domingo, 27 de noviembre de 2016
Lecturas
Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y de Jerusalén:
Hermanos:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Palabra del Señor.
Más abajo encontrareis la HOMILÍA correspondiente a estas lecturas.
Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos.
Dirán:
«Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor».» Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.
Hermanos:
Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejarla abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.
Más abajo encontrareis la HOMILÍA correspondiente a estas lecturas.
Homilía
“Dios todopoderoso, aviva en tus fieles al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados de las buenas obras”.
Estas palabras abren la oración inicial de la liturgia de hoy y nos indican el sentido de cuanto estamos viviendo.
Dios Padre está en el origen de todo bien y nos pone en el camino a su Hijo, a “Cristo que viene”.
La Palabra de Dios nos exhorta a “tener visiones”, a mirar a lo lejos, a mantener la esperanza, a pesar de las dificultades de todo tipo, que siembran de espinas nuestro camino.
San Pablo nos invita a tomar conciencia de nuestra realidad a nivel familiar, laboral y social.
Corren tiempos difíciles para la familia estructurada, la familia de siempre, que es amenazada por corrientes laicistas e ideologías destructivas que siembran dudas sobre el auténtico amor humano.
Llevamos años con una filosofía hedonista que busca evadirnos de la realidad en aras de una felicidad que se escapa de las manos.
El botellón, la droga y el sexo fácil y seguro entre los jóvenes, la dejación de funciones educativas en los mayores y parte de la sociedad que vive ajena a los altos ideales y a los valores que han dado soporte a la convivencia, marcan un presente sombrío.
Por otro lado, las creencias son agredidas y orquestados los ataques desde algunos medios de comunicación de clara tendencia antirreligiosa y anticlerical.
Hemos de espabilarnos, como nos dice San Pablo,
“porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer” (Romanos 13, 11).
Puede que estos ataques sirvan para despertar sentimientos religiosos dormidos y seamos capaces de defender nuestros derechos, pacíficamente, en la calle y en los altos estamentos.
La historia de los hombres está cargada de luces y sombras, de esperanzas y tragedias.
La Palabra es la luz que nos guía y la fuerza que nos empuja a subir con alegría al monte del señor, a ser justos y a trabajar por la paz.
De esta manera podemos cantar, como lo han hecho generaciones de judíos y cristianos:
“¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor”. (Salmo 121).
Las incertidumbres presentes, la caída de la sociedad del bienestar y las malas perspectivas económicas, no deben acobardarnos.
“El nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas”...”será el árbitro de las naciones” (Isaías 2, 3).
Los pueblos “de las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas” (Isaías 2,4).
La Palabra de Dios nos sugiere ser como el dueño prudente que vela por los tesoros de su casa y hace frente a los ladrones.
Jesús utiliza la imagen del ladrón para que salvaguardemos la gracia de Dios, gratuitamente recibida, y no la perdamos a causa de nuestra pereza, desidia y falta de celo.
Las dos mujeres moliendo, a las que alude el evangelio, son una muestra palpable de que la misma actividad, por rutinaria que sea, puede vivirse de formas distintas.
Siempre es posible encontrar sentido, ilusión y esperanza en las mismas tareas de cada día, en las acciones más triviales de nuestra existencia.
Podemos dejar que la vida pase por nosotros sin apreciar su riqueza y dejándonos arrastrar por corrientes nihilistas o, al contrario, pasar por la vida valorando la plenitud del don que nos ha sido regalado, y consumiéndola en frutos de buenas obras.
Somos grandes, no por la magnitud de nuestras obras, sino por el amor que proyectamos en todo lo que hacemos.
La luz no ha de sorprendernos envueltos en las tinieblas.
Hemos de ir despojándonos de los harapos del hombre pecador y
“vestirnos del Señor Jesucristo” (Romanos 13,14), que nos transforma en hombres nuevos.
El sueño de San Pablo, como el del profeta Isaías siglos antes, coinciden con el sueño de Dios para cada uno de nosotros: ser santos. Para ello no es necesario ir muy lejos.
En mi casa, en el trabajo, en los contactos con mi comunidad de fe, en la calle y en cualquier lugar, si aporto mi positiva actitud, sembraré esperanza, alegría y ganas de vivir. No estoy solo; los demás me necesitan.
Sin mi sonrisa, mi entorno vivirá más triste; sin mi iniciativa para espabilar y entusiasmar a los que conviven conmigo, todo será más anodino y apagado; sin mi entrega amorosa, adormecerán los buenos sentimientos de otras personas.
Si soy capaz de contribuir con mi pequeño granito de arena, unido a otros muchos, el mundo cambiará.
Si Jesús es la fuerza motriz de mi vida, todo es posible, hasta las metas aparentemente más inalcanzables.
La alusión de Jesús al juicio final, que recoge el evangelio, lejos de dar miedo, ha de suscitar esperanza entre los creyentes que aguardamos la venida del Señor
Al contrario, y sin temor, abramos las puertas de nuestros hogares, salgamos a las calles y gritemos a pleno pulmón el pregón que repite el Adviento:
Estas palabras abren la oración inicial de la liturgia de hoy y nos indican el sentido de cuanto estamos viviendo.
Dios Padre está en el origen de todo bien y nos pone en el camino a su Hijo, a “Cristo que viene”.
La Palabra de Dios nos exhorta a “tener visiones”, a mirar a lo lejos, a mantener la esperanza, a pesar de las dificultades de todo tipo, que siembran de espinas nuestro camino.
San Pablo nos invita a tomar conciencia de nuestra realidad a nivel familiar, laboral y social.
Corren tiempos difíciles para la familia estructurada, la familia de siempre, que es amenazada por corrientes laicistas e ideologías destructivas que siembran dudas sobre el auténtico amor humano.
Llevamos años con una filosofía hedonista que busca evadirnos de la realidad en aras de una felicidad que se escapa de las manos.
El botellón, la droga y el sexo fácil y seguro entre los jóvenes, la dejación de funciones educativas en los mayores y parte de la sociedad que vive ajena a los altos ideales y a los valores que han dado soporte a la convivencia, marcan un presente sombrío.
Por otro lado, las creencias son agredidas y orquestados los ataques desde algunos medios de comunicación de clara tendencia antirreligiosa y anticlerical.
Hemos de espabilarnos, como nos dice San Pablo,
“porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer” (Romanos 13, 11).
Puede que estos ataques sirvan para despertar sentimientos religiosos dormidos y seamos capaces de defender nuestros derechos, pacíficamente, en la calle y en los altos estamentos.
La historia de los hombres está cargada de luces y sombras, de esperanzas y tragedias.
La Palabra es la luz que nos guía y la fuerza que nos empuja a subir con alegría al monte del señor, a ser justos y a trabajar por la paz.
De esta manera podemos cantar, como lo han hecho generaciones de judíos y cristianos:
“¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor”. (Salmo 121).
Las incertidumbres presentes, la caída de la sociedad del bienestar y las malas perspectivas económicas, no deben acobardarnos.
“El nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas”...”será el árbitro de las naciones” (Isaías 2, 3).
Los pueblos “de las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas” (Isaías 2,4).
La Palabra de Dios nos sugiere ser como el dueño prudente que vela por los tesoros de su casa y hace frente a los ladrones.
