sábado, 28 de noviembre de 2020

Lecturas Diarias

 



El ángel del Señor me mostró a mí, Juan, un río de agua viva, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de su plaza, a un lado y otro del río, hay un árbol de vida que da doce frutos, uno cada mes. Y las hojas del árbol sirven para la curación de las naciones. Y no habrá maldición alguna. Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le darán culto. Y verán su rostro, y su nombre está sobre su frente. Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios iluminará y reinarán por los siglos de los siglos.
Y me dijo: «Estas son palabras fieles y veraces; el Señor, Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para que mostrase a sus siervos lo que tiene que suceder pronto. Mira, yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras proféticas de este libro».


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.

San Santiago de la Marca

En Nápoles, de la Campania, sepultura de Santiago Piceno o de la Marca, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, esclarecido por su predicación y austeridad de vida.

Había nacido en Monteprandone, en Las Marcas de Ancona y se llamaba Domenico Gangale. Trabajaba como pastor, cuando se apareció un lobo y huyó a Offida, a la casa de un sacerdote, pariente suyo, que le enseñó a leer y a escribir, y después lo llevó a la escuela en Áscoli Piceno. Estudió jurisprudencia en Perugia y se doctoró en leyes; ejerció como notario en la secretaría del Ayuntamiento de Florencia, y después como juez en Bibbiena (Arezzo). Un día sintió una gran repulsa por la corrupción del mundo y decidió hacerse cartujo en Florencia.

Pasando por Asís, llamó a la Porciúncula, donde, a los 23 años se hizo franciscano y recibió el hábito de manos de san Bernardino de Siena. Hizo el noviciado en Las Cárceles. Estudió Teología en Florencia, y fue ordenado sacerdote en 1420 Como san Bernardino -su maestro- se dedicó a la predicación, con gran éxito en Italia. 

Como ya ocurriera con san Bernardino de Siena, Jaime llenaba de gente las plazas con sus predicaciones populares, en lengua vulgar. Entre sus primeras experiencias destacan la de Cuaresma en Áscoli, en 1421, la de San Miniato de Florencia el 27 de diciembre de 1422, y la de Venecia en la fiesta de san Juan Bautista. Lo requerían desde muchas ciudades de Úmbria y de las Marcas. Sus temas tocaban las verdades fundamentales de la fe cristiana: Dios, Jesucristo, los misterios de su pasión, muerte y resurrección, los sacramentos, la oración, la gracia, la palabra de Dios, vida eterna, paraíso, infierno, pecado, vicios capitales, el homicidio, la blasfemia, el perdón, la reconciliación y la paz. Los ideales de justicia y equidad y la defensa de los pobres que practicó cuando era juez, se reflejaban ahora en sus predicaciones. De manera especial combatió con energía las creencias erróneas de los grupos sectarios, en especial de los "fraticelli", que atentaron varias veces contra su vida.

Su palabra y el testimonio de su vida era tan fuertes que penetraban en los corazones de los oyentes y los convertía al Señor. Él mismo confesaba: «He visto durante el sermón algunos soldados sexagenarios llorar mucho por sus pecados y la pasión de Cristo, y me confesaron que durante su vida jamás habían derramado una lágrima». 

En 1431, el papa Eugenio IV le envió a combatir a los herejes en Bosnia, ejerciendo como “visitador, vicario y comisario”.  

Durante el invierno de 1432 recorrió muchas ciudades de la península balcánica en Dalmacia, Croacia, Bosnia y Eslovenia, en los confines con Austria. El 1 de abril, el ministro general de la orden lo nombraba comisario, visitador y vicario de Bosnia, con plenos poderes para intervenir en la vida y disciplina de los frailes que habían perdido el verdadero significado de su vocación. Además de predicador y reformador, Santiago ejerció también de mediador entre el rey de Bosnia Esteban Turko, y un pariente suyo, Radivoj, que se había proclamado rey legítimo de Bosnia con el apoyo de los turcos, en su afán por extenderse hacia el centro de Europa. Situación difícil, en la que el santo tuvo que desplegar toda su diplomacia, para no molestar a ninguno de los soberanos.

En 1433, por designación papal, Santiago regresó a Italia como predicador oficial del Capítulo general de los hermanos menores, reunido en Bolonia. Al año siguiente regresó a Bosnia, donde en algunas zonas había que predicar el Evangelio partiendo desde cero, pues había lugares donde se rendía culto a personas e incluso a animales. Será por este tiempo cuando compondrá su obra: “Tratado contra los herejes de Bosnia”.

