calle, de los encarcelados, de los jóvenes obreros.
Piensa en la formación profesional de los jóvenes, en su capacitación para el mundo adulto y obrero. En 1866 acepta dirigir el colegio "Artesanitos", una institución para chicos pobres y huérfanos.
Dócil a la voluntad de Dios y para dar continuidad a su misión educativa, el 19 de marzo de 1873 dio vida a la Congregación de San José (Josefinos de Murialdo), formada por sacerdotes y laicos.
La pedagogía de san Leonardo se puede resumir "en el espíritu de dulzura, de paciencia y de familiaridad, porque éste es el secreto para realizar el bien entre los niños y los jóvenes". Este estilo educativo encuentra su fuente en el amor misericordioso de Dios que Murialdo experimentó desde su juventud. Todo esto se puede resumir en el vivir con los niños y jóvenes como "amigo, hermano y padre".
Hoy los Josefinos de Murialdo continúan en la Iglesia su amor hacia los niños y los jóvenes en los centros juveniles, colegios, casa-hogar, parroquias, misiones... Están presentes en varios países de América Latina, de Europa y de África.
El 3 de mayo de 1970 Leonardo Murialdo es proclamado santo por el Papa Pablo VI.
A los 17 años, después de una crisis religiosa, decide consagrarse a Dios y en 1851 recibe la ordenación sacerdotal. Es el cura de los barrios pobres, el apóstol de los pequeños limpiachimeneas, de los chicos de la calle, de los encarcelados, de los jóvenes obreros.
Piensa en la formación profesional de los jóvenes, en su capacitación para el mundo adulto y obrero. En 1866 acepta dirigir el colegio "Artesanitos", una institución para chicos pobres y huérfanos.
Dócil a la voluntad de Dios y para dar continuidad a su misión educativa, el 19 de marzo de 1873 dio vida a la Congregación de San José (Josefinos de Murialdo), formada por sacerdotes y laicos.
La pedagogía de san Leonardo se puede resumir "en el espíritu de dulzura, de paciencia y de familiaridad, porque éste es el secreto para realizar el bien entre los niños y los jóvenes". Este estilo educativo encuentra su fuente en el amor misericordioso de Dios que Murialdo experimentó desde su juventud. Todo esto se puede resumir en el vivir con los niños y jóvenes como "amigo, hermano y padre".
Hoy los Josefinos de Murialdo continúan en la Iglesia su amor hacia los niños y los jóvenes en los centros juveniles, colegios, casa-hogar, parroquias, misiones... Están presentes en varios países de América Latina, de Europa y de África.
El 3 de mayo de 1970 Leonardo Murialdo es proclamado santo por el Papa Pablo VI.
miércoles, 29 de marzo de 2023
Lecturas del 29/03/2023
En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: «¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la citara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?». Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor: «A eso no tenemos por qué responder. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».
Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac: y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros: «¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?». Le respondieron: «Así es, majestad». Preguntó: «¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino» Nabucodonosor entonces dijo: «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».
Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros.
Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán». Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre». Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios». Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».
Palabra del Señor.
29 de Marzo – SAN EUSTASIO de LUXEÜIL, Abad
Nació Eustasio pasada la segunda mitad del siglo VI, en Borgoña.
Fue discípulo de san Columbano, monje irlandés que pasó a las Galias buscando esconderse en la soledad y que recorrió el Vosga, el Franco-Condado y llegó hasta Italia. Fundó el monasterio de Luxeüil a cuya sombra nacieron los célebres conventos de Remiremont, Jumieges, Saint-Omer, foteines etc.
Eustasio tiene unos deseos grandes de encontrar el lugar adecuado para la oración y la penitencia. Entra en Luxeüil y es uno de sus primeros monjes. Allí lleva una vida a semejanza de los monjes del desierto de oriente.
Columbano se ve forzado a condenar los graves errores de la reina Bruneguilda y de su nieto rey de Borgoña. Con esta actitud, por otra parte inevitable en quien se preocupa por los intereses de la Iglesia, desaparece la calma que hasta el momento disfrutaban los monjes. Eustasio considera oportuno en esa situación auto desterrarse a Austrasia, reino fundado el 511, en el periodo merovingio, a la muerte de Clodoveo y cuyo primer rey fue Tierry, donde reina Teodoberto, el hermano de Tierry. Allí se le reúne el abad Columbano. Predican por el Rhin, río arriba, bordeando el lago Constanza, hasta llegar a tierras suizas.
Columbano envía a Eustasio al monasterio de Luxeüil después de nombrarle abad. Es en este momento -con nuevas responsabilidades- cuando la vida de Eustasio cobra dimensiones de madurez humana y sobrenatural insospechadas. Arrecia en la oración y en la penitencia; trata con caridad exquisita a los monjes, es afable y recto; su ejemplo de hombre de Dios cunde hasta el extremo de reunir en torno a él dentro del monasterio a más de seiscientos varones de cuyos nombres hay constancia en los fastos de la iglesia. Y el influjo espiritual del monasterio salta los muros del recinto monacal; ahora son las tierras de Alemania las que se benefician de él prometiéndose una época altamente evangelizadora.