Jesús utiliza la imagen del ladrón para que salvaguardemos la gracia de Dios, gratuitamente recibida, y no la perdamos a causa de nuestra pereza, desidia y falta de celo.
Las dos mujeres moliendo, a las que alude el evangelio, son una muestra palpable de que la misma actividad, por rutinaria que sea, puede vivirse de formas distintas.
Siempre es posible encontrar sentido, ilusión y esperanza en las mismas tareas de cada día, en las acciones más triviales de nuestra existencia.
Podemos dejar que la vida pase por nosotros sin apreciar su riqueza y dejándonos arrastrar por corrientes nihilistas o, al contrario, pasar por la vida valorando la plenitud del don que nos ha sido regalado, y consumiéndola en frutos de buenas obras.
Somos grandes, no por la magnitud de nuestras obras, sino por el amor que proyectamos en todo lo que hacemos.
La luz no ha de sorprendernos envueltos en las tinieblas.
Hemos de ir despojándonos de los harapos del hombre pecador y
“vestirnos del Señor Jesucristo” (Romanos 13,14), que nos transforma en hombres nuevos.
El sueño de San Pablo, como el del profeta Isaías siglos antes, coinciden con el sueño de Dios para cada uno de nosotros: ser santos. Para ello no es necesario ir muy lejos.
En mi casa, en el trabajo, en los contactos con mi comunidad de fe, en la calle y en cualquier lugar, si aporto mi positiva actitud, sembraré esperanza, alegría y ganas de vivir. No estoy solo; los demás me necesitan.
Sin mi sonrisa, mi entorno vivirá más triste; sin mi iniciativa para espabilar y entusiasmar a los que conviven conmigo, todo será más anodino y apagado; sin mi entrega amorosa, adormecerán los buenos sentimientos de otras personas.
Si soy capaz de contribuir con mi pequeño granito de arena, unido a otros muchos, el mundo cambiará.
Si Jesús es la fuerza motriz de mi vida, todo es posible, hasta las metas aparentemente más inalcanzables.
La alusión de Jesús al juicio final, que recoge el evangelio, lejos de dar miedo, ha de suscitar esperanza entre los creyentes que aguardamos la venida del Señor
Al contrario, y sin temor, abramos las puertas de nuestros hogares, salgamos a las calles y gritemos a pleno pulmón el pregón que repite el Adviento:
La Virgen de la Medalla Milagrosa
En la fiesta litúrgica que conmemoramos hoy se recuerdan las apariciones de la Virgen María a Santa Catalina Labouré (27 de noviembre), acontecidas el 27 de noviembre de 1830 en París, en la capilla de la casa madre de la Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Esta aparición dio origen a la Medalla Milagrosa y de ella tomó también su nombre la fiesta de la Inmaculada de la Sagrada Medalla, instituida por León XIII, el 23 de julio de 1894.
LA HISTORIA
Comenzamos situándonos en la noche del 18 al 19 de julio de 1830, por entonces fiesta de San Vicente de Paúl ( 27 de septiembre). Catalina, que estaba en oración, se ve sobresaltada por la aparición de la Virgen en un sillón. La entonces »novicia» de las Hijas de la Caridad «se arrodilla sobre las gradas del altar, con las manos apoyadas en las rodillas de la Virgen» y María abre su corazón angustiado a Catalina, justamente una semana antes del inicio de la revolución que padece Francia en el mes de julio. Parece como si la Madre quisiese preparar el ánimo de la joven: Sufrirás mucho, pero lo superarás pensando en que lo harás por la gloria del buen Dios; te contradirán, pero tendrás la gracia de convencer inspirada en la oración. Sucederán infortunios de toda clase: entre el clero habrá muchas víctimas, morirá el señor arzobispo, la Cruz será despreciada, la sangre correrá por las calles, todo el mundo estará sumido en tristeza'..., pero venid al pie de este altar donde se derramarán gracias sobre todas las personas que las pidan con confianza y fervor.
Catalina confía a su confesor lo referido y calla hasta que el 27 de noviembre de 1830, en la oración de la tarde, ve una especie de medalla en movimiento con la Virgen María en el anverso y una serie de signos en el reverso.
¿Qué vio Catalina en el anverso y en el reverso de la medalla? Según sus escritos, la Santísima Virgen llevaba »un vestido liso de seda blanco-aurora sin costura; un velo blanco que le cubría la cabeza y le descendía por ambos lados hasta los pies; sobre su cabello liso, una especie de pañoleta terminada en un pequeño encaje aproximadamente de dos dedos de ancho. Tenía el rostro bastante descubierto y sus ojos tan pronto se elevaban al cielo como miraban a la tierra, era bellísimo; en sus manos elevadas a la altura del estómago de una manera muy natural llevaba una esfera o globo, con una crucecita de oro encima, que representaba al mundo, ofrecido por ella a Nuestro Señor y sus pies se apoyaban en la mitad de otro globo sobre la cabeza de una serpiente de color verdoso con manchas amarillas (Será bueno recordar algunos datos significativos: se están percibiendo las consecuencias de la Revolución Francesa. Era un tiempo de decadencia de la Iglesia, interior y exteriormente, donde el racionalismo era fuerte y la fe débil. La Iglesia es incapaz de poner luz en los acontecimientos históricos y comienza el período llamado Restauración. El papa Gregorio XVI se comprometió con la defensa del Antiguo Régimen y de los privilegios eclesiales destruidos por la Revolución; mientras que un, cada vez mayor, grupo de jóvenes —laicos y clérigos— empieza a preguntarse si no será posible conciliar las corrientes nuevas con el catolicismo sin ser traidores ni a la fe cristiana ni a la Iglesia. La cosa no era fácil: en este año (1830) hubo serios ataques contra la Iglesia: se destruyen varios seminarios, se persigue a las órdenes religiosas, se saquean iglesias y el palacio arzobispal.) de pronto, los dedos de aquellas manos que sostenían y ofrecían al mundo se llenaron de anillos y piedras preciosas, de las que salían rayos de luz, siempre extendiéndose hasta llenar la parte baja, de modo que ya no se podían ver sus pies; en lo alto del cuadro, un poco ovalado, había estas palabras: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Al mismo tiempo, Catalina escucha: «Este globo que ves representa al mundo entero y a cada persona en particular; estos rayos de luz son el símbolo de las gracias que distribuyo a las personas que me las piden».
Después el cuadro dio la vuelta. Catalina vio el reverso, pero no lo describe hasta que, un día, en la meditación, oyó una voz que le decía: «La letra M y los dos corazones dicen bastante». Así lo dice su confesor el padre Aladel: «En el reverso vio la letra M con una cruz encima, y debajo los sagrados corazones de Jesús y María». Éstos son los elementos del reverso de la medalla: arriba el signo más importante, la cruz, como naciendo de la letra M e íntimamente entrelazado con ella. Debajo los dos corazones, unidos por los signos del amor: espinas, espada y llamas. Y en torno las doce estrellas del Apocalipsis.
Catalina oye una voz que le decía: Di que acuñen una medalla según este modelo: todas las personas que la lleven recibirán grandes gracias. De esta forma nace, la conocida en todo el mundo, como Medalla Milagrosa.