En 1436 ejerció varios encargos diplomáticos, y ejerció como inquisidor en Hungría, Austria y Praga, donde pronunció el discurso oficial en la coronación del emperador Segismundo. En Austria, a petición de Segismundo, procuró la paz entre Hungría y Bohemia, sin necesidad de intervención militar, mediante acuerdos que favorecían a ambas partes. El 27 de agosto, el emperador, acompañado por Santiago, entraba triunfalmente en Praga.

En 1439 regresa a Italia, y se dedica a recorrer las principales ciudades del centro y norte de la península, llamando a la paz y a las buenas costumbres. El interés por oírle era tal, que muchos acudían con varias horas de antelación a coger sitio. En su predicación invitaba a todos a invocar el poderoso nombre de Jesús en los momentos de necesidad o peligro, y contaba los favores obtenidos por su invocación. En sus predicaciones exhortaba a no blasfemar, diciendo: La lengua es un miembro tan magnífico y útil, y un don de Dios tan excelente, con el que puedes manifestar tus necesidades a toda criatura, con el que debes alabar siempre a Dios, y no blasfemarlo". Y luego se extendía en contar numerosos ejemplos de desgracias acaecidas a los blasfemos. Después de sus predicaciones, muchos municipios incluyeron en su legislación medidas disciplinares contra la blasfemia. También denunciaba el vicio del juego, que podía llevar a la mentira, el robo e incluso al homicidio.

Estuvo siempre sembrando la paz, junto a san Juan de Capistrano, san Bernardino de Siena y beato Alberto de Sarteano, que fueron las columnas de la reforma franciscana, en lo que se ha dado en llamar “Observancia franciscana”.

Escribió: 12 Artículos para la concordia entre Conventuales y Observantes. Era tan perfectamente obediente que se cuenta, que estaba comiendo cuando recibió la orden del Papa para marcharse a Hungría, en ese instante se levantó, sin terminar de beber, y se puso en viaje. Predicó contra los que practicaban la usura e ideó, como otros franciscanos (los beatos Ángel Chivasso y Bernardino de Feltre), los Montes de Piedad. Sufrió terribles cólicos y, solamente temía una cosa, que el dolor le distrajese de la oración. Tuvo como discípulo al beato Pedro Corradino de Mogliano. Murió en Nápoles y está enterrado en la iglesia de Santa María Nova de esta ciudad. Fue canonizado en 1726 por Benedicto XIII.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Reflexión de hoy

 

Lecturas Diarias

 



Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una cadena grande en la mano.
Sujetó al dragón, la antigua serpiente. o sea, el Diablo o Satanás, y lo encadenó por mil años; lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no extravíe a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que ser desatado por un poco de tiempo. Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Éstos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años.
Vi un trono blanco y grande, y al que estaba sentado en él. De su presencia huyeron cielo y tierra, y no dejaron rastro. Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro libro, el de la vida. Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros. El mar devolvió a sus muertos, Muerte y Abismo devolvieron a sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras. Después, Muerte y Abismo fueron arrojados al lago de fuego - el lago de fuego es la muerte segunda -.
Y si alguien no estaba escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego. Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Palabra del Señor.

Beato Bernardino de Fossa

En L'Áquila, de la región de los vestinos, en Italia, beato Bernardino de Fossa (Juan) Amici, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que propagó la fe católica en muchas regiones de Italia.

Bernardino Amici nació en Fossa (Aquila). No se conocen sus padres ni su procedencia social. Se laureó en jurisprudencia en Perugia, allí ingresó entre los Hermanos Menores en 1445 en el convento de Monterípido, en Perugia. Vivió en Gubbio, en Stroncone y en otros conventos de la Umbría, luego pasó a los Abruzzos, y residió especialmente en L’Aquila. 

Fue Ministro provincial de su región en los años 1454 - 1460 y 1472 - 1475. Estuvo en Bohemia y en Dalmacia en los años 1464 - 1467; luego fue Procurador general de la Orden en la curia romana de 1467 a 1469. Participó en el Capítulo general de la Orden en L’Aquila en 1452, en Asís en 1455, en Milán en 1457, en Roma en 1458 y en Mantua en 1467. Varias veces rechazó el Obispado de L'Aquila.