Pero han pasado cosas en el monasterio de Luxeüil mientras duraba la predicción por Alemania. Un monje llamado Agreste o Agrestino que fue secretario del rey Tierry ha provocado la relajación y la ruina de la disciplina. Orgulloso y lleno de envidia, piensa y dice que él mismo es capaz de realizar idéntica labor apostólica que la que está realizando su abad; por eso abandona el retiro del que estaba aburrido hacía tiempo y donde ya se encontraba tedioso; ha salido dispuesto a evangelizar paganos, pero no consigue los esperados triunfos de conversión. Y es que no depende de las cualidades personales ni del saber humano la conversión de la gente; ha de ser la gracia del Espíritu Santo quien mueva las inteligencias y voluntades de los hombres y esto ordinariamente ha querido ligarlo el Señor a la santidad de quien predica. En este caso, el fruto de su misionar tarda en llegar y con despecho se precipita Agreste en el cisma.
Eustasio quiere recuperarlo, pero se topa con el espíritu terco, inquieto y sedicioso de Agreste que ha empeorado por los fracasos recientes y está dispuesto a aniquilar el monasterio. Aquí interviene Eustasio con un feliz desenlace porque llega a convencer a los obispos reunidos haciéndoles ver que estaban equivocados por la sola y unilateral información que les había llegado de parte de Agreste.
Restablecida la paz monacal, la unidad de dirección y la disciplina, cobra nuevamente el monasterio su perdida prestancia.
Sus grandes méritos se acrecentaron en la última enfermedad, con un mes entero de increíbles sufrimientos, que consumen su cuerpo sexagenario el 29 de marzo del año 625.
Fue discípulo de san Columbano, monje irlandés que pasó a las Galias buscando esconderse en la soledad y que recorrió el Vosga, el Franco-Condado y llegó hasta Italia. Fundó el monasterio de Luxeüil a cuya sombra nacieron los célebres conventos de Remiremont, Jumieges, Saint-Omer, foteines etc.
Eustasio tiene unos deseos grandes de encontrar el lugar adecuado para la oración y la penitencia. Entra en Luxeüil y es uno de sus primeros monjes. Allí lleva una vida a semejanza de los monjes del desierto de oriente.
Columbano se ve forzado a condenar los graves errores de la reina Bruneguilda y de su nieto rey de Borgoña. Con esta actitud, por otra parte inevitable en quien se preocupa por los intereses de la Iglesia, desaparece la calma que hasta el momento disfrutaban los monjes. Eustasio considera oportuno en esa situación auto desterrarse a Austrasia, reino fundado el 511, en el periodo merovingio, a la muerte de Clodoveo y cuyo primer rey fue Tierry, donde reina Teodoberto, el hermano de Tierry. Allí se le reúne el abad Columbano. Predican por el Rhin, río arriba, bordeando el lago Constanza, hasta llegar a tierras suizas.
Columbano envía a Eustasio al monasterio de Luxeüil después de nombrarle abad. Es en este momento -con nuevas responsabilidades- cuando la vida de Eustasio cobra dimensiones de madurez humana y sobrenatural insospechadas. Arrecia en la oración y en la penitencia; trata con caridad exquisita a los monjes, es afable y recto; su ejemplo de hombre de Dios cunde hasta el extremo de reunir en torno a él dentro del monasterio a más de seiscientos varones de cuyos nombres hay constancia en los fastos de la iglesia. Y el influjo espiritual del monasterio salta los muros del recinto monacal; ahora son las tierras de Alemania las que se benefician de él prometiéndose una época altamente evangelizadora.
Pero han pasado cosas en el monasterio de Luxeüil mientras duraba la predicción por Alemania. Un monje llamado Agreste o Agrestino que fue secretario del rey Tierry ha provocado la relajación y la ruina de la disciplina. Orgulloso y lleno de envidia, piensa y dice que él mismo es capaz de realizar idéntica labor apostólica que la que está realizando su abad; por eso abandona el retiro del que estaba aburrido hacía tiempo y donde ya se encontraba tedioso; ha salido dispuesto a evangelizar paganos, pero no consigue los esperados triunfos de conversión. Y es que no depende de las cualidades personales ni del saber humano la conversión de la gente; ha de ser la gracia del Espíritu Santo quien mueva las inteligencias y voluntades de los hombres y esto ordinariamente ha querido ligarlo el Señor a la santidad de quien predica. En este caso, el fruto de su misionar tarda en llegar y con despecho se precipita Agreste en el cisma.
Eustasio quiere recuperarlo, pero se topa con el espíritu terco, inquieto y sedicioso de Agreste que ha empeorado por los fracasos recientes y está dispuesto a aniquilar el monasterio. Aquí interviene Eustasio con un feliz desenlace porque llega a convencer a los obispos reunidos haciéndoles ver que estaban equivocados por la sola y unilateral información que les había llegado de parte de Agreste.
Restablecida la paz monacal, la unidad de dirección y la disciplina, cobra nuevamente el monasterio su perdida prestancia.
Sus grandes méritos se acrecentaron en la última enfermedad, con un mes entero de increíbles sufrimientos, que consumen su cuerpo sexagenario el 29 de marzo del año 625.
martes, 28 de marzo de 2023
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