LA MEDALLA
Posiblemente el que lea estas letras dirá: pues en la medalla la Virgen no está con el globo. Y tiene toda la razón. Algunos estudiosos dicen que hubo dos momentos o fases en la visión del anverso, que fue una visión «en movimiento»: la Virgen del Globo fue dando paso a la Virgen de las manos extendidas. Pero Catalina no dice nada de esto. Después de ver acuñada la medalla insiste en que se esculpa una imagen de la Virgen del Globo y en que se le levante un altar en el mismo lugar donde ella se había aparecido. Es necesario no olvidar esta imagen de María. ¿Qué sucedió con el anverso de la medalla? René Laurentin, al que podemos considerar el mejor conocedor de las apariciones, lo explica de la siguiente manera: El padre Juan María Aladel, confesor de Catalina y responsable último de la acuñación de la medalla, «tenía que traducir la visión y el programa de Santa Catalina a una medalla conforme a la vez al sentido y consignas del arzobispo de París, a las reglas de la Iglesia y, por fin, a la capacidad del pueblo de Dios». Así supo conservar lo esencial, lo que la Virgen quería:
En el anverso
Aparece la Virgen María Inmaculada pisando a una serpiente.
Vemos a la Virgen con las manos extendidas en actitud de conceder algo.
De sus manos salen unos rayos dirigidos al globo. Alrededor la inscripción: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
En el reverso
Una M entrelazada con una Cruz.
El corazón de Jesús coronado de espinas y con llamas en la parte superior.
El corazón de María atravesado por una espada y también con llamas en la parte superior.
Envolviendo a todos los símbolos, doce estrellas.
¿Cuál es el significado de todos estos signos? Jean Guitton escribió en su libro sobre la Virgen de la Medalla Milagrosa, Superstición superada, que la Medalla es un tratado de mariología en miniatura. Es como una alegoría del pensamiento global de la Iglesia. Pablo VI (6 de agosto) escogió las apariciones de la Virgen a Santa Catalina, Santa Bernardita (18 de febrero y 11 de febrero) y a los niños de Fátima ( 20 de febrero y 13 de mayo) como los tres signos marianos actuales, más significativos en la Iglesia. Otros han dicho que es un catecismo en símbolos para la gente sencilla, en una Iglesia pobre que no tenía grandes medios para contrarrestar las ideologías que iban contra Dios, la Virgen y la Iglesia.
No cabe duda de que podemos reflexionar sobre el contenido de la medalla de formas distintas, pero la verdad es que da lo mismo de un modo u otro, las conclusiones son las mismas: en el anverso vemos claramente dos momentos bíblicos-marianos: Genésis 3, 15 y Apocalipsis 12, 1; el principio y el fin de la historia de salvación. En ambos interviene María. En el reverso también dos momentos claves: la profecía que Simeón hace del Niño a María (Lc 2, 35) y la entrega de su Madre que nos hace Cristo exaltado en la Cruz Un 19, 27). Podemos comprender momentos cruciales: natividad donde el Hijo de Dios nace del seno de la Virgen María como la Cruz nace de la letra M o la pasión representada en la unión de los dos corazones entrelazados por el amor y el sufrimiento: llamas, espinas y espada.
El padre Vicente de Dios, en su libro La Milagrosa, no duda en resumir de la siguiente forma: «El misterio mariano queda increíblemente plasmado en la medalla. Vemos en el anverso su mediación, su realeza, su inmaculada concepción. Vemos en el reverso su maternidad divina, su íntima unión con el Hijo, su cooperación a la redención, su maternidad espiritual, su calidad de miembro-modelo-madre de la Iglesia, su asunción... Todo ello, inserto bien a los ojos en las dos grandes dimensiones que garantizan la autenticidad de la devoción mariana: María en el misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia. En la Medalla Milagrosa se condensan de igual modo los fundamentos bíblicos de la mariología y los pasajes marianos del Evangelio. Desde el Génesis al Apocalipsis desfila el entramado de la historia de la salvación, donde un corazón humano, traspasado por una espada ardiente y dolorosa, se mantiene unido a un corazón divino, punzado de espinas y henchido de llamas».
Un resumen del contenido doctrinal de la Medalla Milagrosa puede ser éste: por una parte se expresa el papel de María en el conjunto de la historia de salvación, desde el principio –expresado en el Génesis– hasta el final –visto en el Apocalipsis–. Contemplamos el protoevangelio: la mujer que manifiesta su victoria sobre la serpiente, es decir, sobre el mal que es victoria ante todo de Jesucristo, pero también de María. Las doce estrellas que simbolizan las doce tribus de Israel y la Iglesia, como hacen notar los comentaristas de la Biblia de Jerusalén. El todo de la medalla nos muestra la íntima unión con Jesucristo que, al fin, es lo principal, ya que la Virgen María, sin esa vinculación con Jesús, no seria más que un personaje más o menos importante, pero, vista desde su unión con Jesús, es la criatura excelsa y admirable. Por eso, nadie como ella ha gozado de los grandes privilegios como son el de la Inmaculada, ser intercesora de todas las gracias, ser corredentora y, sobre todo, ser Madre natural de Cristo y espiritual de todos los hombres.
EL TRIUNFO DE LA MEDALLA
¿Qué signos podemos aducir para poder hablar con fundamento del «triunfo» de la Medalla Milagrosa? Veamos:
El nombre de «Milagrosa» lo dio el pueblo a la misma medalla. Fueron las personas necesitadas, los pobres, los que la llamaron Medalla Milagrosa. Ellos se fiaron del lema que la adorna: «Oh María..., ruega por nosotros que recurrimos a ti».
La extensión. Sin más propaganda que ella misma. Nunca en torno a la Medalla hubo señales maravillosas. Solamente ha existido la señal sentida por el devoto que ha acudido a ella con fe. Antes de la muerte de sor Catalina, acaecida el 31 de diciembre de 1876, se habían distribuido por todo el mundo más de mil millones de medallas, hasta el punto que el canónigo Quentin afirma: «Sin miedo a que se nos contradiga, podemos afirmar que la fabricación y venta de la medalla constituye un hecho extraordinario».
De igual modo, la divulgación del escrito confeccionado por el padre Aladel, confesor y director espiritual de la vidente, sobre el origen y efectos de la nueva medalla, resulta extraordinario. Se cuentan más de ocho ediciones en Francia y no se sabe, a ciencia cierta, cuántas traducciones en otras naciones.
Por no hablar de la cantidad de hechos juzgados extraordinarios —en el sentido del pueblo «milagrosos— que se atribuyen a la Medalla: conversiones y curaciones. Entre ellas está la conversión del judío Ratisbona en el mismo corazón de Roma.
Otra señal es la que la misma Iglesia le ha dado. Cuando en 1954 el papa Pío XII ('9 de octubre) proclamó el Año Mariano, uno de los signos que el mismo papa escogió para demostrar el marianismo universal de la Iglesia fue la Medalla Milagrosa, juntamente con el recuerdo de Lourdes y Fátima, sin duda los signos más marianos de los siglos XIX y XX.
CULTO Y DEVOCIÓN
El culto y la devoción verdadera, debe ser, como dijo el Señor «en Espíritu y en Verdad», es decir, fruto del convencimiento y de la fe. No es un afecto transitorio ni una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera por la que somos llamados a conocer la excelencia de la Madre de Dios y somos incitados al amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes. Son, pues, tres los elementos que exige la verdadera devoción:
Conocimiento: lo que no se conoce no se ama.