Fue célebre también como predicador, se recuerda su cuaresma en Sebenice en Dalmacia en 1465. En los últimos años de su vida se dedicó a difundir sus escritos de carácter teológico e histórico. La mayor parte de ellos sin embargo permaneció inédita.

Fray Bernardino se propuso seguir las huellas de san Bernardino de Siena, a quien varias veces había oído predicar y por quien había quedado fascinado, especialmente cuando en 1438 en la plaza de Santa María de Collemaggio de L'Aquila predicó sobre la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo. La inmensa multitud, entre la cual se encontraba también el beato Bernardino, admiró en el cielo una estrella luminosa, cuyo resplandor superaba al del sol. También tuvo la alegría de conocer a san Juan de Capistrano.

De san Bernardino el beato logró copiar el espíritu de fe y de recogimiento, la prudencia, la humildad, la modestia, el celo ardiente por la gloria de Dios. Lo vemos recorrer ciudades y más ciudades para predicar la palabra de Dios, suscitando por todas partes el entusiasmo y obteniendo conversiones. Durante ocho meses estuvo postrado en cama en medio de terribles sufrimientos que soportó con gran resignación. Un día se le apareció su patrono san Bernardino de Siena, quien le obtuvo del Señor la completa curación. 

Libre de los compromisos que la Orden le había confiado, regresó a los Abruzzos y prosiguió sus andanzas apostólicas con renovado fervor. Su predicación era docta y popular al mismo tiempo y suscitaba gran entusiasmo y muchas conversiones. Fundó nuevos conventos, entre ellos el de San Angel d'Ocre en su región natal, donde él mismo habitó hasta avanzada edad. Dios selló su santidad con el don de los milagros. Cansado por las fatigas apostólicas y por las penitencias se retiró al convento de San Julián cerca de L'Aquila, y pasó los últimos años revisando sus escritos teológicos e históricos, que más tarde fueron publicados, como la “Chronica Fratrum Minorum Observantiae”, “Funerale” (32 sermones), “Sermón sobre la Virgen según las palabras de Dante”, y se preparó para el encuentro con muerte. Tenía 83 años. El papa León XII aprobó el culto el 26 de marzo de 1828.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Reflexión de hoy

 

Lecturas Diarias

 



Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo con gran autoridad, y la tierra se deslumbró con un resplandor.
Y gritó con fuerte voz: «Cayó, cayó la gran Babilonia. Y se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo, en guarida de todo pájaro inmundo y abominable». Un ángel vigoroso levantó una piedra grande como una rueda de molino y la precipitó al mar diciendo: «Así, con este ímpetu será precipitada Babilonia, la gran ciudad, y no quedará rastro de ella. No se escuchará en ti la voz de citaristas ni músicos, de flautas y trompetas. No habrá más en ti artífices de ningún arte; y ya no se escuchará en ti el ruido del molino; ni brillará más en ti la luz de lámpara; ni se escuchará más en ti la voz del novio y de la novia, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra y con tus brujerías embaucaste a todas las naciones». Después de esto oí en el cielo como el vocerío de una gran muchedumbre, que decía: «Aleluya. La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos. Él ha condenado a la gran prostituta que corrompía la tierra con sus fornicaciones, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos». Y por segunda vez dijeron: «¡Aleluya!».
Y el humo de su incendio sube por los siglos de los siglos.
Y me dijo: «Escribe: “Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero”».


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.
Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.
“Caerán a filo de espada”, los llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por los gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación».

Palabra del Señor.

Beato Santiago Alberione

En Roma, beato Santiago Alberione, presbítero, que, solícito por la evangelización, se dedicó enteramente a poner al servicio de la sociedad humana los instrumentos de comunicación social para promover la verdad de Cristo, fundando, además, la Congregación de la Pía Sociedad de San Pablo Apóstol.

Nacido en San Lorenzo di Fossano (Cúneo, Italia) en el seno de una familia campesina.

 A los 16 años, Santiago es admitido en el seminario de Alba y enseguida se encuentra con quien le será padre, guía, amigo y consejero durante 46 años: el canónigo Francisco Chiesa.