Amor.: como acto principal de toda devoción.
Imitación: de las virtudes de la Virgen según el propio estado.
Así, las formas de expresar la devoción, son múltiples. Depende de las personas y de la cultura de las mismas. El Concilio Vaticano II dice que María es modelo de todas las virtudes, pero de manera especial de la fe, de la esperanza y de la caridad; asimismo las que se manifiestan en el Magníficat: humildad, gratitud y estar a favor de los pobres.
Como modelo de fe, acoge la palabra de Dios, que para ella fue premisa y camino de maternidad divina. Al decir «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra hizo que la fe envolviera, de alguna manera, todas las relaciones de María con Jesús, desde la Encarnación hasta la venida del Espíritu Santo.
Como modelo de esperanza, María es imagen del gozo de nuestra vida futura glorificada ya en el cielo. En ella se han cumplido todas las promesas de salvación que se cumplirán, un día, en nosotros.
Como modelo de amor a Jesús, María se consagró totalmente a él desde el momento de su concepción hasta que expiró en la Cruz.
Pablo VI pone de manifiesto otras actitudes de María, su actitud orante y oferente. Orante, cuando juntamente con los discípulos y las otras mujeres perseveraba en la oración. María aparece como orante en la Iglesia que nace y en toda la historia de la Iglesia porque en el cielo sigue intercediendo por la gran familia de los hijos de Dios. Es oferente, como se ve en la fiesta de la presentación, teniendo en cuenta la profecía del anciano Simeón, se orienta hacia el acontecimiento salvífico de la Cruz. San Bernardo (20 de agosto), en un sermón sobre la Virgen, dice: «Ofrece a tu Hijo, Virgen sagrada, y presenta al Señor el fruto de tu vientre. Ofrece por la reconciliación de todos nosotros la víctima santa, agradable a Dios».
Teniendo en cuenta todo el conjunto de las apariciones y los misterios marianos que presenta la Medalla Milagrosa, no es difícil encontrar esas actitudes que Pablo VI expone en su exhortación para ofrecer un culto recto a la Virgen María. La actitud orante y oferente es clara en la Virgen del Globo y en el anverso de la medalla; en el reverso muestra su fe y su participación en el misterio salvador de Cristo.
No cabe duda que el culto y la devoción a la Virgen María sigue manteniéndose por los valores de la misma medalla, pero también porque son muchas las organizaciones que han surgido en torno a ella o han encontrado un hálito de vida en ella: Sacerdotes de la Misión de San Vicente de Paúl (padres paúles) e Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl establecen en sus constituciones la importancia de la acción de María en su camino de entrega: «Divulgaremos el especial mensaje manifestado por su maternal benevolencia en la sagrada Medalla Milagrosa».
Las asociaciones que tienen su origen, directa o indirectamente, en la Medalla Milagrosa son numerosas: los Hijos e Hijas de María, hoy Juventud Mariana Vicenciana; la Asociación de la Medalla Milagrosa; la visita domiciliaria de la Virgen Milagrosa... Así como la Legión de María, fundada por el irlandés Frank Duff, para quien colocar una Medalla Milagrosa es introducir a María en un hogar y en un alma. La medalla es su mejor arma de apostolado. La Milicia de María Inmaculada, fundada por San Maximiliano Kolbe (' 14 de agosto), víctima en el campo de concentración de Auschwitz, que pide a todos los miembros de la Milicia llevar y propagar la Medalla Milagrosa y rezar todos los días la invocación de «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti y por los que no recurren». La novena perpetua a la Milagrosa, fundada en Estados Unidos por el misionero padre Skelly... Y tantas otras que tienen en María Inmaculada de la Medalla Milagrosa su ejemplo de vida y de apostolado.
LA HISTORIA
Comenzamos situándonos en la noche del 18 al 19 de julio de 1830, por entonces fiesta de San Vicente de Paúl ( 27 de septiembre). Catalina, que estaba en oración, se ve sobresaltada por la aparición de la Virgen en un sillón. La entonces »novicia» de las Hijas de la Caridad «se arrodilla sobre las gradas del altar, con las manos apoyadas en las rodillas de la Virgen» y María abre su corazón angustiado a Catalina, justamente una semana antes del inicio de la revolución que padece Francia en el mes de julio. Parece como si la Madre quisiese preparar el ánimo de la joven: Sufrirás mucho, pero lo superarás pensando en que lo harás por la gloria del buen Dios; te contradirán, pero tendrás la gracia de convencer inspirada en la oración. Sucederán infortunios de toda clase: entre el clero habrá muchas víctimas, morirá el señor arzobispo, la Cruz será despreciada, la sangre correrá por las calles, todo el mundo estará sumido en tristeza'..., pero venid al pie de este altar donde se derramarán gracias sobre todas las personas que las pidan con confianza y fervor.
Catalina confía a su confesor lo referido y calla hasta que el 27 de noviembre de 1830, en la oración de la tarde, ve una especie de medalla en movimiento con la Virgen María en el anverso y una serie de signos en el reverso.
¿Qué vio Catalina en el anverso y en el reverso de la medalla? Según sus escritos, la Santísima Virgen llevaba »un vestido liso de seda blanco-aurora sin costura; un velo blanco que le cubría la cabeza y le descendía por ambos lados hasta los pies; sobre su cabello liso, una especie de pañoleta terminada en un pequeño encaje aproximadamente de dos dedos de ancho. Tenía el rostro bastante descubierto y sus ojos tan pronto se elevaban al cielo como miraban a la tierra, era bellísimo; en sus manos elevadas a la altura del estómago de una manera muy natural llevaba una esfera o globo, con una crucecita de oro encima, que representaba al mundo, ofrecido por ella a Nuestro Señor y sus pies se apoyaban en la mitad de otro globo sobre la cabeza de una serpiente de color verdoso con manchas amarillas (Será bueno recordar algunos datos significativos: se están percibiendo las consecuencias de la Revolución Francesa. Era un tiempo de decadencia de la Iglesia, interior y exteriormente, donde el racionalismo era fuerte y la fe débil. La Iglesia es incapaz de poner luz en los acontecimientos históricos y comienza el período llamado Restauración. El papa Gregorio XVI se comprometió con la defensa del Antiguo Régimen y de los privilegios eclesiales destruidos por la Revolución; mientras que un, cada vez mayor, grupo de jóvenes —laicos y clérigos— empieza a preguntarse si no será posible conciliar las corrientes nuevas con el catolicismo sin ser traidores ni a la fe cristiana ni a la Iglesia. La cosa no era fácil: en este año (1830) hubo serios ataques contra la Iglesia: se destruyen varios seminarios, se persigue a las órdenes religiosas, se saquean iglesias y el palacio arzobispal.) de pronto, los dedos de aquellas manos que sostenían y ofrecían al mundo se llenaron de anillos y piedras preciosas, de las que salían rayos de luz, siempre extendiéndose hasta llenar la parte baja, de modo que ya no se podían ver sus pies; en lo alto del cuadro, un poco ovalado, había estas palabras: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Al mismo tiempo, Catalina escucha: «Este globo que ves representa al mundo entero y a cada persona en particular; estos rayos de luz son el símbolo de las gracias que distribuyo a las personas que me las piden».
Después el cuadro dio la vuelta. Catalina vio el reverso, pero no lo describe hasta que, un día, en la meditación, oyó una voz que le decía: «La letra M y los dos corazones dicen bastante». Así lo dice su confesor el padre Aladel: «En el reverso vio la letra M con una cruz encima, y debajo los sagrados corazones de Jesús y María». Éstos son los elementos del reverso de la medalla: arriba el signo más importante, la cruz, como naciendo de la letra M e íntimamente entrelazado con ella. Debajo los dos corazones, unidos por los signos del amor: espinas, espada y llamas. Y en torno las doce estrellas del Apocalipsis.
Catalina oye una voz que le decía: Di que acuñen una medalla según este modelo: todas las personas que la lleven recibirán grandes gracias. De esta forma nace, la conocida en todo el mundo, como Medalla Milagrosa.
LA MEDALLA
Posiblemente el que lea estas letras dirá: pues en la medalla la Virgen no está con el globo. Y tiene toda la razón. Algunos estudiosos dicen que hubo dos momentos o fases en la visión del anverso, que fue una visión «en movimiento»: la Virgen del Globo fue dando paso a la Virgen de las manos extendidas. Pero Catalina no dice nada de esto. Después de ver acuñada la medalla insiste en que se esculpa una imagen de la Virgen del Globo y en que se le levante un altar en el mismo lugar donde ella se había aparecido. Es necesario no olvidar esta imagen de María. ¿Qué sucedió con el anverso de la medalla? René Laurentin, al que podemos considerar el mejor conocedor de las apariciones, lo explica de la siguiente manera: El padre Juan María Aladel, confesor de Catalina y responsable último de la acuñación de la medalla, «tenía que traducir la visión y el programa de Santa Catalina a una medalla conforme a la vez al sentido y consignas del arzobispo de París, a las reglas de la Iglesia y, por fin, a la capacidad del pueblo de Dios». Así supo conservar lo esencial, lo que la Virgen quería:
En el anverso
Aparece la Virgen María Inmaculada pisando a una serpiente.
Vemos a la Virgen con las manos extendidas en actitud de conceder algo.
De sus manos salen unos rayos dirigidos al globo. Alrededor la inscripción: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
En el reverso
Una M entrelazada con una Cruz.
El corazón de Jesús coronado de espinas y con llamas en la parte superior.
El corazón de María atravesado por una espada y también con llamas en la parte superior.
Envolviendo a todos los símbolos, doce estrellas.
¿Cuál es el significado de todos estos signos? Jean Guitton escribió en su libro sobre la Virgen de la Medalla Milagrosa, Superstición superada, que la Medalla es un tratado de mariología en miniatura. Es como una alegoría del pensamiento global de la Iglesia. Pablo VI (6 de agosto) escogió las apariciones de la Virgen a Santa Catalina, Santa Bernardita (18 de febrero y 11 de febrero) y a los niños de Fátima ( 20 de febrero y 13 de mayo) como los tres signos marianos actuales, más significativos en la Iglesia. Otros han dicho que es un catecismo en símbolos para la gente sencilla, en una Iglesia pobre que no tenía grandes medios para contrarrestar las ideologías que iban contra Dios, la Virgen y la Iglesia.
No cabe duda de que podemos reflexionar sobre el contenido de la medalla de formas distintas, pero la verdad es que da lo mismo de un modo u otro, las conclusiones son las mismas: en el anverso vemos claramente dos momentos bíblicos-marianos: Genésis 3, 15 y Apocalipsis 12, 1; el principio y el fin de la historia de salvación. En ambos interviene María. En el reverso también dos momentos claves: la profecía que Simeón hace del Niño a María (Lc 2, 35) y la entrega de su Madre que nos hace Cristo exaltado en la Cruz Un 19, 27). Podemos comprender momentos cruciales: natividad donde el Hijo de Dios nace del seno de la Virgen María como la Cruz nace de la letra M o la pasión representada en la unión de los dos corazones entrelazados por el amor y el sufrimiento: llamas, espinas y espada.
El padre Vicente de Dios, en su libro La Milagrosa, no duda en resumir de la siguiente forma: «El misterio mariano queda increíblemente plasmado en la medalla. Vemos en el anverso su mediación, su realeza, su inmaculada concepción. Vemos en el reverso su maternidad divina, su íntima unión con el Hijo, su cooperación a la redención, su maternidad espiritual, su calidad de miembro-modelo-madre de la Iglesia, su asunción... Todo ello, inserto bien a los ojos en las dos grandes dimensiones que garantizan la autenticidad de la devoción mariana: María en el misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia. En la Medalla Milagrosa se condensan de igual modo los fundamentos bíblicos de la mariología y los pasajes marianos del Evangelio. Desde el Génesis al Apocalipsis desfila el entramado de la historia de la salvación, donde un corazón humano, traspasado por una espada ardiente y dolorosa, se mantiene unido a un corazón divino, punzado de espinas y henchido de llamas».
Un resumen del contenido doctrinal de la Medalla Milagrosa puede ser éste: por una parte se expresa el papel de María en el conjunto de la historia de salvación, desde el principio –expresado en el Génesis– hasta el final –visto en el Apocalipsis–. Contemplamos el protoevangelio: la mujer que manifiesta su victoria sobre la serpiente, es decir, sobre el mal que es victoria ante todo de Jesucristo, pero también de María. Las doce estrellas que simbolizan las doce tribus de Israel y la Iglesia, como hacen notar los comentaristas de la Biblia de Jerusalén. El todo de la medalla nos muestra la íntima unión con Jesucristo que, al fin, es lo principal, ya que la Virgen María, sin esa vinculación con Jesús, no seria más que un personaje más o menos importante, pero, vista desde su unión con Jesús, es la criatura excelsa y admirable. Por eso, nadie como ella ha gozado de los grandes privilegios como son el de la Inmaculada, ser intercesora de todas las gracias, ser corredentora y, sobre todo, ser Madre natural de Cristo y espiritual de todos los hombres.
EL TRIUNFO DE LA MEDALLA
¿Qué signos podemos aducir para poder hablar con fundamento del «triunfo» de la Medalla Milagrosa? Veamos:
El nombre de «Milagrosa» lo dio el pueblo a la misma medalla. Fueron las personas necesitadas, los pobres, los que la llamaron Medalla Milagrosa. Ellos se fiaron del lema que la adorna: «Oh María..., ruega por nosotros que recurrimos a ti».
La extensión. Sin más propaganda que ella misma. Nunca en torno a la Medalla hubo señales maravillosas. Solamente ha existido la señal sentida por el devoto que ha acudido a ella con fe. Antes de la muerte de sor Catalina, acaecida el 31 de diciembre de 1876, se habían distribuido por todo el mundo más de mil millones de medallas, hasta el punto que el canónigo Quentin afirma: «Sin miedo a que se nos contradiga, podemos afirmar que la fabricación y venta de la medalla constituye un hecho extraordinario».
De igual modo, la divulgación del escrito confeccionado por el padre Aladel, confesor y director espiritual de la vidente, sobre el origen y efectos de la nueva medalla, resulta extraordinario. Se cuentan más de ocho ediciones en Francia y no se sabe, a ciencia cierta, cuántas traducciones en otras naciones.