Al término del Año Santo 1900, habiéndose sentido interpelado por la encíclica de León XIII “Tametsi futura”, Santiago vive la experiencia determinante de su vida. La noche del 31 de diciembre de 1900, el joven seminarista reza cuatro horas seguidas ante el Santísimo Sacramento y proyecta en la luz de Dios su futuro. Una “luz especial” le vino de la Hostia, y desde aquel momento se siente “profundamente obligado a prepararse para hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo”: “obligado a servir a la Iglesia” con los nuevos medios que el ingenio humano presentaba.

 El itinerario del joven Alberione prosigue intensamente durante los años del estudio de la Filosofía y la Teología. El 29 de junio de 1907 es ordenado sacerdote. Sigue una breve pero decisiva experiencia pastoral en Narzole (Cúneo), como vicepárroco. Allí encuentra al jovencito el beato Timoteo Giaccardo. Y también allí, el P. Alberione madura la comprensión de lo que puede hacer la mujer implicada en el apostolado.

En el seminario de Alba desempeña el cargo de Padre espiritual de los seminaristas, y da clases de varias asignaturas. Dedica asimismo mucho tiempo al estudio sobre la situación de la sociedad civil y eclesial de su tiempo y sobre las nuevas necesidades que se entrevén.

Comprende que el Señor le guía a una misión nueva: predicar el Evangelio a todos los pueblos, en el espíritu del apóstol Pablo, utilizando los medios modernos de comunicación. Atestiguan tal orientación dos libros suyos: “Apuntes de teología pastoral” (1912) y “La mujer asociada al celo sacerdotal” (1911-1915).

 Dicha misión, para tener carisma y continuidad, debe ser asumida por personas consagradas, pues “las obras de Dios se hacen con los hombres de Dios”. Y así, el 20 de agosto de 1914, mientras en Roma muere el papa san Pío X, en Alba el P. Alberione da inicio a la “Familia Paulina” con la fundación de la Pía Sociedad de San Pablo. El comienzo es pobrísimo, de acuerdo con la pedagogía divina: “empezar siempre desde un pesebre”.

La familia humana -en la que el P. Alberione se inspira- está compuesta de hermanos y hermanas. La primera mujer que sigue al P. Alberione es una muchacha veinteañera de Castagnito (Cúneo): Teresa Merlo. Con su aporte, Alberione da comienzo a la congregación de las Hijas de San Pablo (1915). 

En diciembre de 1918 se produce una primera partida de “hijas” hacia Susa (Turín). Este camino parece interrumpirse en 1923, cuando el P. Alberione enferma gravemente y el diagnóstico de los médicos no deja esperanzas. Pero el Fundador reemprende milagrosamente el camino: “San Pablo me curó”, comentará después. Por entonces aparece en las capillas paulinas la frase que, en sueño o en revelación, el divino Maestro dirige al Fundador: “No temáis - Yo estoy con vosotros - Desde aquí quiero iluminar - Caminad en continua conversión”.

Al año siguiente viene a la vida la segunda congregación femenina: las Pías Discípulas del Divino Maestro, para el apostolado eucarístico, sacerdotal, litúrgico. A guiarlas en la nueva vocación, el P. Alberione llama a la joven Hna. Ma. Escolástica Rivata, que morirá a los noventa años en olor de santidad.

En el campo apostólico, el P. Alberione promueve la impresión de ediciones populares de los “Libros Sagrados”, y con las publicaciones periódicas se lanza a las formas más rápidas para hacer llegar el mensaje de Cristo a los lejanos. En 1912 ya había aparecido la revista “Vida Pastoral” destinada a los párrocos; “El Domingo”, hojita semanal para la animación de la liturgia dominical, sale en 1921; en 1931 nace “Familia Cristiana”, revista semanal con la finalidad de alimentar la vida cristiana de las familias. Seguirán: “La Madre de Dios” (1933), “para desvelar a las almas las bellezas y las grandezas de María”; “Pastor bonus” (1937), revista mensual en latín; “Camino, Verdad y Vida” (1952), revista mensual para dar a conocer y enseñar la doctrina cristiana; La Vida en Cristo y en la Iglesia (1952), con el fin de hacer “conocer los tesoros de la Liturgia, difundir cuanto sirve a la Liturgia, vivir la Liturgia según la Iglesia”. El P. Alberione piensa también en los muchachitos: para ellos empieza a publicar en 1924 “Il Giornalino”.