Por no hablar de la cantidad de hechos juzgados extraordinarios —en el sentido del pueblo «milagrosos— que se atribuyen a la Medalla: conversiones y curaciones. Entre ellas está la conversión del judío Ratisbona en el mismo corazón de Roma.
Otra señal es la que la misma Iglesia le ha dado. Cuando en 1954 el papa Pío XII ('9 de octubre) proclamó el Año Mariano, uno de los signos que el mismo papa escogió para demostrar el marianismo universal de la Iglesia fue la Medalla Milagrosa, juntamente con el recuerdo de Lourdes y Fátima, sin duda los signos más marianos de los siglos XIX y XX.
CULTO Y DEVOCIÓN
El culto y la devoción verdadera, debe ser, como dijo el Señor «en Espíritu y en Verdad», es decir, fruto del convencimiento y de la fe. No es un afecto transitorio ni una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera por la que somos llamados a conocer la excelencia de la Madre de Dios y somos incitados al amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes. Son, pues, tres los elementos que exige la verdadera devoción:
Conocimiento: lo que no se conoce no se ama.
Amor.: como acto principal de toda devoción.
Imitación: de las virtudes de la Virgen según el propio estado.
Así, las formas de expresar la devoción, son múltiples. Depende de las personas y de la cultura de las mismas. El Concilio Vaticano II dice que María es modelo de todas las virtudes, pero de manera especial de la fe, de la esperanza y de la caridad; asimismo las que se manifiestan en el Magníficat: humildad, gratitud y estar a favor de los pobres.
Como modelo de fe, acoge la palabra de Dios, que para ella fue premisa y camino de maternidad divina. Al decir «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra hizo que la fe envolviera, de alguna manera, todas las relaciones de María con Jesús, desde la Encarnación hasta la venida del Espíritu Santo.
Como modelo de esperanza, María es imagen del gozo de nuestra vida futura glorificada ya en el cielo. En ella se han cumplido todas las promesas de salvación que se cumplirán, un día, en nosotros.
Como modelo de amor a Jesús, María se consagró totalmente a él desde el momento de su concepción hasta que expiró en la Cruz.
Pablo VI pone de manifiesto otras actitudes de María, su actitud orante y oferente. Orante, cuando juntamente con los discípulos y las otras mujeres perseveraba en la oración. María aparece como orante en la Iglesia que nace y en toda la historia de la Iglesia porque en el cielo sigue intercediendo por la gran familia de los hijos de Dios. Es oferente, como se ve en la fiesta de la presentación, teniendo en cuenta la profecía del anciano Simeón, se orienta hacia el acontecimiento salvífico de la Cruz. San Bernardo (20 de agosto), en un sermón sobre la Virgen, dice: «Ofrece a tu Hijo, Virgen sagrada, y presenta al Señor el fruto de tu vientre. Ofrece por la reconciliación de todos nosotros la víctima santa, agradable a Dios».
Teniendo en cuenta todo el conjunto de las apariciones y los misterios marianos que presenta la Medalla Milagrosa, no es difícil encontrar esas actitudes que Pablo VI expone en su exhortación para ofrecer un culto recto a la Virgen María. La actitud orante y oferente es clara en la Virgen del Globo y en el anverso de la medalla; en el reverso muestra su fe y su participación en el misterio salvador de Cristo.
No cabe duda que el culto y la devoción a la Virgen María sigue manteniéndose por los valores de la misma medalla, pero también porque son muchas las organizaciones que han surgido en torno a ella o han encontrado un hálito de vida en ella: Sacerdotes de la Misión de San Vicente de Paúl (padres paúles) e Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl establecen en sus constituciones la importancia de la acción de María en su camino de entrega: «Divulgaremos el especial mensaje manifestado por su maternal benevolencia en la sagrada Medalla Milagrosa».
Las asociaciones que tienen su origen, directa o indirectamente, en la Medalla Milagrosa son numerosas: los Hijos e Hijas de María, hoy Juventud Mariana Vicenciana; la Asociación de la Medalla Milagrosa; la visita domiciliaria de la Virgen Milagrosa... Así como la Legión de María, fundada por el irlandés Frank Duff, para quien colocar una Medalla Milagrosa es introducir a María en un hogar y en un alma. La medalla es su mejor arma de apostolado. La Milicia de María Inmaculada, fundada por San Maximiliano Kolbe (' 14 de agosto), víctima en el campo de concentración de Auschwitz, que pide a todos los miembros de la Milicia llevar y propagar la Medalla Milagrosa y rezar todos los días la invocación de «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti y por los que no recurren». La novena perpetua a la Milagrosa, fundada en Estados Unidos por el misionero padre Skelly... Y tantas otras que tienen en María Inmaculada de la Medalla Milagrosa su ejemplo de vida y de apostolado.
sábado, 26 de noviembre de 2016
Lecturas
El ángel del Señor me mostró a mí, Juan, un río de agua viva, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de su plaza, a un lado y otro del río, hay un árbol de vida que da doce frutos, uno cada mes. Y las hojas del árbol sirven para la curación de las naciones. Y no habrá maldición alguna. Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le darán culto. Y verán su rostro, y su nombre está sobre su frente. Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios iluminará y reinarán por los siglos de los siglos.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Palabra del Señor.
Y me dijo:
-«Estas son palabras fieles y veraces; el Señor, Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para que mostrase a sus siervos lo que tiene que suceder pronto. Mira, yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras proféticas de este libro».
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
Beata Cayetana Sterni
Gaetana Sterni vivió toda su vida en Bassano del Grappa, antigua y alegre cindad de la provincia de Vincenza (Italia). Alli llegó con su familia, a los 8 años, desde la cercana Cassola, donde nació, el 26 de junio de 1827. Su padre, Giovanni Battista Sterni, administraba las propiedades de campo de la familia Mora, nobles venecianos, e “Ca’Mora de Cassola”, donde vivió holgadamente con su esposa Giovanna Chiuppani y sus 6 hijos. En 1835 se trasladó con su familia a Bassano. Al poco tiempo, algunas vicisitudes cambiaron las condiciones de vida de la familia Sterni. A los 18 años murió su hermana mayor, Margarita y después de una penosa enfermedad, murió su padre; mientras su hermano Francisco, en busca de una carrera artistica se alejó de la familia, que por entonces, estaba pasando una critica situación económica. Estos hechos marcaron la vida de Gaetana, que crecía rapídamente, condividiendo con su madre los problemas de cada día.
Es inteligente, se muestra sensible y madura, llena de entusiasmo, “deseosa de amar y de ser amada”.Su educación en la fé es sólida y apoyada por el testimonio de vida y enseñanzas de su madre, de la oración y frecuencia de los sacramentos. En su ambiente familiar adquirió estima y aprecio por su viva personalidad, llena de buen sentido y por su delicada feminilidad. Estas sus cualidades humanas atrajeron la atención de un joven emprendedor, viudo y con 3 hijos que quiso hacerla su esposa.Valorando conscientemente sus sentimientos, la responsabilidad del matrimonio y haciendo caso omiso de su tutor, Gaetana, a los 16 años, aceptó ser la esposa de Liberale Conte. La joven esposa llena el nuevo hogar, de vitalidad, serenidad y alegría. Cuando Gaetana sabe que espera un hijo, la felicidad de los esposos es completa. Un día estando en oración tuvo el presentimiento del inminente fallecimento de su esposo. Su espíritu se sintió turbado y angustiado porque veía desaparecer la persona màs querida de su vida. Al mismo tiempo, siente en lo más íntimo de su alma, la presencia de una fuerza espiritual que la fortalece para no caer en la desesperación y más bien, abandonarse completamente en Dios.
El presentimiento de la muerte de su esposo , se hizo realidad, y Liberale Conte muere en la plenitud de su juventud, vigor y salud. La joven esposa vive momentos de terrible angustia no sólo por la muerte de su esposo, sino tambien por el dolor de sus hijos, de nuevo huérfanos y por la muerte prematura de su propio hijo que no conoció a su padre. Estos difíciles momentos de su vida, Gaetana los vive con confianza y completo abandono en el Señor, su única esperanza y fortaleza. El dolor y sufrimiento se renovaron cuando el hijo tanto deseado y esperado murió a los pocos días de su nacimiento.
Inicia para Gaetana la prueba dolorosa de la viudez. La familia de su difunto esposo, no justificando el afecto que la une a los 3 hijos huérfanos, le hacen la vida imposible con sospechas, incomprensiones y calumnias, hasta llegar a separarla de sus hijos y alejarla de su querido hogar. A los 19 años, Gaetana regresa a la casa de su madre. No obstante esta prueba grande y dura, Gaetana olvídándose de sí, ayuda a sus hijos a comprender y a aceptar esta separación.Amable y segura defiende los derechos de sus hijos, perdona, comprende y logra la plena reconciliación con todos sus familiares.El sufrimiento no la desepera. Su fina y delicada sensibilitad se hace presencia misericordiosa y solidaria.
Jamás había pensado hacerse religiosa. Mirando al futuro y en el silencio de la oración pide a Dios le haga conocer cuàl es el esposo que Dios quiere para ella. Precisamente en la oración comprede con claridad meridiana que es Dios mismo quien quiere “ser el único esposo de su alma”. Grande fué la sorpresa de Gaetana. En diálogo con su confesor, este le asegura, que se trata de una auténtica llamada de Dios. Por tanto, pide ingresar en el convento de las Canosianas de Bassano, siendo aceptada como postulante y donde solamente vive felizmente 5 meses. Estando en oración tiene el presentimiento de la vecina muerte de su madre, y se prepara espiritualmente a esta nueva prueba de su vida. Pocos días después, muere su madre y Gaetana tiene que dejar su querida comunidad y convento para cuidar y velar por sus hermanos menores.Pasan años afrontando dificultades, enfermedades, sinsabores y estrechezes económicas.No obstante todo esto, logra darse una forma de vida que la sostiene y fortalece espiritualmente.
Consultando nuevamente a su confesor y en asidua oración para conocer cual el la voluntad de Dios, Gaetana comienza a entrever que Dios la quiere totalmente dedicada al servicio de los pobres y necesitados. Gaetana recuerda y no puede olvidar, que durante su breve permanencia con las Canosianas al mismo tiempo que presentía la ya cercana muerte de su madre, comenzaba a intuír que Dios mismo, la estaba preparando para el hospicio y allí “entregar toda su vida al servicio de los pobres y así cumplir su voluntad”. Por mucho tiempo conserva oculta en su corazón esta llamada de Dios que no se atreve a manifestarla a su confesor, porque le parece una llamada extraña y exigente. Finalmente cuando abre su espiritu a su confesor, este no le da mucha credibilitad. No obstante la actitud del confesor, Gaetana cada vez que ve y encuentra un pobre en el hospicio, siente de nuevo la invitación del Señor: “te quiero entre mis pobrecitos”. A esta invitación, Gaetana se dice a sí misma: “la idea del hospicio siempre me persigue”. En 1853 “sólo por hacer la voluntad de Dios” se da al servicio de los pobres en el hospicio de su ciudad, que por entonces contaba 115 huéspedes, “en su mayoría víctimas de una vida desordenada y del vicio”. Allí permanece 36 años hasta el día de su muerte, entregada cpmpletamente al sevicio de los pobres con infatigable caridad. En las noches de vela junto al lecho de los muribundos, en los servicios más humildes a los ancianos y enfermos, Gaetana era toda, abnegación, dulzura, suavidad y ternura, con la firme convicción de servir a Dios mismo en cada pobre y en cada necesitado.
Con gran confianza en Dios y con un gran deseo de ser toda de El, buscó hacer y cumplir en todo, sólo su voluntad. A los 33 años y con la aprobación de su confesor, Don Simonetti, hizo el voto de donación total de sí misma a Dios, “dispuesta a aceptar lo que Dios quiera disponer para ella”. Con ilimitada confianza se abandona en las manos de Dios, “debil instrumento del cual Dios se sirve para sus designios”. Atribuye sólo alla Divina Providencia el nacimento de su congregación que surge en la simplicidad y en el ocultamento, con la profesión de sus dos primeras compañeras en 1865.
El nombre de “Hijas de la Divina Voluntad”, interiormente inspirado a Gaetana, para ella y para sus seguidoras, indica la característica propria que siempre las debe distinguir: “uniformidad en todo a la Divina Voluntad, mediante un total abandono en Dios y un santo zelo por el bien del prójimo, dispuestas si fuera necesario a sacrificarse totalmente”. Como ella, sus primeras compañeras animadas por el mismo espíritu, se consagraron a la Voluntad de Dios y se dedicaron al servicio de los pobres del Hospicio, al prójimo necesitado, especialmente con la asistencia de los enfermos a domicilio y con otras obras de caridad, según las necesitades particulares del momento.El obispo de Vicenza aprobó las primeras reglas de la congregación en 1875.
Gaetana muere el 26 noviembre de 1889, amorosamente asistida por sus hijas y venerada por sus conciudadanos. Sus restos mortales son venerados en la Casa Madre.Desde sus inicios la Congregación de las Hijas de la Divina Voluntad se ha multiplicado y difundido, siendo presente attualmente en Europa, America y Africa. El camino de santidad de Gaetana Sterni, es esencialmente, un itinerario espiritual que se puede y debe proponer a todo cristiano: cumplir en todo y siempre lo que agrada al Señor, entregándose a El, con ilimitada confianza, para cambiar con la sóla fuerza del amor, el mal en bien, siguiendo el ejemplo de Jesús.
Es inteligente, se muestra sensible y madura, llena de entusiasmo, “deseosa de amar y de ser amada”.Su educación en la fé es sólida y apoyada por el testimonio de vida y enseñanzas de su madre, de la oración y frecuencia de los sacramentos. En su ambiente familiar adquirió estima y aprecio por su viva personalidad, llena de buen sentido y por su delicada feminilidad. Estas sus cualidades humanas atrajeron la atención de un joven emprendedor, viudo y con 3 hijos que quiso hacerla su esposa.Valorando conscientemente sus sentimientos, la responsabilidad del matrimonio y haciendo caso omiso de su tutor, Gaetana, a los 16 años, aceptó ser la esposa de Liberale Conte. La joven esposa llena el nuevo hogar, de vitalidad, serenidad y alegría. Cuando Gaetana sabe que espera un hijo, la felicidad de los esposos es completa. Un día estando en oración tuvo el presentimiento del inminente fallecimento de su esposo. Su espíritu se sintió turbado y angustiado porque veía desaparecer la persona màs querida de su vida. Al mismo tiempo, siente en lo más íntimo de su alma, la presencia de una fuerza espiritual que la fortalece para no caer en la desesperación y más bien, abandonarse completamente en Dios.