Se pone mano asimismo a la construcción del gran templo dedicado a san Pablo en Alba. Seguirán los otros dos a Jesús Maestro (en Alba y Roma) y el santuario a la Reina de los Apóstoles (Roma). En 1926 nace la primera Casa filial en Roma, seguida en los años sucesivos por muchas fundaciones en Italia y en otras naciones.

Entretanto crece el edificio espiritual: el Fundador inculca el espíritu de entrega mediante “devociones” de fuerte dinamismo apostólico: a Jesús Maestro y Pastor “Camino y Verdad y Vida”, a María Madre, Maestra y Reina de los Apóstoles; a san Pablo apóstol. Es precisamente la referencia al Apóstol lo que califica en la Iglesia a las nuevas instituciones como “Familia Paulina”. La meta ansiada por el Fundador como primer empeño, es la conformación plena con Cristo: acoger todo el Cristo Camino y Verdad y Vida en toda la persona, mente, voluntad, corazón, fuerzas físicas. Orientación codificada en el librito “Donec formetur Christus in vobis” (1932).

 En octubre de 1938 el P. Alberione funda la tercera congregación femenina: las Hermanas de Jesús Buen Pastor o “Pastorcitas”, destinadas al apostolado pastoral directo en auxilio de los Pastores.

Durante el obligado paréntesis de la segunda guerra mundial (1940-1945), el Fundador no se detiene en su itinerario espiritual. De ello son testimonio los “Cuadernillos espirituales”, en los que anota las inspiraciones y los medios que adoptar para responder al proyecto de Dios. En esta atmósfera espiritual nacen las meditaciones que cada día dicta a los hijos e hijas, las directrices para el apostolado, la predicación de incontables retiros y cursos de ejercicios (recogidos en sendos opúsculos). El empeño del Fundador es siempre el mismo: hacer comprender a todos que “la primera preocupación en la Familia Paulina será la santidad de la vida, la segunda la santidad de la doctrina”. A la luz de esto hay que entender su Proyecto de una enciclopedia sobre Jesús Maestro (1959).

 En 1954, recordando el 40 aniversario de fundación, el P. Alberione aceptó por primera vez que se escribiera de él en el volumen “Mi protendo in avanti”, y consintió en facilitar algunos apuntes suyos acerca de los orígenes de la fundación. Surgió así el librito “Abundantes divitie gratie sue”, que se considera como la “historia carismática de la Familia Paulina”. Familia que fue completándose entre 1957 y 1960, con la fundación de la cuarta congregación femenina, el Instituto Regina Apostolorum para las vocaciones (Hermanas “Apostolinas”), y de los Institutos de vida secular consagrada: San Gabriel Arcángel, Virgen de la Anunciación, Jesús Sacerdote y Santa Familia. Diez instituciones (incluidos los Cooperadores Paulinos), unidos todos ellos por el mismo ideal de santidad y de apostolado: la reafirmación de Cristo “Camino, Verdad y Vida” en el mundo, mediante los instrumentos de la comunicación social.

 A lo largo de los años 1962-1965, el P. Alberione es protagonista silencioso pero atento del Concilio Vaticano II, a cuyas sesiones participa diariamente. Entre tanto, no faltan tribulaciones y sufrimientos: la muerte prematura de sus primeros colaboradores, san Timoteo Giaccardo y Tecla Merlo; la preocupación por las comunidades en países con dificultades y, personalmente, una martirizadora escoliosis, que le atormentaba noche y día.

Sus últimas horas se vieron confortadas con la visita y la bendición del papa Pablo VI, que nunca ocultó su admiración y veneración por el P. Alberione. Murió el 26 de noviembre de 1971, semi ciego y de una bronconeumonía en Roma, despues de haber recibido la absolución de Pablo VI. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 27 de abril de 2003.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Reflexión de hoy

 

Lecturas Diarias

 



Yo, Juan, vi en el cielo otra signo, grande y maravilloso: Siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, pues con ellas se consuma la ira de Dios.
Vi una especie de mar de vidrio mezclado con fuego; los vencedores de la bestia, de su imagen y del número de su nombre estaban de pie sobre el mar cristalino; tenían en la mano las citaras de Dios. Y cantan el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, rey de los pueblos. ¿Quién no temerá y no dará gloria a tu nombre? Porque vendrán todas las naciones y se postrarán ante ti, porque tú solo eres santos y tus justas sentencias han quedado manifiestas».