El presentimiento de la muerte de su esposo , se hizo realidad, y Liberale Conte muere en la plenitud de su juventud, vigor y salud. La joven esposa vive momentos de terrible angustia no sólo por la muerte de su esposo, sino tambien por el dolor de sus hijos, de nuevo huérfanos y por la muerte prematura de su propio hijo que no conoció a su padre. Estos difíciles momentos de su vida, Gaetana los vive con confianza y completo abandono en el Señor, su única esperanza y fortaleza. El dolor y sufrimiento se renovaron cuando el hijo tanto deseado y esperado murió a los pocos días de su nacimiento.
Inicia para Gaetana la prueba dolorosa de la viudez. La familia de su difunto esposo, no justificando el afecto que la une a los 3 hijos huérfanos, le hacen la vida imposible con sospechas, incomprensiones y calumnias, hasta llegar a separarla de sus hijos y alejarla de su querido hogar. A los 19 años, Gaetana regresa a la casa de su madre. No obstante esta prueba grande y dura, Gaetana olvídándose de sí, ayuda a sus hijos a comprender y a aceptar esta separación.Amable y segura defiende los derechos de sus hijos, perdona, comprende y logra la plena reconciliación con todos sus familiares.El sufrimiento no la desepera. Su fina y delicada sensibilitad se hace presencia misericordiosa y solidaria.
Jamás había pensado hacerse religiosa. Mirando al futuro y en el silencio de la oración pide a Dios le haga conocer cuàl es el esposo que Dios quiere para ella. Precisamente en la oración comprede con claridad meridiana que es Dios mismo quien quiere “ser el único esposo de su alma”. Grande fué la sorpresa de Gaetana. En diálogo con su confesor, este le asegura, que se trata de una auténtica llamada de Dios. Por tanto, pide ingresar en el convento de las Canosianas de Bassano, siendo aceptada como postulante y donde solamente vive felizmente 5 meses. Estando en oración tiene el presentimiento de la vecina muerte de su madre, y se prepara espiritualmente a esta nueva prueba de su vida. Pocos días después, muere su madre y Gaetana tiene que dejar su querida comunidad y convento para cuidar y velar por sus hermanos menores.Pasan años afrontando dificultades, enfermedades, sinsabores y estrechezes económicas.No obstante todo esto, logra darse una forma de vida que la sostiene y fortalece espiritualmente.
Consultando nuevamente a su confesor y en asidua oración para conocer cual el la voluntad de Dios, Gaetana comienza a entrever que Dios la quiere totalmente dedicada al servicio de los pobres y necesitados. Gaetana recuerda y no puede olvidar, que durante su breve permanencia con las Canosianas al mismo tiempo que presentía la ya cercana muerte de su madre, comenzaba a intuír que Dios mismo, la estaba preparando para el hospicio y allí “entregar toda su vida al servicio de los pobres y así cumplir su voluntad”. Por mucho tiempo conserva oculta en su corazón esta llamada de Dios que no se atreve a manifestarla a su confesor, porque le parece una llamada extraña y exigente. Finalmente cuando abre su espiritu a su confesor, este no le da mucha credibilitad. No obstante la actitud del confesor, Gaetana cada vez que ve y encuentra un pobre en el hospicio, siente de nuevo la invitación del Señor: “te quiero entre mis pobrecitos”. A esta invitación, Gaetana se dice a sí misma: “la idea del hospicio siempre me persigue”. En 1853 “sólo por hacer la voluntad de Dios” se da al servicio de los pobres en el hospicio de su ciudad, que por entonces contaba 115 huéspedes, “en su mayoría víctimas de una vida desordenada y del vicio”. Allí permanece 36 años hasta el día de su muerte, entregada cpmpletamente al sevicio de los pobres con infatigable caridad. En las noches de vela junto al lecho de los muribundos, en los servicios más humildes a los ancianos y enfermos, Gaetana era toda, abnegación, dulzura, suavidad y ternura, con la firme convicción de servir a Dios mismo en cada pobre y en cada necesitado.
Con gran confianza en Dios y con un gran deseo de ser toda de El, buscó hacer y cumplir en todo, sólo su voluntad. A los 33 años y con la aprobación de su confesor, Don Simonetti, hizo el voto de donación total de sí misma a Dios, “dispuesta a aceptar lo que Dios quiera disponer para ella”. Con ilimitada confianza se abandona en las manos de Dios, “debil instrumento del cual Dios se sirve para sus designios”. Atribuye sólo alla Divina Providencia el nacimento de su congregación que surge en la simplicidad y en el ocultamento, con la profesión de sus dos primeras compañeras en 1865.
El nombre de “Hijas de la Divina Voluntad”, interiormente inspirado a Gaetana, para ella y para sus seguidoras, indica la característica propria que siempre las debe distinguir: “uniformidad en todo a la Divina Voluntad, mediante un total abandono en Dios y un santo zelo por el bien del prójimo, dispuestas si fuera necesario a sacrificarse totalmente”. Como ella, sus primeras compañeras animadas por el mismo espíritu, se consagraron a la Voluntad de Dios y se dedicaron al servicio de los pobres del Hospicio, al prójimo necesitado, especialmente con la asistencia de los enfermos a domicilio y con otras obras de caridad, según las necesitades particulares del momento.El obispo de Vicenza aprobó las primeras reglas de la congregación en 1875.
Gaetana muere el 26 noviembre de 1889, amorosamente asistida por sus hijas y venerada por sus conciudadanos. Sus restos mortales son venerados en la Casa Madre.Desde sus inicios la Congregación de las Hijas de la Divina Voluntad se ha multiplicado y difundido, siendo presente attualmente en Europa, America y Africa. El camino de santidad de Gaetana Sterni, es esencialmente, un itinerario espiritual que se puede y debe proponer a todo cristiano: cumplir en todo y siempre lo que agrada al Señor, entregándose a El, con ilimitada confianza, para cambiar con la sóla fuerza del amor, el mal en bien, siguiendo el ejemplo de Jesús.
viernes, 25 de noviembre de 2016
Lecturas
Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una cadena grande en la mano. Sujetó al dragón, la antigua serpiente. o sea, el Diablo o Satanás, y lo encadenó por mil años; lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no extravíe a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que ser desatado por un poco de tiempo. Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Éstos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola :
Palabra del Señor.
Vi un trono blanco y grande, y al que estaba sentado en él. De su presencia huyeron cielo y tierra, y no dejaron rastro. Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro libro, el de la vida. Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros. El mar devolvió a sus muertos, Muerte y Abismo devolvieron a sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras. Después, Muerte y Abismo fueron arrojados al lago de fuego - el lago de fuego es la muerte segunda -. Y si alguien no estaba escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego. Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola :
-«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
Palabra del Señor.
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