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Palabra del Señor.

Beata Isabel Achler "la Buena"

En Reute, de Suabia, en Germania, beata Isabel Achler, por sobrenombre “Buena”, virgen, que, viviendo como una reclusa de la Tercera Orden Regular de San Francisco, cultivó en grado admirable la humildad, la pobreza y la mortificación corporal.

Nació de Waldsee (Alemania), en el seno de una humilde familia de tejedores. Desde joven se distinguió por una rara piedad, inocencia virginal y un carácter tan dulce y amable, que todos la llamaban "la buena" (Bona), sobrenombre que le duró siempre.

El padre Conrado Kigelin, su confesor, director espiritual y biógrafo, le aconsejó dejar el mundo para tomar el hábito de san Francisco en la Tercera Orden. Isabel tenía entonces 14 años. Observó la regla franciscana primero en su casa, pero luego, considerando los peligros de la vida, que le obstaculizaban el camino de la perfección, se fue a vivir con una piadosa terciaria franciscana. El Maligno, envidioso de los progresos de Isabel en el camino de la perfección, la atormentaba con frecuencia. Mientras aprendía el arte de tejedora, le enredaba el hilo, le dañaba su labor, la forzaba a perder la mitad del tiempo reparando los daños. Isabel luchó con paciencia y perseverancia.

A los 17 años, no sin resistencia por parte de sus familiares, el confesor, padre Conrado Kigelin, la guió hacia la comunidad religiosa de Reute, cerca de Waldsee, donde algunas religiosas seguían con fervor la regla franciscana de la Tercera Orden. Le encargaron el servicio de la cocina, oficio que Isabel ejerció con dulzura y obediencia. Fue asidua en la oración y la penitencia, y amante de la soledad: no salía del convento sino por graves motivos, tanto que la llamaron "la reclusa". Se la veía a menudo orando en el jardín, de rodillas, como arrebatada en contemplación. Su conducta era tan inocente que su confesor no encontraba de qué absolverla.

El Mal siguió persiguiéndola en forma de sospechas por parte de las compañeras, con situaciones de abatimiento, con la lepra y otras enfermedades y pruebas, pero ella todo lo soportaba con inalterable paciencia, con ayuda de la oración y bendiciendo a Dios. El secreto de su fortaleza estaba en la meditación de la Pasión de Cristo, objeto de su amor y regla de su vida.

El Señor la favoreció marcando su cuerpo algunas veces con los signos de su Pasión: heridas como de espinas en la cabeza, signos de flagelación e incluso estigmas. Aunque aparecían sólo de vez en cuando, su dolor era continuo. Pero ella, en medio del sufrimiento, no dejaba de exclamar: "¡Gracias, Señor, porque me haces sentir los dolores de tu Pasión!".

También fue privilegiada con visiones de los santos del cielo y de las almas del purgatorio, y obtuvo que que algunas de dichas almas se aparecieran a su confesor para solicitarle los sufragios y las aplicaciones de Santas Misas. Durante el Concilio Ecuménico de Costanza predijo el final del gran cisma de occidente y la elección del papa Martín V. Y tuvo el don de ver en lo secreto del corazón humano. Sin embargo, pese a haber sido enriquecida por tantos dones del Espíritu, Isabel conservó siempre una gran humildad. Fue admirada por su humildad, pobreza y penitencias corporales. Se la conocía como "la Buena de Reute".

El padre Conrado Kigelin, canónigo regular agustino, la guió y acompañó siempre, y nos dejó también una pequeña biografía de la Beata escrita por él mismo. Murió en Reute a los 34 años de edad. A consecuencia de sus numerosos milagros pidieron a la Santa Sede el reconocimiento del culto, que fue aprobado por Clemente XIII el 19 de junio de 1766.

martes, 24 de noviembre de 2020

Reflexión de hoy

 

Lecturas Diarias

 



Yo, Juan, miré y apareció una nube blanca; y sentado sobre la nube alguien como un Hijo de hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro y en su mano una hoz afilada. Salió otro ángel del santuario clamando con gran voz al que estaba sentado sobre la nube: «Mete tu hoz y siega; ha llegado la hora de la siega, pues ya está seca la mies de la tierra».
El que estaba sentado encima de la nube metió su hoz sobre la tierra y la tierra quedo segada. Otro ángel salió del santuario del cielo, llevando él también una hoz afilada. Y del altar salió otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, y gritó con gran voz al que tenía la hoz afilada, diciendo: «Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque los racimos están maduros»
El ángel metió su hoz en la tierra y vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.


En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra caliza y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo».

Palabra del Señor.

Santos Pedro Dumoulin-Borie y compañeros

En la ciudad de Dong Hoy en Vietnam, santos mártires Pedro Dumolin Borie, obispo de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, Pedro Vo Bang Khoa y Vicente Nguyen The Diem, sacerdotes, de los cuales el primero fue decapitado, los otros estrangulados, por orden del emperador Minh Mang.

Pedro Dumolin había nacido en Beynat, Cahors (Francia) en 1808, y era hijo de unos molineros, por eso le llamaban “De Moulin” (del molino) como alias, que luego se añadió a su apellido Borie. No era un buen alumno en el seminario, hasta que la lectura de los “Anales de la Propagación de la Fe” despertó en él, la vocación misionera. En el 1832 fue ordenado sacerdote en la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y fue enviado a Vietnam, entonces Tonkin Occidental. 

Antes de entrar en este país tuvo que esperar muchos meses en Macao. Llegó en plena persecución, lo que le obligó a una vida clandestina, lo que no fue obstáculo para que, encargado de la zona meridional del Vicariato, con 50.000 cristianos y nos 30 sacerdotes indígenas más los numerosos seminaristas, manifestara unas magníficas cualidades como misionero. Hablaba correctamente la lengua del país, se adaptó a sus costumbres y además supo dirigir la labor de los sacerdotes nativos como arcipreste de la zona. Logró reconstruir dos conventos y levantar dos seminarios menores.

En 1838 fue arrestado y recibió en prisión el nombramiento de obispo titular de Acanto y vicario apostólico de Tonkin occidental. Los padres de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París habían iniciado su actividad en Vietnam desde su fundación, en 1660. Entre las acciones importantes desarrolladas debemos notar: la celebración del primer sínodo pastoral (1670); la reorganización de la "Casa de Dios"; la fundación de la "Congregación de las amantes de la Cruz" y la creación del seminario regional de Penang (1807). 

Fue detenido por las denuncias de un conocido. Aunque no pudo consagrarse obispo, no dejó por ello de tomar las medidas necesarias para garantizar el gobierno de la comunidad cristiana. Se preparó para la muerte con serenidad, y se negó a la apostasía. Pedro Vo Dang Khoa y Vicente Nguyen The Diem eran sacerdotes vietnamitas que fueron estrangulados en Dong Hoi, mientras el obispo era decapitado. 

Pedro Vo Dang Khoa nace en Thuong-Nai en 1790 y es ordenado sacerdote a los 30 años. Trabaja pastoralmente en Bach-Bati, Chang-Chuong y en Bo-Chim, donde tuvo como párroco a san Vicente Diem, que será compañero suyo de martirio. Enviado como párroco a Con-dua, fue arrestado en el poblado de Le-son y llevado a la cárcel de la capital de la provincia, donde halló a sus compañeros de martirio. Con ellos se preparó a dar un limpio y coherente testimonio de Cristo. Fue martirizado por estrangulamiento.

Vicente Ngyen Tho Diem nace en An-Do en el seno de una familia cristiana. Seminarista desde niño, una vez ordenado sacerdote ejerce su ministerio como párroco en Bo-Chim y en Con-Nam, atendiendo con gran celo a los fieles y cuidando mucho de los pobres. Forma con mucho cuidado a los catequistas y logra aumentar el número de fieles de su comunidad. Cuando en 1838 se hace muy firme la persecución, se ve obligado a retirarse de la parroquia, pero en el camino hacia An-Bai es arrestado por la denuncia de un apóstata. Conducido a la prisión de Dong-Hoi, confesó la fe pero fue poco prudente en los interrogatorios y pudo saberse por él el nombre de los cristianos que habían albergado sacerdotes, lo que trajo consigo su arresto. El obispo Borie se lo reprochó y él reconoció su fallo y pidió al tribunal dejara libres a las personas arrestadas por su culpa. Volvió a dar testimonio público de su fe y se negó a apostatar, por lo que fue estrangulado.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Reflexión de hoy

 

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